Cine mexicano

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Dolores del Río, estrella mexicana legendaria (foto tomada en 1935).

El término cine mexicano se refiere al conjunto de producción fílmica realizada en México o en el extranjero por un equipo de profesionales y presupuesto en su mayoría de origen mexicano. Tiene sus antecedentes en las diferentes "vistas" realizadas en el país por Gabriel Veyre y Ferdinand Bon Bernand (enviados de los hermanos Lumière) en 1896. La producción cinematográfica mexicana es una de las más destacadas de América Latina, aunque como industria mantiene un perfil irregular desde el fin del periodo conocido como "época de oro del cine mexicano", cuando la industria mexicana logró su mayor penetración internacional (predominantemente en Latinoamérica y España). A partir de 1898 aparecen los primeros realizadores mexicanos y extranjeros, y el cine nacional fue evolucionando desde las vistas iniciales, alcanzando un nivel técnico y creativo considerable durante la década siguiente.

Historia[editar]

Inicios[editar]

El cine llegó a México casi doce meses después de su triunfal aparición en París. La noche del 6 de agosto de 1896, el presidente Porfirio Díaz, su familia y miembros de su gabinete presenciaban asombrados las imágenes en movimiento que dos enviados de los hermanos Lumière proyectaban con el cinematógrafo en uno de los salones del Castillo de Chapultepec.

El éxito del nuevo medio de entretenimiento fue inmediato. Don Porfirio había aceptado recibir en audiencia a Claude Ferdinand Von Bernard y a Gabriel Veyre, los proyeccionistas enviados por Louis y Auguste Lumière a México, debido a su enorme interés por los desarrollos científicos de la época. Además, el hecho de que el nuevo invento proviniera de Francia, aseguraba su aceptación oficial en un México con un "presidente" que no ocultaba su gusto "afrancesado".

Después de su afortunado debut privado, el cinematógrafo fue presentado al público el 14 de agosto de ese mismo año, en el sótano de la droguería "Plateros", en la calle del mismo nombre (hoy Madero) de la ciudad de México. El público abarrotó el sótano del pequeño local -repetición de la sesión del sótano del "Gran Café" de París, donde debutó el cinematógrafo- y aplaudió fuertemente las "vistas" mostradas por Bernard y Veyre. La droguería "Plateros" se localizaba muy cerca de donde, unos años después, se ubicaría la primera sala de cine de nuestro país: el Salón Rojo.

México fue el primer país del continente americano que disfrutó del nuevo medio, ya que la entrada del cinematógrafo a los Estados Unidos había sido bloqueada por Thomas Alva Edison, aunque se rumorea que debido a que Don Porfirio, o bien su gobierno tenía una buena amistad con el gobierno de Francia en ese momento y debido a eso, los padres del cine prefirieron a México para que fuera el primer país americano en presenciar este medio. A principios del mismo año, Thomas Armant y Francis Jenkins habían desarrollado en Washington el vitascope, un aparato similar al cinematógrafo. Edison había conseguido comprar los derechos del vitascope y pensaba lanzarlo al mercado bajo el nombre de Biograph. La llegada del invento de los Lumière significaba la entrada de Edison a una competencia que nunca antes había experimentado.

Brasil, Argentina, Chile, Cuba, Colombia y las Guayanas fueron también visitados por enviados de los Lumière entre 1896 y 1897. Sin embargo, México fue el único país del continente americano donde los franceses realizaron una serie de películas que pueden considerarse iniciadoras de la historia de una cinematografía.

El mismo año llegó también el vitascope norteamericano a México; sin embargo, el impacto inicial del cinematógrafo había dejado sin oportunidad a Edison de conquistar al público mexicano.

El mismo año que Bernard y Veyre llegaron a México, filmaron El presidente de la república paseando a caballo en el bosque de Chapultepec y otros 35 cortometrajes en la capital, Guadalajara y Veracruz. Uno de los filmes de los realizadores franceses, titulado Un duelo a pistola en el bosque de Chapultepec, causó conmoción, ya que la gente no diferenciaba aún la realidad de la ficción. Este filme podría ser inspirado por el filme de Thomas Alva Edison titulado Pedro Esquirel y Dionecio Gonzales - Un duelo mexicano (Pedro Esquirel and Dionecio Gonzales - Mexican Duel), tres años antes. En 1897 se realizó la primera cinta silente de producción mexicana, llamada Riña de hombres en el Zócalo. Los primeros realizadores mexicanos fueron el ingeniero Salvador Toscano (desde 1898), Guillermo Becerril (desde 1899), los hermanos Stahl y los hermanos Alva (desde 1906) y Enrique Rosas, que en 1906 produjo el primer largometraje mexicano, titulado Fiestas presidenciales en Mérida, un documental sobre las visitas del presidente Díaz a Yucatán.

En 1898 se presentó, en la Calle del Espíritu Santo, el aristógrafo, aparato inventado por el mexicano Luis Adrián Lavie que perfecciona los fallidos intentos de otros inventores por proyectar imágenes en relieve. "...inventando unos lentes y gemelos que contienen en su interior un mecanismo movido por una corriente eléctrica, de tal suerte que cada vez que la vista correspondiente a un ojo la del otro ojo queda interceptada. Las imágenes se suceden con tal rapidez que, por un efecto de persistencia de la impresión en la retina, las vistas no solamente parecen de relieve, sino que aparecen también enteramente fijas cuando se hace uso del anteojo".[1]

Comienzos del cine nacional mexicano: el primer largometraje[editar]

Según el crítico e historiador del cine mexicano Emilio García Riera, el surgimiento de los primeros cineastas mexicanos no obedeció a un sentido nacionalista, sino más bien al carácter primitivo que tenía el cine de entonces: películas breves, de menos de un minuto de duración, que provocaban una necesidad constante de material nuevo para exhibir.

Al irse de México Bernard y Veyre, el material traído por ellos de Francia y el que filmaron en México fue comprado por Bernardo Aguirre y continuó exhibiéndose por un tiempo. Sin embargo, "...las demostraciones de los Lumière por el mundo cesaron en 1897, y a partir de entonces se limitaron a la venta de aparatos y copias de las vistas que sus enviados habían tomado en los países que habían visitado". Esto provocó el rápido aburrimiento del público, que conocía de memoria las "vistas" que hacía pocos meses causaban furor.

