Guerra hispano-sudamericana

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Guerra hispano-sudamericana
Guerra contra España
Guerra del Pacífico
CombateDosdeMayo.jpg
"Combate del 2 de mayo", pintura peruana.
Fecha 1865-1866
Lugar Costa del Pacífico-América del Sur y costa del Atlántico-Madeira
Resultado Perú (1879), Bolivia (1879), Chile (1883) y Ecuador (1885)
Beligerantes
Bandera de Chile Chile
Bandera del Perú Perú (desde finales de 1865)
Bandera de Ecuador Ecuador (desde 1866)
Bandera de Bolivia Bolivia (desde 1866)
Bandera de España España
Comandantes
Bandera del Perú Mariano Ignacio Prado
Bandera de Chile Juan Williams Rebolledo
Bandera de España José Manuel Pareja
Bandera de España Casto Méndez Núñez
Fuerzas en combate
Bandera de Chile Armada de Chile
4.000 hombres[1]
1 corbeta de hélice
4 vapores armados
Bandera del Perú Marina de Guerra del Perú
s/d hombres
2 fragatas de hélice
2 corbetas de hélice
2 monitores costeros
3 vapores armados
Bandera de España Real Armada Española
3.100 hombres[1]
1 fragata blindada
5 fragatas de hélice
1 corbeta de hélice
1 goleta de hélice
2 transportes
otros buques menores auxiliares, artillados y cañoneros
Bajas
Bandera de Chile 160 muertos[2]
Bandera del Perú 600 muertos[2]
Bandera de España 300 muertos[2]
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La guerra hispano-sudamericana fue un conflicto bélico que se desarrolló en las costas chilenas y peruanas, en el que se enfrentaron España por una parte, contra Chile y Perú, principalmente, y Bolivia y Ecuador, secundariamente —pues no participaron de manera activa en la contienda—.

Conflictos diplomáticos ya existentes entre España y Perú se agudizaron con el Incidente de Talambo. Al tiempo que una escuadra científica y diplomática española recorría las costas americanas, se produjo una pelea entre peones españoles y un terrateniente peruano que acabó con dos muertos y varios heridos en agosto de 1863. Las noticias que llegaron a la flota y posteriormente a España eran confusas y exageradas, por lo que el Gobierno español solicitó explicaciones. La falta de entendimiento entre el Gobierno peruano y el enviado español, unida a la información errónea proporcionada por este a la Escuadra, llevó a la ocupación española de las peruanas islas Chincha el 14 de abril de 1864. A pesar de los acuerdos iniciales entre España y Perú mediante una resolución pacífica, el cambio de gobierno en el Perú, forzado por un golpe de estado, rechazó este acuerdo inicial.

Chile intervino en el conflicto negándose a abastecer a los buques españoles primero y declarando la guerra a España el 25 de septiembre de 1865 tras un ultimátum español, Perú lo hizo el 13 de diciembre y ya en 1866 también le declararon la guerra a España el Ecuador (el 30 de enero) y Bolivia (el 22 de marzo).

Las acciones de guerra se dieron entre 1865 y 1866, siendo los principales combates navales el de Papudo, de Abtao, el bombardeo de Valparaíso y el combate del Callao.

Las hostilidades terminaron en 1866 y se logró un armisticio en 1871. Los tratados de paz se firmaron de forma bilateral entre cada país sudamericano y España en los años 1879 (Perú y Bolivia), 1883 (Chile) y 1885 (Ecuador).

Este conflicto es denominado de diversas formas dependiendo de la historiografía de cada país. En Chile y el Perú es común la denominación de Guerra contra España, mientras en España se le conoce como la Guerra del Pacífico. Para diferenciarla de la posterior guerra de Chile contra Bolivia y Perú, que es denominada de la misma forma, también recibe el nombre de Primera Guerra del Pacífico.

Antecedentes[editar]

Relaciones de España con sus territorios perdidos[editar]

Comentario la revista satírica española Gil Blas del 17 de marzo de 1866 sobre la petición de Chile y Perú de solidaridad a los Estados Unidos de América en el conflicto. El comentarista la resume como: Ingratos, si no fuera por ellos todavía andaríais con tapa-rabos!.

El fin de las guerras de la independencia no significó un término de los temas pendientes entre España y sus territorios perdidos. El proceso de reconocimiento político de las nuevas repúblicas fue lento.[3]:112 La independencia de Ecuador fue ratificada por España en 1841, la de Chile y Venezuela en 1845, la de Argentina en 1859, la de Bolivia en 1861, la de Uruguay en 1882. Un tratado de paz fue firmado con Perú solo durante la guerra. También existía el problema de las deudas contraídas durante la colonia y de los bienes embargados a los súbditos españoles. No existía con Perú un acuerdo en ese sentido. La nacionalidad de los hijos de españoles nacidos en América era otra fuente de discordia, pues mientras España seguía la norma del ius sanguinis, los americanos se atenían al ius soli lo que iba a contrapelo del interés peninsular de conservar sus súbditos. El problema del asilo para los marinos desertores y el pago de los daños causados durante las guerras añadían más discordia a las relaciones entre América y Europa.[3]:115[4]

Por otro lado, ya desde sus comienzos las nuevas repúblicas habían advertido el enorme poder e influencia ejercido por los Estados Unidos de América y Gran Bretaña en los ámbitos cultural y económico, lo que había llevado a un fortalecimiento de los lazos entre los intelectuales de ascendencia latina. Así, la intervención francesa en México había sido justificada en parte como un apoyo contra la dominación estadounidense.[3]:115-116

En España, el gobierno de la Unión Liberal, presidido por el general Leopoldo O'Donnell, ejercía el poder con aprobación de la reina Isabel II. En política exterior, en el gobierno de la Unión Liberal se produjeron las acciones llamadas "de prestigio" o de "exaltación patriótica" que tuvieron un amplio apoyo popular como la Expedición franco-española a Cochinchina desde 1857 a 1862; los intentos de formalizar la participación de España en la Guerra de Crimea; la Guerra de África de 1859, en la que O'Donnell obtuvo un gran apoyo popular y un gran prestigio al consolidar las posiciones de Ceuta y Melilla y ganar Sidi Ifni, pero no pudiendo obtener Tánger por las presiones inglesas; la anexión de Santo Domingo en 1861 y la expedición anglo-franco-española en México en 1862. Sin embargo, señala Gonzáles Pizarro, en una cita de José María Jover, fueron emprendidas por razones de prestigio sin intención de alterar substancialmente el status quo era celosamente defendido por las grandes potencias[3]:110 Mientras tanto Gran Bretaña y Francia habían ocupado el espacio europeo y sus respectivos imperios actuaban en América, Asia y África.

Por último, pero no el menor, en torno al año 1860, la Armada de España tuvo un marcado repunte en su capacidad naval y algunos súbditos españoles en América deseaban obtener la protección de naves hispanas estacionadas en aguas del Pacífico, ... que los gobiernos de Chile, Bolivia, Perú y Ecuador vean ondear en sus puertos el pabellón de guerra español... como lo formuló un ministro.[3]:115

En 1862 en España se decidió enviar una expedición científica y diplomática al Pacífico que iría escoltada por cuatro buques de guerra.[4]

Situación en Perú[editar]

Gracias a las recaudaciones de la Era del Guano la nación se encontraba en un auge económico que posteriormente sería tildado como la prosperidad falaz que no condujo a una estabilización política.

En octubre de 1862, el mariscal Ramón Castilla y Marquesado terminó su mandato como Presidente del Perú. Como resultado de las elecciones populares, asumió el cargo el general Miguel de San Román, quien murió el 3 de marzo de 1863, sin terminar su mandato. Le sucedió primero el mariscal Castilla y luego interinamente el general Pedro Díez-Canseco, hasta que llegó de París el vicepresidente, el general Juan Antonio Pezet, quien, de acuerdo con la Constitución Política del Perú, se hizo cargo del gobierno el 5 de agosto.

Durante el gobierno de Pezet, se realizó el Segundo Congreso Americano, en Lima en 1864, continuación del realizado también en Lima en 1848, «para fijar las bases de la futura tranquilidad y seguridad de los pueblos de Sudamérica».

La Expedición científica y diplomática[editar]

Naves de guerra de España, Chile y Perú
Barco de guerra Desp.
(t.l.)
Potencia Velocidad
(Nudos)
Blindaje Artillería
principal
Año de
Const.
España
Numancia 7500 3700 CV ind 14 130 mm 34 x 68 lbs 1863
Villa de Madrid 4478 800 CV nom 15 sin blindaje 30 x 200 mm 1862
Blanca 3800 360 CV s/i sin blindaje 30 x 68 lbs 1863
Berenguela 3800 s/i s/i sin blindaje 11 x 68 lbs 1854
Gerona 3980 s/i s/i sin blindaje s/i 1864
Almansa 3900 600 CV 12 sin blindaje 30 x 200 mm 1864
Triunfo 3200 1900 CV 11 sin blindaje 20 x 68 lbs 1862
Resolución 3200 500 CV 11 120 mm 4 x 220 mm 1861
Vencedora 778 200 HP 8 sin blindaje 2 x 200 mm 1861
Covadonga 630 160 CV 7 sin blindaje 3 cañones 1859
Chile
Esmeralda 854 150 KW 8 sin blindaje 20 x 32 lbs 1855
Maipú 450 200 HP 11 sin blindaje s/i 1855
Antonio Varas 484 s/i s/i sin blindaje 3 cañones 1856
Lautaro 480 180 HP s/i sin blindaje 4x 68 lbs 1853
Perú
Huáscar 1745 1650 HP 12,25 114 mm 254 mm 1865
Independencia 3750 s/i 11 114 mm 2 x 150 lb 1865
América 2016 2700 HP 13 sin blindaje 14 x 162 mm 1864
Amazonas 1743 s/i 9,43 sin blindaje 1 x 84 lbs 1851
Unión 2016 2700 HP 13 sin blindaje 14 x 162 mm 1864
Apurímac 1666 300 HP 9 blindaje ad-hoc s/i 1854
Tumbes 250 s/i 7 sin blindaje 2 x 68 lbs 1855
Loa 648 s/i 10 75 mm 1 x 110 lbs 1854
  • El Tornado (1866), comprado por Chile en Inglaterra, fue capturado por la Armada Española en el Atlántico, antes de iniciar sus servicios para la Armada de Chile.
  • La goleta Covadonga fue presa de la Armada de Chile
  • Solo se da el mayor blindaje y el número de cañones de mayor calibre
  • s/i significa sin información

El 10 de agosto de 1862 zarparon de Cádiz bajo el mando del almirante Luis Hernández-Pinzón Álvarez la Resolución y la Triunfo. Pinzón enarbola su insignia en la Resolución, donde también va embarcada la Comisión Científica del Pacífico. La Vencedora se unió a la escuadra más tarde en Montevideo, Uruguay, y la Virgen de Covadonga ya se encontraba en el Río de la Plata.

