Guerra del Pacífico

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Guerra del Pacífico
Map of the War of the Pacific.en.svg
Esquema de los territorios bolivianos, chilenos y peruanos antes de la guerra. Las fronteras Bolivia-Perú y Bolivia-Argentina antes de la guerra no estaban definitivamente fijadas. La línea negra contínua señala las fronteras después de 1929.
Fecha 18791883
Lugar Costa de Bolivia; costa y sierra del Perú en Sudamérica
Casus belli Aprobación del contrato entre Bolivia y la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta a cambio del pago del impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado en territorio boliviano
Conflicto Disputa territorial boliviana-chilena
Resultado Victoria de Chile.
Consecuencias
Cambios territoriales
Beligerantes
Flag of Bolivia.svg Bolivia
Bandera del Perú Perú
Flag of Chile.svg Chile
Comandantes
Presidentes de Perú

Mariano Ignacio Prado (1876-1879)
Luis La Puerta de Mendoza (18 dic. 1879-23 dic. 1879)
Nicolás de Piérola (1879-1881)
Francisco García Calderón (12 mar. 1881-28 sep. 1881)
Lizardo Montero Flores (1881-1883)
Miguel Iglesias (1883-1886)

Presidente de Bolivia
Hilarión Daza (1876-1879)
Narciso Campero (1879-1884)

Comandante en jefe del Ejército Aliado
Juan Buendía
Narciso Campero
Pedro Silva Gil
Andrés A. Cáceres

Comandante en jefe de la Marina de Guerra del Perú
Lizardo Montero Flores

Aurelio García y García
Presidente de Chile

Aníbal Pinto (1876-1881)
Domingo Santa María (1881-1886)

Ministro de Guerra y Marina de Chile
Rafael Sotomayor Baeza (1879-1880)
José Francisco Vergara (1880-1881)
Carlos Castellón Larenas (1881-1883)

Comandante en jefe del Ejército
Justo Arteaga (8 de abril de 1879 a 18 de julio de 1879)
Erasmo Escala (1879-1880)
Manuel Baquedano (1880-1881)

Comandante en jefe de la Armada de Chile
Juan Williams Rebolledo
Galvarino Riveros
Juan José Latorre

Comandante en Jefe de Ejército de Ocupación
Pedro Lagos

Patricio Lynch
Fuerzas en combate
Ejército de Bolivia
Ejército del Perú
Marina de Guerra del Perú
Ejército de Chile
Armada de Chile
Bajas
Bolivia:
920-1000[1] muertos
Perú:
9672-10 000[1] muertos
Chile:
2743[2] -3276[1] muertos
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La Guerra del Pacífico, también denominada Guerra del Guano y el Salitre, fue un conflicto armado acontecido entre 1879 y 1883 en el cual se enfrentaron la República de Chile contra las repúblicas de Bolivia y del Perú.

Crisis e inicio del conflicto[editar]

En 1866, se firmó el Tratado de Límites entre Chile y Bolivia que puso término a una cuestión limítrofe pendiente entre estos países, planteada desde la fundación de Bolivia en 1825 cuando se independizó de España y se separó del Perú. En este tratado, se fijó el paralelo 24°S como límite (norte-sur) y se debían compartir a medias los derechos de exportación de minerales extraídos entre los paralelos 23°S y 25°S. Las dificultades encontradas para implementar la administración del tratado llevaron en 1874 a su modificación, buscando una solución pacífica entre ambas naciones. En el tratado de 1878, Chile renunció a los ingresos de impuestos en el territorio 23°S-24°S a cambio de la promesa de Bolivia de no incrementar los impuestos a las capitales y negocios chilenos durante 25 años. La frontera permaneció en el paralelo 24°S.

El año 1871 fue derrocado el Presidente de Bolivia Melgarejo y todos los contratos otorgados por el fueron anulados (ley del 9 y 14 de agosto) pero que podían ser renegociados (ley del 22 de noviembre de 1872). El año 1873 la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta (CSFA) renegoció una licencia anulada para la explotación del salitre en Antofagasta. La nueva licencia del 27 de noviembre de 1873, permitía la explotación en Antofagasta libre de impuestos por 15 años.

