Cine de Argentina

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El cine argentino es uno de los más desarrollados del cine latinoamericano. Cuenta con el promedio de salas por persona más alto de Latinoamérica.[1]​ A lo largo del siglo XX la producción cinematográfica argentina, apoyada por el Estado y avalada por el trabajo de una larga lista de directores y artistas, se convirtió en una de las principales del mundo en idioma castellano. Los primeros largometrajes animados, mudos y sonoros, fueron realizados por Quirino Cristiani. Dos películas fueron galardonadas con el premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa como La historia oficial (1985), dirigida por Luis Puenzo y el El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella. Además el cine argentino ha cosechado numerosos premios internacionales, entre ellos los del festival de Goya, los del Festival Internacional de Cine de Berlín y regionalmente los del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, entre otros.

Las películas más vistas de la historia del cine argentino son Nazareno Cruz y el lobo (1975) de Leonardo Favio (3,3 millones), El santo de la espada (1970) de Leopoldo Torre Nilsson, Juan Moreira (1973) de Leonardo Favio, El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella (2,41 millones), Metegol (2013) de Juan José Campanella (1,60 millones)[2]​ y Relatos salvajes (2014) de Damián Szifron.

De la época del cine clásico argentino, en las décadas de 1930 y 1940 se destaca La guerra gaucha (1942) de Lucas Demare y las películas cómicas protagonizadas por Niní Marshall. En el cine erótico se destacaron por su popularidad en toda América Latina, las películas del Armando Bo protagonizadas por Isabel Sarli.

Historia[editar]

Años pioneros (1896-1907)[editar]

Los primeros quinetoscopios de Thomas Edison llegaron a Buenos Aires en 1894, pero las verdaderas proyecciones de películas solo fueron posibles gracias a los cinematógrafos de los hermanos Lumière, con los que se hicieron una serie de presentaciones el 28 de julio de 1896 en el Teatro Odeón.[3][4]​ Esta primera exhibición pública fue organizada por el empresario de la sala, Francisco Pastor, y el periodista Eustaquio Pellicer, más tarde uno de los fundadores de las revistas Caras y Caretas y Fray Mocho.[5]​ Entre las vistas proyectadas estuvo La llegada del tren del sello Lumière, la cual "provocó el pánico entre algunos espectadores de la tertulia alta, uno de los cuales al ver la locomotora que avanzaba se lanzó a la platea, lastimándose".[5]​ El negocio del cine estaba a cargo de tres europeos: el comerciante de artículos fotográficos belga Henri Lepage, su socio austriaco Max Glücksmann y el camarógrafo francés Eugène Py.[3]​ Cabe destacar la nacionalidad de estos precursores, dado que el cine se integró en el bullente fenómeno inmigratorio que caracterizó a la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.[5][6]

Las cámaras francesas Elgé, fabricadas por Gaumont, llegaron a Buenos Aires en 1897.[6]​ Con una de ellas comenzó a filmar a manera de ensayo Eugène Py, produciendo la primera película del país, La bandera argentina. Se trató una filmación de cerca de diecisiete metros de largo, capturando la bandera argentina flameando en el mástil de la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada.[3][6]

El Sartorio, filmado en la Argentina entre 1907 y 1912, es quizás el film pornográfico más antiguo del que se tenga registro.

A comienzos del siglo XX, Argentina fue quizás el primer centro de producción de películas pornográficas del mundo.[7][8]​ Se considera que el cine porno nació en Francia prácticamente a la par del medio cinematográfico, pero fue en la ciudad de Buenos Aires donde se capitalizó la producción clandestina de estas películas, conocidas como stag films o smokers.[9]​ Hacia 1905,[7]​ las compañías Pathé y Gaumont derivaron la producción de porno a la Argentina para evitar la censura del gobierno francés.[8]​ Los autores David Kerekes y David Slater señalan que fue en la zona roja de Buenos Aires de principios de 1900 donde se filmaron, proyectaron y exportaron las primeras películas porno a compradores privados de todo el mundo.[10]​ Estas películas no estaban destinadas al consumo local ni popular, sino un "entretenimiento sofisticado para el disfrute de la clase acomodada del viejo continente."[8]​ Escribiendo sobre los orígenes del cine clandestino, Arthur Knight y Hollis Alpert explican que las películas hardcore eran enviadas por barco desde la Argentina a compradores privados, la mayoría en Francia e Inglaterra, pero también en sitios más lejanos como Rusia y los Balcanes.[7]​ En su biografía de Eugene O'Neill, Louis Sheaffer cuenta que el dramaturgo viajó a Buenos Aires en aquella década y que frecuentaba asiduamente las salas de proyección de cine pornográfico en Barracas.[7]​ La película argentina El Sartorio (también conocida como El Satario), es quizás el film pornográfico más antiguo del que se tenga registro, teoría que sostienen diversos autores.[7][11]​ Filmada entre 1907 y 1912 en la ribera de Quilmes o la ribera paranaense en Rosario,[11]​ el film muestra a seis ninfas desnudas que son sorprendidas por un sátiro o fauno, el cual captura a una de ellas para luego tener sexo en una variedad de posturas, incluyendo el 69.[7][12]El Sartorio se encuentra actualmente al resguardo del archivo fílmico del Kinsey Institute, la colección más amplia de stag films del mundo.[11][12]