El 6 de octubre la Resolución y la Triunfo llegaron a Río de Janeiro. A primeros de noviembre fondearon en Montevideo, uniéndose allí la Vencedora. Tras una breve estancia de Pinzón en Buenos Aires, la escuadra se dirigió al Pacífico, aunque los desperfectos causados por un temporal en el Estrecho de Magallanes les obligaron a regresar y buscar refugio en las Malvinas. Ante la escasez de materiales en estas islas, hubo que llevar madera y carbón desde Montevideo.

Finalmente, partieron hacia el Pacífico en abril de 1863, bordeando el Cabo de Hornos. Nuevamente un fuerte temporal dificulta la navegación. A finales de mes la Vencedora consigue llegar a Valparaíso, mientras que las fragatas arribaron a principios de mayo.

En Chile, la escuadra española fue recibida con cordialidad por las autoridades y el pueblo. Durante la estancia, los españoles recibieron un trato muy cortés y correcto y observaron un gran progreso material y cultural en el país. Entre junio y julio los buques partieron hacia el Perú.

Al llegar al Callao, la escuadra saludó al pabellón peruano con una salva de cañonazos que fue correspondida desde las fortificaciones del puerto. La marinería fue recibida también en esta ocasión con afecto, mientras los oficiales visitaban al Presidente del Perú, Pedro Diez Canseco, a los diplomáticos españoles y a los jefes de las flotas francesa y británica que allí se encontraban.

Tras dejar las costas peruanas, la escuadra se dirigió a Guayaquil y a la ciudad de Panamá. Al darse cuenta de que la pequeña Virgen de Covadonga retrasaba el viaje, Pinzón decidió que esta recorriera en solitario las costas centroamericanas y regresara al Callao. Mientras, el resto de buques se dirigió a Acapulco y a San Francisco (California).

En Panamá, el almirante Pinzón recibió las primeras noticias sobre un incidente en la hacienda de Talambo, aunque los detalles no los conoció hasta que se reunió con los oficiales de la Virgen de Covadonga en el Callao.

El incidente de la hacienda de Talambo[editar]

En 1859 el gobierno peruano autorizó al hacendado Manuel Salcedo, propietario de la hacienda Talambo (Distrito de Talambo) en la provincia de Chepén, introducir al país mil colonos españoles destinados a realizar labores agrícolas. El primer grupo de inmigrantes provenientes de las provincias vascongadas estuvo compuesto de sesenta familias con 95 hombres, 49 mujeres y 125 niños de ambos sexos. Aunque el gobierno español tuvo conocimiento de este proyecto, no se opuso a él.

Cuando a fines de julio de ese mismo año los colonos arribaron en el Callao, empezaron los primeros problemas, ya que nada más desembarcar desertaron varias familias con los anticipos que habían recibido, quedando alrededor de 180 vascos de los cuales solo 50 eran de trabajo. Durante cuatro años los colonos españoles se dedicaron al cultivo de hortalizas y algodón, pero como el cultivo de este último fuera el que más interesara al propietario, se suscitaron los primeros altercados entre colonos y patrón.

El 4 de agosto de 1863 el colono Marcial Miller se encontró casualmente con el hacendado Salcedo que iba a caballo, planteándole la conveniencia de solucionar sus diferencias. El hacendado no quiso oírlo y, ante la exigencia de Miller, pretendió azotarlo con las riendas. El colono lo amenazó con darle una pedrada. Aunque en ese momento los hechos no llegaron a más, el hacendado, considerándose ofendido, ordenó luego al mayordomo de la hacienda apresar a Miller, quien tras el incidente se encontraba con otros colonos deliberando sobre su situación. El mayordomo, acompañado de un grupo de peones armados, solicitó que Miller se entregara. Los colonos lo impidieron, se desenfundaron las armas y en el tiroteo que se cruzó resultaron muertos un vasco y un peruano y varios heridos de ambos grupos.

El juez de Chepén ordenó que los heridos fueran trasladados al hospital y el resto de colonos permanecieran detenidos mientras se iniciaba el sumario correspondiente. En primera instancia, dos vascos fueron condenados, pero la Corte Superior de La Libertad anuló la sentencia y mandó capturar y enjuiciar al hacendado Salcedo, como también procesar al juez de Chepén. En nueva apelación, esta vez de Salcedo, la Corte Suprema declaró nula la anterior sentencia y restituyó las cosas a su estado anterior.[5]

Cuando el almirante Pinzón se encontraba en la rada del Callao, supo de lo ocurrido en Talambo; los mandos de la flota protestaron por la muerte de su compatriota ante el gobierno peruano. Las primeras noticias llegaron a Madrid entre septiembre y octubre. La información era confusa, hablándose al principio de "asesinatos". Incluso se llegó a publicar un folleto titulado Horrorosos detalles de los asesinatos de españoles en el Perú, recibidos por el último correo. A finales de octubre las noticias ya eran correctas e, incluso, el propio vicecónsul español en Lima envió una carta a la prensa en la que explicaba lo sucedido.

En esos días se sucedieron una serie de cambios en la representación diplomática española ante el Perú que dejaron como único representante al vicecónsul José Antonio Albistur Hurtado. Mientras la escuadra abandonaba Callao y llegaba a Valparaíso, entró en escena Eusebio Salazar y Mazarredo quien se ofreció para llevar la correspondencia oficial a España. De allí volvió a Lima con el cargo de Ministro de Su Majestad en Bolivia y Comisario Extraordinario para el Perú y solicitó una reunión con la autoridad competente del gobierno. El canciller Juan Antonio Ribeyro le indicó que la entrevista sería confidencial, pues no le reconocía el cargo de Comisario[notas 1]​, a lo que Salazar respondió indignado que no aceptaba y se marchó al encuentro del almirante Pinzón.

Toma de las islas Chincha[editar]

Comentario de la revista Gil Blas del 21 de febrero de 1865 sobre la pérdida de la fragata Triunfo: Será el único recuerdo de la guerra, salvo lo de Santo Domingo.

Cuando Salazar se reunió con Pinzón le expresó que Perú no resolvería justamente el caso de los asesinatos de Talambo y que además, el país se estaba armando. Aunque las órdenes principales dadas en Madrid indicaban fije V.S. [Salazar] altamente su intención en que la misión que el Gobierno de S.M.[notas 2]​ le confía es de paz: que el Gobierno quiere paz y buena inteligencia.

Salazar entregó a Pinzón las instrucciones secundarias en las que el deseo de paz estaba condicionado por la resolución justa del caso de Talambo y en las que se afirmaba que quedaba justificado el uso de la fuerza en el caso extremo de atentado contra la seguridad de los barcos, su personal o el honor nacional. Aunque Pinzón solicitó el resto de las órdenes, Salazar le indicó que no eran importantes. Así, el 14 de abril de 1864 la escuadra ocupó la islas Chincha. Los españoles colocaron al gobernador peruano de las islas bajo arresto a bordo de la Resolución, capturaron la barca Iquique, ocuparon las islas con 400 infantes de marina e izaron la bandera española.

En un escrito entregado a través del representante francés, Pinzón dio como "considerandos" que S.M.C. no había reconocido la independencia de Perú, que la tregua había sido solo de facto, que el bombardeo de puertos peruanos podría causar daños a sus aliados, que la islas Chincha podía ser reivindicada por España por un derecho que, por ejemplo, Gran Bretaña ya había aceptado en otros casos.[3]:120 La isla entregaba parte importante en los ingresos del guano, que sumaban el 80% de las recaudaciones fiscales entre 1860 y 1875.[3]:120

Agudización del conflicto[editar]

Cuando la noticia llegó a España, el Gobierno desautorizó a Salazar, pero ante el hecho consumado de la toma de las islas, se decidió enviar las fragatas Blanca, Berenguela y Villa de Madrid para el caso de guerra.

El 6 de septiembre de 1864 zarpó la Villa de Madrid de Cádiz rumbo a Montevideo, donde se unió a las fragatas de hélice Blanca y Berenguela, con las que atravesó el Estrecho de Magallanes y se unieron en diciembre del mismo año a la escuadra que estaba en las islas Chincha.

El 25 de noviembre, mientras la fragata Triunfo estaba en las Islas Chincha por la ocupación, un soldado derramó una lata de aguarrás, seguidamente derribó por accidente con la cabeza al intentar evitar el aguarrás, la candileja de un farol. El buque ardió y a pesar de los esfuerzos de sus tripulantes, fue preciso abandonarlo, perdiendo de esa manera una unidad naval española de consideración.[6]

Más tarde se envió también la fragata blindada Numancia en un viaje que presagiaba lo peor debido a las negativas experiencias de franceses e ingleses con sus novísimos buques acorazados en viajes largos. Se inició la expedición de este buque el 4 de febrero de 1865, en el puerto de Cádiz, al mando del capitán de navío Casto Méndez Núñez.[7][8]:20

Tras carbonear en San Vicente el 13 de febrero[8]:29 arribó a Montevideo el 13 de marzo,[8]:32 de donde partió el 2 de abril con rumbo al Estrecho de Magallanes acompañado del vapor de ruedas Marqués de la Victoria, que debía acompañar a la Numancia hasta el estrecho para proveerla de carbón.[8]:38-39< Arribó a Valparaíso el 28 de marzo[8]:71 y encontró en dicho puerto a la corbeta Vencedora, que le indicó que la escuadra española se encontraba en el Callao, por lo que optó por dirigirse al citado puerto, al que arribó el 5 de mayo.[8]:72 Por su arriesgado viaje, Méndez Núñez seria ascendido a brigadier de mar.

Reacción internacional[editar]

Los delegados del Congreso americano reunido en Lima exigieron en noviembre la desocupación de las islas, pero no tuvieron éxito e incluso Hurtado Pinzón advirtió que la disputa era entre España y Perú. Luego el Congreso pidió que la Marina del Perú desalojase a los ocupantes, en circunstancias que su poder naval era solo una fracción del español. Cuando Pezet les confrontó con ese hecho, el congreso dejó de postular soluciones al conflicto en curso y se dedicó a elaborar tratados interamericanos.

En Chile se caldearon los ánimos contra la potencia usurpadora y, se formó un cuerpo de 152 voluntarios uniformados al mando de Patricio Lynch en el yate Dart, propiedad del influyente José Tomás de Urmeneta. Las dos compañías, una de artillería de mar y otra de marineros, llegaron al Callao el 23 de julio de 1864.[3]:122 Andrés Bello, conocido por su ponderación, adhirió a las manifestaciones de solidaridad.[3]:122

El gobierno ecuatoriano de Gabriel García Moreno inicialmente apoyó a los peninsulares por el apoyo que el gobierno peruano de José Rufino Echenique había brindado al insurgente ecuatoriano Juan José Flores en 1852. La diplomacia chilena logró revertir la situación, aunque en enero de 1865, García Moreno levantó la prohibición de suministro de carbón a la escuadra de Isabel II.[3]:123

Bolivia, a pesar de las tensiones anteriores con Perú y Chile, se manifestó contra la ocupación y hubo la dispocisión de apoyar militarmente al Perú.[3]:123

El gobierno de Colombia, cuyo representante en el Congreso americano Justo Arosemena apoyaba al Perú, mantuvo una actitud cautelosa.