Salvador Toscano, primer cineasta mexicano

En 1898 se inició como realizador el ingeniero Salvador Toscano, quien se había dedicado a exhibir películas en Veracruz. Su labor es una de las pocas que aún se conservan de esa época inicial del cine. En 1950, su hija Carmen editó diversos trabajos de Toscano en un largometraje titulado Memorias de un mexicano (1950). Toscano testimonió con su cámara diversos aspectos de la vida del país durante el porfiriato y la revolución. Inició, de hecho, la vertiente documental que tantos seguidores ha tenido en nuestro país.

Otros cineastas de esa primera época fueron: Guillermo Becerril (desde 1899); los hermanos Stahl y los hermanos Alva (desde 1906) y Enrique Rosas, éste último realizador de un gran documental sobre el viaje de Porfirio Díaz a Yucatán: Fiestas presidenciales en Mérida (1906). Este filme fue, sin duda, el primer largometraje mexicano.

Inicios del cine de ficción y los "años dorados" del cine silente mexicano[editar]

Si se tiene como cine de a aquel que emplea actores para contar un argumento, habría que remontarnos hasta 1896 para encontrar el primer ejemplo de ello en México.

Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec (1896) fue filmada por los franceses Bernard y Veyre, en base a un hecho real, ocurrido poco tiempo antes entre dos diputados en el Bosque de Chapultepec.

Las reconstrucciones de eventos famosos no eran novedad en 1896. Edison había filmado una pequeña cinta para su cinetoscopio, que bien pudo haber inspirado la cinta de Bernard y Veyre. Pedro Esquirel and Dionecio Gonzales - Mexican Duel (1894) presentaba quizás a los primeros mexicanos mostrados en película: dos hombres que se enfrentaban en un duelo a cuchilladas. Esta imagen del mexicano violento fue, desde entonces, el estereotipo impuesto por el cine norteamericano al referirse a México.

Salvador Toscano filmó en 1899 una versión corta de Don Juan Tenorio. Este filme mostraba la ambivalencia con que se tomaba la ficción en esa época: era documental porque registraba la representación teatral de la obra, pero era ficción porque únicamente mostraba el desempeño de los actores.

En 1907, el actor Felipe de Jesús Haro realizó la primera cinta ambiciosa de ficción filmada en México: El grito de Dolores o La independencia de México (1907). El mismo Haro interpretó al libertador Miguel Hidalgo y escribió el argumento. La película se exhibió, casi obligatoriamente, cada 15 de septiembre hasta 1910.

Otros filmes de ficción de esa época fueron: El san lunes del valedor o El san lunes del velador (1906), cinta presumiblemente cómica dirigida por Manuel Noriega; Aventuras de Tip Top en Chapultepec (1907), cortometraje del ya mencionado Haro; El rosario de Amozoc (1909) primer filme de ficción de Enrique Rosas; y El aniversario del fallecimiento de la suegra de Enhart (1912) de los hermanos Alva, el más antiguo filme de ficción del cual todavía se conservan copias. Esta cinta es una comedia interpretada por los actores Vicente Enhart y Antonio Alegría, cómicos del teatro "Lírico", que muestra una marcada influencia francesa en su estilo de realización.

La revolución marcó un gran paréntesis en la realización de filmes de ficción en México. Con la finalización oficial del conflicto, en 1917, pareció renacer esta vertiente cinematográfica, ahora en la modalidad del largometraje.

De hecho, se considera que entre 1917 y 1920 hubo en México una época de oro del cine, situación que no se repetiría sino hasta tres décadas después. Es curiosa la coincidencia de que la mejor época del cine silente mexicano se inicie durante los años de la Primera Guerra Mundial, mientras que la mejor época de nuestro cine sonoro coincida con la Segunda Guerra. En ambas situaciones se presentó una disminución en la importación de películas, resultado natural de la disminución en el número de filmes producidos por los países en guerra durante esos años.

En 1917, la principal importación de filmes hacia México provenía de Europa. Estados Unidos no terminaba de afianzarse como un gran centro productor cinematográfico, aunque Hollywood ya comenzaba a perfilarse como la futura Meca del cine. Además, las relaciones tirantes entre México y Estados Unidos, junto con la imagen estereotipada del "mexicano bandido" en muchos de los filmes norteamericanos, provocaba un rechazo, tanto oficial como popular, hacia muchas de las películas estadounidenses de la época.

Francia e Italia fueron los patrones a seguir para la "reinauguración" del cine mexicano de ficción en 1917. Ese año se estrenó en México El fuego (Il fuoco, 1915) filme italiano interpretado por Pina Menichelli, actriz que logró gran popularidad en nuestro país y que introdujo el concepto de "diva" del cine, anteriormente sólo utilizado para el teatro o la ópera.

El fuego (1915) inauguró una tendencia romántica-cursi que hizo furor en México y que influyó al cine de otros países, incluyendo Estados Unidos. El universo de las "divas" se componía de ingredientes que pronto se asimilaron en otras cinematografías: mujeres voluptuosas, escenarios suntuosos, historias pasionales y atrevidas. La propuesta italiana planteaba un cambio en la mentalidad de la época, producto inmediato de la guerra. El papel de la mujer se ampliaba en el cine, aunque sólo fuera como "objeto de pasiones amorosas." La nueva mujer -que obtenía el derecho al voto y que pronto se recortaría el pelo, se liberaría del corsé y se acortaría la falda- hacía su aparición en las pantallas cinematográficas.

La luz, tríptico de la vida moderna (1917) es el título del primer largometraje "oficial" del cine mexicano. El adjetivo "oficial" se debe a que pocos autores reconocen el trabajo de los yucatecos Carlos Martínez de Arredondo y Manuel Cirerol Sansores, quienes un año antes filmaron 1810 ó ¡los libertadores de México! (1916) el que probablemente sea el primer largometraje de ficción nacional. El hecho de haber sido filmado en Yucatán -junto con El amor que triunfa (1917)- lo ha relegado en contra de La luz, tríptico de la vida moderna (1917), filme realizado en la ciudad de México.

