Léxico del español

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Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua Española, impreso entre 1726 y 1739, primer intento institucional de documentar el léxico del español tras los esfuerzos individuales de los humanistas castellanos del Siglo de Oro

El léxico del español consta de unos 93.000 vocablos según la vigésimotercera edición del Diccionario de la lengua española (2014)[1] y posee diversos orígenes.

Evolución[editar]

La parte más sustancial del léxico del español está integrada por palabras que provienen de dos sociolectos distintos que se hablaban en la parte de la Romania occidental conocida como Hispania, el latín vulgar (palabras patrimoniales) hablado por el pueblo menos instruido, y también, pero en parte menos cuantiosa, del latín culto (cultismos) hablado por funcionarios, clérigos y personas instruidas que eran más respetuosas y conservadoras con la fonética y el significado del idioma. El latín vulgar, menos cuidado y formal, fue erosionando la pronunciación y el significado de sus palabras transformando poco a poco el latín vulgar en la lengua romance, románica o neolatina conocida como español, en un primer momento bajo la forma de dialecto castellano, junto a otros dialectos del latín que compartían su parte respectiva de la Península Ibérica, como el navarro-aragonés por el este y el astur-leonés por el oeste, dialectos que poco a poco fueron en su mayor parte absorbidos por el castellano; más lejanos estaban, por el este, el catalán, y por el oeste, el gallego-portugués, que llegaron a constituirse también en lenguas románicas.

A este grupo mayoritario de palabras patrimoniales se fueron agregando voces de orígenes históricos diversos que reflejan los antiguos contactos de los hablantes de español con los hablantes de otras lenguas y los cambios históricos e influencias culturales de distintas épocas.

Origen del léxico[editar]

El léxico del español está constituido por alrededor de un 60 % de palabras derivadas del latín, un 10 % derivadas del griego, un 10 % del gótico, un 10 % del árabe y un 10 % de palabras derivadas de distintas lenguas, las lenguas celtas, el extinto íbero, el vasco, el catalán, el gallego, el aragonés; las lenguas amerindias, como el maya, el náhuatl, el quechua, el aimara, el guaraní y el tupí, lenguas antillanas como el caribe y el taíno, y palabras de lenguas austronesias como el tagalo. Junto a estas hay una notable aportación de préstamos léxicos del inglés, francés, italiano, portugués, alemán, hebreo, ruso, japonés y holandés, diversos afronegrismos y algunos vocablos del caló, entre otras.[2]

Cambios léxicos[editar]

El léxico de una lengua está en continuo estado de transformación por tres poderosas razones:

  1. Por desaparición de palabras: Hay palabras que desaparecen del uso por hacer referencia a realidades, acciones o costumbres ya perdidas, u objetos obsoletos: Corregidor, aventar, bacín...
  2. Por creación de nuevas palabras o neologismos: Son muchas las palabras que surgen para designar nuevas realidades y nuevas formas de actuar: Chatear, friki, wiki...
  3. Por cambios semánticos o de significado: Son muchos los casos de palabras que adquieren nuevos significados, desplazando en ocasiones a los anteriores: Ratón, digital (informática)...

Léxico de origen latino[editar]

Latín

Alrededor de un 70% de las palabras de nuestra lengua son de procedencia latina, si bien más del 85% del vocabulario cotidiano del español tiene origen latino. Según su evolución hablamos de palabras patrimoniales, cultismos y semicultismos:

  • Las palabras patrimoniales son las que se han adaptado fonética y gráficamente (filium > hijo; porta > puerta) mediante diversos cambios, sobre todo derivados de factores fónicos (la yod o elemento palatal, el wau o elemento gutural, sonorizaciones de consonantes mudas, diptongaciones de o breve tónica en ue y e breve tónica en ie; reducción del diasistema románico de siete vocales a cinco en el español, metaplasmos, etcétera), pero también morfológicos, como la desaparición del morfema de caso en favor del uso de preposiciones y diversas alteraciones del sistema de conjugación verbal, así como también de factores semánticos simples (polisemia, homonimia, paronimia, etcétera) o más complejos (etimología popular, eufemismo, etc.).
  • Hay palabras del ámbito religioso que, al ser pronunciadas con cierto respeto, se han mantenido casi igual. Esto ha dado lugar a muchos cultismos (evangelium > evangelio).
  • Los semicultismos han sufrido cambios fonéticos pero no los suficientes para ser palabras patrimoniales (virginem > virgen).