Argentina y Uruguay se declararon neutrales en el conflicto, aunque en los hechos favorecieron a España. Ambos países, más Brasil, entraron en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay el 12 de noviembre de 1864.

Tratado Vivanco-Pareja[editar]

Vacilante, el general Juan Antonio Pezet, presidente del Perú desde mediados de 1863, entró en negociaciones con los españoles. Los periódicos de la época escribían de él: "parece un moderno Atahualpa", criticando su debilidad. Lo cierto es que el 24 de noviembre la Junta de Guerra peruana determinó la imposibilidad de vencer a la escuadra española con las fuerzas de que disponían (la Amazonas y las goletas Tumbes y Loa).

El 6 de diciembre el vicealmirante José Manuel Pareja llegó desde España para sustituir al almirante Pinzón y el 30 se realizó la primera conferencia entre Pareja y el general Manuel Ignacio de Vivanco, que culminaron con la redacción del Tratado Vivanco-Pareja, que fue firmado el 27 de enero de 1865 a bordo de la fragata Villa de Madrid. El documento establecía el intercambio de embajadores, el saludo a los respectivos pabellones, la reprobación oficial a Salazar, la desocupación de las islas Chincha y el pago a España de 3 millones de pesos como indemnización por los gastos causados. El 2 de febrero el tratado era ratificado por el Presidente del Perú.

Mientras tanto, los agentes del gobierno peruano que el año anterior fueron enviados a Europa habían adquirido buques y otros enseres de guerra. Para reforzar la escuadra peruana en caso de guerra se compraron las corbetas de hélice Unión y América; y los blindados Huáscar e Independencia.

Revolución de Arequipa y dictadura de Prado[editar]

El tratado, firmado a espaldas del Congreso del Perú, causó conmoción en Perú. El mariscal Ramón Castilla, presidente del Senado, protestó de manera airada y directa, en una áspera discusión con Pezet, que se había presentado en la cámara para explicar la situación.

El 28 de febrero de 1865, en Arequipa, se sublevó el coronel Mariano Ignacio Prado quien llegó a las puertas de Lima. En la batalla del 5 de noviembre de 1865 en Lima, las fuerzas de Pezet fueron derrotadas; las puertas del Palacio de Gobierno se abrieron y una multitud enfervorizada entró, principalmente para saquearlo. Pezet y su familia buscaron refugio en el buque británico Shear Water y se embarcó poco después hacia Inglaterra.

Mariano Ignacio Prado había entrado triunfante en Lima y el vicepresidente Pedro Díez-Canseco había tomado el poder, pero fue por breve tiempo, puesto que el 28 de noviembre, por presiones de asambleas populares y por decisión del ejército, el coronel Prado asumió de facto la presidencia.

Posición de Chile en el conflicto y posterior declaración de guerra a España[editar]

El gobierno chileno consideraba que las exigencias económicas de los españoles y la invasión de las islas Chincha representaban una ofensa y una agresión a la soberanía de los estados americanos y se solidarizó moralmente con Perú debido al americanismo existente en el país, esto pese a las buenas relaciones que tenía con España tras ser reconocido por esta en 1844 y a la deuda que Perú tenía con Chile por la campaña contra la Confederación Perú-Boliviana. Mientras el conflicto entre España y Perú parecía volver a surgir, en Chile la opinión pública chilena se exaltó y comenzaron a publicarse artículos hostiles contra España.

En 1864, se realizó un Congreso de Delegados Americanos para tratar el tema en Lima. Chile decidió a negar todo apoyo logístico a las unidades navales españolas en puertos chilenos.

El representante español, Salvador Tavira, en Chile protestó ante el gobierno contra la negación del carboneo de los buques españoles, los artículos aparecidos en la prensa chilena considerados ofensivos, el permiso para reclutar voluntarios contra España y no haber reprimido a los demostrantes que profirieron ofensas deshonrosas frente a la legación española. El gobierno chileno llegó el 20 de mayo[8]:104 a un acuerdo con Tavira, pero el vicealmirante Pareja, que reemplazó a Tavira por orden de su gobierno, opinó que era en contra del decoro y del honor de España.

El 17 de septiembre de 1865 Pareja ancló frente a Valparaíso con su buque insignia Villa de Madrid, reiteró las acusaciones de Tavira y presionó al gobierno chileno para que levantara las restricciones impuestas a su escuadra. Las protestas de Pareja se basaban en que se negaba el aprovisionamiento de carbón a los buques españoles mientras se permitía a los peruanos adquirir pólvora y víveres y reclutar marineros chilenos, se enviaban armas, provisiones y municiones para el Perú y, por último, Chile abastecía a barcos de guerra de Francia, estando este país en guerra con México, mientras a España se le negaba sin estar en guerra con nación alguna.

En Madrid, tras dos años de gobiernos moderados, regresó al poder el general O’Donnell, cuyo gabinete envió instrucciones precisas al vicealmirante Pareja: reparaciones y saludo a la bandera. Si se negaran, se debía romper las relaciones y dar un ultimátum. Si Santiago persistiera en su actitud, debía bloquear de los puertos. Finalmente, si Chile continuara sin atender las exigencias españolas, hostilizar Valparaíso o Lota. Pareja dio cuatro días de plazo al gobierno chileno.

Ante la negativa chilena, el Comandante General de la Escuadra del Pacífico declaró toda la costa chilena en estado de bloqueo el 24 de septiembre de 1865. Aunque, debido a los pocos buques españoles, este se redujo a Coquimbo y Caldera. En respuesta a la decisión de Pareja, Chile declaró la guerra a España el día siguiente.

Desarrollo de la guerra[editar]

Bloqueo de Coquimbo, Caldera, Valparaíso y Concepcción[editar]

Caricatura aparecida en El Museo Universal del 2 de diciembre de 1866: Chile y Perú, con uniforme europeo pero descalzos, se esconden de la poderosa flota enemiga.

El comandante general de la escuadra del Pacífico José Manuel Pareja declaró toda la costa chilena en estado de bloqueo el 24 de septiembre. El bloqueo se hizo en condiciones difíciles, pues con cuatro fragatas y dos goletas, solo contando con el aprovisionamiento de puertos bolivianos y con algunos recursos. Además se debían cubrir más de 1.600 millas de costa. El dispositivo de bloqueo fue el siguiente: la fragata Villa de Madrid, con la insignia del almirante Pareja, las corbetas Vencedora y Covadonga, frente a Valparaíso; la fragata Berenguela, con un vapor chileno apresado el Matías Cousiño, frente a Coquimbo; la fragata Blanca en Caldera y la fragata Resolución en la bahía de Concepción, por lo que de extremo a extremo del bloqueo había una distancia de doscientas leguas sin ningún tipo de comunicación. Los buques españoles se fueron rotando en el bloqueo de los puertos chilenos.

Simultáneamente, los españoles se apoderaron de todas las naves mercantes chilenas que pudieron haber, entre ellas el Matías Cousiño.

Ante esta acción, el Gobierno de Chile había dispuesto la preparación de los únicos buques de guerra que poseía el país para las acciones contra los españoles: la corbeta Esmeralda y el vapor armado Maipú, bajo la dirección del capitán de fragata Juan Williams Rebolledo. Estas unidades al mando de Williams habían salido de Valparaíso antes de notificarse el bloqueo y sin oposición de Pareja, que bien pudo haberlos detenido con su buque insignia.

El gobierno chileno para poder intensificar la guerra en el mar, recurrió al mismo plan que tan buenos resultados le había dado contra los españoles durante la guerra de independencia, se dictó el 26 de septiembre un nuevo reglamento destinado a fomentar la guerra de corso. No se ha verificado si se armó algún corsario con patente de corso chilena durante conflicto, pero la medida generó una fuerte alarma a los españoles en sus propias costas. También se tomaron medidas para proteger puertos como Talcahuano, Valparaíso, Caldera y Coquimbo, entre otros, se prepararon destacamentos militares para prevenir un desembarco o ataque. Durante el bloqueo, ocurrieron varios combates entre los tripulantes de las naves españolas y los soldados chilenos acantonados.

El 24 de octubre, se llevó a cabo uno de los primeros enfrentamientos de este tipo. Dos botes españoles de la corbeta Vencedora tripulados con 25 marinos cada uno se dirigieron al interior del puerto de Valparaíso con el objeto de capturar botes de los barcos fleteros surtos en la zona. Inmediatamente un destacamento de 10 piquetes chilenos del batallón de Marina al advertirles a los marinos españoles que no desembarcaran y estos al no acatar les abrieron fuego logrando rechazarlos y causándole 2 heridos. El 6 de noviembre en Dichato una cañonera y dos botes tripulados por 25 a 30 marinos provenientes de la fragata Resolución desembarcaron en la zona con el objeto de buscar provisiones, pero el teniente chileno de la brigada cívica Juan de Dios Varas con 25 hombres atacó a los marinos españoles cuando se reembarcaban evitando que se llevaran algunas cabezas de ganado, logrando hacerles algunas bajas y capturar a un marinero español.[9]:35-36

Siguiendo con la cadena de hechos de enfrentamientos. En el sur, a la fragata Resolución se le encomendó el bloqueo de los puertos de la bahía de Concepción.[10]:298 Para optimizar la efectividad del bloqueo, los españoles armaron una de las lanchas del buque con una pieza de artillería y la destacaron para impedir el tráfico de barcos chilenos de Talcahuano a Penco y Tomé.

El 17 de noviembre frente a Tomé, el pequeño remolcador chileno Independencia cometió la imprudencia de acercarse demasiado a la lancha española y, ante los disparos realizados por esta, simuló rendirse.[10]:299 El remolcador apagó las luces y detuvo sus máquinas y dejó que la lancha se aproximara.[10]:300 Cuando los marinos españoles se disponían a tomar posesión de su presa, fueron sorprendidos por un centenar de militares chilenos armados que viajaban a bordo del Independencia y no tuvieron más remedio que rendirse.[10]:300 La lancha y sus tripulantes fueron llevados a Constitución.[10]:300

Aparte de estas acciones, el bloqueo de Pareja en un comienzo afectó el comercio naval chileno además de provocar la pérdida de varios buques mercantes que eran capturados por los barcos de guerra españoles. Muchos buques mercantes se vieron obligados a abandonar el puerto o a cambiar bandera. Pese a esto, el gobierno chileno reaccionó declarando libre treinta y ocho puertos menores y mejorando las vías de comunicación terrestre. Con estas medidas el tráfico marítimo volvía a funcionar sin problemas al cabo de unas semanas, dejando una situación casi imposible para la escuadra española de hacer un bloqueo efectivo.[10]:208

Captura de la Virgen de la Covadonga[editar]

El 26 de noviembre, un hecho imprevisto por el vicealmirante Pareja provocó la ruptura del bloqueo en las costas chilenas ya que la corbeta Esmeralda a la que Pareja erróneamente dejó salir de Valparaíso, después de viajar con el vapor Maipú con dirección a Perú para intentar inútilmente unirse a la escuadra peruana y volver a las costas chilenas con el objeto de hostilizar y atacar a algún buque de guerra español, logró capturar en Papudo a la goleta Covadonga al mando del capitán Luis Fery. Todo esto pese a la abismal y desproporcionada debilidad chilena en el mar se logró una exitosa acción ofensiva contra una unidad de guerra española, que resultó capturada y pasó a engrosar la pequeña escuadra chilena, como su tercer buque. Este hecho fue un gran revés para la escuadra española. Pareja había permitido la salida de la Esmeralda y había ordenado la partida de la pequeña Covadonga, de tan solo tres cañones, en solitario, a pesar de las quejas de parte de la junta de oficiales. El sentimiento de culpa lo llevaría prontamente a suicidarse.