En 1878, el congreso de Bolivia se abocó al estudio del acuerdo celebrado por el gobierno en 1873, basandose en una interpretación de la ley del 22 de diciembre que entendía que todos las renegociaciones debían ser aprobadas por el congreso. La empresa sostenía que solo en caso de desavenencia entre el gobierno y la empresa. El texto de la ley decía:

Se autoriza al Ejecutivo para transar sobre indemnización y otros reclamos pendientes en la actualidad, y para acordar con las partes interesadas la forma más conveniente en que habrán de llenarse sus obligaciones respectivas; defiriéndose estos asuntos, sólo en los casos de no avenimiento, a la decisión de la Corte Suprema, con cargo a dar cuenta a la próxima legislatura.

Finalmente la Asamblea Nacional Constituyente boliviana mediante una ley, el 14 de febrero de 1878, a condición de que se pagara un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado por la compañía.

Artículo Único. Se aprueba la transacción celebrada por el ejecutivo en 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía Anónima de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta a condición de hacer efectivo, como mínimo, un impuesto de diez centavos en quintal de salitre exportado.

Asamblea Nacional Constituyente de Bolivia. Ley de 14 de febrero de 1878[3]

En lo que respecta a Chile, el cobro del impuesto de 10 centavos sobre quintal exportado violaba el artículo IV del Tratado de límites de 1874 (donde se fijó la frontera en el paralelo 24, eliminándose la zona compartida y en compensación, Bolivia se comprometió a no subir durante 25 años los impuestos “a las personas, industrias y capitales chilenos”). Por ello, dicho impuesto encontró una gran resistencia por parte de los propietarios de la empresa afectada y una cerrada defensa de su causa por parte del gobierno de Santiago, desencadenándose un conflicto diplomático.

A lo largo de los meses siguientes, el gobierno boliviano se abstuvo de implementar la ley mientras se discutían las objeciones presentadas por el gobierno chileno. El 8 de noviembre, el canciller chileno, Alejandro Fierro, envió una nota al canciller Martín Lanza indicando que el Tratado de 1874 podría declararse nulo si se insistía en cobrar el impuesto, renaciendo los derechos de Chile anteriores a 1866. El 17 de noviembre, el gobierno de La Paz ordenó al prefecto del departamento de Cobija que aplicara la ley del impuesto para iniciar las obras de reconstrucción de Antofagasta. Aunque ambas partes propusieron la resolución del conflicto por vía de un arbitraje, tal como lo contemplaba el Protocolo de 1875, este no llegó a realizarse ya que mientras el gobierno de Chile exigía que se suspendiera la ejecución de dicha ley hasta que su legalidad fuese determinada por un árbitro, el gobierno de Bolivia exigía que el blindado Blanco Encalada y sus fuerzas navales se retiraran de la bahía de Antofagasta. El 6 de febrero, ante las protestas por parte de la Compañía de Salitres por la ley del impuesto y dado que el contrato no había cumplido con los trámites para declararlo, el gobierno de Bolivia rescindió el contrato con la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta. El prefecto Zapata ordenó rematar sus bienes para cobrar los impuestos generados desde febrero de 1878.

En Chile, la decisión de impedir el remate se tomó la mañana del 11 de febrero, cuando, en una sesión especial del gabinete chileno, se recibió un telegrama del norte, conteniendo textualmente un mensaje del ministro plenipotenciario de Bolivia "Anulación de la ley de febrero, reivindicación de las salitreras de la compañía". El plan de rematar la propiedad de la CSFA decidióal presidente Aníbal Pinto a ordenar la ocupación de Antofagasta, que se realizó el 14 de febrero de 1879, ocupando tropas chilenas el litoral reclamado por Bolivia.[n 1] El 14 de febrero, el día del remate, tres naves chilenas arribaron a Antofagasta, Mejillones, Cobija y Caracoles reinvindicándose estos territorios. El 16 de febrero, llegó a Lima el ministro boliviano Serapio Reyes a fin de exigirle al gobierno peruano que cumpliera con el tratado de alianza defensiva de 1873. El 27 de febrero, Hilarión Daza decretó el estado de sitio en Bolivia.

Gracias a los archivos de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, se sabe que en Chile no existía interés en ir a la guerra por salvar a la compañía, a pesar de que muchos políticos y ministros importantes eran accionistas minoritarios de la compañía[cita requerida]. Sin embargo, la decisión sería otra en el caso de que se remataran efectivamente las salitreras, lo que, según la visión del presidente de Chile Aníbal Pinto, supondría la violación efectiva del tratado.

