Juan José Flores

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Juan José Flores
1 Juan José Flores.png
Retrato Presidencial de Juan José Flores

Coat of arms of Ecuador (1830).svg
Presidente Constitucional de la República del Ecuador
13 de Mayo de 1830-10 de septiembre de 1834
Vicepresidente José Joaquin de Olmedo (1830 - 1831)
José Modesto Larrea (1831 - 1834)
Sucesor Vicente Rocafuerte

Coat of arms of Ecuador (1843).svg
Presidente Constitucional de la República del Ecuador
1 de febrero de 1839-6 de marzo de 1845
Vicepresidente Francisco Javier Aguirre (1839 - 1843)
Francisco Marcos (1843 - 1845)
Predecesor Vicente Rocafuerte
Sucesor

Triunvirato: José Joaquín de Olmedo Vicente Ramón Roca

Diego Noboa y Arteta

Información personal
Nacimiento Flag of Cross of Burgundy.svg 19 de junio de 1800
Puerto Cabello, Capitanía General de Venezuela, Imperio Español
Fallecimiento 1 de octubre de 1864
Bandera de Ecuador Isla Puná, Ecuador
Nacionalidad Venezolana Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Catolicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Mercedes Jijón de Vivanco
Hijos véase Descendencia
Información profesional
Ocupación Militar
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Juan José Flores Aramburu (Puerto Cabello, 19 de junio de 1800[1] - Isla Puná, 1 de octubre de 1864) fue un militar y político español americano, posteriormente venezolano. Primer presidente de la República del Ecuador. Estuvo en el cargo en tres oportunidades: de 1830 a 1834; de 1839 a 1843 y de 1843 a 1845.

Se destacó como estratega del ejército gran colombiano, habiendo alcanzado el grado de coronel antes de los treinta años de edad. Una vez consolidada la independencia, fue designado por el Libertador Simón Bolívar como gobernador del Distrito del Sur de la Gran Colombia. Distrito que posteriormente, al escindirse de aquella, en 1830, pasó a convertirse en la actual República del Ecuador, de la que fue investido como su primer presidente.

Biografía[editar]

Nació en Puerto Cabello actual Venezuela, el 19 de julio de 1800.[2] Su madre fue Rita Flores Bojorques, natural de Puerto Cabello, y su padre fue Juan José Aramburu,[3] rico comerciante vasco. Participó en el ejército español, en cuyas filas se inició como militar. Pronto dio marcha atrás en su decisión de formar parte del ejército español, y traicionando sus raíces españolas y a su patria, se alistó en los ejércitos independentistas que buscaban acabar con la hegemonía global de España y con el propio estado español. Llegó a ocupar los puestos más destacados en la vida militar y política únicamente por sus capacidades notables, su heroicidad, lealtad y talento. Muy estimado por sus superiores, especialmente por El Libertador Simón Bolívar, los ascensos no se hicieron esperar. A los 23 años de edad fue ascendido a Coronel y designado Comandante General de Pasto, donde a la sazón imperaba el monarquismo español.

En 1823 llegó al Ecuador en calidad de Comandante General del Ejército. Al año siguiente regresó a Pasto con la misión de pacificarla; pues se encontraba convulsionada debido a la inconformidad de sus habitantes. Logró dominar la situación valiéndose de adulaciones y sagaces concesiones antes que de persecuciones y matanzas. Durante los años 1828 y 1829 tuvo una brillante participación en la defensa de los derechos territoriales del Distrito del Sur (Ecuador) de la Gran Colombia, frente a las pretensiones del Perú. Contribuyó con su pericia militar al triunfo del Mariscal Sucre sobre las tropas peruanas en Tarqui, lo que le valió el ascenso al grado de General de División.

En 1830 llegó a la cumbre de su vida política y carrera militar al ser nombrado primer Presidente del Ecuador. Este cargo lo desempeñó en tres oportunidades hasta que en 1845 fue obligado a salir del país luego de la derrota que sufrió en la Revolución del 6 de marzo. Volvió en 1859 y sirvió en las campañas contra el Perú y en la guerra civil al mando del presidente Gabriel García Moreno.

Matrimonio[editar]

Flores, designado prefecto del Departamento del Sur, buscó legitimar su administración mediante un matrimonio con una mujer del territorio, escogiendo a la joven aristócrata y terrateniente otavaleña Mercedes Jijón de Vivanco, que para entonces contaba con apenas 13 años de edad,[4] y era descendiente por línea paterna de los Condes de Casa Jijón, título que llegó a disputar infructuosamente con su primo Francisco Jijón.[5]

El matrimonio se llevó a cabo en la Catedral de Quito el 21 de octubre de 1824, en una ceremonia presidida por el obispo Nicolás de Arteta y Calisto, en la que fueron padrinos José Félix Valdivieso y su esposa Catalina Valdivieso Sánchez, y que contó con la presencia de altos oficiales de la guarnición de la ciudad y numerosos parientes de la novia.[4] [5] [6] [7]

