Ortografía de Bello

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Frontis del edificio de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, inaugurado en 1922, utiliza la ortografía chilena o de Bello: «Escuela de Injeniería».

La ortografía de Bello[1] [2] u ortografía chilena[1] [3] [4] fue una reforma ortográfica del español hablado en América creada por el lingüista venezolano Andrés Bello y el escritor colombiano Juan García del Río.[5] [6]

Fue originalmente publicada en Londres, en el artículo «Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía en América»,[5] en las revistas Biblioteca Americana en 1823 y El Repertorio Americano en 1826;[6] [7] y tuvo como objetivo la modificación de la ortografía del español americano para lograr la correspondencia perfecta entre grafemas y fonemas.[6]

De forma parcial, esta reforma ortográfica comenzó a usarse oficialmente en Chile en 1844 y, luego, su uso se extendió a Argentina, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.[2] El último país en mantenerla fue Chile, donde las normas de la Real Academia Española (RAE) fueron adoptadas en 1927.[8]

Antecedentes[editar]

Ya a fines del siglo XV, el humanista Antonio de Nebrija propuso en el libro primero de su Gramática castellana (1492) que «tenemos de escribir como pronunciamos, y pronunciar como escribimos, porque en otra manera en vano fueron halladas las letras»,[9] presentando el concepto de la ortografía fonética española,[10] que repitió en el texto Reglas de ortographia de la lengua castellana (1517).[11] Posteriormente, en la primera mitad del siglo XVII, Gonzalo Correas fue el impulsor de una reforma ortográfica con criterio fonético en vez de etimológico, bajo el principio de que a cada fonema debía corresponder un grafema de modo biunívoco, idea que plasmó en sus obras Nueva i zierta ortografia kastellana (1624) y Ortografia kastellana nueva i perfeta (1630), donde señaló «eskrivamos pura i linpiamente, komo se pronunzia, konforme á la di[c]ha rregla, ke se á de eskrivir, komo se pronunzia, i pronunziar, komo se eskrive» (ortografía original).[11] [12]

Aunque la Real Academia Española (1713) fue simplificando la grafía del idioma español a partir de la publicación de su Orthographía española (1741), buscando el patrón fonético, esta tendencia a reformar la escritura se detuvo en 1815.[13] Por otro lado, en ese entonces la Academia no incluía a americanos entre sus miembros ni tomaba en consideración los procesos que la lengua experimentaba en contacto con la diversidad lingüística de las tierras conquistadas; de ese modo, los estudiosos de la lengua americanos debieron llevar a cabo su tarea fuera de ella y, a veces, en franca oposición.

Reforma ortográfica[editar]

Propuesta de Bello[editar]

En Londres en 1823, en el primer número de la revista Biblioteca Americana, Andrés Bello y Juan García del Río publicaron el artículo «Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía en América».[5] En él, y pese a reconocer el trabajo de la Real Academia Española al ordenar y simplificar la grafía de la lengua, Bello consideró que las limitaciones etimológicas que la Academia se había impuesto habían provocado efectos desastrosos en la enseñanza en ambas orillas del Atlántico, y se pronunció «en favor del criterio fonético y [en contra d]el etimológico».[5] La tesis de Bello se apoyaba en que el empleo de la etimología como criterio lingüístico era ocioso —pues la lectura y en general el uso de la lengua en nada se vinculan con su conocimiento histórico— y, en vista de los problemas que producía, contrario al uso racional.

Debido a esto, Bello propuso eliminar la ambigua «c» y la «h muda», asignar a «g» e «y» solo uno de sus valores, escribir siempre «rr» para representar la consonante vibrante y dedicar un cuerpo de estudiosos a resolver sobre el terreno la diferencia entre «b» y «v» (betacismo).[n 1] Su objetivo era crear una correspondencia unívoca entre los fonemas y los grafemas, simplificando la ortografía decimonónica del español de América caracterizada por algunas inconsistencias:

  • Letras que representan gráficamente fonemas idénticos:
    • El sonido /k/, representado por «c», «k», «qu».
    • El sonido /s/, representado por «c», «s», «z» (seseo).
    • El sonido /x/, representado por «g», «j», «x».
    • El sonido /i/, representado por «i», «y».
  • Letras que representan más de un fonema:
    • «c», «g», «r», «x», «y».
  • Letras mudas:
    • «h».
    • «u» —en las combinaciones «gue», «gui», «que», «qui»—.

