Paideía

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Paideia (en griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") era, para los antiguos griegos, el proceso de crianza de los niños, entendida como la transmisión de valores (saber ser) y saberes técnicos (saber hacer) inherentes a la sociedad. Consiste en una serie de normas y preceptos sobre la moralidad exterior, para con los dioses, los padres, el extranjero, y en reglas de prudencia para la vida.

La paideia se centraba en los elementos de la formación que harían del individuo una persona apta para ejercer sus deberes cívicos. Bajo el concepto de paideia se agrupan elementos de la gimnasia, la gramática, la retórica, la poesía, las matemáticas y la filosofía, que se suponía debían dotar al individuo de conocimiento y cuidado sobre sí mismo y sobre sus expresiones. Por lo tanto, no incluía habilidades manuales o erudición en temas específicos, que eran considerados mecánicos e indignos de un ciudadano. El primero en configurar la paideia como un humanismo cívico integral fue el orador y pedagogo griego Isócrates.

El ideal de paideia estaba dado por la estructura específica de la polis griega, en donde una casta relativamente reducida de ciudadanos, exentos de las necesidades manuales con la excepción de la guerra, dedicaban su vida a la participación en los asuntos cívicos. El dominio de la lengua griega distinguía a los locales de los forasteros e inmigrantes; la expresión oral, cuidadosamente elaborada, respondía a la obligación de mostrarse como un individuo refinado en el ágora, donde las habilidades persuasivas resultaban cruciales. Las ciencias puras indicaban una disposición de ánimo objetiva y poco referente a los asuntos mundanos, una cualidad deseable en un potencial legislador. Las proezas gimnásticas confirmaban el dominio de sí y el carácter viril —también garantizado por el comportamiento en combate— que completaban el perfil aristocrático.

Su modo de transmisión fue primordialmente durante siglos oral. Allí se mezclaba un rico acervo de sabiduría popular, mezclado con primitivas reglas de conducta y preceptos de prudencia arraigados en las creencias y supersticiones populares; transmisión de conocimientos y habilidades que los griegos designaban techné. Aquí no era importante la utilidad, sino el καλόν, es decir, la belleza .

Pais[editar]

Las hijas mujeres eran entrenadas en casa. El sistema educativo desde siempre fue exclusivamente para la educación de los niños (pais), que en la mayoría de los casos encontraba su organización y financiación a través de recursos exclusivamente privados. Los servicios formativos eran excesivamente costosos y, por lo tanto, excluyentes. La educación aún no se había considerado una tarea del estado, y será Platón la voz con más fuerza que propone el monopolio formativo del estado sobre la ciudad. Atenas, como otras ciudades-estado griegas, estaba equipada con algunos palacios estatales y escuelas de gramática. La mayoría de los niños asistía a la escuela siempre que fuera posible, aunque no había ninguna obligación de hacerlo.

La escuela tomaba aproximadamente del sexto al decimosexto año de vida. Dentro de los esquemas formativos de las escuelas, el castigo corporal no era algo infrecuente, e incluso se sugería, como se verá más adelante en el caso de la formación de un carácter fuerte y viril para con las demás castas sociales. El programa de estudios incluía temas principales como la escritura, que incluía la lectura y la aritmética, la música (incluidas las letras) y la gimnasia, entre ella la lucha libre, la natación, el tiro con arco y las hondas. Un desarrollo posterior introdujo el dibujo y la pintura. Como es lógico en una cultura que se consideraba el culmen y la realización más alta de la civilización, la enseñanza de los idiomas extranjeros era algo poco concebible al modo como lo sería en la época contemporánea, o incluso entre los romanos. Término «paidagogos»