La recepción se llevó a cabo en los salones del Palacio de Carondelet, con toda la pompa y la altura que Flores quería demostrar como Jefe y Comandante General que era del Departamento del Sur, y para ello había mandado a pintar 22 retratos de los Generales vinculados a la Independencia del territorio, que dispuso originalmente en la galería del edificio, y después trasladó a su propiedad de la Quinta El Placer.[8]

Algunos historiadores, como Jorge Salvador Lara, sostienen que el enlace se llevó a cabo únicamente para facilitar la preeminencia social y política de Flores.[9] Aunque también se dice que Mercedes era una joven hermosa, de porte distinguido, con profundo sentido de la solidaridad y la familia, que como esposa abnegada no dudó en apoyar a su marido durante todos los capítulos de su vida, incluso los más oscuros, como el exilio que le fue impuesto tras la Revolución Marcista de 1845.[10]

El mismo Simón Bolívar hablaría de Mercedes en estos términos, después de conocerla el 12 de abril de 1829: «no sé si es más discreta que bella, o más bella que discreta».[11] [12] El 11 de julio de 1829 Flores y su esposa fueron padrinos de bautizo de Teresa de Sucre y Carcelén de Guevara, la única hija del mariscal Antonio José de Sucre y Mariana Carcelén de Guevara, esta última, prima segunda de Mercedes.[13] [14]

Descendencia[editar]

El matrimonio conformado por Juan José Flores y Mercedes Jijón de Vivanco tuvo once hijos, cuatro varones y siete mujeres:[6] [15]

  • Juan José Flores y Jijón de Vivanco, nacido en 1831 (Quito). Casado con Ángela Icaza y Aguirre.
  • Elvira Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1832 (Quito). Casada con Eusebio Icaza.
  • Antonio Flores y Jijón, nacido en 1833 (Quito). Presidente de la República entre 1888 y 1892. Casado con Leonor Ruiz de Apodaca.
  • Virginia Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1836 (Babahoyo). Casada con Pedro García Moreno, hermano del presidente Gabriel García Moreno.
  • Timoleón Flores y Jijón de Vivanco, nacido en 1839 (Quito). Casado con Mercedes Chiriboga y Fernández Salvador.
  • Reinaldo Flores y Jijón de Vivanco, nacido en 1840 (Quito). Casado con Ana Caamaño y Gómez Cornejo.
  • Amalia Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1841 (Quito). Casada con el general inglés Leonardo Stagg.
  • Mercedes Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1842 (Quito). Casada con Antonio Fernández Salvador y Gangotena.
  • Matilde Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1844 (Quito). Casada con Federico Hurtado y Brizón.
  • Isabel Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1845 (Babahoyo).
  • Josefina Flores y Jijón de Vivanco, nacida en 1848 (Babahoyo). Casada con Felipe Carcelén de Guevara y Barriga, hijo de Mariana Carcelén, última marquesa de Solanda y Villarocha.

A pesar de la desgracia en que había caído la familia después del destierro del general Flores, fue gracias al apellido de Mercedes que sus hijos pudieron concretar exitosos enlaces matrimoniales con las más distinguidas familias del país.

Disolución de la Gran Colombia[editar]

Quito, Cuenca y Guayaquil fueron anexadas a la Gran Colombia en 1822. Durante la Colonia (1563- 1809- 1820 -1822), bajo el nombre de Real Audiencia de Quito, esas tres regiones formaron parte, sucesivamente, de los virreinatos de la Nueva Granada, y Lima. A fines del período colonial (1802), la Audiencia fue repartida entre Lima y Nueva Granada. Las reales Audiencias eran jurisdicciones administrativas de tercera categoría. Pero Quito había sido un centro de cultura y arte y fue la primera ciudad latinoamericana que se proclamó independiente; Guayaquil era un puerto activo, rico y muy consciente de su autonomía regional.

Ecuador comenzaba, pues, su vida soberana en 1830 con la experiencia negativa del centralismo virreinal y grancolombiano y sin la experiencia positiva de una administración de primer nivel. Para ir de Guayaquil a Quito se gastaban 14 días; de Quito a Cuenca, otros 14; de Cuenca a Guayaquil, cinco, y cinco de Tulcán a Quito. Desde Loja era más fácil transportarse a Piura que a la ciudad de Cuenca. La vía Quito-Riobamba se hallaba deteriorada. Ecuador comenzaba su vida soberana con un país desvertebrado y mal comunicado. La Sierra centro-norte formaba una unidad geográfica, ecológica y política. Se mantenía de una agricultura de subsistencia con un buen mercado interno potencial y sufría la crisis de su 'industria' textil a causa de la competencia del libre comercio.