Bello promovía, además de una redistribución del silabario en atención a la realidad del uso lingüístico, una simplificación implementada en dos etapas:[7] [14] [15] [n 2]

  • Primera etapa:
    • Sustituir por «i» la «y» con valor vocálico (rei, i).
    • Sustituir por «j» el sonido fricativo sordo de la «g» (jeneral, jinebra) y la «x» (Méjico, Jiménez).
    • Sustituir por «z» el sonido sibilante de la «c» (zerdo, zisma).
    • Suprimir la «h muda» (ombre, ueso).
    • Suprimir la «u muda» de «que» y «qui» (qeso, qienes).
    • Escribir «rr» siempre que se pronuncie la vibrante múltiple, también conocido como «sonido fuerte», (rrazón, alrrededor).
  • Segunda etapa:
    • Sustituir por «q» el sonido plosivo de la «c» (qasa, qomo).
    • Suprimir la «u muda» de «gue» y «gui» (gerra, ginda).

Propuesta de Sarmiento[editar]

Veinte años más tarde, durante su segundo exilio en Chile (1840-1851), Domingo Faustino Sarmiento formuló una propuesta similar a la de Bello. El 17 de octubre de 1843, mientras Bello era rector de la Universidad de Chile, Sarmiento presentó su proyecto Memoria (sobre ortografía americana) ante la Facultad de Humanidades.[16] [17] A diferencia de Bello, Sarmiento prefería conservar la «c» y prescindir de la «z», además de eliminar la «v» y la «x»; sin embargo, el 19 de febrero de 1844, la Facultad de Humanidades juzgó esta propuesta como radical.

Implementación y uso[editar]

Observaciones a la lei electoral vijente (1876), de Arturo Prat.

La influencia de Bello se había visto en la propuesta de la «Academia Literaria i Científica de Profesores de Instrucción Primaria de Madrid», que había adoptado muchos de sus principios en 1843.[2] Sin embargo, Isabel II puso fin a este proyecto el 25 de abril de 1844 al imponer, por decreto real, el acatamiento a la Academia a través del Prontuario de ortografía de la lengua castellana, dispuesto de real órden para el uso de las escuelas públicas, por la real Academia española, con arreglo al sistema adoptado en la novena edición de su Diccionario [sic].[18] Con esta publicación, los acuerdos de la RAE con respecto a la ortografía alcanzaron el nivel de normativa, desplazando otros posibles manuales de ortografía.

Aunque el proyecto de Bello no se plasmó totalmente, algunas de sus ideas fueron propuestas en Chile en mayo de 1844 por la Facultad de Humanidades al gobierno del presidente Bulnes,[19] que siguió la recomendación y finalmente adoptó ese mismo año el uso de la nueva ortografía en la enseñanza y la redacción de documentos oficiales. Las modificaciones adoptadas por el gobierno de Chile fueron las siguientes:

  • Sustituir por «i» la «y» con valor vocálico (rei, i)
  • Sustituir por «j» el sonido fricativo sordo de la «g» (jeneral, jinebra)
  • Sustituir por «s» la «x» ante consonantes (testo, estremo)
  • Suprimir la «h» y la «u» mudas (ombre, qeso)
  • Escribir siembre con «rr» el sonido fuerte de esta consonante (rratón, arrmario).[14]

Sin embargo, la falta de rigurosidad para implementar dichas modificaciones hizo que algunas de ellas cayeran en desuso[cita requerida], permaneciendo vigentes solo las tres primeras.[15] Posteriormente, estos cambios se extendieron a Argentina, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.[2] En 1847 Bello escribió Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos.

