Historia de Bretaña

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

La historia de Bretaña comienza con un poblamiento cuyas trazas se remontan a la prehistoria, desde 700000 a. C..[cita requerida] El período neolítico, que comienza en estas regiones alrededor de 5000 a. C., está marcado por el desarrollo de un importante megalitismo que se manifiesta en sitios como el cairn de Barnenez, el cairn de Gavrinis, la mesa de los mercaderes de Locmariaquer o los alineamientos de Carnac. En el curso de su protohistoria, que comienza hacia la mitad de III milenio a. C., el subsuelo rico en estaño permitió el surgimiento de una industria que produjo objetos de bronce, así como también circuitos comerciales de exportación hacia otras partes de Europa. Durante los siglos que precedieron a nuestra era estuvo habitada por cinco pueblos galos[1]​—osismos, coriosolites, redones, vénetos y námnetes— antes de que esos territorios fueran conquistados por Julio César en el 57 a. C., y después progresivamente romanizados. La región, parte de la Galia, quedó bajo administración de la provincia de Gallia Lugdunensis con capital en Lugdunum, siendo cada uno de los cinco pueblos agrupados en las civitates romanas de Carhaix, Alet,[2]Rennes, Vannes y Nantes. Tras la reforma territorial de Diocleciano, estas civitates fueron incluidas en la diócesis de Tréveris, provincia de Lugdunensis tertia, con capital en Tours. La difusión del cristianismo, iniciada a partir del siglo III en la civitas de Nantes (martirio de Donaciano y Rogaciano, conocidos como los niños de Nantes, en torno a 285) era, hacia el siglo V, limitada fuera de las ciudades, pero cada una de las civitates contaba con un obispo propio, la sede arzobispal (o : metrópolis) estaba en la capital provincial, Tours.

Formando parte de la Armórica durante el periodo galorromano, vio el desarrollo de un importante comercio marítimo en torno a los puertos de Nantes, Vannes y Alet, así como plantas de salazón a lo largo de de sus costas. Cuando el poder romano conoció las crisis de los siglos III al V, los primeros bretones insulares fueron llamados por el poder imperial para ayudar a proteger su territorio. Desde el siglo IV,[3]​ soldados procedentes de la Britania romana ya habían sido transferidos a la Galia, particularmente en el año 383 con la expedición del usurpador Magno Clemente Máximo. Este episodio histórico fue más tarde interpretado en la leyenda de Conan Meriadec, contada por Godofredo de Monmouth en el siglo XII. Dio así comienzo un movimiento migratorio que continuó hasta el siglo VI —huyendo de las islas británicas invadidas por los anglosajones— y dio nacimiento a varios reinos en la península: la Cornualles (Kerne) formada por los Cornovii originarios de la Cornualles británica (Kernow) y Domnonia formada por los Dumnonii originarios de Devon; la Domnonia se extendía a norte de Armórica, entre Dol y la isla de Ouessant. Para entonces, los visigodos se habían instalado en las regiones meridionales de Galia, al sur del río Loira. Parte de Armórica formó parte del reino romano de Siagrio,[4]​ hasta su sometimiento por los francos de Clodoveo I en el 486.

Para prevenir las incursiones bretonas, el vecino reino de los francos creó una marca de Bretaña incorporando el condado de Rennes y el de Nantes. Los merovingios y después los carolingios intentaron desde el siglo VI al VIII integrar esta región en el reino franco, con un éxito limitado y efímero.

La unidad de la región bajo la forma de reino de Bretaña se hizo en 851 con el rey Erispoe, hijo de Nominoë, pero no perduró debido a las disputas de sucesión e incursiones de los vikingos. Desde 939, un ducado de Bretaña tomó su lugar en las fronteras cuasi definitivas, administradas por los duques de casas bretonas de 939 a 1166, antes de que cayese en la esfera de influencia de los Plantagenet y los Capetos. La Guerra de Sucesión de Bretaña vio enfrentarse desde 1341 hasta 1364, en el contexto de la Guerra de los Cien Años, diferentes facciones que lucharon por apropiarse del ducado. Un poder autónomo surgió entonces durante los siglos XIV y XV, lo que condujo a una política de independencia vis-à-vis del reino de Francia pero que finalmente resultó en la unión de Bretaña a Francia en 1532.

La provincia bretona integrada en el reino francés conservó una relativa autonomía, beneficiándose de sus propias instituciones. Después de un período de fuerte crecimiento económico y demográfico en los siglos XVI y XVII gracias a la nueva paz, Bretaña conoció más tiempos difíciles desde finales del siglo XVII hasta la Revolución Francesa en 1789. La provincia fue disuelta en 1790 y su territorio dividido entre los cinco departamentos de la Côtes-du-Nord, de Finistère, de Ille-et-Vilaine, de Loire-inférieure y de Morbihan.

Durante «el largo siglo XIX» (1789-1914), marcado por una modernización de su agricultura y por una explosión demográfica, una migración en el resto de Francia se desarrolló. Tierra entonces considerada conservadora, no obstante, vio el desarrollo de movimientos obreros importantes en ciudades como Brest, Lorient o Saint-Nazaire. La Primera Guerra Mundial constituyó un punto de inflexión para los bretones, que descubrieron entonces otras formas de vida que algunos buscarán integrar poco a poco. La cuestión del lugar del idioma bretón y las tradiciones de la región se convierten en el elemento central de un movimiento político bretón que comenzó a surgir al mismo tiempo. Un largo proceso de modernización se extiende desde la década de 1920 hasta la de 1970, junto con un movimiento de reafirmación cultural.


Índice

Prehistoria[editar]

Las trazas arqueológicas en Bretaña son relativamente escasas en comparación con otras regiones francesas.

El ensañamiento de los pastores espirituales contra todo lo que se sospechaba fuese un rastro de paganismo, el celo de los pioneros desbrozadores, la nueva furia contra las "obstaculos para el uso racional de la tierra" de los promotores de la concentración y de agrónomos aprendices de brujo

L'acharnement des bergers spirituels contre tout ce qui était soupçonné présenter un relent de paganisme, le zèle des pionniers défricheurs, le nouvel acharnement contre les "obstacles à l'utilisation rationnelle des sols" des promoteurs du remembrement et des agronomes apprentis sorciers

han vaciado de sustancia el suelo arqueológico bretón que, además, conserva mal los restos del pasado.

Edad de piedra[editar]

Paleolítico[editar]

Sitio de Menez Dregan donde se han encontrado los restos más antiguos de uso del fuego.

La época paleolítica cubre en Bretaña un período que oscila entre 700000-10000 a. C.. Las huellas de industria más antiguas se han encontrado en el valle medio del Vilaine, identificadas como cantos tallados en una cantera situada en Saint-Malo-de-Phily[a 1]​ Las trazas de hábitat más antiguas se encuentran en Saint-Colomban, en Carnac, y toman la forma de campamentos acondicionados en abrigos naturales debidos a la erosión del acantilado, a lo largo de la costa. Además de los cantos tallados, se encontraron también bifaces picudas, datando el sitio de 300000 a. C.. Esta facies muy original del Paleolítico Inferior de la costa sur que se distingue del achelense por criterios tecno-tipológicos, geológicos y ambientales, se llama el Colombanien.[5]​ Bifaces de este período Achelenseestán presentes a lo largo de la costa, como en Tréguennec, L'Hôpital-Camfrout o Pléneuf.[a 2]​ Las trazas más antiguas de uso del fuego se encuentran en el sitio de Menez Dregan, con una antigüedad de 400000 a. C.. Estas son las huellas más antiguas de Europa occidental.[a 3]​ Los raros grupos humanos estaban entonces formados por nómadas cazadores.[b 1]​ Cazaban en general mamuts por su carne, pero también por sus osamentas, sus dientes y sus defensas utilizados en la construcción (armazón de cabañas) y en la fabricación de objetos utilitarios (combustible, armas), objetos de arte, instrumentos musicales.[6]

Desde el período musteriense hasta el Paleolítico medio, se han encontrado dos sitios notables en la región, en Mont-Dol donde se encontraron raspadores en un sitio fechado en 70000 a. C., así como Goaréva en la isla de Bréhat.[a 4]

El paleolítico superior se caracteriza por las herramientas refinadas como cuchillas y láminas que se encuentran en el sitio de Beg-ar-C'hastel, en Kerlouan, o el de Plasenn-al-Lomm, en la isla de Bréhat. No se ha identificado ninguna cueva ornamentada en la región, probablemente debido al aumento de las aguas del período siguiente, pero, cerca, una gruta de este tipo es conocida en Saulges, en Mayenne. El fin del Paleolítico en la región se sitúa alrededor de 10000 a. C..[a 5]

Mesolítico[editar]

Reproducción de la sepultura de Téviec que muestra los inicios de una creación artística en la región, así como una especialización de las actividades humanas.

La época mesolítica abarca en la región un período que va desde el milenio X a. C. al milenio V a. C., correspondiente al final de la última edad de hielo y el aumento resultante en el nivel de las aguas. La vegetación de las estepas fue reemplazada por vegetación compuesta de abedules y de pinos, luego avellanos, robles y fresnos; los grandes mamíferos dieron paso a animales más pequeños, como ciervos o jabalíes. Los hombres abandonaron la caza por la recolección y aparecieron los primeros intentos de domesticación. La población sigue siendo principalmente costera y más numerosa en el litoral sur. Los esqueletos encontrados que datan de esta época atestiguan una altura media de 1,59 m para los hombres y de 1,52 m para las mujeres.[b 2]

Las técnicas humanas continuaron progresando con una reducción en tamaño de los útiles de piedra para formar microlitos.[a 6]​ Las sociedades están más estructuradas, con un grado de especialización de las actividades en una comunidad dada, como lo demuestran los estudios sobre la sepultura de Téviec,[b 3]​así como el comienzo de un arte.[b 4]​ Las trazas de muertes causadas por útiles como las flechas también son visibles en algunos esqueletos, lo que atestigua oposiciones a veces violentas entre las diferentes comunidades.[a 7]

Neolítico[editar]

Copa del neolítico medio, proveniente de Kerléan en Concarneaumuseo de Bretaña.

El Neolítico, que se extiende desde 5000 a. C. al 2000 a. C., vio la llegada de la agricultura según un método por tala y quema: se gana un terreno en el bosque después de haberlo incendiado, luego se usa para la cría antes de que se siembren allí gramíneas.[a 8]​ Esta evolución fue posible gracias a la mejora de los métodos de extracción de piedras y de su tallado. De una cantera de Plussulien salieron en esta época hasta 5000 hachas de dolerita por año, lo que representa el 40% de las hachas de la península armoricana. La difusión de estas herramientas se hace hasta la cuenca de París[b 5]​ y se han encontrado ejemplares de estas hachas en Bélgica y el sur de Inglaterra. El yacimiento de Pleuven produjo la hornblendita con la que se hicieron las hachas que se encuentran hasta los Países Bajos. La región también importó hojas de sílex amarillas de la Touraine.[a 9]

Este período también es notable por el desarrollo del megalitismo, posibilitado por un importante auge económico. Dos de los sitios más antiguos, el tumulus de Barnenez y el del Petit-Mont, cuyas construcciones datan del V milenio a. C., testimonian por sus similitudes la existencia de una unidad de civilización en la península.[a 10]​ Este tipo de construcción evolucionará posteriormente y presentará más variantes regionales.[a 11]​ En estos sitios funerarios se encontraron grabados que pueden aproximarse a los observados en sitios irlandeses como Newgrange.[a 12]

Además de estos túmulos, también están presentes los menhires, estando los más conocidos en la región de León, donde el más grande, de Kerloas, culmina a 9,50 m. El más grande jamás elevado, sin embargo, se encuentra en Brittany-South en Locmariaquer: el gran menhir partido de Er Grah que se eleva hasta los 18,5 m. También se pueden encontrar allí grabados y sus funciones son múltiples: indicadores de sepulturas, puntos de referencia astronómicos o topográficos, o incluso testimonio de un culto de las aguas. Los últimos menhires se erigieron alrededor de 18001500 a. C. Pueden estar asociados en filas simples o múltiples, o bien en semicirculos o en círculos.[a 13]

Protohistoria[editar]

Una edad de bronce favorable a una región productora de estaño[editar]

Hachas de empalme de la edad de bronce final encontradas en la región de Langonnet.

A mediados del III milenio a. C., los pueblos de la península armórica entraron en contacto, a través de las rutas marítimas y fluviales, con las pueblos de Europa central que comienzan a dominar la extracción y el trabajo de los metales. Objetos hechos en cobre o de un bronce mediocre procedentes de esta zona, regalos e intercambios de prestigio entre jefes, comenzaron a estar presentes en las tumbas de los dignatarios de la época;[b 6]​ del mismo modo, hachas planas de cobre encontradas en las mismas condiciones y procedentes de la península ibérica y que datan del final del III milenio a. C. testimonian intercambios con esta zona geográfica. El subsuelo de la región que es rico en estaño, elemento utilizado en la fabricación del bronce, su extracción se desarrolló en Bretaña, dando lugar a la constitución hacia 2400-2200 a. C. potentes chefferies capaces de asegurar al menos su extracción, si no su su exportación.[b 7]​ Estos intercambios comerciales desempeñaron un papel impulsor en la propagación de nuevas técnicas y expresiones artísticas; por lo tanto, las espadas y puñales descubiertos en Hesse renano o en los túmulos de Wessex muestran fuertes similitudes con sus homólogos bretones.[b 8]​ Estas tumbas-túmulos con una estructura de madera, como el túmulo de tumulus de Kernonen, individuales y a veces de 10 m de altura, ya antiguos en Alemania y Dinamarca, comenzaron a aparecer en la costa norte de Finistère en esa época, antes de propagarse en el sur de Finistère y luego en el centro-Bretaña.[b 9]​ La presencia de tumbas más pobres tiende a mostrar una sociedad altamente jerárquizada y especializada.[b 10]

En la época del bronce medio, entre 1400 y 1000 a.C., el uso de este metal se amplió.[b 11]​ Ya no estaba reservado a las armas y los guerreros, sino que comenzó a aparecer en herramientas (hachas, tijeras) y adornos.[b 12]​ Hacia el final del período, los talleres bretones producían un hacha muy recta, con un tope mediano, y decorada con una nervadura a lo largo de la hoja, fabricada en serie y almacenada en cantidad, utilizada como un elemento pre-monetario en el marco de los intercambios comerciales. El poder político probablemente pasó en ese momento de los guerreros a los mercaderes.[b 13]

Entre 1000-700 a. C., el período del bronce final vio el auge en Europa de la cultura de los campos de urnas, que sustituyó los túmulos funerarios por cremaciones en urnas,[b 14]​ de la que está excluida la región. Esto se debe a una reconfiguración de los ejes comerciales resultantes de la caída de los imperios hititas y micénicos y a la emergencia de ciudades griegas y etruscas, así como a la cultura de Hallstatt: del canal de la Mancha y del océano Atlántico, las corrientes económicas se reorientaron hacia la Europa oriental y meridional. Los avances técnicos, sin embargo, son notables en esa zona en el momento, tales como las espadas llamadas «à langue de carpe» ('de lengua de carpa'), cuyo tamaño y estilo sugieren el uso por caballeros, hipótesis apoyada por la presencia de las bocados en bronce y de piezas de enjaezamiento en los yacimientos de la época.[b 15]

Un espacio marginalizado en la edad del hierro[editar]