La Sierra sur vivía de la agricultura, la pequeña minería, los tejidos, las artesanías, la cascarilla y el ganado. Su economía se hallaba también en crisis, pues había co-financiado las guerras de la independencia peruana. La Costa giraba en tomo a Guayaquil y Guayaquil, en torno al cacao. Su riqueza había crecido con el libre comercio. El eje secundario Manabí-Esmeraldas hervía en actividades mercantiles. Ecuador comenzaba su vida soberana con una realidad económica positiva en una región y negativa en las dos restantes. La hacienda se iba constituyendo en el soporte del poder político. En la Sierra centro-norte especialmente, las haciendas se sustentaban sobre el trabajo forzado de los indios, a quienes había que retener por cualquier medio. Las plantaciones cacaoteras de la Costa necesitaban también de esa mano de obra, pero libremente contratada. Los pequeños propietarios de ambas regiones temían ser succionados por esos centros absorbentes. Ecuador comenzaba su vida soberana con un gennen de conflicto social y regional.

La población del país en la estimación más optimista llegaba a los 800 mil habitantes, más de la mitad de los cuales vivía en la Sierra nor-central. Menos del uno por ciento de la población asistía ese año a la escuela. Los blancos y la Iglesia eran los principales propietarios de la tierra. Los mestizos carecían de ella: su fortuna se basaba en el jornal que ganaban en los oficios. A los esclavos afroecuatorianos no se les reconocía derecho civil alguno. Los indios, mantenidos por siglos en la ignorancia y el alcohol, eran considerados menores de edad. Los más trabajaban para las haciendas y tributaban. En 1830, las aduanas guayaquileñas y el tributo de los indios constituyeron la principal fuente de ingresos del Estado. Ecuador comenzaba su vida soberana con un pueblo, en altísimo porcentaje, ignorante, muy pobre, cargado de tributos, disminuido en su identidad y auto-aprecio a causa de tres siglos de opresión externa e interna. Ecuador reclamaba para sí los límites de la Real Audiencia de Quito, que englobaba los actuales departamentos colombianos de Nariño, Cauca, Putumayo y parte de Valle del Cauca. Pero Nueva Granada (Colombia) se atenía a una división administrativa interna (1824), que la favorecía. Por el sur, el Tratado de Guayaquil (1829) señalaba el Marañón-Amazonas como límite de la Gran Colombia y, por tanto, del Ecuador. Mas Perú no tenía la intención de respetar la palabra empeñada en ese Tratado. Ecuador comenzaba su vida soberana sin piel y con una doble herida.

Las ambiciones de grupos de interés locales y la crisis política al interior de la Gran Colombia persuadieron a Flores de conspirar contra Bolívar y provocar la secesión del departamento del Sur. Casi al mismo tiempo, el general José Antonio Páez hacia lo propio en Venezuela. El 13 de mayo de 1830, a los pocos meses de la separación de Venezuela, los Departamentos que componían el «Distrito del Sur» de la Gran Colombia (Departamentos del Ecuador, Guayaquil y Azuay) se declararon estado independiente con el nombre de "Estado de Ecuador". Flores asumió primero el cargo de Jefe Supremo y posteriormente el de Presidente Provisional del nuevo Estado, hasta su nombramiento definitivo como Presidente Constitucional el 22 de septiembre de 1830.

Algunos historiadores especulan que la Presidencia del Ecuador estaba destinada para el Mariscal Antonio José de Sucre, asesinado en Berruecos durante el período de separación. Tanto Flores como el general colombiano José María Obando fueron acusados de estar detrás del asesinato, pero ninguna de estas sospechas pudo ser comprobada. Sucre prefirió viajar a Bogotá, al Congreso Admirable, antes que quedarse en Ecuador en donde se había convocado una constituyente en la ciudad de Riobamba.

Al poco tiempo de iniciada su presidencia, una parte de la población de las provincias de Pasto, Popayan y Buenaventura, estimuladas hasta cierto grado por agentes de Flores, declararon su voluntad de incorporarse al Ecuador. El Presidente Juan José Flores, luego de mandar guarniciones a Pasto, visitó esas ciudades, donde expidió un decreto en que declaraba incorporado el Cauca al Ecuador. El Congreso Ordinario de 1831 declaró oficialmente la incorporación del Departamento de Cauca al Ecuador. El 22 de julio de 1831 Nueva Granada (Colombia) de manera insistente reclamaba la devolución de este Departamento al Ecuador y éste mantenía su negativa, fue ahondándose una difícil situación para ambos países.

El General José H. López, se sublevó en Popayán en favor de Nueva Granada y se entabló un enfrentamiento militar entre el ejército Ecuatoriano dirigido por Flores y el Granadino, comandado por José María Obando. A pesar de sus dotes militares Flores no pudo triunfar porque el frente interno de Ecuador se debilitó debido a los levantamientos de Ambato y Latacunga en contra del Gobierno de Flores.

Los ecuatorianos triunfaron en algunos combates, pero la falta de abastecimientos los hizo doblegar, a más de esto hubo traición tanto de oficiales como de tropa del batallón Quito, lo que determinó que la ciudad de Pasto cayera en poder de los soldados de Nueva Granada. Ante esta situación Flores celebró un Tratado de paz y límites con Nueva Granada en la ciudad de Pasto el 8 de diciembre de 1832, fijándose el río Carchi como límite fronterizo entre ambos Estados dejando pendiente la decisión sobre los puertos de la Tola y Tumaco, en la provincia de Buenaventura. El Tratado de Pasto tan solo dio límites a una parte de la frontera, no así al resto del territorio del Ecuador que vino a demarcarse posteriormente con Colombia.

