Batalla de las Termópilas
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| Batalla de las Termópilas | |||||||||||
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| Parte de Guerras Médicas | |||||||||||
Leónidas en las Termópilas, por Jacques-Louis David (1814) |
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| Beligerantes | |||||||||||
| Ciudades-Estado griegas | |||||||||||
| Comandantes | |||||||||||
| Leónidas I, Rey de Esparta † | Jerjes I, Emperador de Persia | ||||||||||
| Fuerzas en combate | |||||||||||
| 300 espartanos, 700 tespios y aliados griegos En totala 5,200+ (Heródoto) 7,400+ (Diodoro Sículo) 11,200 (Pausanias) |
Entre 150.000 y 400.000[3]
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| Bajas | |||||||||||
| Entre 1.000 y 4.000, según Heródoto,[6] incluyendo a Leónidas I, los 300 espartanos y los 700 tespios | ~ 20.000 según Heródoto[7] | ||||||||||
La Batalla de las Termópilas fue una batalla que se prolongó durante cinco días durante la segunda invasión persa de Grecia. Tuvo lugar de forma simultánea a la batalla de Artemisio, en agosto o septiembre de 480 a. C., en el paso de las Termópilas (Puertas Calientes, por los manantiales calientes que existían allí). En la batalla se enfrentaron una alianza de ciudades estado griegas lideradas por Esparta contra el Imperio Persa de Jerjes I
La invasión persa fue una respuesta dilatada en el tiempo por la derrota en la primera invasión persa de Grecia, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón. Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia. Como respuesta a la invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que bloqueaban el avance de la armada persa en los estrechos de Artemiso.
Un ejército aliado formado por unos 7.000 hombres aproximadamente marchó al norte para bloquear el paso en el verano de 480 a. C. El ejército persa, que las estimaciones modernas estiman que estaba compuesto de unos 300.000 hombres, llegó al paso a finales de agosto o a comienzos de septiembre. Enormemente superados en número, los griegos mantuvieron el avance persa durante siete días en total (incluyendo tres de batalla), antes de que la retaguradia fuera aniquilada. Durante dos días completos de batalla, una pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia. Tras el segundo día de batalla, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían utilizar para acceder detrás de las líneas griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo para proteger su retaguardia junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y puede que algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla.
Tras el enfrentamiento, la armada aliada en Artemiso recibió las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemiso, y dada la pérdida, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Sin embargo, buscando una victoria decisiva sobre la flota persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año. Quedando quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando del ejército restante para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.
Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno. Asimismo, el comportamiento de los defensores se ha utilizado como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicados de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.
Contenido |
[editar] Fuentes
La fuente primaria principal en lo relativo a las Guerras Médicas es el historiador griego Heródoto. Este autor, que ha sido calificado como "El Padre de la Historia",[8] nació en el año 484 a. C. en Halicarnaso, en Asia Menor (bajo el gobierno persa). Escribió su obra Historiae entre 440 y 430 a. C., intentando encontrar los orígenes de las Guerras Médicas, que por entonces todavía eran un hecho relativamente reciente en la historia (las guerras acabaron finalmente en 449 a. C.[9] El enfoque de Heródoto fue una completa novedad, al menos en la sociedad occidental, y en base a ello se considera que inventó la historia tal y como la conocemos hoy en día.[9] El historiado Holland afirma sobre el particular que: "Por primera vez, un cronista se propuso encontrar los orígenes de un conflicto no en un pasado tan remoto como para que resultase fabuloso, ni en los caprichos o deseos de algún dios, ni en un afirmación del pueblo manifestando su destino, sino mediante explicaciones que pudiera verificar él personalmente."[9]
Muchos de los posteriores historiadores antiguos, a pesar de seguir sus pasos, ningunearon a Heródoto y se consideraron a sí mismos seguidores de Tucídides.[10] Sin embargo, Tucídides eligió comenzar su historia a partir del punto en donde terminó Heródoto (en el sitio de Sestos), por lo que debió considerar que Heródoto había hecho un trabajo razonablemente bueno resumiendo la historia anterior. Plutarco, por su parte, criticaba a Heródoto en su ensayo "Sobre la Malignidad de Heródoto", describiéndole como "Philobarbaros" (amante de los bárbaros), por no haber sido suficientemente pro-griego. Esto sugiere que Heródoto pudo haber realizado un buen trabajo en lo que a la neutralidad se refiere.[11] A la Europa del Renacimiento acabó llegando una negativa visión de Heródoto, si bien su obra continuó leyéndose de forma habitual.[12] Sin embargo, a partir del siglo XIX su reputación fue rehabilitada dramáticamente por los descubrimientos arqueológicos que fueron confirmando de forma repetida su versión de los hechos.[13] La visión que prevalece actualmente sobre Heródoto es que, en general, hizo un buen trabajo en su Historiae, aunque algunos detalles específicos (en especial números de soldados y fechas) deberían observarse con escepticismo.[13] Por otro lado, sigue habiendo algunos historiadores que consideran que Heródoto se inventó gran parte de su historia.[14]
El historiador siciliano Diodoro Sículo, que escribió en el siglo I a. C. su obra Bibliotheca Historica, en la que también ofrece el relato de las guerras médicas, basándose parcialmente en el historiado griego Éforo de Cime. Sin embargo, su relato es bastante consistente en comparación con el de Heródoto.[15] Además, las guerras médicas también reciben la atención, con menor de detalle, de varios otros historiadores antiguos, entre los que se incluye Plutarco o Ctesias, y también aparecen en referencias de otros autores, como el dramaturgo Esquilo. Las evidencias arqueológicas, tales como la columna serpentina, también ofrecen un respaldo a algunas de las afirmaciones concretas de Heródoto.[16]
[editar] Trasfondo histórico
La expansión constante de los griegos por el Mediterráneo, tanto oriental como occidental, llevó a crear colonias en las costas de Asia Menor. Estas colonias estaban en territorios controlados por el Imperio Persa, que siempre les concedió un elevado grado de autonomía,[17] pero los colonos helenos siempre quisieron la absoluta libertad, se sublevaron contra el poder imperial y obtuvieron algunas victorias iniciales, pero conocían su inferioridad ante el coloso asiático, por lo que pidieron ayuda a los griegos continentales. Pese a que los espartanos se negaron en un principio, los atenienses sí los apoyaron, dando comienzo a las Guerras Médicas.
