Juegos Olímpicos en la Antigüedad

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El discóbolo, copia de Mirón.
Estatua que representa el lanzamiento de disco.

Los Juegos Olímpicos en la Antigüedad (en griego: Ολυμπιακοί αγώνες ; Olympiakoi Agones) fueron una serie de competiciones atléticas disputadas por representantes de diversas ciudades estado de la Antigua Grecia. Los registros indican que comenzaron en el 776 a. C. en Olimpia (Grecia), y se celebraron hasta el 393 d. C. Los Juegos se disputaban normalmente cada cuatro años o una Olimpiada, que era una unidad de tiempo. Durante la celebración de los Juegos se promulgaba una tregua o paz olímpica, para permitir a los atletas viajar en condiciones de seguridad desde sus países hasta Olimpia. Los antiguos Juegos Olímpicos fueron bastante diferentes de los modernos; había menos eventos y solo los hombres libres que hablaban griego podían competir, además de que se celebraban siempre en Olimpia, en vez de moverse a diferentes lugares cada vez.

Los últimos Juegos Olímpicos de la Antigüedad se celebraron en el 393, casi doce siglos después de sus comienzos.[1] Tras la adopción del cristianismo como religión oficial del imperio con el Edicto de Tesalónica (28 de febrero de 380), el emperador hispanorromano Teodosio I finalmente prohíbe toda celebración pagana, incluyendo los Juegos.

La preparación deportiva[editar]

Cuando los niños varones griegos libres cumplían doce años ingresaban en la palestra, donde se les enseñaba a desarrollar los músculos y a disciplinar los nervios. A los dieciséis años entraban al gimnasio, donde los griegos realizaban ejercicios físicos y atletismo. Los gimnasios contaban con una pista y lugares de ejercicio al aire libre entre los bosques. A los veinte años los griegos concluían su formación deportiva donde se les entregaban las armas y estaban capacitados para participar en los Juegos Olímpicos.

El nacimiento de los Juegos Olímpicos[editar]

Se piensa que la celebración regular se inicia en el 776 a. C. y su denominación se debe al lugar de su celebración: la villa griega de Olimpia, el emplazamiento del santuario más importante del dios Zeus y situada en el valle del Alfeo. Se celebraban cada cuatro años entre los meses de junio y agosto.

El valor de los Juegos antiguos fue múltiple: representó una manifestación religiosa de acatamiento a los dioses; contribuyó al desarrollo armónico del cuerpo y del alma; favoreció la amistad de los pueblos y ciudades y buscó la unidad de los Helenos.

La importancia social de los Juegos Olímpicos[editar]

En las ciudades, los organizaban y dirigían sus magistrados que representaban en ellos al estado. La vida pública quedaba paralizada durante las fiestas ya que se suspendía toda actividad oficial. Durante ellas solamente se resolvían los asuntos de extrema urgencia. Ejercían una gran influencia en las relaciones de los estados, se acudía a ellos desde los sitios más remotos y se establecían treguas de carácter sagrado. Los juegos públicos eran una ocasión de acercamiento entre los Estados Griegos. Constituían el alma de las relaciones interhelénicas, puesto que equivalían a verdaderas asambleas generales del pueblo griego. Progresivamente además de las polis de la Grecia continental, aumentó la participación de las múltiples colonias griegas diseminadas por las costas del Mediterráneo. Olimpia se convirtió en una poderosa fuerza, que aglutinó, con la idea de un panhelenismo creciente, a todos los emigrantes griegos dispersos por el mundo helénico. La participación oficial de las ciudades griegas en las ofrendas y sacrificios y la colaboración de los particulares creaba una sensación de hermandad y surgía el sentimiento de la pertenencia a una estructura socio-política superior al de la polis. Paralelamente el espíritu de competencia, monopolizado tradicionalmente por la nobleza, se extendió al resto de la sociedad, que sin abandonar aun sus raíces religiosas, infundieron características más democráticas.

Las distintas modalidades[editar]

Una de las características más íntimas de los antiguos griegos es su espíritu agonístico. La voz griega agón equivalente de la latina certamen, se aplica a toda lucha que enfrenta a dos adversarios. En los Juegos Olímpicos había diferentes competiciones llamadas Agones:

Agones atléticos[editar]