Chile fue el último país en mantener esta ortografía, vigente allí por más de 83 años. La diferencia en los usos ortográficos se prolongó hasta 1927, cuando el gobierno del presidente Ibáñez, por medio del decreto 3876 del Ministerio de Instrucción Pública, restituyó las normas académicas de la RAE en la enseñanza y documentos oficiales a partir del 12 de octubre de dicho año.[8]

La ortografía chilena fue objeto de estudio para el filólogo y lingüista Rodolfo Lenz, quien escribió los siguientes textos al respecto: Observaciones sobre la ortografía de Chile (1891), De la ortografía castellana (1894) y Problemas del Diccionario Castellano en América (1927).[4]

Iniciativas similares[editar]

El poeta Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura de 1956, utilizó en su obra Poemas májicos y dolientes (1909) una ortografía semejante a la de Bello «[porque] se debe escribir como se habla[,] por amor a la sencillez [y] por antipatía a lo pedante».[20] Asimismo, el escritor y filósofo Miguel de Unamuno abogó por la adopción de «una ortografía fonética y sencilla» en La raza y la lengua, cuarto volumen de Obras completas, donde se incluyeron sus artículos sobre la reforma de la escritura,[13] que también expresó en su «nivola» Niebla (1914).[21] [22]

Por otro lado, el filósofo Jesús Mosterín planteó, tanto en Ortografía fonémica del español (1981) como en Teoría de la escritura (1993), «una nueva ortografía para el español» basada en sus fonemas.[13] En el I Congreso Internacional de la Lengua Española, llevado a cabo en Zacatecas (México) en 1997, el premio Nobel de Literatura de 1982 Gabriel García Márquez reeditó, entre otras, la propuesta de Bello, defendió la supresión de grafías arbitrarias y abogó por «jubil[ar] la ortografía».[23]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La confusión entre «ll» e «y», yeísmo, no fue considerada.
  2. Según Ángel Rosenblat, citado por José Antonio Carbonell (1981).

Referencias[editar]