Hay palabras que han seguido dos líneas de adaptación, los llamados dobletes, por ejemplo, cathedra > cadera y cátedra; regula > regla y reja; focus > fuego y foco; fabrica > fragua y fábrica.

Palabras patrimoniales[editar]

La mayor parte del léxico del español está formado por léxico patrimonial. Las palabras patrimoniales o directamente heredadas son aquellas cuya presencia en la lengua hablada ha sido continuada desde antes de la diferenciación de las lenguas romances. Las palabras patrimoniales se caracterizan por haber sufrido todos los cambios fonéticos experimentados por la lengua. Esto la diferencia de los cultismos y semicultismos dejados de usar en la lengua hablada y reintroducidos posteriormente para usos restringidos, debido a eso los cultismos generalmente no han experimentado algunos de los cambios fonéticos y presentan una forma diferente de la que presentaría si se hubieran transmitido con palabras patrimoniales.

El conjunto de palabras que constituyen la base del idioma reciben el nombre de palabras patrimoniales. Las palabras patrimoniales son todas las que tienen origen latino. Constituyen la base de nuestro idioma. La mayoría de estas palabras han experimentado una gran transformación en su significante debido a su abundante uso oral; otras han permanecido más fieles a la forma que tenían en el latín (cultismos). Ejemplos: Lat.tauru(m) > toro. Lat. filiu(m) > hijo. Lat. aqua(m) > agua. Lat. medicu(m) > médico. Lat. confessione(m) > confesión.

Préstamos de lenguas románicas[editar]

Italiano

Durante el Siglo de Oro, el mayor aporte de léxico que recibió el idioma fueron los italianismos. La mayor parte de las palabras relacionadas con la música y muchos términos relacionados con la literatura provienen de Italia (soneto, piano, batuta...), pero también hay otros que vienen de otras áreas: banca, bisoño etc..

Francés

Aunque hay algunos que se encuentran ya en la Edad Media (como la misma palabra español), durante el Grand Siècle del XVII y, sobre todo, con la Ilustración del XVIII y el establecimiento en esta época de la dinastía borbónica en España, se acomodan muchos galicismos de distinto tipo y casi todos agudos, aunque dominan los referidos a la moda (tisú, corsé, peluquín...), la gastronomía (bombón, fuagrás, restorán...) y la administración (buró, carnet). Incluso una palabra tan familiar como papa, que era llana en español, se pronunció a la francesa y se hizo aguda. Inversamente, algunos préstamos léxicos que hizo el español al francés, como olla podrida (pot pourri) regresaron al español como metáfora (popurri).

Préstamos de otras lenguas[editar]

Un préstamo léxico del español es una palabra usada en esta lengua, o alguna de sus variantes, que históricamente fue usada en otra lengua con un sentido idéntico o semánticamente relacionado a cómo es usado el término en español. Los préstamos léxicos se pueden clasificar en cuatro tipos diferentes, basados en el grado de adaptación y necesidad de la palabra:

  • Extranjerismos no adaptados. Son vocablos que no han sido asimilados o en pronunciación o en ortografía a los patrones normales del español, por ejemplo copyright [kopi'rajt], esto es, derecho de copia o de reproducción.
  • Extranjerismos adaptados. Extranjerismos que se han adaptado a las reglas fónicas del castellano. Ej.: chalé, gol, croqueta, aparcar, yogur.
  • Xenismos. Extranjerismos que hacen referencia a una realidad o cultura ajena o extraña a las hispánicas y que apenas se adaptan. Ej.: strip-tease, lord, samurái, sir, burka, ayatolá, talibán, yihad, sari, troika, ikebana, origami, bonsay, feng-sui...
  • Calcos semánticos, que copian la estructura de la palabra original traduciéndola y recreándola mediante raíces y morfemas nativos, por ejemplo, rasca.cielos < inglés sky.scraper; balompié < football; jardín de infancia < kinder.garten etc...