Otros filmes famosos de esta primera época de oro fueron: En defensa propia (1917), La tigresa (1917) y La soñadora (1917), producidos todos por la Compañía Azteca Films. Esta firma, fundada por la actriz Mimí Derba y por Enrique Rosas, constituyó la primera empresa de cine totalmente mexicana. Probablemente Derba haya sido la primera directora de cine nacional, si es cierto que dirigió La tigresa (1917).

Los temas que han acompañado a nuestra cinematografía nacieron también en los años de 1917 a 1920. Tepeyac (1917), filme que relacionaba extrañamente las apariciones de la Virgen de Guadalupe con el hundimiento de un barco en el siglo veinte, fue filmado por Fernando Sáyago. Tabaré (1917) de Luis Lezama, guarda una estrecha relación en su argumento con filmes como Tizoc (1957): el indio que se enamora de la rica heredera de piel blanca. Finalmente Santa, la prostituta creada por el escritor Federico Gamboa, hizo su primera aparición cinematográfica en la cinta dirigida por Luis G. Peredo en 1918.

Mención especial merece El automóvil gris (1919), sin lugar a dudas el filme más famoso de la época muda del cine mexicano. Filmado por Enrique Rosas -de gran trayectoria cinematográfica si consideramos las veces que ha sido nombrado en este texto- el filme en realidad no es tal; es una serie de doce episodios que cuenta las aventuras de una famosa banda de ladrones de joyas que se hizo célebre en la ciudad de México hacia 1915.

Las series o "seriales" representaron las primeras incursiones del cine norteamericano en el gusto popular mexicano. Para 1919 se habían suavizado las fricciones con el vecino del norte, y el cine hollywoodense comenzaba a conquistar mercados en todo el mundo.

De esta manera, El automóvil gris (1919) inauguraba, sin claros sucesores, el "serial" mexicano. La cinta (o cintas) poseía además un elemento novedoso y controversial: era el primer filme cuyo argumento se inspiraba claramente en hechos recientes, acontecidos en el país. En el evento original había estado involucrado un general carrancista que fue socio de Rosas en la formación de Azteca Films, y los personajes que aparecían en pantalla eran claramente identificables por el público.

Para completar la controversia, una de las escenas de la serie constituía una extraña mezcla de ficción y realidad: el fusilamiento de algunos miembros de la banda no era actuado, sino que Rosas había tomado la escena original filmada por él mismo, y la había incluido en la cinta. De esta manera, el filme aseguraba, de manera mórbida, su popularidad en el público.

Ese mismo año, la actriz Mimí Derba, probablemente la primera mujer directora del cine mexicano, se retiraba del medio un poco resentida por el escaso éxito alcanzado por sus películas, este es un fragmento de una entrevista realizada el año anterior:

Dígase lo que se diga, la producción mexicana no llegará, durante varios años, a ser aceptable. Entre las muchas razones que puedo esgrimir en pro de mi aserto, mencionaré "la inconstancia", cualidad que caracteriza a este país. Mimí Derba, entrevistada por Cine Mundial, junio de 1918. En Ramírez, G. (1989). Crónica del cine mudo mexicano. México: Cineteca Nacional, p. 75.

Volvería al cine, al incorporarse al naciente cine sonoro en 1931 con la película Santa, sin embargo, existen registros de que aceptó un papel en La linterna de Diógenes (La linterna mágica) (1924/1925), película dirigida por Carlos Stahl.

La Revolución mexicana[editar]

La Revolución mexicana contribuyó enormemente al desarrollo del cine en el país. Durante la Revolución mexicana se produjeron películas documentales que relataron el conflicto armado convirtiendo a la Revolución mexicana en el primer gran acontecimiento histórico totalmente documentado en cine. Nunca antes un evento de tal magnitud había sido registrado en movimiento. La Primera Guerra Mundial, iniciada cuatro años después del conflicto mexicano, fue documentada siguiendo el estilo impuesto por los realizadores mexicanos de la revolución. Pancho Villa financió parcialmente su fuerza por medio de productores estadounidenses que grabaron sus batallas y se dice que "coreografió" la Batalla de Celaya especialmente para su filmación. Otros productores, como los hermanos Alva siguieron a Francisco I. Madero, Jesús H. Abitia acompañaba a la División del Norte y filmaba a Álvaro Obregón y Venustiano Carranza, actualmente todos los rollos de estas filmaciones están supuestamente perdidos.

La vertiente documental y realista fue, por razones claras, la principal manifestación del cine mexicano de la revolución. Aunque el cine de ficción comenzaba a popularizarse en Europa y Norteamérica, el conflicto armado mexicano constituyó la principal programación de las salas de cine nacionales entre 1910 y 1917.

El público se interesaba en estos filmes por su valor noticioso. Era una forma de confirmar y dar sentido al cúmulo de informaciones imprecisas, contradictorias e insuficientes, producto de un conflicto armado complejo y largo. Los filmes de la revolución pueden considerarse como antecedentes lejanos de los noticiarios televisivos de hoy en día.

Los cineastas de la revolución procuraban mostrar una visión objetiva de los hechos. Para no tomar partido, los camarógrafos filmaban los preparativos de ambos bandos, hacían converger la acción en la batalla y, en muchos casos, no daban noticia del resultado de ésta. Esto lo hacían debido a la incertidumbre por el curso de los acontecimientos.

Independientemente de las distintas prácticas cinematográficas, la revolución fue para el cine mexicano un evento fotogénico excepcional. Sin lugar a dudas, la estética provocada por este conflicto imprimió su huella en el desarrollo posterior de nuestra cinematografía. Prueba de ello son los filmes de la llamada época de oro que tanto le deben a la revolución en su postura estética.

Durante el gobierno de Carranza se limitaron los filmes acerca de la revolución y el cine de ficción empezó a crecer.

Durante la era post-revolucionaria no fue posible que la industria avanzara, pero durante los años 1930, una vez que la paz y la estabilidad regresaron al país, diversos directores comenzaron a dirigir películas de valía.

Años 20, la década de la transición al cine sonoro[editar]

La década de 1920 a 1929 fue testigo de la transformación del mundo. La Primera Guerra Mundial había alterado radicalmente los valores de gran parte de la sociedad, y las gentess trataba de olvidar el horror vivido hasta 1919. En los "alegres veintes" nacieron la radio, el jazz y las faldas cortas, así como el fascismo, el nazismo y la depresión económica norteamericana.