  • Las carreras: la carrera principal y más antigua era la de velocidad que constaba de 192 metros (un estadio). Más tarde, en 724 a. C., se incorporó el díaulo que era una carrera de velocidad pero de ida y vuelta. En el año 720 a. C. se agregó el dólico; carrera de resistencia que en sus comienzos constaba de 1500 metros, pero llegó a tener 4600. Se añadió la hoplitodromía, una carrera con armamento, servía como preparación para la guerra. Los participantes, exclusivamente adultos, corrían entre 384 y 768 metros armados, al principio con escudo, casco y grebas (armadura que protegían las piernas); más tarde, solo con escudo.
  • Salto de longitud: de todos los saltos que existen en la actualidad, el único practicado por los griegos era el de longitud. Los atletas tomaban impulso, (más breve que el actual) y saltaban sobre un foso de tierra. No se median las longitudes, sino que se comparaban las huellas dejadas por los competidores. Después del siglo VII a. C. se incorporaron los saltos con halterios de piedra o de plomo, cuyo peso oscilaba entre los 1 y 5 kg.
  • Lanzamiento de disco: los competidores lanzaban discos de bronce. El tamaño y el peso variaban según la categoría de edad de los lanzadores. El disco más pesado que se ha encontrado pesa 6,6 kilos y mide 33 centímetros de diámetro. Se trataba de lograr la mayor distancia en los lanzamientos.
  • Lanzamiento de jabalina: en los lanzamientos no se valoraba la puntería sino la distancia. La jabalina tenía aproximadamente la altura del lanzador y el grosor de un dedo. Aunque en su origen se trataba de un arma de guerra, la de uso deportivo carecía de punta. Los participantes lanzaban las jabalinas con una correa de unos 50 centímetros a la altura del centro de gravedad.

Agones lictatorios[editar]

  • Lucha: el objetivo de la lucha era derribar al adversario mediante agarres y presas. A diferencia de lo que se creía anteriormente, sí que se permitía usar las piernas propias para el ataque, así como atacar las del rival. Por tanto, la lucha antigua es análoga a la Lucha Libre Olímpica y no a la lucha grecorromana. Los luchadores no podían golpear al adversario, estando prohibidas las patadas, manotazos y puñetazos.
Dos practicantes del pugilato ilustrados en una vasija de figuras negras.
  • Pugilato: en este deporte se golpeaba al adversario únicamente con los puños. Corresponde al boxeo actual. En sus comienzos se luchaba con los puños descubiertos, pero más adelante se utilizaron guantes.
  • Pancracio: aparece en el 640 a. C. y es análogo a las artes marciales mixtas. En este deporte había que vencer al rival pudiendo golpear con cualquier parte del cuerpo al adversario. También eran válidas cualquier tipo de luxación y presas de dolor. El combate finalizaba con la rendición e incluso la muerte, alcanzando con el tiempo gran brutalidad.

Agones hípicos[editar]

Carreras de carros: estas constituían el momento más importante de los juegos olímpicos. El carro tenía dos ruedas, el auriga estaba de pie, con las riendas en su siniestra y el látigo en la diestra. El carro podía ser tirado por 4 caballos (cuadriga) o por 2 (biga). Las carreras de cuadrigas comenzaron en el año 680 a. C. montaron en sillas. Excepcionalmente se utilizaban herraduras. Las carreras de caballos podían tener obstáculos como vallas, fosos, pendientes y terrenos difíciles. Ambas carreras se practicaban en el Hipódromo de Olimpia, un circuito de 1540 metros.

El Pentatlón[editar]

Esta era la competencia por excelencia de los Juegos Olímpicos, se incorporó en el año 707 a. C. Constaba de una carrera de velocidad, salto de longitud, lanzamientos de disco, jabalina y lucha.

Concursos de heraldos y trompeteros[editar]

En Olimpia, desde el año 396 a. C. había concursos de heraldos y de trompeteros. Más tarde, se agregaron competiciones musicales.

La organización de los Juegos Olímpicos[editar]

En los primeros Juegos Olímpicos se realizaba una fiesta local en el santuario de Olimpia en honor a Zeus. Al instaurarse la tregua sagrada las fiestas se hicieron más complejas y requirieron de una mayor administración. Así la dirección técnica de los juegos y la administración económica pasó a manos de la Bulé de Olimpia, también llamado Consejo Olímpico. Esta estaba encargada de elegir a los jueces y podía castigarlos si tenían un mal desempeño aunque no podía cambiar las decisiones de los jueces. La Boulé controlaba también los gastos y los ingresos del tesoro de Zeus.

Los Hellanódicas[editar]

Eran los jueces de los juegos olímpicos, tomaban su cargo con 10 meses de antelación, permanecían en su cargo por una olimpíada aunque podían ser reelectos. Sus tareas eran seleccionar a los mejores participantes, supervisar los entrenamientos, inspeccionar las instalaciones, dirigían las diferentes pruebas y condecoraban a los ganadores.

Los Theócolos[editar]

Eran altos sacerdotes que supervisaban los templos, conservaban los altares y organizaban los ritos. Su función era específicamente litúrgica.

Normas y sanciones[editar]

Las normas de los Juegos Olímpicos estaban grabadas en tablas de bronce que se encontraban en la sede del Senado Olímpico. Algunas reglas eran las siguientes:

  • Los que querían participar, debían ser griegos y de condición libre, tenían que hacer el entrenamiento reglamentario en la ciudad de Elis y prestar el juramento ritual.
  • No se podía matar al adversario en la lucha a excepción que fuera una de las pruebas como la del pancracio, ni empujarlo en las carreras.