Las primeras ficciones (1908-1914)[editar]

El cine se volvió más atractivo cuando comenzó a contar historias, lo que incentivó la producción y distribución.[3]​ La primera película argumental del país fue El fusilamiento de Dorrego, estrenada el 24 de mayo de 1908.[13]

En 1909 Julio R. Alsina instaló un laboratorio y una galería de filmación, la primera de su tipo en el país.[13]​ Alsina filmó películas similares a las de Gallo, entre ellas Facundo Quiroga y Avelino Viamonte.[13]

Auge y crisis del cine mudo (1915-1930)[editar]

María Turgenova y Ermete Meliante en Perdón, viejita (1927) de José A. Ferreyra, una de las pocas películas argentinas del período mudo que se conservan completas.

La película Nobleza gaucha (1915) constituyó un punto de inflexión en la cinematografía argentina,[14]​ abriéndole nuevos caminos artísticos y económicos.[15]

Entre 1916 y 1917, la joven actriz Emilia Saleny comenzó a filmar sus propias películas en Buenos Aires, convirtiéndose en la primera mujer cineasta de América del Sur. Su primera película, y la única que sobrevive, es El pañuelito de Juanita (1917), pionera del género infantil en el país.[16]

La figura más destacada del cine mudo argentino fue José A. Ferreyra, apodado "el Negro".[17]​ El análisis crítico lleva a concluir que Ferreyra fue un "improvisado de natural talento", desarrollando la trama mientras filmaba y trabajando durante muchos años sin escribir ningún guion. Así nacieron películas como La muchacha del arrabal (1922), Buenos Aires, ciudad de ensueño (1922), Melenita de oro (1923), Organito de la tarde (1925), Muchachita de Chiclana (1926), La costurerita que dio aquel mal paso (1926) y Perdón, viejita (1927).[17]​ Estos dramas sociales se enfocaban en el ámbiente de los barrios pobres de Buenos Aires, y eran sentidos como auténticos y populares.[18]​ Los personajes y oposiciones de estas obras eran típicos de los sainetes y tangos, y el mismo Ferreyra escribía tangos para ser cantados antes, durante o después de la proyección de sus filmes[17]​ El tratamiento que hace cineasta de estos personajes populares, típicos del arrabal porteño, presenta influencias del poeta Evaristo Carriego.[17][19][20]​ La importancia de la obra de Ferreyra rebasó al período mudo, y pasó a ser el "orientador intuitivo y dotado de toda una corriente popular del primer cine argentino sonoro."[20]

Época dorada del cine argentino (1931-1943)[editar]

La incorporación del sonido tuvo una gran influencia sobre el público. En 1931 se filma Muñequitas porteñas dirigido por José A. Ferreyra, que sería el primer filme sonoro y hablado a través del sistema Vitaphone de sincronización sonora. Aunque, en 1998, el reconocido periodista investigador Roberto Di Chiara descubrió el primer film político denominado "Por una Argentina grande, justa y civilizada" (1931) de Federico Valle, en donde hablan Lisandro de la Torre, Mario Bravo, Julio Noble, y otros, película desconocida por el pueblo argentino. Hacia 1933 se da la llegada del sistema Movietone, el primero que permite guardar la banda sonora en el mismo soporte que la imagen. Nacen ese mismo año los dos primeros estudios cinematográficos del país: Argentina Sono Film fundado por Ángel Mentasti, y Lumiton creado por Enrique Telémaco Susini, César José Guerrico y Luis Romero Carranza. Luego llegaría el sistema de sonido óptico inventado por Lee De Forest, el Phonofilm. Con este equipamiento se grabó varios números musicales de Carlos Gardel, a la manera del actual videoclip.

