Moda

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Gisele Bundchen

La moda (del francés mode, y éste del latín modus, "modo" o "medida").[1] Se trata de un conjunto de tendencias en el vestir (ropa, accesorios), en los estilos de vida y en las maneras de comportarse, que marcan o modifican (temporalmente) la conducta de una o varias personas. Las tendencias de la moda dependen de muchos factores: sociales, económicos y políticos, entre otros (véase globalización).

Teorías sobre la naturaleza de la moda[editar]

Se pueden dividir los estudios sobre la moda fundamentalmente en dos corrientes principales. La primera, aquellos que estudian la moda como un mecanismo de transmisión vertical, fundamentalmente de arriba a abajo, y por otro lado los estudios que entienden que la moda es producto de un proceso de interacción horizontal, existiendo jerarquías entre los símbolos, pero que no se determinan de forma categórica unos a otros.[2]

La moda y sus contradicciones[editar]

Para Georg Simmel la moda es una forma de relación social que permite a los sujetos integrarse dentro de un grupo con más facilidad, ya que la apariencia se modela con más facilidad que el comportamiento. Las mismas características que facilitan la integración, también facilitan la diferenciación.

La contradicción se encuentra en que una persona que adquiere una estética determinada para revelarse como singular, desviándose de las corrientes de moda más comunes, en realidad está creando otra distinta. Se ven como disidentes frente a un grueso de imitadores, pero para Simmel eso no es más que una forma inversa de imitación.

Otra contradicción es que la propagación de una tendencia en la moda desemboca necesariamente en su fracaso. Toda moda ampliamente aceptada pierde su atractivo al dejar de ser un elemento diferenciador. [lucah 1]

Teorías sobre la transmisión vertical[editar]

Thorstein Veblen y Bourdieu[editar]

En su obra La teoría de la clase ociosa, Veblen relata cómo la moda es una herramienta que la clase ociosa usa para diferenciarse del resto de clases, fundamentalmente las más bajas. Se contrapone la belleza y el el simbolismo del ocio, relacionado con el ser pudiente, con la sobriedad y eficacia de las prendas de las clases bajas e industriales. Bourdieu llama a esto práticas distintivas, manifestación de la lucha de clases, en este caso simbólica, cuyo objetivo es perpetuar la desigualdad entre las mismas.

La difusión vertical de los gustos es el mecanismo según el cual, argumenta Veblen, la moda se transmite de una clase a otra, pues toda clase imita a la inmediatamente superior. Los miembros de una clase se pueden identificar entre ellos al estar en un mismo nivel, y diferenciarse de otros al haber una barrera que los separa con el resto.

El gusto diferenciado de cada clase no es inherente a sus miembros. Según Bourdieu es la consecuencia de la socialización de los individuos dentro de las mismas. Su familia, su escuela, sus amigos de la infancia, etc. Este gusto se aprende del contexto, y se interioriza. El término nuevo rico tiene una connotación despectiva, pues designa a alguien que si bien acaba de llegar, en términos económicos, a una nueva clase, no lo ha hecho en términos simbólicos, ya que no viste y se comporta de la misma manera, no ya por voluntad sino porque se ha socializado como alguien pobre, con unos esquemas mentales que le permiten procesar la realidad que le rodea para esta clase en concreto, no para otra.[2]

Teorías sobre la transmisión horizontal[editar]

Simmel considera que la moda es simplemente una herramienta que los individuos utilizan para liberarse de la angustia de la elección, al poder considerase miembro de un grupo con facilidad. La individualidad exige una serie de responsabilidades que se diluyen en el grupo, y obliga a los sujetos a defenderse por sus propias fuerzas (de los ataques simbólicos, se entiende). La moda sería aquí un mecanismo que responde a una necesidad social, y por tanto no se le puede buscar una finalidad última.

