Argumento cosmológico

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¿Por qué existe algo, en lugar de nada? ¿Qué causó el universo?

En filosofía y teología natural, un argumento cosmológico es todo tipo de argumento el cual concluye la existencia de un ser único y trascendente a partir de una inferencia a posteriori proveniente del movimiento, causalidad, cambio, composición, temporalidad, contingencia o finitud respecto al cosmos como conjunto o de procesos dentro de él. Tradicionalmente es conocido como el argumento de la primera causa y como el argumento causal, incluso ha llegado a vérsele como un argumento cosmogónico. Cualquiera que sea el término que se le emplee, el argumento cosmológico es más una categoría para distintos tipos de argumentos que un solo y único argumento.

El término y definición de "argumento cosmológico" fue dada por Immanuel Kant, quien distinguió tres tipos de argumentos para la existencia de Dios en su obra Crítica de la razón pura: ontológico, cosmológico y teleológico.

Las premisas básicas de un argumento cosmológico están regidas bajo el concepto de causalidad. La conclusión del argumento tiene como objetivo demostrar la existencia de una Primera Causa o Primer Principio, que subsecuentemente es dicho de ser Dios. La historia del argumento cosmológico se remonta a los tiempos de Aristóteles (c. 384-322 a.C), fue retomado por el Neoplatonismo y el cristianismo primitivo y luego por la filosofía islámica antigua en los siglos IX y XII, y reintroducido a la teología cristiana en el siglo XIII por Tomás de Aquino en sus obras Suma teológica y Suma Contra los Gentiles. El argumento cosmológico es cercanamente relacionado al principio de razón suficiente de Gottfried Leibniz y a la máxima nada surge de la nada atribuida a Parménides.

Entre los defensores o formuladores históricos destacados del argumento cosmológico se encuentran: Aristóteles, Plotino, Avicena, Al-Ghazali, Maimónides, Tomás de Aquino, así como la mayoría de los pensadores adheridos al teísmo clásico.

Entres los defensores contemporáneos del argumento cosmológico destacan: William Lane Craig, Alexander Pruss y Edward Feser.

Significado[editar]

El argumento utiliza un patrón general de argumentación (Logos) con el que hace una inferencia a partir de hechos particulares alegados al universo (Cosmos) sobre la existencia de un ser supremo.

Historia[editar]

Platón y Aristóteles, representado en La escuela de Atenas de Rafael. Los dos desarrollaron argumentos de primera causa.

Platón (c. 427–347 a. C.) y Aristóteles (c. 384–322 a. C.) plantearon argumentos de primera causa, aunque cada uno tenía ciertas advertencias notables. En Las leyes (Libro X), Platón postuló que todo movimiento en el mundo y el Cosmos era "movimiento impartido". Esto requirió un "movimiento de origen propio" para ponerlo en movimiento y mantenerlo. En el Timeo, Platón postuló un "demiurgo" de sabiduría suprema e inteligencia como el creador del Cosmos.

Aristóteles fue el primer filósofo en formular un argumento cosmológico. En el libro VIII de la Física y en el libro XII de la Metafísica, Aristóteles desarrolla y demuestra su concepto del Primer motor inmóvil a partir del problema del movimiento y valiéndose de su teoría de la causación.