El Perú, que había suscrito el Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia de carácter secreto en 1873 y al que Argentina no se adhirió finalmente,[4] trató de persuadir al gobierno de La Paz para someterse a un arbitraje con la misión Quiñones,[5] figura que se encontraba estipulada en el protocolo complementario de 1875, toda vez que se trataba de un "problema tributario" y no territorial. El gobierno peruano, para mediar en el conflicto, envió a su ministro plenipotenciario José Antonio de Lavalle a Chile; la misión del diplomático fracasó. El canciller chileno Alejandro Fierro preguntó al plenipotenciario peruano sobre la existencia de un "Tratado Secreto" firmado con Bolivia en 1873. Lavalle no tenía instrucciones sobre ello y le indicó que en la comisión diplomática del congreso a la que él pertenecía no se había tocado ese tema. En Lima el 20 de marzo, el presidente peruano le expuso al representante chileno Godoy que el tratado existía y que convocaría al congreso peruano para evaluar qué actitud tomar ante Chile y Bolivia.

El 1 de marzo, el gobierno de Bolivia emite un decreto por el que se corta tanto el comercio como la comunicación con Chile, se dispone la desocupación de los residentes chilenos, el embargo de sus bienes, propiedades e inversiones, y desconocer toda transferencia de intereses chilenos hecha con posterioridad al 8 de noviembre, cuando el gobierno chileno declaró nulo el tratado de 1874. El 15 de marzo, Chile inició preparativos para ocupar más al norte del paralelo 23. Con ello, el 23 de marzo, tuvo lugar la batalla de Calama, en la que las fuerzas chilenas vencieron a un grupo de civiles bolivianos. El 5 de abril de 1879, tras la negación peruana a permanecer neutral, Chile declaró la guerra a Bolivia y Perú.

La revisión y análisis del tratado de 1873 entre Perú y Bolivia, lleva a historiadores peruanos a la conclusión de que el Perú tenía la opción de decidir si este tratado estaba vigente, ya que Bolivia había firmado uno de límites con Chile en 1874 sin consultar al Perú,[6] o si la agresión a Bolivia era real o si el asunto merecía un arbitraje. Esta misma interpretación dice que, a raíz de la penetración de tropas chilenas en territorio boliviano y el poco interés del gobierno de Chile en "una salida diplomática" y a la declaratoria de guerra que le hace el gobierno chileno el 5 de abril, Perú se sintió ligado a Bolivia por el tratado recíproco de defensa y entró, asimismo, en la contienda, declarando el casus foederis (expresión latina que significa "motivo de la alianza"; en la terminología diplomática, describe la situación en la cual entrarán en juego los miembros de una alianza, por ejemplo, "cuando una nación sea atacada por otra").

En cambio, la historiografía chilena afirma que el pacto es defensivo en la forma, pero ofensivo en el fondo, por lo que considera la mediación de Perú después de la toma de Antofagasta como una forma de ganar tiempo, mientras se realizaban preparativos de guerra.[7] Además declara un motivo de más largo alcance para que la guerra terminara en un conflicto entre Chile y Perú, que sería, según esta visión, una enemistad que tendría raíces en la época colonial, exacerbada en la independencia y en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.

Por otra parte, la historiografía peruana afirma que las relaciones coloniales eran de cooperación y comercio entre los puertos del Callao y Valparaíso. Después de proclamada la Independencia del Perú, ambos gobiernos suscribieron un tratado de Liga, Alianza y Confederación el 23 de diciembre de 1822, que establecía principalmente una alianza militar entre el Perú y Chile, el cual se complementó el 26 de abril de 1823 con un Tratado de Auxilios, que reglamentaba el financiamiento de la campaña libertadora[8] y aunque posteriormente el gobierno peruano no reconoció dicha deuda, en 1839, con la derrota de la Confederación, el Perú pagó a Chile la deuda contraída por el servicio prestado por el ejército chileno en la campaña restauradora y la independencia,[n 2] así como reconoció las acciones de los oficiales de Chile otorgándoles premios[n 3] y condecoraciones del ejército del Perú por reunificar el Perú y derrotar a Santa Cruz reconociendo a Chile como aliado del Perú.[n 4] Esta alianza volvería a fortalecerse en 1866 durante la Guerra hispano-sudamericana en la cual las escuadras navales de ambos países combatieron juntas a la Armada Española en el Combate naval de Abtao. Tras el Combate del Callao y el retiro de la flota europea de aguas americanas en octubre del mismo año, el ministro chileno en el Perú Marcial Martínez, en cumplimiento de una ley dada por el congreso de su país, confirmó al presidente peruano Mariano Ignacio Prado (el mismo en 1879) los despachos de General de División en el Ejército Chileno.[9] Esto ha llevado a la historiografía peruana a afirmar la existencia de intereses económicos y políticas expansionistas en la clase dirigente chilena de ese entonces como verdadero motivo del estallido de la guerra.

