Llama olímpica
La llama olímpica no nació en la antigua Grecia, como podría suponerse, y es más bien una idea luminosa que surgió en la mente de Jan Wils, un arquitecto holandés, durante los Juegos Olímpicos de 1928, cuando dibujó una torre con una antorcha en el estadio olímpico, cuya llama fue encendida por primera vez en julio de ese año.
Desde entonces, cada 4 años la llama olímpica vuelve a flamear en la ceremonia inaugural de los sucesivos Juegos Olímpicos de Verano, para que se perpetuara como símbolo de pureza y claridad a través de los tiempos, como lo auguró Pierre de Coubertin en 1932.
Es a partir de 1936, en los Juegos de Berlín, que la llama olímpica se transportó desde las ruinas del Templo de Heras en Olimpia hasta el lugar donde se desarrollan los juegos. Así, el encendido y el transporte de la llama comenzó a formar parte de los rituales de este magno evento deportivo. Ese año también la llama ardió por primera vez en los Juegos Olímpicos de Invierno, pero la primera carrera de la antorcha invernal recién tuvo lugar en 1952.
La llama olímpica se enciende cada cuatro años en una ceremonia que intenta garantizar la pureza del fuego que inflama los ideales de los juegos deportivos, a través de un método de encendido por concentración de los rayos solares en un espacio cóncavo. Luego, se inicia el tradicional transporte de la antorcha olímpica con una carrera de atletas, que en ciertos momentos se suple con otros medios de transporte, por aire y mar especialmente, inclusive en ciertas ocasiones en caballo, por vía subterránea o - como ocurrió en 1976 en Canadá, a través de un impulso eléctrico, vía satélite.
El tiempo convirtió que el último de los corredores que transportara la antorcha fuera un atleta famoso. Entre esos famosos se incluyen el jugador francés de fútbol, Michel Platini en 1992 y el campeón de pesos pesados de boxeo, Muhammad Ali en 1996. La primera mujer en encender la llama olímpica fue Enriqueta Basilio en los Juegos Olímpicos de México en 1968.
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El Encendido de la Llama en Olimpia [editar]
Unos meses antes de cada realización de los Juegos Olímpicos (la fecha exacta varía según la duración del recorrido hasta el estadio Olímpico), la llama se enciende en Olimpia, frente a las ruinas del templo de Hera, en una ceremonia que pretende volver a vivir el método usado en la Antigüedad y que se destinaba a garantizar la pureza de la llama: actrices que representan a sacerdotisas de Hestia colocan una antorcha en la concavidad de un espejo parabólico que concentra los rayos del Sol que, como en la Antigüedad, enciende la llama que marcará el inicio de una versión más de los juegos.
Enseguida, la llama se transfiere hacia una urna que se transporta hasta el lugar del antiguo estadio. Ahí la llama se usa para encender la antorcha olímpica, transportada por el atleta que hará el primer recorrido del viaje, y que conducirá la llama a lo largo del recorrido hasta el estadio donde se realicen los Juegos. Si la llama se apaga, los juegos seran cancelados por mal presagio.[cita requerida]
Como prevención, unos días antes se enciende una llama, usando el mismo método, y entonces se mantiene encendida para usarla si el cielo está nublado el día de la ceremonia. Para los Juegos Olímpicos de Invierno el procedimiento es semejante, excepto que el paso de la llama al primer corredor se hace frente al monumento en homenaje a Pierre de Coubertin.
A lo largo del tiempo se mantuvo la tradición de transportar la antorcha Olímpica con una carrera de atletas, pero en ciertas ocasiones se utilizaron medios de transporte especiales, por motivos de necesidad o de espectacularidad.
La llama Olímpica viajó en barco por primera vez para atravesar el Canal de la Mancha en 1948 y viajó en avión cuando se transportó hacia Helsinki en 1952. Debido a las restrictivas leyes de cuarentena en vigor en Australia, en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956 los eventos de equitación se realizaron separadamente y la antorcha olímpica se transportó a caballo en su recorrido hasta Estocolmo, donde se realizaron las pruebas ecuestres.
En 1976 se utilizaron medios espectaculares para transportar la llama. El fuego se transformó en un impulso eléctrico que se envió desde Atenas, vía satélite, hasta Canadá, donde fue reencendido por un rayo láser. En 2000 la antorcha fue transportada bajo el agua por buceadores cerca de la Gran Barrera de Coral. Otros medios de transporte fuera de lo común incluyeron la utilización de canoas, camellos y el avión supersónico Concorde.
El Encendido del Pebetero [editar]
Es tradicional que el encendido de la llama durante la ceremonia de apertura de los juegos se lleve a cabo de forma original y espectacular. En los Juegos de Barcelona 1992, el arquero paralímpico Antonio Rebollo disparó una flecha incendiaria hacia el pebetero, desde el lado opuesto del estadio. Dos años más tarde, en Lillehammer 1994, la antorcha Olímpica entró en el estadio transportada por un saltador de esquí.
Pero no siempre todo marcha bien. En los Juegos de Sídney 2000, el mecanismo que transportaba el pebetero con la llama se detuvo durante cerca de tres minutos, después de lo cual continuó su subida hasta la torre.
Con el tiempo se hizo también tradición que el último de los corredores que transportara la antorcha fuera un atleta o ex atleta famoso. El primero de ellos fue el campeón Olímpico Paavo Nurmi en 1952. Más recientemente, entre esos famosos "finalizadores" del recorrido de la antorcha se incluyen el jugador francés de fútbol, Michel Platini (1992) y el campeón de pesos pesados de boxeo, Muhammad Ali (1996).
La primera mujer en encender el pebetero fue Enriqueta Basilio en los Juegos Olímpicos de México 1968.
En otras ocasiones, las personas que encienden la llama en el estadio no son famosas pero aun así representan los ideales olímpicos. El corredor japonés Yoshinori Sakai nació en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el día en que la bomba nuclear destruyó aquella ciudad. Él simbolizó el renacimiento de Japón después de la II Guerra Mundial, cuando encendió la llama en los Juegos de Tokio en 1964. En los Juegos de Montreal, en 1976, dos adolescentes, una de la parte francófona y otra de la parte anglófona de Canadá, simbolizaron la unión del país.
En los JJ. OO. de Londres en 2012 se empleó un pebetero conformado por 204 partes metálicas, cada una de ellas aportada por un niño de cada delegación olímpica. Siete relevistas (jóvenes destacados del deporte nacional británico) encendieron una parte del pebetero, que mediante un ingenioso sistema de conductos, prendió todo el pebetero, en un gesto que pretendía simbolizar la unión de todos los países participantes. Todas las partes del pebetero se elevaron, uniéndose y creando una sola llama.
Galería de Imágenes Sobre la Llama Olímpica [editar]
Pebeteros de Juegos de Verano [editar]
Pebeteros de Juegos de Invierno [editar]
Antorchas de los Juegos de Verano [editar]
Antorchas de los Juegos de Invierno [editar]
Véase también [editar]
- antorcha
- Comité Olímpico Internacional
- Juegos Olímpicos de Invierno
- Juegos Olímpicos de Verano
- pebetero
Enlaces externos [editar]
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Llama olímpicaCommons.- Documento del COI con la historia de la llama Olímpica (PDF, 1 MB)
- Video de la película Olympia, de Leni Riefensthal, con el encendido de la llama en las Olimpiadas de 1936 en Berlín