Los siglos IX y siglo VII a. C. vieron la aparición en el norte de los Alpes del trabajos del hierro, cuyas cualidades son superiores a las del bronce, lo que provocó un descenso en su demanda, y, por lo tanto, en la demanda del estaño.[b 16]​ Los intercambios comerciales se reestructuraron en torno a un corredor Ródano-Sena, marginando a la región que ahora se encontraba en la periferia. Los objetos hechos por los fabricantes de bronce armoricanos se vuelven cada vez más arcaicos en comparación con los objetos de hierro producidos en Europa Central, y estos aparecen solo muy tarde y en pequeñas cantidades en la región. El contenido de las tumbas del período muestra un empobrecimiento de las élites, cuyas tumbas no difieren en mucho del resto de las del pueblo.[b 17]

El primer registro escrito que trata de Bretaña, probablemente, lleva alrededor de 500 a. C.[b 18]​ en una descripción de cartaginés Himilcon que, viajando más allá de las Columnas de Hércules, evocó un «Œstrymnis» o «îles Œstrymnides» con ricas minas de plomo y estaño,[b 19]​ cuyo nombre está próximo a los osismos de los que hablara también Julio César siglos tarde.[b 20]

Hacia el final de la edad de hierro, La Tène entre 450 y 57 a. C., la Armórica estaba constituida por un conjunto de pueblos de vocación marítima[b 21]​ marcados por una relativa aculturación celta.[b 22]​ La deforestación y el desbroce a gran escala en esa época fueron destacados por los análisis polínicos,[b 23]​ siendo la madera utilizada ampliamente para la construcción, y las zonas vueltas cultivables sembradas de centeno, trigo, y, probablemente, de alforfón o trigo sarraceno. Las estimaciones hechas a partir de fuentes históricas indican una población de entre 150 000-300 000 habitantes.[b 24]​ Las producciones artesanales como la carpintería y la cerámica son poco conocidas por falta de fuentes, pero el desarrollo de una actividad de enladrillado es notable y apreciada por los romanos.[b 25]​ Las gentes de la región profesaban entonces un culto a las aguas, especialmente a los manantiales, y probablemente a otros lugares como roquedos o islas, así como a pequeñas estatuillas de diosas madres, que atestiguan un culto a la fertilidad.[b 26]​ Algunas deidades también eran veneradas, como Mars Mullo, en Rennes o en Nantes, o Sirona, en Corseul.[b 27]

Distribución de los diferentes pueblos durante la época prerromana.      Osismos      Vénetos      Coriosolites      Redones      Námnetes

En 124 a. C., la victoria de Roma sobre los salyens permitió a los comerciantes romanos obtener un mayor acceso a la Galia,[b 28]​ especialmente para vender vinos italianos. en la misma época, Bituitos, rey de los arvernos, pueblo que luego dominará la Galia, también fue vencido por los ejércitos romanos en 121 a. C., lo que confirió a los armoricanos una mayor libertad. Los vénetos fueron los primeros en acuñar moneda,[b 29]​ seguidos de los riedones, los námnetes y los osismos a finales del siglo II a. C. y después por los coriosolites en 90-80 a. C. Estas monedas se han encontrado en sitios de Wessex, lo que demostraría actividades comerciales en ambos lados del canal de la Mancha.[b 30]​ Del mismo modo, la presencia de numerosas ánforas muestra que la región estaba bien conectada con las rutas comerciales romanas antes de su conquista. Además, la presencia de un senado entre los vénetos muestra la presencia de un embrión de organización política.[b 31]​ Una romanización indirecta, a través del comercio, ya estaba en funcionamiento cuando las legiones de Julio César atacaron la región durante el verano 57 a. C..[b 32]

La Armórica romana[editar]

Conquista e integración[editar]

En el marco de las guerra de las Galias, Julio César comenzó con sus generales a conquistar desde 57 a. C. una zona que va de la Galia transalpina a la Galia belga. Publius Crassus fue enviado a la cabeza de una Legio VII Claudia de 6000 hombres, y atravesó las actuales Normandía y Bretaña sin encontrar resistencia. Después de tomar rehenes en las tribus conquistadas y sin dejar tropas, se fue para pasar el invierno a la región de Angers, entre los andes.[b 33]​ Después de una escasez de trigo donde se encontraba la VII Legión, las autoridades romanas enviaron tropas requiriendo grano. Los enviados de Craso fueron tomados como prisioneros entre los vénetos, quienes a cambio exigieron la liberación de sus rehenes. A esto se agregó el temor por parte de los pueblos de la región de que los romanos monopolizasen el comercio entre la Galia y la isla de Gran Bretaña, de donde obtenían su riqueza los mercaderes de la región. Todo esto llevó a una alianza de estos pueblos de la fachada marítima contra los romanos.[b 34]

La coalición agrupó una flota de 220 navíos[b 35]​ mientras que durante el año 56 a. C., los romanos construían una flota de barcos. El combate tuvo lugar en septiembre del mismo año en la bahía de Quiberon o en el golfo de Morbihan,[b 36]​ pero la falta de viento, necesario para maniobrar sus naves mucho más pesadas, los vénetos fueron derrotados.[b 37]​ En otros dos frentes, terrestres ambos, los coriosolites fueron derrotados en la zona de Avranches, y los vénetos, los osismos, y parte de los námnetes y de los redones fueron derrotados en la región de Amanlis.[b 38]

Varias revueltas continuaron estallando en los años siguientes. En 54 a. C., después de una rebelión de los eburones, una coalición armoricana comenzó a marchar hacia la Legio XIII Gemina, pero finalmente retrocedió a raíz del aplastamiento de los nervios por César. En 52 a. C., las tropas de la región participaron en la alianza para rescatar a Vercingétorix haciendo levantar el asedio de Alesia. El año siguiente, participaron esta vez en una alianza a favor de Dumnacos, líder de los andes.[b 39]​ El poder romano entonces tuvo una política más conciliatoria para evitar nuevas revueltas, confiando en particular en las élites tradicionales. La actual Bretaña está integrada en la Galia Lugdunense,[b 40]​ y la región fue dividida en cinco ciudades, alrededor de los námnetes, redones, vénetos, coriosolites y osismos.[b 41]

En el Imperio romano[editar]

Edad de Oro de la Armorica romana durante la Pax Romana de los siglos I y II[editar]

Bajo los reinados de los emperadores Claudio y Nerón, del 41 y 58, la integración cultural y económica de la región con el Imperio Romano se aceleró. Esto llevó a un período de auge político y comercial durante el siglo II bajo la era de la Pax Romana,[b 42]​ y correspondió con una edad de oro de Armórica bajo la ocupación romana.[b 43]​ Culturalmente, una forma de sincretismo se operó entre las divinidades romanas o asiáticas y los cultos locales, lo que vio el establecimiento de una religión galo-romana.[a 14]

Restos de un templo dedicado al dios Marte cerca de Corseul.

Las ciudades jugaron un papel importante en la sociedad de la época. Los principales centros urbanos (Rennes, Corseul, Carhaix, Vannes, Nantes, Quimper...) adoptaron una planta en cuadrícula ortogonal de calles o grandes monumentos,[a 15]​ como templos, tribunales o baños públicos,[b 44]​ o se crearon para algunas ex-nihilo.[b 45]

Fueron administradas por asambleas que agrupaban a las élites locales que no solo estaban a cargo de los asuntos financieros y administrativos[a 16]​sino también de la justicia y del mando de las fuerzas armadas. Esta organización permitió a algunos acceder a altos cargos en el seno del Imperio, y en este periodo al menos dos armoricanos accedieron a una posición importante en la Asamblea de las tres Galias.[a 17]

Vías romanas en Bretaña

Se establecieron varios ejes de comunicación. Las ciudades fueron conectadas entre sí por vías romanas que cruzaron la región; tres grandes ejes de este a oeste estructuraron la red, que seguía a lo largo de las costas norte y sur, así como el centro pasaba a lo largo de un eje Le Mans-Rennes-Carhaix. Estas dos últimas ciudades se destacaron como los polos principales de la época, y una docena de vías convergían en cada una de estas dos ciudades.[a 18]​ A lo largo de la costa, estas rutas terrestres pasaban por el primer vado que encontraban en los ríos, por lo que ciudades como Lannion, Morlaix, Quimper o Vannes se desarrollaron gracias a su ubicación frente a sus ríos respectivamente. Estos ejes se siguieron utilizando hasta su reorganización por parte del duque de Aiguillon hasta el siglo XVIII.[a 19]​ Varios enlaces marítimos también conectaron la región con el mar Mediterráneo y con la isla de Gran Bretaña, siendo los principales puertos del momento Nantes, Vannes o Alet, mientras que havres más modestos como Le Yaudet, Landerneau, o Brest también se señalaron. Un tráfico fluvial bastante intenso también fue notable en el Vilaine y en el Rance.[a 20]

Las campañas siguieron concentrando la mayor parte de la población, y más de 5000 establecimientos rurales se registran en la región, pero con una distribución desigual: densa alrededor del Rance, de la bahía de Saint-Brieuc y en el Trégor y el Léon, pero casi ausente de los montes de Arrée. Estas eran en parte explotaciones medianas donde los campesinos libres trabajaban ellos mismos su propia tierra y vivían en viviendas relativamente modestas, y en parte grandes villas que pertenecían a la clase de la curia y donde trabajaban esclavos dirigidos por un administrador y cuyos edificios a veces cubrían varias hectáreas.[a 21]​ El cultivo de cereales tales como trigo, centeno, cebada, mijo y la avena eran la producción de base, a la que se añadían un cultivo de frutas y legumbres adicionales, así como las del lino y del cáñamo. Las osamentas de vacas, bueyes, cerdos, ovejas y aves de corral permiten establecer que era habitual la práctica de criar estos animales. Los restos de ánforas de vino y de aceite destacan la integración de estas explotaciones en los circuitos comerciales.[a 22]

En la costa, las pesquerías de estuarios y los viveros de peces completaban una pesca de anzuelo más clásica. Esta actividad permitió el auge de «fábricas» de salazón, la mayoría de las cuales estaban ubicadas entre la bahía de Saint-Brieuc y la desembocadura del Blavet, de ellas el 60% de los treinta sitios referenciados se concentraban alrededor de la bahía de Douarnenez.[b 46]​ Además de esta industria, las minas continuaron siendo explotadas, pero la debilidad de sus producciones (hierro, plomo, estaño u oro) limitaban sus salidas a un área regional.[b 47]

La Armórica en un mundo romano en crisis (siglos III al siglo V)[editar]

Piedra miliar dedicada al usurpador Tetricus I, proveniente de Saint-Gondran.

El advenimiento del imperio galo en 260 colocó toda la provincia de Armórica bajo el dominio del usurpador Póstumo.[b 48]​ De este período datan varios hitos miliares que llevan su nombre o los de sus sucesores mostrando la lealtad de la región al régimen disidente. El período estuvo marcado por un aumento de las expediciones de piratas francos a lo largo de las zonas costeras y fluviales, lo que entrañó enterramientos significativo de monedas. El final en 274 de la secesión de la provincia no devolvió la seguridad.[b 49]​ Las últimas décadas del siglo III vieron el abandono de muchas villae costeras, lo que resultó en la disminución de los cultivos frente a los bosques y la construcción apresurada de murallas donde, como en à Rennes o à Vannes, los materiales de construcción provenían de edificios públicos. [b 50]​ Las redes comerciales a grandes distancias se cortaron, lo que tuvo el efecto de detener las industrias de salazón hacia 280 en Douarnenez como en Crozon; localmente, el acuñado de monedas alternativas, copiando las monedas oficiales, permitió la continuidad de los intercambios comerciales en una escala más limitada.[b 51]

En 284, la llegada al poder del emperador Diocleciano y la instauración de la Tetrarquía devolvió poco a poco la seguridad. Se construyó una red de fuertes a lo largo de ambos lados del Canal, como en Brest, para la protección contra los raids de los pictos, escoceses, frisones o sajones (de ahí el nombre de costa sajona dado a este dispositivo); al mismo tiempo, la red de carreteras se reorganizaba para retirarse de la costa, pasando al norte por Saint-Brieuc, Morlaix, Landerneau y Brest, y pasando al sur por Nantes, Vannes, Quimperlé, Quimper y Châteaulin.[b 52]​ Los letes francos, poco numerosos, también fueron estacionados en tierras y fortalezas abandonadas para defender Armórica y luchar contra cualquier desembarco hostil. El éxito de estas medidas defensivas duró hasta 360, lo que permitió un renacimiento frágil de las ciudades, así como la reanudación de los intercambios comerciales.[b 53]

La situación del Imperio Romano de Occidente se agravó nuevamente desde la mitad del siglo IV. Los germanos cruzaron el Rin en 352, seguidos por los alamanes en 365, y solo fueron derrotados en 366. En el otro lado del Canal, Teodosio el Viejo pacificó la Bretaña insular a partir del año 368. Fue probablemente en esta época cuando los primeros bretones insulares fueron convocados por el poder romano para asegurar la defensa de la costa de los osismes contra los raids de escoceses llegados de Irlanda.[b 54]​ En 410, la Bretaña insular fue definitivamente abandonada por Roma,[b 55]​ lo que condujo a la constitución de reinos bretones independientes en los actuales País de Gales y Cornualles. La Armórica y parte del resto de la Galia comenzaron al mismo tiempo a salir del poder romano y, teniendo que asegurar sus defensas, probablemente recurrieron a la llamada de las tribus bretonas de la Bretaña insular, continuando así el movimiento migratorio ya iniciado. El oeste de la Galia fue brevemente reconquistado por Roma entre 417 y 424, pero después de esa fecha la región volvió a ser autónoma.[b 56]​ Tropas llegadas de Armorique, sin embargo lucharon bajo el mando romano durante la batalla de los campos catalanes en el año 451 contra Atila.[b 57]

De los reinos bretones al reino de Bretaña[editar]

La región cambió de denominación hacia la mitad del siglo VI, debido a las migraciones de los brito-romanos. Autores como Marius d'Avenches, Procope de Césarée o Venance Fortunat designan esta franja oeste de Armorica bajo el nombre de Brittania.[b 58]

Tensiones crecientes frente al poder franco[editar]

Reconstitución de un poder bretón en el continente[editar]

Lo esencial de las migraciones bretonas en el siglo VI

Los emigrantes provenientes del otro lado del Canal desarrollaron un conjunto de instituciones que se distinguieron de las del resto de la Galia.[b 59]​ Los clanes bretones reconstituyeron en Armórica las solidaridades clánicas preexistentes en la isla de Bretaña, con la clave de la creación de tres reinos: Domnonée, Cornualles y Broërec, cuyas historias son mal conocidas por la ausencia de fuentes.[a 23]​ La evangelización de los campos realmente comenzó en el siglo V. Se estableció una red de parroquias; su rastro aún está presente en los topónimos contemporáneos en Plou-, Lan-, o Loc-. Muchos monjes formados en el País de Gales[a 24]​ llegados sobre todo desde el monasterio de Llantwit, recorrieron el país y difundieron un cristianismo celta. Fue entre estos eclesiásticos inmigrados que se forjó siglos después, la leyenda de los Siete Santos Fundadores de la Bretaña.[b 60]​ En la misma época se estaba estableciendo la frontera lingüística bretona. En el oeste, donde las poblaciones bretonas eran las más numerosas, se desarrolló una mezcla de britónico y de galo que condujo a la formación del vieux breton; en el este, el latín vulgar permaneció como lengua vernácula.[b 61]​ Las migraciones a través del Canal aumentaron después de la derrota de los bretones insulares en la batalla de Dyrham en 577, que tuvo el efecto de separar las posesiones bretonas de Gales, Cornualles y Devon.[a 25]​ Con estos, reflejo de estas derrotas, la leyenda artúrica se difundió por el Continente.[a 26]

Los bretones se encontraron por primera vez con los francos en la segunda mitad del siglo V, mientras estaban en una dinámica de expansión de sus territorios hacia el sur. Las tropas de Childerico I parecen haber sufrido una derrota militar frente a las tropas aliadas de armoricanos y de bretones, gracias a la experiencia táctica de estos últimos, heredada de Roma. Su hijo Clovis I también parece haber sufrido reveses en la región y prefirió negociar con estas poblaciones. La conversión reciente del rey franco al cristianismo facilitó las relaciones con una población cuya cristianización era más antigua. Un tratado de paz fue firmado alrededor de 510; a cambio del abandono formal del título de rey por parte de los gobernantes bretones, éstos disfrutaron de una independencia de facto, no debiendo rendir ningún tributo a los francos, en un espacio que ibaa en su límite oriental desde la desembocadura del Couesnon hasta la la del Vilaine. Estos acuerdos permitieron una aceleración de las migraciones bretonas en Domnonée.[b 62]​ Las relaciones entre los dos pueblos fueron pacíficas en la primera mitad del siglo VI, y bretones frecuentaron al rey merovingio, como Sansón de Dol, que iba a la corte de Childeberto I.