Capturada la goleta y al notar que no tenía graves daños, Williams Rebolledo le dio el mando del buque a Manuel Thomson y se retiró del lugar del combate ya que la Villa de Madrid estaba cerca de la zona, en Valparaíso. Williams estimo que el vicealmirante Pareja apenas supiera de lo acontecido, enviaría aviso a la corbeta Vencedora al norte y la Resolución que bloqueaba Talcahuano. Por lo que planeó ahora teniendo dos buques de guerra, emboscar desde la altura de San Antonio a la Vencedora y al transporte Marqués de la Victoria que seguramente partirían al sur. Al no lograr su objetivo se dirigieron a la boca del Maule donde recibieron instrucciones del gobierno de dirigirse a Chiloé donde se estaba organizando un fondeadero naval para proteger sus buques.

Flota peruana al sur[editar]

Mientras tanto en Perú, tras el final del gobierno de Pezet y al tomar el mando Mariano Ignacio Prado, se acordó el envío de la escuadra peruana para unirse a la chilena en Chiloé y esperar allí la llegada de los nuevos buques blindados; el Monitor blindado Huáscar y la fragata blindada Independencia.

El 3 de diciembre de 1865, con la preparación de la escuadra peruana por el enviado de Chile Domingo Santa María y el peruano José Gálvez Egúsquiza, iniciaron la travesía los buques peruanos al mando del capitán de navío Manuel Villar Olivera, nombrado jefe de las fuerzas navales peruanas, que eran las fragatas Apurímac y Amazonas, y 44 días después las corbetas Unión y América, de estos buques peruanos hay que constatar que iban marinados por tripulación de origen chileno, especialmente los dos últimos.[11]​ Al mismo tiempo, el recién ascendido capitán de navío Juan Williams Rebolledo, con la corbeta Esmeralda, la goleta Covadonga y los vapores Maipú y Lautaro (comprado a Perú), había organizado el apostadero naval de Abtao, en el archipiélago de Calbuco, en dos ensenadas colindantes a la isla del mismo nombre, ubicada en la ribera norte del canal de Chacao. Perú al tener lista su flota le declaró la guerra a España el 13 de diciembre, dejando de esta manera sin efecto el tratado antes firmado. El gobierno peruano además de enviar sus fuerzas navales a Chiloé para unirse a las fuerzas chilenas, se dio en la tarea de fortificar el puerto de el Callao con los cañones enviados por Francisco Bolognesi desde Europa.

En Chiloé, se había organizado el apostadero naval de Abtao en el Archipiélago de Calbuco en un lugar de difícil acceso y donde las escuadras aliadas de Chile y Perú se quedarían para esperar la llegada de los blindados comprados en Europa. Su fuerza naval por el momento se componía de la corbeta Esmeralda, la goleta Covadonga y los vapores armados Maipú, Lautaro y Antonio Varas, mientras se esperaba la llegada de los buques peruanos para unirlas bajo el mando del capitán de navío y nombrado Jefe de la escuadra aliada, Juan Williams Rebolledo.

Esperando la llegada de los buques peruanos, Williams comisiono al Maipú hacia San Antonio en busca de artillería y a la Covadonga que zarpo el 24 de diciembre hacia el Estrecho de Magallanes para interceptar al vapor español San Quintín que se creía que entraría a las costas para apoyar a la escuadra española. La Covadonga regresaría sin haberlo hallado el 3 de febrero del siguiente año tras un rígido viaje por el clima.

Méndez Núñez llega desde España con la Numancia[editar]

Al vicealmirante Pareja, que se había suicidado por la captura de la Covadonga y por la mala situación de su comando le sucedió en el mando el brigadier Casto Méndez Núñez quien con la fragata blindada Numancia apareció en las costas chilenas. Méndez Núñez ante la difícil situación de la escuadra decidió levantar el bloqueo de la mayoría de los puertos, limitándose a bloquear Valparaíso y Caldera donde se habían concentrado las presas mercantes capturadas a Chile.

En este último puerto el 27 de diciembre ocurrió otra acción de combate entre los buques de guerra y lanchas cañoneras españolas contra soldados de infantería chilena de los batallones 4.º de línea y 2.º de línea al mando del jefe de la guarnición de Caldera, el coronel José Antonio Villagrán Correas. Los españoles lanzaron tres lanchas cañoneras provenientes de la fragata blindada Numancia y la fragata Berenguela, se dirigieron a Calderilla con el objeto de capturar un vapor surto en la zona, al tomarlo las tropas de tierra abrieron inmediatamente, fuego que fue contestado por los cañones de las lanchas. El fuego mutuo dejó a una de las lanchas cañoneras españolas fuera de combate. Esto provocó el abandono de la presa y el alejamiento de las lanchas. El combate se prolongó desde la mañana hasta las 6 de la tarde, cuando la misma fragata Berenguela abrió fuego a las posiciones chilenas aunque sin provocar grandes daños. Luego se alejaron del puerto. Fueron identificados tres muertos del lado español por fuentes chilenas.[9]:36-37

Con la declaración de guerra por parte del Perú a España, se cerraron los puertos de aprovisionamiento de este país para los buques españoles. Bolivia junto con Ecuador irían pronto por el mismo camino por lo que el comodoro Méndez Núñez decidió levantar definitivamente el bloqueo de Caldera. El 13 de enero de 1866 pegaban fuego a los mercantes chilenos que tenían reunidos en ese lugar y se retiraron a Valparaíso para concentrar el bloqueo absolutamente en ese puerto y empezar las operaciones para recuperar la goleta Covadonga e intentar destruir la escuadra aliada.

Alianza sudamericana[editar]

El 5 de diciembre de 1865 se firmó el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva de 1865, celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile, por el secretario de relaciones exteriores del Perú, Toribio Pacheco y el ministro plenipotenciario de Chile, Domingo Santa María.[12]​ El tratado invitaba a otras repúblicas sudamericanas a unirse para enfrentarse a la escuadra española. Poco después Bolivia y Ecuador se unieron a la alianza, aunque no llegaron a participar en la guerra. En previsión de un posible ataque español, Ecuador fortificó su puerto principal, Guayaquil.

La escuadra aliada en Abtao[editar]

En aquellos momentos la escuadra aliada no contaba con naves capaces de enfrentarse directamente con la poderosa fuerza naval española de mayor tonelaje, blindaje y armamento. Fue por ello por lo que los buques chilenos por orden del gobierno se refugiarían en el apostadero naval de Abtao que estaba ubicado en los canales de Chiloé siendo de difícil acceso para los españoles que no conocían la zona, existiendo el peligro que alguno de sus buques encallaran fácilmente. Perú de igual modo enviaría sus buques a aquel fondeadero.

El 10 de enero las fragatas peruanas Apurímac y Amazonas arribaron a Chiloé donde tomaron contacto con la Esmeralda.[13]​ A la flota aliada estacionada entonces en Abtao se sumarían luego las modernas corbetas Unión y América, quedando todas ellas a la espera del arribo de los nuevos blindados peruanos Huáscar e Independencia con los cuales se planeaba iniciar operaciones ofensivas contra la escuadra española.

Para mala suerte de los aliados, el 15 de enero la Amazonas varó en la parte sur de la isla Abtao sin que pudiera ser reflotada pese a los esfuerzos realizados, de modo que perdida la nave, sus cañones fueron utilizados en el resto de buques[14]​ y para artillar las entradas al canal de Chayahué.[15]

El 18 de enero, en cumplimiento de las instrucciones dadas por el Ministerio de Marina, Williams Rebolledo ordenó al vapor Maipú se dirigiera al sur con la finalidad de contactar con la Covadonga (que se encontraba de comisión) o, en caso contrario, seguir hasta el cabo de Hornos para apresar dos vapores españoles, el Odessa y el Vascongada de los cuales se tenían noticias sobre su próximo paso por el lugar.[16]:88-89[17]​ Según el testimonio del teniente Arturo Prat, miembro de la tripulación de la Covadonga, este buque se reintegró en la escuadra aliada en Abtao el 3 de febrero de 1866 sin tener noticias de estos hechos.

La base en Abtao no estaba lista para aprovisionar a la escuadra aliada. Se habían acumulado en tierra 500 toneladas de carbón pero faltaban embarcaciones carboneras con qué hacer la faena en los buques. Las provisiones de boca eran inexistentes y Williams decidió trasladarse a Ancud, con la Esmeralda ante el poco andar de los otros buques, para solucionar allí el problema de abastecimiento, en especial para las recién llegadas corbetas peruanas. Planeaba también traer a remolque una barca cargada con carbón que reservaba para la escuadra y embarcar un batallón de infantería de marina para reforzar las defensas terrestres del apostadero. Sabiendo que en cualquier momento podía ser atacado, dejó instrucciones para el caso y el mando al Jefe de la División peruana, el también capitán de navío Manuel Villar Olivera.

Primera expedición española a Chiloé[editar]

Por esas fechas, el brigadier español Casto Méndez Núñez, Comandante General de la Escuadra del Pacífico, recibió órdenes desde Madrid en las que se le indicaba que no debía abandonar aquellas aguas sin antes conseguir la paz a través de una negociación o por medio de las armas.

El 20 de enero la Junta de Oficiales decidió enviar a las fragatas de hélice Resolución, Villa de Madrid y Blanca hacia el sur para localizar a la escuadra combinada chileno-peruana, que los informes situaban, con acierto, oculta en el archipiélago de Chiloé. Finalmente, Méndez Núñez decidió que la Resolución permaneciera en Valparaíso, mientras se desarrollaban las negociaciones con el gobierno de Chile, auspiciadas por Francia y el Reino Unido.

El 21 de enero salieron de Valparaíso la Blanca, al mando de Juan Bautista Topete y la Villa de Madrid, al mando de Claudio Alvargonzález, que también comandaba la expedición.

La primera parada de la expedición fue en la isla de Juan Fernández. Tras comprobar que no había ningún barco en sus aguas, las fragatas españolas continuaron su viaje hacia la isla Grande de Chiloé, que avistaron el 4 de febrero. El día siguiente fondearon en Puerto Low,[notas 3]​ en la isla Gran Guaiteca y esa misma noche se dirigieron nuevamente a la isla Grande de Chiloé para reconocer su costa oriental. El día 6, por la tarde, fondearon en Puerto Oscuro.{{refn|group="notas"|name="incerteza2"|Según el Diccionario Jeográfico de Chile de Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos,

  • Huite, un puerto situado en la costa oriental de la isla de Chiloé (a 42º04'S), recibe también el nombre de Puerto Oscuro

Según Vida de Arturo Prat de Rodrigo Fuenzalida, Puerto Oscuro es Tubildad, situado entre Quemchi y Huite.

