Epicuro

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Epicuro
Marble head of Epikouros MET DP333053 (cropped).jpg
Busto de Epicuro. Copia romana del siglo II de un original griego de la primera mitad del siglo III a. C. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Información personal
Nombre completo Epicuro de Samos
Nombre nativo Επίκουρος
Nacimiento 341 a. C.
Samos
Fallecimiento 270 a. C. (71 años)
Antigua Atenas
Causa de la muerte Cálculo renal
Nacionalidad Ateniense
Religión Deísmo Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Padres Neocles
Querestrata
Educación
Alumno de Nausífanes
Información profesional
Ocupación Filósofo
Cargos ocupados
  • Scholarch of the Epicurean school (desde 311 a. C., hasta 270 a. C.) Ver y modificar los datos en Wikidata
Alumnos Hermarco de Mitilene
Leontion
Idomeneo de Lámpsaco
Metrodoro de Lámpsaco
Movimiento Epicureismo

Epicuro (en griego, Επίκουρος, Epikouros, «aliado» o «camarada») (Samos, aproximadamente 341 a. C. - Atenas, 270 a. C.)[1]​, también conocido como Epicuro de Samos, fue un filósofo griego fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo. Influido por Demócrito, Aristóteles y los cínicos, se volvió contra el platonismo y estableció su propia escuela, conocida como "El Jardín", en Atenas, donde él permitió la entrada de mujeres, prostitutas y esclavos a la escuela.[2]

Defendió una doctrina basada en la búsqueda del placer, la cual debería ser dirigida por la prudencia. Se manifestó en contra del destino, la necesidad y el recurrente sentido griego de fatalidad. La naturaleza, según Epicuro, está regida por el azar, entendiendo este como ausencia de causalidad. Solo así es posible la libertad, sin la cual el hedonismo no tiene motivo de ser. Manifestó que los mitos religiosos amargan la vida de los hombres. El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor; siempre de una manera racional y evitando los excesos, pues estos provocan un sufrimiento posterior. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual al que denominó ataraxia (ἀταραξία).

Criticaba tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, y argüía que debería buscarse un término medio y que los goces carnales deberían satisfacerse, siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro. La filosofía epicúrea afirma que la filosofía debe ser un instrumento al servicio de la vida de los hombres, y que el conocimiento por sí mismo no tiene ninguna utilidad si no se emplea en la búsqueda de la felicidad.

Aunque la mayor parte de su obra se ha perdido, conocemos bien sus enseñanzas a través de la obra De rerum natura, del poeta latino Lucrecio (un homenaje a Epicuro y una exposición amplia de sus ideas), así como a través de algunas cartas recogidas por Diógenes Laercio y fragmentos rescatados.

Biografía[editar]

Familia[editar]

Epicuro, el segundo de los cuatro hijos de una familia pobre, nació en el año 341 a. C. en una de las islas Espóradas griegas, Samos, lugar en el que los atenienses habían establecido una cleruquía y en el que su padre, Neocles, un maestro de escuela a quien probablemente Epicuro ayudaba, se había asentado como colono gracias a una ayuda estatal.[3]​ Epicuro heredó la ciudadanía ateniense de su padre, pese a haber nacido en Samos.[4]​ Su madre, Querestrata,[5]​ era adivina.

Formación[editar]

Grabado de Epicuro por Thomas Stanley (1655)

Epicuro tuvo ya desde joven un gran espíritu crítico y un gran deseo de conocimientos, y es probable que, al no querer aceptar exclusivamente las enseñanzas tradicionales de las escuelas, se dedicara a leer a distintos filósofos.[6]​ Así, comenzó a estudiar filosofía a edad temprana y ya con catorce años fue alumno de un hombre llamado Pánfilo (discípulo de Platón), que vivía en la isla y de quien Epicuro aprendió las bases del idealismo platónico, que posteriormente consideraría un fraude y rechazaría en su filosofía.[7][8]

En el año 323 a. C., con dieciocho años, marchó a Atenas para cumplir el servicio militar.[3][5]​ Terminado este, regresó con su familia en el 321 a. C., aunque en esta ocasión lo hizo a la ciudad de Colofón.[5]​ Allí se habían trasladado tras entrar en vigor el año anterior un decreto de amnistía política, gracias al cual los desterrados pudieron recuperar sus tierras en Samos; por tanto, los colonos como la familia de Epicuro, hubieron de abandonarlas.[9]