Poderes bretones contra poderes merovingios[editar]

Las relaciones entre bretones y francos comenzaron a extenderse desde la muerte de Childeberto I en 558. En el otro lado del Canal, los bretones insulares sufrieron una serie de derrotas contra los reinos anglosajones. Privados de estos apoyos insulares , los bretones continentales ya no eran vistos como peligrosos por el poder franco.[a 27]Conomor, rey del oeste de Bretaña, se alió con el príncipe Chramn en contra de su padre Clotario I. Las tropas de este último invadieron la región y mataron a Conomor.[b 63]​ Más tarde, fue el rey de Vannes Waroch quien retomó la ofensiva sobre la frontera oriental de Bretaña. Las regiones de de Rennes y de Nantes fueron atacadas regularmente por incursiones de este rey.[a 28]​ A pesar de varios tratados de paz, Waroch continuó con estas operaciones en la región y se enfrentó a las tropas merovingias.[b 64]​ En la década de 580, el rey franco Gontran debió designar a Beppolène Dux para asegurar la defensa de las ciudades de Rennes, Nantes y Angers, prefigurando así la creación de la marca de Bretaña, establecida después por la siguiente dinastía franca. Carentes de fuentes, las consecuencias del conflicto son mal conocidas.[b 65]

Un tratado de paz fue suscrito en 635 entre Judicaël y Dagoberto I, fijando la frontera en una línea que pasaba por Dol, Montauban, Guipry, Redon y Saint-Nazaire.[a 29]​ La sumisión o no de Judicaël al poder franco varía en función de las fuentes de la época,[b 66]​ pero fuentes que datan de 691, indican que aprovechando el declive del poder merovingio, los bretones se liberaron de este poder.[b 67]

Tentativas de integración en el poder de los carolingios[editar]

Después de su ascenso al poder en 751, los carolingios intentaron imponer su autoridad a las regiones periféricas.[b 68]​ En tres cuartos de siglo, Bretaña conoció así siete invasiones de mayor o menor medida: en 753, 786, 799, 818, 822, 825, y 830, esta última permaneció en el estado de proyecto.[b 69]​ A falta de poder presentar un frente común contra estas incursiones,[b 70]​ las tropas bretonas debieron optar por la actitud defensiva[b 71]​ hecha de revueltas esporádicas y sumisiones más o menos fingidas.[b 72]

Extracto del cartulario de Redon, montrando une progresión del sistema judicial franco en el Vannetais.

El poder franco estableció un comando militar a lo largo de la frontera oriental en una zona llamada las Marches de Bretagne. Esta zona incluía los condados de de Vannes, de Rennes y de Nantes. Roland fue uno de los primeros titulares de este condado.[b 73]​ En el proceso de imponer su poder en Sajonia, Carlomagno nombró como comandantes de la Marca a miembros de la familia de los Widonides. Su objetivo era romper las resistencias bretonas en la región, con el remate de una intrusión en 799.[b 74]​ A pesar del éxito de esta última, el control franco de la zona era frágil, lo que llevó a una nueva intrusión en 811. El hijo y sucesor de Carlomagno, Luis el Piadoso, rompió con los hábitos de su predecesor, y comandó directamente dos ofensiva contra los bretones, en 818 y 822.[b 75]​ Las tácticas de guerra de las dos partes se conocen a través de los escritos deErmold el Negro: los francos aplicaron la política de tierra quemada, allá donde las tropas bretonas dependían de las acciones de guerrilla.[b 76]​ Atacando a menudo por la noche, las tropas bretonas tiñeron sus ropas y sus escudos de negro, y los jinetes hacían un uso intensivo de las armas arrojadizas.[b 77]

La imposición del poder carolingio también implicó una estrategia de aculturación.[b 78]​ Extractos del cartulario de Redon muestran ya en 799 un avance del sistema judicial franco, al menos en el Vannetais.[b 79]​ En 818, Luis el Piadoso llegó a un acuerdo con la abadía de Landévennec para que los monjes renunciasen a sus prácticas escocesas en favor de la regla de San Benito, favoreciendo así su integración en la Iglesia imperial.[b 80]

Tentativa de instauración de un reino de Bretaña[editar]

Guillermo el Conquistador Hugo Capeto Tratado de Verdún Guerra de los 100 años Los Estados de Bretaña en Vannes Boda de Ana de Bretaña con Carlos VIII Derrota de Saint-Aubin du Cormier Guerra franco-bretona Combate de los Treinta Guerra de Succession Arthur Duque de Bretaña Batalla de Trans Alan Barbetorte Ducado de Bretaña Invasión vikinga Alan el Grande Salomon Nominoë Reino de Bretaña

La constitución del reino de Bretaña[editar]

Su autoridad desafiada por sus hijos, Louis the Pious decidió en 831 aplicar en Bretaña una política ya utilizada por sus predecesores en otras partes del imperio, es decir, nombrar a un noble local como su representante. A Nominoë se le confió el cargo de Missus Imperatoris,[b 81]​ con amplios poderes en el ámbito administrativo, judicial, y también en el religioso. El poder carolingio precipitó así el proceso de unificación del poder en Bretaña.[b 82]​ Nominoë tuvo la oportunidad en los años siguientes de demostrar su lealtad al poder carolingio, primero en el año 833 cuando Luis el Pío perdió temporalmente el poder y los partidarios de Lotario I estaban activos en la región,[b 83]​ luego en 840 cuando el nuevo emperador Carlos II el Calvo le pidió que se sometiese a su poder.[b 84]​ Las relaciones comenzaron a envenenarse cuando Carlos II el Calvo nombró a Renaud d'Herbauges como conde de Nantes; Lamberto II de Nantes, otro pretendiente a este cargo, logró aliarse con Nominoë en contra de esta decisión.[b 85]​ En 843 las tropas de Renaud atacaron a las de Nominoë durante la batalla de Messac; este último se consideró liberado de su compromiso de lealtad.[b 86]​ En 845, Carlos el Calvo volvió a Bretaña a la cabeza de un pequeño ejército, pensando poder someter a Nominoë, pero fue derrotado en la batalla de Ballon.[b 87]​ Un tratado de paz fue firmado entre las dos partes en 846.[b 88]

Las tensiones se reavivaron en la primavera de 849. Punto de partida de lo que se llama a veces «cisma bretón», Nominoë acusó a los obispos que estaban a favor de los gobernantes francos de simonía y los sustituyó por clérigos que le eran favorables.[b 89]​ En 850, Nominoë tomó la iniciativa de un ataque militar contra Angers. Al año siguiente, Carlos el Calvo perdió las ciudades de Rennes y de Nantes, en favor de Nominoë, pero este murió repentinamente el mismo año.[b 90]​ Su hijo Erispoë lo sucedió y superó a las tropas de Carlos el Calvo en la batalla de Jengland en agosto de 851.[b 91]​ Esta campaña marcó un cambio de las tácticas militares de los bretones: tomaron la ofensiva y aceptaban las batallas frontales, incluyendo el uso de su caballería ligera para romper las líneas de los francos. El tratado de Angers, firmado en septiembre de 851, confirió a Erispoë el título de rey, así como la soberanía de los países de Rennes, Nantes y de Retz.[b 92]

Sociedad y cultura nominoense[editar]

Los campesinos independientes constituyeron la mayor parte de la sociedad rural, junto con los colonos (hombres libres, pero vinculados a la tierra)[b 93]​ y esclavos que coexisten.[b 94]​ Las mujeres disponían libremente de sus bienes, ya proviniesen de una herencia familiar o de una donación del marido.[b 95]​ Los machtierns manejaban las parroquias:[b 96]​ esta función hereditaria afectaba a los dominios judiciales[b 97]​ y fiscales, y también se ocupaba de la gestión de los terrenos deshabitados.[b 98]​ Sin embargo, los príncipes bretones quisieron reducir la autonomía de estos jefes mediante el establecimiento de una administración de tipo carolingio, y desde el reinado de Salomón de 857 a 874, estos tienden a desaparecer.[b 99]​ La mortalidad infantil era alta, lo que no impidió que algunos alcanzasen una edad bastante alta (vestigios de reumatismo en los esqueletos), y el tamaño promedio era de alrededor de 1,68 m para los hombres, y de 1,56 m para las mujeres.[b 100]

La agricultura presentaba algunos modos característicos. Tres cereales se cultivaban principalmente: trigo, centeno y avena. La cultura de este último probablemente estuviese relacionada con el auge de la caballería en el ejército bretón. Los rendimientos permanecieron bajos, del orden de 3-3,5 hectolitros de grano por hectárea. La cría de cerdos y bovina fue una actividad complementaria esencial, y se practicaba en las zonas de barbecho, de brezales y de bosques.[b 101]​ La viticultura se practicaba alrededor del golfo de Morbihan, en el estuario del Rance y en las cuencas de Rennes y Nantes.[b 102]​ El cultivo de sal también experimentó un nuevo auge en las costas alrededor de Vannes y en ambos lados de la desembocadura del Loira.[b 103]​ Muchas tierras fueron desbrozadas en ese momento,[b 104]​ y la landa fue una de los espacios dominantes con el desarrollo de la apicultura, actividad ya antigua. La pesca se practicaba mediante red o anzuelo,[b 105]​ pero también en las pesquerías a lo largo de los ríos.[b 106]

Recueil d'astronomie et d'algèbre escrito en 897 por monjes de la abadía de Landévennec. Biblioteca municipal de Angers.
Representaciones antropozoomórficas de los cuatro apóstoles. Evangelios de Landévennec, ca. 900. Biblioteca bodléienne, Oxford.

La cultura evolucionó según los juegos de poder. La lengua bretona se convirtió en el idioma de los dominantes, incluso si la extensión al este hacía que solo fuera hablado por una minoría de la población. El afrancamiento de los soberanos solo ocurrió en los siglos XI y XII. La producción cultural conoció una progresión notable bajo la influencia del renacimiento carolingio, pero también en relación con la isla de Bretaña e Irlanda.[a 30]​ El contexto social era favorable, los poderosos laicos podían mantener bardos profesionales. La gente se aficionó al teatro y a los grandes poemas heroicos.[a 31]​ Los grandes monasterios de la época (Landévennec, Léhon, Alet, Redon) produjeron hagiografías, pero también libros litúrgicos, con iluminaciones en un estilo propio a los usos célticos.[a 32]

El hecho religioso conoció algunas evoluciones. Las iglesias permanecieron en madera y torchis (barro) hasta la mitad del siglo X, dejando pocas evidencias arqueológicas.[b 107]​ Los lugares paganos (fuentes, manantiales, árboles ...) se cristianizaron gradualmente y se asociaron con un santo en particular.[b 108]​ Muchos monasterios todavía siguieron las prácticas escocesas hasta que la reforma benedictina no se impusó hasta el siglo IX.[b 109]​ Los sacerdotes a menudo eran los más instruidos. Al saber leer y escribir en latín, a menudo se les consultaba en las parroquias antes de tomar una decisión. A menudo estaban casados, y el cargo podía incluso transmitirse dentro de la misma familia.[b 110]​ Poco a poco, la Iglesia bretona se emancipó de la dominación franca. Así, los obispos favorables a los carolingios se sustituyeron en 848 por obispos bretones, y Salomón erigió Dol en arquidiócesis para independizar la Iglesia bretona de la archidiócesis de Tours, pero sin reconocimiento por parte del papado.[a 33]

Consolidación y decadencia del nuevo reino[editar]

Extensión máxima del reino de Bretaña

El reino de Bretaña conoció su máxima extensión durante el reinado del rey Salomón.[b 111]​ Llegado al poder en el año 857 por el asesinato de su predecesor y primo Erispoë, heredó un reino en el que los vikingos se habían implantados.[b 112]​ Estableciendo una alianza con algunos de ellos, así como con Luis, el hijo de Carlos el Calvo, mantuvo un clima de guerra civil en el oeste de Francia Occidental.[b 113]​ Esto obligó a Carlos el Calvo a conceder por el tratado de Entrammes de 863 una región comprendida entre el Sarthe y el Mayenne,[b 114]​ y luego por el tratado de Compiègne de 867 una región que abarcaba el Cotentin, probablemente el Avranchin y las islas de la Mancha[b 115]​ Con esta extensión hacia el este, la región conoció una integración en el mundo carolingio acrecentado, así como un aumento de la influencia franca de sus élites.[b 116]​ La amenaza escandinava estaba estaba en ese momento bajo control, ya fuese militarmente ya mediante una serie de acuerdos.[b 117]

La monarquía bretona experimentó una crisis después del asesinato de Salomón en 874. Sus asesinos, Gurwant y Pascweten, y después sus hijos, se divieron el reino. Llamaron a mercenarios vikingos que infestaron cada vez más la región.[b 118]​ Frente a sus incursiones impredecibles, la caballería bretona era inadecuada; las élites preferían lidiar con esta amenaza en lugar de luchar contra ella, lo que entrañó una huida de la población. El reinado de Alain el Grande de 890 a 907 permitió temporalmente la paz en el reino,[b 119]​ pero la soberanía sobre el Cotentin, el Mayenne y el Anjou ya no era más que teórica.[a 34]​ A su muerte, la amenaza causada por los hombres del norte alcanzó su punto álgido de 907 a 937, en este período se produjo un proceso de colonización (principalmente en el Valle del Loira), con expropiación e imposición de poblaciones.[b 120]​ Un proceso de emergencia de un poder político vikingo comparable en forma al que se puede observar en la misma época en Normandía estaba en funcionamiento; no tuvo éxito, debido a la ausencia de un líder capaz de federar a las diferentes bandas rivales.[b 121]

Incursiones vikingas desde el siglo IX y X en Bretaña.

