Cine mudo

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El cine mudo es aquel cine en el que no hay sonido sincronizado (especialmente diálogos) y consiste únicamente en imágenes.

La idea de combinar las imágenes con sonido grabado es casi tan antigua como la cinematografía en sí, pero hasta finales de los años 1920, la mayoría de las películas eran silentes. Este período anterior a la introducción del sonido se conoce como la "era muda" o el "período silente". Después del estreno de El cantante de jazz, las películas sonoras fueron cada vez más habituales y, diez años después, el cine mudo prácticamente había desaparecido. La era del cine silente, a menudo, es referida como "La edad de la pantalla de plata".

Historia[editar]

Artículo principal: Historia del cine

La escena del jardín de Roundhay, cortometraje de 1888

El contexto histórico de los inicios del cine mudo son: La Primera Guerra Mundial, los primeros automóviles, el Primer vuelo del hombre y el inicio de la Fotografía. Desde el Traumatropo en 1825, el zoótropo 1834, el cronofotógrafo de placa fija 1882 (donde kodak tenía lugar), el dibujo animado, hasta los quinetoscopios 1894, en marzo de 1895 nace el cinefotógrafo una cámara-proyector-impresora creado por los hermanos Lumiere. Un descubrimiento importante que se debe resaltar para entender la profundidad de campo en el cine es el invento de Reynaud: su teatro óptico, podría reconocerse como el primer animador formal.

La primera película muda fue realizada por Louis Le Prince en 1888. Era un filme de dos segundos que mostraba a dos personas caminando por un jardín y se tituló La escena del jardín de Roundhay.

El arte de la cinematografía alcanzó su plena madurez antes de la aparición de las películas con sonido, a finales de los años 1920. Muchos eruditos sostienen que la calidad estética del cine disminuyó durante varios años hasta que directores, agentes y el personal de producción se adaptaron al nuevo cine sonoro. En realidad, la calidad visual de las películas mudas –especialmente las producidas durante la década de 1920– era a menudo muy buena. Pero hay una falsa y muy frecuente idea de que estas películas eran primitivas y de mala calidad comparadas con los estándares modernos. Esta falsa concepción se debe a que tales películas presentaban errores técnicos (tales como velocidad de reproducción incorrecta) y a que muchas de esas películas antiguas se conocen por copias deterioradas: muchas grabaciones existen solamente gracias a las copias de segunda o incluso tercera generación que se hicieron, debido a que el filme original estaba ya dañado y descuidado.

En los pueblos pequeños había un piano para acompañar las proyecciones, mientras que en las grandes ciudades había órganos, o incluso una orquesta completa que podía ejecutar algunos efectos sonoros.[1]

Intertítulos[editar]

Dado que el cine mudo no podía servirse de audio sincronizado con la imagen para presentar los diálogos, se añadían cuadros de texto para aclarar la situación a la audiencia o para mostrar conversaciones importantes en donde se le daba una narrativa real del diálogo. Los intertítulos (o títulos, como se los llamaba en esa época) se convirtieron en elementos gráficos en sí mismos que ofrecían ilustraciones y decoraciones abstractas con comentarios sobre la acción.

El escritor de títulos se convirtió en un profesional del cine mudo, hasta tal punto que a menudo era mencionado en los créditos al igual que el guionista.

Características del cine mudo[editar]

El cine mudo era filmado en rollos de 35mm con una velocidad de 16 a 20 cuadros por segundo. Se caracteriza por no haber sonido directo, debido a que no se había avanzado técnicamente en ello. Existe una gran polémica con dicho género ya que no hay sonido directo sin embargo existe música, es musical pero a la vez se considera mudo. Posee actuaciones teatrales (pantomima) mas gestuales y enfáticas. En los inicios del cine mudo el plano que predomina es el plano general por el peso del cinematógrafo.

Música en vivo y sonido[editar]

En los comienzos del cine mudo, las partituras utilizadas fueron a menudo improvisadas o se utilizaba música clásica o repertorio teatral. Una vez los largometrajes se hicieron habituales, la música fue recopilada en la llamada Música de Photoplay-que estaba específicamente realizada para acompañar a los films-. Esta labor era realizada por el pianista, el organista, el director de orquesta o el estudio mismo, que enviaban una "partitura" de la música que debía acompañar la película. Desde que se hiciera una composición original, como la de Joseph Carl Breil para la épica película de David W. Griffith El nacimiento de una nación, se volvió relativamente común para las películas llegar a las salas de exhibición con partituras originales especialmente creadas para la ocasión.

Debido al tamaño de la producción del cine mudo, ésta empresa se convirtió en la principal fuente de empleo para los músicos (al menos en Estados Unidos). Pero la introducción de "películas habladas", la cual sucedió en el mismo momento que la Gran depresión, fue devastadora para los músicos.

Algunos países idearon otras maneras de ofrecer el sonido a las películas mudas. El cine temprano de Brasil ofreció cantatas de fitas: operetas con los cantantes interpretando detrás de la pantalla. En Japón, las películas tenían no sólo la música en vivo, sino también contaban con un benshi, narrador en vivo que proporcionaba las voces del narrador y los personajes. El benshi se convirtió en un elemento central en las películas japonesas, además proveía la traducción para las películas extranjeras (sobre todo norteamericanas). Su popularidad fue una de las razones por la que los filmes mudos persistieron bien entrados los años 30 en Japón.

Pocas composiciones han sobrevivido de este período, los musicólogos a menudo se encuentran con problemas al tratar de hacer una reconstrucción precisa de las composiciones que quedan. Las composiciones se pueden distinguir en cuatro tipos: reconstrucciones completas de composiciones hechas, compuestas para la ocasión, montadas de bibliotecas de música ya existentes o improvisadas nuevamente.