En dicha ciudad permaneció durante una década, hasta el 311 a. C. Allí estudió con Nausífanes, un filósofo atomista discípulo de Demócrito y de Pirrón, con quien tuvo una relación decisiva en su formación, a pesar de que posteriormente Epicuro dirigió contra él duras críticas e improperios.[9][5]

Magisterio[editar]

Tras esos años de formación, comenzó una etapa magisterial estableciendo en el año 311 a. C. su primera escuela de filosofía en la ciudad de Mitilene, en Lesbos.[5]​ Sin embargo, dicha escuela tuvo una corta duración, pues Epicuro tuvo que abandonarla debido a rivalidades con los aristotélicos de la ciudad.[10][9]​ Aunque se desconocen los motivos exactos de dichas rivalidades, aquel enfrentamiento bien podría haber sido una de las primeras reacciones antiepicúrea, aunque se debe tener en cuenta que el carácter de juventud de Epicuro también podría distar de su posterior mansedumbre.[10]

Posteriormente se estableció en Lámpsaco, donde permaneció durante cuatro años en los cuales tuvo gran actividad.[10]​Allí estableció nuevamente una escuela gracias a amigos influyentes y consiguió un círculo de discípulos y seguidores,[9]​ entre los que se encontraban Idomeneo, Metrodoro, Leonteo y su mujer Themista, Colotes, Pitocles y Timócrates; posiblemente también en Lámpsaco conociera a Hermarco, quien le acabaría sucediendo al frente de la dirección del Jardín.[10]

El Jardín[editar]

En el año 306 a. C., a los 35 años, regresó a Atenas, donde permanecería hasta su muerte, para fundar su escuela de filosofía. Compró una casa y un pequeño terreno en sus cercanías, a las afueras de Atenas, de camino al Pireo; allí fundó el Jardín, su escuela.[9][10]​ El Jardín ofrecía un lugar tranquilo, alejado del bullicio de la urbe, en el que tenían lugar desde charlas y convivencias hasta comidas y celebraciones. Se trataba, pues, de un lugar más destinado al retiro intelectual de un grupo de amigos que de un lugar para la investigación científica y a la paideía superior, a diferencia de la Academia de Platón o el Liceo de Aristóteles.[11]

Eran admitidas al Jardín personas de toda condición y clase, por lo que llegó a ser causa de escándalo. Incluía a personas respetables, pero igualmente a gentes de vida disoluta. También a mujeres, prostitutas y a esclavos, lo que en aquella época constituía un hecho inusual para una escuela filosófica.[11][2]

Muerte[editar]

Fue maestro de la misma hasta su fallecimiento en el año 270 a.C., a la edad de 72 años. Dejó la dirección de su escuela a Hermarco de Mitilene, quien afirmó que su maestro, después de verse atormentado por crueles dolores durante catorce días, sucumbió víctima de una retención de orina causada por el mal de la piedra. En su testamento, conservado por Diógenes Laercio, otorgó la libertad a cuatro de sus esclavos.[12]

En una carta de su lecho de muerte, Epicuro encomendó a los hijos de su difunto estudiante Metrodoro al cuidado de Idomeneo, quien se había casado con Batis, la hermana de Metrodoro. El 20 de cada mes fue para los epicúreos un día festivo en honor de su maestro y Metrodoro.[13]

Obras[editar]

La escuela de Atenas, de Rafael Sanzio. Epicuro aparece a la izquierda, leyendo un libro, junto a Zenón de Citio.

A su muerte, dejó más de 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas obras sobre el amor, la justicia, los dioses y otros temas, según refiere Diógenes Laercio en el siglo III.

De todo ello, solo se han conservado tres cartas y cuarenta máximas (las llamadas Máximas capitales), transcritas por Diógenes Laercio, y algunos fragmentos breves citados por otros autores. Según Diógenes Laercio (10.27-9), las principales obras de Epicurus incluyen:[14]

