Revelación divina

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Hildegarda de Bingen recibiendo la inspiración divina (ilustración del códice Rupertsberger, aprox. 1180).
Llamada de Mahoma a la profecía y primera revelación; página de una copia del Muǧmal al-Tawārīḫ wa al-Qaṣaṣ (Colección de historias y cuentos) de aprox. 1425; obra timúrida, de Herat (Afganistán), conservada en el Museo Metropolitano de Arte.

En religión y teología, la revelación divina consiste en revelar, descubrir o hacer algo obvio a través de comunicación activa o pasiva con alguna entidad sobrenatural. Según con la tradición judeocristiana la revelación puede originarse directamente a partir de una deidad o a través de algún agente de la misma, como un ángel. A quien ha experimentado ese tipo de comunicación divina se le suele llamar profeta. Según J.F. Rowny, catedrático de la Universidad de California y presidente de la Academia Estadounidense de Religión, un término más propio y amplio para este tipo de encuentro sería místico, convirtiendo la persona que lo experimente en un místico.[1]​ El encuentro de los profetas tendría un fin más concreto, con lo que todos los profetas serían místicos, pero no todos los místicos serían profetas.

Algunas religiones, como el judaísmo, cristianismo, el islam y el hinduismo cuentan con libros sagrados que se ven como revelados o inspirados de manera sobrenatural. La revelación desde una fuente sobrenatural es mucho menos importante en otras tradiciones religiosas, como el taoísmo o el confucianismo, aunque se han encontrado similitudes entre la visión de la revelación en el Antiguo Testamento y el principio de bodhi del budismo.

En el catolicismo[editar]

Para los cristianos católicos la revelación es un acto de Dios por el cual se revela a los hombres, ya sea de manera natural o sobrenatural. La revelación natural es una manifestación a partir de la realidad del universo, la naturaleza, el mismo ser humano, o sea, toda la creación; el hombre puede, por analogía y con el solo uso de la luz natural de la razón, llegar al conocimiento y certeza de la existencia de un Dios creador. La revelación sobrenatural es una acción más específica y directa de Dios para manifestarse por una libre iniciativa suya de modo que trascienda las realidades naturales.

En el cristianismo la revelación divina sobrenatural consiste específicamente en las verdades teológicas transmitidas por la Sagrada Tradición y las Sagradas Escrituras. Según enseña la Iglesia católica, el Magisterio de la Iglesia es el encargado de interpretar la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, entendiendo estas últimas como un solo depósito de la fe. Otras iglesias cristianas difieren de este último punto.

De acuerdo con la doctrina católica, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras haciendo uso de la razón natural. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la revelación divina.[2]​ Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Entre sus revelaciones dentro del credo cristiano, destacan aquellas que hablan del envío de su hijo encarnado, Jesucristo, y del Espíritu Santo.

Dios, que «habita una luz inaccesible»[3]​ quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su hijo, hijos adoptivos.[4]​ Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

El designio divino de la revelación se realiza a la vez «mediante acciones y palabras», íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una «pedagogía divina» particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.

San Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre: «El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre Dios ».[5]

En el judaísmo[editar]

Ahora bien, las cosas que pueden ser percibidas por cada uno con sus sentidos inspiran una fe fuerte, mientras que las cosas que son aprendidas por el intelecto y no pueden ser percibidas por los sentidos, ya que sólo las entienden los sabios, no inspiran fe en absoluto. La gente dice que lo que no puede ser percibido por los sentidos es improbable y falso. Por eso la Torá de Moisés promete explícitamente recompensas materiales, que todos pueden ver y percibir con sus sentidos, mientras que las cosas intelectuales, que sólo entienden los inteligentes, están contenidas por alusión. El objetivo es que cada uno comprenda, según sus capacidades, que a través de la Torá se obtiene toda la felicidad material y espiritual, siempre que el pecado no la limite. No, las recompensas materiales que no pueden obtenerse de la manera ordinaria de la naturaleza son pruebas de recompensas espirituales. Incluso Balaam, quien fue un gran sabio y profeta, aunque no era miembro de la nación israelita, da testimonio de esto. Él dijo: Muera yo la muerte de los justos y mi fin sea como el suyo. Parece que por su sabiduría o inspiración profética entendió que Israel tenía un fin y una esperanza después de la muerte por lo que expresó el deseo de tener un fin y una esperanza después de su muerte como Israel. Comprendió que la providencia en este mundo prueba la felicidad en el mundo venidero. Y sobre todo, cuando constantemente ocurren milagros extraordinarios en la vida de una nación, es prueba de su felicidad espiritual en el Paradiso. Durante todo el período del primer templo, la profecía existió continuamente en Israel e incluso en la época del segundo templo, cuando no había profecía, las personas a menudo recibían sus preguntas respondidas por una voz del cielo (Bat Kol: בת קול), luego hubo otros milagros. ocurren constantemente, por ejemplo cada sexto año la tierra produce lo suficiente para tres años, como leemos: En el sexto año pondré sobre ti mi bendición y producirá productos para los tres años. Además, según el versículo: Reúne al pueblo, a los hombres y a las mujeres, a los niños y a tu extranjero que está dentro de tus puertas..., todo Israel subía durante la fiesta de los tabernáculos del año sabático a Jerusalén para escuche la Torá y la Biblia, como dice: Nadie deseará tu tierra, cuando subas a asistir... Y había constantemente muchos otros milagros en el templo, como se enumeran en el tratado Abot. En Yoma se nos dice que un hilo de lana roja se vuelve blanca cada año en el día de la expiación. Y hay otros milagros contados que ocurrieron todo el tiempo
Sefer HaYikkarim

