Conquista de Chiloé

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Campaña de Chiloé
Guerra de Independencia de Chile
Archipiélago de Chiloé-blank.PNG
Mapa del Archipiélago de Chiloé (Chile).
Fecha 1820-1826.
Lugar Isla Grande de Chiloé.
Resultado Victoria chilena.
Consecuencias Firma del Tratado de Tantauco.
Cambios territoriales Anexión del archipiélago de Chiloé al territorio chileno.
Beligerantes
Flag of Chile.svg Supremo gobierno de Chile Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Gobierno de Chiloé[n 1]
Comandantes
Bernardo O'Higgins
Thomas Cochrane
Ramón Freire
Robert Forster
Manuel Blanco Encalada
Antonio Quintanilla Rendición
Mateo Mainery (P.D.G.)
Fuerzas en combate
Flag of Chile.svg Ejército de Chile:
2.149 (1824)[1]
2.575 (1826)[2] [3]
Flag of Chile.svg Armada de Chile:
5 buques de guerra y 4 transportes (1824)[4]
5 buques de guerra y 5 transportes (1826)[5]
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Ejército realista:
2.800 (1824)[6]
5.000 (1826)[n 2]
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Armada Real Española:
8 lanchas cañoneras[7]
2 buques corsarios
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La conquista de Chiloé, también conocida como campaña o campañas de Chiloé es el nombre que se le da a una serie de operaciones militares ocurridas entre 1820 y 1826, libradas entre españoles, chilotes realistas y patriotas chilenos por el dominio del archipiélago de Chiloé, último enclave que permanecía en poder de la Monarquía española en el actual territorio chileno tras el fin de la Patria Nueva (1823).

Antecedentes[editar]

Contexto histórico[editar]

Conquistada en 1567 por Martín Ruiz de Gamboa (1533-1590), Chiloé poseía una enorme importancia estratégica en el Océano Pacífico sur, a medio camino entre Valparaíso y el estrecho de Magallanes. En 1766 dejo de depender de la Capitanía General de Chile, pasando directamente a manos del Virreinato del Perú y creándose el gobierno de Chiloé. Dos años más tarde, Carlos de Beranger (1719-1793) fundó San Carlos de Chiloé (hoy Ancud) con la población de Chacao, más los refuerzos traídos del Perú, agregándose la guarnición que ya tenía el archipiélago.

Chiloé termino contando con una guarnición permanente de 395 soldados de línea más ingenieros e instructores militares, todos pagados por el Real Situado enviado por el virrey limeño. También había dos mil milicianos, reclutados entre los vecinos y pagados por el propio gobierno provincial.[8] [9] Las milicias se concentraban en la costa y alrededor de Castro, los regulares guarnecían Calbuco y San Carlos. Una compañía de artilleros estaba siempre lista para evitar el cruce de cualquier invasor por el canal de Chacao. Para finales del siglo XVIII, la sociedad chilota era muy pobre, tradicionalista y altamente militarizada. Para el gobierno colonial la isla era vital, su pérdida significaría desguarnecer todo Chile.[10]

A comienzos del siglo XIX, toda Hispanoamérica se vio sumergida en una ola de revueltas separatistas que ponían en jaque al tricentenario Imperio español. Chiloé, junto a Valdivia, eran dos provincias bastante aisladas del resto de Chile y con fuertes lazos con el virreinato peruano, así que rápidamente se convirtieron en baluartes de la causa monárquica.[11] [12] Del mismo modo, los predicadores franciscanos consiguieron la adhesión mayoritaria del campesinado de Chillán, Concepción, Talcahuano y la mayoría de las tribus mapuches, destacando su lucha guerrillera, especialmente en la posterior Guerra a Muerte.[13] La élite de Concepción, tras fracasar el proyecto de su propia junta de gobierno y enfrentada al proyecto centralista de sus pares de Santiago, capital de la Capitanía General, se convirtió en el principal núcleo realista.[14] La Primera Junta de Gobierno se preocupo mucho de la estratégica isla de Chiloé, temor que se demostraría cierto, pues fue base de las expediciones realistas de 1813 y 1814. La isla estaba protegida por su clima y sus costas desmembradas, surtía de madera y hombres en edad militar a las fuerzas virreinales.[15]

El cabildo de Castro se mantuvo desde un principio leal a las autoridades nombradas por la Corona española y su negativa a obedecer órdenes de ninguna junta de gobierno. Unos dos mil chilotes sirvieron en el Ejército Real de Chile durante la guerra en tierra firme, es decir, el continente; desde el sur de Chile hasta el Altiplano.[n 3] Destacando en los combates de Chillán (1813), Rancagua (1814), Venta y Media, Sipe-Sipe (1815), Valdivia (1820) y Ayacucho (1824).

Chilotes en la Patria Vieja[editar]

Su primera acción bélica fue un desembarco en Carelmapu en mayo de 1812, marchando hacia el norte, entrando sin oposición en Osorno el 26 de junio. Inmediatamente avanzaron sobre Valdivia, en poder realista desde el 16 de marzo. Su guarnición era vital, más de 1.500 soldados de línea bien pertrechados.[16] Tras conocer de estas noticias, el virrey peruano, José Fernando de Abascal (1743-1820), envió 20 oficiales, 50 soldados, 25.000 pesos y numeroso armamento, vestuario y equipo militar en cinco bergantines para reclutar un ejército en Chiloé. Al mando de la misión estaba Antonio Pareja (1757-1813).[17] [18] Zarparon el 5 de diciembre en el Callao y fondearon en San Carlos el 18 de enero de 1813.[19]

En tres meses de recluta y entrenamiento, Pareja levantó una tropa de 900 soldados y 500 milicianos chilotes. El 17 de marzo salieron de San Carlos, atracando en Valdivia tres días después; ahí se les sumaron 700 valdivianos.[n 4] De los que partieron, muy pocos volvieron a sus hogares.[20] El 26 desembarcaron en San Vicente, ocupando rápidamente Talcahuano y Concepción sin mucha resistencia. El 15 de abril entraron en Chillán. Durante el camino se les sumaron las guarniciones, centenares de milicianos del Ñuble, tropas de los fuertes de La Frontera y algunos araucanos.[21] La fuerza de Pareja alcanzaba los 2.000 fusileros, 2.000 a 3.000 milicianos -lanceros a caballo-, 200 artilleros y 25 cañones.[22] [23]

Sin embargo, la mayoría de las tropas de línea eran chilotes y valdivianos y desconfiaban de los milicianos, apodados por ellos «chilenos»; muchos de los primeros reclamaban a sus oficiales poder volver a sus casas. Para ellos su misión era reconquistar Concepción, lo que se había conseguido, no avanzar sobre Santiago. Finalmente, ambos contingentes se negaron a cruzar el río Maule. La desconfianza de chilotes y valdivianos se mostró correcta, tras iniciar la retirada al sur, la mayoría de los milicianos desertaron y se pasaron al ejército rebelde de la Junta de Santiago.[24] Los realistas se refugiaron en Chillán, permaneciendo la iniciativa bélica en manos de los rebeldes hasta la llegada de 200 soldados del Regimiento Real de Lima y 700 milicianos chilotes al mando de Gabino Gaínza (1753-1829) en enero de 1814.[25] El 3 de marzo avanzaba sobre Talca y conseguía firmar el Tratado de Lircay un mes después. El pacto provoco una breve guerra civil entre carrerinos y o’higginistas y el reemplazo de Gaínza por Mariano Osorio (1777-1819), acompañado por refuerzos del Real Regimiento de Talavera de la Reina. Tras el Desastre de Rancagua, los realistas entraban el 5 de octubre en Santiago. El papel de Chiloé (y Valdivia) había sido fundamental en hombres, dinero y alimentos.[8]

Chilotes en la Reconquista y el Alto Perú[editar]

Después de pacificar Chile, Osorio planeaba cruzar los Andes por los boquetes del sur y tomar Mendoza y San Juan con una tropa de 2.000 infantes, 1.000 jinetes y 200 artilleros, todos veteranos bien armados y altamente motivados.[26] Pero a comienzos de 1815 debió enviar 1.150 soldados a ayudar a sofocar la rebelión del Cuzco. Entre estos estaban la mayoría del regimiento de Talavera y el batallón de Voluntarios de Castro –o de Chilotes-, reclutado inicialmente por Pareja.[27] Unos trescientos chilotes se habían incorporado para reemplazar las bajas de los Talavera.[28] Los chilotes combatieron en el Alto Perú, destacando especialmente en Sipe-Sipe, el sometimiento de las republiquetas y la Invasión Grande a Salta. Permanecieron en Charcas hasta 1820, volviendo al actual Perú, batallando hasta la Capitulación de Ayacucho, epilogo de la guerra de independencia, el 9 de diciembre de 1824. Para ese entonces no quedarían muchos de los chilotes originales, las bajas en la década de combates habrían sido cubiertas con reclutas altoperuanos.[29] Los sobrevivientes recibieron la autorización de reembarcarse a su isla.