El restablecimiento de un poder bretón solo apareció con la emergencia de Alain Barbetorte como líder, derrotando a los vikingos durante la batalla de Trans en 939.[b 122]​ Sin embargo, la península quedó profundamente marcada por este período. La emigración de jefes y de monjes (y con ellos el traslado de las reliquias[n 1]​) tuvo el efecto de alterar las estructuras de poder,[b 123]​ incluso aunque estas salidas fueron en su mayoría temporales. La emergencia al final de este período de Nantes y Rennes como capitales tuvo el efecto de marginar al oeste bretón del juego político de la península. Esta evolución se vio amplificada por la ruptura de las relaciones marítimas entre Bretaña y la isla de Bretaña causada por los vikingos, aislando este mundo britónico de sus bases traseras.[b 124]

Un ducado persiguiendo política de independencia[editar]

Un ducado bajo dominación extranjera[editar]

Evoluciones sociales después del año mil[editar]

Recomposición de diferentes poderes[editar]

El recalentamiento climático del año mil inició un período que favoreció los desbroces, lo que resultó en una extensión de las áreas cerealistas[b 125]​ hasta el siglo XIII. El aumento de la población, sensible desde el siglo VIII, experimentó un crecimiento acelerado a partir del año mil.[a 35]​ Estos cambios dieron lugar a la creación de nuevos burgos, el desmembramiento de las antiguas parroquias, y la aparición de un paisaje compuesto de bocage en los siglos XI y XII. Frente a la pobreza de los suelos y la ausencia de abonos suficientes, se desarrollaron las quemas agrícolas y la rotación de cultivos. Las tierras proporcionaban una serie de recursos, como la leña, la caza o las frutas silvestres.[a 36]​ De una población de colonos y de esclavos del período anterior emergieron en la segunda mitad del siglo XI los primeros siervos, vinculados ahora a una tierra y no a un señor. Los alleutiers (campesinos libres) continúaron siendo capaces de explotar sus tierras y en el siglo XI, los más ricos de entre ellos, lograban escalar hasta los rangos más bajos de una caballería emergente.[b 126]

Representación bordada de la ciudad de Dinan en el tapiz de Bayeux. La mota castral está estilizada, varios soldados la defienden con lanzas y escudos. Dos soldados enfrentados, al pie, intentan prenderle fuego. Las palabras latinas «CONTRA» y «DINANTES» están dispuestas a ambos lados de la mota.

Se estableció un sistema feudal, del cual solo algunos rasgos relacionados con la tierra (quevaise) son específicos de Bretaña.[b 127]​ Este poder señorial se encarnó localmente con la aparición de las motas castrales, especialmente en el norte de la región[b 128]​ alrededor del año 1000; los fortalezas de piedra aparecieron hacia el final del siglo XI y durante el XII, sostenidos por una aristocracia más restringida.[a 37]​ Esta última se estableció a nivel regional,[b 129]​ sobre todo basada en la propiedad en los estratos más bajos y en los derechos en los estratos más altos.[b 130]​ Este proceso en funcionamiento en los siglos X y XI conducirá en el XII al establecimiento de siete condados principales[b 131]​ y a un debilitamiento del poder ducal.[b 132]

La Iglesia bretona evolucionó debido a la reforma gregoriana desde alrededor de 1050.[a 38]​ Una parte del clero, desde los obispos hasta el clero inferior, se componía entonces de hombres casados y sus cargos eclesiásticos se habían convertido en bienes privados, hereditarios y se habían constituido dinastías religiosas; el último obispo hereditario de Quimper desapareció en 1113 y los últimos sacerdotes casados desaparecieron durante los siglos XII y XIII. Los bienes de la Iglesia también se habían convertido en propiedades de los laicos, y la restitución se llevó a cabo principalmente en los siglos XI y XII, principalmente en beneficio de las órdenes regulares.[a 39]​ El monasticismo renació después de la partida de los vikingos, principalmente gracias a los monjes llegados del valle del Loira. Diecisiete abadías fueron fundadas o restauradas durante el siglo XI. La creación de nuevas órdenes condujo a la apertura de nuevas abadías y veintisiete se crearon así en siglo XII.[a 40]

Diferentes dinámicas socioculturales[editar]

Una estructura urbana de aproximadamente sesenta villas cubría el ducado. A los centros que ya estaban presentes en el comienzo de esta época se van a añadir villas formadas en torno a un centro religioso (Redon, Quimperlé, Saint-Malo), o alrededor de un castillo (unas cuarenta entre los siglos X y XII). En ellas, emergió una burguesía, que se las arregló para obtener desde el siglo XIII una serie de privilegios, sin ser capaz de obtener «corps de ville» elegidos, y las ciudades siguieron estando a cargo de los señores (al final de siglo XIII, el duque controlaba veintiún ciudades, los grandes barones veintiocho, los obispos cinco y el resto siendo gestionadas por co-señores seculares y religiosos).)[a 41]​ El desarrollo comercial fue notable. Una importante flota marítima atestiguada ya en 1224 exportaba vino, sal y telas. Estas actividades atrajeron a prestamistas extranjeros, judíos (especialmente en Nantes y Guérande) hasta su expulsión en 1239, y después italianos.[a 42]

Marie de France tradujo doce lais bretones en los años 1170, dándoles visibilidad. Biblioteca del Arsenal, ca. 1285-1292

Culturalmente, las élites se afrancesaban gradualmente y el medio bretón se instaló detrás de una línea que unía Dinan con la Brière. Diferentes literaturas emergen. Étienne de Fougères, en el registro brito-romance, escribió el Livre des Manières y La Chanson d'Aquin;[a 43]Marbode o incluso Guillaume de Rennes se expresan en el registro brito-latino.[a 44]​ La materia de Bretaña se puso de moda en las cortes de Europa[a 45]​ y el lai breton alcanzó su apogeo entre finales del siglo XI y principios del XII, cuando la emigración bretona experimentó un pico en el reino de Francia.[a 46]​ En arquitectura, el arte románico se estableció hacia el comienzo del siglo XI.[a 47]

Dominaciones sucesivas de las casas de Nantes, de Rennes, después de Cornualles[editar]

Al final del período anterior se abrió una etapa dominada por la casa de Nantes que se extendió desde 937 hasta 988.[a 48]Alain Barbetorte, jefe de la casa de Nantes y de la casa de Cornualles, tomó el poder en la región, pero solo reclamó el título de duque de Bretaña. Sin embargo, debió lidiar con la casa de Rennes que controlaban el norte de la península. En esta lucha entre la casa de Nantes y la de Rennes finalmente se impuso esta última. A la muerte de Barbetorte en 952, un período de inestabilidad siguió y, en desde 979, Conan I de Bretaña (de la casa de Rennes) pudo presentarse como duque de Bretaña, antes de poner las manos en el condado de Nantes, 988 (pero sin adquirir el de Cornualles).[a 49]

Durante el período de dominación de la casa de Rennes, que se extendió desde 988 hasta 1066,[a 50]​ la región estuvo marcada por un período de luchas incesantes entre el poder ducal, por un lado, y los poderes señoriales, por el otro. El dominio ducal, que se extendía por los países de pays de Rennes, de Vannes y de Nantes, era el más importante de la región. Los condados de Tréguier, de Léon, de Cornouaille, Porhoët (este último controlado por los les Rohans) estaban fuera del dominio ducal.[a 51]​ El condado de Penthièvre pasó en 1035 a estar bajo el control de una rama menor de la casa ducal y se convirtió a partir de esa fecha en un nuevo centro de disidencia en el seno del Ducado.[b 133]

La casa de Cornualles se impuso a la cabeza del ducado desde 1066 hasta 1166.[a 52]Alain IV, que reinó desde 1084 hasta 1112, fue el último duque de Bretaña, y su hijo, Conan III, se distinguió con una lucha contra los grandes señores de la península.[a 53]​ Durante todo este último período, así como en los precedentes, los duques bretones mantuvieron muy pocas relaciones con el reino de Francia, pero por contra dependieron de los normandos y luego de los Plantagenets. Los caballeros bretones participaron así en la conquista de Inglaterra emprendida en 1066 por Guillermo el Conquistador, representando hasta un tercio de su ejército,[a 54]​ y recibiendo a cambio feudos que representaban aproximadamente una vigésima parte del país (como Alain le Roux, que recuperó el condado de Richmond)).[b 134]​ Algunos caballeros bretones también participaron en la primera cruzada desde 1096, comenzando con el propio duque Alain IV.[b 135]

Bajo el control de los Plantagenêt[editar]

Enrique II y sus hijos: Guillaume, Henri le Jeune, Ricardo Corazón de León, Matilde, Godofredo, Leonor, Juana y Juan sin Tierra. Rouleau généalogique des rois d'Angleterre, British Library, ca. 1300-1308.

Los Plantagenêts pusieron pie en Bretaña gracias a una crisis de sucesión que surgió tras la muerte de Conan III en 1148, renegando en su lecho de muerte de su hijo Hoël. Este último, sin embargo, tuvo tiempo para apoderarse del condado de Nantes, pero lo perdió en beneficio de Godofredo Plantagenêt, conde del Maine y de Anjou, en 1156.[b 136]​ A la muerte de Geoffroy Plantagenêt en 1158, su hermano Enrique II Plantagenet recuperó el condado de Nantes y pretendió apoderarse de todo el territorio bretón. Conan IV de Bretaña, que había heredado el ducado de Conan III, fue obligado por Enrique II a casarse con su hija Constance para el hijo del soberano Plantagenet Geoffroy.[a 55]​ Pretextando la joven edad de los prometidos, Enrique II de Inglaterra ejerció desde 1166 la realidad del poder (Bretaña era por primera vez dirigida de manera efectiva por un soberano extranjero), y obligó en 1169 a Luis VII de Francia a reconocer su preeminencia en Bretaña.[b 137]​ Debió enfrentarse varias veces a la revuelta de los señores locales, pero logró dominar golpeándolos militarmente, o prometiendo a caballeros normandos con ricos herederos bretones.[a 56]​ El sistema establecido por Enrique II solo sobrevivió con dificultad a su muerte en 1189.[a 57]

Arturo I de Bretaña quien debía heredar el ducado de Bretaña, pero también de la corona de Inglaterra después de la muerte de Ricardo Corazón de León en 1199, fue asesinado en 1203 por el hermano de Ricardo, Juan sin Tierra, que buscaba recuperar la corona inglesa. Fue entonces Alix de Thouars, la hija que Constance de Bretaña tuvo con Guy de Thouars después de un nuevo matrimonio, quien heredó. Demasiado joven para ejercer el poder, fue su padre quien aseguró la regencia hasta su matrimonio con Pierre de Dreux, estableciendo una nueva dinastía en Bretaña.[a 58]

Los Plantagenet fueron el origen de varios avances en Bretaña, siendo los creadores de un verdadero poder ducal, descansando en una cancillería con su propio personal, así como un poder administrativo que se administrab localmente por ocho senescales revocables.[b 138]​ Comienza a codificarse un derecho escrita, siendo el más antiguo la Assise du comte Geoffroy que introdujo en 1185 el derecho de nacimiento en el ducado, poniendo fin así a la fragmentación de los feudos. Económicamente, este período de paz favoreció el desarrollo de la flota marítima bretona.[a 59]

Bajo el control de los capetos[editar]

Cuando Guy de Thouars accedió al rango de baillistre de Bretaña en 1203, trató en un principio de afirmar la independencia del ducado, pero desde 1206 el rey de Francia, Philippe Auguste regresó a la región con un ejército para afirmar su autoridad. Forzó a la heredera ducal Alix de Thouars a casarse con un príncipe capeto, Pierre de Dreux.[b 139]​ Este último permaneció fiel al rey francés, participando en varias operaciones militares en los años siguientes como la cruzada albigense. Las relaciones comenzaron a deteriorarse durante la regencia de Blanca de Castilla, y Pierre de Dreux tomó parte en cuatro revueltas contra ella entre 1227 y 1234.[a 60]​ El ascenso de Juan I de Bretaña a la cabeza del ducado en su mayoría en 1221 abrió para Bretañaun período de paz, por una susisión sin faltas al reino de Francia, que se extendió hasta su muerte en 1286;[b 140]​ esta política fue continuada por sus sucesores hasta el duque Juan III que murió en 1341.[b 141]

El dominio ducal conoció un período de crecimiento, en detrimento de las posesiones de otros poderosos del ducado. En 1222, el condado de Penthièvre se unió al dominio,[b 142]​ y más tarde otros señores endeudados con el duque debieron ceder Dinan, Morlaix, o incluso Brest. Una administración eficaz, a menudo copiada del modelo real,[a 61]​ continuó siendo implantada durante todo el siglo XIII, de modo que a su muerte en 1305 el duque Juan II legó 166 000 libras tournois, una suma considerable para el momento.[a 62]​ El ducado fue promovido al rango de duché-pairie en 1297, lo que reforzó el control del rey de Francia imponiendo al duque una serie de obligaciones.[b 143]

La influencia francesa continuó penetrando en el seno del ducado por otros medios. Como la región no tenía una universidad, los escolares bretones estaban obligados a ir a las de París, de Angers, ou de Orleans. Volvían luego impregnados con una nueva cultura que se difundía en el ducado. La primera colección jurídica bretona, La Très Ancienne Coutume de Bretagne, se escribió así desde 1312 hasta 1325 según un modelo más parisino que local.[a 63]

Guerra de Sucesión de Bretaña[editar]

El ducado de Bretaña se vio envuelto en la Guerra de los Cien Años, cuando el duque Juan III murió sin heredero en 1341.[b 144]​ Dos fueron los pretendientes a sucederlo: el medio hermano del difunto, Jean de Montfort, y su sobrina, Jeanne de Penthièvre. El bando de los Montfort obtuvo el apoyo del rey Eduardo III de Inglaterra, mientras que el de Penthièvre obtuvo el del rey Felipe VI de Francia,[a 64]​ entrando los dos reyes en un conflicto abierto desde 1337.[b 145]​ El ducado representaba entonces una región estratégica en los primeros años de la Guerra de los Cien Años. El bando francés vio una oportunidad de recuperar recursos en hombres, barcos y suministros, donde el bando inglés veía la posibilidad de asegurar la ruta marítima hasta sus posesiones en Burdeos y Gascogne.[b 146]​ La guerra civil que se abrió reavivó una vieja oposición política, cultural y lingüística, la baja-Bretaña en general, apoyando el bando de Montfort, y la alta-Bretaña se puso de parte del Penthièvre (y con ellos, por los blesistas, via el marido de Jeanne de Penthièvre).[b 147]

La primera fase del conflicto duró de 1341 a 1343. Jean de Montfort fue hecho prisionero por las fuerzas francesas en diciembre de 1341 y fue su esposa Juana de Flandes, que, en junio de 1342, al final del asedio de Hennebont, logró asegurar un desembarco de tropas inglesas en la región.[a 65]​ La situación militar se estancó, sin que ninguna de las partes quisiera entrar en una batalla abierta que podría ser decisiva, y se firmó la tregua de Malestroit el 19 de enero de 1343 en la capilla de la Magdalena Malestroit por Eduardo III de Inglaterra y Felipe VI de Francia.[a 66]

La batalla de Auray puso fin en de septiembre de 1364 a la segunda fase de la Guerra de Sucesión de Bretaña. Chanson de Bertrand du Guesclin, ca. 1380-1392, British Library.