Campaña naval[editar]

A comienzos de la guerra era evidente que antes de cualquier operación militar en un terreno tan difícil como el desierto de Atacama, debía ganarse el control de los mares.

El poder de la escuadra chilena se basaba en las fragatas blindadas gemelas, Cochrane y Blanco Encalada, de 3560 toneladas, 6 cañones de 250 libras de avancarga, 2 de 70, y 2 de 40 libras, blindaje de 9 pulgadas, velocidad máxima de 11 nudos. El resto de la escuadra estaba formada por las siguientes naves de madera: las corbetas Chacabuco, O’Higgins y Esmeralda, la cañonera Magallanes y la goleta Covadonga.

La escuadra peruana basaba su poder en la fragata blindada Independencia y el monitor Huáscar. La Independencia desplazaba 3.500 toneladas, tenía un blindaje de 4½ pulgadas, 2 cañones de 150 libras, 12 de 70, 4 de 32, 4 de 9 libras, y andar de 11 nudos a su máxima velocidad. El monitor Huáscar deplazaba 1745 toneladas, blindaje de 4½ pulgadas, 2 cañones de 300 libras de avancarga, ubicados en la torre giratoria, y velocidad máxima de 12 nudos, con lo cual posiblemente era la nave de combate más moderna de la marina de guerra del Perú. Completaban la escuadra peruana los monitores fluviales Atahualpa y Manco Cápac, la corbeta de madera Unión y la cañonera de madera Pilcomayo. Bolivia contaba con buques de guerra como el Guardacostas Bolívar, el Guardacostas Mcal. Sucre y las embarcaciones Laura y Antofagasta.

El puerto peruano de Iquique fue bloqueado por parte de la armada chilena. En el Combate naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879, el monitor Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau Seminario, logró hundir a la corbeta chilena Esmeralda, al mando del capitán de corbeta Arturo Prat Chacón, el que, al morir durante el combate, se convierte en el mayor héroe naval chileno (durante el siglo XX fue ascendido en forma póstuma a Capitán de Fragata). El mismo día, la fragata Independencia se enfrentó con la goleta 'Covadonga, cuyo comandante capitán de corbeta Carlos Condell de la Haza, astutamente logró que su adversario encallara en Punta Gruesa, en su afán de espolonear a la Covadonga y dónde terminó sufriendo el bombardeo de ésta. El resultado de ese día en Iquique y Punta Gruesa caló hondo en la opinión pública de ambos países. Los combates navales de Iquique y Punta Gruesa le dieron una victoria táctica al Perú: el bloqueo del puerto de Iquique fue levantado y las naves chilenas fueron hundidas o abandonaron el área. En el combate de Iquique, después de que el Huáscar hundiera la Esmeralda, Grau ayudó a los náufragos y envió un pésame a la esposa de Arturo Prat; más tarde en Punta Gruesa, la escuadra peruana perdió a la fragata blindada de 3500 toneladas al encallar en unos arrecifes cuando intentaba capturar una nave de madera de 630 toneladas, quienes continuaban en combate hasta la llegada del Huáscar. La pérdida de la fragata blindada Independencia, la mayor nave de la escuadra de la marina de guerra del Perú, representó un golpe irreparable para ésta.[10]

Pese a su condición de inferioridad numérica, el comandante del Huáscar mantuvo en jaque a toda la escuadra chilena durante 6 meses. Entre las acciones más destacadas de las llamadas correrías del Huáscar se cuentan: el primer combate naval de Antofagasta (26 de mayo de 1879) y el segundo combate naval de Antofagasta (28 de agosto de 1879). El punto culminante fue la captura del vapor Rímac, el 23 de julio de 1879. En esta acción, Grau no sólo capturó dicho buque, sino también el regimiento de caballería Carabineros de Yungay el cual se encontraba a bordo. Este hecho causó una crisis en el gobierno chileno que provocó la renuncia del almirante Juan Williams Rebolledo. Tras la renuncia de Williams, el mando de la escuadra chilena fue entregado al comodoro Galvarino Riveros Cárdenas quien se abocó a dar caza al Huáscar.