Por su parte, el Batallón de Chiloé, la otra gran fuerza formada de chilotes formada por Pareja, permaneció en la Reconquista en el país y acabo aniquilado en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, aunque sus restos sirvieron de base para nuevas unidades.[30] Durante la Guerra de Zapa, Manuel Rodríguez (1785-1818) siempre intento hacer desertar a los soldados chilotes.[31] Los sobrevivientes del ejército realista se refugiaron en Talcahuano o escapo por Valparaíso hacia Perú.[32] En dicho combate destaco el coronel Antonio de Quintanilla (1787-1863), uno de los pocos oficiales sobrevivientes del desastre y que sería nombrado gobernador o intendente de la isla. En cuanto llego no encontró soldados a su disposición, la mayoría se había marchado y muy pocos vuelto, debiendo recurrir a las reservas humanas de la isla, aparentemente inagotables.[33] Considera ya uno de los mejores oficiales realistas, Quintanilla se desempeñaría como gobernador por casi nueve años, desde marzo de 1817 hasta enero de 1826, demostrando ser un gran organizador y preparador, apoyándose en la naturaleza –clima y geografía- y la falta de recursos del gobierno de Santiago.[34]

Muchísimos chilotes murieron en la batalla, y a pesar que la isla ya sufría del desgaste demográfico (enviar centenares de hombres a combatir y a muchos a morir) y económico (reclutando hombres en edad adulta), los isleños hicieron un supremo esfuerzo y enviaron una nueva tropa de cien soldados, sin armas, a ayudar a Talcahuano.[8] Tras el decisivo desastre que significo Maipú para las armas realistas, los rebeldes patriotas se dedicaron a perseguir a los últimos realistas agrupados en guerrillas en la provincia de Concepción o atrincherándose en Valdivia y Chiloé. Las ciudades de Chillán, Concepción y Talcahuano caerían a inicios de 1819 ante el avance de un ejército de 3.385 patriotas.[35] El victorioso O’Higgins estaba decidido en conquistar el archipiélago, diría: «la conquista de Chiloé es algo necesario e indispensable para completar la independencia nacional; sin Chiloé estaremos siempre amenazados por los realistas».[36] En total, se enviarían contra el bastión realista cinco expediciones.[37]

Campañas de Chiloé[editar]

Intento de Cochrane[editar]

Durante la noche del 3 de febrero al 4 de febrero de 1820, las fuerzas de la naciente República de Chile tomaron por asalto Valdivia. El estratégico puerto contaba con una numerosa guarnición que se disperso, uniéndose a las guerrillas realistas en la Guerra a Muerte o buscando refugio en Chiloé. Pronto se les unirían los españoles de Osorno y Carelmapu, ya que pronto caerían bajo poder republicano.[38] Después de eso, los líderes de la expedición, almirante Thomas Cochrane (1775-1860) y capitán William Miller (1795-1861), vieron su oportunidad para acabar con el amenazante poder realista de Chiloé y consolidar la independencia chilena.

Con doscientos hombres bien seleccionados zarparon el 16 de febrero, embarcándose en las goletas Moctezuma y Dolores –esta última, recientemente capturada-. Ambas carecían de artillería. Cochrane y Miller confiaban en que existiese descontento entre los habitantes de Chiloé contra Quintanilla y su llegada animaría la subversión de las milicias realistas. El intendente español tenía en esos momentos no más de un millar de milicianos para defender la isla.[39] Chiloé ya había levantado en armas a unos tres mil de sus hombres, muchos de ellos enviados lejos, lo que equivalía que prácticamente cada familia de la provincia había enlistado a un miembro de su familia.[n 5] Desde su llegada, Quintanilla había hecho construir defensas y enviado navíos corsarios a asaltar las costas chilenas.

El día 17, por la mañana, las goletas patriotas llegaron a la punta Huechucuicuy, en el extremo occidental del canal del Chacao, y desembarcaron a sesenta infantes, treinta jinetes y una pieza de campaña en la playa de Chaumán.[40] Enterado de esto, el gobernador realista decidió agrupar sus fuerzas y atrincherarse en el castillo San Miguel de Agüi o Ahui, el más fuerte del sistema de fortalezas que defendía San Carlos, entonces capital del archipiélago. Construido el 1779, el castillo estaba enclavado en la península de Lacuy, a unos 40 km de la ciudad por tierra y 2 millas por mar. Protegía el ingreso al canal por el oeste, contando con once cañones, un polvorín, un calabozo y un foso.

En el amanecer del 18, Miller marcho con sesenta hombres seleccionados contra la fortaleza. En el subsecuente combate, quince patriotas murieron en una descarga y Miller fue herido por metralla en su muslo, debiendo rescatarlo sus propios hombres. Tras esto se retiraron y reembarcaron, regresando a Valdivia.

Combates en el continente[editar]

Mientras tanto, en el continente las tropas patriotas y realistas seguían batallando. El 27 de febrero, el oficial republicano George Beauchef (1787-1840) entraba en Osorno y perseguía a los realistas, que huían con rumbo a Chiloé.[41] Tras esto, los realistas se reagruparon en Maullín e intentaron recuperar Osorno, siendo vencidos en El Toro el 3 de marzo.

Posteriormente, en 1821, la guarnición de Valdivia temía por los rumores que el caudillo realista Vicente Benavides (1777-1822) los atacara desde el norte con tres mil lanzas, o que Quintanilla desembarcaría en Carelmapu y atacaría su ciudad. Estos rumores llevaron al gobernador civil y militar de la plaza, sargento mayor de ingenieros Cayetano Letelier y Maturana (c.1748-1821),[42] a construir fortificaciones alrededor de Valdivia y enviar al grueso de sus hombres a proteger Osorno de un ataque desde el sur.[43] Pero los 1.200 soldados y milicianos[44] que envió se amotinaron el 15 de noviembre. Para ese entonces, Osorno estaba casi completamente despoblada por la guerra y la miseria. Antes que Quintanilla aprovechara el motín para recuperar la región, Beauchef desembarcó desde Talcahuano con nuevos contingentes y sometió la revuelta el 14 de abril de 1822.[45] El gobernador Letelier murió durante el motín.

Por último, el sargento realista Florentino Palacios y el toqui Calfuco –este último un antiguo lenguaraz de Valdivia, que por circunstancias de la guerra se había convertido en cacique- asaltaron con ochocientas lanzas el castillo de Cruces, el 11 de febrero de 1822. La guarnición no estaba preparada y su comandante, el Comisario de Naciones o Lengua General, sargento mayor Leandro Uribe y Asenjo (1771-1822), es asesinado inmediatamente a pesar de ser pariente de Benavides.[46] Quintanilla termina por cancelar cualquier ofensiva tras la llegada de Beauchef y Calfuco sería capturado en diciembre y Palacios entregado por los indios y ejecutado a comienzos de enero de 1823, consiguiéndose el sometimiento de las tribus al sur del río Toltén.[47] Beauchef volvió a Valdivia, preparándose preparar una segunda expedición contra los realistas de Chiloé. [48]

Los chilotes seguían muy valorados como guerreros, en 1823, a pedido del virrey, Quintanilla envió diez isleños para servir como la guardia personal de La Serna. Sin embargo, fueron interceptados en su trayecto.[49]

Bloqueo fallido[editar]

Tras los repetidos éxitos en Perú de la Perú, el Director Supremo de Chile, Bernardo O’Higgins (1778-1842), considero que era posible conquistar la isla sin mayores esfuerzos utilizando el poderío de la Escuadra Chilena. Como primer movimiento, la Chacabuco recibió órdenes de zarpar de Valdivia y bloquear el puerto de San Carlos, impidiendo la llegada de refuerzos monárquicos, capturar la fragata Presidente y las dos lanchas cañoneras ahí ancladas.[50] Su comandante, el francés Jean-Joseph Tortel Maschet (1763-1842), divisó las costas chilotas el 16 de enero de 1821 pero inmediatamente se produjeron fuertes vendavales y sus oficiales le aconsejaron regresar a Valdivia por el mal estado en que había quedado su buque, pero el francés insistió.

Esa misma noche, la Chacabuco se aproximo a la isla Doña Sebastiana, donde se enviaron furtivamente treintaicinco hombres bien escogidos en una lancha al mando de Santiago Jorge y un bote capitaneado por Santiago Terim. El plan era armar ambas embarcaciones y asaltar sorpresivamente la Presidente, mientras la Chacabuco se refugiaba en mar adentro.

Al día siguiente la corbeta volvió a la isla a buscar a ambas embarcaciones, pero una fuerte tempestad estalló y casi hundió al navío. De hecho, la tripulación perdió el control de la Chacabuco y quedaron a la deriva, milagrosamente las corrientes les arrastraron a Valparaíso, llegando el 26 de enero.[51] Una vez en el puerto, la Chacabuco fue reparada y su capitán juzgado y absuelto por un concejo militar. Respecto del bote, la lancha y los treintaicinco hombres dejados atrás, debieron volver por sus propios medios a Valdivia.