Aunque los esclavos no contaran como personas, sino como cosa, era quien recibía el apelativo de «paidagogos» cuando acompañaba al niño en el camino a la escuela y le daba instrucciones para una conducta adecuada. Para tal objetivo, y con el fin de utilizar en la vida diaria al máximo las fuerzas y habilidades del esclavo, a menudo solo se utilizaban esclavos que no servían para otros trabajos. Los paidagogos tenían la responsabilidad de cuidar que nada le sucediera al niño en el camino a la escuela, labor importantísima cuando se entiende el fuerte amor hacia los jóvenes que había en toda Grecia. Era el encargado también de proporcionarle a los niños y jóvenes los útiles escolares necesarios para el desempeño de sus labores escolares. Incluso, la ostentación de los padres llegaba al punto de designar esclavos exclusivos para transportar los útiles escolares. Los paidagogos asistían a clases y supervisaban el trabajo escolar de los niños. La ley prohibía, con castigo de muerte, que cualquier adulto que no fueran los familiares pudiese ingresar a la escuela durante la lección. Por lo demás, los esclavos eran los encargados de salvaguardar el decoro externo de su protegido en cuanto al uso decoroso de la bata , la marcha decente con los ojos hacia el suelo, no cruzar los pies mientras se estaba sentado, guardar silencio, en particular cuando los maestros exponían en sus discursos los elementos de distinción literaria que debían aprender, y finalmente contener, en todas las circunstancias, cualquier tipo de exceso en la vida íntima que podrían expresarse en la vida de la ciudad.

Las faltas a estas y otras formas de comportamiento moral se corregían con el uso duro del derecho que tenía el paidagogo al castigo corporal. Era generalizada la opinión de que un niño que debía convertirse en hombres y ciudadano de la polis tendría que ser reprimido con mayor dureza. Es por esto que las representaciones en el arte generalmente muestran los paidagogos con la cara de un bárbaro. Se identificaban en su condición de extranjero con el uso de una túnica de manga corta y zapatos con cordones altos. Además, debían tener la cabeza calva, una barba peluda y un abrigo.

Nobleza y areté[editar]

Al principio los preceptos sobre el comportamiento estaban reservados a una clase social diferenciada y muy distinguida, llamada a ocuparse de los asuntos de la ciudad. Esta forma de educación responde al tipo de la aristocracia caballeresca. La nobleza funge como la fuente de aquel proceso espiritual mediante el cual nace y se desarrolla la cultura de una nación . El hombre ordinario no tiene ''areté'', y el esclavo que fuera en algún momento parte de una raza de alta estirpe, se le quita la mitad de su areté, por lo que ya no puedía volver a ser el mismo.

La fuerza y la destreza están fuertemente asociadas a las dotes sobresalientes de toda posición dominante. El código de la nobleza caballeresca exige la demostración del valor y la hombría, como identificación homérica del valor con la areté humana. La característica esencial del noble es en Homero el sentido del deber. La lucha y la victoria son la verdadera prueba de fuego de la virtud humana, que no significa solo el vencimiento físico del adversario, sino el mantenimiento de la areté conquistada durante el difícil dominio de la naturaleza. Por el contrario, la negación del honor era la mayor de tragedia humana. Las afrentas tienen su inicio en la denegación del honor de una areté prominente. El íntimo motivo de la areté helénica está en el “apropiarse de la belleza”.

Homero[editar]

La concepción del poeta como educador de su pueblo tiene su manifestación más importante en Homero. Él debe ser considerado como el primero y el más grande creador y formador de la humanidad griega. La función pedagógica de la poesía solo puede ser posible si se pone en vigor todas las fuerzas estéticas y éticas del hombre. Es en la epopeya donde se manifiesta como en ningún otro poema la educación helénica. La función de los aedos, antiguos poetas, es mantener vivos en la memoria de la posteridad los hechos de los hombres y de los dioses. El mito tiene una función educadora dentro de la ética aristocrática de Homero. Su exposición no responde al reconocimiento de los hechos, sino al ensalzamiento de lo que en el mundo es digno de elogio y alabanza. Los héroes en Homero reclaman ya en vida el honor debido por sus hazañas. Los límites de la ética no son las convenciones del deber, sino las leyes del ser. La armonía perfecta de la naturaleza y de la vida humana es parte importante de la concepción homérica de la realidad. Los dioses acompañan el actuar humano, por lo que las virtudes de los grandes héroes están íntimamente relacionadas con la guía constante de la divinidad. En toda motivación de las acciones humanas intervienen los dioses. No obstante, no son los dioses el centro de la narración poética, sino los hombres y su destino.