  1. a b Mora Monroy, Siervo Custodio (1998). «Sobre la cambiante ortografía» (PDF). Thesaurus 53 (3): 572-574. Consultado el 20 de marzo de 2016. 
  2. a b c d Lodares, Juan Ramón (2001). Gente de Cervantes: historia humana del idioma español. España: Editorial Taurus. ISBN 9788430604234. 
  3. Real Academia Española (1999). «Prólogo». Ortografía de la lengua española. pp. V. ISBN 84-239-9250-0. Consultado el 14 de septiembre de 2011. «la llamada "ortografía chilena" difundida por diversos lugares de América». 
  4. a b Memoria Chilena (2015). «Ortografía» (HTML). Consultado el 20 de marzo de 2016. 
  5. a b c d Matus, Alfredo (1982). «Don Andrés Bello y la Real Academia Española». En Instituto de Chile. Homenaje a don Andrés Bello (1.ª edición). Santiago de Chile: Editorial Jurídica de Chile, editorial Andrés Bello. p. 75-76. 
  6. a b c Márquez Rodríguez, Alexis (23 de febrero de 2001). «Presente y futuro del idioma castellano». analitica.com. Consultado el 28 de septiembre de 2014. 
  7. a b Bello, Andrés, y Juan García del Río (octubre de 1826 [1823]). «Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar la ortografía en América» (ASP). El Repertorio Americano (Londres) 1: 27-41. Archivado desde el original el 28 de noviembre de 2015. Consultado el 12 de septiembre de 2011. 
  8. a b Ministerio de Instrucción Pública (6 de agosto de 1927). «Decreto 3876, (sin título)». Consultado el 6 de marzo de 2013. 
  9. de Nebrija, Antonio (2007). «Libro primero, en que trata de la ortographia - Capítulo quinto, de las letras y pronunciaciones de la lengua castellana». En Asociación Cultural Antonio de Nebrija. Gramática de la lengua castellana (HTML). 
  10. Lope Blanch, Juan Miguel (1990). «Notas sobre los estudios gramaticales en la España del Renacimiento». Estudios de historia lingüística hispánica. Madrid: Arco Libros. p. 55. ISBN 978-8476350898. 
  11. a b Esteve Serrano, Abraham (1982). «I. Los principios ortográficos». Estudios de teoría ortográfica del español. Murcia: Universidad de Murcia. pp. 15-105. ISBN 84-86031-14-1. 
  12. Bustos Tovar, José Jesús de (1998). «Las propuestas ortográficas de Gonzalo Correas» (PDF). Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica (Servicio de Publicaciones de la Universidad Complutense de Madrid) (16): 41-62. ISSN 0212-2952. Consultado el 6 de marzo de 2013. 
  13. a b c Mosterín, Jesús (octubre de 2002 [mayo de 1993]). «10. Fonología y ortografía del español». Teoría de la escritura (2.ª edición). Barcelona: Icaria Editorial S.A. pp. 225-341. ISBN 84-7426-199-6. 
  14. a b Lastarria, José Victorino (1844). Discursos académicos. Santiago: Imprenta del Siglo. pp. 2-3. «Yo e tenido la onrra de ser designado para llenar aora uno de los mas importantes deberes qe la lei impone a esta ilustre corporacion, tal como el de presentar una memoria sobre alguno de los echos notables de la istoria de Chile, apoyando los pormenores istóricos en documentos auténticos i desenvolviendo su carácter i consecuencias con imparcialidad i verdad [...] La istoria es para los pueblos lo qe es para el ombre su esperiencia particular: tal como este prosigue su carrera de perfeccion, apelando siempre a sus recuerdos, a las verdades qe le a echo concebir su propia sensibilidad, a las observaciones qe le sujieren los echos qe le rodean desde su infancia, la sociedad debe igualmente en las diversas épocas de su vida, acudir a la istoria, en qe se alla consignada la esperiencia de todo el jénero umano, a ese gran espejo de los tiempos, para iluminarse en sus reflejos». 
  15. a b Mac-Iver, Enrique (1900). La crisis moral de la república. Santiago. «Es gradable i honroao para mí hablar desde esta tribuna levantada por una asociacion que dedica sus esfuerzos al estudio de las ciencias, al cultivo de las letras i al esclarecimiento de los variados problemas sociolójicos que interesan al pais, i que, en mi concepto, sirve de refujio i amparo a los principios de libertad que, predominantes ayer, peligran hoi ante las tendencias autoritarias i absorbentes creadas por el egoismo de clases i fortificadas por el adulo al poder del número». 
  16. Sarmiento, Domingo F. (1843). «Memoria (sobre ortografía americana) leída a la Facultad de Humanidades» (PDF). Santiago: Imprenta de La Opinión. Consultado el 12 de septiembre de 2011. 
  17. Montt, Luis, ed. (1884). «17. Memoria leída a la Facultad de Humanidades el 17 de octubre de 1843 por el licenciado Domingo F. Sarmiento» (PDF). Noticias de las publicaciones hechas en Chile por don Domingo F. Sarmiento (1841-1871). Santiago: Imprenta Gutemberg. pp. 13-19. Consultado el 13 de septiembre de 2011. 
  18. Hidalgo, Dionisio (1870). Diccionario general de bibliografía española: "Los amigos"-"Themis". vol. 4. Madrid: Imprenta de J. Limia y G. Urosa. p. 412. Consultado el 14 de septiembre de 2011. 
  19. Bello, Andrés (10 y 24 de mayo de 1844). «Ortografía» (ASP). El Araucano (Santiago). Archivado desde el original el 28 de noviembre de 2015. Consultado el 12 de septiembre de 2011. 
  20. «La ortografía de Juan Ramón Jiménez» (PDF). iesolapaz.educacion.navarra.es. s/f. Archivado desde el original el 28 de noviembre de 2015. Consultado el 15 de julio de 2015. 
  21. de Unamuno, Miguel (2010). «Capítulo VIII». Niebla. Juan Herrero Senés, ed. (1.ª edición). Estados Unidos: Stockcero, Inc. p. 59. ISBN 978-1-934768-36-5. «Hay que escribir el castellano con ortografía fonética. ¡Nada de ces!, ¡guerra a la ce! Za, ze, zi, zo, zu con zeta y ka, ke, ki, ko, ku con ka. ¡Y fuera las haches! ¡La hache es el absurdo, la reacción, la autoridad, la edad media, el retroceso! ¡Guerra a la hache!» 
  22. Gutiérrez Ordóñez, Salvador (24 de octubre de 1999). «Ortografía de la lengua». www.elcultural.es. Consultado el 3 de octubre de 2011. 
  23. García Márquez, Gabriel (abril de 1997). «Botella al mar para el dios de las palabras» (HTM). I Congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas). Consultado el 13 de septiembre de 2011. «Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?» 

Bibliografía[editar]