A finales de ese mismo año, 1821, se preparaba el envío de una nueva flotilla. La Galvarino y la Chacabuco irían al mando del teniente irlandés William Brown (1777-1857), pero los tripulantes se negaron a servir bajo sus órdenes, dado su conocido carácter violento.[52]

Fracasado proyecto de expedición[editar]

Durante 1821, el caudillo realista Benavides entendió que jamás recibiría auxilios desde el exterior y empezó a dedicarse a la piratería en el golfo de Arauco, aprovechándose que el grueso de la Escuadra Chilena estaba en el Perú.[53] El 24 de febrero capturaba la ballenera norteamericana Hero y el 13 de mayo al bergantín mercante, también estadounidense, Hersilia. En este último navío, el capitán fue asesinado y la tripulación fue forzada a enlistarse como corsarios. Benavides envió al Hersilia a Chiloé, pero una tormenta lo hundió y la tripulación llegó como pudo a Talcahuano en un bote. El 7 de julio, con tres lanchas balleneras, asalto y encallo al bergatín Ocean, que transportaba quince mil fusiles, carabinas y sables para los realistas peruanos y que quedaron en la playa. Luego las rescataron y guardaron en una iglesia; también encontraron ropas y planchas de cobre que forraban la nave, luego usadas para fabricar tambores.[54] Poco después, la fragata norteamericana Golconda también caída en su poder; estaba anclada en la isla Santa María. Más tarde, Benavides intento asaltar Talcahuano con sus lanchas y fracaso.

Buques de guerra británicos y estadounidenses intentaron dar con la flotilla del caudillo pero fracasaron, limitándose a advertir a sus mercantes que Santa María era peligrosa.[55] Finalmente, Benavides fue vencido en las Vegas de Saldías, el 9 y 10 de octubre. Intento escapar en un bote a Perú, pero debió recalar en Topocalma pero fue delatado por los lugareños y arrestado. Fue ejecutado en Santiago, el 13 de febrero de 1822.

Ante esto, O’Higgins organizó una nueva expedición al mando precisamente de Beauchef. Se alisto la fragata Lautaro y dos transportes, pero hubo de esperar ya que no habían recursos para equipar las naves. Se recurrió al salvataje, buscando un ancla perdida por la fragata Begoña[n 6] en Quintero para la Lautaro, sólo se encontraron un buen pedazo de cadena y un tamborete, en la playa se encontró un palo que serviría de mastelero. Como ancla se uso una del arsenal, dejada por la fragata inglesa Andromache.[56] La escuadrilla llegó a Corral a mediados de abril de 1822. Beauchef decidió esperar la primavera acantonado sus tropas en Valdivia mientras enviaba a la Chacabuco, ahí anclada, a bloquear San Carlos; pero también se necesitaba víveres y viajó a Valparaíso a buscarlos. Durante el trayecto se encontró con una tormenta que obligo al teniente John Kelly a arrojar al mar sus 10 cañones para no zozobrar. Tras esto, llegó al puerto en tan malas condiciones que no pudo hacerse a la mar, y para octubre aún no llegaba nada a Valdivia.[57]

O'Higgins había ejercido un gobierno autoritario, militarista y centralista gracias a su asociación con la Logia Lautarina.[58] Sus planes de unir el continente bajo el mandato de la misma no podían aceptar la oposición de «tradición democrática de "los pueblos"»,[59] ya que estos consideraban que la soberanía local y democrática de sus cabildos debía ser la base sobre la que se construyera el nuevo Estado.[60] Este conflicto fue el que finalmente, entre diciembre de 1822 y enero de 1823, llevó a una revolución ciudadana que derribo a O'Higgins, quien tuvo que exiliarse en Perú.[61] Los habitantes y las tropas acantonadas en Concepción, 1.600 soldados, fueron los primeros en alzarse.[62] El 10 de diciembre de 1822 convencieron a Freire en liderar las tropas.[63] También se les sumaría Beauchef, quien mandaba una flotilla formada por la goleta Moctezuma y la fragata Independencia con 400 infantes, 30 artilleros, 4 piezas de campaña y numerosos víveres y municiones anclada en Talcahuano a la esperada de expedicionar sobre Chiloé.[64] Finalmente, Freire ordeno transportar por mar a la infantería (1.600 soldados) a Valparaíso, mientras su caballería (600 jinetes) al mando de Salvador Puga marchaba por tierra.[64] [65] Poco después se les suma Coquimbo. Desde La Serena, una columna al mando de José Miguel Irarrázaval Alcalde (1801-1848) compuesta de 150 guardias cívicos de infantería de Coquimbo, 150 de Illapel, 25 artilleros operando un par de piezas, 100 milicianos de caballería y 30 fusileros españoles capturados en Maipú[66] y liberados a cambio de combatir por la causa rebelde[67] -durante la marcha se les incorporan milicianos de San Felipe y Los Andes.[68] Miguel de Zañartu (1785-1851), agente chileno en Buenos Aires, volvía a Santiago cuando supo del alzamiento de Freire. Hizo todo lo posible para convencer al gobierno mendocino de apoyar a O’Higgins, ofreciéndole al Director Supremo 1.500 a 2.000 soldados rioplatenses pero los o’higginistas creían segura la victoria y lo rechazaron.[69] El Director Supremo fue abandonado por sus tropas y finalmente el cabildo santiaguino le obligo a abdicar y exiliarse. Le sucedió una junta capitalina que intento ejercer un mandato centralista, pero la oposición de las provincias le obligo a nombrar a Freire como nuevo Director Supremo.

El comandante Charles Wooster partió de Valdivia con la Lautaro a Talcahuano -y si era necesario a Valparaíso- por provisiones. Ahí recibió pertrechos y se le notifico que 2 transportes vendrían desde Valparaíso con más, pero su tripulación se amotino para no ir al sur justo cuando se preparaban para una visita de Freire. Wooster se negó a sus peticiones de hacerse cargo del buque hasta que devolvieran las armas a los oficiales, así que lo apresaron y se hicieron a la mar. Informado por el cocinero que planeaban llevar el barco a una isla, por seguridad, decidió aceptar el mando.[70] Llevó el barco a Valparaíso donde la tripulación se entrego, Wooster trajo soldados del puerto y obligo a los líderes del motín a bajar a tierra para ser juzgados por un concejo de guerra. La Lautaro no estaba en condiciones de viajar y se ordeno a la Independencia ir a bloquear San Carlos, pero entonces llegó Cochrane con la flota del Perú y se licencio a las tripulaciones con medio sueldo y se desarmaron los navíos.[71] Corría marzo de 1823, cuando se comisiono al armador Peter Oliver para realizar un minucioso estudio de la situación de los barcos anclados en Valparaíso. Según Oliver, sólo la Lautaro y la Independencia podían servir, las fragatas O'Higgins y Valdivia necesitarían 95.000 pesos en reparación y respecto de la antigua fragata Esmeralda, que desde su captura se llamaba Valdivia, pues salía más barato hacerla de nuevo. Tras una serie de desastres en Perú, el gobierno chileno reparo la Lautaro, la Independencia y las goletas Mercedes y Moctezuma para enviar 2.500 refuerzos en octubre.[72] Para tal cometido, las fragatas Sesostris, Ceres, Santa Rosa y Ester serviría como transportes. La expedición partió y volvió en tres meses, trayendo devuelta la división chilena que aún estaba en Perú.[73]

Por su parte, Quintanilla en 1823 estaba en su mejor momento. El virrey peruano, José de la Serna (1770-1832), había fletado dos buques ingleses para enviarle armas y municiones, poco después también le llegaba dinero para remunerar a sus tropas. El comandante William Wilkinson de la Independencia viajo a Valdivia a informar de estos hechos a Beauchef, quien llevaba un año esperando poder volver a atacar Chiloé. El intendente español había organizado una pequeña aunque eficiente fuerza corsaria.[74]

Corsarios realistas[editar]

Benavides fue traicionado y entregado por el piloto genovés Mateo Mainery, quien recibió una amnistía y se instaló en Guayaquil, sirviendo en la goleta mercante Cinco Hermanas. Durante un viaje, convenció a la tripulación de amotinarse y recalar en San Carlos, obteniendo la patente de corso, cañones y armas. A mediados de 1823 cursaba los mares bajo bandera hispana y había rebautizado su mercante como el General Quintanilla. Mientras aún estaba en San Carlos, llegó el bergantín inglés Puig, comandado por un tal Mitchael, con un cargamento para el Callao. Viendo que era imposible realizar la entrega por el bloqueo del puerto se hizo corsario. El Puig fue rebautizado como el General Valdés y se dirigía a atacar las costas peruanas. Cerca de Quilca, el General Valdés apreso al mercante Mackenna, que llevaba a trescientos soldados colombianos vencidos en Moquegua. Subió a los prisioneros en el General Valdés y se dirigió a San Carlos, pero en el camino se encontró con la fragata genovesa Colombia, a la que también apreso, embarcando abordo al capitán y al piloto, ambos italianos.[75] Sin embargo, un día después, un temporal disperso los tres buques. La Mackenna y después la Colombia volvieron a Chiloé, pero el General Valdés desapareció con toda su tripulación, prisioneros y armas. Durante los siguientes meses, Mainery apreso a tres buques mercantes norteamericanos: las fragatas Huron y Estremor y la goleta Catilina.