Las ciudades estado de Atenas y Eretria apoyaron la revuelta jónica contra el Imperio persa de Darío I, que tuvo lugar entre los años 499 y 494 a. C. Por aquella época, el Imperio persa era todavía relativamente joven y, por tanto, más susceptible de sufrir revueltas entre sus súbditos.[18] [19] Además, Darío no había accedido al trono pacíficamente, sino tras asesinar a Gaumata, su predecesor, lo que había supuesto la necesidad de extinguir un serie de revueltas en su contra.[18] Por todo ello, la revuelta jónica no era un tema menor, sino una verdadera amenaza a la integridad del Imperio, y por ese motivo Darío juró castigar no sólo a los jonios, sino a todos aquellos que hubiesen estado involucrados en la revuelta (especialmente los que no eran todavía parte del Imperio.[20] [21] Además, Darío vio la ocasión como una oportunidad de expandir su poder hacia el fraccionado mundo de la Antigua Grecia.[21] Por ello, envió una expedición preliminar del general Mardonio en 492 a. C. para asegurar el acercamiento a tierra griega, reconquistando Tracia y obligando al reino de Macedonia a convertirse en reino vasallo de Persia.[22]
En 491 a. C. Darío envió emisarios a todas las ciudades estado de Grecia, solicitando un regalo de 'agua y tierra' como símbolo de su sumisión a él.[23] Tras la demostración del poder persa del año anterior, la mayoría de las ciudades griegas se sometieron. Sin embargo, Atenas juzgó a los embajadores persas y les ejecutó lanzándoles a un foso. En Esparta, simplemente fueron arrojados a un pozo.[23] [24] Esto suponía que Esparta también estuviera, oficialmente, en guerra con Persia.[23]
Darío comenzó a preparar en 490 a. C. una misión anfibia bajo el mando de Datis y de Artafernes, que comenzó con un ataque sobre Naxos y la posterior sumisión de las Cícladas. La fuerza invasora se trasladó luego a Eretria, que asedió y destruyó.[25] Finalmente, se dirigó hacia Atenas, desembarcando en la bahía de Maratón, en dónde se encontró con un ejército ateniense al que superaba en número. Sin embargo, en el enfrentamiento de los dos ejércitos en la batalla de Maratón, los atenienses obtuvieron una victoria decisiva, que supuso la retirada del ejército persa de Europa, y su retorno a Asia.[26]
Esparta no participó en la batalla contra los persas. Atenas quería detener la invasión como fuese y solicitó ayuda a los espartanos para luchar pero, como se ha dicho, el origen del problema residía en las colonias griegas en Asia, y Esparta no había fundado ninguna ni tampoco las había ayudado en la rebelión. Por tanto, los lacedemonios no se sentían implicados. Tanto es así que a la Batalla de Maratón no acudieron por estar celebrando las fiestas de Apolo (fiestas de carneo).