En 1927 el cine habló por primera vez. El cantante de jazz (The Jazz Singer, 1927) de Alan Crossland, se convirtió en la punta de lanza de una novedad cinematográfica: el sonido. A partir de ese momento, el cine apostó todo a las palabras y a la música, inaugurando una nueva era en su historia.

Después de 1920, el cine mexicano mantuvo una carrera dispareja en contra de la creciente popularidad del cine hollywoodense. Los nombres de Rodolfo Valentino, Tom Mix y Gloria Swanson competían, con gran ventaja, contra los de Carlos Villatoro, Ligia Dy Golconda y Elena Sánchez Valenzuela, por el gusto del público mexicano.

En general, muy poco se puede rescatar del cine mudo mexicano de los veintes. Quizás lo más importante de esa década para nuestro cine fue la preparación que obtuvieron distintos actores, directores y técnicos mexicanos en el cine de Hollywood.

Entre los directores, Fernando de Fuentes, Emilio Fernández, Roberto y Joselito Rodríguez, recibieron su educación cinematográfica en Hollywood. De esta manera, el cine mexicano se preparaba para lo que sería la época de oro.

Cine sonoro[editar]

Joselito Rodríguez - Padre del Cine Sonoro Mexicano

A pesar de que el sonido se incorporó al cine en 1927, hay que tener en cuenta el cortometraje Zitari (1931), de Miguel Contreras Torres quien tambièn dirigiò "El Águila y el Nopal"(1929) con sonido Vithaphone que fracasò en su exhibiciòn, fue de los pioneros en realizar cortometrajes sonoros, Rafael J. Sevilla filma "Màs Fuerte que el deber"(1930), pelìcula sonora tambièn con sistema Vithaphone , igualmente contò con mala aceptaciòn del pùblico, en 1931, se realizó la primera cinta sonora mexicana exitosa con sonido òptico: una nueva versión de Santa, dirigida por el actor español Antonio Moreno, interpretada por Lupita Tovar, con música de Agustín Lara y filmada con el sistema sonoro mexicano.

De nueva cuenta, la primera en algo no lo fue totalmente: antes de Santa (1932) se habían filmado varias películas con sonido indirecto sincronizado a partir de discos. Estos intentos de cine sonoro no fueron populares en México, como tampoco lo habían sido experimentos similares en otras partes del mundo.

Santa (1932) fue, eso sí, la primera película mexicana que incorporó la técnica del sonido directo, grabado en una banda sonora paralela a las imágenes en la misma película. Esta técnica fue creada en 1929 por el ingeniero en electrónica José de Jesús Rodríguez Ruelas conocido como Joselito Rodríguez, que inventó un aparato de grabación de sonido óptico para cine muy ligero y práctico. El invento se bautizó con el nombre de Rodríguez Sound Recording System y revolucionó el embrionario sistema para obtener la sincronía perfecta entre la imagen y el sonido en el cine. Es el tercer equipo del mundo que consiguió el registro óptico sonoro para películas.

Entre otras innovaciones, resultó ser el primer equipo portátil del mundo, sólo 6 kg. (12 libras) que, comparado con los existentes de 90 kg (200 lb), peso promedio, por sus dimensiones, aparentaba ser un fallido intento más. En la actualidad (siglo XXI), se graba el sonido análogo bajo principios similares a los descubiertos por el ingeniero Joselito Rodríguez. Su invento ayudó a crear gran parte de las Normas Internacionales para la Grabación del Cine.

El apoyo de un equipo entrenado en Hollywood para la filmación de Santa (1932) no fue casualidad: obedecía a todo un plan para establecer una industria cinematográfica mexicana, mismo que incluyó la fundación de la Compañía Nacional Productora de Películas.

Esta empresa adquirió unos estudios de cine existentes desde 1920 y se estableció como la compañía de cine más importante del país. La decisión de "importar" a casi todo el personal de la filmación se hizo con la idea de asegurar el éxito financiero de la película.

Comienzos de la industria filmica mexicana[editar]

La industria del cine mexicano nació en una época de gran efervescencia social, política y cultural en nuestro país. La revolución comenzaba a ser una etapa de la Historia, aunque sus protagonistas todavía regían el destino político de la nación.

En 1928, el general Plutarco Elías Calles había fundado el Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente directo del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Entre 1928 y 1934, Calles se mantuvo en el poder desde el Partido, aunque México tuvo tres presidentes en ese mismo período: Pascual Ortiz Rubio, Abelardo L. Rodríguez y Emilio Portes Gil.

Con la llegada al poder de Lázaro Cárdenas en 1934, la inestabilidad política del país comenzó a desaparecer. Cárdenas fue el primer presidente que se mantuvo en el gobierno por seis años, el mandato establecido por la Constitución de 1917.

El ambiente intelectual mexicano se encontraba dividido entre la revolución y el socialismo. La revolución rusa de 1917 había impreso una huella tan importante como la revolución mexicana en el pensamiento de algunos intelectuales de nuestro país. México vivía el esplendor del Muralismo, un movimiento estético con una carga ideológica de izquierda que nunca se ocultó.

Literatura, música, poesía, fotografía y pintura, fueron artes que tuvieron un gran desarrollo en la década de los treinta. Silvestre Revueltas, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Salvador Novo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Frida Kahlo, María Izquierdo, Tina Modotti, Manuel y Lola Álvarez Bravo, entre otros grandes artistas, formaban parte del panorama artístico e intelectual del México moderno. Un común denominador en la temática de sus obras fue la revisión de la revolución mexicana.

En este ambiente, no es extraña la tendencia que siguió el cine mexicano una vez establecidas las bases de la industria cinematográfica nacional. Política y arte apuntaban hacia la revolución como tema principal, y ese fue el camino que siguió la nueva industria.

La influencia de Serguei Eisenstein[editar]

Dentro de los aspectos formales, es de gran importancia destacar la influencia del cine ruso en la creación de las imágenes que conformaron al cine mexicano. El papel de Hollywood en la creación de nuestro cine se explica fácilmente por la cercanía geográfica, y por la importancia de la industria del cine estadounidense. Pero la influencia estética rusa merece una explicación particular.

La corriente cinematográfica creada en Rusia en los años veinte constituyó el primer movimiento artístico propio del cine. Influidos enormemente por las aportaciones del norteamericano D. W. Griffith al lenguaje cinematográfico, los rusos desarrollaron una propuesta ideológica a través de un medio nunca antes utilizado: el cine.