Quintanilla se mostró muy caballeroso con la Colombia, era un buque de país neutral, lo dejo al mando del segundo piloto, apellidado Natún, y le envió a Valparaíso a informar a las autoridades correspondientes. Así, los chilenos se enteraron que en San Carlos estaban las fragatas Mackenna y Estremor, el bergantín Guadalupe y la goleta Catilina con ochocientos hombres.[76] Los norteamericanos enviaron a la goleta armada Amanda en busca de Mainery, pero no le encontraron y volvieron a Valparaíso. Los británicos enviaron a la corbeta Mersey al mando del capitán Fergusson. Éste obtuvo de Quintanilla explicaciones y la devolución de los navíos británicos.

El 11 de diciembre, la goleta chilena Moctezuma estaba frente a Cobija, con un solo cañón y dirigido por el capitán William Winter cuando se detecto un bergantín con bandera colombiana. Sin embargo, cuando el navío colombiano se aproximo, cambio su bandera por una española, era el General Quintanilla. La Moctezuma intento defenderse, pero la mala calidad de su pólvora inutilizo su cañón. Así, Mainery empezó a dar vueltas a su alrededor, aproximándose lentamente para abordarle mientras le atacaba con fuego de fusiles. Justo cuando iba a hacerlo, el teniente norteamericano Freedman Oxley destapo el cañón y consiguió hacer un disparo, causando gran daño al barco realista y permitiendo a la goleta escapar.

El 5 de febrero de 1824, en el Callao, una turba de peruanos ataco a los marineros de la goleta peruana Macedonia y la guarnición rioplatense se sublevó a favor del rey. El erario limeño estaba agotado y su gobierno se mostraba incapaz de solucionar la crisis. Ahora los españoles tenían dos puertos bien fortificados en el Pacífico sur.[77] Con la flota capturada, los realistas atacaron Pisco exitosamente. En el Callao, el capitán inglés Martin Guisse (1780-1829) intento atacar a los barcos realistas, incendiando la fragata, ya desmantelada, Venganza y a un bergantín. El comandante del puerto, José Ramón Rodil y Campillo (1789-1853), dio patente a un nuevo corsario. Éste ataco al mercante sueco Sofia en Tongoy y al bergantín Nancy en Huasco, saqueando después este puerto. Se dispuso que la corbeta Chacabuco saliera en su persecución, pero no había fondos para pagarle a la tripulación o los oficiales.

En Arica, el General Quintanilla había capturado al bergantín francés La Vigie y le armó como un buque corso. Poco después, se encontró con el bergantín peruano Congreso, comandando por el capitán George Young Holmes (1794-1848). Mainery abandono a su suerte a La Vigie y subir a toda su tripulación al General Quintanilla. Holmes ordeno a sus hombres operar el barco galo y perseguir al corsario con ambos buques. Al día siguiente, Holmes se encontró con el bergantín de guerra francés Diligent, cerca de Quilca.[78] Su comandante, el capitán Bíllard, pidió la devolución de La Vigie pero Young se negó y dispuso a su tripulación con los cañones listos; Bíllard desistió y se les unió en la cacería del corsario italiano.

Algunos días más después, la flotilla avisto al General Quintanilla junto a un mercante que acababa de capturar. El barco realista huyo inmediatamente, abandonando a su presa, Holmes lo hizo incendiar. Durante dicho encuentro, el Congreso se acercó demasiado a la costa y casi encalló. Mainery vio su oportunidad, volvió y envió botes a abordarlo, pero el capitán Bíllard se dio cuenta y envió botes propios. El asalto del corsario fue rechazado y finalmente el General Quintanilla fue capturado.[79] El navío realista fue llevado a Quilca, donde las autoridades virreinales devolvieron a Bíllard La Vigie y le dieron explicaciones. Mainery fue liberado, pero en cuanto abordó al General Quintanilla intento atacar al Diligent sin saber lo bien armado que estaba. Rápidamente, su barco fue vencido y abordado. Fue llevado a Valparaíso, donde el Diligent, el General Quintanilla y La Vigie recalaron. El gobernador local Ignacio Zeballos hizo lo que pudo para que Bíllard le entregara al corsario genovés, pero el capitán galo lo llevo a su país para juzgarlo por piratería, siendo ejecutado antes de acabar el año de 1824. El General Quintanilla acabo como indemnización para los dueños de La Vigie.

Para poner fin a la actividad corsaria que encontraba refugio en Chiloé, Freire, ahora nuevo Director Supremo de Chile, se decidió que de una vez por todas se debía sellar la independencia y conquistar el archipiélago. La Expedición Libertadora regresó al país en enero de 1824 y el Directo Supremo, conocedor de que se venía el buen tiempo, aceleró los preparativos. Era necesario tomar Chiloé, refugio de corsarios, punto de apoyo de las guerrillas araucanas y objetivo hacia donde se dirigía una flotilla gaditana con la intención de devolver a España el dominio del Pacífico meridional.[80]

Primera campaña de Freire[editar]

Director Supremo Ramón Freire Serrano.

El gobierno chileno planifico una poderosa operación combinada contra Chiloé. Unos 2.149 hombres agrupados en cinco batallones, un escuadrón de caballería y una compañía de artilleros.[81] [82] Las tropas acampadas en la isla Quiriquina incluían 1.940 infantes, 95 dragones a caballo y 24 artilleros[83] con 2[84] ó 3[85] cañones de montaña. El Director Supremo, secundado por el general Luis de la Cruz (1768-1828). La flota, compuesta de cuatro transportes (Ceres, Valparaíso, Pacífico y Tucapel) y cinco buques de guerra (corbetas Independencia, Chacabuco y Voltaire, fragata Lautaro y bergantín Galvarino),[86] se reunió en Talcahuano, embarcando poco después la tropa[87] y navegó a Corral el 2 de marzo de 1824,[88] donde completo la dotación de soldados, zarpando el 17 de marzo[89] o 18 de marzo.[90] Las defensas más importantes del archipiélago estaban alrededor de su capital, 1.500 soldados y milicianos realistas guarnecía San Carlos, los fuertes y las baterías a su alrededor.[91] Beauchef, quien estaba a cargo de Valdivia desde 1822, tenía las mejores informaciones. Según él, el ataque debía producirse entre marzo y abril, cuando los milicianos eran licenciados para cosechar y la defensa quedaba reducida a los regulares, insuficientes en número para una larga lucha, permitiendo un ataque fulminante que decidiera la guerra.[82] El día 20, una tormenta disperso a la flota chilena en frente a la punta de Huechucucuy, el bergantín Pacífico debió volver por reparaciones a Valdivia. La escuadra se reunió y fondeo en isla de Lacao o Latao. La Volteire divisó a la Quintanilla con ánimo de atacar, pero al ver la flota huyó.[92] Cuando pasaron frente a Doña Sebastiana abrieron fuego contra las baterías de Carelmapu, pero la distancia era tan grande que no hubo daños. Desembarcaron dos batallones en Latao con Beauchef a la cabeza que tomaron el pueblo y las baterías. El día siguiente, el teniente Henry Cobbet con 30 soldados tomo la batería de Coronel rápidamente.[93]

Entre el 23 de marzo, los patriotas cruzaron el canal del Chacao e hicieron algunos desembarcos en las cercanías de San Carlos sin encontrar resistencia. De este modo, el 25, se tomaron varias baterías menores en Chacao y Corona. Al día siguiente, Freire espero que Quintanilla presentara su capitulación, pero nunca se produjo, así que los chilenos se trasladaron por mar con rumbo al sur, siguiendo la costa. El plan inicial de Freire había sido asaltar sorpresivamente San Carlos, pero rápidamente se comprendió lo fuertes que eran las defensas.[94] El 28 de marzo, una tormenta hizo encallar a la Volteire en Carelmapu, se salvo la tripulación pero se perdió el armamento y las municiones. Al día siguiente la Chacabuco y la Ceres partieron a Dalcahue.[95]

Los chilenos desembarcaron en Dalcahue, el 31 de marzo, al mando de Beauchef con la intención de marchar por tierra de vuelta al norte y atacar San Carlos, a 65 km de distancia.[96] Durante la operación, la Chacabuco disperso 4 lanchas cañoneras en mar abierto al coste de 8 oficiales y 22 soldados muertos, además de un centenar de heridos. Algunos desertores realistas, antiguos prisioneros del Mackenna, le informaron que un gran número de monárquicos estaba fuertemente atrincherado en el camino que esperaba seguir Beauchef.[97]

Entre tanto, Freire encabezaría personalmente otro desembarco en Lacao y avanzaría desde el este sobre San Carlos.[98] Con tal motivo, concentro al grueso de sus fuerzas cerca de la punta de Pugañón y en la Chacabuco se reunió con Beaucheff. Las tropas de este último estaban debilitadas tras tomar Dalcahue.[99] A ese ataque sorpresivo, se le sumarían las fuerzas ya desembarcadas en las costas chilotes del canal del Chacao, que avanzarían desde el nordeste sobre la ciudad. Entre tanto, el sargento mayor Manuel Riquelme Vergara cruzaría el canal y tomaría Carelmapu, bajo poder realista, con apoyo de la caballería de Osorno.[100] Riquelme desembarco del Galvarino con 250 hombres, se apodero del fortín del Maullín y del pueblo de Carelmapu. El navío casi encallo por acercarse a la costa y debió abandonar sus dos anclas para volver a mar abierto.[101]

Sin embargo, el avance por tierra de los patriotas de Beauchef resultó lentísimo, ya que el terreno era fangoso y cubierto de espesos bosques. Por otro lado, los chilotes ya habían advertido del avance enemigo y estaban ocultas, atrincheradas, en los bosques próximos a las sendas que iban desde Dalcahue al camino de Caicumeo, que comunicaba Castro y San Carlos.[102] Disponían de un cañón y perfecto conocimiento del terreno. Finalmente, el 1 de abril, alrededor de un seiscientos realistas dirigidos por José Rodríguez Ballesteros (1775-1851), jefe de la guarnición de Castro,[103] emboscaron a seiscientos patriotas comandados por Beauchef en las ciénagas de Mocopulli.