Esparta[editar]

La mayor creación de Esparta es su Estado. Este representa una fuerza pedagógica particular. Todas las fuentes que se poseen tienden a ofrecer la disciplina espartana como la educación ideal. Todos los ciudadanos participaban en la educación militar, lo que quiere decir que se trataba de una casta aristocrática. Los derechos ciudadanos espartanos estuvieron siempre vinculados con su calidad de guerreros. La necesidad de larga y dudosa guerra que comienza, fue el fundamento en que se cimentó el espartano. El simple guerrero espartano está profundamente arraigado en la comunidad ciudadana del estado.

Los ideales educativos de Esparta, donde prevalecía un modelo más estático (en el sentido de movilidad social) que preparaba principalmente para las artes guerreras, compitieron con los de Atenas, más libre y abierta, enfocado en las humanidades y la cultural. Hay que decir que la educación ateniense estaba dirigida principalmente a los ciudadanos, estatuto que correspondía a los hombres libres poseedores de derechos políticos, y no a esclavos o extranjeros.

Paideia o Humanitas en la Antigua Roma[editar]

El lugar del concepto de paideia fue ocupado en Roma por la humanitas, que en textos de Cicerón significa claramente cultura, educación y pedagogía propias del hombre libre y a la cual están relacionadas todas las disciplinas. Humanitas llegó a indicar el desarrollo de las cualidades que hacen al hombre un ser verdaderamente humano, que lo enriquecen con una cultura y lo diferencian del bárbaro. El concepto implicaba por tanto la construcción del hombre civil que vive y opera en la sociedad humana. De aquí proviene la designación de "humanidades" para los estudios vinculados a la cultura y el movimiento ideológico, filosófico, pedagógico y cultural conocido como Humanismo que caracterizó el Renacimiento grecolatino en Europa.

La mutua influencia entre el Imperio Romano y el Helenismo, la paideia recibió su forma humanista occidental, aunque los romanos hacían más hincapié en el aspecto de utilidad de la educación inicial. La educación literaria pasaba a primer plano. Por su ideal del orador perfecto, exigía el estudio de la historia, el derecho y la filosofía. En el siglo II d. C., la segunda sofistería le trajo un nuevo impulso. Quintiliano, el primer maestro de habla romana nombrado públicamente, reverenciaba a Cicerón como el orador ideal. La educación clásica permaneció hasta el 600 d. C. como un signo importante de pertenencia a la clase alta. La noción se rescató reiteradamente a lo largo de la historia occidental por parte de movimientos aristocratizantes que oponían una concepción global de la formación humana al énfasis en las habilidades prácticas; un movimiento de este tipo inspiró a Pierre de Coubertin a restaurar la tradición de los juegos olímpicos.

A mediados del siglo XX, el filólogo alemán Werner Jäger o Jaeger publicó el más detallado estudio sobre la noción de paideia hasta la fecha, bajo el título Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega (1933-1945). En el desarrollo del libro primero en los capítulos I y II, Jaeger describe el concepto como la aspiración a construir un tipo ideal de hombre marcado por la virtud, a la cual llamaban (ἀρετή) areté. La areté es la excelencia en la función propia (belleza (kalós)+ virtud).

Los sofistas[editar]

El grupo de sofistas se esforzó por resolver la forma más elevada de educación humana a través de la kalokagathia, posible solo para la descendencia aristocrática y bajo privilegios educativos relacionados. Los sofistas eran los responsables de la educación superior. Exigieron majestuosos fondos que solo los ricos podían pagar. Los más eruditos aprendían de ellos filosofía, retórica, historia y ciencia. La obtención del Areté debía ser posible gracias al don, la instrucción y la práctica, independientemente del origen. Estas habilidades debían ser adquiridas para lograr la notoriedad política. Como se verá con Platón, el entrenamiento para el comportamiento ético no jugará ningún papel importante en el programa de la educación sofística.