Según Impresiones del viaje de circunnavegación en la fragata blindada Numancia de Eduardo Iriondo, Puerto Oscuro se encuentra en la costa oriental de la isla de Chiloé, a 42º de latitud. (Huite y Tubildad se encuentran muy próximos entre sí (a menos de 4 km) y ambos están a unos 42ºS de latitud)</ref>

El plan inicial de reconocer el seno de Reloncaví para pasar, a continuación, al canal de Chacao y a Ancud (ciudad a la que los españoles continuaban llamando San Carlos de Chiloé), pero Alvargonzález decidió enviar a la Blanca a inspeccionar los canales y esteros del Archipiélago de Calbuco, porque sabía que la fragata peruana Amazonas había naufragado por aquella zona y suponía que el resto de barcos debían encontrarse cerca. Poco después de partir, el 7 de febrero Topete descubrió a la Amazonas varada en un banco de arena frente a la punta Quilpué, al sureste de la isla Abtao. También contactó con un bote de habitantes de la zona, quienes le indicaron la ubicación de la escuadra combinada.

Combate de Abtao[editar]

Plano moderno del archipiélago de Calbuco. El estero de Huito, con forma de arco, entre las islas Quihua y Chaullín. A la izquierda la isla Abtao, también con forma de arco.

La flota chileno-peruana se componía por la fragata Apurimac, las corbetas Unión y América, la goleta Covadonga y los vapores Lautauro y Antonio Varas, y se encontraba al mando del capitán peruano Manuel Villar Olivera, ya que Williams Rebolledo y su Esmeralda había partido hacia Ancud en busca de víveres y carbón dos días antes. Además, disponían de una serie de baterías en tierra montadas con los cañones rescatados de la Amazonas. En este combate los vapores no tendrían participación en el combate ya que la Lautaro había sido varada y el Antonio Varas fue llevado al norte de la línea de combate. las baterías de tierra tampoco participarían debido a la poca distancia que tenían.

En las primeras horas del 7 de febrero, los vigías aliados anunciaron la presencia de un buque que luego fue identificado como una de las fragatas españolas, que de manera precavida reconocía la zona en que se encontraban las naves aliadas, las cuales formaron una línea en forma de herradura cubriendo con sus cañones los dos accesos a la ensenada.

A las 3:30 de la tarde, la fragata Apurímac, donde el capitán Villar había enarbolado su insignia, rompió el fuego contra las fragatas españolas, iniciándose de esta manera el combate que se prolongó por aproximandamente dos horas, intercambiándose los disparos a una distancia promedio de 1500 m, aunque hubo un momento en que la Covadonga se aproximó a 600 m de la Blanca, a la que se creía varada para cañonearla sobre el istmo de la isla Abtao.

Se hicieron en conjunto unos 2000 disparos, sin que ninguna de ambas fuerzas recibiera daños considerables. Las fragatas españolas no se animaron a acercarse por temor a resultar varadas en una zona que desconocían, mientras que las naves aliadas -dada su inferioridad material- se mantuvieron al amparo del canal.

Las bajas españolas fueron de seis heridos y tres contusos. En la escuadra aliada los historiadores discrepan sobre el número de bajas. Las cifras de muertos oscilan entre dos y doce y los heridos entre uno y una veintena.[18]

Al caer la tarde las fragatas españolas cesaron el fuego y salieron de la boca de la ensenada. Manteniéndose a poca máquina, los buques esperaron toda la noche algún movimiento de la escuadra aliada, realizando algún disparo, pero sin obtener respuesta. Al amanecer las fragatas volvieron a la entrada de la rada, permaneciendo allí hasta las 9 de la mañana. Al ver que los barcos chileno-peruanos no se movían, se decidió regresar a Valparaíso para reunirse con el resto de la escuadra española.

La escuadra aliada, sin embargo, no se encontraba en muy buena situación: al inutilizado Lautaro, había que añadir que la Apurímac se encontraba con sus máquinas en reparaciones, lo que la impedía moverse.[19]

La historiografía aliada considera el combate de Abtao como una victoria estratégica por considerar que las fragatas españolas se retiraron sin cumplir su misión. Aun así, los historiadores peruanos conceden mayor importancia al combate que sus colegas chilenos y se muestran más críticos con la ausencia de Williams Rebolledo que estos últimos.

Al arribo de Williams Rebolledo y la Esmeralda, la flota aliada buscó una mejor posición en el estuario de Huito, situado al frente y a poca distancia de las islas de Calbuco. Tras tener noticias del combate, el brigadier Méndez Núñez decidiría salir él mismo en busca de las naves aliadas al mando de la fragata blindada Numancia y la Blanca para destruir definitivamente las fuerzas aliadas.

Segunda expedición española a Chiloé[editar]

La Junta de Oficiales de la escuadra española volvió a reunirse. Méndez Núñez había decidido organizar una nueva expedición para enfrentarse a la flota combinada chileno-peruana.

Chile había rechazado las propuestas británicas y francesas para poner fin al conflicto, por lo que el Comandante General decidió partir esta vez él mismo, a bordo del buque insignia de la Escuadra del Pacífico, la Numancia. La Blanca haría de guía y exploradora por los canales chilotes, de difícil navegación.

Por su parte, la flota aliada levó anclas y marchó hacia un apostadero más seguro a la vuelta de Williams Rebolledo. Se establecieron, finalmente, en el interior del estero de Huito, de difícil acceso por su estrecha entrada. El Jefe de la Escuadra aliada ordenó, asimismo, estrechar más la boca, artillarla con los cañones recuperados de la Amazonas y cerrarla con la cadena del mismo buque. Para dificultar más el acceso, Williams Rebolledo ordenó también hundir en la entrada el vapor Lautaro y una lancha.

El 17 de febrero salieron de Valparaíso la Numancia y la Blanca en dirección a Chiloé. La Blanca haría de guía y exploradora en los difíciles canales chilotes.

El 28 de febrero las fragatas españolas fondearon en Puerto Low,[notas 3]​ en la isla Grande de Chiloé. Aquella noche, mientras navegaban por el golfo de Corcovado, se levantó una densa niebla. Las naves dejaron de verse la una a la otra, por lo que fue necesario cada cierto tiempo disparar los cañones, encender bengalas o tocar las cornetas. Sobre las 5:00 del 29 de febrero, Méndez Núñez calculó que debían estar cerca de los bajíos de las islas Desertores, por lo que ordenó parar las máquinas y esperar a que se despejara algo para continuar. A las 14:30, cuando por fin aclaró algo, descubrieron que las corrientes les habían arrastrado hacia el sur. A media tarde volvió a formarse la niebla. Alrededor de las 15:00 del 1 de marzo fondearon finalmente en las aguas de Puerto Oscuro.

Combate de Huite[editar]

Baterías del Callao el 2 de mayo de 1866.

Durante el viaje de las fragatas españolas para lograr llegar a su objetivo anclaron en la noche del 1 de marzo en Tubilda, cerca de Huito para reposar. Este fondeadero quedaba bajo resguardo de un morro en el que, sin que supieran los españoles, se hallaba acampado 2 compañías del batallón N° 4 de Ancud al mando del mayor Jorge Wood.[9]:38

La Blanca estaba anclada a escasos 50 metros de las rocas por lo que durante la noche Wood ordeno a los soldados chilenos que tomaran posiciones en las que se pusieron a tiro de fusil del enemigo. Los soldados se ocultaron tras las rocas y se pusieron en posiciones ventajosas en la cima del morro.

Al despertar en la mañana a las 4:45 del 2 de marzo, las tripulaciones se agruparon en las anchas cubiertas para pasar revista. Las fuerzas chilenas al observar esto abrieron inmediatamente fuego de fusilaría lo que sorprendió completamente a la marinería española. Los marineros inmediatamente corrieron a bajar a los entrepuentes y aclarar la cubierta. La artillería de los buques no podía contestar el fuego por la corta distancia en que se hallaba el enemigo y tampoco había blanco a que disparar, ya que los chilenos tenían muy buenas posiciones. Por otra parte, la Numancia no podía ayudar tampoco, pues su compañera estaba en la línea de fuego y debido a esto Casto Méndez Núñez envío un bote con refuerzos el que intento acercarse a las rocas y desalojar a los tiradores, pero fue también atacado y rechazado.[20]

A las dos horas de combate logró por fin la Blanca apartarse a tiro de cañón y abrió fuego, pero con tan poca efectividad que las fuerzas chilenas no sufrieron bajas. Los buques siguieron su rumbo para buscar a la escuadra aliada.

Las tropas chilenas en documentos de la época señalan de que en este enfrentamiento infligieron daños y causaron numerosas bajas, pero las fuentes españolas hablan de que no hubo pérdida alguna.[10]:312-313[notas 4]

En la ensenada de Huito[editar]

A las 9:40 las fragatas se acercaron a la isla Abtao, por lo que se tocó zafarrancho de combate. A las 10:00, tras comprobar que la flota combinada ya no se encontraba en aquel lugar, la Blanca se adelantó para explorar la ensenada. Tras ello, continuó explorando las islas, ensenadas y canales de la zona y sondando los fondos. Estando fondeadas ambas naves en la isla Tabón, en una zona lo suficientemente profunda para el calado de la Numancia, contactaron con una embarcación de la zona que les informó de la posición de los buques chileno-peruanos y de las medidas que habían tomado para impedir que las fragatas españolas forzaran la entrada. Pronto las columnas de humo de los buques peruanos y chilenos permitieron a Méndez Núñez ubicar el nuevo refugio, y fondeó a unas cinco millas de distancia.

Al ver esto, algunos jefes aliados temían que las fragatas españolas lograran forzar la boca de la ensenada de Huito, y en este evento bastaban los cañones de la Numancia para destruir toda la escuadra aliada. A su juicio, era preferible salir al mar libre y dispersarse en todas direcciones pero el comandante Williams Rebolledo creía más seguro el refugio de Huito. Al fin prevaleció la opinión del jefe chileno, y para dificultar más el acceso a la escuadra enemiga, se obstruyó la estrecha entrada del estero de Huito, hundiendo en ella el Lerzundí.

Los acontecimientos dieron la razón al comandante Juan Williams Rebolledo. Los jefes españoles no conocían la profundidad de la ensenada de Huito y sospechaban que se la había escogido precisamente porque no permitía la entrada de buques de 8 metros de calado, como la Numancia. Además, su estrechez y las corrientes la hacían muy peligrosa, incluso después de apagar el fuego de las baterías improvisadas por Williams y de remover el casco del Lerzundi, que la obstruía. Finalmente, Méndez Núñez decidió finalizar la misión y regresar a Valparaíso.