Según Aristóteles, todo movimiento requiere la existencia de un móvil y de un motor. El hijo no existiría sin los padres, el árbol no existiría sin la semilla , ni la velocidad de una flecha sin el impulso del brazo y del arco. Ahora bien, si el motor, el ser que otorga el movimiento a otro, es a su vez un ser en movimiento, es necesario que otro motor le otorgue su movimiento. Así, los padres, que son el motor del hijo, son a su vez movidos por sus padres. La semilla, que es el motor del árbol, es a su vez movida por un suelo fértil. Este tipo de relación entre móviles y motores, parece llevarnos a una serie de seres que se otorgan el movimiento los unos a los otros previa a los seres que son evidente a nuestros sentidos. Sin embargo, la serie de móviles y motores no puede ser infinita. Si dijéramos que lo que se mueve, es decir, todo el universo, tiene una infinitud de motores, ello querría decir que el mundo en el que vivimos habría debido recorrer una infinidad de formas de ser antes de llegar a ser lo que ahora es. Si así fuera, si el mundo hubiera tenido que venir de una serie infinita, nunca hubiera podido llegar a ser como es ahora,, puesto que el infinito no puede recorrerse. Y llegaríamos a esta extraña contradicción: este mundo que nos rodea estaría al mismo tiempo aquí e infinitamente lejos de donde esta. Cualquiera de las cosas que nos rodean y todas ellas en su conjunto, serían una presencia infinitamente ausente, infinitamente alejada de llegar a ser. Lo cual equivaldría a afirmar que el mundo real es a la vez irreal, Por lo tanto, para no admitir tan colosal contradicción debemos admitir que existe un primer motor. En otras palabras, para ser este motor verdaderamente el primero, debe de ser inmóvil, es decir, no estar en movimiento, porque si no lo fuese y estuviese en movimiento, necesitaria que otro motor que le otorgase movimiento y la regresión de motores iniciaría de nuevo. Y, como todo lo que se mueve, está en potencia y como todo motor está en acto , el primer motor inmóvil, debe ser acto puro, es decir, el primer motor debe ser plena y últimamente lo que es, sin potencia alguna, sin poder transformarse en algo más ni tender a ello, debe ser, por tanto, una sustancia con toda la plenitud del ser en sí misma.

Unos siglos más tarde, Plotino (c. 204/5-270 d.C), un pensador platónico argumento y enseñó sobre lo totalmente trascendente y supremo, "lo Uno", el cual era indivisible, indistinto, in-multiplicable y más allá de las categorías del ser y del no-ser. "Lo Uno" no podía ser ninguna cosa existente, ni siquiera la mera suma de la totalidad de partes, sino previo a todo lo existente. Plotino identifico esta concepción de "lo Uno" con concepciones platónicas de Bien (filosofia) y Belleza.

Al-Kindi (c.801-873 d.C), un filósofo musulmán influenciado por un marco teórico aristotélico y neoplatónico, arguyó sobre la "absoluta unidad" de Dios a partir de lo que es la unicidad y la composición en el mundo. Al-Kindi decía que, mientras un cuerpo es uno, también se encuentra compuesto por diferentes partes. Una persona, por ejemplo podría decir "veo un elefante", y eso significa que " ve un elefante", pero el término 'elefante' se refiere a un especie de animal que contiene a muchos. Por esto, Al-Kindi se refiere a que mientras nosotros podemos pensar en un ser existente como "uno", en realidad, dicho ser existente es "uno" y "muchos". Por tanto—concluye más adelante el filósofo—, Dios es absolutamente uno, tanto en ser como en concepto, carente de toda multiplicidad, de tal forma que ese es su único atributo y por tanto, no encontrado en nada más que en El. Avicena (c. 980-1037 d.C), otro filósofo islámico propuso un argumento formal a favor de la existencia del Dios islámico. Avicena argumento que debe de haber un "necesariamente existente", es decir, un ente que no puede no-existir. Su argumento razonaba que el conjunto entero de seres contingentes debía tener una causa que no fuera contingente pues de serlo estaría forzosamente incluida en el conjunto de seres contingentes. Por tanto, debía de existir un necesariamente existente, el cual también poseía atributos como la unidad, simplicidad, inmaterialidad, intelecto, bondad y generosidad, de tal forma que se correspondía con Alá.

Descripción[editar]

La estructura tradicional de un argumento cosmológico:

  1. Algunas cosas de nuestra experiencia son o están X.
  2. Todo lo que es o está X requiere de una causa, especialmente para su existencia en el aquí y ahora (un principio derivado de la causa y efecto).
  3. Tal serie causal debe tener un miembro más fundamental (principio de terminación de una serie causal).
  4. Aquello que da terminación a la serie causal, es-no X o no-está X .
  5. Aquello que da terminación a la serie causal también posee los atributos divinos: unidad, inmutabilidad, inmaterialidad, eternidad, omnipotencia, etc., y por tanto, es a lo que nos referimos con el nombre o término Dios.
  • Donde X significa que algunas cosas de nuestra experiencia son o bien contingentes, o bien están en movimiento, o bien son compuestos, o bien son distinguibles en su esencia y existencia, etc.

