Filosofía medieval

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Las siete artes liberales, según una ilustración del siglo XII.

La filosofía medieval es la filosofía que se desarrolló en Europa y Oriente Medio durante lo que hoy se llama el Medioevo o la Edad Media, que se extiende aproximadamente desde la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento.[1]

La filosofía medieval se caracteriza principalmente por intentar conciliar las doctrinas cristianas (pero también judías e islámicas) con la filosofía heredada de la antigüedad clásica.[2]​ Algunas de estas doctrinas fueron especialmente difíciles (como la encarnación y la trinidad), pero el esfuerzo por resolverlas fue el motor de gran parte de la filosofía medieval, y llevó a desarrollar conceptos, teorías y distinciones que heredaría toda la filosofía posterior.[2]

Aunque la influencia de la filosofía pagana fue crucial para la filosofía medieval, la gran mayoría de los textos de autores clave como Platón, Aristóteles y Plotino fueron inaccesibles a los estudiosos medievales.[2]​ Los medievales tuvieron acceso al pensamiento de estos y otros autores principalmente a través del trabajo de autores patricios como Tertuliano, Ambrosio y Boecio, y de autores paganos como Cicerón y Séneca.[2]​ En los siglos XII y XIII, sin embargo, una gran cantidad de trabajos de Aristóteles viajaron a Europa Occidental desde Al-Andalus y desde Constantinopla, influenciando enormemente a la filosofía.[2]​ Este importante hecho permite dividir a la filosofía medieval en dos períodos: el período antes del reingreso de Aristóteles, y el período durante y después de su reingreso.[2]

El primer período fue marcadamente platónico, con un estilo generalmente ameno y asistemático, y sin una distinción clara entre teología y filosofía.[2]​ Algunos de los autores más importantes fueron Agustín de Hipona, Boecio, Juan Escoto Erígena, Anselmo de Canterbury y Pedro Abelardo.[2]

El segundo período fue más aristotélico.[2]​ Asistió a la creación de las universidades, a una mayor profesionalización y sistematización de la filosofía, a nuevas traducciones y a nuevas formas de enseñanza.[2]​ La escolástica fue el movimiento teológico y filosófico dominante, y entre los autores clave estuvieron Ramon Llull, Tomás de Aquino, Juan Duns Scoto, Guillermo de Ockham y Buenaventura de Fidanza.

Algunos de los temas centrales a lo largo de la filosofía medieval fueron la relación entre la fe y la razón, la existencia y naturaleza de Dios, la cuestión de la compatibilidad entre atributos divinos, el problema del mal, el problema de la compatibilidad de la omnisciencia divina con el libre albedrío, el problema de los universales, la causalidad,[2]​ los límites del conocimiento, la lógica aristotélica y la individuación de las sustancias divisibles e indivisibles.

Después de las conquistas musulmanas, la filosofía islámica temprana desarrolló las tradiciones filosóficas griegas en nuevas direcciones innovadoras. Esta Edad de Oro islámica influyó en los desarrollos intelectuales europeos. Las dos principales corrientes del pensamiento islámico temprano son Kalam, que se centra en la teología islámica y la escuela falsafa, que se basó en el aristotelismo y el neoplatonismo. Aristóteles fue muy influyente entre falsafa como al-Kindi (siglo IX), Avicena (980-1037) y Averroes (siglo XII). Otros, como Al-Ghazali, criticaron a los métodos de la filosofía aristotélica de los falsafa. Los pensadores islámicos también desarrollaron un método científico, medicina experimental, una teoría de la óptica y una filosofía jurídica. Ibn Khaldun fue un pensador influyente en la filosofía de la historia.

En Irán, varias escuelas de filosofía islámica siguieron floreciendo después de la Edad Dorada e incluyen corrientes como Illuminacionismo, la filosofía sufí y la teosofía trascendente de Mulla Sadra. El mundo árabe de los siglos XIX y XX vio el movimiento nahda (despertar o renacimiento) que influyó en la filosofía islámica contemporánea.

Delimitación histórica y temática[editar]

Desde un punto de vista histórico, la Edad Media se extiende desde la caída del Imperio Romano de Occidente hasta la caída del imperio bizantino, pero temáticamente, según autores como Gilson, la filosofía medieval se inicia en el siglo II con el diálogo entre la filosofía helenística y las grandes religiones monoteístas. Por esto algunos autores sostienen que la filosofía antigua pierde su antigua autonomía y deviene ancilla Theologiae, vale decir, pasa a estar subordinada o con una actitud servil con respecto a la especulación religiosa.