La industria del cine en la Argentina se inició en la práctica con la llegada del sonido óptico. Con la incorporación del sonido, serán la radio, la industria discográfica y el teatro de revistas los que aportarán actores (voces) ya conocidos por la gente. La banda de sonido llegaría a ser tan importantes que incluso se le exigía a los actores que entonaran canciones, a pesar de no estar preparados para ello. Por esto se puede llegar a considerar al sonido como muy importante en el cine argentino: sin él, posiblemente no hubiera existido una industria, dado que el cine mudo no había logrado acceder a un gran público.

Los dos primeros filmes sonoros (sin discos), estrenados con una semana de diferencia, fueron Tango (1933) dirigido por Luis José Moglia Barth y producido por Argentina Sono Film y Los tres berretines, protagonizado por Luis Sandrini y producido por Lumiton. Los siguen otros filmes exitosos de la época, de Mario Soffici El alma del bandoneón (1935) y Prisioneros de la tierra (1939); de Manuel Romero La muchachada de a bordo (1936) y de Leopoldo Torres Ríos La vuelta al nido (1938), que marcaron el momento de madurez del cine argentino en la década del 30. En esta época se consagraron estrellas como: Libertad Lamarque, Tita Merello, Pepe Arias, Luis Sandrini y Niní Marshall.

El sistema Movietone significó la ganancia de miles de pesos para las flamantes productoras, que pudieron seguir expandiéndose. Se había creado un público gracias al sonido. En esta época, el sonido será sinónimo de mercado, convirtiendo al cine en un producto de consumo popular. Lo que se está vendiendo en esta primera instancia es un producto ya conocido, pero que puede ser gozado en la oscuridad de la sala de cine. Allí se daría una relación de proximidad con cantantes, bailarines u orquestas populares, por tan solo unos centavos de entrada.

A medida que se avanzó en la producción de filmes sonoros, la integración de imagen y sonido se fue haciendo más orgánica. Las películas ya no eran números musicales, o escenas mudas musicalizadas, sino que se lograba lo que se denomina Síncresis, la unión indisoluble de los aspectos visuales y sonoros del filme, dando lugar a un cine mucho más rico y ya con identidad propia, dejando de lado los vicios del cine primitivo.

Hacia 1940 se instauró la lógica de producción del star-system, realizándose cada obra en función de algunas estrellas de gran popularidad.[21]

Proteccionismo estatal durante el primer peronismo (1944-1955)[editar]

En 1942 Argentina empieza a ser castigada por Estados Unidos debido a su posición neutral en la Segunda Guerra, dictando la suspensión de la importación de película virgen. Hacia 1944, debido a la falta de materia prima, la industria nacional estaba herida de muerte y los mexicanos imponían sus productos. [cita requerida]Un año después que Perón ganó las elecciones en el 46, se aprueba la Ley de Cine, logrando como resultado que en 1950 se producen 58 películas; todo un récord de producción. El cine criollo creció a la sombra del peronismo, expandiéndose a otros países de habla hispana Dios se lo pague, que batió récords de audiencia en buena parte del planeta.

Algunas de las grandes películas de la década fueron Historia de una noche (1941) y La dama duende (1945), ambas de Luis Saslavsky; La Guerra Gaucha (1942) y Malambo (1945) de Lucas Demare y Hugo Fregonese; Pelota de trapo (1948) y Crimen de Oribe (1950) de Leopoldo Torre Nilsson, y Las aguas bajan turbias (1952) de Hugo del Carril.

Con la dictadura llamada Revolución Libertadora, en 1955, se cortan los créditos y el cine argentino enfrenta su peor época: se suspende por completo la producción y durante dos años no se estrenará ningún film argentino. El cine estuvo signado por una paralización de la producción cinematográfica, la suspensión de los créditos y la persecución de los hombres y mujeres de la industria cinematográfica que padecían la inclusión en listas negras, espcialmente los ligados al peronismo o la izquierda.[22]

En esa década saltan a la fama las hermanas gemelas actrices Mirtha Legrand y Silvia Legrand.