En cualquier caso, y tras la derrota, Darío reaccionó comenzando a reclutar un nuevo ejército de inmenso tamaño, con el que pretendía sojuzgar Grecia. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando, en 486 a. C., se produjo la revuelta de Egipto, que obligó a posponer indefinidamente la expedición a Grecia.[27] Darío murió durante los preparativos para marchar contra Egipto, y el trono de Persia pasó a su hijo, Jerjes I.[28] Jerjes aplastó la rebelión egipcia y rápidamente retomó los preparativos para la invasión de Grecia que, al tratarse de una invasión a gran escala, necesitaba una larga planificación para acumular las provisiones necesarias y para reclutar, equipar y entrenar a los soldados.[29] Jerjes decidió construir puentes sobre el Helesponto para permitir a su ejército atravesar desde Asia hasta Europa, y cavar un canal a través del istmo del monte Athos para que lo atravesasen sus naves (una flota persa había sido destruida en 492 a. C. mientras rodeaba ese cabo).[30] Estas obras de ingeniería eran operaciones de una gran ambición que estaban fuera del aclance de cualquier estado contemporáneo.[30] Finalmente, a comienzos de la década de 480 a. C., se completaron los preparativos para la invasión, y el ejército que Jerjes había reunido en Sardis marchó en dirección a Europa, cruzando el Helesponto sobre dos puentes flotantes.[31]
Los atenienses, por su parte, también se habían estado preparando para afrontar una guerra contra Persia desde mediados de la década de los años 480 a. C. Finalmente, en 482 a. C. se tomó la decisión, bajo la guía del estadista ateniense Temístocles, de construir una masiva flota de trirremes, imprescindible para que los griegos pudiesen enfrentarse a los persas.[32] Sin embargo, los antenienses carecían de la capacidad y la población suficiente como para enfrentarse al mismo tiempo en tierra y en el mar, por lo que para combatir a los persas necesitaban llegar a una alianza con otras ciudades estado de Grecia. En 481 a. C. el emperador Jerjes envió embajadores por toda Grecia, solicitando de nuevo tierra y agua, pero omitiendo deliberadamente a Atenas y a Esparta.[33] Sin embargo, algunas ciudades fueron alineándose con estos dos estados líderes, para lo cual se mantuvo un congreso de ciudades estado en Corinto a finales del otoño de 481 a. C.[34] del que surgió una confederación aliada de ciudades estado. Esta confederación tenía el poder de enviar emisarios solicitando ayuda y de enviar tropas desde los estados miembros hasta los puntos de defensa tras haberlo consultado conjuntamente. Este hecho en sí mismo era de gran trascendencia en atención a la desunión que había existido históricamente entre las ciudades estado, y especialmente si se tiene en cuenta que muchas de ellas estaban todavía técnicamente en guerra unas con otras.[35]
Ante la necesidad, se unieron las distintas polis griegas que tradicionalmente se habían enfrentado entre ellas haciendo realidad la frase griega de:
La confederación volvió a reunirse en la primavera de 480 a. C. Una delegación tesalia sugirió que los aliados se reunieran en el angosto valle de Tempe, en las fronteras de Tesalia, para bloquear el avance de Jerjes.[36] Se envió una fuerza compuesta por 10.000 hoplitas al valle, entendiendo que el ejército persa se vería obligado a atravesarlo. Sin embargo, una vez ahí fueron avisados por Alejandro I de Macedonia de que el valle podía ser atravesado y rodeado por el paso Sarantoporo, y de que el ejército persa era de un tamaño inmenso, por lo que los griegos se retiraron.[37] Poco después recibieron las noticias de que Jerjes había atravesado el Helesponto.[36]
Temístocles sugirió entonces una segunda estrategia a los aliados. La ruta hacia el sur de Grecia (Beocia, Ática, y el Peloponeso) exigía que el ejército de Jerjes atravesase el estrechísimo paso de las Termópilas. Este paso sería fácilmente bloqueable por los hoplitas griegos, a pesar del abrumador número de soldados persas. Además, y para evitar que los persas superaran la posición griega por mar, los navíos atenienses y aliados podrían bloquear los estrechos de Artemisio. Esta estrategia dual fue finalmente aceptada por la confederación.[38] Sin embargo, las ciudades del Peloponeso prepararon planes de emergencia para defender el istmo de Corinto en el caso de que fuera necesario, a la vez que las mujeres y niños de Atenas fueron evacuadas en masa hacia la ciudad peloponesa de Trecén.[39]
[editar] Preludio
El ejército persa parece que se desplazó a un ritmo algo lento a través de Tracia y Macedonia pero, finalmente, en agosto llegaron a Grecia las noticias de la inminente llegada de los persas.[40] En aquella época los espartanos, líderes militares de facto de la alianza, estaban celebrando la festividad religiosa de las Carneas. Durante ese festival la actividad militar estaba prohibida por la ley espartana y, de hecho, los espartanos no llegaron a tiempo a la batalla de Maratón por estar celebrando el festival.[41] También se estaban celebrando los Juegos Olímpicos, por lo que debido a la tregua imperante durante su celebración habría sido doblemente sacrílego para los espartanos si marchasen en su totalidad a la guerra.[41] [42] En esta ocasión, sin embargo, los éforos decidieron que la urgencia era lo suficientemente importante como para justificar el envío de una expedición avanzada para bloquear el paso, al mando de uno de los dos reyes espartanos, Leónidas I. Leónidas llevó consigo a 300 hombres de la guardia real, los Hippeis, así como a un número mayor de tropas de apoyo procedentes de otros lugares de Lacedemonia (incluyendo hilotas).[42] La expedición debería intentar agrupar el mayor número posible de aliados sobre la marcha, y esperar a la llegada del ejército espartano principal.[42]
