Especismo

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Especismo es un neologismo utilizado para referirse a la interacción considerada probablemente perjudicial del ser humano hacia seres vivos de otras especies. Es el reflejo ético del antropocentrismo que sitúa los intereses y las necesidades del ser humano por encima de las de otros seres vivos. El término fue acuñado en 1970 por el psicólogo Richard D. Ryder quien lo aplicó para describir la existencia de una discriminación moral basada en la diferencia de especie animal.[cita requerida]

No existe un consenso acerca del límite sobre el que se traza el especismo, mientras para unos el criterio diferenciante es la capacidad de sentir dolor, para otros debería ser la complejidad intelectual, aunque el especismo en sentido amplio abarca todos los seres vivos. El biólogo Richard Dawkins ha hablado acerca de este límite.[1]

Historia[editar]

Origen[editar]

Especismo’ o ‘especieísmo’ es un término acuñado en 1970 por el psicólogo Richard D. Ryder. Definió a este como “una discriminación moral basada en la diferencia de especie animal”. El primer libro en el que apareció dicho término fue Animals, Men and Morals: An Inquiry into the Maltreatment of Non-Humans (Taplinger, New York, 1971).

Propagación del término[editar]

Peter Singer empleó más tarde (en 1975) el término ‘especismo’, en su libro Animal Liberation: A New Ethics for Our Treatment of Animals. Posteriormente, a mediados de los años 70, autores como Stephen Clark y Andrew Linzey publicaron otros libros citando al concepto en cuestión.

Fue en 1979 cuando el término ‘speciesism’ se tradujo al castellano en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora. El filósofo José Ferrater Mora tradujo el término como especieísmo, si bien a lo largo de los últimos años está mucho más extendida la palabra especismo.

Discusión filosófica[editar]

A pesar de que han sido muchos los pensadores y filósofos que se han referido a la cuestión animal, aquí figuran algunos de los que, de forma más decisiva, han influido en la consideración hacia los mismos.

El pensamiento occidental ha tendido a justificar cualquier acción humana sobre los animales sin ningún tipo de consideración ética hacia ellos. Las razones de dicha exclusión han sido varias, pero las podemos sintetizar en la afirmación de la superioridad radical de los animales humanos sobre los no humanos. Aristóteles, por ejemplo, en su Política afirmaba: “(…)Las plantas existen para los animales, y los demás animales, en beneficio del hombre; los domésticos para su utilización y su alimentación, y los salvajes –si no todos, al menos la mayor parte de ellos-, con vistas a la alimentación y a otras ayudas, para ofrecer tanto vestidos como otros utensilios. Por consiguiente, si la naturaleza no hace nada imperfecto ni en vano, es necesario que todos esos seres existan naturalmente para utilidad del hombre.” La misma tradición judía y luego la cristiana, minusvaloraron la posición de los animales dentro de la esfera de la existencia, otorgándoles un puesto de simple servicio al hombre, como el propio Aristóteles.

René Descartes sostenía que los animales no eran más que autómatas, o máquinas que no poseían alma, la cual es necesaria para tener conciencia. Por ello los animales están totalmente desprovistos de entendimiento y no pueden experimentar dolor, placer ni otras sensaciones o emociones. Éste estimaba que los animales no tenían conciencia dado que no utilizaban el lenguaje verbal o de signos.

Locke y Kant mantenían que los animales no tienen intereses moralmente significativos y que nosotros no tenemos respecto de los animales obligaciones directas, aunque no debemos causarles daño "de forma gratuita", pues tal conducta hace menos verosímil el que actuemos de forma cuidadosa respecto de otros humanos, violando con ello nuestras obligaciones morales hacia estos. En cualquiera de los dos casos, los animales quedan excluidos, en el fondo, de la comunidad moral.