Para 1930, las aportaciones cinematográficas de Serguei Mijailovich Eisenstein y Vsevolod Pudovkin habían sido reconocidas mundialmente. La huelga (1924), El acorazado Potemkin (1925), La madre (1926) y Octubre (1927) eran ya piedras angulares en la historia del arte cinematográfico.

Entre 1930 y 1932, Eisenstein estuvo en México, acompañado por su asistente y traductor, Agustín Aragón Leiva, angelino, con el fin de filmar una película que sería un vasto fresco sobre el país: [[¡Que viva México! (1930-1932). El cineasta soviético venía patrocinado por algunos intelectuales estadounidenses de izquierda, y había estado en Hollywood donde no pudo realizar ningún filme, por no haber podido conseguir el permiso de residencia en aquel país.

¡Que viva México! (1930-1932) no pudo ser concluida porque los patrocinadores de Eisenstein le retiraron el financiamiento y se quedaron con el material filmado. Sin embargo, las imágenes capturadas por el director soviético pudieron ser apreciadas en distintos filmes que se realizaron a partir de ellas: Tormenta sobre México de Sol Lesser; Tiempo del Sol de Mary Seaton, que serían fundamentales para el posterior estilo del cine mexicano.

La estética visual de ¡Que viva México!]] (1930-1932) tuvo una gran influencia en el cine nacional. Los bellos paisajes, las nubes fotogénicas y la exaltación del indígena fueron tres elementos sobresalientes de esta propuesta estética. Este estilo fue visto como derivado de la pintura muralista, especialmente de la de Diego Rivera e influyó enormemente en un joven mexicano que se encontraba trabajando en Hollywood y vio el proyecto: Emilio Fernández.

La Época de Oro (1936-1957)[editar]

Maria Felix considerada como una de las mas importantes actrices de México.

Según algunos historiadores y críticos de cine, los verdaderos "años dorados" del cine mexicano corresponderían al periodo coincidente con la Segunda Guerra Mundial que va de 1939 a 1945, sin embargo, años antes de que iniciara esta, el cine mexicano ya había alcanzado un gran nivel técnico y artístico y tenía un mercado bien establecido, tanto dentro como fuera del país, por lo que la Segunda Guerra Mundial, simplemente vino a incrementar la producción y expandir el mercado ya establecido lo que no le quita su lugar como un elemento extremadamente importante para poder mantener el nivel de la industria mexicana en esos años. Con el apoyo norteamericano de la época pos-guerra, se dio un auge sin precedentes del cine nacional. Grandes estudios cinematográficos norteamericanos apoyaron de modo conjunto el desarrollo del cine nacional, por cuestiones estratégicas y por mantener un control sobre México, ya que era una época en la que la influencia comunista de la Unión Soviética se cernía sobre la posición estratégica mexicana y en todo el hemisferio latinoamericano, lo que se tradujo en una estrategia "mass media" sobre la escasamente educada e influenciable población mexicana.

Entonces, el inicio de la "Época de Oro" vendría con el estreno de la película Allá en el Rancho Grande que inauguraría el género de "comedia ranchera"´, género cultivado en México sin parangón en el resto de mundo, debido a la cultura e idiosincrasia mexicanas. Y el final llegará con la muerte del actor y cantante Pedro Infante en 1957.

El auge del cine mexicano favoreció el surgimiento de una nueva generación de directores. Para el público, sin embargo, fue más interesante la consolidación de un auténtico cuadro de estrellas nacionales que serían las figuras principales de un star system sin precedentes en la historia del cine en español.

En esos años, el cine mexicano abordó más temas y géneros que en ninguna otra época. Obras literarias, comedia, comedias rancheras, películas policíacas, comedias musicales y melodramas, formaron parte del inventario cinematográfico mexicano de aquellos años. Y también en la recta final de este periodo se inauguraría otro género que podría considerarse nacional y que al igual que la comedia ranchera, no tuvo rivales fuera de México, que fue el género de luchas o películas de Lucha Libre.

En estos años, factores políticos influyeron enormemente en el desarrollo del cine mexicano. Uno de ellos fue la postura del gobierno mexicano ante la guerra. En 1942, tras el hundimiento de barcos petroleros mexicanos supuestamente por submarinos alemanes, el presidente Manuel Ávila Camacho declaró la guerra a las potencias del Eje, Alemania, Italia y Japón. Esta postura oficial nos colocó en medio del conflicto, de parte de los Aliados.

La decisión de Ávila Camacho salvó, colateralmente, a nuestro cine de la extinción. La guerra había causado una disminución en la producción de muchos bienes de consumo, el cine incluido.

Los materiales con que se fabricaban las películas y el equipo de cine se consideraban importantes para la fabricación de armamento (la celulosa, por ejemplo). Esto racionó la producción cinematográfica norteamericana, además de que el cine europeo sufría porque la guerra se desarrollaba en su terreno.

En 1942, la industria de cine mexicano no era la única importante en español. Argentina y España poseían ya un lugar dentro del cine de habla hispana. Ambos países se declararon neutrales durante el conflicto y España acababa de salir de su propia Guerra Civil. Sin embargo, en la práctica, las dos naciones mantuvieron vínculos más que ligeros con Alemania e Italia.

La decisión de alinearse con los Aliados trajo para México un estatus de nación favorecida. El cine mexicano nunca tuvo problemas para obtener el suministro básico de película virgen, dinero para la producción y refacciones necesarias para el equipo. España y Argentina nunca tuvieron un apoyo semejante por parte de Alemania o Italia, y el curso de la guerra marcó también el curso de las cinematografís de estos países.

En el panorama nacional, la situación de guerra también benefició al cine mexicano porque se produjo una disminución de la competencia extranjera. Aunque Estados Unidos se mantuvo como líder de la producción cinematográfica mundial, muchos de los filmes realizados en ese país entre 1940 y 1945 reflejaban un interés por los temas de guerra, ajenos al gusto mexicano. La escasa producción europea tampoco representó una competencia considerable.

Al terminar la guerra, el cine mexicano gozó del prestigio que había alcanzado durante unos años más. Sin embargo, el repunte del cine norteamericano y la aparición de la televisión representaron una seria amenaza para una cinematografía que ya daba señales de cansancio.