Platón[editar]

El maestro de Platón, Sócrates, había tratado de desenmascarar a los sofistas con su preocupación por el alma del ser humano como centro tanto de la reflexión filosófica como de los esfuerzos pedagógicos. Platón acusaba a los sofistas de que su actividad no representaba sino una mera comercialización del conocimiento, y denunciaba la falta de una educación verdadera. Él presentaba su propia paideia basada en fundamentos filosófico-científicos: en primer lugar, era el estado quien debía hacerse cargo de la educación. Según las capacidades de cada cual, el curso de estudio podía abarcar toda la vida del hombre. Debía desarrollarse gradualmente a partir de una instrucción gimnástico-musical, pasando por una educación general en oratoria y disciplinas matemáticas hasta el más alto nivel de dialéctica.

Las mociones del alma (psyches periagoge) son la causa la paideia. En el nivel más alto del proceso educativo, alcanzado solo por unos pocos, el hombre alcanza la percepción de la idea del Bien y, por lo tanto, de la realidad misma. Solo el que conoce la verdad a través de la luz de la idea del bien, puede actuar bien. Solo los justos pueden orientar a los buenos, cuya alma, sin embargo, ha sido formada por la Paideia de la polis. Solo esta conducción puede llegar a hacer realmente feliz (eudaimonia) al hombre. Solo quienes han obtenido el nivel más alto de educación otorgado por el estado pueden acceder a su administración, no simplemente como gobernadores, sino como rey-filósofo.

Isócrates[editar]

El programa pedagógico de Isócrates se consolidó no solo con la enseñanza de las disciplinas matemáticas y la dialéctica, sino especialmente con la educación retórica. Esto incluía un amplio conocimiento de la literatura y del lenguaje ingenioso. En la escuela isocrática, la educación se define como un camino consciente hacia el "amor a la belleza" por medio del lenguaje bello como un método. Solo el discurso puede mostrar con estética el espíritu del hombre. La educación no se reduce entonces a una habilidad ordenada a la expresión oral formal sin más, sino a una moralidad expresada en el discurso. El habla representa la mente de una manera particular. Isócrates sería mucho más influyente en la cultura griega de su tiempo y posterior que Platón. El programa isocrático fue mucho más exitoso que el platónico, puesto que su énfasis se hizo más en la retórica para fines prácticos.

Cristianismo y Paideia[editar]

Para los griegos, la paideia sirvió inicialmente como una distinción entre los "bárbaros" y los cristianos simples. En la Antigüedad Tardía, personalidades como Clemente de Alejandría, Orígenes o Gregorio de Nisa intentaron armonizar la educación clásica y el cristianismo, por lo que el este asimilaría el concepto de Paideia. Jesucristo aparecía como el educador divino. No obstante, la primacía de la religión frente a la educación literaria o filosófica se mantuvo. Ya en la Antigüedad Tardía tanto los cristianos como los paganos combinaron valores culturales.

A pesar de estas continuidades entre Antigüedad y la Edad Media, otros rompimientos se dejaron ver. Como parte de la migración de los pueblos en el Occidente latino, los portadores culturales de la clásica Paideia desaparecieron gradualmente; solo pocas personas de educación clásica pudieron asumir el papel mediador. En la Galia merovingia, el trabajo histórico de Gregorio de Tours señalaba la fase final de este y el comienzo de una nueva fase cultural. En la Hispania visigoda todavía partes de la educación antigua se han conservado. En el este griego, la Gran Guerra Persa (603- 628/629) y la expansión islámica fueron puntos de inflexión, aunque las tradiciones más antiguas se mantuvieron aquí con más fuerza que en Occidente.

Bibliografía[editar]

Jäger, Werner (1995). Paideia. Fondo de Cultura Económica. México. ISBN 968-16-0106-8..