Versiones del argumento[editar]

William Lane Craig distingue tres tipos de argumentos cosmológicos deductivos en términos de su aproximación a una regresión infinita de causas. El primero, defendido por Aquino, se basa en la imposibilidad de una regresión infinita esencialmente ordenada. El segundo, que Craig llama el kalām. El argumento sostiene que un retroceso temporal infinito de causas es imposible porque un infinito real es imposible, e incluso si fuera posible, no podría realizarse temporalmente. El tercero, propugnado por Leibniz y Samuel Clarke se basa abiertamente en el Principio de razón suficiente.[1]

Argumento del primer motor[editar]

El argumento del primer motor o la primera causa comienza con el hecho de que hay un cambio en el mundo efecto de alguna causa. Cada causa es en sí misma el efecto de otra causa y esta cadena se mueve en una serie que nunca termina o se completa por una primera causa, que debe ser de una naturaleza radicalmente diferente, ya que no es causada por sí misma. Tal primera causa es un aspecto importante, aunque no la totalidad, de lo que el cristianismo quiere decir con Dios.[2]

Aristóteles[editar]

Ya en el VIII libro de la Física, Aristóteles habla de un ser inmaterial que no padece ningún cambio y que es el principio físico del mundo. Por no ser material, él mismo no es algo físico (Phys., II, 7, 198 a 36). Después, en el libro XII (Lambda) de la Metafísica, Aristóteles aboga por la existencia de un ser divino y parece identificarlo con el «primer motor inmóvil», quizá influenciado por el Nous de Anaxágoras. El primer motor no puede tener magnitud, ni finita o infinita, y en consecuencia, es indivisible y sin partes. Esto, unido a que en el capítulo noveno habla de Dios, la vida del motor inmóvil es el pensamiento autocontemplativo ("νοήσεως νόησις ( noeseos noesis )", es decir, "pensamiento del pensamiento"). Según Aristóteles, los dioses no pueden distraerse potencialmente de esta eterna autocontemplación porque, en ese instante, dejarían de existir. Esto ha llevado a muchos autores a hablar de Providencia.[3]

Está claro entonces que no hay lugar, ni vacío, ni tiempo, fuera del cielo. Por lo tanto, todo lo que está allí, es de tal naturaleza que no ocupa ningún lugar, ni el tiempo lo envejece; ni hay ningún cambio en ninguna de las cosas que están más allá del movimiento más externo; continúan a lo largo de toda su duración inalterable y sin modificaciones, viviendo la mejor y la más autosuficiente de las vidas ... Desde [el nacimiento de todo el cielo] deriva el ser y la vida que otras cosas, algunas más o menos articuladas pero otras débilmente, disfrutan ".
De Caelo , I.9, 279 a17–30.

Aristóteles argumentó a favor de la idea de varios motores inmóviles, como son los motores inteligentes de los planetas y las estrellas. Estos parecen ser dioses, pero todo hace suponer que sean sustancialmente diversos de Aquel "primero", que merecería ser identificado con el que el hombre contemporáneo entiende por Dios, uno que accionaba cada esfera celeste, que creía que vivía más allá de la esfera de las estrellas fijas y explica el movimiento eterno del universo.

Tomás de Aquino[editar]

En su libro Summa Theologiae, Santo Tomás enseña lo que es conocido como Quinque viae, cinco argumentos racionales que él usa para probar la existencia de Dios.

El primero de sus argumentos es la idea del Primer motor inmóvil de Aristóteles:

[...] En este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. [...] Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y este por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. [...]. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En este, todos reconocen a Dios.
Tomás de Aquino, Summa Theologiae

Argumento de la contingencia[editar]

El argumento de la contingencia sigue por otra ruta un movimiento de pensamiento básico similar desde la naturaleza del mundo hasta su base última.[2]​ Las cosas cuya existencia necesita explicación son seres que dependen para su existencia de otros seres. Por sí solos no pueden proporcionar una explicación de la existencia de cada ser contingente. Por lo tanto, lo que causa que explica la existencia de estos seres debe incluir un ser necesario.[1]

Tomás de Aquino[editar]

En la era escolástica, Tomás de Aquino formuló el "argumento de la contingencia ", siguiendo a Aristóteles al afirmar que debe haber algo que explique por qué existe el Universo. Dado que el Universo podría, bajo diferentes circunstancias, posiblemente no existir (contingencia), su existencia debe tener una causa, no simplemente otra cosa contingente, sino algo que existe por necesidad (algo que debe existir para cualquier otra cosa) existir).  En otras palabras, incluso si el Universo siempre ha existido, aún debe su existencia a una causa no causada.  Aquino dijo además: "... y esto entendemos que es Dios".[4]