  1. Sobre la naturaleza, en 37 libros.
  2. Sobre los átomos y el vacío
  3. Sobre el amor
  4. Resumen de los argumentos empleados contra los filósofos naturales
  5. Contra los megarianos
  6. Problemas
  7. Máximas capitales (Kyriai Doxai)
  8. Sobre elección y evasión
  9. Sobre el jefe bueno
  10. Sobre el criterio (el canon)
  11. Chaeridemus,
  12. Sobre los dioses
  13. Sobre la piedad
  14. Hegesianax
  15. Cuatro ensayos sobre vidas.
  16. Ensayo sobre el trato justo
  17. Neocles
  18. Ensayo dirigido a temista.
  19. El Banquete (Simposio)
  20. Eurylochus
  21. Ensayo dirigido a Metrodorus
  22. Ensayo sobre la visión
  23. Ensayo sobre el ángulo en un átomo
  24. Ensayo sobre el tacto
  25. Ensayo sobre el destino
  26. Opiniones sobre las pasiones.[15]
  27. Tratado dirigido a Timócrates.
  28. Pronósticos
  29. Exhortaciones
  30. Sobre las imágenes
  31. Sobre las percepciones
  32. Aristóbulo
  33. Ensayo sobre música (es decir, sobre música, poesía y danza)
  34. Sobre la justicia y las otras virtudes
  35. Sobre los regalos y la gratitud
  36. Polimedes
  37. Timocrates (tres libros)
  38. Metrodorus (cinco libros)
  39. Antidorus (dos libros)
  40. Opiniones sobre Enfermedades y Muerte, dirigidas a Mitras.
  41. Calistolas
  42. Ensayo sobre el poder real
  43. Anaximenes
  44. Cartas

Las cartas son las siguientes:

Las máximas son de contenido fundamentalmente ético y gnoseológico.[16]

Se han recuperado desde la biblioteca calcinada del filósofo epicúreo Filodemo de Gadara en Herculano fragmentos de algunas otras obras, entre ellas el tratado Sobre la Naturaleza (Περὶ Φύσεως). Gracias a otro epicúreo, Diógenes de Enoanda (mediados del siglo II d.c), que mandó a grabar una inscripción monumental en la ciudad licia de Enoanda se conservaron otros fragmentos incluyendo una carta de Epicuro a su madre.

El filólogo alemán Hermann Usener compiló en su Epicurea (1887) los fragmentos y testimonios conservados por los autores de la Antigüedad con un apartado crítico. Además se conserva el texto de las Sentencias Vaticanas (Gnomologio Vaticano), descubierto y publicado en 1888 por Karl Wotke, y que contiene citas escogidas de Epicuro incluyendo algunas que ya aparecían en las Máximas Capitales.

Filosofía[editar]

Mientras que para Platón y Aristóteles la filosofía es una búsqueda continua de la verdad y eI conocimiento de esta trae la rectitud en Ia conducta humana, para Epicuro la filosofía es el arte práctico de la vida que tiene como finalidad la curación del alma humana.

"Que el joven no difiera el filosofar, ni el anciano se canse filosofando, pues nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud de su alma. Y quien diga que no ha IIegado el tiempo de filosofar o que ha pasado ya, es semejante al que dice que no ha IIegado el tiempo para Ia felicidad o que ya ha pasado."

La filosofía de Epicuro consta de tres partes: la Gnoseología o Canónica (criteriología), que se ocupa de los criterios por los cuales llegamos a distinguir lo verdadero de lo falso; la Física, que estudia la naturaleza; y la Ética, que supone la culminación del sistema y a la que se subordinan las dos primeras partes.[17]

Canónica[editar]

Epicuro criticó el escepticismo. Para Epicuro es imposible vivir como un escéptico, ya que no tendría ninguna razón para participar en un curso de acción en absoluto, y moriría. Afirmar no saber algo es un conocimiento, lo que implica una contradicción. Además, el escéptico no tendría derecho a usar conceptos como 'conocimiento' y 'verdad', ya que dichos conceptos se derivan de los sentidos los cuales un escéptico duda.[18]​ Debido a esto, Epicuro creía que la experiencia es la única fuente confiable de información sobre el mundo exterior.[19]

Teoría del conocimiento[editar]

Como Aristóteles, la epistemología de Epicuro es empirista; la sensación es la base de todo el conocimiento y se produce cuando las perfecciones que desprenden los cuerpos llegan hasta nuestros sentidos. Ante cada sensación, el ser humano reacciona con placer o con dolor, dando lugar a los sentimientos, que son la base de la moral. Cuando las sensaciones se repiten numerosas veces, se graban en la memoria y forman así lo que Epicuro denomina las "ideas generales" (diferentes a las platónicas). Para que las sensaciones constituyan una base adecuada, sin embargo, deben estar dotadas de la suficiente claridad, al igual que las ideas, o de otro modo nos conducirán al error.