En 1946 asumió la presidencia el veracruzano Miguel Alemán Valdés. La llegada al poder de Alemán representó un cambio importante dentro de las estructuras del poder político en México. Alemán era el primer civil que llegaba a la presidencia desde 1932.

Entre 1946 y 1950 ocurrieron cosas importantes dentro del cine nacional: Emilio Fernández consolidó su fama mundial al obtener distintos premios internacionales, el director español Luis Buñuel inició la etapa mexicana de su filmografía y Pedro Infante se convirtió en el actor más popular de nuestro país.

A pesar de ello, el cine mexicano comenzó a manifestar síntomas de no estar del todo bien. Para preservar el ritmo de trabajo alcanzado durante la guerra, las compañías productoras decidieron abaratar los costos de producción de las películas. De esta manera proliferaron los llamados "churros": películas de bajo presupuesto, filmadas en poco tiempo y de mala calidad en general.

Bajo el gobierno de Alemán se decretó la Ley de la Industria Cinematográfica. En ella se dejaba a la Secretaría de Gobernación, por conducto de la Dirección General de Cinematografía, el estudio y resolución de los problemas relativos al cine. Esta decisión -que con el tiempo afectaría negativamente al desarrollo de nuestro cine- fue tomada por la necesidad de controlar al monopolio de la exhibición cinematográfica que existía en esos años.

Para 1949, la exhibición de películas en la República Mexicana estaba casi totalmente controlada por un grupo encabezado por el norteamericano William Jenkins. Al pasar el control del cine a la Secretaría de Gobernación, Alemán intentó desmantelar el monopolio, al mismo tiempo que dio el primer paso para la burocratización del cine, un lastre que la industria ha venido arrastrando hasta nuestros días.

La imagen cinematográfica del sexenio de Miguel Alemán está constituida por la rumbera y el arrabal. Más de cien películas con esos temas se filmaron durante su período de gobierno.

El género de las rumberas, y el cine que mostraba la vida en los barrios pobres de la ciudad, reflejaban el fenómeno de la creciente urbanización del país. La población de la ciudad de México había aumentado entre 1940 y 1950 más que en toda su historia.

Por otra parte, el Cine de rumberas representaba una opción atractiva para una industria cinematográfica ansiosa de encontrar la manera de filmar más por menos dinero. Casi todos estos filmes contaban, con algunas variantes, la misma historia: una chica humilde de provincia llegaba a la ciudad, era "devorada" por la maldad imperante en la urbe, y quedaba condenada a bailar en el cabaret hasta encontrar la redención.

Competencia de Hollywood[editar]

A finales de los años 1950, una vez que Hollywood se vio desatado de sus compromisos como máquina propagandística, la industria mexicana comenzó a vivir serias dificultades y, aunque se continuaron haciendo películas de interés, su número y su calidad disminuyeron considerablemente. Los estudios mexicanos decidieron hacer películas en color, con el sistema Eastmancolor, por ser más barato que el Technicolor y Metrocolor.

Durante los años 1960 la producción cinematográfica mexicana se redujo a dramas familiares con guiones de baja calidad, y comedias ligeras que fueron más bien vehículos de lucimiento para cantantes de Rock and Roll.

Cine político[editar]

En los años 1970 la producción cinematográfica tocó fondo.En gran parte gracias a los malos manejos del nepotismo gubernamental en los periodos de Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982), este último colocó a su hermana Margarita López Portillo al frente de la RTC (Radio Televisión y Cinematografía) segregación de la secretaria de gobernación, quien con nula preparación en el campo, limitó los recursos destinados originalmente al cine. La represión política se vio reflejada en una autocensura por la mayor parte de los cineastas y productores. La producción se redujo a películas picarescas sin pretensiones o a producciones estatales que, aunque dieron cierta libertad de expresión, nunca reflejaron las inquietudes y necesidades artísticas de los directores, libretistas y productores, mucho menos la realidad cruda que vivía la sociedad de esos periodos. En las contadas ocasiones en que alguna producción independiente fue llevada a cabo, el gobierno no aceptó su proyección, además de que las censuró o las redujo a una distribución limitada por medio de presiones a las salas cinematográficas.

Cine de ficheras, de acción y de cantantes[editar]

Durante los años 1980 las películas picarescas se volvieron monótonas y repetitivas, dando lugar al género conocido como cine de "ficheras" o "sexicomedias" y con ello a toda una estirpe de vedettes como Rossy Mendoza, Lyn May, Sasha Montenegro y actores expertos en el juego del doble lenguaje como Luis de Alba, Rafael Inclán, Alberto Rojas ("El Caballo"), Alfonso Zayas, Pedro Weber ("Chatanooga"), César Bono, René Ruiz (“Tun Tun”), etc. y lo poco que tenían de atractivo (normalmente situaciones divertidas o sexualmente eróticas, pero nunca explícitas) dejó de atraer al público. Este género se caracterizó por el uso del "albur" o el humor en doble sentido, muy popular en México.

A finales de los años 70 y principios de los 80 Valentín Trujillo protagoniza más de una docena de películas de acción con temas ligados a la migración a Estados Unidos, al tráfico de narcóticos y otros temas urbanos

Entre los años 80 y 90, se dio el fenómeno del cine de acción, abordando temas y personajes cotidianos como choferes de camiones (Lola la trailera), "Tortilla Westerns" o también "Cabrito Westerns", trasplantados a la frontera con los Estados Unidos y en el contexto del narcotráfico, siendo los hermanos Almada (Mario Almada y Fernando Almada) los principales exponentes del género.[2] Estas películas idealizan a los justicieros al estilo de Chuck Norris, ensalzan las hazañas de los narcotraficantes y dan cuenta del fenómeno de la migración ilegal a Estados Unidos. Para algunos de los autores especializados, esta es una época crítica en el cine nacional, baja en creatividad. Durante esta década, se dio también un fenómeno similar al del cine de los años 60, donde los cantantes más populares de la época transportaban su fama a la pantalla grande. Populares cantantes como Vicente Fernández y José José, quienes ya habían hecho cine durante la década de los 70, formaron parte de películas muy taquilleras en los 80; mientras que Vicente Fernández aparecía en populares películas de comedia y temas similares a los de las ficheras como "El cuatrero" junto a Maribel Guardia y Mario Almada, "El embustero" junto a María Sorté y "Como México no hay dos" junto a Héctor Suárez; José José estelarizó las películas más populares interpretadas por algún cantante en ésa década; "Gavilán o Paloma", junto a Christian Bach, que está basada en la historia de su vida; y "Sabor a mí" junto a Jorge Ortíz de Pinedo, Angélica Aragón y Carmen Salinas, donde da vida al personaje del legendario compositor mexicano Álvaro Carrillo.