Intentos de renovación y la Generación del Sesenta (1955-1966)[editar]

La crisis política y, sobre todo, la crisis económica al concluir el régimen peronista en 1955 paralizaron, en un primer momento, la industria cinematográfica y transformaron profundamente su estructura.[23]​ El nuevo gobierno dictatorial, autodenominado Revolución Libertadora, eliminó el sistema crediticio que había inflado las producciones, haciendo bajar el nivel cinematográfico y enriqueciendo a las grandes empresas.[23]​ De esta manera, hubo un decrecimiento en la producción (pasando de 43 películas en 1955 a 12 en 1957), varias empresas entraron en quiebra y algunos estudios debieron cerrar sus puertas.[23]​ Además, el lugar que antes ocupaban unos pocos pero grandes productores, pasó a ser ocupado por muchos pequeños productores independientes.[23][24]​ Con la fundación del Instituto Nacional de Cine en 1957, se creó un nuevo sistema de fomento estatal y se facilitó la importación de películas extranjeras.[24]

El modelo de la nouvelle vague francesa estimuló a algunos a intentar algo similar: los cineclubs incrementaron su actividad, aparecieron revistas especializadas como Cuadernos de cine (siguiendo el modelo de Cahiers du Cinéma) y Tiempo de Cine y fueron abordados algunos experimentos cinematográficos.[24]​ Los cineastas recibieron un impulso gracias al éxito internacional de La casa del ángel, película de 1957 de Leopoldo Torre Nilsson.[24]

El cine de la postdictadura[editar]

En la década de los 80, realizadores como María Luisa Bemberg con Camila (1984), Pino Solanas (El exilio de Gardel (Tangos), Sur), Luis Puenzo (La Historia Oficial) (que consiguió el Premio Óscar a mejor película extranjera de 1985) y Adolfo Aristarain (Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo) atrajeron la mirada de nuevos públicos.

El segundo nuevo cine argentino[editar]

En la década del noventa surge una nueva corriente denominada comúnmente como nuevo cine argentino, marcada por el carácter independiente de las realizaciones y un cambio en la mirada. El precursor en este movimiento es Martín Rejtman quien hace en 1991 su ópera prima Rapado. Otro interesante filme que marca un punto de inflexión en la realización es Picado fino (1994) de Esteban Sapir. Sin embargo, no será hasta 1998 que estos nuevos realizadores logran tener una mayor difusión. La primera película que tiene una repercusión pública, dentro de esta nueva generación, es Pizza, birra, faso, de Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano (de nacionalidad uruguaya), que se expuso en Suiza (marzo 1998, Fribourg Film Festival), Países Bajos (noviembre de 1998), España (julio 2001), Grecia (noviembre 2001, Festival de Cine Internacional de Salónica) y los Estados Unidos (diciembre 2005).[25]​ A esa le siguieron Mundo Grúa (1999) y El bonaerense (2002), ambas de Pablo Trapero, y otras que continuaron esa línea de películas de tónica y personajes reales, bajo presupuesto y actores no conocidos. Un poco al margen de este movimiento, aunque en sintonía con sus valores, surgen Lucrecia Martel y Lisandro Alonso. La ópera prima de Martel, La Ciénaga (2000), fue producida por Almodóvar y, si bien no fue un éxito comercial (todo lo contrario), fue bien recibida por la crítica internacional y estuvo presente en varios festivales alrededor del mundo, ganando premios en el festival de Sundance, La Habana y obteniendo una nominación al Oso de Oro en el Festival de Berlín. Sus siguientes películas, La niña santa (2004) y, en particular, La mujer sin cabeza (2008), fueron también elogiadas por críticos y cineastas de todo el mundo, y ambas compitieron en el Festival de Cannes por la Palma de Oro, reafirmando la posición única que ocupa Martel dentro del panorama cinematográfico mundial. Con sus películas La libertad (2001), Los muertos (2004, Fantasma (2006) y, más recientemente, Liverpool (2008), Alonso terminó consagrándose también como uno de los autores más prolíficos de Latinoamérica.

Desde los comienzos y hasta nuestros días se han estrenado casi 2500 películas argentinas, siendo los años 2004 y 2005, con 66 y 63 respectivamente, los que registran la mayor cantidad de estrenos.

En 2009 se estrenó la película El secreto de sus ojos (ganadora del Óscar a Mejor Película en Lengua extranjera de 2010), de Juan José Campanella, basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri. La película cuenta con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, entre otros artistas de renombre. Con más de 2 000 000 de espectadores, se convirtió en la segunda película argentina más taquillera de toda la historia del cine nacional; superada solo por Nazareno Cruz y el lobo de Leonardo Favio, estrenada en 1975.

Un año después, se estrenó Carancho, de Pablo Trapero, que fue nominada para los Premios Óscar de 2010, pero quedó en la preselección. Cuenta con actuaciones de Ricardo Darín, Martina Gusman, Carlos Weber, José Luis Arias y otros.