Durante el viaje de regreso, la Blanca logró apresar en el golfo de Arauco al buque auxiliar chileno Paquete del Maule que viajaba junto con el vapor Independencia (que pudo escapar sin ser detectado) transportando tropas de aquel país y se dirigían hacia Montevideo con el objetivo de completar en ese lugar las tripulaciones de los blindados Huáscar e Independencia que venían desde Europa. En Coronel apresaron dos bricbarcas cargadas con mil toneladas de carbón entre las dos, una prusiana y la otra italiana. Finalmente el 14 de marzo lograron llegar a Valparaíso.

Bombardeo de Valparaíso[editar]

Bombardeo de Valparaíso por la flota española el 31 de marzo de 1866.

En Valparaíso el almirante Méndez Núñez exigía a Chile la devolución de la Covadonga a cambio de levantar el bloqueo y devolver las presas hechas por la Escuadra española. Chile contestó al intermediario, el estadounidense comodoro John Rodgers, que no devolvería la Covadonga.

En la mañana del 24 de marzo, el almirante español envió por intermedio del ministro norteamericano Kilpatric un ultimátum al gobierno de Santiago dándole un plazo de cuatro días para que diera las satisfacciones exigidas por el gobierno español, devolviera la Covadonga y saludara a la bandera española y que en caso contrario bombardearía por orden de Madrid las instalaciones del puerto de Valparaíso y sucesivamente los demás de la costa chilena. Esta declaración causó indignación y pánico entre la población. Ante toda negativa del gobierno chileno, Méndez Núñez comunicó al intendente de Valparaíso que en vista del fracaso de las negociaciones y la infructuosa búsqueda de la escuadra aliada para batirla, no encontraba otro medio para vengar las ofensas recibidas que con el bombardeo de Valparaíso. Los representantes diplomáticos hicieron todo lo posible para evitar el bombardeo de la que Méndez Núñez aludía por el hecho de que la escuadra aliada no daba combate. Ante esto, el ministro chileno de relaciones exteriores Álvaro Covarrubias Ortúzar propuso arreglar a diez millas de Valparaíso un combate en paridad entre los españoles y los aliados. El resultado de este combate seria decisivo y se respetaría mutuamente. El comodoro Rodgers sería el árbitro. Pero Méndez Núñez no quiso aceptarla ya que ante una posible derrota la responsabilidad caería sobre él ya que no tenía autoridad ni órdenes para hacer eso.[10]:221

Méndez Núñez anunció entonces el bombardeo del puerto, advirtiendo con mucha antelación sus intenciones, con el propósito de facilitar la evacuación de civiles. Incluso las fuerzas navales neutrales de Estados Unidos y Gran Bretaña amenazaron con intervenir si se llevaba a cabo el ataque ya que esta acción violaba las leyes de guerra al ser Valparaíso un puerto indefenso, Méndez Núñez replicó que tenía órdenes y que si intervenían serían considerados enemigos y atacados también, momento también en el que dijo la célebre frase de «España prefiere honra sin barcos a barcos sin honra». Las unidades navales estadounidenses e inglesas no intervendrían en la acción que ejecutarían los españoles, ya que sus respectivos gobiernos no autorizaron comprometer sus buques en esta guerra.

El 31 de marzo Méndez Núñez procedió con el bombardeo, causando grandes daños al puerto. Hubo 2 muertos y, aproximadamente, 10 heridos,[10]:223 porque unos 40 000 habitantes, casi la mitad de la población, avisados de antemano, habían abandonado sus hogares y los otros se refugiaron convenientemente. Además, el bombardeo fue esencialmente dirigido contra los edificios públicos del puerto. Por indicación de Méndez Núñez los hospitales, conventos e iglesias fueron señalados con banderas blancas. Así los buques españoles sabrían qué lugares evitar específicamente.

La acción fue muy criticada por tratarse de un puerto indefenso (todos los cañones habían sido retirados por el gobierno chileno para así demostrarlo). Los mismos integrantes de la Escuadra creían firmemente que la acción era un error y les provocaba desagrado. El propio Méndez Núñez expresó su disconformidad al Gobierno de Madrid: «todo el mundo civilizado reprobará nuestra conducta». Las cartas de los marineros y los oficiales coinciden en ideas parecidas. Así, el Mayor General de la Escuadra, Miguel Lobo y Malagamba escribía a su mujer:

Te aseguro que he pasado un rato desagradabilísimo por ser cosa en extremo bárbara y bien en contra de mis ideas. Yo me alegraré de no volver a ver semejante acto; y siento en el alma que los cañones hayan sonado para verificarlo. Méndez Núñez y todos han sufrido bastante en aquellos momentos […] Era una vista terrible.

Entonces Méndez Núñez, espoleado por los reproches vertidos en cuanto al ataque contra Valparaíso, puso rumbo a El Callao, el puerto mejor defendido de Sudamérica.

En Chile y Perú aún se tenían esperanzas de la pronta llegada de los blindados Huáscar e Independencia, ambos con poderosa artillería, pero no obstante ello, el gobierno peruano dispuso la organización de las defensas necesarias a cargo de la Marina y del Ejército, instalándose 56 cañones agrupados en varias baterías, incluyendo una dirigida a la zona conocida como la Mar Brava en previsión de un ataque por la retaguardia. La movilización de hombres fue total. También los extranjeros intervinieron, formando brigadas de bomberos, pues se temía que se propagaran incendios por el puerto y la ciudad.

Armas innovadoras chilenas que intentaron destruir la escuadra española[editar]

A raíz del estallido de la guerra y el posterior bloqueo de las costas chilenas por la Armada Española al mando de Pareja el 24 de septiembre de 1865 y luego Méndez Núñez, el gobierno chileno busco soluciones para poder combatir a la armada española ante la inmensa inferioridad naval con la que contaba el país ya que con los únicos buques de guerra con los que contaba era la Esmeralda y el Maipú, ambos buques inferiores a las fragatas con las que contaban los españoles.

Es así que durante el bloqueo de Valparaíso y del resto de las costas chilenas el gobierno de Chile recibió numerosas ofertas de particulares que decían tener armas capaces de eliminar la escuadra española y levantar el bloqueo. Según escribe el historiador Francisco Antonio Encina en su Historia de Chile, "un enjambre de inventores de torpedos, brulotes, minas eléctricas, "buques cigarros" (submarinos), casi la totalidad semilocos, asediaban a toda hora al gobierno chileno, ofreciéndoles sus inventos que destruirían infaliblemente la escuadra española".

Solo dos de estas ofertas se pusieron en práctica con armas de superficie, y estos fueron los brulotes y sumergibles.

El 27 de diciembre de 1865 en el puerto de Caldera (Chile) se aprestó el vapor de ruedas María Luisa con una carga explosiva a proa. Pero los españoles enviaron un bote a vapor de la fragata blindada Numancia que capturó el vaporcito, pero cuando intentaban remolcarlo fuera de la bahía, apareció un piquete de soldados chilenos que se apostó en Punta de Zorro y obligó a los captores a soltar su presa y alejarse con dos heridos. Un segundo intento sucedió en Valparaíso donde fuentes españolas afirman haber desbaratado con fuego de cañón un ataque nocturno que dejó un muerto por bando. Los chilenos lograron apoderarse de un remo de los atacantes españoles. Se trató posiblemente de la lancha Calderina con cubierta de hierro que al zarpar la escuadra española quedó abandonada en el puerto.[10]:320-321

Luego se intentaron usar dos sumergibles que, en definitiva, fueron autorizados por parte del gobierno del presidente José Joaquín Pérez Mascayano para construirlos. Se trataba de uno de los primeros intentos de submarino de la historia.

El primero conocido como Invisible, había sido construido por el alemán Gustav Heyermann con un costo de doce mil pesos. Fue armado en los talleres Klein de Santiago de Chile y era de fierro remachado, de 30 pies de largo y de 6 de diámetro. Su propulsión era proporcionada por seis remos y se sumergían gracias a lastres de agua. Al hacer las pruebas en Valparaíso para comprobar su estabilidad sufrió vario problemas por filtración de agua. El 20 de abril de 1866, el sumergible se hundió a 20 metros de la orilla.

El segundo, llamado Flach, fue el propuesto por el también alemán avecindado en Valparaíso, Karl Flach. Flach era ingeniero, había fabricado cañones de retrocarga que eran una novedad para la época y, por último, Alemania era una potencia militar que ya tenía su propio submarino, así que se le dio credibilidad. El proyecto prendió rápidamente y le encargaron la construcción de la nave.

El invento de Karl Flach era simple. Totalmente hecho de hierro, el submarino tenía una eslora de 12,5 m, una manga de 2,5 metros y un peso cercano a las 100 t. Alcanzaba una velocidad de 2 a 3 nudos, impulsado a propulsión humana, con un sistema de cigüeñales y pedales que movían sus dos hélices, y se hundía con un ingenioso sistema de arrastre de pesos de un lado a otro de la nave. Su armamento consistía en un cañón de retrocarga ubicado en la proa y otro cañón más pequeño instalado en la torreta. Contaba además con un novedoso sistema de renovación de aire, por lo que su autonomía sumergido podía llegar a las 8 horas aproximadamente. Tenía una escotilla, pero no tenía periscopio, por lo que, cada tanto, el buque debía salir a la superficie para saber si iba en la dirección correcta.

El Flach, fue construido en Playa Las Torpederas y probado en abril de 1866 en la bahía porteña, sumergiéndose con un par de personas a 7,5 m y reapareciendo una hora después, sin inconvenientes. Después de varias pruebas exitosas y al intentar ir más lejos de la costa, el 3 de mayo el Flach se sumergió con once hombres a bordo sin volver a reaparecer acabando definitivamente con todo nuevo proyecto tecnológico, sin evitar el bombardeo de Valparaíso y acabar con la superioridad naval española.

Combate del Callao[editar]

Batería peruana en el puerto del Callao, el 2 de mayo de 1866.

La escuadra llegó a la isla San Lorenzo, frente a las costas del Callao, el 26 de abril de 1866. Al día siguiente, Méndez Núñez anunció al cuerpo diplomático acreditado en Lima que daría un plazo de cuatro días para la evacuación de la ciudad antes del bombardeo. Este lapso de tiempo fue aprovechado por las autoridades peruanas para ultimar la organización de las defensas de la ciudad y de los cuerpos auxiliares, como las brigadas de bomberos formadas por extranjeros residentes en el Callao.

La escuadra española del Pacífico estaba compuesta el día del combate por una fragata blindada (la Numancia), cinco fragatas de hélice (Blanca, Resolución, Berenguela, Villa de Madrid y Almansa) esta última unidad enviada para reforzar la escuadra de Méndez Núñez junto con el transporte artillado Consuelo arribando al escenario de guerra el 15 de marzo; una corbeta de hélice (la Vencedora) y siete buques auxiliares (los vapores de transporte Marqués de la Victoria, Paquete del Maule, Uncle Sam y Matías Cousiño y los transportes a vela Mataura, María y Lotta and Mary). La escuadra contaba en total con 272 cañones: 270 montados en los buques de guerra y en sus embarcaciones menores y 2 en el Marqués de la Victoria.