Una posición diferente a los arriba citados es la mantenida por Jeremy Bentham. Consideraba que, puesto que los animales poseen la capacidad de sentir, tenemos la obligación moral y legal directamente con ellos de no infligirles sufrimientos innecesarios. Una posición similar a la mantenida por Bentham será defendida con posterioridad por Peter Singer. Singer considera que el especismo vulnera el principio de igual consideración de los intereses. Defiende que, si bien pueden existir diferencias entre humanos y animales no humanos, ambos comparten la capacidad de sufrir, y debemos dar una consideración igual a ese sufrimiento. De conformidad con esta posición, casos similares deben ser tratados de maneras similares.

Paola Cavalieri sostiene que el paradigma humanista actual es que solamente los seres humanos son miembros de la comunidad moral, y que todos ellos merecen igual protección. Dicho paradigma contiene un aspecto inclusivo (todos los seres humanos merecen igual protección) y uno exclusivo (solo los seres humanos tienen ese estatus)[cita requerida].

Ámbitos en los que se desarrolla el especismo[editar]

Alimentación[editar]

Culturalmente los grupos humanos han adoptado una serie de dietas diferentes según los recursos que el lugar dotaba a dichas comunidades. Gran parte de las sociedades que pueblan nuestro planeta integran en su dieta alimentos de origen animal. Cada sociedad adopta en su dieta diferentes tipos de animales. Así es como en occidente se consumen vacas, mientras que en la India se considera a éstas como sagradas; y en países asiáticos como China se consumen perros, mientras que en países occidentales se consideraría este consumo como un acto cruel.

El consumo de carne en nuestra alimentación y la producción de esta, ocasiona que cada año mueran 60.000 millones de animales criados en cautividad. Al aumentar la población cada año, estas cifras se acentuarán aún más. Según fuentes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cada segundo mueren en el mundo aproximadamente 2.000 animales, 345 millones al día aproximadamente, más unas 140 millones de toneladas de peces. Se consumen muchos más animales acuáticos que aves y mamíferos juntos.

Según datos de la FAO correspondientes al año 2007 las cifras de animales muertos anualmente en el mundo para consumo humano serían las siguientes:[2]

50.000 millones de pollos 2.715 millones de patos
1.388 millones de cerdos 1.169 millones de conejos
648 millones de gallinas 635 millones de pavos
564 millones de ovejas 402 millones de cabras
301 millones de bóvidos 57 millones de otras aves
23 millones de búfalos 10 millones de perros
5 millones de caballos 1,5 millones de camellos

Experimentación[editar]

Cuando hablamos de experimentación animal nos referimos a la utilización de animales con fines experimentales ya sea en investigación militar, médica, cosmética o en el campo de la docencia. Según la British Union Against Vivisection se calcula que unos 115 millones de animales son usados anualmente en experimentos de todo tipo, causando a estos dolor, estrés, sufrimiento prologando e incluso la muerte. Los más comúnmente utilizados son los ratones, ratas, hámsteres, cobayas, conejos y monos, entre otros. Su origen es diverso; proceden tanto de criaderos propios del laboratorio, como de criaderos externos, captura del medio ambiente, así como de perreras. Según un informe de la Comisión Europea, En Europa son utilizados 11,5 millones de animales; y según el informe anual del Estado español, las cifras han ido aumentando desde el 2005 hasta el 2009.

Muchas asociaciones investigan estos experimentos analizando la situación de los animales, como la BUAV (Unión Británica por la Abolición de la Vivisección) y la RSPCA (Sociedad para la prevención de la crueldad con animales). Entre los experimentos más criticados destacan la prueba LD50 “dosis letal 50%”: se trata de analizar cuál es la cantidad de sustancia que causará la muerte a la mitad de los animales de este experimento, envenenándolos; prueba destinada a la investigación médica. Y el Test Draize, prueba destinada a desarrollar nuevos productos de cosmética, que consiste en encerrar conejos en cajones de manera que solo la cabeza quede fuera y aplicar en un ojo el producto que se investiga.