A diferencia de lo que había ocurrido con la filosofía griega, que había centrado su reflexión en torno a la determinación del objeto, la filosofía medieval centrará su interés en Dios.[3]​ La filosofía helenística había dado una orientación práctica al saber, dirigiéndolo hacia la felicidad del hombre. Es el caso del estoicismo y del epicureísmo, que habían colocado a la ética en el vértice del saber. A lo largo de los primeros siglos de nuestra era, la progresiva expansión del cristianismo y otras religiones irá provocando la aparición de otros modelos de felicidad o «salvación individual», que competirán con los modelos filosóficos. Frente a la inicial hostilidad hacia la filosofía manifestada por algunos de los primeros padres apologistas cristianos, sus continuadores encontrarán en la filosofía, especialmente a partir del desarrollo del neoplatonismo de Plotino, un instrumento útil, no sólo para combatir otras religiones o sistemas filosóficos, sino también para comprender, o intentar comprender, los misterios revelados. Surge de ahí una asociación entre filosofía y cristianismo o, más en general, entre filosofía y religión, que pondrá las bases de la futura filosofía medieval, entre los cristianos, los musulmanes y los judíos. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la divinidad, quedando subordinada la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la sociedad, etc. al conocimiento que se pueda obtener de lo divino. La fe, que suministra las creencias a las que no se puede renunciar, tratará de entrar en diálogo con la razón.

Existencia de Dios[editar]

Un interés constante en este tiempo fue el de probar la existencia de Dios, a través de la lógica, si era posible. La filosofía medieval estaba fuertemente ligada a la filosofía cristiana, la cual estaba fuertemente influenciada a sí misma por la clásica filosofía islámica y por la filosofía judeo-islámica en la Baja Edad Media, especialmente por los escritos de los filósofos musulmanes como Al-Kindi, Al-Farabi, Alhazen, Avicena, Al-Ghazali, Avempace y Averroes, y filósofos judíos como Maimónides y Gersónides.

Un esfuerzo temprano fue el del argumento cosmológico, convencionalmente atribuido a Tomás de Aquino. [4]​El argumento, toscamente, es que todo lo que existe tiene una causa. Por lo tanto, debe haber una primera causa sin causa, y esa es Dios. Aquino también adaptó este argumento para probar la bondad de Dios. Todo tiene algo de bondad, y la causa de cada cosa es mejor que la cosa causada. Por lo tanto, la primera cosa es la mejor cosa posible. Argumentos similares son usados para probar el poder y la excepcionalidad de Dios.

Otro argumento importante que prueba la existencia de Dios fue el argumento ontológico, ofrecido por Anselmo de Canterbury. Básicamente dice que Dios es aquel mayor del cual no se puede pensar otro, lo cual implica pensar que existe, pues si no existiera se podría pensar otra realidad más grande, lo cual contradice la definición. Este argumento ha sido utilizado de distintas formas desde Duns Scoto en adelante, y repropuesto por Descartes y otros pensadores modernos.

Lógica aristotélica[editar]

La aplicación de la lógica aristotélica[5]​ procedía a hacer que el estudiante memorice un largo conjunto de silogismos. La memorización consistía en diagramas, o aprender una oración clave, con la primera letra de cada palabra recordando al alumno los nombres de los silogismos.

Cada silogismo tenía un nombre, por ejemplo Modus Ponens tenía la forma de «Si A es verdadero, entonces B es verdadero. A es verdadero, por lo tanto B es verdadero».

La mayoría de los estudiantes universitarios de lógica memorizaron los 19 silogismos de Aristóteles de dos sujetos, permitiéndoles conectar correctamente un sujeto y un objeto. Unos pocos genios desarrollaron sistemas con tres sujetos, o describieron una forma de elaborar reglas de tres sujetos.