El ataque realista se produjo desde una posición elevada. Desconcertado con su sorpresa a los patriotas. Para empeorar las cosas, el batallón Nº 7, al mando de José Rondizzoni (1788-1866), se rehusó a combatir porque sus sueldos seguían impagos. Sin embargo, el resto de las tropas de Beauchef consiguieron recomponerse y repeler a sus enemigos.[104] Ambos bandos tuvieron un centenar de bajas aproximadamente. No hubo un vencedor claro, aunque los monárquicos se retiraron, los republicanos volvieron a Dalcahue y abandonaron el plan de tomar San Carlos. Entre tanto, Freire llegó al río Pudeto, pero viendo la imposibilidad de cruzarlo y enterándose de lo sucedido en Mocopulli, decidió retirarse a Chacao.[105] Ahí ordenó reagruparse en Picuy.[106] En el Concejo de Guerra, celebrado en el Chacao el 6 de abril, se decidió abandonar la campaña, reembarcándose el día 15 y fondeando en Talcahuano el 29.[107] La culpa era de Freire, había pretendido cruzar el bosque austral desde Dalcahue para atacar San Carlos por la retaguardia con escasos recursos y pocos caminos.[108]

Durante la campaña, las corrientes arrastraron a la Lautaro contra las rocas de Pugañón, quedo tan dañada que necesitaba con urgencia volver a Valparaíso; la Tucapel se salvó de igual destino gracias a la pericia de su capitán. Por daños similares, la fragata Ceres debió zarpar dos días antes que el resto del convoy.[109] La Galvarino fue dañada por el viento y volvió a Valdivia, sin saber que la flota había dejado Chiloé volvió a la isla, sufriendo el ataque de 5 lanchas cañoneras y de las baterías del castillo de Chacao. Desde ahí fue a Castro, dio una vuelta por toda la costa chilota y volvió a Valdivia. En dicho puerto se le ordeno volver a Talcahuano, pero siguió a Valparaíso por reparaciones y para atender a sus malogrados tripulantes.[110]

Intermedio[editar]

Dos semanas tras el reembarco, llegó una flotilla española, pero no era la poderosa armada de refuerzo que habían temido las autoridades republicanas –motivándolos a invadir el archipiélago-, compuesta de un navío de guerra, dos fragatas y dos corbetas. Resultaron apenas el navío Asia de 64 cañones y el bergantín Aquiles; su comodoro era capitán de navío, Roque Guruceta y Aguado (1771-1854),[111] quien había sido relevado del mando por negarse a comandar una de las fragatas compradas a Rusia en 1817 por su mal estado y porque nunca se consultó al almirantazgo a la hora de adquirirlas.[112] Se había pensado al principio en enviar las citadas fragatas, pero su malísimo estado llevo a los oficiales de alto rango a negarse a utilizarlas. Su objetivo era el Callao, pero tras saber de la escuadra chilena, Guruceta creyó prudente recalar en San Carlos. Sus tripulantes estaban mal pagados y alimentados, azotados por cuatro meses de invierno austral y seguros de servir por una causa perdida.

Después de recibir las noticias del alzamiento monárquico en Callao, ambos buques zarparon. A la altura de Talcahuano se encontraron con el mercante inglés Snype, al que preguntaron por las fragatas que debían acompañarlos pero se habían separado durante el viaje. Era mentira, esos barcos nunca zarparon, pero como esperaron, el Snype informó a las autoridades chilenas, causando gran alarma. En ese entonces, el país estaba casi hundido en la anarquía y la ruina económica por la fallida expedición.[113] Llegaron sin mayores sobresaltos al Callao, uniéndoseles la corbeta Constante y el bergantín Pezuela.[114]

Ante esta situación, Freire decidió enviar al Perú a Blanco Encalada para ponerse al servicio de Bolívar.[115] La armada chilena se componía de la fragata O’Higgins al mando de Robert Forster (1784-1862),[116] con 48 cañones y 382 tripulantes; la corbeta Chacabuco con Carlos García del Postigo a la cabeza, 20 cañones y 80 hombres; el bergantín Galvarino, dirigido por el capitán Winter, con una dotación de 19 cañones y 83 marineros; y la goleta Moctezuma del capitán Servando Jordán, con 9 cañones y 72 tripulantes. Blanco Encalada ordenó no dar más privilegios a marinos y oficiales extranjeros.[117] Zarparon a finales de año, pero un vendaval los hizo atracar en Coquimbo. La O’Higgins y la Moctezuma debieron ser reparados por los carpinteros de la goleta norteamericana Dolphin. Llegaron al Callao a comienzos de 1825 y bloquearon el puerto junto a las armadas de Perú y Colombia.

Blanco Encalada intento convencer al brigadier José Ramón Rodil y Campillo (1789-1853), jefe de la guarnición realista, de lo inútil de su resistencia. Ninguna armada o ejército vendría a ayudarlo, estaba totalmente aislado. Tras fracasar las negociaciones, el 26 de febrero, el vicealmirante chileno intento asaltar el puerto con las lanchas de sus barcos pero fue rechazado.[118]

A esta escuadra se suponía que se uniría un refuerzo, la fragata Lautaro, la corbeta Independencia y la goleta Mercedes, pero Zeballos no consiguió dinero para repararlas. Al final no resulto necesario, La Serna capituló en Ayacucho.[n 7] Tras saber de la capitulación del último virrey del Perú, el navío de guerra Asia, la corbeta Constante y bergantín Aquiles escaparon a Quilca, donde capturaron a la fragata norteamericana Clarington por venderles armas a los patriotas, llevándosela con ellos a Filipinas. Sin embargo, en Guam, las tripulaciones del Asia y la Constante se amotinaron, incendiaron la Clarington y pusieron rumbo a México. El capitán del Aquiles, teniente de navío José Fermín Pavía, astutamente impidió que los amotinaron capturaran su barco escondiéndose en la había de Agana. Pero después que los barcos amotinados se marcharon, entonces los chilenos Pedro Angulo y Francisco Aranzana con 10 marineros se hicieron con el buque.[119] Otros dos navíos, al ser transportes menores, se retiraron del Callao hacia Chiloé, pero esto violaba los acuerdos de la rendición, así que se envió al Galvarino en su persecución. Pero no pudo interceptarlos, tras dar una vuelta a la isla volvió a Valdivia por falta de víveres.[120] Respecto del Aquiles, los españoles fueron abandonados en Guam y Angulo lo llevó a Alta California, donde se entero que el gobierno mexicano se había hecho con el Asia y la Constante. Temeroso de que le quitaran el navío, Angulo se hizo a la mar. Dos meses después llegaba a Valparaíso, entregándole al gobierno chileno un bergantín y 20 cañones de doce libras.[121]

Fracasado el intento chileno de anexarse el archipiélago, Simón Bolívar (1783-1830), deseoso de ganarse el favor de la élite peruana empezó a considerar enviar una expedición para ponerlo bajo la soberanía de Lima.[122] [123] Para el gobierno chileno, el tener tropas bolivarianas al sur y al norte -en 1825, tras la ocupación del Alto Perú, las fuerzas de Bolívar pasaron a apoderarse de todo el territorio al norte del Loa- era considerado una amenaza a su soberanía. El rechazo al proyecto de la Gran Colombia se hará obvio con la negativa chilena de enviar representantes al Congreso de Panamá.[124] [n 8] Por la misma razón, se rechazo el ofrecimiento de Bolívar de formar una expedición conjunta que incluiría 2.000 soldados colombianos.[125] [126] Finalmente, el gobernante de Colombia y Perú exigiría al gobierno de Freire acabar con la amenaza que el Chiloé realista representaba para Sudamérica o lo anexaría a Perú.[127] Pero Blanco Encalada se había enterado de las intenciones de Bolívar y otras autoridades limeñas de anexarse el archipiélago austral por sus antiguos vínculos con Perú, así que en junio decidió volver a Valparaíso con la flota chilena para informar que debía conquistarse la isla cuanto antes.[128] En septiembre, el Congreso chileno autorizó a Freire encabezar personalmente la expedición como exigía la Constitución, sin embargo, los diputados capitalinos exigieron a cambio que condicionara las elecciones en provincia para favorecer a sus candidatos, afines a los intereses de la élite mercantil de Santiago, y que pidiera ayuda a Lima.[129] Un refuerzo de mil soldados peruanos.[130] El federalismo de Freire,[131] quien gozaba del apoyo absoluto de las provincias,[132] era muy resistido por la aristocracia capitalina, de tendencias ideológicas fuertemente centralistas.[133] De ahí, sus permanentes intentos de establecer un régimen autoritario que pusiera fin a la democracia local de los cabildos abiertos de las villas del resto del país,[134] y sus permanentes conspiraciones para sabotear los intentos de establecer un Estado liberal y federal.[135]