Conforme mayor sea la dificultad de los individuos para diferenciarse, más febril es el combate simbólico de distinción-imitación que sucede entre diferentes clases, exigiando esto, a su vez, más cambios y a mayor velocidad para satisfacer esta demanda. Y aquí el sistema productivo responde con una mayor obsolescencia.[3]

Keynes y el concurso de belleza[editar]

Keynes ideó la metáfora del concurso de belleza para explicar el funcionamiento de los mercados bursátiles, pero sirve también para explicar el funcionamiento de la moda desde la perspectiva de la transmisión horizontal.

Imaginemos un concurso donde debemos elegir entre seis rostros aquel que consideremos que será el más votado. Si somos perspicaces nos daremos cuenta de que no debemos escoger en función de nuestro gusto particular, ni tampoco en el gusto mayoritario. Suponiendo que el resto de concursantes son igual de perspicaces que nosotros, debemos escoger el rostro en función de lo que pensamos que otros pensarán. Se trata de un juego de pienso que piensa que yo pienso sin fin. ¿Escogerán los demás en función de su gusto individual? ¿De la media de los gustos particulares? ¿O escogerán pensando en las estrategias de otros participantes?. En definitiva, todas las personas, aunque no lo sepan, participan en un concurso de belleza. El problema que plantea, es que es imposible adivinar el resultado con certeza.[3]

Historia de la moda en la industria del vestido[editar]

Diseño de moda de 1909
Norma Talmadge, prototipo de flapper.

Siglo XVI[editar]

En el Renacimiento italiano se acostumbraba por parte del género masculino el uso de capa corta y sin capucha, birrete, sombrero con plumas y zapatos de punta roma y ancha. Las mujeres también llevaban bullones y acuchillados en las mangas, y su gorguera rizada, además de las faldas y sobrefaldas, jubones y corpiños, capas o mantos rozagantes y su cofia para la cabeza.

A partir de la segunda mitad del siglo, la creciente importancia de la monarquía española, impone en Europa el estilo de la corte del emperador Carlos I de España, un estilo de gran sobriedad, caracterizado por el uso de colores oscuros y prendas ceñidas, sin arrugas ni pliegues y aspecto rígido, sobre todo en las mujeres en las que se impone el uso del verdugado. En el borde superior de la camisa se usó un cordón que dará lugar a la gorguera o lechuguilla.

Siglo XVII[editar]

En esta época domina la moda francesa, tanto en hombres como en mujeres. Se utilizaban los calzones cortos con medias de seda, chupa y casaca que, a mediados del siglo, se vuelve más reducida y con pliegues laterales hacia atrás y mangas estrechas. Con la caída de la dinastía francesa vuelve el traje simple y se llevan calzones ajustados hasta media pierna, chaleco, corbata y casaca, faldones con cuello alto y vuelo, pelucas empolvadas y rematadas por un lazo, incluso sombreros de tres o dos picos. Después de la revolución, se deja el cabello largo y liso, sombreros de copa alta cónica o en tubo, con alas cortas y más tarde zapatos con tacón de color al que se añaden lazos o hebillas y botas altas con vueltas. La mujer viste con painers o verdugados anchos y aplastados en los dos frentes, corpiño acorsetado y escote con gasas o encajes. Polonesas, batas con cuello de encaje y manga larga. En el traje francés, corpiño puntiagudo, mangas abolladas, faldas rectas y abiertas, que luego son drapeadas con polizón y larga cola. Cuello doblado, mangas tirantes hasta el codo con chorreras. Junto con la revolución desaparece el vuelo de la falda y se imita a las vestiduras clásicas: talle alto, chaquetilla corta con manga larga, falda con pliegues, grandes escotes, chales y guantes largos. En cuanto al peinado, hacia atrás con rizados que luego se hacen más altos y voluminosos con tirabuzones, lazadas y plumas. Bonetes y sombreros de alas anchas. Zapatos con tacón alto y punta estrecha, y luego de algún tiempo se pasaron a los bajos.