La leyenda de las Termópilas, tal y como la cuenta Heródoto, dice que los espartanos consultaron al Oráculo de Delfos ese mismo año sobre el resultado de la guerra. Se dice que el Oráculo dictaminó que, o bien la ciudad de Esparta sería saqueada por los persas o, o bien debían sufrir la pérdida de un rey, descendiente de Heracles.[43] Heródoto dice que Leónidas, en línea con la profecía, estaba convencido de que se dirigía a una muerte segura al no contar con unas fuerzas adecuadas para la victoria, y que por eso eligió como soldados sólo a espartanos que contaran con hijos vivos.[44]
En el camino hacia las Termópilas el ejército espartano fue reforzado por contingentes procedentes de diversas ciudades, alcanzando una cifra superior a los 5.000 soldados en el momento en que llegaron a su destino.[45] Leónidas eligió acampar y defender la parte más estrecha del paso de las Termópilas, en un lugar en el que los habitantes de Focia habían levantado una muralla defensiva algún tiempo atrás.[46] También le llegaron noticias a Leónidas, desde la cercana ciudad de Traquinia, de la existencia de un camino montañoso que podía ser utilizado para rodear el paso de las Termópilas. En respuesta, Leónidas envió a 1.000 soldados focidios para que se estacionaran en las alturas y evitasen esa maniobra.[47]
Finalmente el ejército persa fue avistado atravesando el golfo de Malis y acercándose a las Termópilas a mediados de agosto.[48] A su llegada, los aliados mantuvieron un consejo de guerra en el que algunos peloponesios sugirieron retirarse hasta el istmo de Corinto para bloquear el paso al Peloponeso.[49] Sin embargo, los habitantes de Fócida y Lócrida, regiones cercanas a las Termópilas, se indignaron por la sugerencia, y aconsejaron defender el paso e ir a buscar por más ayuda. Leónidas calmó la situación y se mostró de acuerdo con defender las Termópilas.[49]
Entre las curiosidades y leyendas que Heródoto cuenta de la batalla, a propósito del gran tamaño del ejército persa, es famosa la anécdota según la cual, en palabras del autor, el más valiente de los griegos fue el espartano Dienekes, pues antes de entablarse el combate dijo a los suyos que le habían dado buenas noticias, que le habían dicho que los arqueros de los persas eran tantos que «sus flechas cubrían el sol» y «volvían el día en noche» (ὡς ἐπεάν ὁι βάρβαροι ἀπιέωσι τὰ τοξεύματα τὸν ἥλιον ὑπό τοῦ πλήθεος τῶν οῒστών ἀποκρύπτουσι "que cuando los bárbaros disparan sus arcos, ocultan el sol bajo la cantidad de sus flechas") y que de este modo, si los persas les tapaban el sol, en lugar de tener que combatir bajo él, podrían luchar a la sombra (εἰ ἀποκρυπτόντων τὣν Μήδων τὸν ἥλιον ὑπό σκιή ἔσοιτο πρὸς αυτούς ἡ μάχη καὶ οὐκ ἐν ἡλίω)[50] . Dienekes, y los espartanos en general, consideraban el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
Jerjes envió un emisario para negociar con Leónidas. Ofreció a los aliados su libertad y el título de "Amigos del Pueblo Persa", indicándoles que serían asentados en tierras más fértiles que las que ocupaban en ese momento.[51] Cuando Leónidas rechazó los términos, el embajador le volvió a solicitar que depusiera las armas, a lo que Leónidas respondió con la famosa frase «Ven a buscarlas tú mismo» (en griego Μολών Λαβέ, que literalmente significa «ven y cógelas»).[52] Al fracasar la negociación la batalla se volvió inevitable. Sin embargo, Jerjes retrasó el ataque durante cuatro días, esperando que los aliados se dispersasen por sí mismos, antes de decidirse finalmente a atacar.[53]
[editar] Fuerzas de los ejércitos
[editar] Ejército persa
Las cifras sobre los soldados reunidos por Jerjes para la segunda invasión de Grecia han sido objeto de interminables discusiones, debido al gran tamaño que ofrecen las fuentes clásicas griegas. Heródoto defendía que había, en total, 2,5 millones de hombres solamente en personal militar, que a su vez iban acompañados por un número equivalente de personal de apoyo.[54] El poeta Simónides de Ceos, que era casi contemporáneo, habla de cuatro millones. Ctesias, por su parte, cifra en 800.000 hombres el tamaño total del ejército de Jerjes.[5]
La historiografía actual considera más o menos realistas los datos sobre los efectivos griegos y, durante muchos años, la cantidad ofrecida por Heródoto sobre los persas no fue puesta en duda. No obstante, a principios del siglo XX el historiador militar Hans Delbrück calculó que la longitud de las columnas para abastecer a una fuerza de combate millonaria sería tan larga que los últimos carros estarían saliendo de Susa cuando los primeros persas llegaran a las Termópilas.[55]
Los historiadores modernos tienden a valorar las cifras de Heródoto y de otras fuentes antiguas como completamente irreales, resultado de cálculos erróneos o exageraciones por parte del bando vencedor.[56] El tema ha sido debatido en profundidad, pero parece que existe un consenso en lo referente al tamaño del ejército, que oscilaría entre los 200.000 y los 250.000 hombres, lo que en cualquier caso sería un ejército colosal para los medios logísticos de la época.[56] [57] Sean cuales sean las cifras exactas, sin embargo, lo que sí que es claro es que Jerjes estaba ansioso por asegurar el éxito de la expedición, para lo cual reunió a un ejército numéricamente muy superior tanto en tierra como en mar al de sus enemigos.[57]