El desarrollo de los juegos[editar]

Un año antes del comienzo de las competiciones, los atletas que aspiraban a participar en ellas debían entrenarse en sus propias polis y, un mes antes de las pruebas en Elis ciudad situada a 50 kilómetros de Olimpia. La condición de griego era indispensable para poder participar, requisito que terminó con la conquista romana.

Las ruinas del estadio de Olimpia.

Se supone que la duración de los Juegos fueron de cinco días y que los diferentes concursos llegaron a ser 23, sin incluir entre ellos los musicales o culturales.

Tampoco hay certeza del orden en que se desarrollaban los concursos pero partiendo de las hipótesis más lógicas es posible recomponer un programa aproximado de las diversas ceremonias y pruebas atléticas.

En las vísperas de los Juegos Olímpicos, jueces, atletas y entrenadores abandonaban Elis y se dirigían a Olimpia ante el altar de Zeus, los atletas, padres, hermanos hacían un juramento que no iban a delinquir en nada contra los Juegos Olímpicos. Los atletas también hacían un juramento manifestando que durante 10 meses sucesivos habían seguido estrictamente las normas del entrenamiento.

El festival olímpico comenzaba con el concurso de los heraldos y trompeteros. El segundo día estaba destinado a las competiciones de los jóvenes. El tercer día se desarrollaban las actividades ecuestres en el hipódromo, el espectáculo olímpico más emocionante. Era la jornada aristocrática por excelencia. Se realizaban carreras de cuadrigas o con carros tirados por dos caballos. Como el vencedor era el dueño de la cuadriga o el caballo ganador, podía serlo una mujer. Ese mismo día en el estadio tenía lugar el pentatlón, cuyo vencedor sería el rey de los vencedores. El cuarto día era la jornada más importante desde el punto de vista religioso, constituía el núcleo del festival olímpico. Se realizaba el solemne ritual en honor a Zeus y el sacrificio de 100 bueyes en su honor. Al quinto día se realizaba el diaulo, el dólico, la lucha, el pugilato y el pancracio. El día finalizaba con la hoplitodromía. El sexto día, era el cierre de los juegos, se realizaban la entrega de premios.

Los premios[editar]

Los ganadores de las diversas pruebas eran reunidos en el templo de Zeus y recibían sus premios. Los ganadores no recibían premios materiales, sino el honor y la gloria. Pero se les daba un objeto simbólico. En los comienzos fue una manzana. Después se sustituyó por una corona de olivo, que más tarde fue sustituida por el laurel. El nombre (el del padre), el lugar de nacimiento y el linaje de cada ganador se inscribían en un registro. El que conseguía vencer en todas las pruebas del pentatlón, tenía derecho a una estatua en el templo de Zeus. Al regresar a sus polis los ganadores eran recibidos como héroes; poetas y oradores narraban sus hazañas.

El ocaso de los Juegos Olímpicos[editar]

A medida que pasó el tiempo los Macedonios participaron también en los juegos olímpicos. Filipo II, ganó en carreras de caballo, cuadrigas y bigas en el año 356 a. C. Tras la expansión de Alejandro Magno en Persia, se difundió la cultura griega. Los reinos helenísticos realizaron juegos similares a los griegos en diversas ciudades. Los nuevos concursos se inspiraban en los de Olimpia. Pero las ideas religiosas que dieron origen a los juegos perdieron fuerza y se organizaban en honor de un soberano.[cita requerida]

Tras la conquista romana de Grecia, estos también participaron de los juegos pero los espectáculos multitudinarios que organizaban no podían ser más ajenos al ideal encarnado en las competiciones griegas, cuyo significado nunca llegó a ser comprendido por los romanos.[cita requerida]

A mediados del siglo III comienza una decadencia progresiva. Los últimos Juegos Olímpicos se realizaron en el 393. Tras la adopción del cristianismo como religión oficial del imperio con el Edicto de Tesalónica (28 de febrero 380), el emperador Teodosio I los prohibió en el año 393 por tildarlos de paganos, con gran influencia en su decisión de San Ambrosio de Milán.

En 395-396 d. C. las hordas godas invadieron y saquearon Olimpia y en el 408, Teodosio II y Honorio emperadores de los imperios romanos de occidente y oriente, decretaron la destrucción de los templos y lugares dedicados a dioses paganos.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. (en inglés) Ancient Olympic Games Comité Olímpico Internacional. Consultado el 30 de julio de 2012

Bibliografía[editar]

  • Instituto Lexicográfico Durvan, Nueva enciclopedia del mundo, tomo 18, Bilbao, 1996.
  • Santiago Segura Munguía, Los Juegos Olímpicos. Educación, deporte, mitología y fiestas en la antigua Grecia, Anaya, Madrid, 1992.
  • Raquel López Merlo, Así vivían en la Grecia antigua, Anaya, Madrid, 1994.
  • M. I. Finley, Los griegos de la antigüedad, Labor, Barcelona, 1994.
  • Alejandro Cirici Pellicer y otros, Enciclopedia Labor, Tomo 8: Las artes, los deportes y los juegos, Labor, Barcelona

Enlaces externos[editar]