Entretenimiento[editar]

El entretenimiento con animales consiste en el uso de estos para la diversión humana. En este ámbito existen diferentes posturas entre las sociedades y culturas, con lo que no existe una idea de rechazo o aceptación generalizada.

Entre los casos de entretenimiento tenemos a la tauromaquia. Se define como el “arte y técnica de lidiar toros, tanto a pie como a caballo”. Es practicado principalmente en España, Portugal y el sur de Francia. En estos espectáculos son usados como animal principal el toro, aunque también se usan caballos. Esta práctica es duramente criticada por defensores de los animales y diversas asociaciones creadas especialmente para hacerle frente. Las estadísticas muestran que el interés ha ido descendiendo, hasta llegar a un 30% de población interesada, según muestra un estudio de Gallup en junio de 2002. Cabe destacar que la oposición ha llevado a la prohibición de estos espectáculos en diversas poblaciones de España. También se incluyen dentro de la tauromaquia las fiestas populares que usan toros, entre otros animales, a modo de diversión, como el Toro de Vega, en Tordesillas, Valladolid.

Los circos son espectáculos que usan animales adiestrados. Se critica principalmente el trato hacia los animales, los cuales realizan trucos antinaturales para la especie determinada[cita requerida]. La Organización Mundial de Sanidad Animal realizó un estudio en 2004, por el cual se fijan cinco necesidades básicas de todo animal, las cuales no eran cubiertas en los circos[cita requerida]. Los animales de los circos pasan de media entre un 70% y un 98% de su tiempo enjaulados y transportados, provocando enfermedades como la zoocosis: neurosis animal provocada por el cautiverio[cita requerida]. Los animales más usados son los elefantes, leones, tigres, caballos, monos, osos, camellos, etc.

Los zoológicos, son los recintos en los que se mantiene en cautividad a animales salvajes, y son expuestos y criados con fines didácticos, de conservación y entretenimiento humano. En estos entornos artificiales los animales no son capaces de desarrollarse con un comportamiento natural de su entorno. Se defiende que en los zoológicos los animales gozan de una vida más larga que en una vida en libertad, pero estudios como el publicado en la revista Science[cita requerida], demostró cómo de 4.500 elefantas, las que gozaron de una vida más larga, residían en un parque nacional de Kenia, donde vivían en libertad.

En el ámbito de entretenimiento también encontramos la caza y pesca, presentadas como deporte; consiste en matar animales, salvajes o criados, para este fin. En España mueren en caza cerca de 30 millones de animales al año, unas 850.000 personas tienen licencia para cazar y según la FAPAS cada año mueren 24 personas en España durante las cacerías. Los vencedores en estos deportes reciben un trofeo, normalmente el cadaver del animal. En caza mueren al año unos 50.000 galgos sirviendo en la cacería.

Entre otras formas de entretenimiento tenemos las peleas de perros o de gallos, que aunque están penadas por ley, se continúan haciendo clandestinamente, destacando en EE.UU. Otras formas como los rodeos, las carreras de caballos, perros y otras especies, el uso de animales en televisión, cine o teatro son también ámbitos que influyen en el entretenimiento con animales.

Vestimenta[editar]

La piel y pelo de los animales son usados para vestir al ser humano. Aunque pueda parecer que la industria textil, sobre todo la industria del cuero, es un subproducto de la industria alimentaria cárnica, ha avanzado tanto y su demanda es tan elevada, que se ha convertido en una industria independiente. Para la fabricación mueren al año aproximadamente 20 millones de animales capturados, y 40 millones criados para este fin, sin contar las pieles de animales de la industria cárnica. Para este fin encontramos animales de todo tipo, desde vacas, ovejas, cabras, cerdos, chinchillas, zorros, visones, cocodrilos, etc.