El combate decisivo de la campaña naval tuvo lugar en Punta Angamos, el 8 de octubre de 1879. En este combate, el monitor Huáscar, junto con la Unión, que logró escapar, fue finalmente capturado por la armada de Chile, a pesar del intento de hundirlo por parte de su tripulación. Durante el combate murió su comandante Miguel Grau Seminario, convirtiéndose a su vez en el héroe patrio del Perú. El combate naval de Angamos marcó el fin de la campaña naval de la Guerra del Pacífico.

Campañas terrestres[editar]

Operaciones militares tras la caída de Lima. Los desplieges de tropas chilenas a menudo eran resistidos por las guerrillas y montoneros peruanos, lo que no aparece en el mapa.

Las tropas del ejército chileno iniciaron una serie de maniobras militares en las provincias de Tarapacá, Tacna y Arica. Las victorias de Pisagua, Pampa Germania y Dolores, a fines de 1879, aseguraron el dominio chileno sobre el departamento de Tarapacá, así como las de Tacna y Arica en 1880. La batalla de Tarapacá fue una victoria aliada, pero ésta no cambió el curso de los acontecimientos a favor de los aliados, pues Bolivia se retiró de la guerra después de la batalla del Alto de la Alianza en Tacna y Chile siguió luchando contra el Perú.

La capital peruana vivía desconectada del resto del país y subestimó completamente la situación bélica, lo que contribuyó a desestabilizar completamente su clase política y a evitar una preparación efectiva para enfrentar el desembarco chileno al sur de la ciudad. En enero de 1881, las tropas chilenas entraron en Lima, después de las batallas de San Juan y Miraflores. En esta última, la propia población civil defendió sin éxito la ciudad cuando el ejército chileno atacó tres de los doce reductos. Después de la batalla, hubo incendios y saqueos en los poblados de Chorrillos y Barranco.

Las fuerzas chilenas establecieron su autoridad y se impusieron cupos de guerra a la población limeña. Se impuso el orden en la ciudad, en las zonas de ocupación, y se restablecieron las actividades. Sin embargo, este orden no evitó la salida de objetos y bienes científicos o culturales, tales como instrumentos, herramientas, mobiliario y libros, algunos de los cuales fueron enviados a Chile, terminando otro tanto en manos de privados de ambos países.

El dictador Nicolás de Piérola Villena, quien se retiró de la capital para pretender seguir gobernando desde el interior del país, fue sustituido por un gobierno civil a cargo de Francisco García Calderón, que se negó a firmar la entrega del Departamento de Tarapacá.

Sin posibilidades de firmar la paz, el jefe de la ocupación chilena Vicealmirante Patricio Lynch estableció su cuartel militar en el Palacio de Pizarro en Lima y dirigió el combate contra la resistencia peruana en la sierra, en lo que se denomina la Campaña de la Breña o de la sierra, enfrentando abundantes actos de sedición en la misma ciudad y, posteriormente, una resistencia claramente organizada.

Después de los enfrentamientos en San Juan y Miraflores, el entonces Coronel peruano Andrés Avelino Cáceres y otros, como el capitán José Miguel Pérez, decidieron llegar a los Andes Centrales para organizar y reiniciar la resistencia al ejército de ocupación chileno. Para ello, el 15 de abril de 1881, se embarcaron en la estación de Viterbo, evadiendo la vigilacia de los soldados chilenos, con destino final la ciudad de Jauja. Así, y en gran medida ayudado por su profundo conocimiento de la lengua quechua, Cáceres organizó la defensa entre la población civil de la Sierra Central y el Coronel Gregorio Albarracín en la Sierra Sur, quienes ejecutaron una efectiva guerra de guerrillas durante tres años. Eligieron la breña de los Andes Centrales porque presentaba una topografía excelente para aplicar la estrategia de guerra de guerrillas y, también, porque existían nuevos elementos humanos, aunque sin entrenamiento y con escaso armamento para una lucha prolongada.

La resistencia militar liderada por Cáceres en la regiones sur y centro andinas obtuvo varias victorias contra las fuerzas chilenas y se dirigió a Cajamarca, en la sierra norte, para evitar el encumbramiento de Miguel Iglesias, quien desde 1882 había manifestado firmar la paz con el gobierno chileno, aceptando cesión territorial.