La Primera Constitución[editar]

Flores convocó a 21 de ellos, a siete por región, respectivamente, a reunirse en Riobamba. En menos de un mes redactaron y promulgaron la primera Constitución, escogieron a Quito como capital y eligieron sin tardanza presidente a Flores por 19 votos contra uno. Pero hicieron 18 escrutinios para elegir vicepresidente a José Joaquín Olmedo. Su contendor fue el quiteño Manuel Matheu, Marqués de Maenza. Desde el nacimiento de la República empezaba la lucha por el poder entre los notables de Quito y Guayaquil. Cada notable cobró dos pesos diarios por sus servicios constituyentes. (Una vaca lechera valía entonces cuatro pesos).

La Constitución dejaba la puerta abierta para formar un solo Estado con Colombia. Dibujó un Estado presidencialista, soberano, alternativo, democrático y moderno, pero mantuvo prescripciones que contradecían estos principios; por ejemplo, la elección independiente e indirecta mediante asambleas parroquiales, cantonales y provinciales sonaba a procedimiento democrático. Sin embargo, sólo podían votar los varones alfabetos casados de cualquier edad o solteros de 22 años en adelante que poseyeran bienes raíces de siquiera 300 pesos o una profesión no servil (abogado, médico, sacerdote, monje). Esto excluía a un altísimo porcentaje de los ecuatorianos. Los candidatos a cargos de representación popular necesitaban bienes todavía mayores: 30 mil pesos en bienes raíces, el candidato a presidente. Entre la masa trabajadora excluida de derechos estaban los indios, a quienes la Constitución ponía bajo la tutela de los curas párrocos, y estaban los esclavos africanos, cuya trata se prohibía salvo para el trabajo en las haciendas y minas de los notables.

Primera presidencia[editar]

Juan Jose Flores. Primer Presidente de Ecuador

Pese a su habilidad política y a su tolerancia, Flores no pudo gobernar en paz y debió recurrir a la fuerza. Tuvo que sofocar la revolución del general venezolano Luis Urdaneta (1830-1831) y hacer la guerra a Colombia (1832), castigar a sangre y fuego tres alzamientos de batallones hambreados y combatir a ideólogos utilitaristas (1833), hacer frente a Vicente Rocafuerte (1833-1834) y aplastar la revolución de los Chihuahuas (1832-1834) y, finalmente, evitar que Loja, Cuenca, Esmeraldas y la Sierra nor-central se fueran con Colombia (1834-1835). El general Urdaneta, el del 9 de octubre de 1820 en Guayaquil, fiel a Bolívar, quería impedir la disolución de la Gran Colombia que presidía.

La muerte de Bolívar (17 de diciembre de 1830) lo dejó sin pretexto. El Cauca y Pasto pidieron anexarse a Ecuador y así se hizo. Colombia lo impidió. Flores fue derrotado y Ecuador perdió esos ricos territorios vinculados a la Audiencia de Quito desde el siglo XVI. Este fracaso, los privilegios de los mal vistos militares venezolanos y la afición floreana al dinero volvieron impopular al presidente. Un grupo de intelectuales compuesto por filósofos que defendían "la mayor felicidad posible para el mayor número de personas", por antiguos patriotas del 10 de agosto de 1809 y del 2 de agosto de 1810, por librepensadores y anticlericales, formó la "Sociedad de El Quiteño Libre". Desde mayo de 1833 esta sociedad se opuso con pasión al gobierno en el virulento periódico del mismo nombre. Vicente Rocafuerte, el más conspicuo miembro del Congreso, ídolo de los de "El Quiteño Libre", se opuso a las facultades extraordinarias concedidas a Flores. Con pasión desbordada atacaba al presidente. Renunció a su curul.

Destacaron en este período floreano la incorporación de las islas Galápagos al Ecuador (1832), algunas leyes sobre la moneda, acuerdos con la Iglesia Católica y la aceptación de la deuda externa grancolombiana (Deuda Inglesa) contraída por Venezuela, Colombia y Ecuador para financiar la independencia. A Ecuador, que por tanta convulsión no estuvo presente en las negociaciones del reparto de la deuda, le tocó cargar con el 21 y medio por ciento de ella, más de 22 millones de pesos. Los ingresos del gobierno en 1834 apenas llegaban a los 708 mil pesos. "Esa pequeña época fue la más bella página cívica de Flores como hombre de gobierno" (Benigno Malo).

Ya en el gobierno, Flores descuidó la consolidación de la nación, pero aseguró una suerte de pacto de no agresión entre grupos terratenientes de la sierra de Ecuador y grupos agro exportadores de la costa. Su presencia política por más de 15 años interrumpidos generó que un grupo de revolucionarios marcistas presionaran por su salida en Guayaquil y la de todo el estado mayor extranjero. Durante su gobierno, el 12 de febrero de 1832, fueron anexadas a Ecuador las Islas Galápagos, por esto, tiempo después una de las islas fue bautizada en su honor como Isla Floreana. Flores terminó su mandato con una crisis política y la amenaza de la disolución del naciente estado.