En el combate participaron únicamente los buques de guerra, quedando el resto como buques auxiliares en tareas de socorro o de alojamiento para los refugiados españoles huidos del Callao. De los 270 cañones de la escuadra, hay que descontar la mayor parte de los cañones de las embarcaciones menores, que no participaron, y los 2 inservibles de la Villa de Madrid, que habían explosionado en el transcurso del combate de Abtao. Aunque todos los estudiosos de este combate (Iriondo, Novo y Colson, Romero Pintado...) coinciden en hablar de 245 cañones, José Ramón García Martínez en su obra El Combate Del 2 de mayo de 1866 En El Callao: Resultados y conclusiones concluye que, aparte de las 245 piezas mayores que montaba la escuadra, está documentado el uso de otras 7 piezas menores. Así que por parte española participaron un total 252 cañones, la mayor parte (126 piezas) de 68 lb (200 mm).

La defensa del Callao consistía en una serie de baterías que se habían emplazado al norte y sur de la población y en el muelle, en tanto que buques de guerra (los monitores Loa y Victoria y los vapores Tumbes, Sachaca y Colón) se situaron en el centro, a las órdenes del capitán de navío Lizardo Montero Flores.

La comandancia general de baterías del norte la tenía el coronel José Joaquín Inclán; en las defensas de este sector sobresalía la Torre Junín, y el fuerte Ayacucho colocado cerca de la estación del ferrocarril. En el sector sur, al mando del general Manuel González de la Cotera, las principales defensas eran el fuerte Santa Rosa y la Torre La Merced.

Contabilizaban un total de 69 cañones, 56 en las baterías y 13 en los buques de guerra. De este total, pueden obviarse los 6 cañones de la batería Zepita, pues no participaron en el combate por estar orientados a la Mar Brava. De estas 63 piezas de artillería cabe destacar los llamados "cañones monstruosos": 4 Armstrong de 300 lb y 5 Blakely de 500 lb. También se colocaron una serie de torpedos fijos (minas) delante de las baterías de la zona sur, seis canoas-torpedo en la zona norte y un torpedo de botalón sujeto al vapor Tumbes, atracado en el muelle.

El general Juan Buendía estaba al mando de los batallones de infantería y caballería situados a lo largo de la línea del frente, tras las baterías, que tenían la misión de repeler el ataque en caso de que se produjera un desembarco español lo que, sin embargo, nunca estuvo en los planes de la escuadra atacante.

A las 11:30 la Numancia largó la señal de zafarrancho de combate. La escuadra se dividió en dos grupos. El primero (I División), compuesto por la Numancia, la Blanca y la Resolución se dirigió hacia las defensas de la zona sur. El segundo, compuesto por la Berenguela y la Villa de Madrid (II División) y por la Almansa y la Vencedora (III División), se dirigió hacia el norte. La II División debía atacar las defensas de la zona norte y la III debía enfrentarse con la flota peruana y bombardear el muelle y la población.

A las 11:50 la Numancia comenzó el bombardeo, siguiéndola a continación la Blanca y la Resolución. Al tercer disparo del buque insignia español, los cañones de la Torre de La Merced respondieron al ataque.

Al poco de comenzar el combate el Cañón del Pueblo, un Blakely de 500 libras, tras realizar su primer disparo descarriló por el retroceso, quedando inservible durante todo el combate.

A las 12:30 la Berenguela llegó a su posición, rompió fuego contra las defensas del norte y fue respondida desde las baterías peruanas.

Algo más tarde de las 12:30 un disparo probablemente procedente del monitor Loa fue a parar a la barandilla del puente de la Numancia, donde se encontraban el capitán de navío Juan Bautista Antequera y Bobadilla, Comandante del buque, y Casto Méndez Núñez, comandante general de la escuadra. La bala produjo ocho heridas de cierta gravedad a Méndez Núñez, negándose a abandonar su puesto hasta que la pérdida de sangre le hizo desmayarse.

Entre las 12:45 y las 13:00, la Villa de Madrid llegó a su destino, siendo alcanzada poco después por un cañón de la Torre Junín, que la dejó inmovilizada. Por ello, la Vencedora la remolcó para alejarla del frente.

Pasadas las 12:45 la Torre Junín cesó de hacer fuego.

A las 13:00 una granada, muy probablemente disparada desde la Blanca, cayó sobre los saquetes de pólvora de uno de los cañones de la Torre de La Merced, provocando una gran explosión que destruyó la Torre matando a la mayor parte de los que allí se encontraban.

Algo más tarde de las 13:00, la Berenguela recibió una bala de 500 lb, proveniente del Fuerte Ayacucho, bajo la línea de flotación y otra que le produjo un incendio. Apagado el fuego y contenida la entrada de agua, el buque se retiró.

A las 14:30 una enorme granada explotó en la batería de la Almansa, provocando un incendio que impidió al barco continuar el bombardeo hasta las 15:00.

A las 16:00 únicamente tres cañones del fuerte Santa Rosa responden desde tierra al fuego español (según fuentes españolas eran los únicos que lo hacían).

A las 16:45 la escuadra española decide dar por finalizado el combate. A las 17:00 se da la orden de finalizar el bombardeo. A las 17:30 la Almansa detiene el cañoneo. Tras dar tres vivas a la Reina, la Numancia, la Blanca, la Resolución, la Almansa" y la Vencedora salieron de la rada del Callao y se dirigieron al fondeadero, donde esperaban el resto de barcos.

Sobre las 17:50, cuando la escuadra ya estaba cercana a la isla de San Lorenzo, los tres cañones del fuerte Santa Rosa que aún respondían al fuego español, efectuaron sus últimos disparos. Según el parte dado por Méndez Núñez estos se realizaron sin bala.

El último disparo lo efectuó el monitor peruano Victoria. A las 18:00 la escuadra llegó al fondeadero.

El resultado del combate ha sido materia de controversia. Según la versión difundía por el almirante Méndez Núñez y los protagonistas españoles, la casi totalidad de las baterías del puerto fueron silenciadas al punto de que al momento de retirarse, solo tres cañones del Fuerte Santa Rosa continuaban disparando, versión respaldada por el capitán de la corbeta francesa Venus, presente durante el combate.[21]​ También sustentan su victoria en el hecho de no haber sido hundida una sola de sus naves y que, si bien dos de ellas (la Berenguela y la Villa de Madrid) sufrieron daños de consideración y fueron puestas temporalmente fuera de combate,[22]​ esto no les impidió realizar el viaje de regreso a España.

Fuentes peruanas por su parte, afirman que las baterías mantuvieron el fuego durante todo el combate y, a excepción de la ubicada en la Torre La Merced (que explotó), no sufrieron daños que les impidieran continuar disparando; por otra parte en lo que se refiere a la población y el puerto los daños materiales fueron escasos de igual manera en los buques defensores; respalda esta versión el testimonio del comodoro estadounidense John Rodgers, que presenció el combate desde la cubierta del Powhatan.

La escuadra española tuvo 43 muertos, 83 heridos y 68 contusos. Del lado peruano no se sabe con exactitud el número de muertos y heridos, por lo que las cifras varían según las fuentes desde las 200 hasta las 2.000 bajas.

Retirada de la escuadra española y concentración de la escuadra aliada para una ofensiva[editar]

El 10 de mayo de 1866, después de enterrar a sus muertos, curar a sus heridos y reparar sus navíos en la Isla San Lorenzo, los españoles dividieron su escuadra. Por una parte, las fragatas Numancia y Berenguela, la corbeta Vencedora y los transportes Marqués de la Victoria, Uncle Sam y Matauara se dirigieron hacia las Filipinas (administradas por España) para avituallarse y desde allí continuar su viaje hacia Cádiz (en este viaje la Numancia lograría ser el primer buque blindado en dar la vuelta al mundo). El resto de la escuadra, es decir, las fragatas Resolución, Blanca, Villa de Madrid y la Almansa, bajo el mando de Méndez Nuñez, navegaron hacia el Atlántico sur. Estos buques permanecieron en aguas sudamericanas, atracados en Río de Janeiro y Montevideo, en espera de una nueva expedición de castigo al Pacífico o en previsión de un ataque por parte de la escuadra chileno-peruana. Poco después, el gobierno de Madrid envió a las fragatas de hélice Concepción y Navas de Tolosa para reforzar esta flota.

Los blindados Huáscar e Independencia que iban bajo el mando del capitán chileno José María Salcedo se dirigían a las costas sudamericanas para reunirse con el resto de la escuadra. Durante el viaje tuvieron una serie de complicaciones debido a malos climas, accidentes, deserciones y motines producto del descontento. El 5 de mayo, el Huáscar capturó al bergantín español Manuel que se dirigía a Montevideo, el cual fue posteriormente incendiado. Al día siguiente el monitor capturó al velero Petita Victorina, el cual fue dotado con tripulación y enviado a Chile. El 25 de mayo mientras los blindados se acercaban al Estrecho de Magallanes a una velocidad de diez nudos, estuvieron a punto de encontrarse con la división española de Méndez Nuñez, que por precaución, a última hora, decidió utilizar el Cabo de Hornos. De lo contrario se hubiera producido un duelo naval de envergadura en aguas del estrecho. Finalmente, tras cruzar el estrecho, los blindados se unieron a la escuadra aliada el 11 de junio en Valparaíso y se pusieron bajo las órdenes del almirante chileno Manuel Blanco Encalada, quién en ese momento se le había dado el cargo efectivo de comandante en jefe de las fuerzas navales aliadas, remplazando a Williams. Mientras la escuadra aliada se encontraba en Valparaíso, y pese a la retirada de las fuerzas navales españolas de las costas del Pacífico, se mantuvo una estrecha vigilancia sobre los buques enemigos que aun surcaran por este lado. Es así, que la goleta Covadonga captura el 20 de junio a la barca inglesa Thalaba, que traía de contrabando de guerra víveres y otros pertrechos para los españoles.[23]

Al estar reunidas todas las fuerzas navales chileno-peruanas con un poder considerable para hacerle frente a los españoles, se pensó en reiniciar la lucha contra ellos. El gobierno del Perú para estos planes había contratado a un marino estadounidense, el comodoro John Randolph Tucker, como jefe de la escuadra y unos cuantos oficiales de la misma nacionalidad para secundarlo.