El argumento de Aquino desde la contingencia permite la posibilidad de un universo que no tiene principio en el tiempo. Es una forma de argumento de causalidad universal. Aquino observó que, en la naturaleza, había cosas con existencias contingentes. Como es posible que tales cosas no existan, debe haber algún tiempo en el que estas cosas no existan. Por lo tanto, según Aquino, debe haber habido un momento en que nada existía. Si esto es así, no existiría nada que pudiera traer algo a la existencia. Los seres contingentes, por lo tanto, son insuficientes para dar cuenta de la existencia de seres contingentes: debe existir un ser necesario cuya inexistencia es imposible, y de la cual se deriva la existencia de todos los seres contingentes.

Leibniz[editar]

El filósofo alemán Gottfried Leibniz hizo un argumento similar con su principio de razón suficiente en su Monadología. "No se puede encontrar ningún hecho que sea verdadero o existente, ni ninguna proposición verdadera", escribió, "sin que haya una razón suficiente para que sea así y no de otra manera, aunque no podemos conocer estos motivos en la mayoría de los casos ". Formuló el argumento cosmológico sucintamente: "¿Por qué hay algo en lugar de nada? La razón suficiente ... se encuentra en una sustancia que ... es un ser necesario que lleva la razón de su existencia dentro de sí mismo".[5]

El argumento de Leibniz desde la contingencia es uno de los argumentos cosmológicos más populares en filosofía de la religión. Intenta demostrar la existencia de un ser necesario e inferir que este ser es Dios. Alexander Pruss formula el argumento como el siguiente:[6]

  1. Cada hecho contingente tiene una explicación.
  2. Hay un hecho contingente que incluye todos los demás hechos contingentes.
  3. Por lo tanto, hay una explicación de este hecho.
  4. Esta explicación debe involucrar a un ser necesario.
  5. Este ser necesario es Dios.

William Lane Craig lo formula de la siguiente forma:[7]

  1. Todo lo que existe tiene una explicación de su existencia (ya sea por la necesidad de su propia naturaleza o por una causa externa).
  2. Si el universo tiene una explicación de su existencia, esa explicación es Dios.
  3. El universo existe.
  4. Por lo tanto, el universo tiene una explicación de su existencia. (de 1, 3)
  5. Por lo tanto, la explicación de la existencia del universo es Dios. (de 2, 4)

Argumento cosmológico Kalam[editar]

Una de las primeras formulaciones del argumento cosmológico Kalam en la tradición islámica viene de Al-Kindi (siglo IX), que fue uno de los primeros filósofos islámicos en intentar introducir un argumento para la existencia de Dios basado en premisas puramente empíricas. Su principal contribución es el argumento cosmológico (Dalil al-Huduth) para la existencia de Dios, en su obra Sobre la Primera Filosofía. Él escribe:

Todo ser que comenzó tiene una causa para su comienzo; ahora, el mundo es un ser que comenzó; por lo tanto, posee una causa para su comienzo.

Éste argumento cosmológico se le denomina Kalam. Entre los siglos IX y XII, el argumento cosmológico se desarrolló como un concepto dentro de la teología islámica. Fue refinado en el siglo XI por Al-Ghazali (La Incoherencia de los Filósofos), y en el XII por Ibn Rushd (Averroes).

Uno de los mayores defensores contemporáneos es William Lane Craig, quien dio la siguiente estructura general del argumento en The Kalām Cosmological Argument:

  1. Todo lo que comienza a existir tuvo una causa.
  2. El universo comenzó a existir.
  3. Por lo tanto, el universo tenía una causa.

Craig explica, por naturaleza del evento (el Universo que comienza a existir), los atributos únicos de (el concepto de) Dios también deben atribuirse a la causa de este evento, que incluyen, entre otros: omnipotencia, Creador, ser eterno y absoluto autosuficiencia.[8]

  1. Si el universo no empezó a existir, entonces, existe una colección infinita actual de eventos pasados.
  2. Pero una colección infinita actual de objetos cualesquiera es imposible (ver el hotel infinito de Hilbert).
  3. El universo empezó a existir (por 2 y 3).
  4. Por lo tanto, el universo tiene una causa (Y esa causa es un ser incausado, inmutable, atemporal, aespacial, inmaterial, todopoderoso y personal).