Las relaciones entre el Congreso y las provincias eran tan malas, que Coquimbo y Concepción acordaron formar sus propias asambleas autónomas, respaldar el mandato ejecutivo de Freire y crear su propio código constitucional. Era «un régimen federal de facto».[136] Sin embargo, fracasaron porque Concepción estaba agotada económicamente y dependía militarmente de Santiago -la mayoría de las operaciones militares se desarrollaron en su territorio y seguían muy activas las guerrillas realistas-, así que Coquimbo -que producía parte importante de los fondos del erario nacional- quedaba aislada.[137] Una de las conspiraciones santiaguinas buscaba aprovechar que Freire concentraría el grueso del ejército en el sur del país para la expedición, unos 3.000 hombres, mientras dejaba la capital y el resto del territorio chileno prácticamente desguarnecido (apenas 1.000 soldados). La idea sería que los refuerzos peruanos aprovecharían para atacar Santiago y reponer en el poder a O'Higgins con rapidez. Este millar de peruanos no sería más que la vanguardia del ejército que enviaría Bolívar a reponer a O'Higgins.[130]

Sin saber de la capitulación del virrey, Quintanilla fleto la fragata mercante norteamericana Adonis y envió un pequeño contingente de refuerzos a La Serna.[138] Pero el capitán estadounidense los llevó a Juan Fernández y los abandono a su suerte. Sin embargo, un oficial consiguió llegar en una pequeña goleta a Coquimbo e informar a las autoridades. La Galvarino fue enviada a recogerlos. El 20 de marzo de 1825, llegaban a Valparaíso 90 chilotes que se incorporaron voluntariamente al ejército republicano.[139] Entre tanto, la Chacabuco, con García del Portigo al mando, informaba a Quintanilla de la capitulación de La Serna pero él no se rendiría, en noviembre el buque anunciaba varias proclamas a los isleños y bloqueaba San Carlos, pero el teniente Mariano Ojeda encargado de distribuirlas fue arrestado apenas desembarcar, fue sometido a concejo de guerra y condenado a muerte.[140]

Anexión definitiva de Freire[editar]

En esta oportunidad, al Director Supremo le acompañaban vicealmirante Manuel Blanco Encalada (1790-1876), general José Manuel Borgoño (1792-1848), coronel mayor José Santiago de Aldunate y Toro (1796-1864), comandante José Rondizzoni Cánepa (1788-1866) y William Tupper (1800-1830). Las fuerzas de Freire esta vez eran cinco batallones con 2.352 soldados de infantería, un escuadrón de caballería con 143 jinetes y una compañía de 80 artilleros operando 4 cañones. En total 2.575 hombres.[141] [n 9] Las tropas se organizaban en los batallones de infantería número 1, 4, 6, 7 y 8, el escuadrón Guías y un grupo de artilleros.[142] [143]

La flota de la República de Chile se reunió en Valparaíso. Eran cinco barcos de guerra y cuatro transportes. Por los primeros, las fragatas O’Higgins (capitaneada por Blanco Encalada) y Lautaro (William Bell), las corbetas Independencia (Cobbet) y Aquiles (Wooster) y el bergantín Galvarino (Winter). Por los segundos, las fragatas Resolución y Ceres y los bergantines Infatigable y Golondrina.[144] Zarparon del puerto el 27 de noviembre de 1825, llegando los primeros a Corral el 11 de diciembre,[145] pero una tormenta los había dispersado, así que se reunieron todos recién el 18, donde se les unió la Chacabuco y la Galvarino.[146] Un papel decisivo para la preparación y el éxito de esta expedición los réditos que dejó para el Estado chileno el descubrimiento de Arqueros, más un empréstito de 120.000 pesos hecho por Carlos Lambert (1793-1876), empresario minero establecido en La Serena.[147] Su plan era desembarcar en Puerto Inglés, apoderarse de los fortines de la península del Lacuí y avanzar por tierra sobre San Carlos mientras la flota bloqueaba el puerto.[148] [149]

Por su parte, tras el éxito de 1824, el intendente de Chiloé, Quintanilla, reclutó e instruyó a más milicianos, mejoró las fortificaciones de la isla y estableció defensas en el camino entre San Carlos y Castro.[150] Las fuerzas provinciales han sido estimadas en hasta 5.000 hombres, en potencia,[151] ya que en caso de necesidad podía movilizar tres quintos de ellos eran milicianos locales en treintaiocho compañías, pero el resto eran dos compañías de infantería veterana, una de dragones a caballo, otra de artilleros y las guarniciones de San Carlos, 2.241 hombres; Agüi, Corona, Bulcacura y Quetalmague, 191 soldados; Castro y Chacao, 377 plazas; Carelmapu, Maullín y Coronel, 486 combatientes.[n 10] Pero, a pesar de la llegada de refugiados civiles y militares desde el continente, tras la altísima perdida de hombres en los años previos, es poco probable que la isla pudiera movilizar fuerzas de tal tamaño. Agustín Toro Dávila los estimaba en 1.300 soldados de línea, en su mayoría peninsulares, y 1.300 a 1.500 milicianos criollos, más de la mitad concentrados en San Carlos.[152] En cambio, José Rodríguez Ballesteros calcula en 1.232 infantes, 280 jinetes y 190 artilleros, unos 1.702 hombres en total, aunque bien podrían alcanzar los dos millares.[n 11] Osvaldo Silva Galdames considerada que no pasarían los 2.000 defensores.[153] En el mar, Quintanilla contaba con ocho lanchas cañoneras.[154]

La expedición zarpó en el Año Nuevo de 1826 con rumbo a Ancud, tras pasar algunos días reparándose a la Chacabuco y la Galvarino. El 10 de enero, los republicanos desembarcaron en Puerto Inglés y tomaron el fortín de la Coronal o Coronel. Ahí fondeo la escuadra y se preparo para atacar con toda la tropa los fuertes de Agüi o Agai y Balcacura o Balcarare, que impedían el paso de la flota frente a la península de Lacuí.[155] Al día siguiente, el coronel Aldunate lideró a 210 hombres en marchas forzadas bajo una lluvia torrencial y asalto exitosamente Balcacura, aislando Agüi. El día 12, toda la flota, excepto la O’Higgins, forzó el paso y bombardeo Agüi. Sólo el Aquiles y la Independencia sufrieron daños en el intercambio de fuego, incluyendo tres heridos. Así, la escuadra finalmente fondeo en Balcacura, cerca de San Carlos.[156] Durante el combate, algunos realistas se hicieron a la mar en algunas lanchas cañoneras y alcanzaron a refugiarse en San Carlos, pero dos lanchas fueron alcanzadas por tres botes del Aquiles al mando del teniente Oxley. El teniente capturo una lancha, pero al intentar asaltar la segunda fue herido de muerte y sus hombres desistieron.

Freire esperaba que el intendente se rindiera, pero Quintanilla se mantuvo firme.[157] La flota reembarco y se dirigió al golfo de Quetelmahue, desembarcando en la bahía de Lechaga, desde allí atacarían la batería de Puquillahue, pero el mismo día cuando la O’Higgins paso frente al fortín de Agüí a reunirse con el resto de la flota fue bombardeada. Blanco Encalada subió al barco y desatraco catorce lanchas y botes en la madrugada del 13 de enero. Capitaneadas por William Bell, la flotilla se dividió en dos columnas y ataco sorpresivamente a las cañoneras realistas frente a Ancud. El combate se saldo con un republicano muerto y diez heridos.[158] Tres lanchas realistas fueron capturadas y otras tantas escaparon, rodeando la península de Ancud y llegando a Pudeto, donde Quintanilla las hizo hundir al día siguiente.

El mismo día 13, tras reconocer personalmente las posiciones de Puquillahue, Freire y Borgoño estuvieron de acuerdo en que eran demasiado fuertes. Preferían atacar Pudeto, Blanco Encalada les ofreció un plan: Bell atacaría con lanchas mientras los soldados atacaban Pudeto desde tierra.[159] Fue aceptado y tras menos de una hora de combate, los realistas se retiraron a Bellavista, en el camino entre San Carlos (Ancud) y Castro. Bell siguió con su flotilla por la costa, atacando todos los fortines y baterías que encontró a su paso. Detrás de él venía la escuadra que, en el atardecer, entró en el muelle de San Carlos y el ejército entraba por tierra en la ciudad. El fortín de Agüí se rindió el 14.