Se hacen distinciones entre las pieles de unos animales, como la piel de visón, zorro o chinchilla, que debido a su elevado precio otorga a su comprador un símbolo de estatus lujoso; mientras que el cuero es adquirido por un precio mucho menor, más asequible. Esta industria, sea cual sea el tipo de piel que comercializa, sobrevive gracias a la industria de la moda, su gran demandante.

La mayor parte de las granjas de pieles se encuentra en Europa, unas 6000, entre Dinamarca, Finlandia, Holanda o Rusia, según informa la WSPA (World Society for the Protection of Animals)[cita requerida]. En cuanto al cuero, su principal productor es la India, y su principal demandante EE.UU.

En cuanto al pelo, los más usados son la lana y las plumas; la lana, fibra natural obtenida de las ovejas, llamas o alpacas; son esquiladas y su pelo es tratado en la industria textil. Su mayor productor es Australia, con un 30% de producción de oveja Merino. Las plumas por su parte, son usadas en vestimenta y ropa de abrigo, así como menaje del hogar; se obtiene de aves de la industria cárnica y de aves criadas específicamente por su plumaje. Hungría, Polonia y China son los principales productores de plumas procedentes de animales criados específicamente para este fin.

Crítica[editar]

Como en toda tradición crítica existen, al respecto, una gran diversidad de corrientes que divergen en importantes aspectos dentro de su base teórica y práctica. En líneas generales podrían dirimirse dos posturas predominantes: los bienestaristas y los abolicionistas.

La diferencia es importante: los primeros responden a una visión antropocéntrica del mundo, defendiendo la utilización y el trato “humano” de los animales no humanos; los segundos abogan por el fin de la explotación animal y promueven el antiespecismo y el veganismo ético, como un estilo de vida que rechaza de forma frontal la explotación y la discriminación basada en la diferencia de especie. El profesor español Óscar Horta se ha destacado por su exhaustivo análisis filosófico del concepto de especismo, afirmando que el argumento de la superposición de especies deja a las defensas del antropocentrismo en una «posición extremadamente precaria», y lleva a concluir que en el fondo se trata de una posición especista.[3]

Quien se oponga a los derechos de los animales y sostenga que el hecho de ser persona se basa en ser miembro de la especie Homo Sapiens no es más que un fanático de la especie, no más sensato que los fanáticos de la raza que otorgan mayor valor a la vida de los blancos que a la de los negros. Después de todo, los demás mamíferos luchan por seguir vivos, experimentan el placer y sufren el dolor, el miedo y el estrés cuando su bienestar peligra. Los grandes simios también comparten nuestros placeres más elevados de la curiosidad y el amor a los parientes, y nuestros dolores más profundos, el aburrimiento, la soledad y la pena. ¿Por qué se iban a respetar esos intereses en nuestra especie y no en las demás?

Ambas corrientes parten del reconocimiento de la sensibilidad de los animales, es decir, de su capacidad para sentir dolor y placer, para reconocer que estos poseen una serie de intereses moralmente relevantes. Continuando con este razonamiento reconocen la necesidad de aplicar el principio de igual consideración, que aduce que a intereses similares, similar ha de ser la consideración de los mismos.

En este punto se produce una diferencia que cabe destacar entre lo defendido por ambas posturas: los antiespecistas abolicionistas sostienen, por lo general, que es preciso reconocer derechos a los animales para así proteger sus intereses, mientras que los bienestaristas (ligados por lo general al utilitarismo) niegan la existencia de derechos legales, ya que estos son inquebrantables por definición y, sin embargo, ellos estarían de acuerdo con violentar un derecho si esto produce más utilidad que perjuicio.