Como se puede notar, los diversos argumentos cosmológicos hacen uso de series causales, que bien pueden ser jerárquicamente/esencialmente ordenadas (un tipo de serie en donde las causas están subordinadas entre sí y son dependientes entre sí todo momento al producir un cierto efecto) o accidentalmente/temporalmente ordenadas (un tipo de serie donde las causas de manera independiente producen un efecto dado en algún tiempo ya sea largo o corto).

Críticas[editar]

David Hume[editar]

David Hume destacó el problema de la inducción y argumentó que las relaciones causales no eran verdaderas a priori, ya que la premisa de causalidad se ha llegado a través del razonamiento a posteriori (inductivo), que depende de la experiencia.[9]​ Hume rechaza que sea absurdo o contradictorio negar que debe haber una causa para todo lo que existe, también niega que es imposible que un efecto tenga perfecciones de las que carece su causa. No hay, por lo tanto, base para la afirmación a priori de que necesariamente existe un ser original, autoexistente, que es un ser inmaterial e inteligente.[10]

Immanuel Kant[editar]

Immanuel Kant en Crítica de la razón pura se opuso al uso del "ser necesario". Sostuvo que el argumento cosmológico, al identificar el ser necesario, se basa en el argumento ontológico, que a su vez es cuestionable.[11]

Bertrand Russell[editar]

Bertrand Russell niega que el universo necesite una explicación. Russell, siguiendo a Hume, sostiene que dado que derivamos el concepto de causa de nuestra observación de cosas particulares, no podemos preguntar sobre la causa de algo como el universo que no podemos experimentar.[12]​ Es decir, aunque todo dentro del universo requiere de una causa, no se sigue el universo en sí mismo deba tenerla (falacia de composición). El hecho de que cada humano tenga una madre no significa que toda la raza humana tenga una madre. Redujo el universo a un simple hecho bruto, del cual su existencia no exige una explicación.[9][13]​ El universo no necesita explicación; "está ahí, y eso es todo". Stephen Hawking reiteró esta opinión.[13]

J. L. Mackie[editar]

J. L. Mackie en The Miracle of Theism se opone al argumento cosmológico dirigiendo su atención primero como se retrata la imposibilidad del infinito. Mackie objeta que asume ilícitamente un punto de partida infinitamente distante para la serie temporal y luego declara que es imposible recorrer la distancia desde ese punto hasta hoy. Sin embargo, si tomamos en serio la noción de infinito, debemos decir que en un pasado infinito no habría ningún punto de partida, incluso uno infinitamente distante.

Mackie admite, sin embargo, que muchas personas aún albergan dudas sobre la existencia de un infinito real en el mundo real y que no todos los matemáticos o filósofos están listos para aceptar el infinito real. Además, la astronomía actual apoya una historia pasada finita para el universo. Pero aún si incluso el universo comenzó a existir, no hay una buena razón para aceptar un Dios con el poder de crear algo de la nada porque o Dios comenzó a existir en un punto en el tiempo (lo cual sería contingente), o ha existido infinitamente (esto plantearía el problema del infinito real), o la existencia de Dios es atemporal (lo cual sería un completo misterio).[14]

Listado de objeciones[editar]

Las críticas u objeciones más comunes al argumento cosmológicos por parte de ateos, agnósticos, escépticos, partidarios al Nuevo ateísmo y ciertos filósofos suelen ser:

  • «Si todo tiene una causa, ¿cual es la causa de Dios? El argumento cosmológico se refuta a sí mismo».
  • «El principio de razón suficiente también es aplicable contra Dios. Si Dios no requiere de una causa, entonces, ¿por qué el universo sí requiere de una causa? el argumento comete la falacia del alegato especial».
  • «El universo puede ser eterno, incausado y necesario, por tanto, no requiere de una causa».
  • «¿Por qué asumir que la serie de causas no es infinita y debe tener una terminación?».
  • «Incluso si existe una primera causa, no se sigue que sea el dios de una cierta religión y que dicha religión sea cierta. El argumento cosmológico es un argumento ad ignorantiam.
  • «Incluso si existe una Primera Causa, no se sigue que sea solo Dios, bien puede ser Thor o Zeus. El argumento cosmológico es un non sequitur (lógica)».
  • «El argumento cosmológico concluye al Dios de los vacíos para poder explicar algo que un futuro la ciencia podrá responder.
  • «En el vacío cuántico una partícula virtual puede entrar y salir de la existencia sin necesidad de una causa. El universo se rige íntimamente en términos cuánticos, por tanto, bien puede ser incausado».
  • «Por la navaja de Ockham, la hipótesis de Dios como causa del universo, es innecesaria y más compleja frente a la hipótesis de un universo eterno».
  • «El argumento cosmológico es un simple razonamiento lógico cuya conclusión se sigue solo de premisas a priori y no de evidencia empírica y por tanto, no demuestra absolutamente nada».
  • «El principio de causa y efecto no aplica necesariamente a todo el universo».
  • «El principio de causalidad dice que la causa precede al efecto, Dios existe fuera y antes del tiempo, por tanto, Dios no puede ser causa de nada».
  • «El argumento cosmológico nació en una época muy intelectualmente arcaica y tecnológicamente atrasada, por tanto, ya no tiene lugar en la era moderna».
  • «Si la existencia de cada uno de los miembros de un conjunto es explicada, por consiguiente, la existencia de ese conjunto es explicada. Entonces no hay necesidad de una Primera Causa e de una regresión de causas».
  • «El argumento cosmológico presupone la existencia necesaria de Dios de la que habla el argumento ontológico. Y como el argumento ontológico falla, entonces, el cosmológico también».

Respuestas[editar]

Las respuestas o contraargumentaciones a estas objeciones por parte de teístas y defensores del argumento suelen ser las siguientes:

  • En relación a la primera objeción, ninguna versión del argumento cosmológico propuesta por algún filósofo serio, tiene como premisa «todo lo que existe tiene una causa», en cambio los argumentos cosmológicos y sus defensores, partiendo de fenómenos simples y mundanos, han establecido que bien, todo lo que se mueve tiene causa, todo lo contingente tiene causa, todo lo compuesto tiene causa, todo lo finito tiene causa, etc. Por tanto, quien critica el argumento arguyendo que se contradice a sí mismo, está atacando una caricatura del argumento cosmológico y no al argumento de verdad. La argucia retórica "¿Quién creó a Dios?" es igual de errónea. Y no es porque el defensor del argumento cosmológico no de razones por las cuales Dios no necesite una causa y las demás cosas si. Al contrario, parte del fin del argumento cosmológico es establecer de debe de haber algo que no solamente carece de causa sino que en principio no puede tener una, precisamente porque carece de la mera propiedad que hace que las demás cosas necesiten de una causa.
  • En relación a la segunda objeción, el universo como ente compuesto de partes que contiene a todos los entes materiales, pudo haber sido de una manera diferente a como es aquí y ahora, el universo es por tanto, un ser contingente. Pero todo ser contingente tiene una causa. Por tanto, el universo tiene una causa. Dios, en cambio, carece de todo que lo haga ser un ser contingente. Por tanto, Dios no requiere de una causa. No hay ningún alegato especial, pues Dios no es una excepción arbitraria a la regla, sino que no posee algo que lo haga necesitar ser parte de dicha regla.
  • En relación a la tercera objeción, al igual que la primera y la segunda, no contempla la verdadera noción de lo que los argumentos cosmológicos establecen. El universo no puede ser eterno, pues al ser imposible una colección infinita actual de eventos pasados, el universo y las leyes físicas que lo gobiernan, debieron comenzar a existir y tener una causa. El universo no puede ser incausado, pues justamente es un compuesto y todo compuesto requiere de una causa. El universo pudo o no existir, pudo ser una manera diferente a como es ahora, por tanto, el universo en contingente y requiere de una causa.
  • En relación a la cuarta objeción, el crítico al argumento ignora las justificaciones filosóficas de porque las series causales no pueden extenderse infinitamente sino que requieren de una terminación, por parte de alguna argumento cosmológico. No es que "se asuma" que no son infinitas o que requieren de un terminación, sino que se arguye esa respuesta según el tipo de serie causal de la que se hable.
  • En relación a la quinta objeción, esta es igual de errónea que la primera objeción. Pues justamente, un concepto como Primera Causa, la cual es una causa que sin tener causa es el principio de la causalidad, ejemplifica un ser último absolutamente metafísico, que es uno de los entendimientos y caracterizaciones más antiguos y clásicos a lo que los teístas se refieren por Dios. Luego, los filósofos defensores de algún argumento cosmológico son conocidos por argumentar una serie de atributos esenciales a la Primera Causa, tales como infinidad, omnipotencia, inmutabilidad, inmaterialidad, perfección, inteligencia, suma bondad, etc, atributos que jamás han dicho de ser poseídos por dioses como Zeus o Thor. Por tanto, no hay ningún non sequitur en los argumentos cosmológicos defendidos por filósofos.
  • En relación a la sexta objeción, ninguna versión del argumento cosmológico utiliza al "Dios de los vacíos" para establecer sus conclusiones. Pues en realidad son rigurosas evaluaciones y deducciones metafísicas que parten de los fenómenos del mundo y la causalidad las que sustentan sus proposiciones, y no posibles hipótesis invocando a un ser divino que puedan ser reemplazadas en algún futuro por los avances de las ciencias naturales.
  • En relación a la séptima objeción, el argumento cosmológico concluye que debe de existir una realidad más fundamental entre las realidades que sustenta al cosmos, sin embargo, esto no anula el hecho de que puedan haber otras realidades que condicionan y hagan trabajar al universo y a sus procesos físicos. Como es el caso de la mecánica cuántica, que si bien, es una realidad fundamental del mundo físico, no es la más fundamental. Luego, las partículas cuánticas son dichas de ser indeterministas, pero no se sigue a que sean completamente independientes o incausadas, pues se sabe que para que las partículas virtuales salten y salgan de la existencia, necesitan de un vacío que las contenga. Por tanto, las partículas virtuales son contingentes a cual vació las contenga.