Siglo XVIII[editar]

En el siglo XVIII se destacan como prendas masculinas las casacas francesas y las chupas (casacas de inferior clase y algo estrechas), las chaquetillas, los calzones ajustados hasta la rodilla, las corbatas en vez de las golillas, las pelucas y los grandes sombreros. Mientras tanto, en las vestiduras femeninas continúa el mismo estilo que en el siglo anterior y se adopta el uso de las mantillas para la cabeza. Se llevaban también vestidos largos, grandes sombreros y sobre todo, la mujer se caracteriza en las altas sociedad por llevar sobre su cuerpo un corsé, el cual era una forma de demostrar su altura, entre otras cosas de esa época se usaban anillos, y algunas veces guantes largos, collares y demás.

Siglo XIX[editar]

Durante este siglo fueron propios el frac, la levita y el pantalón para los caballeros, y la mantilla de seda y las peinetas para las señoras españolas. Tras la época napoleónica (de 1800 a 1820) en la que la silueta femenina mostraba una silueta esbelta con el talle siempre alto, ceñido justo bajo el pecho, dejando el resto de la prenda caer recta sobre el cuerpo, hubo un cambio drástico con el Romanticismo, que dio paso al corsé que daba al talle forma de reloj de arena y el miriñaque que ahuecaba las faldas amplias, llegando a su apogeo durante 1860, causando que las damas no pudieran pasear del brazo de su esposo o prometido. En 1870 fue sustituido por el polisón que solo ahuecaba la falda por detrás y que pasó de moda en 1890, cayendo desde entonces la prenda hasta el suelo sin armazón alguno, aunque hasta 1900 las faldas fueron un poco acampanadas. Entre 1820 y 1914 hubo en el vestuario femenino occidental una clara distinción entre vestidos de día, siempre con manga larga (aunque podían ser hasta el codo en verano) y cerrados hasta el cuello, y vestidos de noche, siempre de manga corta y muy escotados.

Siglo XX[editar]

Años 1900[editar]

La moda del siglo XX comienza en el año 1900 con la llamada silueta S, debido al corsé que empujaba los pechos hacia arriba, estrechaba la cintura y sus faldas ajustadas a la cadera y las ensanchaba en forma de campana al llegar al suelo. En el mundo laboral empiezan a incorporarse los trajes sastre y el corte con influencia masculina para las mujeres. Los vestidos seguían siendo largos, cubrían los zapatos, las plumas y los encajes hacían furor; destacaron los grandes sombreros, con infinidad de adornos y ornamentos. La moda prácticamente solo fue seguida por las clases altas y medias. En 1908, la silueta fue mucho más recta, sin marcar tanto la cintura, y se produjo una oleada de orientalismo debido a los diseños de Paul Poiret y los ballets rusos.

Década de 1910[editar]

En esta década se distinguen dos periodos:

  • Desde 1905 hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, se caracteriza por ser el apéndice de la moda recargada propia de la Belle Époque, así como por la aparición de una silueta que tiende hacia la verticalidad en la mujer (se ponen de moda los corsés rectos y largos y las faldas con poco vuelo y acompañadas de una sobrefalda) y al orientalismo. Las faldas de día se acortan hasta los tobillos, dejando a la vista los zapatos.
  • Aparece durante todo el conflicto antes citado y se caracteriza por la aparición de modas mucho más cómodas para la mujer (las faldas continúan acortándose hasta casi media pantorrilla y los cuerpos siguen la línea natural del cuerpo, sin corsé), debido al hecho de que éstas tenían que suplir la falta de mano de obra masculina en los puestos que estos antes ocupaban. Como causa de esta comodidad en el vestir, tendremos luego la moda andrógina propia de los años veinte.