Desde la teoría antiespecista se trata de evidenciar que los argumentos que se dan a favor del uso de animales no humanos tienen un trasfondo especista y que, por lo tanto, son arbitrarios. Algunos de estos argumentos resaltan aspectos como la racionalidad, la capacidad para usar un lenguaje u otras cualidades de tipo cognitivo que, en teoría, son características de los seres humanos y no de otros animales. Sobre estas diferencias se construye la discriminación que relega a los animales no humanos al plano de la mera propiedad, eximiéndoles de una verdadera consideración moral. El hecho que imposibilita que los intereses de los animales no humanos sean tomados en consideración es su estatus de propiedad. Al no ser considerados más que como objetos; bienes muebles, los intereses de éstos no pueden entrar en competición con los de su ‘dueño’, ya que todo él está supeditado a la voluntad del propietario, el cual podrá darle el valor a su pertenencia que él estime.

Esta corriente crítica sostiene al respecto que, en primer lugar, es falso que ningún animal no humano posea cualidades tales como la racionalidad o el lenguaje, siendo poseedores de estas en distintos grados. Y por otro lado resalta el hecho de que no todos los humanos poseen las capacidades ya mencionadas. De hecho, una gran cantidad de personas, entre los que se encontrarían personas con senilidad avanzada, diversidad funcional intelectual o niños de corta edad no poseen estos atributos y no por ello se les niega un estatus moral particular. Es importante entender que no se trata de pequeñas minorías o colectivos marginales si no que todos pasamos por períodos de nuestra vida en los que carecemos de estas capacidades y, por tanto, según esta línea argumentativa, se nos debería privar de toda consideración moral o de derechos. Obviamente esto no sucede, siendo así evidente el trasfondo especista que subyace en estos razonamientos.

A su vez, como todos los sondeos recientes muestran, la mayor parte de la población está de acuerdo en que está ‘mal’ infligir sufrimientos innecesarios a los animales. Y por otro, la inmensa mayoría de sufrimientos que se les causa, no se pueden considerar necesarios en el sentido estricto de la palabra. Sin duda, hay una gran disparidad entre lo que decimos respecto a la consideración moral de los animales y cómo los tratamos realmente. Este fenómeno es lo que en términos psicológicos se denomina disonancia cognitiva.

Por otro lado, es conveniente señalar que no todos los animales son sintientes, y dado que gran parte del hilo argumentativo parte de esta afirmación, al día de hoy resulta difícil establecer una línea que separe a los que son capaces de experimentar conscientemente dolor y los que no. Si bien, para poder diferenciar a animales conscientes de animales únicamente vivos, se pueden emplear una serie de criterios:

  • El primero es un criterio fisiológico. Podemos afirmar con seguridad que un animal posee sensibilidad cuando está dotado de un sistema nervioso centralizado que permite al sujeto no sólo recibir el estímulo, si no tener la experiencia que le ocasiona tal estímulo.
  • La lógica evolutiva constituye el segundo de los criterios. La capacidad de sufrir y disfrutar posibilita a los seres con la capacidad de moverse, pudiendo así huir de aquello que les daña y acercarse a lo que les puede beneficiar. Sería en cierto modo absurdo que el animal desarrollara tal sensibilidad y no pudiese efectuar desplazamientos.
  • El tercer y último de estos criterios es la conducta. Las gesticulaciones, actitudes y comportamientos son manifestaciones que aportan motivos para creer que el sujeto puede estar sintiendo placer o dolor, ya sea éste humano o no humano.

En las últimas décadas aumentó la conciencia sobre el respeto a los animales y han ido surgiendo una serie de organizaciones, asociaciones e incluso partidos políticos donde la lucha por defender la vida animal se halla muy presente.

Así podemos destacar a PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal), que es un partido político español fundado en 2003, la Fundación Altarriba, entidad creada con la finalidad de contribuir a la protección de los animales mediante acciones y programas, la Fundación Faada, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la protección de todos los animales. Entre otras muchas más nos encontramos con La Asociación Animalista Libera, Igualdad Animal (cuyas investigaciones en granjas han conseguido tener bastante repercusión en muchos países), la Fundación ANDA, la Asociación ANAA, entre otras.