Referencias[editar]

  1. a b Reichenbach, Bruce (2019). Zalta, Edward N., ed. Cosmological Argument (Fall 2019 edición). Metaphysics Research Lab, Stanford University. Consultado el 14 de octubre de 2019. 
  2. a b «Cosmological argument | philosophy». Encyclopedia Britannica (en inglés). Consultado el 14 de octubre de 2019. 
  3. Algunos comentaristas como Alejandro de Afrodisias y Averroes piensan que Dios tiene un conocimiento de las formas generales de los seres sublunares; además, es Providente. Otros autores, como William David Ross creen que no parece conocer nada más que a Sí mismo. Sin embargo, santo Tomás de Aquino seguido en esto por Franz Brentano y Enrico Berti cree que es posible que Dios, a través del conocimiento que tiene de Sí mismo, conozca también todos los demás seres.
  4. Summa Theologiae, I: 2,3
  5. Monadologie (1714). Nicholas Rescher, trans., 1991. The Monadology: An Edition for Students. Uni. of Pittsburg Press. Jonathan Bennett's translation. Latta's translation.
  6. «Leibnizian Cosmological Arguments». alexanderpruss.com. Consultado el 5 de octubre de 2019. 
  7. «The Leibnizian Cosmological Argument | Reasonable Faith». www.reasonablefaith.org (en inglés). Consultado el 5 de octubre de 2019. 
  8. Craig, William L. «The Existence of God and the Beginning of the Universe». Truth Journal. Leaderu.com. Consultado el 22 de junio de 2008. 
  9. a b Pruss, Alexander R. (1 de junio de 1998). «The Hume-Edwards Principle and the Cosmological Argument». International Journal for Philosophy of Religion (en inglés) 43 (3): 149-165. ISSN 1572-8684. doi:10.1023/A:1003167813221. Consultado el 6 de octubre de 2019. 
  10. Russell, Paul; Kraal, Anders (4 de octubre de 2005). «Hume on Religion». Stanford Encyclopedia of Philosophy Archive. Consultado el 6 de octubre de 2019. 
  11. Proops, Ian (10 de mayo de 2014). «Kant on the Cosmological Argument». Philosopher's Imprint (en inglés) 14 (12). ISSN 1533-628X. Consultado el 6 de octubre de 2019. 
  12. Nelson, Mark T. (1998). «Bertrand Russell's Defence of the Cosmological Argument». American Philosophical Quarterly 35 (1): 87-100. ISSN 0003-0481. Consultado el 6 de octubre de 2019. 
  13. a b tutor2u (5 de octubre de 2019). «Cosmological Argument». tutor2u (en inglés). Consultado el 6 de octubre de 2019. 
  14. «Professor Mackie and the Kalam Cosmological Argument | Reasonable Faith». www.reasonablefaith.org (en inglés). Consultado el 14 de octubre de 2019. 

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]