Maimónides enumeró[6]​ diferentes niveles de profecía, indicando también la meramente intelectual, cuyo propósito es conocer la verdad de la Torá especificando que su revelación tuvo lugar para Moisés a través de la palabra divina dirigida a él 'cara a cara'[7]​ con Dios, lo que se refiere a la visión y revelación de la palabra de Dios a través de los ángeles como fue el caso de Abraham y Jacob, finalmente con visiones de sueño veraz[8]​ (el Talmud especifica[9]​ sin embargo, que en los sueños algunas partes pueden no ser totalmente ciertas debido a múltiples mensajes, para esto pueden ser interpretadas por el Jajam o por los propios profetas como sucedió con el patriarca José).[10]

«Nuestros Sabios (midrash Beret rabba 70,8) enseñan: ¿Por qué se llama: 'Beit haShoeva'? Esto se debe a que el espíritu profético (el ruaj hakodesh fue extraído de allí). La Guemará (Sota 3a) nos enseña que una persona comete una falta sólo cuando 'un espíritu de locura' se apodera de ella. Por otro lado, si una persona tiene cuidado de no cometer errores o de hacer Teshuvá sobre sus faltas, acerca de él, está escrito: en él descansará el espíritu de Hashem: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fuerza, espíritu de ciencia y temor de Dios (Yeshayahu 11,2). Este era el espíritu profético que descansaba sobre las personas que estaban presentes en el Beit haShoeva = un espíritu que era el resultado de la Teshuvá y el hecho de vaciar la culpa[11]​»

Es obvio que la profecía debe ser absolutamente reconocida como real y verdadera, ya que deriva de Dios,[12]​ si se trata de la Torá en su conjunto como una revelación divina o si se refiere a eventos pasados, presentes y futuros, aunque el propósito no es usar el espíritu profético para un propósito simple, sino precisamente para el conocimiento de toda la verdad; no es coincidencia que este aspecto, es decir, el del espíritu profético o el Ruaj haKodesh,[13]​ se correlaciona necesariamente con la paz, la inteligencia, el juicio, la verdad bíblica, además de la evaluación veraz de cada tema puesto ante la persona elegida por Dios.[14]​ Los textos religiosos judíos tradicionales, en la Cabalá y en los textos de Jasidut afirman que nadie puede igualar a Moisés, en el Pirkei Avot[15]Líder de los profetas: se distingue por su habilidad profética como a través de una superficie clara, mientras que todos los demás profetas usan parábolas que solo son accesibles para aquellos que pueden ver la verdad, hasta el punto de ser acusados de mentir (José Albo[16]​ da el ejemplo de Isaías).[17]

En el futuro, con el Mashiaj,[18]​ será posible[19]​ decir 'un profeta Moisés': esto está en oposición al falso profeta[20]​ mencionado incluso en el Pentateuco,[21]​ donde está escrito que será asesinado (es cierto que el Mesías[22]​ tendrá que enfrentar la muerte, precisamente en la era mesiánica, sin negar su veracidad divina); también se sabe que los textos de la Biblia hebrea no dudan en citar eventos mesiánicos que darán testimonio de cómo la profecía también afectará a los bebés, 'siervos' y no judíos, los Goyim. [23]

Porque Dios da la sabiduría, De Su boca viene el conocimiento y el discernimiento. De esta manera la Torá de Dios será perfecta en cada generación y libre de cualquier deficiencia
José Albo, Sefer HaIkkarim