Cine familiar, de parodia y comedia[editar]

Hay distintas producciones protagonizadas por Gaspar Henaine (Capulina), María Elena Velasco "La India María", Xavier López, Guillermo Rivas, Amparito Arozamena, Chespirito, Carlos Espejel y estrellas de la lucha libre que intentaban emular el éxito de las películas que protagonizaron el Santo y Blue Demon, así como otros actores que le dieron al cine familiar un delgado respiro a pesar de la situación de «decadencia» del cine nacional.

No obstante, en las películas infantiles había competencia principalmente por parte de España y Argentina, que producían algunas películas con la colaboración del extinto grupo Parchís, quienes de hecho tienen un número importante de seguidores en el país principalmente gracias a éstas películas. La televisión también ayudó, al grado de que muchos actores conocidos de la televisión de la época, principalmente veteranos en comedia y nuevos talentos, comenzaron a participar en películas en algunos casos hasta de bajo presupuesto.

Para 1990 y los años venideros se ve un ligero descenso de películas de este tipo a consecuencia de las fórmulas creativas y de producción agotadas por los productores de cine y, después, aunado a la inesperada llegada del movimiento llamado Nuevo Cine Mexicano que buscó darle una proyección digna al cine mexicano. Así, hay desde títulos como Tacos, tortas y enchiladas o El vampiro teporocho hasta parodias como Barman y Droguin, que incluyó en su elenco al entonces comediante (años después convertido en paródico-analista político) Víctor Trujillo y a su entonces pareja cómica Ausencio Cruz, ambos procedentes del entonces exitoso programa cómico La Caravana producido por la estatal Imevisión.

Para el nuevo milenio, el cine mexicano en éste género comienza a tener un respiro nuevamente gracias a la masificación y a la reducción de costos en cuanto a medios digitales de producción, pudiendo así producir series animadas en el país, lo cual también llevó a crear películas animadas como La Leyenda de la Nahuala, El Agente 00P2 o Nikté (película) (señalada por plagio de personajes), entre otras, por parte de Ánima Estudios y otros estudios en animación que llegaron para hacer más competitivo y rentable el género al tener acceso a tecnología antaño complicada en términos de costo y realización. Aquí entra el caso especial del fenómeno de Internet de 1999 conocido como Huevocartoon que inicialmente fue un proyecto de sitio web. Al aumentar su popularidad en el país los creadores del sitio hicieron más personajes y produjeron parodias con éxito, las cuales fueron bien recibidas por el público de todas las edades. Esto derivó en la creación de un largometraje llamado Una película de Huevos, el cual cosechó éxito inmediato y definió a unos personajes basados en las producciones originales; tal fue su éxito, que se produjo una segunda parte denominada Otra película de huevos y un pollo la cual tuvo un éxito igualmente inusitado.

Cine de terror mexicano[editar]

El cine de terror ha sido parte fundamental del cine mexicano. Don Juan Tenorio (1898), del ingeniero Salvador Toscano, es de hecho la primera cinta de ficción mexicana, y su trama, de sobra conocida, maneja elementos fantásticos; pero en 1931, con La Llorona, del cubano Ramón Peón, el género se inició de alguna manera "oficialmente" en México. Juan Bustillo Oro merece una mención aparte a pesar de ser un cineasta conocido por su cine porfirista y revolucionario, ya que al inicio de su carrera impulsó el género de terror a través de guiones y dirección de obras importantísimas, como Dos monjes (1934), obra maestra del género e interesante muestra de cine expresionista, El fantasma del convento (1934), El misterio del rostro pálido (1935) y Nostradamus (1937). El género casi desapareció en la década de 1940, pero reaparecería en los 50 con películas de cómicos que emulaban los éxitos de la pareja cómica estadunidense Abott y Costello (Dos fantasmas y una muchacha, con Germán Valdés Tin-Tán y Manuel "Loco" Valdés o La nave de los monstruos, con Eulalio González "Piporro", como ejemplo); sin embargo, el género toma seriedad de la mano de Fernando Méndez, con El vampiro, y también en la década de los 60 con Carlos Enrique Taboada (Hasta el viento tiene miedo, El libro de piedra, Veneno para las hadas), los 70 con Juan López Moctezuma (Alucarda) y las inefables películas de Santo, el Enmascarado de Plata (popular luchador mexicano), pero ya en los 80 la producción del género y la calidad decrece con títulos como Vacaciones de terror, Cementerio del terror y Pánico en la montaña.

La década de 1990 atestigua dos factores que marcaron al cine mexicano: la desaparición de la Compañía Operadora de Teatros (COTSA) y Películas Nacionales, ambas organismos gubernamentales que subsidiaban la exhibición y distribución de Cine Mexicano en el país, y el llamado "Nuevo Cine Mexicano", que apuntó al "cine de calidad". Es así que sólo se filman tres títulos del género en los 90: Cronos (1992) de Guillermo del Toro, Sobrenatural (1996), de Daniel Gruener y Angeluz (1997) de Leopoldo Laborde.

La primera década del nuevo siglo ha visto películas del género fantástico, hechas en México con una muy marcada tendencia a nutrirse en la cultura propia del pueblo valiéndose de los cuentos, leyendas y mitos transmitidos por la tradición oral pero trasladadas al México actual; es así como llega en el 2004 Las Lloronas, filme de suspenso basado en el mito popular de La Llorona y el año 2007 verá el inusitado estreno simultáneo de varias cintas mexicanas del género: Kilómetro 31, una de las películas más taquilleras en la historia del cine mexicano; Cañitas, basada en un popular libro; J-ok'el, con elenco mexicano y estadunidense, y finalmente la nueva versión de Hasta el viento tiene miedo, un remake del clásico original de Carlos Enrique Taboada.