Revolución de los Chihuahas y Jefaturas Supremas de Rocafuerte y Valdivieso[editar]

El 12 de octubre comenzó en Guayaquil la guerra de los Chihuahuas dirigida por militares descontentos, políticos, bandoleros y líderes populares urbanos. Una semana después en la capital, los "quiteños libres" atacaban un cuartel. Ese 19 de octubre algunos de sus líderes fueron muertos a lanzazos o degollados. El 20 de octubre, Rocafuerte, camino del destierro al Perú, fue liberado por los chihuahuas y proclamado jefe supremo de Guayaquil por el vecindario de la ciudad. Los chihuahuas bloquearon el puerto ocupado ya por Flores e iban insurreccionando los pueblos de la península de Santa Elena, del golfo de Guayaquil, de la cuenca baja del Guayas, y de Manabí. Rocafuerte se hallaba dividido entre el curso exitoso de esta guerra popular y su lealtad de notable a la clase comercial de Guayaquil, muy afectada por el feo

Rocafuerte, providencial y misteriosamente, fue apresado y entregado a Flores. Era el 18 de junio de 1834. Una semana antes, José Félix Valdivieso, ministro de Flores, se había proclamado jefe supremo de Ibarra. Se le adhirieron Cuenca y Loja, descontentas del centralismo administrativo. Ante estas circunstancias, a comienzos de julio, Flores ofreció a su prisionero Rocafuerte un pacto y éste lo aceptó. Rocafuerte iría a la Presidencia, Flores a la jefatura suprema del Ejército. Los chihuahuas debían someterse so pena de cargos de traición a la patria. Valdivieso ocupó Quito y la Sierra central. Su movimiento combinaba reclamos departamentales, principios liberales románticos, resentimientos personales contra Flores e intenciones de federar la Sierra y Esmeraldas con Colombia. Los chihuahuas no aceptaron el pacto. Algunos de ellos se unieron a Valdivieso, el resto fue reprimido sin cuartel hasta bien entrado el año de 1836. Fue la primera crisis del nuevo Estado ecuatoriano. El pacto entre Flores y Rocafuerte había salvado la unidad del Estado y del país, pero había sacrificado los reclamos populares. Y llegaba septiembre de 1834.

Rocafuerte, aclamado como jefe supremo del Guayas en una asamblea popular, convocó una segunda Convención (constituyente) para reformar la Carta Política y cerrar la posibilidad de una federación con Colombia. A fin de derrotar al federacionista Valdivieso, Rocafuerte puso al frente de sus tropas convencionales o constituyentes a Flores. Los restauradores (¿de la Gran Colombia?) valdiviesistas fueron derrotados. Fue el gran triunfo de la unidad nacional en Miñarica, cerca de Ambato (18 de enero de 1835). El poeta Olmedo compuso su oda más inspirada para celebrar esta victoria. Dirigiéndose al Chimborazo, lo conminaba: "Rey de los Andes, la ardua frente inclina, que pasa el vencedor". Fue la hora más dulce para Flores, El Vencedor, que volvía a justificar su doble título de Fundador y Padre de la Patria.

Segunda y Tercera Presidencia[editar]

Grabado de la Hacienda La Elvira (1852), propiedad insignia de la familia Flores-Jijón de Vivanco.

Flores fue elegido al primer escrutinio por 29 de los 38 votos del Congreso. Su reelección estuvo probablemente convenida desde el pacto con Rocafuerte en 1834. Flores ofreció al Congreso y a la Nación respetar la libertad de las personas y de la prensa, no desterrar a nadie, dar impulso a la política exterior, seguir la obra educativa de Rocafuerte y observar una conducta "franca y moderada, firme, imparcial y justa". Con esta oferta se enancaba en el éxito administrativo y civilizador de Rocafuerte y, a la vez, se apeaba de la mala fama del Rocafuerte implacable y duro.

El presidente cumplió con lo ofrecido. Benigno Malo, el más célebre de los estadistas cuencanos, dijo de este segundo período floreano: "Esa pequeña época fue la más bella página cívica de Flores como hombre de gobierno". Esta bella página, sin embargo, quedó inconclusa por la inconstancia de Flores y su desaforado amor al poder. Su imagen se empañó sobre todo en el último año de Gobierno, en el que olvidando sus promesas descuidó la obra pública y permitió el enriquecimiento ilícito de altos funcionarios. Un periódico opositor editado en Piura -"La Linterna Mágica", de Pedro Moncayo- circulaba en Quito.