El 3 de mayo de 1883, la base del Tratado de Ancón ya estaba acordada entre Patrico Lynch y Miguel Iglesias quien firmó este convenio inicial desde Cajamarca.[11] El 10 de julio de 1883, se desarrolló la decisiva Batalla de Huamachuco entre Cáceres y Alejandro Gorostiaga, finalizando con una victoria chilena. Miguel Iglesias envió una comisión especial para felicitar a Gorostiaga por su victoria. Montero, por su parte, tuvo que salir de Arequipa para evitar la destrucción de la ciudad. El 20 de octubre de 1883 terminó en Ancón la discusión de los términos del tratado de paz. Una vez firmado el Tratado de Ancón, el 11 de marzo de 1884, la Asamblea Constituyente aprobó el Tratado. Iglesias marchó hacia Lima para asumir el gobierno del Perú.

Después de la guerra, las diferencias entre Cáceres e Iglesias dieron origen a una guerra civil entre los partidarios de ambos líderes, que finalizó en 1885 con el triunfo del primero.

Intervención extranjera[editar]

Los intereses comerciales y financieros en la zona estaban de acuerdo en que la guerra no les era favorable porque por un lado afectaban las vías del comercio y navegación, por otro lado dificultaban el pago de las deudas de los países beligerantes. Por esa razón siempre buscaron terminar la guerra.[12]

Tras la ocupación chilena de Tarapacá, los gobiernos de Perú y Bolivia trataron de involucrar a los Estados Unidos de America a su favor para impedir la cesión de territorios a Chile.[13] :41 El representante boliviano en los EE.UU. ofreció consesiones de guano y salitre a inversionistas estadounidenses a cambio de una protección contra Chile.[14] :131[13] :42 Los grupos de intereses acreedores del Perú, "Credit Industriel" y "Peruvian Company", ofrecieron al Presidente Peruano García Calderón pagar la deuda externa peruana y las reparaciones de guerra a Chile a cambio de los derechos sobre la explotación y comercio del guano y salitre peruanos. Con la aquiesciencia de García Calderón comenzaron a hacer lobby en los EE.UU. para impedir la cesión de territorios.

Por su parte los diplomáticos estadounidenses temían una intervención de las potencias europeas contraria a su Doctrina Monroe que disminuiría sus expectativas de expansión económica en Latinoamerica. Sin embargo, también habían intereses economicos personales en el asunto, cuando el representante de EE.UU. en Lima, Stephen A. Hurlbut, aceptó una propuesta peruana de entregar Chimbote como base naval a los EE.UU. mas concesiones carboníferas, en que estas últimas quedarían a su nombre. En ese momento Hurlbut envió una carta a Patricio Lynch advirtiéndole que los Estados Unidos de Àmerica no permitirían la cesión de territorios peruanos.[14] :132 En 1881 asumió el poder en los EE.UU. Chester A. Arthur, que no estaba dispuesto a inmiscuirse de tal manera en los asuntos sudamericanos.

El historiador estadounidense Kenneth D. Lehmann comenta la política de su país con las siguientes palabras:

Washington se había inmiscuido en una controversia sin tener una proposición realista: el anhelo moralizante de los EE.UU. tenía un aire de hipocresía a la luz de su propia historia, y las amenazas veladas no eran plausibles.[13] :45

En cuanto a una intervención de Gran Bretaña en la guerra, el historiador marxista británico Victor Kiernan, tras un detallado análisis de los documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña (Foreign Office) enfatiza que el Ministerio de RR.EE. de Gran Bretaña nunca contempló intervenir activamente, pero estaba sumamente preocupado de no favorecer a algún beligerante lo que le traería otra vez consecuencias legales como ya le había sucedido en la guerra de sucesión de los EE.UU.[15]

Durante la guerra los beligerantes pudieron comprar armas en Europa y EE.UU. tantas como pudieran pagar (aunque no barcos de guerra británicos) y firmas como la internacional Baring Brothers no tuvieron escrúpulos en negociar con ambos lados.[16] :129 [15] :18 Por ejemplo el Perú 1879-1880 adquirió armas en los EE.UU., Europa, Costa Rica y Panamá, que eran descargadas en el caribe panameño, transportadas por tierra al Pacífico y de allí al Perú en los barcos Talismán, Chalaco, Limeña, Estrella, Enriqueta, y Guadiana.[17]

Saqueos, contribuciones de guerra y daños a neutrales[editar]

Caricatura publicada en la revista chilena Padre Cobos en 1882. El Ministro Balmaceda lava sus manos en inocencia y ordena al intendente de Santiago Mackenna deshacerse del pesado león peruano. La elite de Santiago observa con placer la llegada de la estatua. El padre Cobos y un niño negro juegan alrededor de la escena.