El Nuevo Cine Mexicano[editar]

El llamado "Nuevo Cine Mexicano" de los 90 se había convertido en un género propio que se dedicó exclusivamente a retratar muy cuestionablemente la realidad social de México pero siempre con miras a festivales de cine y a través de propuestas a veces muy discutibles de sus cineastas, haciendo así a un lado cualquier cine de género y por ende, el género del terror. La insistencia de los cineastas mexicanos muestran que el género no ha muerto por razones que tal vez apuntan a lo social y por qué no, a una bien ganada tradición de Cine Mexicano de Terror labrada por el cine mexicano a través de más de 70 años.

Arturo Ripstein
Alejandro González Iñárritu

Cineastas como Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo y Jorge Fons realizaron desde cintas de temática controversial (La tarea), hasta películas que examinaron sucesos políticos recientes, como la masacre de estudiantes en Tlatelolco en 1968 (Rojo Amanecer). Se impulsó también el reestreno de películas que habían sido prohibidas en el pasado como La sombra del caudillo. Algunos pocos actores de Telenovelas toman papeles, tal es el caso de Arcelia Ramírez en "La mujer de Benjamín". Salma Hayek, quien debutó en el ámbito de la televisión se perfila como una nueva estrella nacional y diva de Hollywood.

La temática del cine mexicano en la década de los 90 y principios del siglo XXI aborda lo cotidiano, la violencia urbana, el existencialismo, no dejando atrás la migración, las biografías e incluso el realismo mágico como es el caso de Como agua para Chocolate, pasando por el humor ligero, y la denuncia de la corrupción como en La ley de Herodes, siempre ello con miras a festivales de cine.

Apoyos gubernamentales al cine mexicano[editar]

El gobierno mexicano ha asumido desde hace varias décadas apoyos para la cinematografía nacional. Desde la creación del Banco Cinematográfico (con iniciativa del Banco Nacional de México) el 14 de abril de 1942, pasando por Conacine en la década de 1960 y Conacite 2 en los años 70, en la década de 1990 se crearon dos fideicomisos para apoyar a la industria fílmica: el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), creado como respuesta del gobierno federal a las demandas de los diferentes sectores de la industria a favor de la reactivación del cine mexicano, y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), contemplado en la Ley Federal de Cinematografía de 1999, que se creó fundamentalmente para financiar el cine industrial comercial; ambos son organismos que, para 2009, están en vigencia y son regulados por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). También se están planteando más fideicomisos cinematográficos para algunos Estados de la República Mexicana, además del Fondo Iberoamericano de ayuda Ibermedia, creado en noviembre de 1997 sobre la base de las decisiones adoptadas por la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en Margarita, Venezuela, relativa a la ejecución de un programa de estímulo a la coproducción de películas para cine y televisión en Iberoamérica.

Desde 2006, entra en vigor el Artículo 226 de la Ley de Estímulo Fiscal para fomento a la Producción Cinematográfica (EFICINE), a través del que un contribuyente puede obtener un crédito fiscal, equivalente a su inversión contra el monto del Impuesto Sobre la Renta (ISR) a pagar. Este apoyo también puede combinarse con otros, como el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (FIDECINE) y el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE).

Como dato adicional, es justo señalar, que en la actualidad, el gobierno mexicano no tiene oficialmente departamentos de censura tanto para la producción como para la exhibición de cine mexicano o extranjero, por lo que la libertad de expresión fílmica está garantizada por la ley en México al menos desde finales de la década de 1980. Sin embargo, aunque ha habido casos en donde se ha logrado la exhibición de cintas como El Violín de Francisco Vargas o el documental Señorita extraviada sobre las muertas de Juárez (sin tomar en cuenta todo el abanico de producción independiente que no llega a salas, televisión o a comercialización), notablemente han sido también conocidos casos como los de las películas Rojo Amanecer de Jorge Fons en 1989 y el de La Ley de Herodes de Luis Estrada en 2000 que representaron intentos de censura para su exhibición en México. Peor aún ha sido el más reciente y escandaloso ridículo intento de censura en pleno año 2011 con el magnífico documental Presunto Culpable de los cineastas y abogados Roberto Hernández y Layda Negrete, en donde subordinados representantes de la ley hicieron un inútil conato de censura por encima de la Presidencia de la República y demás funcionarios de alto rango quienes abiertamente se opusieron al intento.

Primera emisión del FICUNAM 2011[editar]

El Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) es un festival de cine independiente nacional e internacional de corte autoral. Su primera edición se realizó en la Ciudad de México en el 2011, durante la segunda mitad del mes de febrero. El festival es una propuesta de la Coordinación de Difusión Cultural y un nuevo proyecto de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).

La Universidad Nacional Autónoma de México ha encabezado la vanguardia cultural y ha sido escenario de importantes sucesos en la vida cultural de México. FICUNAM encuentra su sede en planteles y sedes de la Universidad dentro de la zona metropolitana del Valle de México, principalmente en el CCU (Centro Cultural Universitario), en el MUAC (Museo Universitario Arte Contemporáneo), en las FES Acatlán y FES Aragón, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, Cinematógrafo del Chopo, etcétera. El galardón otorgado es la escultura realizada por el artista contemporáneo y exalumno de la Universidad Martín Soto Climent, el Puma de Plata.

Festival Internacional de Cine en Guadalajara[editar]

Logotipo Oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara

La Universidad de Guadalajara organiza desde 1985 el Festival Internacional de Cine en Guadalajara en el que se entrega el premio Mayahuel. En éste festival se exhibe una selección de largometrajes y cortometrajes nacionales e internacionales. Se lleva a cabo en el mes de marzo y convoca a las principales personalidades del cine nacional.

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara llega al 2012 a su edición número 27. En el transcurso de su historia el FICG ha logrado consolidarse como el mejor Festival en México y la principal vitrina para el mundo del Cine Mexicano e Iberoamericano, gracias al talento de sus nominados y al trabajo de los organizadores (FICG).

El festival quiere ante todo cumplir un papel social, que ofrezca a Guadalajara y al país una alternativa cultural para todos aquéllos que disfrutan del cine y desean acercarse a él.

Con el fin de acercar el cine al público, se exhibe una selección de largometrajes en las plazas y lugares públicos de la ciudad utilizando pantallas inflables.

Véase también[editar]

Notas[editar]

Enlaces externos[editar]