Diógenes Laercio, menciona un cuarto proceso de conocimiento, además de las sensaciones, los sentimientos y las ideas generales: las proyecciones imaginativas, por las cuales podemos concebir o inferir la existencia de elementos como los átomos, aunque éstos no sean captados por los sentidos.

Todos esos aspectos, sin embargo, son sólo los principios que rigen nuestro modo de conocer la realidad. El resultado de su aplicación nos lleva a concluir la concepción de la naturaleza que se detalla en la Física, segunda parte de la filosofía epicúrea.

Teoría del lenguaje[editar]

Para Epicuro existe una relación entre el conocimiento y el lenguaje. Él sigue una teoría naturalista evolucionaria y gradual del lenguaje. Éste no es un invento humano, sino producto del ambiente del hombre y su constitución física. El significado de una palabra es, por lo tanto, un significado "natural", pero este significado queda cubierto por los usos que los hombres le dan. Volver al primer significado es volver a las ideas preconcebidas, y así recurrir a la fuente del conocimiento humano (en oposición a la dialéctica).[20][21][22]

Física[editar]

Busto de Epicuro en el Museo de Pérgamo

Epicuro fue un materialista, y según su Física, toda la realidad está formada por dos elementos fundamentales. Por un lado los átomos, que tienen forma, extensión y peso, y de otro el vacío, que no es sino el espacio en el cual se mueven esos átomos.

Los átomos[editar]

Él escribió en su Carta a Heródoto que "nada surge de lo que no existe", indicando que todos los eventos tienen causas, independientemente de si esas causas son conocidas o no, ya que de lo contrario, no habría necesidad de semillas específicas para plantas y cualquier cosa podría generarse de cualquier forma de material, además que nunca se ha observado tales cosas. Del mismo modo, también escribe que nunca nada pasa a la nada, porque aquello en lo que se disiparían las cosas sería inexistente. Por lo tanto afirma que: "La totalidad de las cosas fue siempre como es en la actualidad y seguirá siendo la misma porque no hay nada en lo que pueda cambiar, en la medida en que no hay nada fuera de la totalidad que pueda interferir y efectuar un cambio".[23]

Las distintas cosas que hay en el mundo son fruto de las distintas combinaciones de átomos. El ser humano, de la misma forma, no es sino un compuesto de átomos. Incluso el alma está formada por un tipo especial de átomos, más sutiles que los que forman el cuerpo, pero no por ello deja el alma de ser material. Debido a ello, cuando el cuerpo muere, el alma muere con él.

Con respecto a la totalidad de la realidad, Epicuro afirma que ésta, como los átomos que la forman, es eterna. No hay un origen a partir del caos o un momento inicial. Tal y como leemos en la Carta a Heródoto: «Desde luego, el todo fue siempre tal como ahora es, y siempre será igual».

El azar[editar]

Esta concepción atomista procede de Demócrito, pero Epicuro modifica la filosofía de aquél en aspectos importantes, pues no acepta el determinismo que el atomismo conllevaba en su forma original. Por ello, introduce un elemento de azar en el movimiento de los átomos, llamado clinamen, una desviación de los átomos en su caída en el vacío, es decir, una desviación de la cadena de las causas y efectos, con lo que la libertad queda asegurada y se anticipa a la evolución.[24]

Epicuro fue el primero en afirmar el libre albedrío como resultado del indeterminismo fundamental en el movimiento de los átomos. Esto ha llevado a algunos filósofos a pensar que, para Epicuro, el libre albedrío fue causado directamente por la casualidad.

Ética[editar]

La Ética, como ya se ha dicho, es la culminación del sistema filosófico de Epicuro: la filosofía tiene como objetivo llevar a quien la estudia y practica a la felicidad, basada en la autonomía o autarquía y la tranquilidad del ánimo o ataraxia. Puesto que la felicidad es el objetivo de todo ser humano, la filosofía interesa a cualquier persona, independientemente de sus características (edad, condición social, etc.).

La Ética de Epicuro se basa en dos polos opuestos: el miedo, que debe ser evitado, y el placer, que se persigue por considerarse bueno y valioso.

Los cuatro miedos[editar]

La lucha contra los miedos que atenazan al ser humano es parte fundamental de la filosofía de Epicuro; no en vano, esta ha sido designada como el "tetrafármaco" o medicina contra los cuatro miedos más generales y significativos: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien.