Por último, también existen dudas sobre si en las Termópilas se reunió la totalidad del ejército persa de invasión. No está claro si Jerjes dejó previamente guarniciones de soldados en Macedonia y Tesalia, o si avanzó con todos los soldados disponibles. La fuerza de las Termópilas probablemente estaba compuesta por la mayoría del ejército de invasión, contando con alrededor de unos 200.000 hombres.[56] La única fuente antigua que comenta este punto es Ctesias, que sugiere que 80.000 persas lucharon en las Termópilas. Sin embargo, este relato es sólo fragmentario y ofrece errores graves, como por ejemplo una afirmación de que la batalla de Platea fuvo lugar antes que la batalla de Salamina.[5]
[editar] Ejército griego
De acuerdo con las cifras que aportan Heródoto[45] [58] y Diodoro Sículo,[59] el ejército aliado estaba compuesto por las siguientes fuerzas:
| Grupo | Números - Heródoto | Números - Diodoro Sículo |
|---|---|---|
| Espartanos | 300 | 300 |
| Lacedemonios/ Periecos |
900?[60] | 1.000 (¿incluyendo a los espartanos?) |
| Hilotas espartanos | 900?[60] | - |
| Mantineanos | 500 | 3.000 (otros Peloponesos enviados con Leónidas) |
| Tegeanos | 500 | |
| Arcadios de Orcómeno | 120 | |
| Otros arcadios | 1.000 | |
| Corintios | 400 | |
| Fliuncios | 200 | |
| Minoicos | 80 | |
| Total Peloponesios | 3.100[45] ó 4.000[61] | 4.000 ó 4.300 |
| Tespios | 700 | - |
| Malianos | - | 1.000 |
| Tebanos | 400 | 400 |
| Focidios | 1.000 | 1.000 |
| Locros | "Todos los que tenían" | 1.000 |
| Total | 5.200 (ó 6.100) más los locros | 7.400 (ó 7.700) |
Notas:
- Sobre el número de peloponesios:
Diodoro Sículo sugiere la cifra de 1.000 lacedemonios y 3.000 otros peloponesios, de un total de 4.000. Heródoto concuerda con esta cifra en un párrafo, en la que hace mención a una inscripción de Simónides en la que se afirma que había 4.000 peloponesios.[61] Sin embargo, en otro punto del párrafo citado Heródoto reduce la cifra de peloponesios a 3.100 soldados antes de la batalla.[45] Heródoto también afirma que cuando Jerjes mostró los cadáveres de los griegos al públcio también incluyó entre ellos a los de los hilotas,[62] pero no dice cuántos había ni cuál era la labor en la que servían al ejército. Por lo tanto, una posible explicación para la diferencia entre estas dos cifras podría ser la existencia de 900 hilotas en la batalla (tres por cada espartano).[60] Si los hilotas estuvieron presentes en la batalla, no existe razón para dudar que sirviesen en su rol tradicional de escuderos de los espartanos. Otra alternativa, sin embargo, es que los 900 soldados de diferencia entre las dos cifras fueran periecos, y que se correspondieran con los 1.000 lacedemonios que menciona Diodoro Sículo.[60]
- Sobre el número de lacedemonios:
Otra cifra en la que existe cierta confusión es el número de lacedemonios que incluye Diodoro, puesto que no queda claro si los 1.000 lacedemonios a los que hace referencia incluyen a los 300 espartanos o no. Por un lado dice que «Leónidas, cuando recibió el mandato, anunció que sólo un millar de hombres le acompañarían en la campaña».[59] Sin embargo, luego dice que «Había, por tanto, un millar de los lacedemonios, y con ellos trescientos espariatas».[59]
El relato de Pausanias concuerda con las cifras de Heródoto (al que probablemente leyó, salvo por el hecho de que sí que ofrece el número de locros que Heródoto no llegó a estimar. Debido a que residían directamente en el lugar por el que iba a transcurrir el avance persa, los locros aportaron a todos los hombres en edad de combatir que poseían. Según Pausanias serían unos 6.000 hombres lo que, sumado a la cifra de Heródoto, daría un total de 11.200 soldados aliados.[63]
Muchos historiadores modernos, que normalmente consideran a Heródoto como el autor más creíble,[64] suman los 1.000 lacedemonios y los 900 hilotas a los 5.200 soldados de Heródoto, obteniendo una estimación de 7.100 (o alrededor de 7.000) hombres, rechazando los 1.000 soldados de Melia que cita Diodoro y a los locros de Pausanias.[65] [66] Sin embargo, se trata de una sola aproximación, pudiendo haber muchas otras combianaciones probables. Además, los números cambiaron a lo largo de la batalla, esencialmente cuando la mayor parte del ejército se retiró y sólo permanecieron en el campo de batalla unos 3.000 hombres aproximadamente (300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos, probablemente 900 hilotas y 1.000 focidios, sin contar con las bajas sufridas en los días anteriores).[64]
[editar] Consideraciones estratégicas y tácticas
Desde un punto de vista estratégico, la defensa de las Termópilas suponía para los aliados la mejor forma posible de emplear sus fuerzas.[67] Si lograban evitar que el ejército persa se internara dentro de Grecia, no tendrían necesidad de buscar una batalla decisiva, y podría simplemente permanecer a la defensiva. Además, y con la defensa de dos pasos estrechos como las Termópilas y Artemiso, la inferioridad numérica de los aliados era menos problemática.[67] Por su parte, los persas se enfrentaban al problema de aprovisionamiento de un ejército tan grande, lo que significaba que no podían permanecer en un mismo lugar durante mucho tiempo.[68] Los persas, por tanto, se veían obligados a retirarse o avanzar, y avanzar implicaba lograr atravesar las Termópilas por la fuerza.[68]
La primera batalla se libraría en un lugar llamado valle de las Termópilas, un angosto desfiladero de unos 12 m de anchura (actualmente más de un km debido a la erosión[69] ).