La idiosincracia argentina, a veces llevada al extremo del estereotipo, combinada con relatos de la historia más reciente del país, ha merecido la atención de los productores nacionales y también internacionales, con singular éxito de público, como es el caso de La odisea de los giles.[26]

Cine independiente argentino[editar]

Alberto Fischerman estrena su ópera prima, The Players vs. Ángeles caídos. La película, un trabajo experimental con elementos reconocibles de la cultura pop, se presenta como ejemplo de cine-participación (desde la configuración de film-abierto, según los postulados del semiólogo Umberto Eco sobre la Obra abierta). En abril de 2002, Hernán Andrade y Víctor Cruz presentaron en dos funciones a sala llena (dentro del Buenos Aires IV Festival Internacional de Cine Independiente) su documental La noche de las cámaras despiertas. Basado en el texto homónimo de Beatriz Sarlo sobre los hechos de censura sucedidos precisamente a comienzos de los 70 en la obra del llamado entonces Grupo de los 5 (que integraban, junto a Fischerman, Ricardo Becher, Raúl de la Torre, Néstor Paternostro y Juan Bautista Stagnaro). En el medio se tensa una línea histórica, difusa e intensa a la vez, de lo que dio en llamarse Cine Independiente Argentino.

Nuevo cine argentino de género[editar]

En la actualidad los géneros cinematográficos están siendo revalorados en el cine argentino, no solo por los directores locales que los abordan, sino por el público, la crítica y los programadores. Surgen festivales destinados al cine de género independiente, como el Buenos Aires Rojo Sangre, también conocido como el BARS. No solo se realizan películas de terror y suspenso, sino también policiales. Entre los realizadores con más trayectoria del nuevo cine argentino de género se encuentran: Pablo Trapero y Adrián García Bogliano.

Actualidad[editar]

Argentina ha sido nominada en varias ocasiones al Óscar a la mejor película extranjera; no obstante, sólo ha sido merecedora del premio en dos ocasiones (primero en 1986 con La historia oficial, de Luis Puenzo, y en 2010 con El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella). Wakolda se llevó cuatro premios en el Festival de Cine Unasur en San Juan: ganó en los rubros mejor actriz (Natalia Oreiro), mejor dirección (Lucía Puenzo), revelación (Florencia Badó) y mejor película.

Desde septiembre del 2004, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina selecciona la representante para el Óscar. Desde allí, las elegidas fueron las siguientes películas: El abrazo partido, El aura, Derecho de familia, XXY, Leonera, El secreto de sus ojos (finalmente se quedó con el Óscar), Carancho, Aballay e Infancia clandestina.

Nominaciones argentinas al Óscar[editar]

Mejor película de habla no inglesa[editar]

Película extranjera
Año Película Director Resultado Notas
1974 La Tregua Sergio Renán Nominada Perdió contra Amarcord de Federico Fellini (Italia).
1984 Camila María Luisa Bemberg Nominada Perdió contra La diagonal del loco (Suiza).
1985 La historia oficial Luis Puenzo Ganadora También recibió una nominación por Mejor guion original.
1998 Tango Carlos Saura Nominada Perdió contra La vida es bella de Roberto Benigni (Italia).
2001 El hijo de la novia Juan José Campanella Nominada Perdió contra En tierra de nadie (Bosnia).
2009 El secreto de sus ojos Ganadora Primer director argentino nominado en dos oportunidades.
2015 Relatos salvajes Damián Szifron Nominada Perdió contra Ida (Polonia).

Mejor guion original[editar]

Guion original
Año Película Guionista Resultado
1985 La historia oficial Luis Puenzo, Aída Bortnik Nominada

Otros ganadores argentinos[editar]

Películas no Argentinas
Año Persona Película Categoría Resultado
1968 Lalo Schifrin Cool Hand Luke Mejor banda sonora Nominada
1969 Lalo Schifrin The Fox Mejor banda sonora Nominada
1977 Lalo Schifrin Voyage of the Damned Mejor banda sonora Nominada
1980 Lalo Schifrin The Amytiville Horror Mejor banda sonora Nominada
1981 Lalo Schifrin The Competition Mejor banda sonora Nominada
1984 Lalo Schifrin The Sting II Mejor banda sonora Nominada
1995 Eugenio Zanetti Restoration Mejor diseño de producción Ganador
1996 Luis Bacalov Il Postino Mejor banda sonora Ganador
2006 Gustavo Santaolalla Brokeback Mountain Mejor banda sonora Ganador
2007 Babel Ganador
2015 Armando Bo y Nicolás Giacobone Birdman Mejor guion original Ganador