Si bien Epicuro no era ateo, entendía que los dioses eran seres demasiado alejados de nosotros, los humanos, y no se preocupaban por nuestras vicisitudes, por lo que no tenía sentido temerles. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues según el filósofo viven en armonía mutua, manteniendo entre ellos relaciones de amistad.

En cuanto al temor a la muerte, lo consideraba un sin sentido, puesto que “todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad”. La muerte en nada nos pertenece pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llegó ya no vivimos.

Por último, carece también de sentido temer al futuro, puesto que: “el futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir indefectiblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.

El placer y la felicidad[editar]

Grabado de un busto de Epicuro en la Villa de los Papiros.

Epicuro consideraba que la felicidad consiste en vivir en continuo placer. Este punto de su doctrina ha sido a menudo objeto de malentendidos, pese a que Epicuro hace una cuidadosa categorización de los placeres, indicando cuáles son recomendables y cuáles no.

En efecto, Epicuro señala que existen tres tipos de placeres:

  • Los naturales y necesarios: las necesidades físicas básicas, alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.[25]
  • Los naturales e innecesarios: la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
  • Los innaturales e innecesarios, que considera superfluos: la fama, el poder político o el prestigio.

Epicuro formuló algunas recomendaciones en torno a todas estas categorías de deseos:

  • El hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
  • Se pueden perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.
  • No se debe arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto solo conduce a un sufrimiento futuro.
  • Hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.

También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre en dos entes diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:

  • placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal;
  • placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.

Epicuro dice que “todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza”. Los placeres vanos no son buenos, porque a la larga acarrearán dolor y no solo son más difíciles de conseguir, sino además más fáciles de perder.

También habla de la importancia de poseer una virtud para elegir y ordenar los placeres: la prudencia.

El discernimiento de los diferentes placeres y la recta prudencia, permiten acercarse a una vida feliz, lo cual constituye el objeto de la filosofía.

Epicuro valoraba como placer fundamental la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento por su vivacidad. Cuando decimos entonces, que el placer es un fin, no nos referimos a los placeres de los inmoderados, sino en hallarnos libres de sufrimientos del cuerpo y de turbación del alma”.

Epicuro agradeció a la naturaleza porque su filosofía no hubiera sido posible vivir sin ella. Epicuro vivió austeramente, comiendo una dieta simple de pan, queso, aceitunas y bebiendo una copa de vino ocasionalmente. Una vida plena privada, rodeada de amistades y de placeres moderados con el mínimo de dolores posibles y tranquilidad en el alma, brinda la felicidad.[26]

El amor y la amistad[editar]

Epicuro tenía una opinión dudosa sobre el placer del sexo y el matrimonio, se disputa si lo rechazaba o lo aceptaba en ciertos casos.[27]​ En cambio, sostuvo que las amistades platónicas son esenciales para vivir una vida feliz. Una de las Máximas Capitales dice: "De las cosas que la sabiduría adquiere para la bienaventuranza de la vida en general, la más grande es la posesión de amistad".[28][29]

El tema de la amistad es un tema paradójico en Epicuro, como lo es en Aristóteles. De hecho, al igual que Aristóteles, Epicuro considera que el sabio es autosuficiente, que la autosuficiencia y la autarquía son un gran bien. El hombre sabio debe mantener su independencia y, sin embargo, considera Epicuro que la amistad no es para los sabios un medio simple sino un bien en sí mismo.

Los animales y el vegetarianismo[editar]

En los fragmentos de sus obras recomendó una dieta a base de pan, agua, vino y queso, como él mismo hizo.[30]

Epicuro criticó el antropocentrismo aristotélico, aunque no rechaza la primacía humana sobre los animales, y afirma que todos los seres vivos están dotados de sensibilidad y buscan placer como los hombres que tratan de evitar el dolor.[31]

A diferencia de los platónicos, su respeto por la vida animal se basa en motivos sensoriales y no puramente religiosos o filosóficos.