Se observa la desproporción de las fuerzas enfrentadas; pero lo estrecho del paso anulaba la diferencia numérica, y la formación de falange de los helenos les concedía cierta ventaja sobre los persas, equipados con una panoplia mucho más ligera y por tanto menos protectora. Además, sus largas dory (lanzas de falange, pero no tan largas como las sarisas) podrían ensartar a los enemigos antes incluso de que estos pudieran tocarlos; así había sucedido en la pequeña confrontación de la Batalla de Maratón.[3] Por consiguiente, la lucha no tenía inicialmente por qué ser suicida.
[editar] La batalla
Fila tras fila, los persas se estrellaron contra las lanzas y escudos espartanos sin que estos cedieran un centímetro. De esta forma, a pesar de la grave desventaja numérica, Leónidas y sus hombres se opusieron a las oleadas de soldados enemigos con un número mínimo de bajas, mientras que las pérdidas de Jerjes —aunque minúsculas en proporción a sus fuerzas— suponían un golpe para la moral de sus tropas. Durante las noches, Leónidas solía decirles a sus hombres: «Jerjes tiene muchos hombres, pero ningún soldado».
Frustrado e impaciente, Jerjes envió al frente a sus diez mil Inmortales, su fuerza de élite, llamados así porque cada vez que un Inmortal caía, otro corría a reemplazarlo, manteniéndose en la cantidad fija de diez mil hombres. Sin embargo, los resultados fueron los mismos. Los persas morían a cientos, la moral del ejército decaía y los griegos no mostraban signos de cansancio. La batalla continuó de esta forma durante tres días. Fue entonces cuando Jerjes, abatido, recibió la ayuda que necesitaba.
[editar] Efialtes y el paso alternativo
Un griego llamado Efialtes (que significa «pesadilla») ofreció mostrarle a Jerjes un paso alternativo que rodeaba el lugar donde estaba Leónidas para acabar con su resistencia de una vez por todas. Sin dudarlo, Jerjes envió un importante número de sus fuerzas por ese paso. Este paso se encontraba defendido por los focidios, pero al verse sorprendidos durante la noche por los persas, huyeron al primer contacto, sellando de esta manera la suerte de los defensores de las Termópilas.
Cuando Leónidas detectó la maniobra del enemigo y se dio cuenta de que le atacarían por dos frentes, reunió un consejo de guerra, donde ofreció a los griegos dos opciones: podían irse por mar a Atenas o permanecer en las Termópilas hasta el final. Es en este punto donde Heródoto menciona su creencia de que Leónidas permitiera la marcha de los aliados influenciado por «la consulta previa que, a propósito de aquella guerra, realizaron los espartiatas al Oráculo nada más estallar la misma. La respuesta que recibieron de labios de la Pitia fue que Lacedemón sería devastada por los bárbaros o que su rey moriría. Esa respuesta la dictó a los lacedemonios en versos hexámetros y rezaba así»:
o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es;
pero, en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles.
Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones, ya que posee la fuerza de Zeus.
Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos.[70]
Quedaron él, los lacedemonios y algunos tebanos. Mientras el resto de la fuerza que había decidido irse se retiraba hacia Atenas, los 300 soldados de la guardia de Leónidas y mil griegos leales (los tespios y los de Tebas) se quedaron a presentar batalla y resistencia hasta el final; la suerte estaba echada. Al despuntar el alba del cuarto día, Leónidas dijo a sus hombres: «Tomad un buen desayuno, puesto que hoy cenaremos en el Hades». Fue tal el ímpetu con el que los espartanos lucharon que Jerjes decidió abatirlos de lejos con sus arqueros para no seguir perdiendo hombres. Leónidas fue alcanzado por una flecha y los últimos espartanos murieron intentando recuperar su cuerpo para que no cayera en manos enemigas.
[editar] Tras la derrota
La batalla duró cinco días y los persas consiguieron derrotar a los temidos espartanos, pero éstos ya habían retrasado notablemente el avance persa, diezmado la moral de su ejército, causando considerables pérdidas y dando tiempo a los demás griegos para evacuar sus ciudades y preparar la defensa.
El tiempo durante el que los retuvieron fue bien utilizado para evacuar la ciudad y reunir un gran ejército que después lograría la victoria en Platea por tierra y en la Batalla de Salamina por mar, tras lo cual las aspiraciones persas de dominar la Hélade quedarían deshechas.[69] No obstante, los ejércitos de Jerjes causarían serios daños a las ciudades griegas y muchas de ellas serían quemadas y arrasadas, como le sucedió a la propia Atenas, que fue pasto de las llamas, incluyendo los principales templos de su Acrópolis.
Según algunos historiadores, sólo sobrevivieron dos soldados espartanos de los que habían quedado en Las Termópilas, Alejandro y Antígono de Esparta, quienes vieron la muerte de su rey y tras la lluvia de flechas se escondieron bajo sus escudos para aparentar que estaban muertos. Alejandro, más tarde, fue uno de los mejores guerreros de Esparta, pero no se le recordó como a otros héroes. Tras las Termópilas combatió en Platea, otra vez contra los persas. Allí murió, tras recibir cuatro flechas en el pecho. Antígono de Esparta al ver a sus compañeros muertos, decidió quitarse la vida en ese mismo lugar.