El periodista fray Vicente Solano afirmaba que de 700 mil pesos de la renta nacional se gastaban 400 mil en mantener leal al Ejército y que "papá Flores haría lo que le pareciese" para perpetuarse en el poder. La intervención de Flores con dos mil soldados en la política interna de Nueva Granada contribuyó, a la larga, a este deterioro. Movido por una petición del gobierno colombiano, combatió una insurrección en Pasto. Creía Flores que en lo personal daría una lección al insurrecto general Obando, su antiguo enemigo e inveterado calumniador en lo del asesinato de Sucre. Se figuraba que en lo público recobraría, en parte al menos, los territorios perdidos en su primera administración e ingresarla a las arcas fiscales 300 mil pesos por compensación colombiana. Nueva Granada le había ofrecido todo esto en un pacto solemne. De esta manera restauraría el brillo de su imagen. Triunfó sobre Obando y fue premiado en Quito con un doctorado de honor; pero cuando tuvo que intervenir nuevamente en Pasto -y Colombia lo engañó (1843)-, la popularidad de Flores empezó a declinar. Como lo había insinuado Solano, so pretexto de "irregularidades" ocurridas en Cuenca para la elección de representantes y de que los del Guayas no concurrieron al Congreso Extraordinario a causa de la fiebre amarilla que en octubre de 1842 había cobrado 326 víctimas, Flores convocó una Convención para el 15 de enero de 1843 y expidió una ley de elecciones que venía a ser un golpe de Estado a su favor.

La Convención se reunió en Quito el 15 de enero de 1843. Treinta de los 36 convencionales rezaron en la catedral. La Asamblea sesionó en el Colegio San Buenaventura. Flores leyó su mensaje. La audiencia le era benévola, pues 32 de los representantes eran a la vez empleados del Estado, y cinco de ellos eran generales y otros cinco coroneles, todos ellos extranjeros menos uno. "Os propongo una reforma saludable, racional, ilustrada y conservadora de los principios liberales que hemos proclamado", les dijo Flores.

La reforma consistía, entre otros asuntos, en que el período presidencial durase ocho años y el presidente pudiera ser reelegido pasado un período; en que el Congreso se reuniera cada cuatro años, los senadores duraran 12 y los diputados, ocho años. La propuesta fue aceptada. Flores fue reelegido por 34 de los 36 votos de la sala. La nueva constitución fue calificada apasionadamente de "Carta de la Esclavitud", aunque contenía principios como la libertad de cultos en lo privado y a que cerraba el camino a la politización del clero. Era evidente, con todo, que Flores se creía providencial.

Su gobierno en este tercer período fue hacer lo posible por sostenerse en el mando contra una oposición que crecía sin descanso. Esta provenía del clero intolerante y ambicioso; de un nuevo impuesto general de tres pesos y cuatro reales, menos a indios y esclavos, calificado como "funesto, oneroso y terrible", pese a que fue levantado; de haberse resucitado el recuerdo del asesinato de Sucre y con él, el de la leyenda de la participación de Flores en ese crimen; del fracaso de la expedición a Nueva Granada; de una fallida negociación limítrofe con el Perú; de la omnipresencia y poder de los militares extranjeros -12 de los 15 generales lo eran-, de abusos de los dineros de un legado para el colegio Vicente León por parte de Flores, sus parientes y amigos; de la conspiración tiranicida de jóvenes intelectuales en Quito, entre ellos Gabriel García Moreno; y del "nacionalismo" de los notables guayaquileños, todo ello atizado por los 14 manifiestos "A la Nación", lanzados por Rocafuerte desde Lima entre 1843 y 1845.

El gobernador de Guayaquil, a causa de la fiebre amarilla, había llegado tarde a la Convención. Era representante por Cuenca. Rocafuerte se opuso a gran parte de la reforma propuesta por Flores. Indignado por ella, por la reelección de su aliado - desde 1834- y quizás porque la Convención no lo tuvo en cuenta para el cargo de presidente, tronó contra los convencionales fieles a Flores, a cuyo grupo más íntimo calificó de "jenízaros", esto es, hijos de padres de diversa nación y soldados de infantería de la antigua guardia del emperador de los turcos, y se exilió en Lima. Esos manifiestos llamaban a insurrección en nombre del nacionalismo: "Unión, entusiasmo, valor constancia y pronto el triunfo será vuestro. Derrocando al pérfido tirano de Venezuela, os volverá el goce de vuestros usurpados derechos...", decía en el quinto de ellos. "Y los acontecimientos se precipitaron a la voz atronadora de Rocafuerte", escribe el historiador Luis Robalino Dávila. A las asonadas populares en diversos lugares de la Sierra al grito de "¡Mueran los tres pesos ¡,¡Viva la religión!", sucedió el golpe definitivo: el pronunciamiento militar nacionalista y de los notables de Guayaquil, secundados por el pueblo el 6 de marzo de 1845.

Los sublevados formaron un gobierno provisorio al que se adhirieron Manabí y Cuenca. Flores resistió hasta junio con sus tropas acantonadas en la "La Elvira", hacienda de su propiedad, y capituló ante ese gobierno mediante un tratado, llamado "de La Virginia", hacienda del poeta Olmedo, donde se lo firmó el 17 de junio de 1845. Así, con un pacto de caballeros terminaba el primer intento de un proyecto estatal diseñado por Flores y Rocafuerte, quienes de algún modo demostraron "una consciente habilidad conciliadora de los intereses dominantes ", como afirma la socióloga Silvia Vega Ugalde al analizar la crisis del Estado en los primeros 15 años de la República.