Epicuro no prescribió el vegetarianismo, sin embargo, al menos de acuerdo con el testimonio del platónico Porfirio, él era personalmente vegetariano e instó a los discípulos a respetar a los animales y una dieta sin carne.[32][33]

Política[editar]

En contraste con los estoicos, los epicúreos mostraron poco interés en participar en la política de la época, ya que hacerlo genera problemas. En su lugar, abogó por el aislamiento. Este principio se resume en la frase torno biōsas ( λάθε βιώσας ), que significa "vive en la oscuridad", "vive la vida sin llamar la atención"[34]​, es decir, vive sin perseguir la gloria o la riqueza o el poder, pero anónimamente, disfruta de pequeñas cosas como la compañía de amigos.[35]

Plutarco elaboró ​​sobre este tema en su ensayo An rectum dictum sit latenter esse vivendum en su obra Moralia.[36]

La Justicia[editar]

Epicuro tenía una teoría de la justicia basada en un contrato social. La justicia, dijo Epicuro, es un acuerdo de no dañar ni ser perjudicado, y necesitamos un contrato de este tipo para disfrutar plenamente de los beneficios de vivir juntos en una sociedad bien ordenada. Las leyes que son útiles para promover la felicidad son justas, pero las que no son útiles no lo son.[37]

Teología[editar]

Su Carta a Meneceo, es un resumen de sus propias enseñanzas morales y teológicas. Epicuro que los dioses son cognoscibles por la mente, que unos de ellos subsisten en la individualidad material, otros en la semejanza de forma, producidos por el continuo flujo de los simulacros semejantes que constituyen el mismo objeto; son antropomorfos.[38]

Según George K. Strodach, Epicuro podría haber prescindido fácilmente de los dioses por completo sin alterar en gran medida su visión materialista del mundo, pero los dioses aún desempeñan una función importante en la teología de Epicuro como el parangón de la virtud moral.[39]

Paradoja de Epicuro[editar]

En Diálogos sobre la religión natural (1779), David Hume también atribuye el argumento a Epicuro.[40]

Dentro de la filosofía de la religión, el problema del mal como el problema de reconciliar la existencia del sufrimiento y una deidad omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente.

Lactancio atribuye este trilema a Epicuro en De Ira Dei, 13, 20-21:[41][42]

Dios, dice, desea eliminar los males y no puede; o Él es capaz, y no está dispuesto; o Él no está dispuesto ni es capaz, o Él está dispuesto y es capaz. Si Él está dispuesto y es incapaz, es débil, lo cual no está de acuerdo con el carácter de Dios; si Él es capaz y no está dispuesto, Él es envidioso , que está igualmente en desacuerdo con Dios; si no está dispuesto ni es capaz, es envidioso y débil a la vez, y por lo tanto no es Dios; Si Él está dispuesto y es capaz, lo que por sí solo es apropiado para Dios, ¿de qué fuente son los males? ¿O por qué no los quita?

De Ira Dei, 13, 20-21

Ha quedado planteado patentemente en una cita:

¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

Paradoja de Epicuro[43]

Ningún escrito existente de Epicuro contiene este argumento. Sin embargo, la gran mayoría de los escritos de Epicuro se han perdido y es posible que se haya encontrado alguna forma de este argumento en su tratado perdido Sobre los dioses, que Diógenes Laercio describe como una de sus más grandes obras. Si Epicuro realmente hizo alguna forma de este argumento, no habría sido un argumento en contra de la existencia de las deidades, sino un argumento en contra de la divina providencia.[44]

Legado[editar]

Antigüedad[editar]

Bustos de Sócrates, Antistenes, Crisipo de Solos y Epicuro.

El epicureismo fue muy popular desde el principio.[45]​ Diogenes Laercio registra que el número de epicúreos superó las poblaciones de ciudades enteras.[46]​ Sin embargo, Epicuro no fue admirado universalmente y, durante su vida, fue vilipendiado como un bufón ignorante y sibarita egoísta. Se mantuvo como el filósofo más admirado y menospreciado en el Mediterráneo durante los próximos cinco siglos.[47]

Las enseñanzas de Epicuro fueron introducidas en la filosofía y la práctica médica por el médico epicúreo Asclepíades de Bitinia, quien fue el primer médico que introdujo la medicina griega en Roma. Asclepíades presentó el tratamiento simpático, agradable e indoloro de los pacientes. Abogó por un trato humano a las personas con trastornos mentales y el trato de terapias naturales, como la dieta y los masajes.[48]

El devoto seguidor de Epicuro, el poeta romano Lucrecio, en su poema De rerum natura declaró que las prácticas religiosas populares no solo no inculcan la virtud, sino que resultan en "delitos tanto malvados como impíos", citando el sacrificio mítico de Ifigenia como ejemplo. Este mito como un ejemplo de los males de la religión popular, en contraste con la teología más sana defendida por Epicuro. También argumenta que la creación divina y la providencia son ilógicas, no porque los dioses no existan, sino porque estas nociones son incompatibles con los principios epicúreos de la indestructibilidad y la bienaventuranza de los dioses.[39]