[editar] La leyenda de los espartanos frente al sacrificio de los tespios
Se cree que ningún griego logró sobrevivir; pero, quizá por el mito espartano o por alguna otra razón, la cultura popular se ha centrado más en el esfuerzo lacedemonio (un 5% de sus fuerzas) que en el de los 700 hoplitas de Tespias, quienes constituían casi el 100% de los hombres útiles. Un ejemplo de este ostracismo popular puede ser la película 300, basada en la novela gráfica del mismo título, en la cual ni siquiera se menciona que los tespios eran la mayoría de las fuerzas ni que también lucharon hasta el fin.
Esta abnegación resulta aún más sobresaliente si tenemos en cuenta el carácter no militarista de su sociedad. En la idiosincrasia espartana, rendirse o huir ante el enemigo resultaba una de las mayores bajezas que un ciudadano podía cometer; tanto es así que las madres lacedemonias decían a sus hijos al entregarles su gran escudo hoplos: "vuelve con él o sobre él", eufemismo para decir que victorioso o muerto, pero no sin él por haberlo tirado para correr más ligero. Los espartanos que lo hacían sufrían un desprecio y abandono terrible; cosa que no les sucedería a los tespios y pese a todo se quedaron junto a Leónidas.
[editar] Un icono de la cultura occidental
El sacrificio de los griegos tuvo amplias repercusiones en la Grecia de la Antigüedad. Tal fue su fama que hasta el día de hoy es considerado como uno de los ejemplos máximos de sacrificio ante una tarea imposible, en la cual unos pocos valientes se opusieron a la maquinaria de guerra más poderosa conocida, y dieron sus vidas luchando por su tierra, su honor y su libertad. Es una de las batallas más memorables, decisivas y célebres que presenció el mundo, comparándosela tal vez con los Campos Cataláunicos, el sitio de Numancia, Cannas, el Sitio de Cartagena de Indias, la Batalla de Qadesh o más recientemente, el Desembarco de Normandía.[cita requerida]
La hazaña fue recordada en una lápida conmemorativa escrita por el poeta Simónides y referida por Heródoto (VII 228), que decía así:
| Ὦ ξεῖν’, ἀγγέλλειν Λακεδαιμονίοις ὅτι τῇδε κείμεθα, τοῖς κείνων ῥήμασι πειθόμενοι |
Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes.[71] |
En la Segunda Guerra Mundial la propaganda nazi, a través de la revista Signal, comparó la Batalla de Stalingrado con lo sucedido en las Termópilas, un intento heroico de los occidentales por detener a las hordas bárbaras. También los nazis llamaron «escuadrilla Leónidas» a los pilotos suicidas que se lanzaban contra los puentes para detener el avance soviético en 1945.
[editar] La batalla en el cine
- Los trescientos espartanos (The 300 spartans, 1961), también traducida como El león de Esparta, dirigida por Rudolf Maté.
- 300, estrenada en 2007 y dirigida por Zack Snyder, basada en el cómic homónimo mencionado más abajo.
[editar] La batalla en el cómic
- En 1962, los autores argentinos Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia tratan el episodio de las Termópilas en una de las entregas de su obra Mort Cinder.
- El dibujante y guionista Frank Miller creó una novela gráfica sobre la Batalla titulada 300 en 1998,[72] tomando como referencias el relato de Heródoto y la película El león de Esparta, entre otras fuentes, para dar luego su visión de los hechos, mítica e idealizada, separándose deliberadamente de ellos en aspectos como las indumentarias y armas utilizadas.
[editar] Véase también
[editar] Notas
- ↑ Lemprière, p. 10
- ↑ Greswell, p. 374
- ↑ a b Quesada, Fernando, Termópilas una derrota convertida en victoria, nº 100 de La Aventura de la Historia, Arlanza Ediciones, Madrid, febrero de 2007, ISSN 1579-427X
- ↑ Herodotus VII,186
- ↑ a b c Ctesias, Persica
- ↑ Heródoto VIII, 25
- ↑ Heródoto VIII, 24
- ↑ Cicerón, Sobre las Leyes I, 5
- ↑ a b c Holland, ppxvi–xvii
- ↑ Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 22
- ↑ Holland, pxxiv
- ↑ David Pipes. «Herodotus: Father of History, Father of Lies». Consultado el 2008-01-18.
- ↑ a b Holland, p377
- ↑ Fehling, pp1–277.