Una segunda fase, de menor intensidad, se extiende desde 1345 hasta 1364. Jean de Montfort rompió la tregua en 1345 para ir a Inglaterra a buscar refuerzos del rey Eduardo III de Inglaterra, pero murió en septiembre del mismo año durante en un asedio frente a Quimper. Al mismo tiempo, su esposa, Juana de Flandes, cayó en un estado de locura y su hijo Juan IV de Bretaña aún era demasiado joven para sucederlo.[a 67]​ Del bando de los blesistas, Carlos de Blois fue hecho prisionero en 1347 durante la batalla de La Roche-Derrien y fue encerrado durante nueve años en la torre de Londres.[a 68]​ Los aliados ingleses de Montfort debían en ese momento limitar sus gastos militares,[a 69]​ mientras que la mayoría de los enfrentamientos contra los franceses tuvieron lugar en otros frentes.[a 70]​ Las tropas inglesas cometieron una serie de abusos durante el período y extorsionaron las ciudades alrededor de sus fortalezas para que pudieran mantenerse sus tropas.[b 148]​ El conflicto terminó finalmente tras la batalla de Auray en septiembre de 1364, cuando se enfrentaron los dos pretendientes el joven Juan IV, hijo de Jean de Montfort, y Carlos de Blois; este último murió y el tratado de Guérande de 1365 fijó temporalmente la situación mediante la instauración de Juan IV como nuevo duque.[a 71]

La paz fue sin embargo complicada de construir y Juan IV debió elmismo exiliarse en Inglaterra desde 1373 a 1379.[a 72]​ Hubo que esperar a la firma de un segundo tratado de Guérande en 1381 para que el rey de Francia reconociera la neutralidad del ducado en la guerra entre ingleses y franceses. A cambio de este reconocimiento, el duque bretón prestó lealtad formal al rey francés, y las últimas tropas inglesas fueron evacuadas.[a 73]

Un ducado luchando por su independencia[editar]

Sociedad de los siglos XIV y XV[editar]

Mapa histórico de Bretaña en el siglo XIV

La población bretona comenzó a caer antes de que una epidemia de peste negra no tocase la región en 1348. Si las cifras de población no se conocen en esa fecha, se han estimado en 1 o 1.1 millones de habitantes a finales de la década de 1390, luego en 850 000 en 1430.[a 74]​ Después de un período de estabilidad que fue 1430 a 1460, se produjo una recuperación demográfica, a pesar de episodios de peste en 1462-1463, luego en 1473, y después de la guerra franco-bretona a finales de siglo.[a 75]

Bautismo de Cristo y escenas de récoltes. Heures de Marguerite d'Orléans, pintadas en Rennes vers 1430. Bibliothèque nationale de France.

En el campo, las fincas de más de 1000 hectáreas estaban detentadas por una aristocracia y representaban una minoría de los señoríos junto a los cuales los «sieuries» de tamaños más pequeños (menos de veinte hectáreas) podían representar el 90% del total de los señoríos.[a 76]​ Estos experimentaron desarrollos opuestos. Entre el final del siglo XV y mediados del XVI, los grandes señoríos debieron enfrentar la caída de sus ingresos y una reducción de la superficie de sus tierras como resultado de los afféagement —un derecho feudal que consistía en desmembrar un feudo al restar tierras de las cuales el arrendatario debía pagar el censo en especie o en dinero— y el refuerzo de la administración ducal; al mismo tiempo, los señores, más dinámicos, construían molinos o compraban tierras o derechos señoriales. La servidumbre desapareció, a pesar de que las quévaise —una práctica sucesoria de ciertos señoríos eclesiásticos de Bretaña, que se había establecido para facilitar los desbroces, por lo tanto, el desarrollo agrícola y el asentamiento— y otras formas de tenencia en la baja-Bretaña pueden acercarsele. Un estudio realizado en Carnac en 1475 mostraba que aproximadamente el 10% de los campesinos eran acomodados, el 40% vivían bien, el 30% tenían condiciones de vida precarias y el 20% vivían en la miseria.[a 77]

El mundo urbano seguía siendo limitado y una sesentena de ciudades al final del período no agrupaban más que a unas 80 000 personas para una población de 1,25 millones de habitantes. Las ciudades eran de un tamaño modesto para el momento (14 000 habitantes en Nantes, 13 000 en Rennes, 5000 en Vannes y 4000 en Fougères, Guérande y Morlaix).[a 78]​ Las ciudades costeras estaban más orientadas al comercio, mientras que en el interior vivían de sus ferias y mercados.[a 79]​ Sus equipamientos, construidos sin una verdadera planificación urbana, estaban expuestos a desastres naturales como las frecuentes inundaciones del Loira y el Vilaine, los incendios (Nantes conoció tres importantes en 1405, 1410 y 1415) o de otros tipos (Nantes se vio afectado por un seísmo en 1401). De toda las infraestructuras necesarias de las ciudades, las murallas repercutían más en sus finanzas (una treintena se construyeron en el siglo XV), en un momento en que el avance de las técnicas militares entrañaba regularmente la construcción de mejoramientos.[a 80]​ En el siglo y medio de este período, las municipalidades bretonas recuperaron su retraso frente a las ciudades francesas y adquirieron una serie de ventajas políticas, administrativas y sociales.[a 81]

Una economía diversificada disfrutando de la neutralidad bretona[editar]

La región permaneció siendo muy boscosa, sobre todo en Bretaña centro (Duault, Loudéac, Paimpont) y oriental (Fougères, Rennes, Châteaubriant, Sautron, Touffou), permitiendo que los señores sacasen ingresos y a los campesinos tener acceso a recursos complementarios,[a 82]​ pero un inicio de sobreexplotación comienza a ser sensible desde mediados del siglo XV. La landa conoció un período de extensión hasta el final del siglo XV antes de experimentar también un reflujo debido al desarrollo de las actividades humanas. El crecimiento poblacional del final del siglo XV se acompañó en las campiñas del re-cultivo de baldíos, así como del establecimiento de taludes y de fosos, haciendo progresar así las zonas bocages sobre las zonas de campos abiertos.[a 83]

El molino de marea de Campen en el golfo del Morbihan está atestiguado desde el siglo XV

La agricultura sigue siendo principalmente de cereales pobres, de la que solo una pequeña parte se exportaba a Inglaterra o a España a través de Burdeos.

El Centeno y la avena se cultivaban en los suelos pobres de Argoat, mientras que el trigo ocupaba una gran parte de los suelos más ricos de la zona costera. A esto se agregaba un cultivo de legumbres diversificado, como el repollo, la chirivía, la cebolla o el ajo. Las granjas de ganado bovino y porcino se encontraban por toda la región.[a 84]​ La extensa fragmentación de los campos representaba una desventaja, mientras que las mejoras técnicas fueron pocas en ese momento (ciertos sectores no contaban más que con un número limitado de arados por aldea); el progreso más notable fue entonces la proliferación de molinos de viento, cerca de Guérande o de Bourgneuf, y de molinos de marea en el golfo de Morbihan y en las costas de Léon.[a 85]​ Además de estos cultivos alimentarios, estaban surgiendo cultivos orientados a la exportación. Además de la vid, cuya cultura se concentraba en el golfo de Morbihan en la región nantesa, se une a los cultivos de plantas textiles como el cáñamo y el lino (en el lado norte éste último).[a 86]​ Emergió entonces una clase de campesinos-marinos cuyas actividades varían a lo largo del año; se encuentran a todo a lo largo de la costa, pero sus actividades irrigan al centro de Bretaña y los campesinos de los montes de Arrée podían utilizar en la segunda mitad del siglo XV el real español para ciertos pagos.[a 87]

Una política de independencia afirmada a lo largo del siglo XV[editar]

Expansión del dominio ducal de 1400 a 1428

Con la ayuda de una demografía y una economía fuertes, el ducado logró afirmar su autonomía a lo largo del siglo XV.[b 149]​ El poder ducal pudo entonces apoyarse en una pequeña nobleza que le era leal[b 150]​ y en un pueblo que apoyaba la política de la independencia,[b 151]​ aunque debió enfrentar una aristocracia que no sentía el fortalecimiento de la casa de Montfort,[b 152]​ entre la que destacaban los Rohan, los Rieux, los Laval y los Penthièvre. Estos mantenían buenas relaciones con la administración y los ejércitos de los Capetos, y después con los Valois, y controlaban ciertos sectores estratégicos como el château de Clisson.[b 153]

El duque Jean V, que reinó desde 1402 hasta 1442, siguió una política de neutralidad entre los reinos Francia e Inglaterra, lo que le permitió participar en el reavituallamiento de las tropas inglesas en Normandía en 1417[b 154]​ dejando a otros bretones como Arthur de Richemont, Richard d'Étampes o incluso Gilles de Rais participar individualmente en el lado francés.[b 155]​ Incluso pudo proponer su mediación entre las dos potencias, como en 1415 y 1419.[b 156]​ Se estableció una tradición de mecenazgo, que permitió al duque imponer su imagen, ya presente en las monedas, cubierta con una corona símbolo de la soberanía reinvindicada.[b 157]

Se practicó el acuñado de monedas de plata, y también de oro, un privilegio regio (aunque hasta Luis XI nose les reconoció este privilegio en 1465).[b 158]​ Por último, gracias a una política sabia con el papado, Jean V consiguió que los sucesivos soberanos pontífices fueran cautelosos con respecto a la emancipación del ducado (y permitieron que desde 1452 sus sucesores nombrasen ellos mismos a cinco nuevos obispos bretones[b 159]​)

Sus sucesores dirigieron el ducado menos tiempo (Francisco I, 1442-1450; Pierre II, 1450-1457 y Arthur III, 1457-1458), pero el régimen ya era lo suficientemente pujante como para que pudieran perseguir una verdadera política de independencia. La ayuda militar bretona de Francisco I fue esencial para el rey francés Carlos VII durante su reconquista de Normandía y más tarde en Guyena[b 160]​ Su sucesor, Pierre II, redujo la influencia francesa perfeccionando las instituciones ducales,[b 161]​ y dotó al ducado de un presupuesto al nivel de los Estados medios de la época.[n 2]​ Estableció relaciones directas con gobernantes extranjeros (Castilla, Portugal) y rechazó el homenaje a Carlos VII, al igual que su sucesor al frente del ducado Arturo III.[b 162]

El contexto geopolítico cambió con la llegada al poder del duque FranciscoII. La Guerra de los Cien Años se había terminado en 1453 y la guerra civil que luego afectó a Inglaterra desde 1455 hasta 1485 restó a Bretaña de un aliado potencial. En estas condiciones, el rey francés Louis XI buscaba someter el ducado.[b 163]​ Por iniciativa de su consejero Pierre Landais, el duque respondió reforzando su red de fortificaciones, apoyando las revueltas feudales contra el rey y estableciendo vínculos con Saboya, Milán, Escocia y Dinamarca.[b 164]​ La corona francesa se apoyó en la aristocracia bretona y pagó importantes pensiones a los grandes feudales del ducado. Es en las filas de estos últimos que estalló una revuelta en 1487, que acabó con la entrada en territorio bretón de una fuerza francesa de 12 000 hombres para apoyarlos.[b 165]​ En menos de dos años de conflicto, las tropas bretonas finalmente fueron vencidas en la batalla de Saint-Aubin-du-Cormier el 28 de julio de 1488. El tratado de Verger que siguió impusó al duque el rendir homenaje al rey y que sus hijas no pudiesen casarse sin su aprobación.[b 166]​ Las fortalezas del este del ducado también fueron ocupadas. El duque murió menos de dos meses después, dejando a su hija Ana de Bretaña, de 12 años, como su heredera.[b 167]

La integración de Bretaña en el reino de Francia[editar]

Letras patentes proclamando la reunión perpetua del ducado de Bretaña a la corona de Francia, agosto de 1532. Archives nationales.

La guerra con Francia se reanudó a partir de enero de 1489,[b 168]​ pero el ducado pudó contar esta vez con la ayuda militar de sus aliados: refuerzos alemanes desembarcaron en Roscoff, los ingleses en Morlaixy las tropas del conde de Salinas retomaron algunas fortalezas ocupadas por los franceses. Así se obtuvo una nueva tregua, firmada en julio del mismo año en Fráncfort entre Carlos VIII y Maximiliano de Austria.[b 169]​ La duquesa Ana concluyó con este último un matrimonio en 1490 para fortalecer la alianza contra Francia;[b 170]​ esto dio como resultado una nueva incursión francesa que condujo esta vez a un nuevo matrimonio (el precedente no se consumó) entre Ana y Carlos VIII, concluido en diciembre de 1491.[b 171]​ La duquesa cedió a su marido todos los derechos sobre el ducado.[b 172]​ Éste renovó los privilegios que beneficiaban a los bretones en 1492,[b 173]​ pero eliminó varias administraciones peculiares del ducado para impulsar su integración con el reino.[b 174]​ La muerte de Carlos VIII en 1498, sin embargo, terminó este proceso y Ana recuperó algunos de sus derechos sobre el ducado.[b 175]​ Su nuevo matrimonio con el nuevo rey de Francia, Luis XII se acordó en 1499, pero esta vez las cláusulas del matrimonio preservaron la independencia del ducado.[b 176]

El reino de Francia recuperó los derechos sobre el ducado en 1514 poco después de la boda de Claudia de Francia, la hija heredera de Ana de Bretaña, con el futuro rey de Francia Francisco I de Francia.[b 177]​ A diferencia de su predecesor Carlos VIII, no hizo ningún cambio institucional importante en Bretaña,[b 178]​ pero poco a poco colocó a hombres de su confianza en las vacantes administrativas. También se ocupó de la fidelidad de la nobleza local,[b 179]​ lo que permitió una toma de control del ducado por el rey.[b 180]

El año 1532 vio la finalización de este proceso de integración.[b 181]​ Los estados de Bretaña se reunieron en Vannes el 4 de agosto de 1532 y adoptaron un voto de reconocimiento del delfín como duque, dando lugar a la promulgación del edicto de Union el 13 de agosto en Nantes, con lo que las dos entidades, siempre garantizando al mismo tiempo la derechos y privilegios del antiguo ducado «sans rien y changer ni innover» [sin nada en él cambiar ni innovar].[b 182]​ El edicto de Plessis-Macé firmado en septiembre de 1532 delimitó las libertades fiscales, judiciales y eclesiásticas de la provincia.[b 183]

La provincia francesa[editar]

Edad de Oro de los siglos XVI y XVII[editar]

Alteración del poder local a favor de la realeza[editar]

Tras su unión con Francia en 1532, Bretaña dejó de tener relaciones políticas directas con países extranjeros, pero aprovechó la coyuntura económica favorable para desarrollar el comercio marítimo exportando sus productos agrícolas y manufacturados, lo que hizo de ellos «le premier peuple naviguant de l'Europe du XVIe»;[7]​ la economía bretona se volvió dependiente de las elecciones reales. La provincia tuvo, sin embargo, ciertas libertades previstas por el Edicto de Unión y gozo de algunas administraciones propias. Los estados de Bretaña, los estados generales que tenían ciertas atribuciones políticas y administrativas, tuvieron en la época a su cabeza a un gobernador elegido por el poder real y estaban compuestos por representantes de los tres órdenes globalmente dominados por la nobleza.[a 88]​ Se basaban juridicamente en la costumbre de Bretaña, que les garantiza tres libertades fundamentales: la ausencia de recaudación fiscal sin previo acuerdo por parte de los Estados, los cargos eclesiásticos solo podían recaer en los bretones y los bretones no eran justiciables más que en los tribunales de Bretaña y según la costumbre. A esta primera institución se agregó el Parlamento de Bretaña, tribunal de justicia creado en 1554 y asentado desde 1561 en Rennes. Estaba constituido por dieciséis bretones y dieciséis no bretones más un presidente no bretón. El Parlamento y los Estados se oponían regularmente al poder real, y este último a menudo era llevado a juzgar sobre la rivalidad entre estas dos instituciones para afirmar su autoridad.[a 89]

El duque de Mercœur intentó en 1589 y 1598 constituir un principado autónomo en Bretaña.