Internet es una herramienta que ha facilitado la expansión del movimiento antiespecista. Varios documentales y conferencias que están colgados en la red, han supuesto una revolucionaria apertura de conciencia en millones de internautas. Entre estos vídeos, mensajes y documentales, podemos destacar el documental de Earthlings (ganador de múltiples premios, producido y dirigido por Shaun Monson y coproducido por Persia White). Por otro lado, cabe subrayar entre otros, al activista Gary Yourofsky que ha tenido también bastante repercusión y se le ha considerado como un “agitador de conciencias”.

Siguiendo con este intento por desenmascarar al pensamiento especista en cada uno de los argumentos esgrimidos para la instrumentalización del resto de animales, los autores antiespecistas analizan nuestra relación con los animales no humanos en ámbitos como los siguientes: alimentación, vestimenta, experimentación, entretenimiento y sufrimiento en la naturaleza.

Alimentación[editar]

Más allá de las discusiones en cuanto a la condición del ser humano como animal omnívoro o herbívoro, hay personas que adoptan un modo de vida vegano.

La postura oficial de la Academia de nutrición y dietética de los Estados Unidos y los Dietistas de Canadá (2003) es que las dietas veganas, si están bien planificadas, son «apropiadas para todas las etapas del ciclo de la vida, incluso durante el embarazo, la lactancia, la infancia y la adolescencia.»[5]​ y advierten de los riesgos de una mala planificación y la falta de suplementación de diversos nutrientes.[5]​ En los lactantes amamantados por madres veganas, el riesgo de sufrir carencias de vitamina B12 es muy elevado, por lo que una fuente regular de esta vitamina es esencial para las mujeres en período de gestación y lactancia, o para los bebés si su madre no toma ningún suplemento.[5]​ Las dietas vegetarianas suelen ser altas en ácido fólico, lo cual puede enmascarar la deficiencia de vitamina B12 y no hacerse evidente hasta que ya se han producido trastornos neurológicos y aparecen los primeros síntomas.[5]

En 2011, la Sociedad Alemana de Nutrición se pronunció en contra de una dieta vegetariana para las mujeres en gestación y para aquellos en edad de crecimiento. Pues cuanto más selectiva sea la dieta, tanto mayor será el riesgo de deficiencia de nutrientes.[6]

Como resultado de la eliminación de todos los productos de origen animal, las dietas veganas pueden provocar importantes carencias nutricionales,[7][8]​ que solo pueden ser prevenidas mediante la elección de alimentos fortificados o la toma regular de suplementos dietéticos,[7][9][10]​ para lo cual es esencial una educación y evaluación personalizada por parte de los profesionales en nutrición.[8]​ Para comprender las funciones básicas de los micronutrientes, elaborar suplementos dietéticos y ajustar su dosificación se lleva empleando desde hace muchas décadas la experimentación con animales.[11][12][13]​ Los riesgos de carencias nutricionales y consecuencias graves sobre la salud son especialmente importantes durante el embarazo, en los bebés y en los niños,[5]​ que en algunos casos han provocado la muerte.[14][15][16][17]

La deficiencia de vitamina B12 es muy frecuente entre los veganos, lo cual puede provocar trastornos neurológicos, retraso psicomotor, alteraciones vasculares tempranas, un aumento del riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la ateroesclerosis y, en casos extremos, la muerte.[18][19][14]​ Por otro lado, suelen presentan menor masa ósea y tienen un riesgo de fracturas un 30% mayor si el aporte de calcio no es suficiente.[8]​ Asimismo, los niños que siguen dietas veganas son en general más pequeños.[5]​ Otras complicaciones documentadas en niños incluyen raquitismo, escorbuto y kwashiorkor.[14]

Experimentación[editar]

El especismo en este ámbito de la experimentación, hace considerar a los animales como un objeto más en la investigación, un instrumento, un útil de laboratorio; y no como criaturas que sienten y sufren. Puesto que el especismo es una actitud favorable a los intereses de los miembros de nuestra especie, y autoriza a ésta a utilizar a otras para sus propios fines (como dijo Peter Singer), resulta obvio que la experimentación animal es del todo especista. Tras la aparición en 1975 del libro de Peter Singer, Animal Liberation: A New Ethics for our Treatment of Animals, se avanzó mucho en la eliminación de pruebas con animales, debido a la perseverancia de gran cantidad de personas que se opusieron a estos experimentos.