Para asegurar su victoria, los republicanos atacaron las posiciones monárquicas de Bellavista el 14 de enero, impidiéndole a sus enemigos atrincherarse en una sólida posición. Los realistas debieron retirarse y Quintanilla, viendo todo perdido, se rindió honrosamente.[160]

Consecuencias[editar]

Tratado de Tantauco[editar]

El 15 de enero se firmaba el Tratado de Tantauco, el archipiélago de Chiloé quedaba bajo soberanía chilena y Quintanilla con sus oficiales y soldados pudo reembarcarse de vuelta a España. Firmaron Antonio Garay en representación del intendente Quintanilla y Santiago Aldunate en representación de Freire. Se establecía que los chilotes pasaban a ser ciudadanos chilenos, con los mismos derechos y deberes que el resto de sus compatriotas, los derechos y propiedades de los vencidos serían respetados y se entregaría a la fuerza expedicionaria todas las armas, municiones y distintivos. El 19 de enero ambos bandos lo ratificaron. Tres días más tarde, se juraba la independencia de Chiloé y el día 31 se le incorporaba mediante Decreto Supremo como una provincia más. Junto con la rendición de la fortaleza del Real Felipe, en el Callao, significó la caída de las últimas posiciones realistas en América del Sur. El 30 de agosto, sobre la base de los territorios recientemente adquiridos, se creaba la provincia de Chiloé.

El esfuerzo y sacrificio demostrado por los chilotes en defensa de su rey tiene pocas comparaciones a escala continental. Barros Arana destaca que con los pocos recursos de su archipiélago, los realistas isleños pudieran enfrentarse por largos años al movimiento revolucionario de Santiago, que muchas veces controlo la mayoría de los recursos del país.[161] El historiador estadounidense Donald Enmet Worcester (1915-2003) escribió: «pocas regiones hicieron mayores esfuerzos a favor del rey de España durante las guerras de independencia».[162] El propio virrey La Serna escribió dos mensajes, fechados el 3 de abril de 1822, llamados A los jóvenes de Chiloé y A los habitantes de Chiloé, reconociendo sus aptitudes militares y el valor estratégico de la isla. Ambos no llegaron a los chilotes. En un informe al rey, Quintanilla expreso sus elogios a los isleños ese mismo año.[163]

Revuelta fracasada[editar]

Coronel mayor José Santiago Aldunate y Toro.

El 30 de enero, el grueso de la tropa expedicionaria chilena reembarcaba con rumbo al continente, dejando una pequeña guarnición al mando de Santiago Aldunate.[164] Hubo muestras de júbilo en todo Chile al saberse la noticia. El 18 de febrero se premiaba por decreto con condecoraciones a los jefes y oficiales del Ejército Libertador de Chiloé.[165] Los barcos Independencia, Galvarino y Chacabuco pasaron por Valdivia, Talcahuano y Valparaíso siendo recibidos triunfales.[166] Sin embargo, según Francisco Antonio Encina, aún había un fuerte sentimiento realista en la región. Habría bastado para España una expedición de cuatro barcos y mil hombres para reconquistar la isla y reiniciar el conflicto.[167] Afirmación un tanto exagerada si se tiene en cuenta lo arruinada que había terminado Chiloé, más de dos mil hombres habían perdido su vida en más de una década de guerra constante,[8] cifra enorme para una población de apenas cuarenta mil almas.[168] Los gastos de la expedición dejaron casi vacías las arcas del Estado, debiéndose pedir un préstamo de 50.000 pesos y venderse los buques, a excepción de la Lautaro, la Galvarino y la Moctezuma, que por su mal estado se desguazaron. Tan rápidamente como había aparecido, el poderío naval chileno desaparecía.[169] El mismo poderío que Chile había conseguido por su cuenta, con un limitado aporte de Buenos Aires, para luego dominar el Pacífico sur y usado corsarios para destruir la flota mercante española o detener los convoyes con refuerzos realistas que pudieron cambiar el curso de la guerra.[170]

El 3 de mayo, el coronel Pedro Martínez de Aldunate y Toro (c.1801-c.1839), nieto del famoso conde de la Conquista, contacto a su hermano, el gobernador Santiago, en nombre de O’Higgins.[171] Estando exiliado en Perú, el antiguo gobernante chileno se había puesto bajo el servicio de Bolívar para servir a la independencia americana y conspiraba para volver al poder con su apoyo.[137] [172] Bolívar le había prometido 4.000 soldados para ayudarle a volver al poder como su aliado, aprovechando la crisis y el caos en que estaba sumergido Chile. O’Higgins esperaba encontrar un fuerte apoyo popular.[173] En la noche, Pedro Aldunate y el mayor Manuel Fuentes pusieron en armas a la guarnición de la isla y arrestaron al gobernador y los oficiales que se negaban a secundarlos. Dos días después, Santiago Aldunate era enviado en un buque anclado en la bahía de San Carlos al Valparaíso y Fuentes publicaba varios bandos convocando a elecciones para toda la provincia, similares a los ocurridos en Coquimbo y Concepción en rechazo de las autoridades de Santiago, acusando al gobierno de ser robar o malgastar los dineros llegados como préstamos desde Londres, disolver injustificadamente los tres cuerpos legislativos, destierro del obispo santiaguino José Santiago Rodríguez Zorrilla (1752-1832) y abandonar la «causa americana», es decir, no prestar más apoyo al esfuerzo bélico de Bolívar. Se terminaba anunciando el regreso de O'Higgins a gobernar por voluntad popular.[174]

El 12 de mayo se reunió la asamblea provincial, declarándose que: «El archipiélago de Chiloé se declara libre e independiente de las demás provincias de la República de Chile hasta un Congreso General, cuyas deliberaciones no se tercien por la sugestión ni las amenazas, restablezca la unión bajo sólidas bases y una constitución liberal». O'Higgins era reconocido como Jefe de Estado y gobernaría acorde a la Constitución Provisoria para el Estado de Chile de 1818. El mayor Fuentes era nombrado gobernador y el coronel Aldunate volvería a Perú a informar a O'Higgins.[175] Fuentes inmediatamente intenta contactar con las autoridades valdivianas para sumar su provincia al alzamiento. El gobernador interino de Valdivia, Miguel Cosme Pérez de Arce Henríquez (1800-1844), llamó al cabildo de la plaza y unánimemente se decidió rechazar la oferta. Esto desmoralizo mucho a los cabecillas de la revuelta.[176] Hubo un pequeño motín en Osorno que no sobrevivió mucho tiempo.[177]

Corría el 28 de mayo cuando las noticias llegaron a la capital del país, el sargento mayor Jerónimo José Valenzuela, comandante interino del batallón No. 4, que guarnecía la isla, se fugó en el bergantín Levante y llegó a San Antonio, luego a Valparaíso y finalmente Santiago.[178] El gobierno no tenía barcos con que someter la revuelta inmediatamente, así el ministro del interior, Ventura Blanco Encalada (1782-1856), mando un circulante a los demás gobernadores de provincia, pidiéndoles prevenir cualquier intentona revolucionaria. Luego, Freire publicaba dos proclamas, una a los pueblos de Chile y otra a los chilotes, acusando a O'Higgins de ser un «segundo Tiberio». Además, se daba de baja a los generales O'Higgins y José Ignacio Zenteno (1786-1847).[179] Entre tanto, el ex gobernador Santiago Aldunate llegaba a Valparaíso en el bergantín Livonia el 2 de junio desde San Carlos e informaba de lo sucedido; sometido a juicio, fue rápidamente absuelto de toda responsabilidad o sospecha el día 9.[180]

Se reunieron apenas 250 soldados en Valparaíso, veteranos de la campaña chilota, al mando de Tupper y el coronel Santiago Aldunate. Se embarcaron en el bergantín Aquiles y el transporte Resolución, zarpando el 24 de junio.[181] Tras navegar con mar tiempo, llegando a separarse, el 9 de julio se reunieron en la punta de Huechucuicui.[182] El 11 de julio desembarcaron en las inmediaciones de San Carlos, ahí el capitán de puerto, John Williams Wilson (1798-1857), se acercó a la Resolution en una lancha y les informó de poco apoyo a la revuelta y que sus dirigentes estaban desmoralizados por no recibir ayuda desde Perú u otras provincias.[183] Con un buen tiempo, el día 13 la flotilla fondeo en la isla de Lacao. Durante la noche desembarco Tupper con 100 soldados y atacaron por la retaguardia las dos baterías que los rebeldes tenían cerca de ahí. Fue el único combate de la campaña, cuatro defensores fueron heridos y se tomaron como prisioneros a dos o tres oficiales y treinta o cuarenta soldados y milicianos.[184] Aldunate despacho a Williams en una lancha a Castro y pequeños destacamentos al continente para cortar toda comunicación de los rebeldes con Osorno. Muchos jefes de milicia y oficiales veteranos se mostraron arrepentidos por la rebelión, incluidos el coronel Fermín Pérez y el sargento mayor Manuel Velázquez, que el año anterior se habían comprometido en una rebelión contra las autoridades realistas y auxiliado a la segunda expedición de Freire.[185] Muchos chilotes se habían sumado inicialmente a la rebelión creyendo que era un movimiento realista, pero al constatar que no lo era desertaron.[186]

Con estas incorporaciones, Aldunate se preparaba para tomar San Carlos por asalto pero no fue necesario. La guarnición de Agüi se sublevó el día 16, arrestando al día siguiente a los oficiales que se acercaron al castillo sin saber de la sublevación. Por ser el depósito de armas y municiones de San Carlos, los rebeldes quedaban sin recursos para seguir resistiendo. Aldunate envió un destacamento a ocupar el castillo y la batería de Balcacura.[187] El 19 de julio, Fuentes y los oficiales que aún dominaban la plaza ofrecieron su capitulación con el apoyo del cabildo local, su única condición era obtener la amnistía de Freire. Al día siguiente, Aldunate entraba en la ciudad.[188] Un piquete de soldados quedo en Osorno para poner fin a las alteraciones. Con el archipiélago en orden, Aldunate envió a sus hombres de vuelta a Valparaíso, dejando apenas dos compañías como guarnición y trato con total consideración a los prisioneros.[189] El coronel Santiago fue nombrado brigadier. El gobierno de Freire llegó a su fin en julio de ese año.