Década de 1920[editar]

En 1920 la ropa ya era mucho más práctica. Nuevamente vuelve a cambiar la silueta, descendiendo el talle hasta marcarlo en las caderas. Se populariza el traje de chaqueta para calle y para las fiestas se elegían los vestidos con grandes escotes en la espalda así como abrigos largos con pieles. En esta década se destacan las faldas cortas hasta la rodilla. Los sombreros son sobrios y cerrados (cloché) y por primera vez las mujeres se dejan el pelo corto.

En esta década las mujeres cambiaron su aspecto blanco por la apariencia natural del polvo facial rosado, creado por la cosmetóloga polaca Helena Rubinstein. Los años 20 fueron uno de los periodos más revolucionarios del siglo XX en este sentido, pues las mujeres adoptaron la costumbre de ir maquilladas, guardando en el bolso polveras y pintalabios para los retoques. Hasta ese momento, las únicas que se habían maquillado eran las artistas y las prostitutas. Las mujeres jóvenes se destaparon y comenzaron a beber y a fumar en público como una provocación al rígido estatus que reinaba a principios del siglo.

Las chicas a la moda se pintaban los labios rojos, lucían el cabello corto y los ojos pintados con sombras oscuras, y solían bailar jazz hasta el amanecer. Esta fue, probablemente, la década más atrevida y transgresora. Fue una época de cambio que afectó todos los aspectos culturales y que repercutió con fuerza en la moda.

Década de 1930[editar]

El optimismo terminó con el crack de la Bolsa en octubre de 1929 que provocó una grave crisis económica mundial durante los siguientes años. En 1930 la cintura vuelve a marcarse en su lugar natural y las faldas se alargan hasta por debajo de la rodilla. Volvió la feminidad y los adornos en prendas y sombreritos y el cabello abandona el estilo "garçon" por peinados un poco más largos, con ondas. A partir de 1935 se suelen marcar los hombros, dando a la silueta un aspecto de triángulo invertido.

1940 a 1945[editar]

Fueron los años de la Segunda Guerra Mundial, y eso perjudicó a la moda. El 'look' se militarizó y los tejidos se volvieron pobres debido a la carestía de materiales. Debido a esto las chicas se vestían con uniforme de ciudad, es decir, trajes de chaqueta. El largo de las faldas continua por debajo de las rodillas, y se popularizaron los panties, aunque fueron escasos. Usaban los zapatos topolino, de corcho y los gorritos diminutos que eran muy sencillos o simplemente pañuelos a la cabeza.

Décadas de 1940 y 1950[editar]

En 1947 volvió el esplendor, triunfó el nuevo 'look' de Christian Dior. Otra vez se vuelve a forzar la silueta con una cintura estrecha y tomaron volúmenes hombros y pechos. Se aumentó el vuelo de las faldas, cuyo largo continuaba por debajo de las rodillas. Comenzó el culto por la belleza porque las mujeres estaban hartas del estilo sobrio y cómodo; las curvas eran el nuevo símbolo de la belleza femenina. Aparecieron los zapatos con tacón de aguja, usaban abrigos de paño, bolsitos al codo y los más elegantes sombreritos y pamelas.

Década de 1960[editar]

Esta década se destaca por la revolución. Se utilizaba ropa cómoda de nuevo siguiendo la línea natural del cuerpo, la ropa juvenil, y se deja atrás el lujo burgués. Se abandona el uso habitual de sombreros y guantes de vestir. A partir de 1966 se había puesto de moda la ropa extravagante, con estampado de mariposas, de flores, pop-art o étnicos. Las siluetas volvieron a ser más lisas y se comenzaron a imponer rápidamente por todo el mundo entre las jóvenes las revolucionarias minifaldas, cortas hasta el muslo, aparecidas en Londres en 1965 de la mano de la diseñadora Mary Quant.

Década de 1970[editar]

En 1970, los adolescentes se pudieron expresar libremente. Aquí surgió el concepto de la ropa diferente, original, divertida y extravagante. El cabello se usaba corto o largo y con cortes geométricos. Tanto los hombres como las mujeres comenzaron a usar pantalones de campana y se impusieron las blusas de algodón, etc.