Obras importantes en su presidencia[editar]

Deuda Externa[editar]

En diciembre de 1834 la delegación ecuatoriana no asiste a la reunión de reparto de la deuda de la independencia, debido a la inasistencia del Ecuador se le asigna el 21.5 por ciento de la misma equivalente a 22.230.631,64 pesos[16]

Exilio, rehabilitación y últimas campañas[editar]

Más adelante, Flores, ya desde el exilio, tramó una invasión a Ecuador para la que obtuvo apoyo y financiamiento de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, Reina regente de España, con el fin de colocar en el trono ecuatoriano a su hijo Agustín Muñoz y Borbón. También se habla de las negociaciones con el rey francés Luis Felipe I, para nombrar Reyes de Ecuador a su décimo hijo, Antonio de Orleans, Duque de Montpensier y su esposa, la infanta española Luisa Fernanda de Borbón, hija también de la mencionada reina María Cristina.[17] La intentona fue repelida con dureza y Flores tuvo que retornar al exilio.

Durante un tiempo residió en Costa Rica, donde tuvo estrecha amistad con el Presidente José María Castro Madriz. El Congreso lo declaró ciudadano esclarecido de Costa Rica, pero Flores declinó el honor y poco después abandonó el país.

En marzo de 1857, llegó a su país natal donde valiéndose de su prestigio trató de mediar sin éxito en los conflictos suscitados entre los liberales que apoyaba al presidente José Tadeo Monagas y los conservadores que trataban de derrocarlo bajo la conducción del general José Antonio Páez . Muchos en Caracas vieron en Flores la persona ideal para dirigir la revolución. Era un prócer y había sido Presidente de Ecuador, pero al enterarse Flores de la situación, inmediatamente se marchó a Lima.

En 1860 Flores se sumó al régimen conservador del presidente Gabriel García Moreno, cuyo ejército comandó. A pesar de que cuando joven García Moreno había sido un férreo opositor de Flores y no había descartado organizar su asesinato, ambos políticos solucionaron sus diferencias y pactaron.

Por ello Flores participó en el bando quiteño en la guerra civil de 1859-60 y enfrentó al Gobierno de Facto de Guayaquil, que pretendía la secesión de esa ciudad, encabezado por el general Guillermo Franco Herrera a quien derrotó en el combate de Mapasingue.

La secesión de la provincia de Guayaquil y su posterior anexión al Perú fue oportunamente evitada por la declaratoria de independencia de Loja como República Federal en 1859. Las provincias del sur de Azuay se opusieron a pertenecer al vecino país, declararon su independencia y lograron el reconocimiento diplomático del gobierno de García Moreno y del general Franco. Sin embargo, una de las cláusulas de independencia de Loja declaraba la vigencia de su autonomía en tanto el Ecuador recupere el cauce constitucional. Esta estrategia desplazó la posibilidad guayaquileña de pertenecer al Perú y sostuvo la unidad de la República.

En 1863 comandó el Ejército ecuatoriano en la guerra contra Colombia, pero fue derrotado en la Batalla de Cuaspud.

Fallecimiento[editar]

Tumba donde descansa Juan José Flores en la Catedral Metropolitana de Quito

En 1864, Flores partió de Quito a combatir una expedición del ex presidente José María Urbina en el Golfo de Guayaquil. Durante el Combate de Santa Rosa recibió un tiro perdido en el bajo vientre del que nunca pudo sanar, muriendo el 1 de octubre a bordo del vapor Smirck, cerca de la isla Puná.[18] [19]

Para su mejor conservación, el cadáver de Flores fue introducido en un barril de alcohol y trasladado en un barco de guerra desde Machala a Guayaquil, donde algunos familiares esperaban con un lujoso ataúd para llevarlo hasta la ciudad de Quito, donde le darían cristiana sepultura.[18] Se dice que el barril de alcohol quedó abandonado en el puerto, y que unos marineros se aprovecharon de él para vender el líquido por botellas a un tabernero del Malecón, quien se encargó a su vez de rematarlo en módico precio, cuidándose de no revelar la procedencia del producto.[20]

En su honor, el presidente Gabriel García Moreno ordenó, mediante decreto ejecutivo expedido el 8 de octubre de 1864, que en todas las provincias del país se celebraran exequias de primera clase en honor al general Flores, que los empleados públicos y militares vistieran de luto riguroso por tres días contando desde la víspera de los funerales que tendrían lugar el 13 de octubre en la Catedral de Quito, que la bandera del Palacio de Carondelet y los edificios públicos permanecería a media hasta por el mismo tiempo y, finalmente, que se elaborara un mausoleo de mármol con la inscripción: Al padre de la Patria, el pueblo agradecido.[21]

Desde entonces, los restos mortales del general Flores, conjuntamente con los de su esposa Mercedes Jijón de Vivanco, se encuentran en la cripta presidencial dentro de la Catedral Metropolitana de Quito. Junto a ellos reposan, además, otros personajes importantes como el mismo presidente Gabriel García Moreno, el general Ignacio de Veintemilla, o los héroes independentistas Antonio José de Sucre y Carlos de Montúfar.