Entre tanto, Pedro Aldunate salía de San Carlos el 14 de mayo y llegaba a Pisco el 6 de junio a informar a O'Higgins. El general exiliado creyó que el movimiento no era un simple «motín de cuartel» sino una revolución a su favor; Aldunate creía que ya se habrían sumado Valdivia y Concepción al alzamiento. Rápidamente se intenta informar a Bolívar de los sucesos para obtener su apoyo.[190] Sin embargo, entre los mismos chilenos exiliados en Lima fue difícil encontrar apoyo.[191] La verdad es que los revolucionarios estaban prácticamente aislados.[192] O'Higgins sólo podía hacer proclamas llamando a una revolución a su favor para poner fin al caos político que se sucedía en el país desde su caída, en enero de 1823.[193] Se esperaba su retorno en la fragata de guerra Prueba.[194] El 12 de agosto llegaba la noticia al Callao de que la revuelta estaba sometida.[195] Estas intentonas ensombrecieron las relaciones entre Lima y Santiago, se acusaba al gobierno peruano de intentar «desunir la familia chilena y preparar revueltas interiores en Chile, estimulando las rivalidades provinciales».[196] Se acusaba a Bolívar de preparar un ejército numeroso y buques de guerra para restaurar el gobierno de O'Higgins.[197] En respuesta a tal amenaza, el ejército regular fue elevado por el Congreso a 5.000 hombres el 7 de agosto, lo que equivalía a duplicar los gastos militares estatales.[198] [199] El coronel Pedro terminaría sus días en Perú.

Dominio chileno[editar]

Caso interesante fue lo sucedido con uno de los rasgos más distintivos del archipiélago. Los indios que originalmente poblaban la comarca hablaban el veliche, dialecto del mapudungun, siendo adoptado por los españoles ahí instalados. El bilingüismo es dominante hasta el siglo XVIII cuando se producen una serie de ordenanzas reales para hacer obligatoria la enseñanza del castellano de parte de los religiosos. Finalmente, en 1767 los jesuitas son expulsados y reemplazados por los franciscanos con la orden de usar el veliche solo para confesiones. El proceso se hizo aun más drástico en 1771, al llegar las noticias de la Real cédula del 16 de abril de 1770 en que se prohibían las lenguas indígenas (parte de las reformas borbónicas), sin embargo, esta orden no fue muy efectiva y al llegar 1826 aun existía un bilingüismo bastante equilibrado entre indios y mestizos. A partir de entonces, las autoridades republicanas solo permitieron el uso del castellano en la enseñanza, la administración pública y en actividades religiosas como parte de un esfuerzo de homogeneización cultural, consiguiendo que a finales del siglo XIX los ancianos hablaban el veliche o habitantes de zonas apartadas como Cucao o las islas del interior.[200]

En Chile, entre 1830 y 1837, los conatos de rebelión aumentaron gradualmente.[201] A inicios de 1836, Freire y otros pipiolos exiliados en Perú tras Lircay, planeraron navegar sobre Chiloé, ir sobre La Frontera (zona entre Chillán y Los Ángeles), contactar a los oficiales del Ejército del Sur y sublevarlos y avanzar sobre el centro del país.[202] Freire reunió en el Callao 100 soldados, 80 tercerolas, 16 chuzos y 18 cañones de marina y los embarcó a la fragata Monteagudo y el bergantín Orbegozo. Irían a San Carlos a conseguir más armas en los castillos de sus alrededores y contactarían a los jefes del ejército sureño -coroneles Bernardo Letelier Salamanca (c.1790-1852), José Antonio Vidaurre (1798-1837) y Ramón Boza, este último intendente interino de Concepción en 1835-.[203] Freire llegó en el Orbegozo a San Carlos, ocupó la ciudad y el castillo de Agüi sin resistencia el 2 de agosto. Pero parte de la tripulación de la Monteagudo, partidarios del gobierno chileno, se sublevaron el 6 de julio y la llevaron a Valparaíso, dando aviso al gobierno pero Freire no sabía nada. Se envió al teniente coronel Fernando Cuitiño con destacamentos a Chiloé bajo bandera rebelde. Al llegar a San Carlos de noche, Freire le creyó amigos y fue a recibirlos, pero fue arrestado, poniéndose fin al movimiento (7 de agosto).[204] Tras estos actos, en Chile aumentaría la represión contra la oposición.[202]

Una vez lograda la incorporación de Chiloé, la naciente república concentró sus esfuerzos en la consolidación del estado nacional, dejando la entonces provincia virtualmente en el olvido. Los chilotes no se integraron mayormente a la república en formación, y siguieron viviendo como siempre lo había hecho. Según Nicasio Tangol, «tal indiferencia de los conquistados tenía una razón telúrica: al chilote no le atraía el continente», todo su mundo estaba en su archipiélago y desde éste al extremo sur.[205]

La incorporación de este territorio, y su población de diestros navegantes, permitió a Chile en 1843 asegurar la soberanía en el Estrecho de Magallanes que se veía amenazada por intereses extranjeros.[206] Gracias a la hazaña de la goleta Ancud —que atravesó los mares, canales y fiordos australes en condiciones adversas hasta tomar posesión del estrecho y al posterior asentamiento de colonos chilotes—, se pobló de hecho el territorio magallánico, incorporando una región de 250.000 km², desde Chiloé al cabo de Hornos.[205]

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Notas[editar]

  1. Declaración de la Independencia de Chile: «el territorio continental de Chile y sus Islas adyacentes forman de hecho y por derecho un Estado libre Independiente y Soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía española».
  2. Barros, 1856: 12. El puerto de Ancud era la principal fortaleza y base de operaciones de la isla. Tenía dos compañías de infantes veteranos (160 hombres), una de dragones a caballo (80) y otra de artilleros (130) como guarnición permanente a las que se les sumaban, en caso de necesidad, 100 artilleros y 38 compañías de infantería (unos 3.000 hombres) en caso de movilizarse las milicias provinciales.
    Barros, 1856: 207. Según un conteo oficial hecho por Quintanilla en enero de 1826 la provincia tenía: 2.241 hombres guarneciendo Ancud; 191 en Agüi, Corona, Bulcacura y Quetalmague; 377 en Castro y Chacao; y 486 en Carelmapu, Maullín y Coronel. Esto sin incluir a las milicias de San Carlos, el batallón de milicias de Castro (580 plazas), el de Achao (493) ni el de Lemui (300). El autor estima que perfectamente la provincia podía movilizar de ser necesario unos 5.000 hombres.
    Torres, 1985: 55. Según Rodríguez Ballesteros los defensores de la isla eran 1.232 infantes (650 del batallón Veterano, 293 de las tres compañías de granaderos milicianos, 289 de otras tres compañías de cazadores milicianos), 280 jinetes (200 del escuadrón de Maullín y 80 de la compañía de Quinchao) y 190 artilleros (90 de la compañía de veteranos y 100 de otra de milicianos). En total 1.702 aunque bien pudieron ser 2.000.
  3. Alexander, 2009: 99

    More than two thousand Chilotes fought on the side of the royalists during the independence wars on the mainland.

  4. Encina, 2006: 8. Inicialmente, el virrey Abascal había planificado enviar 1.500 soldados del Perú a Chile, pero la necesidad de defender otros frentes, el apoyo popular a la causa realista y la debilidad de la junta santiaguina le hicieron pronosticar que bastaría con formar un ejército de chilenos para calmar la situación.
  5. Urbina, 2008. Las regiones más populosas del Perú movilizaban menos gente en los años más álgidos, como era 1820. Pisco tenía 900 hombres en armas, Cuzco 500, La Paz 900 y Guayaquil que movilizaba 1.000.
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  9. Barros, 1856: 175. Estos informes oficiales han sido criticados, según historiadores como Barros Arana las fuerzas republicanas bien pudieron ser 3.300 en total.
  10. Barros, 1856: 12, 207. También estaban las milicias de San Carlos, Castro (580 plazas), Achao (493) y Lemui (300).
  11. Barros, 1897a: 511; Torres, 1985: 55. Infantería: 650 hombres del Batallón Veterano, 293 en tres compañías milicianas de granaderos, 289 en otras tres compañías milicianas de cazadores. Caballería: 200 del escuadrón de Maullín y 80 de la compañía de Quinchao. Artillería: 90 de la compañía de veteranos y 100 en otra de milicianos.

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Véase también[editar]