Se pensaba lanzar una ofensiva para castigar a los españoles por todos los daños infligidos a los puertos de ambos países. Los aliados estaban convencidos que los nuevos blindados iban a equilibrar el balance de fuerzas. Aquellas modernas naves tendrían una pequeña opción de poder atacar puertos desguarnecidos en la Península ibérica, incursionar en las colonias españolas o intentar hacer frente a parte de la escuadra española del Pacífico en las Filipinas. El gobierno de Chile sin embargo, favorecía una estrategia un poco más conservadora que contemplaba ejecutar un ataque masivo a la flota española estacionada en las costas sudamericanas del Atlántico e iniciar típicas operaciones de tipo corsarias sobre costas territoriales españolas con los buques de guerra que estaba adquiriendo en Estados Unidos y Gran Bretaña como las corbetas Abtao, Tornado, Corbeta Chacabuco y Corbeta O'Higgins; el vapor Valdivia, el pailebot Independencia y un buque de guerra gemelo del Huáscar que se estaba construyendo en astilleros ingleses,[24][notas 5]​ entre otros buques. Algunas de estas unidades navales compradas fueron atacadas durante su viaje a Chile para reunirse con la escuadra aliada, como cuando desde España se despachó al Atlántico a la fragata de hélice Gerona, la cual cerca de Madeira, capturó a la corbeta chilena Tornado, que navegaba sin artillería y con bandera británica hacia Chile bajo el nombre en clave Pampero. También el vapor Valdivia, que fue perseguido desde Burdeos hasta Madeira por el vapor de guerra Isabel II, pero logró burlar al buque español.

Más adelante todos estos planes se vieron frustrados debido a la poca capacidad naval a causa del estado general de los buques, a la dimisión de 35 oficiales peruanos tras el nombramiento del marino yanqui y por los temores infundidos de los dos gobiernos de sufrir ataques de las fragatas españolas que continuaban en aguas sudamericanas apostadas en Río de Janeiro y Montevideo.

Por otra parte el gobierno español también tenía planes ya que el 28 de junio de 1866 Gabriel García Tassara, embajador español en Washington D.C., comunicó al secretario de estado William H. Seward las nuevas instrucciones que su gobierno, presidido por O'Donnell, pretendía enviar al almirante Méndez Núñez, entre las que figuraba la reocupación de las islas Chincha, pero aclarando que España no tenía pretensión alguna sobre los territorios de las repúblicas sudamericanas ni deseos de intervención en sus respectivos gobiernos y que solo buscaba resarcirse mediante la venta del guano peruano de los gastos ocasionados durante la guerra y que no habían podido ser cubiertos por el rechazo al tratado Vivanco-Pareja. Seward hizo saber a Tassara que los Estados Unidos protestarían ante todo intervencionismo europeo en América y que si a pesar de su protesta este se realizaba no podrían mantener su neutralidad. El general Hovew, ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Lima, comunicó al ministro Toribio Pacheco que la contestación del secretario de estado al enviado español constituía una exposición explícita de la doctrina Monroe.[25]

Los resultados obtenidos difieren según el beligerante. Para España la victoria fue suya, pues era una operación de castigo y no una invasión. Para Perú y Chile, ellos habían ganado, pues los buques españoles se habían retirado de las aguas chileno-peruanas.

Término de la guerra[editar]

En 1871 se firmó en Washington, DC un convenio de armisticio por tiempo indefinido entre España, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.

España y Perú firmaron finalmente un tratado de paz y amistad el 14 de agosto de 1879, por el que se reconocía la independencia peruana y se establecían relaciones diplomáticas entre ambos países. También en 1879 se firmó el tratado de paz con Bolivia (21 de agosto). La paz definitiva entre España y Chile se firmó el 12 de junio de 1883, en Lima (Perú), durante la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico. Por último, la paz con Ecuador se firmó el 28 de enero de 1885.

Consecuencias de la guerra[editar]

La guerra contra España es considerada por el Perú como la consolidación de su independencia. En este país la contienda tuvo serias consecuencias económicas. Los gastos para la compra de armamento y barcos de guerra fueron muy elevados, lo que unido a la ocupación de las islas Chincha (productoras de guano, la principal fuente de ingresos del país) llevaron a la solicitud por parte del gobierno de diversos préstamos. Esta situación se alargó en el tiempo, ya que la deuda en 1872 era diez veces mayor que en 1868.

Tras la guerra, Chile inició un rearme que llevó al país a ostentar una superioridad militar que demostró en la contienda que le enfrentó con sus antiguos aliados entre 1879 y 1884. En 1868 España y Chile (que técnicamente seguían en guerra) firmaron un acuerdo por el que ambos países sacaron buques de los astilleros ingleses, donde se encontraban bloqueados por el gobierno inglés. Perú se opuso a este convenio e intentó impedir la salida de los barcos, pues entendía que violaba la todavía vigente alianza con Chile.

Para Chile, la guerra también tuvo unas nefastas consecuencias económicas, ya que significó la pérdida de casi toda su flota mercante y de su hegemonía comercial en el Pacífico (con la destrucción de los Almacenes Fiscales de Valparaíso), aunque con el pasar de los años se recuperó gracias al resurgimiento de los puertos de Valparaíso y San Antonio.

España, por su parte, no obtuvo beneficio alguno con este conflicto. A los gastos que ocasionó el mantenimiento de la expedición, se sumó la crisis económica que azotaba Europa y que se dejó sentir con fuerza en la Península. Esto, unido a la pérdida de las cosechas de 1866 tras unas graves inundaciones, provocó una grave crisis política. La reina Isabel II ya no confiaba en O'Donnell, y la sublevación del cuartel de San Gil sirvió de excusa para obligarle a presentar la dimisión. Así, el 10 de julio de 1866 Ramón María Narváez fue nombrado nuevo presidente del Consejo de Ministros. O'Donnell, principal impulsor de las expediciones al exterior, era apartado definitivamente del poder. Sin embargo, el descontento popular no cesó hasta dos años más tarde, cuando el 19 de septiembre de 1868 estalló la revolución conocida como La Gloriosa y que provocaría el destronamiento de Isabel II.

El impacto en la vida cultural de Chile fue enorme. Se afianzó la idea de una separación cultural de España, lo que tuvo como resultado práctico un fortalecimiento de la Ortografía de Bello ya vigente desde 1843, una crítica a la censura de cualquier tipo (incluso la católica del index) y a la propiedad intelectual que pudiese detener el libre flujo de las ideas desde Europa, a la creación de la Academia de Bellas Artes que fue vista en España por algunos como contraparte de la Real Academia de la Lengua, el apoyo a los patriotas cubanos y su reconocimiento como parte beligerante en 1869, el apoyo del gobierno Chileno a un préstamo de varios millones de pesos a los mismos.[3]:134-136

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La denominación comisario pertenecía al régimen de gobierno colonial.
  2. S.M. es Su Majestad, S.M.C. es Su Majestad Católica.
  3. a b Según Darwin en Chile (1832 - 1835). Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Eduardo Castro Le-Fort:
    • Puerto Low está situado a 43º48'40"S, 74º00'30"W según la carta 718 del Instituto Hidrográfico de la Armada de Chile.
    • Bahía de Low está situada a 43º49'S, 73º57'W según el Diccionario Jeográfico de Chile de Luis Risopatrón.
    • No figura ningún lugar con ese nombre en el Atlas de la República de Chile.
    Según el Diccionario Jeográfico de Chile de Francisco Solano Asta-Buruaga y Cienfuegos,
    • Puerto Bajo o Puerto Guaiteca es una rada situada al norte de la isla Guaiteca (a 43º49'S) y es denominada Puerto Low en las cartas inglesas por Guillermo Low, quien exploró aquella zona en 1834.
  4. Este incidente en Huito aparece en versiones muy distintas en varias fuentes. Langlois, por ejemplo, habla de unos botes que intentaron un desembarco. (p. 153) Vicuña Mackenna en su Guerra de Chile con España, (p. 289) da una versión similar a la de Davis que se documentó con despachos diplomáticos y periódicos de la época.
  5. Al comandante Roberto Simpson se le envió a Inglaterra con la intención de construir un buque similar al Huáscar, pero la guerra concluyó antes que el navío fuera terminado, por lo que el buque fue vendido a Turquía más tarde, rebautizándosele Sufti-Djelil, nave hundida durante la guerra con Rusia.

Referencias[editar]

  1. a b Francisco Frías Valenzuela (1978). Manual de Historia de Chile. Santiago de Chile: Editorial Nascimineto, 16ª edición, pp. 335
  2. a b c White, Matthew (marzo de 2011). «Nineteenth Century Death Tolls: Statistics of Wars, Oppressions, and Atrocities of the Nineteenth Century (the 1800s) - Under 10,000 - 29. Spanish-Chilean War (1866)» (HTM) (en inglés). necrometrics.com. Consultado el 14 de abril de 2012. «Singer, Joel David (1972). The Wages of War (1816-1965): Perú: 600, Chile: 160, Spain: 300, TOTAL: 1,100». 
  3. a b c d e f g h i j k l Gonzáles Pizarro, Gonzáles Miranda y Parodi Revoredo, 2013
  4. a b Fuentes, 2007, p. 218.
  5. Ponz Muzzo, 1966, pp. 45-46.
  6. (Duro, 1867, p. 397-403)
  7. Fulgosio, 1867, p. 86.
  8. a b c d e f g Iriondo, 1867
  9. a b c Gobierno de Chile, 1865-G
  10. a b c d e f g h i j López Urrutia, 1969
  11. ”Don Rafael Sotomayor, con carta en blanco al ministro Gálvez, logró marinar con 200 y tantos chilenos las fragatas “Apurímac” y “Amazonas”… El 16 de enero del mismo año salieron la “Unión” y la “América”, marinados por chilenos reclutados en los puertos del Perú, que se confiaba adiestrar en el viaje, pues no quedaba gente de mar en las costas peruanas.” (Francisco Antonio Encina, “Historia de Chile desde la prehistoria hasta 1891”, Tomo XIV, págs. 218 y 219)
  12. «Congreso del Perú. Aprobando el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva, celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile». 
  13. Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú. Historia marítima del Perú, Volumen 7, pág. 432
  14. Rodríguez González, Agustín Ramón (1999). La Armada Española, la Campaña del Pacífico, 1862-1871. España frente a Chile y Perú
  15. Novo y Colson, Pedro (1884). Historia de la guerra de España en el Pacífico
  16. Gobierno de Chile, 1865-M
  17. Del Campo Rodríguez, Juan. Por la República y por la Reina. Una revisión histórica del conflicto de 1864-1871 entre España y la alianza peruano-chilena, pág. 159
  18. Valdizán Gamio, José (1987). Historia Naval del Perú
  19. Basadre, Jorge: Historia de la República del Perú, tomo 5, pág. 1086. 8.ª edición (1998).
  20. Ministerio de Guerra de Chile "Memoria que el Ministro de Estado en el Departamento de Guerra y Marina presenta al Congreso Nacional de 1865" págs. 38 "relato del intendente de Chiloé sobre el Combate de Huite"
  21. García Martínez, José Ramón (1994). "El Combate Del 2 de mayo de 1866 En El Callao: Resultados y conclusiones." Ed. Naval.
  22. Agustín Ramón Rodríguez González, La Armada Española, la campaña del Pacífico, 1862-1871: España frente a Chile y Perú, pág. 99
  23. Rodrigo Fuenzalida B., "Vida de Arturo Prat" pág. 74
  24. «Pág.9». Consultado el 1 de abril de 2017. 
  25. Basadre Jorge, "Historia de la república del Perú" pág. 1104

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]