Etapas y representantes[editar]

Patrística[editar]

La patrística es el estudio del cristianismo de los primeros siglos y de sus primeros autores conocidos como padres de la Iglesia. La patrística es la fase en la historia de la organización y la teología cristiana que abarca desde el fin del cristianismo primitivo, con la consolidación del canon neotestamentario, hasta alrededor del siglo VIII. Se considera que el periodo corre desde la parte final del Nuevo Testamento, específicamente desde los Hechos de los Apóstoles (año 100 DC) y hasta 451 (la fecha del Concilio de Calcedonia), o hasta el Segundo Concilio de Nicea, del siglo VIII.

En su contenido ideológico, la patrística se caracterizó por ser el periodo en que se gestó el contenido doctrinal de las creencias religiosas cristianas, así como su defensa apologética contra los ataques de las religiones paganas primero, y sucesivamente de las interpretaciones que dieron lugar a las herejías, después.[6]​ Durante este período, el cristianismo es difundido masivamente por los profetas, tomando fuerza entre la población y desplazando a las religiones politeístas.

Para ser reconocido un padre de la Iglesia, era necesario reunir las siguientes condiciones:

  • Antigüedad
  • Santidad de la vida
  • Doctrina ortodoxa
  • Aprobación eclesiástica

La religión cristiana encontró en la filosofía griega los argumentos para justificar su doctrina, pues la religión cristiana era para los padres de la Iglesia la expresión cumplida y definitiva de las verdades que la filosofía griega había logrado encontrar de manera imperfecta y parcial.[7]

La palabra deriva de la forma combinada del latín pater y del griego patḗr, 'padre', y hace referencia a los padres de la Iglesia, los teólogos cuya interpretación dominaría la historia del dogma. La influencia apologética se debió entre otras cosas al ataque hostil, y por penetrar en los datos de la revelación, el de formarse una imagen totalizadora del mundo y de la vida humana a la luz de la fe. El progreso de lo implícito a lo explícito fue un progreso en la ciencia teológica; en el proceso de argumentación y definición se emplearon conceptos y categorías tomados de la filosofía. La filosofía imperante era el platonismo, neoplatonismo (con toque estoico).

Los escritores cristianos no hicieron distinción entre filosofía y teología. Estos mostraron una divergencia de actitud ante la filosofía clásica: como enemiga o como utilidad.

Algunos de los principales representantes de esta etapa fueron Mario Victorino, Boecio, Isidoro de Sevilla, San Agustín de Hipona y Juan Escoto Erígena.

Filosofía islámica[editar]

Representación de Sócrates en un manuscrito árabe ilustrado del siglo XIII.
Manuscrito iluminado de 1287 mostrando a los Hermanos de la Pureza, grupo de filósofos musulmanes del siglo X.

La filosofía islámica es el conjunto de doctrinas relacionadas con la vida, el universo, la ética, la sociedad y demás cuestiones fundamentales vinculadas al mundo islámico.

La tradición islámica actual combina algunos pensamientos del neoplatonismo y del aristotelismo con otros conceptos que fueron insertados mediante el desarrollo del Islam. Ciertos filósofos de peso como el árabe al-Kindi y los persas al-Farabi y Avicena, así como Ibn Tufail y Averroes, originarios de la Península Ibérica, precisaron algunas interpretaciones de Aristóteles que fueron después absorbidas por los intelectuales judíos y cristianos. La historia de la filosofía islámica contiene ejemplos significativos de otros filósofos que abordaron un gran número de cuestiones que terminaron por influenciar al escolasticismo medieval de Europa, entre ellos se encuentran Al-Ghazali y Mulla Sadra.

Los musulmanes, y en menor medida los cristianos y los judíos, contribuyeron con el folclor arábigo y se distanciaron entre sí de acuerdo a sus dogmas filosóficos más que por sus doctrinas religiosas. Cuando los pueblos árabe y bereber llegaron a la Península ibérica, la literatura filosófica arábiga fue traducida a los idiomas hebreo y latín; contribuyendo al desarrollo de la filosofía europea.