Muchos romanos, tuvieron una visión negativa del epicureismo, ya que consideraban que su defensa de la búsqueda de voluptas ("placer") era contraria al ideal romano de virtus ("virtud masculina"). Por lo tanto, a menudo se estereotipaban a sus seguidores como débiles y afeminados. Los críticos prominentes de su filosofía incluyen a autores como Cicerón[45]​ y el estoico Séneca y el griego platónico Plutarco.[46]​ El filósofo escéptico posterior Sexto Empírico rechazó las enseñanzas de los epicúreos específicamente porque los consideraba como "dogmaticistas" teológicos.[44]

En I - II siglo dC, el epicureismo entró en declive, ya que no podía competir con el estoicismo, que tenía un sistema ético más en línea con los valores romanos tradicionales. El epicureismo fue el que más se enfrentó con las cristianas, ya que creían que el alma era mortal, negaban la existencia de una vida después de la muerte y negaban que lo divino tuviera algún papel activo en la vida humana.[45]​ A pesar de esto, DeWitt argumenta que el epicureismo, en muchos sentidos, ayudó a allanar el camino para la expansión del cristianismo por su gran énfasis en la importancia del amor, el perdón y las primeras representaciones cristianas de Jesús a menudo son similares a las representaciones de Epicuro.[47][49]

Edad Media[editar]

Epicurus representado en la Crónica de Nuremberg (1493)

A principios del siglo V, el epicureismo estaba virtualmente extinto. El padre de la iglesia cristiana, Agustín de Hipona (354–430 dC) declaró: "sus cenizas son tan frías que de ellas no se puede ni una sola chispa". Mientras que las ideas de Platón y Aristóteles podían adaptarse fácilmente a una cosmovisión cristiana, las ideas de Epicuro no eran tan fáciles de entender y no se le tenía en tanta estima.[45]

Durante la Edad Media, Epicuro fue recordado por los eruditos como un filósofo, pero con frecuencia apareció en la cultura popular como el portero del Jardín de las Delicias, el "propietario de la cocina, la taberna y el burdel". Él aparece en Los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer y en el Infierno de Dante en el Sexto Círculo del Infierno, encarcelados en ataúdes de fuego por haber creído que el alma muere con el cuerpo.[45]

Renacimiento[editar]

En 1417, Poggio Bracciolini descubrió una copia de De la naturaleza de las cosas de Lucrecio en un monasterio cerca del lago Constanza. El descubrimiento de este manuscrito se encontró con una emoción inmensa, porque los estudiosos estaban ansiosos por analizar y estudiar las enseñanzas de los filósofos clásicos y este texto previamente olvidado contenía el relato más completo de las enseñanzas de Epicuro conocidas en latín. La primera disertación académica sobre Epicuro, De voluptate del humanista italiano y sacerdote católico Lorenzo Valla se publicó en 1431. Valla otorgó credibilidad al epicureismo como una filosofía que merecía ser tomada en serio.[45]

Los Humanistas de Quattrocento no respaldaron con claridad el epicureismo pero eruditos como Francesco Zabarella (1360–1417), Francesco Filelfo (1398–1481), Cristoforo Landino (1424–1498) y Leonardo Bruni ( c. 1370–1444) le dieron al Epicureísmo un análisis más justo que el que había recibido tradicionalmente y proporcionó una evaluación menos abiertamente hostil del mismo Epicuro. No obstante, el "epicureismo" siguió siendo un peyorativo.[45]

Edad Moderna[editar]

En el siglo XVII, el sacerdote y erudito católico francés Pierre Gassendi (1592 - 1655) trató de desalojar al aristotelismo de su posición del dogma más alto al presentar el epicureismo como una alternativa mejor y más racional. En 1647, Gassendi publicó su libro De vita et moribus Epicuri (La vida y la moral de Epicurus), una defensa apasionada del epicureismo. Gassendi modificó las enseñanzas de Epicurus para hacerlas aceptables para una audiencia cristiana. Por ejemplo, argumentó que los átomos no eran eternos, increados e infinitos, sino que sostenían que un número extremadamente grande pero finito de átomos fueron creados por Dios en la creación.[45]

Las enseñanzas de Epicurus fueron respetables en Inglaterra por el filósofo natural Walter Charleton (1619 - 1707), cuya primera obra epicúrea, The Darkness of Atheism Dispelled by the Light of Nature (1652), modificó en el epicureismo como un "nuevo" atomismo. La Royal Society, fundada en 1662, avanzó el atomismo epicúreo. Uno de los defensores más prolíficos del atomismo fue Robert Boyle.[45]

Ilustración[editar]

Escultura de mármol de Epicuro entronizado.