Un aspecto crítico en el desarrollo de la composiciones "mudas" es el órgano de teatro, diseñado para llenar un espacio entre un solista simple de piano y una orquesta más grande. Los órganos del teatro tenían una amplia gama de efectos especiales.

El interés en las composiciones de las películas mudas disminuyó en los años 60 y 70. Desde entonces surgió una tendencia en muchos de los programas de cine de las universidades y en los repertorios de los cines en los que la audiencia experimentó con películas que eran solo un medio visual, sin distracciones de música. Esta creencia se incrementó por la mala calidad de las pistas de música encontradas en muchas películas del momento. Más recientemente, ha habido un renacimiento en el interés de la presentación de las películas mudas, ya sea con recomposiciones de las obras originales, o bien, con composiciones originales adecuadas a la obra. Un hito en este aspecto fue la restauración de 1980 realizada por Francis Ford Coppola, de la película de Abel Gance Napoleón, original de 1927, para la cual el padre de este, Carmine Coppola, compuso un banda sonora original interpretada por la American Symphony Orchestra.

Destacan en el arte de arreglo e interpretación en las películas mudas, los especialista Steven Ball (del teatro de Michigan Ann Arbor), Rosa Rio (organista del Broklin Fox durante la era muda y ahora en el Tampa Theater), Ben Model, Neil Brand, Philiph C. Carli, Jon Mirsalis, Dennis James y Donald Sosin. Carl Davis ha creado nuevas composiciones para las películas de la era muda. Robert Israel ha escrito nuevas composiciones para las comedias de Buster Keaton y Harold Lloyd. Además de escribir nuevas composiciones, Timothy Brock ha restaurado muchas de las composiciones de Charlie Chaplin. Existen, además, agrupaciones dedicadas especialmente al acompañamiento de películas mudas, como la Silent Orchestra, la Alloy Orchestra y la Mont Alto Motion Picture Orchestra.

Velocidad de proyección[editar]

La mayoría de las películas mudas se filmó a velocidades más lentas que las películas con sonido (normalmente de 16 a 20 fotogramas por segundo frente a 24) por lo que, a menos que se apliquen técnicas especiales para mostrarlas a sus velocidades originales, pueden parecer artificialmente rápidas, lo que remarca su aspecto poco natural. No obstante, algunas películas mudas –particularmente las comedias– fueron filmadas a menor velocidad de manera intencional para así acelerar la acción.

En los años previos a la introducción del sonido se realizaron muchas películas mudas, pero un número considerable de ellas (algunos historiadores estiman que entre el 80 y el 90 por ciento) se ha perdido. Las películas de la primera mitad del siglo XX se filmaron en rollos de película de celuloide, que era inestable, altamente inflamable y requería de una conservación cuidadosa para evitar que se descompusiera con el tiempo. Aunque la mayoría de estas películas se quemó o fue destruida, se ha reciclado a muchas de ellas. La conservación de películas es una prioridad entre los historiadores.

Varios cineastas han prestado homenaje a las comedias de la era muda. Algunos de ellos son Jacques Tati con Las vacaciones de M. Hulot (1953), Jerry Lewis con El botones (1960), Mel Brooks con La última locura (1976), Maurizio Nichetti con Ratataplan (1979), Tricicle con Palace (1995), Eric Bruno Borgman con The Deserter (2004), Michel Hazanavicius con The Artist (2011) y Pablo Berger con Blancanieves (2012).

Color en el cine mudo[editar]

Entre 1895 y 1927, la inmensa mayoría de las películas se rodó en blanco y negro. Sin embargo, ya desde el principio muchos cineastas intentaron dar color a las filmaciones. Georges Méliès tenía un equipo de obreras que pintaban a mano los fotogramas de sus películas, logrando así que en la proyección se vieran en color.[2] Lo más habitual, sin embargo, era otro estilo de color, que se obtenía sumergiendo segmentos de película o la película completa en un tinte de un determinado color, lo que daba a la película un tono monocromo. Para mediados de los años veinte, se había desarrollado en la industria del cine todo un código de colores según el tipo de escena. Así, las escenas nocturnas solían teñirse de azul oscuro o verde, mientras que otras tenían otros colores. La elección de estos colores era tan importante que, durante el rodaje, en la claqueta solía especificarse, además del número de toma, el color con que la escena debía teñirse en postproducción. La compañía Technicolor comenzó a dar sus primeros pasos en el rodaje en color natural en la etapa del cine mudo, y así estrenó su primer rudimentario proceso de color en 1917 con The Gulf Between, la primera película en color en Estados Unidos, de la que se conservan sólo algunos fotogramas. El resultado no fue satisfactorio y habría que esperar a 1922 para que el proceso se perfeccionara y continuaran realizándose películas o fragmentos de películas en color, utilizando el proceso de Technicolor de dos colores, que utilizaba dos colores básicos en lugar de tres y que, por lo tanto, no permitía reproducir el 100% del espectro de color. Clásicos del cine mudo como Los diez mandamientos (versión de 1923), El fantasma de la Ópera o Ben-Hur contenían escenas rodadas en color.

El proceso de Technicolor continuó utilizándose durante los primeros años del cine sonoro hasta que, con el inicio de la Gran Depresión, el número de rodajes se redujo al mínimo y volvió a estandarizarse el blanco y negro. En los años cuarenta, los estudios se desentendieron de estas filmaciones en color. Technicolor, para hacer sitio en sus almacenes, destruyó los negativos, por lo que la mayoría de películas en color de este período se perdió o se conservan sólo copias en blanco y negro.

Referencias[editar]

Sadoul, George (1982). Historia del cine mundial (en Español) (Sexta edición). 

Enlaces externos[editar]