No obstante, como subraya la Comisión Europea, la experimentación con animales continúa siendo necesaria, y no solo para proteger la salud de los seres humanos, sino también la de los animales y para mantener un medio ambiente intacto.[20]

La Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) señala que "Prácticamente todos los protocolos actuales para la prevención, curación y control de las enfermedades, de los antibióticos a las transfusiones de sangre, de la diálisis al trasplante de órganos, de las vacunas a la quimioterapia, de las operaciones quirúrgicas de corazón a la sustitución de huesos y articulaciones en cirugía ortopédica, se basan en el conocimiento obtenido mediante investigaciones realizadas en animales de laboratorio."[21]

Para que los medicamentos sean aprobados, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) exige que el fabricante o patrocinador realice una serie de pasos que incluyen primero estudios en laboratorio y con animales, previos a los ensayos clínicos con humanos.[22]

Asimismo, la experimentación con animales también se lleva empleando desde hace muchas décadas para comprender las funciones básicas de los micronutrientes y la elaboración de suplementos dietéticos, como los que son imprescindibles para evitar ciertas deficiencias nutricionales en las personas que siguen dietas vegetarianas, y calcular sus dosificaciones.[11][12][13]

Entretenimiento[editar]

El ejemplo más claro es la tauromaquia; negocio que se lucra de la tortura y la muerte del animal, una actividad con denominaciones como fiesta nacional, cultura y tradición. Desde un punto de vista antiespecista, esta tradición es considerada una barbarie. Existen más planos donde el especismo se plasma en el ámbito del entretenimiento, como los circos, zoos, acuarios, encierros, peleas de perros, cacerías, pesca deportiva, carreras de caballos y galgos, etc.

Obviamente, desde la mirada antiespecista, estos actos de entretenimiento resultan innecesarios y abusivos, ya que el ser humano es capaz de disfrutar sin perjudicar a cualquier otro ser.

Vestimenta[editar]

Existe cierto rechazo con respecto a ciertas prendas de piel de algunos animales, como los visones, pero por lo general la sociedad acepta ampliamente la piel de vaca y otros.

Existen diversas formas de vestimenta que, si bien no causan una muerte directa o "visible" de animales, como el cuero sintético, el algodón o prendas acrílicas capaces de servir de abrigo al ser humano, no evitan la muerte ni el sufrimiento de animales silvestres. Según Claudio Bertonatti, naturalista, museólogo y docente, ex-vegano: "Entiendo que puede ser doloroso, a mí también me gustaría vivir en un mundo ideal, pero la realidad es otra. No todos, pero muchos veganos creen que no causan ninguna muerte, lo mismo que la gente que viste sólo ropa de algodón, y sí lo hacen".[23][24]