Festivales y premios de cine[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Román, José (2002) Panorama histórico del cine latinoamericanoArchivado el 25 de junio de 2007 en la Wayback Machine., Universidad de Chile.
  2. «Metegol está dentro de las 5 películas más vistas de la historia del cine nacional». Diario Plaza de Mayo. 16 de agosto de 2013. Archivado desde el original el 2 de diciembre de 2013. Consultado el 16 de noviembre de 2013. 
  3. a b c d Schumann, 1987. p. 16
  4. Mahieu, 1966. p. 5
  5. a b c Couselo, 1983, "El período mudo". p. 11
  6. a b c Couselo, 1983, "El período mudo". p. 12
  7. a b c d e f Moret, Natalia (5 de diciembre de 2010). «La primera vez». Radar. Página/12. Consultado el 8 de abril de 2020. 
  8. a b c Ferreirós, Hernán (12 de diciembre de 2004). «La argentinidad al palo». Página/12. Consultado el 13 de abril de 2020. 
  9. Robledo, Juanjo (7 de agosto de 2010). «La era del cine porno mudo». BBC Mundo. Consultado el 8 de abril de 2020. 
  10. Kerekes, David; Slater (3 de junio de 2016). Killing for culture: From Edison to ISIS: A New History of Death on Film (en inglés). SCB Distributors. p. 52. ISBN 978-1909394346. Consultado el 8 de abril de 2020. 
  11. a b c Fernández, Maximiliano (10 de junio de 2017). «¿La primera película porno de la historia es argentina?: mitos y certezas detrás de la leyenda». Infobae. Consultado el 8 de abril de 2020. 
  12. a b Gerace, Rodrigo (1 de junio de 2016). Cinema explícito: Representações cinematográficas do sexo (en portugués). Perspectiva & Edições Sesc São Paulo. p. 68. ISBN 978-8569298458. Consultado el 8 de abril de 2020. 
  13. a b c Mahieu, 1966. p. 6
  14. Getino, 1998. p. 13
  15. Schumann, 1987. p. 17
  16. Fradinger, Moira (2014). «Huellas de archivo al rescate de una pionera del cine sudamericano. Josefina Emilia Saleny (1894-1978)». Cinémas d'Amérique Latine (22): 12-23. ISSN 2425-1356. Consultado el 23 de marzo de 2020. 
  17. a b c d Couselo, 1983, "El período mudo". p. 30
  18. Schumann, 1987. p. 18
  19. Mahieu, 1966. p. 12
  20. a b Mahieu, 1966. p. 14
  21. Mahieu, 1966. p. 28
  22. Cine y peronismo: el Estado en escena, Clara Kriger, ISBN 978-987-629-085-2, pág. 21
  23. a b c d Schumann, 1987. p. 22
  24. a b c d Schumann, 1987. p. 23
  25. http://www.imdb.es/title/tt0145393/releaseinfo
  26. «Giles, chantas e hijos de puta». Brecha. 6 de setiembre de 2019. 
  27. «aaviv». Archivado desde el original el 10 de octubre de 2016. Consultado el 26 de abril de 2020. 
  28. Fesaalp

Bibliografía[editar]

  • Mahieu, José Agustín (1966). Breve historia del cine argentino. Editorial Universitaria de Buenos Aires. 
  • Marino, Alfredo (2004). Cine argentino y latinoamericano: una mirada crítica. Nobuko. ISBN 978-1423717225. Consultado el 24 de marzo de 2020. 
  • Ramírez Llorens, Fernando (2012). «Industria, arte y política: La modernidad cinematográfica en Argentina (1955-1976). Primera parte: estado, industria y vanguardia». Herramientas (ReHiMe. Red de Historia de los Medios) (7). 
  • Schumann, Peter B. (1987). «Argentina». Historia del cine latinoamericano. Legasa. pp. 15-52. ISBN 978-9506000998. 

Enlaces externos[editar]

Listas de películas argentinas

1897 a 1909 1910 a 1919 1920 a 1929 1930 1931 1932 1933 1934 1935 1936 1937 1938 1939 1940 1941 1942 1943 1944 1945 1946 1947 1948 1949 1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959 1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966 1967 1968 1969 1970 1971 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 20092010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020