Mientras tanto, John Locke (1632 - 1704) adaptó la versión modificada de Gassendi de la epistemología de Epicuro, que se hizo muy influyente en el empirismo inglés. Muchos pensadores con simpatías hacia la Ilustración apoyaron el epicureismo como una admirable filosofía moral.

El filósofo prusiano Immanuel Kant (1724 - 1804) calificó a Epicuro como "el más destacado filósofo de la sensibilidad". Además, para Kant, Epicuro procedió en su filosofía de una manera mucho más consecuente que otros filósofos sensualistas como Locke o Aristóteles.[50]

El presidente estadounidense Thomas Jefferson (1743-1826), uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, declaró en 1819: "Yo también soy un Epicúreo. Considero que las doctrinas genuinas (no imputadas) de Epicuro contienen todo lo racional en la filosofía moral que Grecia y Roma nos han dejado".[51]

Edad Contemporánea[editar]

El hedonismo de Epicuro fue la base clave de las doctrinas éticas del utilitarismo defendidas por Jeremy Bentham (1748 - 1832) y John Stuart Mill (1806 - 1873).[52][53]

El filósofo alemán Karl Marx (1818-1883), cuyas ideas son la base del marxismo, fue profundamente influenciado como un hombre joven por las enseñanzas de Epicuro y su tesis doctoral fue un análisis dialéctico hegeliano de las diferencias entre las filosofías naturales de Demócrito y Epicuro (Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro ). Marx veía a Epicuro como un empirista dogmático, cuya visión del mundo es internamente consistente y prácticamente aplicable.[54]

Pese a que el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844 - 1900) era antagónico con los padres de la filosofía griega, Platón y Sócrates, consideró a Epicuro como "el inventor del modelo heroico del filosofar". Además dijo de él:[55]

Epicuro ha vivido en todos los períodos, y vive todavía, sin el conocimiento de aquellos que llamaron y todavía se llaman ellos mismos epicúreos, y sin reputación entre los filósofos. Él mismo ha olvidado su propio nombre, ese fue el equipaje más pesado que alguna vez arrojó."

Friedrich Nietzsche, "El caminante y su sombra" 227.

El interés académico en Epicuro y otros filósofos helenísticos aumentó a lo largo de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, con un número sin precedentes de monografías, artículos, resúmenes y documentos de conferencias que se publicaron sobre el tema.[45]​ El dibujante Sam Kieth ilustró dos volúmenes de la novela gráfica "Epicuro el sabio" siendo Epicuro el protagonista.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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  15. Timócrates de Lámpsaco, hermano mayor de Metrodoro, fue un epicúreo renegado que se hizo cargo de difundir calumnias sobre la filosofía y el modo de vida de Epicuro. Epicuro escribió esta obra en respuesta a una polémica que afirmaba que Epicuro no era un verdadero ciudadano ateniense, débil, ignorante, grosero y vomitó dos veces al día por sus exceso.
  16. Arrighetti, 1978, p. 297-298.
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  27. Como he discutido en publicaciones anteriores, hay una discrepancia enloquecedora en las diversas traducciones de Diogenes Laercio. La versión de la traducción de RD Hicks de la Biblioteca Clásica de Loeb, que data de 1931, concuerda: “Tampoco el hombre sabio se casará y formará una familia: así lo dice Epicuro en los Problemas y en De Natura. De vez en cuando puede casarse debido a circunstancias especiales en su vida ". Cyril Bailey en su traducción de 1926 dice lo contrario: “Además, el hombre sabio se casará y tendrá hijos, como dice Epicuro en los Problemas y en el trabajo sobre la naturaleza. Pero se casará según las circunstancias de su vida ".
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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Henri Lengrand: Epicuro y el epicureísmo (Épicure et l'épicurisme, 1906). Ed. Bloud (Edmond Bloud, 1876 - 1948).