Los saqueos y las contribuciones de guerra durante el conflicto han sido olvidados en Chile y fuente de resentimiento en Peru. El historiador chileno Milton Godoy Orellana[18] distingue cuatro casos: 1)saqueos en Chorrillos y Miraflores 2)saqueos en Lima cometidos por peruanos antes de la entrada de las tropas chilenas a la ciudad 3)confiscación de locomotoras, rieles, imprentas, armas, etc, realizada por el ejercito ocupante. Estas expropiaciones estaban permitidas por las leyes de guerra del siglo 19. El gobierno chileno las dirigia a través de la "Oficina Recaudadora de las Contribuciones de Guerra" cuyas tareas eran hacer inventario, confiscar, registrar y confirmar el envío a Chile tanto como el destinatario y el remitente. El propósito de la confiscación era obtener la paz. No existe una lista general de los bienes confiscados, pero muchos de los envios quedaron registrados en cartas oficiales y privadas, artículos en periódicos, listas de cargas navieras, etc. 4)la requisición de bienes culturales peruanos. El desarrolo de las leyes internacionales relacionadas con la protección de los objetos de gran valor cultural se desarrolló en los siglos 18 y 19, pero la idea de proteger los bienes culturales surgió en Europa en el siglo 18.[19] El Código Lieber de 1863, que protege incondicionalmente los objetos de arte en un conflicto armado (Art. 35), expresamente consiente la utilización de propiedad cultural como reparación de guerra (Art. 36).[20] El historiador chileno Sergio Villalobos señala que los Estados Unidos de América aceptaron en 1871 la confiscación de obras de arte, pero que el Proyecto de una Declaración Internacional concerniente a las Leyes y Costumbres de Guerra de 1874 consideraba que los objetos de arte debían ser protegidos.[21] En marzo de 1881 el Gobierno de Ocupación requisó 45,000 libros de la Biblioteca Nacional del Perú,[21] pero de hecho muchos de ellos fueron vendidos por peruanos en Lima por lo que es discutido cuantos de los libros quedaron en manos chilenas. Cuando en marzo de 1881 comenzaron a aparecer los libros, la opinión pública en Chile comenzó a discutir sobre la legitimidad de la confiscación de libros, óleos, estatuas, etc, o "robo internacional" como lo describió un periodista del periódico "La Època". El 4 de febrero de 1883 en una sesión de la Cámara de Diputados de Chile, el diputado Augusto Matte Pérez interpeló al ministro del interior José Manuel Balmaceda sobro los "oprobiosos y humillantes" cargamentos de bienes culturales peruanos. El diputado Montt exigió la devolución de los bienes y fue apoyado por sus colegas McClure y Puelma. El ministro prometió impedir futuras exanciones y repatriar los objetos mencionados en la discusión. Aparentemente lo hizo, porque los énvios cesaron y las estatuas no estan. Pero no fue sino hasta noviembre de 2007 que Chile devolvió 3,778 libros a la Biblioteca Nacional del Perú.[22] S. Villalobos considera que no había justificación para el robo.[23]

Otra tema fue los daños causados por las acciones de guerra a las propiedades de ciudadanos de países neutrales. En 1884 se constituyeron los Tribunales Arbitrales cada uno con un juez nombrado por Chile, un juez nombrado por el pais del demandante, y un juez nombrado por Brasil para juzgar sobre reclamaciones de ciudadanos de Gran Bretaña (118), Italia (440), Francia (89) y Alemania. El tribunal "italiano" acogió demandas de ciudadanos belgas y el "alemán" de ciudadanos austríacos y suizos. Ciudadanos españoles se entendieron directamente con el Estado de Chile y los estadounidenses no se acogieron a la medida en aquel entonces. De acuerdo a las leyes internacionales vigentes fueron desatendidos los casos en que a)los extranjeros tenían residencia habitual en los paises beligerantes b)el lugar en cuestion había sido zona de combate (el caso de Chorrillos, Arica, Miraflores, Pisagua y Tacna) c)los daños habían sido causados por soldados fuera de la jerarquía (desertores, perdidos). Solo un 3,6% de la cantidad demandada fue concedida por los tribunales.[24]

Consecuencias[editar]

Restos humanos de soldados bolivianos, chilenos y peruanos exhumados de tumbas temporales para ser guardados definitivamente en el Mausoleo de Tacna en 1910.[25]

El coste del conflicto en vidas humanas fue alto, sobre todo en lo que se refiere a pérdidas de vidas civiles. Un recuento hace calcular que las bajas estuvieron entre los 14,000[1] [26] y 23,000[27] muertos, entre civiles y militares, a lo largo de la guerra.