La producción agrícola es una parte integral de la vida de todos los seres humanos, que nos abastece de alimentos y materias primas para la elaboración de muy diversos productos, como el algodón para prendas de vestir.[25]​ Existe una gran sensibilidad hacia los animales domésticos pero el enorme impacto negativo sobre los animales silvestres de las técnicas agrícolas se vuelve "invisible" y poco emotivo.[23][26]​ La agricultura tiene una enorme repercusión negativa sobre la Tierra.[26][27]​ Provoca la reducción de la superficie disponible para la vida silvestre, destruye gran número de insectos, plantas y animales, tanto directamente en la preparación de los terrenos y mediante el uso de plaguicidas u otros métodos para defender los cultivos (incluyendo envenenamientos y caza a tiros), como por la contaminación de las aguas por los fertilizantes y los plaguicidas, y sus efectos negativos sobre la cadena alimenticia.[27][24]​ Todo ello provoca una pérdida de biodiversidad, que no se reduce ni siquiera en aquellos países que valoran y protegen la naturaleza. Asimismo, los insecticidas, herbicidas y fungicidas contaminan el agua dulce con compuestos carcinógenos y otros venenos que, además de afectar a muchas formas de vida silvestre, perjudican la salud de los seres humanos. La agricultura es también una importante fuente de contaminación del aire y de gases que contribuyen al efecto invernadero y la lluvia ácida.[27]​ La superficie de tierra correspondiente al cultivo de alimentos destinados al ganado representaba en 2006 el 34% del total de tierras cultivables.[28]

Asimismo, algunas prendas de vestir utilizadas por los veganos éticos, particularmente las elaboradas con sucedáneos de cuero, están hechas de productos a base de petróleo; esto ha desatado críticas debido a los daños asociados a su producción.[29][30]

Fuentes bibliográficas[editar]

  • Position of the American Dietetic Association: Vegetarian diets. J Am Diet Assoc. 2009; 109: 1266-1282.
  • SINGER, P. “Animal Liberation: A New EthicsFor Our Treatment of Animals”, New York, 1975.
  • L. FRANCIONE, Gary. “Introduction to Animal Rights: Your Child or the Dog”, Temple University Press, Philadelphia, 2000.

Referencias[editar]

  1. «Richard Dawkins y la cuestión del especismo». Consultado el 16 de julio de 2017. 
  2. «Consumo de carne». 25 de septiembre de 2012. Consultado el 12 de mayo de 2014. 
  3. Horta, Óscar. «Ética más allá de la especie». Blog. 
  4. Steven Pinker. La Tabla Rasa. pag.335
  5. a b c d e f American Dietetic Association; Dietitians of Canada (junio de 2003). «Position of the American Dietetic Association and Dietitians of Canada: Vegetarian diets» [Posición de la Asociación estadounidense de dietistas y de los Dietistas de Canadá: dietas vegetarianas] (pdf). ADA Reports (en inglés) (American Dietetic Association). Vol. 103 (No. 6). 
  6. Deutsche Gesellscahft für Ernährung e.V. (13 de septiembre de 2011). «Kinder vegetarisch ernähren – ja oder nein?» (en alemán). Deutsche Gesellscahft für Ernährung e.V. Consultado el 17 de julio de 2014. 
  7. a b Craig, W (mayo de 2009). «Health effects of vegan diets» [Efectos de las dietas veganas sobre la salud]. Am J Clin Nutr (Revisión) (en inglés) 89 (5): 1627S-1633S. PMID 19279075. doi:10.3945/ajcn.2009.26736N. 
  8. a b c Craig WJ1, Mangels AR; American Dietetic Association (julio de 2009). «Position of the American Dietetic Association: vegetarian diets». J Am Diet Assoc (Guía médica) 109 (7): 1266-82. PMID 19562864. 
  9. Office of Dietary Supplements (24 de junio de 2011). Vitamin B12 [Vitamina B12]. Dietary Supplement Fact Sheet (en inglés). U. S. Department of Health & Human Services — National Institutes of Health. Consultado el 22 de junio de 2014. 
  10. U.S. Department of Agriculture. U.S. Department of Health and Human Services, ed. (2010). «Dietary Guidelines for Americans» (pdf) (en inglés). Center of Nutrition Policy and Promotion. pp. 49, 52, 53. Archivado desde el original el 27 de octubre de 2011. 
  11. a b Ross AC (enero de 2012). «Use of laboratory studies for the design, explanation, and validation of human micronutrient intervention studies». J Nutr 142 (1): 157S-60S. PMC 3237234. PMID 22090470. doi:10.3945/jn.111.140616. 
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