- ↑ Diodoro Sículo, Bibliotheca Historica, XI, 28–34
- ↑ Comentario de Heródoto en IX, 81
- ↑ Eliot, Julian, El Gran Rey - Darío I, el organizador del Imperio Persa, nº 458 de Historia y Vida, Grupo Godó, Barcelona, enero de 2007, ISSN 0018-2354
- ↑ a b Holland, p47–55
- ↑ Holland, p203
- ↑ Heródoto V, 105
- ↑ a b Holland, 171–178
- ↑ Heródoto VI, 44 [1]
- ↑ a b c Holland, pp178–179
- ↑ e.g. http://www.perseus.tufts.edu/cgi-bin/ptext?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0126&layout=&loc=7.133.1
- ↑ Heródoto VI, 101 [2]
- ↑ Heródoto, VI, 113 [3]
- ↑ Holland, p203
- ↑ Holland, pp206–206
- ↑ Holland, pp208–211
- ↑ a b Holland, pp213–214
- ↑ Heródoto VII, 35 [4]
- ↑ Holland, p217–223
- ↑ Heródoto VII, 32
- ↑ Heródoto&loc=7.145.1 VII, 145
- ↑ Holland, p226
- ↑ a b Holland, pp248–249
- ↑ Heródoto VII,173
- ↑ Holland, pp255–257
- ↑ Heródoto VIII, 40
- ↑ Holland, pp255–256
- ↑ a b Heródoto VII, 206
- ↑ a b c Holland, pp258-259.
- ↑ Conforme a la traducción de Rawlinson de la obra de Heródoto VII, 242
- ↑ Heródoto VII, 205
- ↑ a b c d Heródoto, VII, 202
- ↑ Heródoto VIII, 201
- ↑ Holland, pp262–264
- ↑ Holland, pp269–270
- ↑ a b Heródoto VII, 207
- ↑ Heródoto de Halicarnaso, Libro VII, http://www.ebooksbrasil.org/eLibris/nuevelibros.html, Los Nueve Libros de la Historia Heródoto de Halicarnaso (484 A.C. - 425 A.C.), Traducción P. Bartolomé Pou, S. J. (1727-1802), Versión para eBook eBooksBrasil, Fuentes Digitales texto: wikisource.org Prólogo del Traductor, Noticia sobre el Traductor y notas edición elaleph.com, Contenido disponible bajo los términos de GNU Free Documentation: http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html
- ↑ Holland, pp270–271
- ↑ Plutarco, Apophthegmata Laconica, Saying 11
- ↑ Heródoto VII, 210
- ↑ Heródoto VII, 186
- ↑ Varios, Historia de la Guerra - The Times (Atlas), La esfera de los libros, Madrid, 2006, ISBN 84-9734-505-3
- ↑ a b c Holland, p237
- ↑ a b de Souza, p41
- ↑ Heródoto, VII 203
- ↑ a b c Diodoro Sículo, XI, 4
- ↑ a b c d Macan, nota sobre Heródoto VIII, 25
- ↑ a b Heródoto VII, 228
- ↑ Heródoto VIII, 25
- ↑ Pausanias X, 20
- ↑ a b Green, p140
- ↑ Bradford, p106
- ↑ Bury, pp271–282
- ↑ Error en la cita: El elemento
<ref>no es válido; pues no hay una referencia con texto llamadaL248 - ↑ a b Holland, pp285-287
- ↑ a b Enciclopedia Larouse Ilustrada
- ↑ Heródoto (1994). Historia. Obra completa: Tomo IV, Libro VII, Polimnia. Madrid: Gredos, pp. 286-287. ISBN 978-84-249-0994-9.
- ↑ Una nota sobre la traducción: Ya sea de forma poética o interpretada, el texto no debería leerse en tono imperativo, sino como una petición de ayuda aparte de un saludo para un visitante. Lo que se busca en la petición es que el visitante, una vez deje el lugar, vaya y le anuncie a los espartanos que los muertos siguen aún en las Termópilas, manteniéndose fieles hasta el fin, de acuerdo a las órdenes de su rey y su pueblo. No les importaba morir a los guerreros espartanos, o que sus conciudadanos supieran que habían muerto. Al contrario, el tono usado es que hasta su muerte se mantuvieron fieles. Se puede traducir de muchas formas, usando «Lacedemonia» en vez de «Esparta», sacrificando comprensión por literalidad.
- ↑ Miller, Frank, 300, Norma Editorial, Barcelona, 2006, ISBN 84-8431-028-0
[editar] Bibliografía
[editar] Fuentes primarias
- Heródoto (1994). Historia. Obra completa: Tomo IV, Libro VII, Polimnia. Trad. y notas de C. Schrader. Rev.: B. Cabellos Álvarez. Biblioteca Clásica Gredos 82. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-0994-9.
- Sículo Diodoro (2006). Biblioteca histórica. Obra completa: Tomo III, Libros IX-XII (Libro XI). Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Biblioteca Clásica Gredos 353. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2858-2.
- Heródoto & Diodoro de Sicilia (2007). La batalla de las Termópilas: dos crónicas de la antigüedad. Reedición Heródoto: Libro VII & Diodoro: Libro XI, Editorial Gredos. Barcelona: RBA. ISBN 978-84-7901-122-2.
[editar] Fuentes secundarias
- Bengtson, Hermann (1987). Historia de Grecia. Desde los comienzos hasta la época imperial romana. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1077-8.
- Cartledge, Paul (2007). Termópilas. Barcelona: Editorial Ariel. ISBN 978-84-344-5229-9.
- Cebrián, Juan Antonio (2001). Pasajes de la Historia. ISBN 84-95645-41-6.
- Lawler, Thomas B. (1928). Historia General del Mundo. Ginn & Company.
[editar] Novela histórica
- Pressfield, Steven (2000). Puertas de Fuego. Barcelona: Grijalbo. ISBN 84-253-3292-3.
[editar] Enlaces externos