Fue una década muy diversa, aquí se produjo un furor hacia lo retro. Las flores fueron el principal símbolo no sólo en la ropa sino que también en el pelo, y representaban la ideología ilusoria que los guiaban a la llamada revolución de las flores. Resaltaban los trajes y vestidos, que se lucieron con ajustados pantalones. El algodón fue remplazado por la lycra, usaban botas o zapatones de taco, tipo suecos.

Década de 1980[editar]

En 1980, la moda trajo consigo considerables cambios. El nuevo estilo se caracterizaba por el uso de ropa interior visible, ya sea sobre una camiseta, debajo de una camiseta translúcida o tirantes de encaje visibles. Esta nueva moda fue altamente controvertida, volviéndose un sinónimo de liberación para las mujeres, ya que antiguamente usar la ropa interior así les daba aspecto de una mujer desarreglada. Gracias a esta tendencia, las mujeres de hoy pueden vestir camisetas cómodas sin tener que preocuparse por las transparencias o los tirantes de los corpiños.

Década de 1990[editar]

Esta época se basaba en la variedad y no en una tendencia específica y duradera. La gente trataban de ponerse lo que le hiciera sentirse más cómoda, sin darle mucha importancia a la opinión de los demás o a las tendencias, porque se había llegado a la conclusión de que no había una verdadera libertad. Las camisetas de grupos musicales se volvieron populares así como el cabello suelto. La gran innovación fue la aparición de los pírsines, tatuajes y pinturas de pelo.

Siglo XXI[editar]

A finales del siglo XX y principios del XXI, era posible ver, encargar y enviar la ropa a cualquier parte del mundo gracias a medios de comunicación o Internet. Por consiguiente, la moda actual parece que se está dirigiendo hacia una uniformidad universal.

Década 2000-2010[editar]

En esta época toma fuerza el concepto de tribus urbanas. Si bien las subculturas ya existen desde los 60 y 70 (Véase Beatnik y Hippies) algunas no adoptan el sentimiento contracultural que dio origen a algunas de ellas, siendo únicamente identificables por su forma de vestir (véase por ej. la cultura emo). Estos conceptos influyeron directamente en los modos de vestir, principalmente por la creciente exposición a los medios masivos como internet. Los hombres tanto como las mujeres adoptan el chándal para todo tipo de trabajo u ocasión. Las mujeres usan borcegos, zuecos o sandalias. Se reincorporan prendas de los años 1980, regresando el estampado floreado. Se usan los shorts, polleras y pantalones tiro alto y las minifaldas.

Década de 2010[editar]

Los hombres implementan el escote en V junto con pantalones pitillos (o chupines) y zapatillas de marca. Los pantalones blancos en los hombres son sensación, en cambio, los pantalones oscuros aportan una gran elegancia, tanto como las camisas abiertas con remeras o camisetas debajo y arremangadas. Las mujeres prefieren moda fresca pero con un toque moderno, poco maquillaje, cabello natural pero con peinados estructurados combinando un poco de moda de los año 1960. El vintage tiene fuerte presencia en el guardarropa femenino. En cambio en el vestir masculino empieza a crecer una moda alternativa que busca identidad, donde influyen las tendencias y estilos propios, siendo un poco más arriesgado y divertido.

Filmografía relativa[editar]

Industria del vestido[editar]

Argentina Er ist ein modell

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Diccionario de la lengua española». Real Academia Española. 7 de marzo de 2015. Consultado el 7 de marzo de 2015. 
  2. a b «La moda y las tendencias ¿Democracia o conspiración? - Blog de moda». Consultado el 11 de septiembre de 2015. 
  3. a b «La moda y las tendencias ¿Democracia o conspiración? (2) - Blog de moda». Consultado el 11 de septiembre de 2015. 

Enlaces externos[editar]


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