Los primeros enfrentamientos entre el poder real y Bretaña estuvieron inicialmente enmascarados por las tensiones religiosas, teniendo como fondo las guerras de religión que vieron la oposición de católicos y hugonotes.[a 90]​ La Reforma tuvo entonces poca impantación en la provincia debido a su lejanía, y se concentró principalmente en la Alta-Bretaña en los grandes centros urbanos, afectando casi exclusivamente en la nobleza. La oposición al poder real de Enrique III comenzó cuando este quiso imponer el reclutamiento de 40 000 hombres a las ciudades cerradas en 1574, luego para crear Oficinas que gravaban el presupuesto provincial en los años siguientes. El asesinato del duque de Guisa, líder de la Liga Católica, por Enrique III en 1588 cristalizó esta resistencia. El duque de Mercoeur, cuñado del rey y gobernador de Bretaña, aprovechó la situación para intentar forjar un poder propio limpio en Bretaña[n 3]​ aprovechando la oposición local al poder real. El asesinato de Enrique III en 1589 desencadenó el inicio de una guerra de sucesión, siendo el heredero designado, el duque de Navarra, protestante. En Bretaña, cada bando recurrió a aliados extranjeros, españoles para los católicos que se establecieron en Brest, o ingleses para los protestantes que se instalaron en Paimpol. La región estaba dividida. Los bandidos y jacqueries están causando estragos y el duque de Mercoeur no pudo establecer su poder sobre Bretaña. La conversión de Enrique IV al catolicismo, luego la firma del Edicto de Nantes en 1598 —que autorizaba la libertad de conciencia y una libertad de culto limitada a los protestantes calvinistas—, permitió reafirmar el poder real sobre la provincia.[a 91]

El primer cuarto del siglo XVII estuvo marcado por las intrigas del siguiente gobernador, el duque de Vendôme, que conspiró contra la regente, María de Médicis, y luego contra su cuñado, el rey Luis XIII. El duque de Vendôme, sin embargo, no consiguió el apoyo de los notables locales o de la población. A solicitud de los Estados, fue relevado de su cargo y se solicitó su reemplazo.[a 92]Richelieu aprovechó la oportunidad para hacerse nombrar para este cargo, lo que le permitió en los siguientes años socavar el poder provincial, obtener la creación de diversos cargos y aumentar las donaciones gratuitas.[a 93]​ Este proceso de centralización se acentuó aún más bajo la regencia de Ana de Austria.[a 94]

Prosperidad económica[editar]

En el dominio marítimo, Bretaña estaba experimentando un cambio en sus actividades. El rodaje floreció hasta mediados del siglo XVI antes de experimentar un declive. De hecho, durante la guerra de la Liga, la mayoría de los puertos bretones, con la excepción de Brest, tomaron partido por los católicos; sus convoyes se convirtieron en el blanco de corsarios ingleses o de los Rochelais.[a 95]​ Esta actividad se reanudó moderadamente una vez que regresó la paz en 1598, pero debió enfrentar nuevas limitaciones. En el plano técnico, muchos pequeños pero modestos puertos bretones se vieron perjudicados por el aumento en el tonelaje de los buques. Políticamente, el fin de la independencia impidió que los bretones enviasen embajadores al exterior para defender sus intereses, y la política francesa dirigida hacia la guerra fue un freno para el comercio.[a 96]​ Por último, humanamente, los bretones se limitaron a los oficios de marinos poco remunerativos sin convertirse en comerciantes, lo que limitó la entrada de riqueza en la región. Al mismo tiempo, el cabotaje, que tomó prioridad sobre el roulage, experimentará un pico de actividad alrededor de 1670 antes de sufrir a su vez el declive.[a 97]

La fisonomía del litoral también cambia: mientras que en la mitad del siglo XVI se contaba con cerca de 130 puertos distribuidos por toda la costa, el siglo XVII vio una contracción de las actividades hacia los puertos de tamaño medio como Audierne o Pénerf y especialmente a los tres grandes puertos de la época, Morlaix (y sus ante-puertos de Saint-Pol-de-Léon y de Roscoff), Nantes[a 98]​ y Saint-Malo[a 99]

La todavía limitada injerencia de la autoridad real, que permitía a los bretones gestionar en su mejor interés su propia economía, y el floreciente comercio marítimo, permitieron que la balanza comercial bretona fuese en gran medida positiva durante estos dos siglos. Las exportaciones de productos tales como cereales (en especial en el Trégor y la costa sur que va desde la desembocadura del Vilaine a la del Laïta) hacia la península ibérica[a 100]​ y especialmente de telas de lino y cáñamo, cuyo valor de las exportaciones llegaron hasta 9 o 10 millones de libras en la década de 1690, en Trégor, Léon o le pays de Saint-Malo.[a 101]​ Por último, la posición geográfica de Bretaña, a medio camino entre el norte y el sur de Europa, permitió que se recuperasen fácilmente sus actividades en función de la coyuntura, beneficiándose en el siglo XVI de la prosperidad española, y, en el siglo siguiente, de las de la Holanda e Inglaterra.[a 102]

El Enclos paroissial de Guimiliau, expresión artística permitida por el enriquecimiento de la provincia en la época.

Esta prosperidad económica drenó una gran cantidad de materiales preciosos en Bretaña. Así, entre 1581 y 1590, el hôtel de la Monnaie de Rennes fue el primero en Francia, muy por delante del de París. Entre 1551 y 1610, los hôtels de Rennes y de Nantes representaron juntos el 35 % del dinero francés; esta proporción cayó sin embargo al 16 % para el período 1610-1680, una parte de la producción se centralizó en París. Este enriquecimiento permitió el desarrollo de las artes y un aumento significativo en la construcción de castillos señoriales y de grandes residencias de comerciantes. [a 103]​ El enriquecimiento de los juloded (término bretón que designa a los campesinos ricos) permitió la construcción de numerosas iglesias ricamente decoradas y de recintos parroquiales, particularmente en la basse-Bretagne.[a 104]​ Esta prosperidad también estuvo en el origen de la introducción de estilos artísticos extranjeros en la región. Los artistas de la marina real que trabajaban en el arsenal de Brest y que habían recibido formación en el clasicismo se pusieron también a trabajar para las parroquias de Léon y de Cornouaille.[a 105]

Fuerte crecimiento demográfico y cambios sociales[editar]

Representación del trigo negro en las Les Grandes Heures d'Anne de Bretagne, BNF, ca. 1503-1508.

En el campo de la agricultura, pocos avances técnicos fueron notables en el momento. Además del cinturón dorado (ceinture dorée, parte de la región costera de los departamentos de Côtes-d'Armor y Finistère, a caballo entre Léon y Trégor) que se benefició de fertilizantes marinos como maerl, el goémon (hierba marina) o el varech, los suelos silíceos favorecieron la ganadería en comparación con los cultivos. Además, algunas técnicas ampliamente utilizadas, como la étrépage —décaisser y exportar el suelo superficial y la vegetación— o la quema de leña, tendían a empobrecer los suelos.[a 106]​ El trigo se cultivó principalmente a lo largo de las costas norte y sur, mientras que el centeno, que era más adecuado para los suelos pobres, se cultivó en el interior. La llegada de la cultura del trigo sarraceno al comienzo del siglo XVI cambiará la siembra, ya que se adaptaba muy bien al suelo pobre del interior y presentaba rendimientos muy importantes para la época. Esto permitió reservar los suelos ricos para cereales más nobles destinados a la exportación. La ganadería, principalmente de ganado vacuno, también estaba particularmente desarrollada en comparación con el resto del reino, lo que permitío una economía rural más diversificada y permitió compensar las malas cosechas que, en otras regiones, causaron crisis demográficas.[a 107]

Brest se afirmó como un gran puerto desde finales del XVII. Grabado de Matthäus Merian, ca. 1630-1640.

En términos demográficos, Bretaña se singularizaba del resto de Francia. Mientras que en el siglo XVI se registró un fuerte aumento y luego una desaceleración de la población en todas partes, la población bretona conoció un nuevo impulso ascendente después de finales de este siglo, alcanzando un pico alrededor de 1670-1680.[a 108]​ La región tenía entonces una densidad de población del mismo orden que las regiones europeas más desarrolladas, como el norte de Italia o los Países Bajos.[8]​ Sin embargo, este crecimiento afectó a las áreas rurales y urbanas de manera diferente: en estas últimas, el aumento fue mayor, especialmente en las zonas costeras. Entre el final del siglo XV y el final del XVI, Nantes pasó así de 14 000 a 25 000 habitantes y Saint-Malo de 4 000-5 000 a 10 000-11 000 habitantes. Otras ciudades como Vannes, Quimper, Morlaix o Saint-Brieuc también experimentaron un crecimiento demográfico, sin alcanzar el umbral de los 10 000 habitantes. Las campiñas debieron sufrir el éxodo rural debido a la atracción de las ciudades, y también la crisis de la Guerra de la Liga al final del siglo XVI, que redujeron drásticamente el número de bautismos.[a 109]​ Hacia el final del siglo XVII, la población de la provincia alcanzó los 2 millones, contra 1,3-1,5 millones al final del siglo XV, o el 10% de la población del reino. Al mismo tiempo, Nantes contaba con 40 000 habitantes, Saint-Malo 25 000 y Rennes entre 15 y 20 000 habitantes.

El final del rodaje penalizó a los puertos pequeños como Le Croisic, Le Conquet o Roscoff,[a 110]​ mientras que otros puertos se beneficiaron de desarrollos importantes guiados por inversiones externas: Brest bajo la acción de Colbert, que decidió convertirlo en un puerto militar de primer orden, pasó de 2000 habitantes en 1661[9]​ a 15 000 habitantes a comienzos del siglo XVIII;[a 111]Lorient, creada ex-nihilo en 1666 por la Compañía francesa para el comercio de las Indias Orientales, cuenta con 6000 habitantes en 1702[10]​. La evolución de la población rural fue más irregular y la dinámica varía de una comarca a otra.[a 112]

La religión católica experimentó un renacimiento de la vitalidad en ese momento y tuvo una gran influencia en ciertas formas artísticas. La provincia tenía alrededor de un sacerdote por cada ciento cincuenta habitantes,[a 113]​ pero el alto clero se caracterizó por su ausentismo. Las misiones lanzadas después del concilio de Trento permitieron muchas conversiones y están en el origen del uso de los taolennoù para enseñar religión a los bretones que aún eran en su mayoría analfabetos.[a 114]​ Un repertorio importante de cánticos se forma desde el comienzo del siglo XVII tomando prestadas melodías y letras de gwerzioù[11]​ Una forma de sincretismo es también notable en esa época, con el uso de la figura del ankou por los misioneros y su entrada en la decoración de las iglesias, sino también con la cristianización de monumentos paganos como el Menhir de Saint-Uzec[12]

El château de Kerjean, construido a finales del siglo XVIy representativo de la renacentista en Bretaña[a 115]

En el plano cultural, existe una literatura en lengua francesa, bajo la influencia creciente de elementos fuera de la provincia,[a 116]​ y que trata de temas profanos o religiosos. La producción en lengua bretona también existe, pero se hace de forma oral; los cuentos y canciones populares son conocidos gracias a los coleccionistas de canciones del siglo XIX, pero las dataciones aún plantean interrogantes.[a 117]​ Arquitectónicamente, los gótico y renacentista cohabitan.[a 118]​ Fue primero en la creación de vidrieras en donde el estilo renacentista comenzó a irrumpir, antes de imponerse más tarde en las esculturas y luego en la arquitectura. Las residencias señoriales y las de los ricos comerciantes marcan estas evoluciones: las decoraciones de inspiración antigua se imponen a partir del siglo XVII; los patios y recintos cerrados se destruyen a favor de terrazas y jardines a la francesa. Las casas en pans de bois (de entramado) de madera fueron gradualmente reemplazadas por casas de piedra y hôtels (residencias) como en Saint-Malo, Locronan, Roscoff o Rochefort-en-Terre[a 119]

Dificultades de finales del siglo XVII a la Revolución[editar]

Afirmación y luego erosión del absolutismo real en Bretaña[editar]

A partir del reinado de Luis XIV, la política bretona estuvo marcada por una creciente intervención del Estado que fue de la mano con el establecimiento de un absolutismo que tendía a colocar a todas las provincias francesas bajo la autoridad del gobierno, pero también por las evoluciones estratégicas nacionales.[13]​ El tándem Luis XIV-Colbert intentó reducir el peso político de los Estados para obtener la financiación de las guerras lideradas por la realeza. A pesar de la ayuda del hermano de Colbert, Charles Colbert de Croissy, comisionado del rey en los Estados de Bretaña, esta política llevó a una resistencia de los tres órdenes: los nobles temían que perjudicase sus privilegios, las clases populares que no lo hiciesen a las ventajas fiscales de la provincia, y la burguesía se sintió amenazada en ambos casos. La oposición, sin embargo, siguió dividida.[a 120]

Campanario decapitado enà Lanvern, consecuencia de la revuelta de los bonetes rojos

Esta resistencia experimentó un pico con la revuelta de los bonetes rojos en 1675. Mientras que la guerra holandesa comenzada en 1672 demostró ser más larga y más costosa de lo esperado, medidas fiscales que afectaron a los nobles y a los campesinos se tomaron para llevar dinero a las arcas reales Los Estados de Bretaña, donde dominaba la nobleza, intentaron en 1674 comprar con dons gratuits los edictos reales origen de estos impuestos, pero se restablecieron al año siguiente sin que fuesen consultados. Surgieron problemas en toda Bretaña, liderados por algunos parlamentarios, pero también por bretones más modestos. El duque de Chaulnes, entonces gobernador de la provincia, no consiguió restabler la calma y las tropas reales debieron intervenir.[a 121]​ Políticamente, la represión se hizo a diferentes niveles: el Parlamento de Bretaña dejó Rennes por Vannes, donde se exilió de 1675 a 1690; el gobernador fue secundado, y luego reemplazado, por una intendencia que se estableció en 1689; y en represalia, los campanarios fueron abatidos en las aldeas donde el levantamiento fue más fuerte.[a 122]​ Los Estados de Bretaña ya no fueron capaces de oponerse a la introducción de nuevos impuestos: la capitación se instauró en 1694, la décima instauré en 1710 fue reemplazada por la vigésima en 1749 y 1756. El reparto de estos impuestos, sin embargo, siguió siendo fijado por los Estados, lo que hizo que la mayoría de ellos recayese en el mundo campesino.

A nivel económico, la región también debió sufrir las consecuencias de la política real: el proteccionismo implementado por Colbert llevó al establecimiento de una política similar en Inglaterra, lo que cortó los mercados bretones de muchos productos, como las telas.[a 123]​ El tráfico de los grandes puertos y el cabotaje también se vieron afectados durante las guerras contra Inglaterra, teniendo esta última el dominio de los mares.[a 124]​ Esta insatisfacción con los impuestos estuvo en el origen de la conspiración de Pontcallec entre 1718 y 1720, apoyada por la pequeña nobleza pero no por la población.[a 125]

La muerte de Luis XIV en 1715 provocó el comienzo de una era de reconquista del poder en el lado bretón.[a 126]​ Aunque no pudieron oponerse con eficacia a la introducción de nuevos impuestos, los Estados lograron condicionarlos para obtener nuevos derechos, lo que le procuró a Bretaña ventajas administrativas y financieras sin precedentes en el reino. Esta política de mercadeo[a 127]​ se volvió particularmente intensa a partir de 1750 y culminó con el «l'affaire de Bretagne»[14]​ que vio desde 1760 hasta 1774 un Parlamento liderado por La Chalotais y el duque d'Aiguillon, comandante en jefe de Bretaña. Este último debió finalmente retirarse en 1768, en beneficio del Parlamento.[a 128]​ Localmente, sin embargo, los Estados conocieron una división creciente entre la nobleza y el Tercer Estado, marcado especialmente después de 1776 y que prefiguraba el journée des bricoles [día de las rarezas] de 1789.[a 129]

Contracciones y reconversiones económicas[editar]

Creado en 1666, Lorient destacó desde el siglo XVIII entre los primeros puertos bretones. (Jean-François Hue, 1792).