Condecoraciones[editar]

Honores póstumos[editar]

En noviembre de 1864, pocas semanas después de su deceso, el Cabildo de la ciudad de Quito intentó colocar un retrato del ex Presidente en su Sala de Sesiones, pero no fue aceptado por todos los miembros, que sólo permitieron un discurso en su honor, destacando su patriotismo y acciones beneficiosas al país, culminando la intervención con la frase: "Conciudadanos, se apagó la antorcha de la vida de este héroe, pero nos deja abiertos los senderos que conducen al templo de la gloria; imitadle".[18]

En su honor, en su ciudad natal existe:

  • Una parroquia.
  • Un lugar denominado “Plaza Flores".
  • Una escuela básica.

Referencias[editar]

  1. Pérez Pimentel, Rodolfo: Diccionario biográfico Ecuador, tomo 10 – Juan José Flores y Aramburú
  2. Pérez Pimentel, Rodolfo: Diccionario biográfico Ecuador, tomo 10 – Juan José Flores y Aramburú
  3. «Juan José Flores». Consultado el 30 de septiembre de 2013. 
  4. a b Villalba, Jorge (1994). El general Juan José Flores: fundador de la república de Ecuador. Quito: Centro de Estudios Históricos del Ejército. pp. 50-55. 
  5. a b Larrea, Carlos Manuel (1974). Antonio Flores Jijón, su vida y sus obras. Quito: Corporación de Estudios y Publicaciones. p. 16. 
  6. a b Vásconez Hurtado, Gustavo (1981). El general Juan José Flores, primer Presidente del Ecuador: 1800-1830. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana. p. 135. 
  7. «El general Juan José Flores». Revista Cultura (Quito: Banco Central del Ecuador) (Nº7): 359. 1984. 
  8. Museo Jacinto Jijón y Caamaño y el patrimonio artístico. Quito: Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. 1978. p. 56. 
  9. Salvador Lara, Jorge (2009). Historia de Quito, "luz de América" - Bicentenario del 10 de agosto de 1809 (segunda edición). Quito: FONSAL. p. 180. ISBN 978-9978-366-18-9. 
  10. Pérez Pimentel, Rodolfo. «Jijón Vivanco Mercedes». Archivo biográfico del Ecuador (tomo 1). Consultado el 15 de abril de 2015. 
  11. Jurado Noboa, Fernando (1995). Las quiteñas. Quito: Dinediciones. 
  12. Pardo de Guevara y Valdés, Eduardo (2005). Actas de la XI Reunión Americana de Genealogía. Santiago de Compostela: Editorial CSIC-Press. p. 426. Consultado el 15 de abril de 2015. 
  13. Flores Caamaño, Alfredo (1926). El verdadero testamento del Gran Mariscal de Ayacucho. Quito: Universidad Central del Ecuador. p. 65. Consultado el 14 de febrero de 2016. 
  14. Boletín Nº53 (Quito: Academia Nacional de Historia de Ecuador): 302. 1970. 
  15. Alvarado Dávila, Mauricio. «Mercedes Jijón». Los Orígenes de los Ecuatorianos. 
  16. Humberto Oña Villarreal. «Juan José Flores». Consultado el 30 de septiembre de 2013. 
  17. Orrego Penagos, Juan Luis (03/2012). «El general Juan José Flores y el Perú». Historia del Perú, América Latina y el mundo. Siglos XIX y XX. Consultado el 9 de febrero de 2013. 
  18. a b c Gomezjurado Zevallos, Javier (2015). Quito: Historia del Cabildo y la ciudad (primera edición). Quito: Instituto Metropolitano de Patrimonio. pp. 329-330. ISBN 978-9942-20-821-7. 
  19. Revista de Estudios Históricos (Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas) (Nº37-38): 445. 1993. 
  20. Pérez Pimentel, Rodolfo (1988). El Ecuador Profundo, tomo III (primera edición). Guayaquil: Editorial de la Universidad de Guayaquil. p. 208. 
  21. Orbes M., Camilo. Correspondencia inédita del Libertador Simón Bolívar. Bogotá: Biblioteca Angel Arango - Banco de la República. pp. 90-91. 
  22. Van Aken, Mark J. (1989). King of the Night: Juan Jose Flores & Ecuador 1824-1864 (en inglés). Los Angeles: University of California Press. p. 332. ISBN 0-520-06277-9. 
  23. Costa y Turell, Modesto (1878). Tratado completo de la ciencia del blason: ó sea, Código heráldico-histórico (e-book). Madrid: Editorial L. Tasso. p. 336. Consultado el 14 de noviembre de 2015. 

Véase también[editar]

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