No se puede excluir que incluso la exégesis de la Torá derive de la revelación de la palabra divina. Jajam significa 'sabio': se deduce que un Jajam puede ser investido con el Ruaj haKodesh y así comentar verdaderamente los textos de la Biblia.[24]

Por otra parte, es igualmente cierto el conocimiento de los Trece atributos divinos, revelados a Moisés cuando éste preguntó cómo obra Dios en el Mundo; las demás Naciones definitivamente tienden a creer con mucha dificultad en la providencia de Dios y consecuentemente en el castigo o méritos divinos: no robar, no matar y demás se convierte claramente en cosas que toda la humanidad no acepta como bien, incluso los animales son en parte conscientes de esto... Desgraciadamente, la famosa diatriba entre judíos y no-judíos se centra precisamente en la dificultad de aceptar que Dios puede ser omnipresente, dificultad en parte debida a la conciencia de la propia iniquidad inmediatamente justificada con la coartada del axioma según el cual Dios sería demasiado alto para tratar con las cosas del mundo... Los judíos se oponen a esto tratando de admitir la perfección de la Obra de la Creación que Dios tanto quiso para Su gloria, como se describe en la Torá... 'por amor a Israel, Cabeza de la Nación y pueblo santo', como dijo: Sed santos porque yo soy santo.[25]

En el hinduismo[editar]

De acuerdo con la tradición hinduista los textos shruti o śruti (en sánscrito ‘lo que se oye’) son lo que los sabios o rishis escucharon directamente de los dioses , y por tanto, no fueron escritos como creaciones del hombre, por lo que no son obras de origen intelectual, sino revelaciones directas de los dioses a los hombres. Los rishis (sabios o videntes) fueron los intermediarios que captaron esas revelaciones divinas. Estos textos que de acuerdo a la tradición hinduista son universales y eternos. No pueden ser interpretados, sino sólo seguidos al pie de la letra.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Rowny, J.F. (1999). «Mysticism». The Norton Dictionary of Modern Thought (en inglés). W.W. Norton & Co. Inc. p. 555. 
  2. Concilio Vaticano I: DS 3015
  3. 1 Tm 6,16
  4. cf. Ef 1,4-5
  5. haer. 3,20,2; cf. por ejemplo 17,1; 4,12,4; 21,3
  6. Guía de los Perplejos (en italiano) UTET ed.
  7. (en francés) Cara a cara con Dios (chabad.org)
  8. Sogni (www.rabbini.it)
  9. (en italiano) Talmud on-line (www.torah.it)
  10. (en inglés) ascentofsafed.com
  11. (en inglés) "Talmud Sukkot" (todahm.com)
  12. (en italiano) 'Studiando però da vicino i testi biblici, constatiamo, come un fatto rilevante, che in essi viene costantemente esplicitato il rapporto tra i loro autori e Dio. Ciò si realizza in diversi modi, ogni capace di far trasparire come i rispettivi scritti provengono da Dio' Ispirazione e Verità della Sacra Scrittura. La Parola che viene da Dio e parla di Dio per salvare il mondo (vatican.va)
  13. (en inglés) Jaim Vital Shaar Ruaj Ha-Kodesh (eUniversity ed.)
  14. (en italiano) La 'radice' ebraica dello Spirito Santo (www.vatican.va)
  15. (en italiano) Siyakh Yitzkhak - Libro di preghiere. Ebraico * Traduzione * Commenti (en italiano) MAMASH ed.
  16. Sefer HaYikkarim
  17. (en inglés) Degrees of Prophecy (outorah.org)
  18. (en inglés) www.kabbalaonline.org
  19. Najman de Breslev, el Tzadik - (en inglés) About Breslov (breslovbooks.com)
  20. (en inglés) Parashah: Balak (www.inner.org)
  21. Bibbia ebraica (en italiano) La Giuntina ed.
  22. Es la opinión de Maimónides (en italiano) Immortalità e resurrezione, 'Il pellicano rosso' - Morcelliana ed.
  23. (en inglés) Maimónides #7 (aish.com)
  24. (en inglés) 138 Openings of Wisdom by Rabbi Mosheh Chaim Luzzatto (www.azamra.org)
  25. Pentateuco

Bibliografía[editar]

  • Clooney, Francis X. "Why the Veda Has No Author: Language as Ritual in Early Mīmāṃsā and Post-Modern Theology", Journal of the American Academy of Religion, Vol. 55, No. 4 (Winter, 1987).

Enlaces externos[editar]