La guerra concluyó oficialmente el 20 de octubre de 1883 con la firma del Tratado de Ancón, mediante el cual el Departamento de Tarapacá pasó a manos chilenas permanentemente y las provincias de Arica y Tacna quedaron bajo administración chilena por un lapso de 10 años, al cabo del cual un plebiscito decidiría si quedaban bajo soberanía de Chile, o si volvían al Perú.

A la firma de este tratado, el Departamento de Tacna contaba con tres provincias: Tacna, Arica y Tarata. En 1885, dos años después del tratado, Chile ocupó la provincia de Tarata, la cual fue devuelta al Perú el 1 de septiembre de 1925 por resolución del árbitro Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos.

El plebiscito previsto en el Tratado de Ancón nunca se llevó a cabo y no fue hasta 1929 que se firmó el Tratado de Lima, que contó con la mediación de Estados Unidos, que decidió que gran parte de la provincia de Tacna fuese devuelta al Perú mientras que Arica y el resto quedara definitivamente en manos de Chile.

El Estado de Chile pudo iniciar un proceso de chilenización dirigido a la población de Tacna, Arica y Tarapacá, interviniendo en las organizaciones privadas y públicas de la zona. A inicios del siglo XX, la chilenización se hizo más intensiva y compulsiva, llegando a puntos exacerbados hacia el primer centenario de la Independencia de Chile,[28] por la actividad de ciertos grupos de población civil chilena, de naturaleza nacionalista, que comenzaron la creación de "ligas patrióticas" con la finalidad de desaparecer los rasgos peruanos de los territorios de Tacna, Tarata, Arica y Tarapacá.

La paz entre Chile y Bolivia fue firmada en 1904. Sin embargo, el tratado de paz entre ambas naciones, en el cual Bolivia definitivamente reconocía la permanente soberanía chilena sobre el territorio previamente en disputa, ha sido origen constante de tensiones diplomáticas entre ambos países durante el siglo XX y comienzos del siglo XXI, debido a que Bolivia perdió toda posibilidad de salida soberana al océano Pacífico.

Tras su victoria, Chile tomó posesión no sólo de una importante extensión territorial, sino también de enormes depósitos salitreros, guaneros y de cupríferos. Éstos fueron adquiridos mayoritariamente por capitales británicos, por medio de la compra de bonos desvalorizados emitidos antes del conflicto por Perú y adquiridos a bajos precios con préstamos de bancos chilenos, que los hacían dueños de las salitreras.

El salitre fue la principal fuente de riqueza de Chile hasta el descubrimiento del salitre sintético por los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial.

Después de la ocupación chilena de Lima en 1881, el gobierno argentino ordenó alistar el ejército, la compra de un blindado, de material de guerra y la construcción de un línea férrea hasta los Andes como vía de abastecimiento. Con ello ambos países se colocaron al borde de una guerra, aceptando la mediación del gobierno estadounidense.[29] El 22 de octubre de 1881, se canjearon en Santiago las ratificaciones del Tratado de límites entre Chile y Argentina, un acuerdo con el que se definieron con precisión los límites preexistentes entre la Argentina y Chile en la región patagónica.[30] [31] Con este tratado, se entendía en Chile que Argentina se comprometía tácitamente a la neutralidad en la guerra que se libraba en el Pacífico y que no firmaría el Tratado de Alianza Defensiva Perú–Bolivia.

En 1883, Chile quedó en posesión de la Puna de Atacama de 75 000 km², que hasta entonces había pertenecido a Bolivia y la consideró de su propiedad después del Tratado de Tregua de 1884. Sin embargo, diversos tratados y mediaciones entre Bolivia, Argentina y Chile concluyeron en 1889, cuando Argentina renunció a su reclamo sobre Tarija y Chichas reconociéndolas como territorio de Bolivia, y en 1899, cuando 64 000 km² de la Puna de Atacama quedaron para la Argentina y 11 000 km² para Chile.[32]

Véase también[editar]


Impacto cultural

Notas[editar]

Referencias[editar]

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  6. Artículo VIII.- Las altas partes contratantes se obligan también:
    III) A no concluir tratados de límites o de otros arreglos territoriales, sin consentimiento previo de la otra parte contratante.
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Bibliografía[editar]

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Enlaces externos[editar]