Filosofía judía[editar]

Maimónides (1138-1204) compuso, en árabe, un manual de lógica, Términos de lógica en el que hace una introducción a la lógica aristotélica y ofrece, por primera vez, una definición clara y concisa de los principales términos silogísticos que utiliza. No es sólo un manual de lógica, sino también una introducción a la filosofía, tal y como se concebía en su época; denota una clara influencia de la obra del filósofo árabe Al-Farabi, del que Maimónides se considera discípulo y al que menciona con gran frecuencia.[8]

La Guía de los Perplejos, escrita en árabe hacia 1190, es la obra filosófica por excelencia de Maimónides. En ella, intentará demostrar que no puede haber contradicciones entre la fe y la razón, pues, en definitiva, las dos tienen un mismo origen: la fe se fundamenta sobre las verdades reveladas por Dios, y la razón, sobre las que el conocimiento humano, potencia derivada de Dios, descubre por sí mismo. Maimónides está firmemente convencido de que, con pocas excepciones, todos los principios metafísicos de la filosofía aristotélica están presentes en la Biblia y en el Talmud.[8]

La Guía de los Perplejos, fue traducida casi inmediatamente al hebreo, primero por Samuel ibn Tibbón, con el título de Moré Nebujín, y luego por Yehudá al Harizi; y muy pronto fue conocida por filósofos cristianos como Alberto Magno o Tomás de Aquino convirtiéndose en una obra de referencia no sólo por lo que representó en el desarrollo del racionalismo judío, sino también por su importancia en la historia de la filosofía medieval.[8]

Escolástica[editar]

Curso de filosofía en París, ilustración de Grandes crónicas de Francia.

La escolástica (del latín scholasticus, y este a su vez del griego σχολαστικός ‘aquel que pertenece a la escuela’) es una corriente teológica y filosófica que utilizó parte de la filosofía grecolatina clásica para comprender la revelación religiosa del cristianismo.

La escolástica fue la corriente teológico-filosófica dominante del pensamiento medieval, tras la patrística de la Antigüedad tardía, y se basó en la coordinación entre fe y razón, que en cualquier caso siempre suponía una clara subordinación de la razón a la fe (Philosophia ancilla theologiae ‘la filosofía es sierva de la teología’).

Dominó en las escuelas catedralicias y en los estudios generales que dieron lugar a las universidades medievales europeas, en especial entre mediados del siglo XI y mediados del XV.

Su formación fue, sin embargo, heterogénea, ya que acogió en su seno corrientes filosóficas no solo grecolatinas, sino también árabes y judaicas. Esto causó en este movimiento una fundamental preocupación por consolidar y crear grandes sistemas sin contradicción interna que asimilasen toda la tradición filosófica antigua. Por otra parte, se ha señalado en la escolástica una excesiva dependencia del argumento de autoridad y el abandono de las ciencias y el empirismo.

Pero la Escolástica también es un método de trabajo intelectual: todo pensamiento debía someterse al principio de autoridad, y la enseñanza se podía limitar en principio a la repetición de los textos antiguos, y sobre todo de la Biblia (principal fuente de conocimiento). A pesar de todo ello, la escolástica incentivó la especulación y el razonamiento, pues suponía someterse a un rígido armazón lógico y una estructura esquemática del discurso que debía exponerse a refutaciones y preparar defensas.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. von Fritz, Kurt; Rev. Maurer, Armand; Levi, Albert W.; Stroll, Avrum; Wolin, Richard (2009). «Medieval philosophy». Encyclopædia Britannica Online (en inglés). 
  2. a b c d e f g h i j k Spade, Paul Vincent. «Medieval Philosophy». En Edward N. Zalta. Stanford Encyclopedia of Philosophy (en inglés) (Fall 2008 Edition). 
  3. Copleston, Frederick (2011). Historia de la Filosofía (vol. II). Barcelona: Ariel. 
  4. Aquino, Tomás de (1999). Suma teológica. Buenos Aires: Club de Lectores. 
  5. Kneaele & Kneale (1972). El desarrollo de la lógica. Madrid: Editorial Tecnos. 
  6. Angelo Di Berardino, Institutum Patristicum Augustinianum (1998). Diccionario patrístico y de la antigüedad cristiana, Volume 1. Sígueme. ISBN 9788430111527. 
  7. Di Berardino, Angelo (1991). Diccionario patristico y de la antigüedad cristiana. Roma: Sígueme. ISBN 8430111514. OCLC 30682769. Consultado el 23 de marzo de 2019. «En efecto, el logos que se hizo carne en Cristo y que se tiene en la palabra por Él revelada plenamente a los hombres, es la misma en la cual se inspiraron los filósofos paganos e intentaron traducir en sus especulaciones.» 
  8. a b c Alba, Amparo. «Maimónides». 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]