En el dominio marítimo, Bretaña conservó su lugar en el nivel francés. La flota bretona representaba el 25% de tonelaje del reino y el 35% en términos de construcción naval durante el período 1762-1785. A nivel comercial, Lorient nuevamente creado se levantó en un trío de cabeza compuesto también por Nantes y Saint-Malo, mientras que los puertos pequeños también seguían siendo numerosos. Morlaix cayó en decadencia después de varios fracasos de expediciones comerciales a Terranova o América del Sur. Globalmente, se percibe un fenómeno de concentración, necesario por el aumento del capital necesario para realizar operaciones comerciales de mayor magnitud.[a 130]​ Nantes, favorecido por su lejanía en caso de guerra y por un hinterland que favorecía sus mercados, subió al segundo lugar francés detrás de Burdeos. El puerto es también el primer puerto negrero en Francia, con barcos de Nantes que transportan entre 310 000-350 000 esclavos de un total de aproximadamente 400 000 esclavos para todos los puertos de Bretaña.[a 131]​ Las pesquerías también experimentaron evoluciones significativos: la la pesca del bacalao conoció el mismo fenómeno de concentración del capital que el comercio, favoreciendo a Saint-Malo y a la bahía de Saint-Brieuc; la pesca de la sardina se desarrollaba principalmente en la costa sur, desde Conquet a Croisic y particularmente en Douarnenez, Concarneau y Belle-Île-en-Mer[a 132]​.

Terril de la antigua mina de plomo argentífero de Poullaouen.

En el campo industrial, Bretaña permaneció principalmente orientada hacia la producción de telas, al tiempo que conoció un cierto desarrollo de su industria minera. Sin embargo, su industria textil debió lidiar con las guerras y la consiguiente pérdida de su salidas inglesas. La industria textil, concentrada alrededor de Josselin, Ploërmel y Malestroit, triplicó en su valor entre 1733 y 1778, vendiendo su producción ordinaria a los campesinos locales.[a 133]​ Las regiones productoras de telas de lino grueso como Morlaix y Landerneau, cuyos clientes eran ingleses, intentaron vender sus productos en España, pero sin llegar en el siglo XVIII a alcanzar la mitad de la producción alcanzada en el XVII. Por otro lado, las telas de mejor calidad producidas en el interior de Saint-Brieuc lograron comercializarse aún más, principalmente en América del Sur, gracias a la explotación de minas y canteras de oro y de plata en estas regiones. Sin embargo, esta región no vio el surgimiento de comerciantes adinerados como los juloded de Léon del siglo anterior[a 134]​ y sufrió los efectos de la guerra de independencia estadounidense desde 1775. Las telas de cáñamo, concentradas en una región que iba de Saint-Malo a Vitré, encontraron una nueva salida en África y las Antillas y su valor se dobló entre 1751 y 1775. Nantes también conoció el desarrollo de las telas de algodón y de las telas pintadas, autorizadas en Francia desde 1759. La región producía en el momento de la revolución 120 000 piezas por año, contra las 180 000 piezas de París.[a 135]​ En el sector minero, las minas de plomo argentífero de Pontpéan y de Poullaouen representaban una sexta parte de las necesiadades de plomo del país y representaban el 0,4 % de la producción mundial de plata. La región, sin embargo, no se benefició de estas explotaciones, porque los capitales eran principalmente propiedad de parisinos y las ganancias no se quedaban en Bretaña. Los ejecutivos y los técnicos extranjeros también fueron causantes de las reacciones xenófobas en la población.[a 136]

La agricultura progresó en Francia, pero Bretaña se mantuvo al margen de estos desarrollos.[a 137]​ La nobleza bretona no buscó introducir nuevos métodos costosos, prefiriendo aumentar sus ingresos incrementando sus derechos señoriales y el pobre sistema de transporte de la época frustró el flujo de fertilizantes marinos hacia el interior. Los cereales conservaron un lugar importante, sin experimentar ganancias de productividad. La población de la provincia continuó aumentando, lo que resultó en un aumento de precios, más importante en el siglo XVIII en Bretaña que en el resto del norte de Francia. Las cosechas hortícolas experimentaron una progresión en el cinturón dorado, así como en torno a Nantes y Rennes.[a 138]​ En la segunda mitad del siglo XVIII, la manzana de sidra se fue haciendo cada vez más popular en el oeste de Bretaña y la sidra tendió a reemplazar a los vinos casi por completo entre las bebidas de los campesinos. Al mismo tiempo, las vides se redujeron alrededor de la región de Nantes. La cría de caballos se desarrolló de manera significativa, especialmente en León, así como de ovejas de marisma salina —criadas con pastos próximos al mar— en la bahía del Monte Saint-Michel.[a 139]

Una sociedad cambiante y centros urbanos en mutación[editar]

La población cambió más lentamente en el siglo XVIII, experimentando un aumento del 10% entre 1680-1690 y 1789 frente al 30% de la población francesa en el mismo tiempo. En Bretaña, la población pasó de 2 a 2,2 millons de habitantes en el período, después de haber conocido eun pico de 2,3 millones en 1770. La región conoció dos crisis demográficas durante este período, en 1693-1694 y en 1741-1743, pero también desde 1760 debido a un saldo natural negativo.[a 140]​ La disminución del nivel de vida de las clases trabajadoras los hizo más vulnerables a las malas cosechas y a las epidemias que se desarrollaron durante este período. La viruela, el tifus, la fiebre tifoidea o la disentería también afectaron ocasionalmente a la región, a veces introducida por las tripulaciones de los buques que regresaban del extranjero.[n 4]​ El débil crecimiento demográfico fue absorbido por las ciudades. Con la excepción de Saint-Malo, qui aumentó de 25 000 a 15 000 habitantes entre 1690 y 1750, las otras ciudades vieron aumentar su población: Nantes contaba entre 80 000-90 000 habitantes en 1789, Rennes entre 40 000-45 000, Brest aproximadamente 40 000 y Lorient entre 20 000-25 000 habitantes.[a 141]

El mundo urbano se vio transformado por la acción combinada de las guerras marítimas libradas por Francia e Inglaterra desde 1688 hasta 1815, y por las fortunas del comercio.[a 142]​ La región conoció alrededor de una cuarentena de incursiones inglesas en sus costas entre 1683 y 1783. Desde el final del siglo XVII, las obras de defensa se multiplicaron alrededor de los puertos principales. Los alrededores de Brest, perseguidos en 1694 por un desembarco en Camaret y de Saint-Malo se fortificaron primero; el sur de Bretaña siguió después en el siglo XVIII tras el asedio de Lorient en 1746.[15]​ El muelle de La Fosse en Nantes vio instalarse las mansiones de los ricos comerciantes; Rennes fue reconstruido después de ser destruido por un incendio en 1720; Brest concentraba la mitad de la actividad de la construcción naval militar francés y Lorient continuó su desarrollo. El movimiento prerromántico es perceptible por la construcción de folies en las campiñas que rodean las principales ciudades. El mestizaje de poblaciones es muy importante, las familias no-bretonas llegadas sobre todo de Irlanda, Normandía, o Bayona, se establecieron en el alto comercio. Estos mestizajes fueron menos importantes en las ciudades más pequeñas como Saint-Malo o Morlaix.[a 143]​ El mundo rural, por su parte, siguió dominado por los poderes señoriales. La explotación de los campesinos por la nobleza se acentuó, por lo que aumentaron las usurpaciones a medida que aumentaban los impuestos.[a 144]

La educación secundaria, reservada a una minoría mayoritariamente salida la clase media burguesa, estaba dominada, por una parte, por los jesuitas que, desde el siglo pasado y hasta 1763, dirigieron tres colegios en Quimper, Vannes y Rennes, y por otro lado, por los oratorianos que gestionaban el de Nantes.[a 145]​ La Universidad de Nantes fue amputada en 1735 de su facultad de derecho, que fue transferida a Rennes para estar más cerca del Parlamento de Bretaña.[16]​ En ese momento, un total de aproximadamente 20 000 personas tenían acceso a los libros y a las novedades de la Ilustración, lo que representaba solo el 1% de la población de la región. Rennes y Brest eran los dos principales centros intelectuales de la época: los intercambios tenían lugar en cámaras de lectura o logias masónicas. La publicación de obras cada vez más comprometidas obligó desde 1743 a acentuar el control de libreros e impresores; entre 1778 y 1780, se incautaron 177 000 impresos (200 títulos).[b 184]​En julio de 1784 comienza a publicarse el primer semanario bretón, «L'Affiche de Rennes».[b 185]​ Lingüísticamente, el área bretona tiende a contraerse al oeste de una línea que iba desde Saint-Nazaire a Saint-Brieuc a través de Josselin y Loudéac. Incluía alrededor del 42% de la población provincial, alrededor de un millón de hablantes. Además de los dos centros francófonos de Brest y Lorient, esta zona es homogénea. En el este, las ciudades de la Alta Bretaña tienen hogares bretones, formados por emigrantes de Basse-Bretagne.[a 146]​.

La estructura social siguió dividida en tres órdenes. La nobleza contaba con 25 000 personas, poco más del 1% de la población bretona, y se concentraba el 56% en el 20% del litoral. La vieja nobleza de origen medieval era la más importante; solo 303 familias estaban ennoblecidas en siglo XVIII. Esta clase tuvo una influencia importante en la economía y su riqueza aumentó durante este siglo.[a 147]​ El clero reclutaba principalmente a la clase media y a la clase media baja, así como a la parte rica del campesinado; la nobleza proporcionaba solo el 10% de su fuerza de trabajo.[a 148]​ El tercer estado representaba el 98% de la población bretona. Fuera de esto, una burguesía cada vez más grande y educada se oponía cada vez más a la nobleza en un proceso que crecerá hasta la Revolución francesa.[a 149]

De la revolución al Imperio[editar]

Los comienzos de la Revolución[editar]

El rey Luis XVI tomó la iniciativa el 5 de julio de 1788 de convocar a los Estados Generales para el 1 de mayo del año siguiente.[b 186]​ En Bretaña, su preparación estuvo marcada por una fuerte oposición entre la nobleza y el tercer estado, ya que este último exigía un aumento en el número de sus representantes y una distribución más equitativa de los impuestos.[b 187]​ Los Estados de Bretaña se abrieron en Rennes el 29 de diciembre de 1788 en el convento de los cordeliers.[b 188]​ Los días 26 y 27 de enero de 1789, la journée des bricoles estalló en la ciudad, la nobleza empujó al pueblo bajo de la ciudad contra la burguesía, con tres muertos a la llave. Ante la imposibilidad de encontrar un acuerdo entre el Tercer Estado y la nobleza para el nombramiento de los diputados, Luis XVI impusoreglas específicas sobre Bretaña. La nobleza decidió no enviar ningún representante a Versalles en protesta.[a 150]

Le club breton joue un rôle majeur dans les débuts de la Révolution française.

Los diputados bretones del Tercer Estado comenzaron a reunirse tan pronto como llegaron a Versalles a finales de abril de 1789, en un «club breton», para coordinar sus acciones y su correspondencia con su provincia. Le Chapelier se afirma allí como un líder; el club se fue abriendo gradualmente a los diputados de otras regiones.[b 189]​ El club y los diputados bretones desempeñaron un papel central durante la noche del 4 de agosto que tuvo el efecto de abolir los privilegios y por lo tanto los derechos particulares de Bretaña. Pocos de sus diputados se opusieron, ya que esos privilegios provinciales garantizados por el edicto de unión de 1532 beneficiaban sobre todo a la nobleza,[b 190]​ pero esta supresión fue menos unánime entre los electores de estos diputados en Bretaña.[b 191]

En el lugar, la región permaneció en gran parte intacta por el Grande Peur [Gran Miedo], con la excepción de sus mercados en el este.[b 192]​ El Parlamento y los Estados de Bretaña fueron disueltos respectivamente el 3 y 5 de noviembre de 1789.[a 151]​ La provincia dejó lugar desde 1790 a cinco departamentos que recortan las divisiones existentes de la provincia: Côtes-du-Nord, Finistère, Ille-et-Vilaine, Loire-Inférieure y Morbihan.. La idea de un sexto departamento formado alrededor de Saint-Malo fue en un momento considerada, pero finalmente se abandonó.[b 193]​ La burguesía se las arregló para ocupar desde 1789 la mayoría de los nuevos puestos y funciones, pero, por su lado, los campesinos no lograron poner final al domaine congéable y las condiciones económicas se agravaron en este periodo turbulento.[b 194]​ Fue de nuevo la burguesía la que logró recuperar la mayor parte de los bienes de la Iglesia y de los nobles emigrantes a partir de 1791.[b 195]​ La confiscación de la Revolución por la burguesía provocó la oposición de las otras clases sociales: los nobles se organizaron, el clero basculó en la oposición y el campesinado era cada vez más diferente de la burguesía.[a 152]​ La Constitución civil del clero votada en julio de 1790 cambió la situación en el lugar como en el resto del Oeste francés.[b 196]

Movimientos de oposición a la Revolución[editar]

Comienzos desorganizados[editar]

Les Révoltés de Fouesnant, reducidos por la guardia nacional de de Quimper en 1792. Jules Girardet, ca. 1886.