La mayor parte de los libros de estilo critican el mal uso que se hace en los medios de estos calcos semánticos. Los periodistas se escudan en la exigencia de inmediatez de la noticia; pero aún así todavía se escucha sofisticado habiendo vocablos sinónimos como moderno, refinado, avanzado, adelantado, evolucionado... Sin embargo, también los calcos semánticos pueden poner en peligro a una lengua al desfigurar sus palabras. En el estado actual de las lenguas, en especial el español, el uso es el que decanta las formas correctas de usar los extranjerismos.

Origen de los préstamos[editar]

Según la lengua de origen, respecto al español, existen dos etapas, una anterior a la expansión y otra posterior:

Germánico antiguo

El vocabulario de origen germánico, más específicamente visigótico, consta básicamente de términos bélicos (guardia, yelmo, espuela, guerra...), colores (blanco), el sufijo -eng, nombres propios (Ricardo, Alberto, Rodrigo).

Árabe

La influencia del árabe en español fue la más importante tras la latina y a ella debe parte de su personalidad. Encontramos palabras de origen árabe en todos los campos (alcalde, almohada) y como fue una lengua de superstrato y de cultura, se usó como intermediaria en la traducción de textos científicos y técnicos, lo que ha dado lugar a gran número de tecnicismos de cuna agarena (algoritmo, logaritmo, cenit, nadir, azimut...). Además hay muchos topónimos de origen árabe (Guadiana, Guadalquivir, Alhambra, Albacete, Almadén, Cuenca...) y no pocos antropónimos (Guadalupe, Fátima, Almudena, Ismael...). Morfológicamente aportaron el sufijo (andalusí, ceutí).

Sustratos
Íbero, euskera, etc.

En nuestra lengua hay bastantes palabras de origen desconocido, como perro (quizá voz natural por onomatopeya), álamo, barro, gordo que se cree que provienen de lenguas prerrománicas. Muchas de ellas tienen origen vasco, como algunos topónimos (Aranjuez, etc...), que en realidad pueden haberse transmitido a través del ibérico, idioma probablemente emparentado.

América

Tras el descubrimiento de América se incluyeron muchos términos procedentes de las lenguas indígenas que describían especies, objetos, costumbres o fenómenos que no se daban en Europa: tomate, cacao, tabaco, maíz, ceiba, hule, canoa, hamaca, huracán... De lejos la mayoría de ellos proceden de las primeras lenguas indígenas con las que toparon los españoles, las antillanas (caribe, taíno), y algo menos de otras del continente, como el náhuatl y el quechua, aunque también abundan términos más iniciertos procedentes de las lenguas arawak, el tupinambá y lenguas africanas que aportaron no pocos afronegrismos.

Inglés

Durante el siglo XIX, con la Revolución industrial y el Romanticismo, empiezan a llegar los primeros anglicismos o palabras del inglés. Larra y Espronceda introdujeron términos como revólver, club y spleen. Pero es a partir de la II Guerra Mundial cuando se produce la gran irrupción de anglicismos en general (bar, living, lunch, bacon, parking, panties, okey, bye, estándar, wáter, hippie... ) y tecnicismos en particular (burnout, lifting), sobre todo en tres áreas concretas:

  • Economía (trust, stock, holding, dumping, crack...)
  • Tecnología (escanear, hardware, e-mail, router, feedback, spin, spray, walkman...)
  • Ocio, espectáculos y deportes: best-seller, thriller, strip-tease, star system, beat, trailer, travelling, golf, tennis, set, eagle, single, hobby, show, misss, rock and roll, cool, drive, reality, top less...).

Diccionarios del español[editar]

Referencias[editar]

  1. http://www.abc.es/cultura/20131126/abci-nuevo-diccionario-201311260240.html
  2. Nueva Enciclopedia Autodidáctica Quillet, Decimoquinta Edición, Editorial Cumbre S.A., México, 1979, Tomo I, Página 14

    Se calcula que el sesenta por ciento de las palabras de la lengua española son de origen latino, el diez por ciento, griego, otro diez por ciento, gótico, otro diez por ciento, oriental y arábigo y el diez por ciento restante tiene otros orígenes diferentes.

  • Conde de La Viñaza, Biblioteca Histórica de la Filología Castellana, Libro Tercero. Del diccionario, Madrid: Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1893.
  • Ignacio Ahumada, Cinco siglos de lexicografía del español, Jaén: Universidad de Jaén, 2000.
  • Manuel Alvar Ezquerra, De antiguos y nuevos diccionarios del español. Barcelona: Arco libros, 2002.