La Constitución civil del clero encontró una fuerte oposición en Bretaña, donde entre el 75 y el 90% de los sacerdotes se negaron a prestar juramento. Fueron apoyados por los campesinos, especialmente en Léon, en el Vannetais yen Haute-Bretagne, regiones que comienzan a agitarse a fines de 1790 o principios de 1791.[a 153]​ El resentimiento se vuelve hacia las ciudades, allí donde se toman las decisiones. Una primera confrontación tuvo lugar el 13 de febrero de 1791 en Vannes entre campesinos y revolucionarios, que causó una docena de muertes entre los campesinos. Sin embargo, la situación fue diferente en las otras ciudades, donde la presencia del ejército y la compra de trigo por parte de la burguesía permitieron mantener la calma.[a 154]​ La introducción del servicio militar por sorteo en el verano de 1792 causó muchos enfrentamientos en el campo, como en Fouesnant en julio, y las tropas campesinas de varios miles de hombres atacaron atacaron Lannion o incluso Pontrieux en septiembre.[a 155]

La aristocracia también estuvo en el origen de varios movimientos de reacción contra la revolución durante los primeros años. Aunque privados de sus derechos feudales, que les alienaron los campesinos, encontraron una cierta influencia sobre ellos. Tras la huida de Luis XVI en junio de 1791, algunos intentaron un levantamiento en Malestroit y Machecoul, pero la Guardia Nacional los derrotó fácilmente. Mejor preparada, la insurrección preparada por la Asociación Bretona y dirigida por La Rouërie, descubierta ya en junio de 1792, tampoco se materializó. Desempeñó no obstante un papel en el comienzo de la Chouannerie a partir 1793.[a 156]

Hacia una oposición más masiva[editar]

El primer movimiento de oposición fue de inspiración republicana. Hacia el final del Legislativo, en 1792, comenzó a aparecer una oposición de los diputados bretones hacia los sans-culottes parisinos. En agosto de 1792, Côtes-du-Nord envió una circular a los otros departamentos de Bretaña pidiendo que una ciudad que no fuese París fuese elegida como sede de la Convención; la administración del Loire-Inférieure escribió al mismo tiempo «si des parisiens oublient qu'ils sont français et nos frères, nous n'oublierons jamais que nous sommes Bretons et les ennemis nés des tyrans». En general, los diputados de la región votaron con los girondinos; La oposición a los montagnard se acentuó después de la sentencia de muerte de Luis XVI el 15 de enero de 1793.[a 157]​ Después de la victoria de los Montagnard el 2 de junio, esto desembocó en una insurrección federalista. Del 19 al 25 de junio, los diputados de las comunas de los cinco departamentos se reunieron en Rennes y votaron para reunir algunas tropas. Estos, en su mayoría procedentes de Ille-et-Vilaine, de Morbihan y en especial de Finistère (Côtes-du-Nord y Loire-Inférieure prefirieron mantener sus tropas para luchar contra los chouans) se unieron en Caen a los federalistas normandos. Sin embargo, la derrota de estas tropas durante la batalla de Brécourt el 13 de julio de 1793 puso fin a esta insurrección.[a 158]

Les Noyades de Nantes, fueron llevados al lugar en el marco del Terror en el otoño de 1793 por Carrier para reprimir los levantamientos. Joseph Aubert, boceto, 1882, Musée d'art et d'histoire de Cholet.

Otra insurrección afectó al campo de la región en la primavera de 1793. De hecho, la decisión de la Convención, el 24 de febrero, de imponer el reclutamiento de 300 000 hombres por lotería en todo el país fue poco aceptada en Bretaña, especialmente porque los funcionarios cercanos al poder revolucionario estaban exentos para no perturbar el funcionamiento de la administración. La primera revuelta estalló el 10 de marzo de 1793 en Saint-Philbert-de-Grand-Lieu, antes de extenderse a casi toda la Haute-Bretagne[b 197]​ y a una parte del Léon. Los refuerzos republicanos llegaron a la región desde el 25 de marzo; ya en abril la situación se tornó ventajosa.[b 198]​ Desde el otoño del mismo año, la llegada a la región de Chouans procedente de Vendée relanzó la agitación, especialmente con el paso del virée de Galerne en el este de la Haute-Bretagne.[b 199]​ La represión de este se hace en el marco del Terreur: por ejemplo, en Nantes, Carrier hizo fusilar o ahogar a miles de personas.[b 200]​ La naturaleza de esta represión, que se volvió especialmente en contra de la religión, precipitó desde el comienzo de 1794 cuando los campesinos dirigidos por líderes locales del campesinado como Pierre Guillemot o Georges Cadoudal emprendieron una forma de guerra de guerrillas que afectó a las campiñas en grados diversos.[b 201][b 202]​ La caída de Robespierre en julio de 1794 permitió a los termidorianos negociar unaa paz con los insurgentes, lo que llevó al Tratado de la Mabilais el 20 de abril de 1795, que garantizaba la amnistía a los insurgentes y estableció la libertad de culto.[b 203]

La aristocracia también estuvo en el origen de levantamientos en la región: el conde de Puisaye logró estructurar los restos de la chouannerie de 1793 y se fue a Londres en septiembre de 1794 para obtener apoyo para la organización de un desembarco inglés en Bretaña para crear un nuevo frente. Aunque ganó rápidamente el apoyo del primer ministro británico William Pitt, el contingente británico no llegó a Bretaña hasta el 25 de junio de 1795. Al desembarcar en Quiberon, la fuerza expedicionaria fue derrotada por los republicanos del general Hoche.[b 204]

El establecimiento del Directorio, particularmente debido a la anulación en 1797 de una elección que habría propiciado muchos diputados realistas, revivió un período de disturbios en la región. Sin embargo, siguieron siendo limitados y la situación se empantanó hasta 1799.[b 205]​ La llegada al poder de Napoleón Bonaparte, tras el golpe de Estado del 18 de brumario, condujo a una política más conciliadora en sus primeros años de gobierno (libertad religiosa, suspensión de reclutamiento de hombres) y permitió devolver la calma.[b 206]

Consecuencias sociopolíticas de la Revolución y el Imperio[editar]

El balance económico del período fue pesado para la región. La mayoría de los principales puertos fueron duramente afectados: la abolición del monopolio de la Compañía francesa de las Indias Orientales redujo las actividades de Lorient,[b 207]​ la abolición de la esclavitud durante el período revolucionario así como las dificultades para comerciar con las Antillas afectaron a Nantes,[b 208]​ mientras que Saint-Malo revive en la guerra racial que, a pesar del éxito de Surcouf, solo trajo un éxito mitigado. Brest , por su parte, estuvo sujeto al bloqueo británico y vio sus actividades de armamento y construcción naval transferidas a Anvers.[b 209]​ En el interior, la industria de las telas también se vio muy afectada, aislada de sus clientes debido a las guerras contra Inglaterra,[b 210]​ pero las fraguas registran por la misma razón numerosos encargos y se desarrollan durante este periodo.[b 211]

El lycée impérial de Nantes fue creado en 1803.

Políticamente, la región perdió toda autonomía en ese momento. Los cinco departamentos creados ya no tenían vínculos entre sí, aunque el Tribunal de Apelaciones de Rennes, creado en 1800, reanudó la división de la antigua provincia. Los prefectos establecidos a la cabeza de cada departamento tenían más poder que los intendentes del Antiguo Régimen y estaban estrechamente controlados por los ministerios del Interior y la Policía. La mayoría de los cuadros de la administración, como prefectos, obispos, profesores de escuelas secundarias o docentes, eran elegidos de fuera de la región. Localmente, los funcionarios y los concejales municipales de las ciudades de más de 5000 habitantes eran elegidos directamente por el emperador.[a 159]

Culturalmente, la lengua bretona fue excluida de la enseñanza de los tres liceos de reciente creación en en Rennes, en Nantes y en Pontivy en 1802-1803, así como las facultades que reabrieron en Rennes en 1808. Las costumbres locales como la soule,, o la representación de misterios también fueron comabatidos puntualmente.[a 160]

La región también fue equipada con las nuevas infraestructuras del momento. La construcción del canal de Nantes a Brest comenzó por liberar los puertos de Brest y Lorient del bloqueo costero.[a 161]​ Una línea de telégrafo, la segunda en Francia, también se desplegó entre París y Brest entre 1795 y 1799.[a 162]​ Del mismo modo, se creó una red de carreteras estratégicas alrededor de Pontivy, que, ubicada en el centro de la península, fue acondicionada y desarrollada para permitir un mejor control de la región; también toma el nombre de «Napoléonville» durante el Imperio. En el Este, Clisson se reconstruyó sobre una planta italiana después de haber sido devastado por el chouannerie.[a 163]

Época contemporánea[editar]

Un Plantilla:S mini- marcado por fuertes disparidades[editar]

Sectores económicos en crisis y otros innovadores[editar]

En las forjas de Paimpont, los altos hornos finalmente se detuvieron en 1884, víctimas de la situación económica.

En el siglo XIX, la economía bretona debió enfrentar el colapso de algunas de sus actividades tradicionales. Las forjas, solicitadas por las necesidades de la Marina durante el Primer Imperio, por la construcción de vías férreas a mediados de siglo y finalmente por la mecanización de la agricultura, sin embargo enfrentaron un declive desde 1860, debido al arcaísmo de sus métodos y la competencia de otras regiones francesas más rápida y fuertemente industrializadas. Solo las forjas ubicadas cerca del mar, y por lo tanto de sus propios mercados, como Basse-Indre y Hennebont, lograron mantenerse mediante la modernización.[a 164]​ Después de las forjas, la mayoría de las minas se cerraronn durante el siglo, o incluso al comienzo del siglo XX, como las de hierro, galena o carbón. De la misma manera, la producción de telas continuó su declive, marcado por la falta de modernización y una creciente competencia con las hilanderías mecánicas del departamento de Nord. En 1914, solo hay fábricas textiles en las cuencas de Nantes y Rennes.[a 165]​En el plano comercial, la mayoría de los puertos secundarios estaban tratando de convertirse al cabotaje, en particular construyendo cuencas a flote (puertos con esclusa) (por ejemplo, Le Légué en 1878 o Paimpol en 1884), pero no pudieron hacer frente a la competencia del ferrocarril.[a 166]​ Finalmente, la pesca del bacalao de los habitantes de Terranova, activos en una parte de la costa norte de Cancale a Paimpol, estaba disminuyendo gradualmente debido a la dificultad del oficio, del aumento de los costos de armadores y de la caída de los precios de venta. Al comienzo del siglo XX, la actividad se mantuvo difícilmente en la región de Saint-Malo y desapareció de la de Saint-Brieuc.[a 167]

Construidos en 1883, el Grand Casino, demolido en 1937 y el Grand Hôtel de Paramé, transformado en Thermes marins en 1963.

El siglo XIX fue también un período de modernización de los medios de comunicación. El canal del Blavet se completó en 1826, el de Nantes a Brest en 1842 y el de Ille-et-Rance en 1843. La década siguiente, el ferrocarril llegó a la región: Nantes fue conectado con el resto de Francia en 1851, Rennes en 1857, Lorient y Guingamp en 1862, Quimper y Pontivy en 1864 y Brest en 1865. La red de carreteras dobló su longitud en el siglo XIX, en particular gracias a las políticas de acondicionamiento del territorio de la Monarquía de julio: creación de una red de carreteras estratégicas en las zonas afectadas por las guerras vendéanas (en el sureste del departamento de Ille-et-Vilaine y en la Loire-Inférieure)[17]​ y la mejora de las carreteras reales, especialmente entre Rennes y Brest.[18]​ Sin embargo, estas conexiones se realizan principalmente para servir a los arsenales (Brest, Lorient, Indret) y para conectar la región con París en una perspectiva centralizadora. Las conexiones norte-sur no se mejoran y siguieron siendo difíciles.[a 168]​ Estos desarrollos permitieron evolucionar positivamente ciertos sectores económicos como la agricultura o la pesca, incluso estuvieron en el origen de la creación de otros como en el caso del turismo.[a 169]

Otros sectores surgieron en ese momento gracias a las evoluciones tecnológicas. El descubrimiento de la esterilización permiteió, a lo largo de la costa sur, el desarrollo de una industria conservera centrada en las sardinas. Su apogeo fue alrededor de 1880, cuando Bretaña concentraba 132 de las 160 fábricas francesas de sardinas. Estas fábricas a menudo estaban controladas por capitales nanteses y se crean allí grupos como Cassegrain (en 1861) o Saupiquet (en 1877).[a 170]​ Se desarrolló una nueva generación de fundiciones modernas que producían hojalata para abastecer a estas conserveras. Las fraguas en Hennebont, con 250 obreros cuando se fundaron en 1858, sumaron 3000 en 1914.[a 171]​ La modernización de la construcción naval fue también una fuente de crecimiento: Saint-Nazaire con la ayuda del escocés John Scott abrió en 1861 un astillero de construcción de barcos de hierro. En 1881, siguiendo el camino de la construcción en hierro se crearon los Ateliers et Chantiers de la Loire y los Chantiers de l'Atlantique con capitales de Nantes. La marina militar siguió esta evolución: los arsenales de Brest y de Lorient también se pasaron a la construcción en hierro.[a 172]​ De este último arsenal salió en 1861, la fragata acorazada La Couronne, seguida en 1876 y 1879 de los acorazados integrales La Dévastation y Le Redoutable.[19]​. En 1913, el 50% de los barcos de la marina nacional salieron de los astilleros bretones.[a 173]​ Finalmente, en la última parte del siglo XIX, el ferrocarril permitió desarrollar el turismo a lo largo de la costa, en primer lugar para los habitantes de las ciudades de la región, y luego para los parisinos y extranjeros. Ciudades como Paramé o Dinard vieron villas construirse villas para acomodar a esta última clientela.[a 174]

Los sectores más tradicionales también experimentaron un desarrollo significativo en ese momento. Fougères vio el desarrollo de una industria del calzado: primero con zuecos aprovechando los bosques circundantes, y luego desde la década de 1860 con base en el cuero.[a 175]​ Nantes vio el desarrollo de una industria azucarera, con la creación por Cossé-Duval de una refinería de azúcar piedra en 1836, o la apertura de las galletas Lefèvre-Utile en 1846. La pequeña industria dominaba el paisaje regional; en 1896, había 325 000 establecimientos industriales en los cinco departamentos de Bretaña.[a 176]

Una agricultura en mutación[editar]

La escuela regional de agricultura, creada en 1830, se mudó a Rennes en 1895.

El siglo XIX vio la modernización de la agricultura bretona gracias a varios factores. La difusión de los métodos modernos pasó por la capacitación de los agricultores actuales y futuros. Jules Rieffel desempeñó un papel clave al estar en la iniciativa en 1830 de la creación de una escuela agrícola en Nozay que se convirtió en una escuela regional de agricultura en 1848, y luego se transfirió a Rennes en 1895, pero también mediante la creación de revistas para difundir nuevas ideas.[b 212]​ En segundo lugar, la mecanización solo comenzó a tomar forma después de 1870, aunque la introducción de nuevas herramientas fue anterior. En 1823, el nantés Pierre Athénas adaptó una vertedera helicoidal a un arado. A fines de la década de 1830, el arado creado por Mathieu de Dombasle comenzó a popularizarse en la región.[b 213]​ En 1882, Finistère ocupó el cuarto lugar en las clasificaciones nacionales en número de aventadoras, con Côtes-du-Nord en el octavo e Ille-et-Vilaine en la undécima plaza.[b 214]​ En tercer lugar, el aporte de fertilizantes fosfatados comenzó a partir de 1850, primero lentamente y luego rápidamente después de 1880, ayudado por la modernización de los modos de transporte.[a 177]​.

La landa continuó ocupando un lugar importante en la agricultura bretona del siglo XIX, en particular gracias a su libre disponibilidad para los campesinos más pobres, para quienes este sistema era esencial para la supervivencia. El étrépage continuó practicándose allí: los campesinos eliminaban con la azada la capa superior del suelo y esta última se utilizaba como lecho y luego como estiércol. Las áreas despojadas se usaban luego como pastos. Seguía un ciclo de barbechos.[a 178]​ Las partes leñosas de tojo podían usarse como leña.[b 215]​ En 1834, casi el 27 % de la superficie estaba cubierta de brezo, unas 900 000 hectáreas, pero esta proporción se elevaba al 40 % en los departamentos de Finistère y Morbihan.[b 216]​ El desbroce llegó primero a la Alta Bretaña, antes de extenderse a la Baja Bretaña, especialmente después de 1880. Las superficies cayeron así a 785 000 hectáreas en 1862 y a 422 000 hectáreas en 1913.[a 179]

Las producciones agrícolas se diversificaron. Durante el periodo, el trigo pasó de plantarse en cuarto a la mitad de las superficies, la cebada y avena progresaro hasta ocupar la tercera parte de la superficie cerealista, mientras que el centeno y el trigo sarraceno perdieron cada uno la mitad de su superficie. La patata duplicó su superficie y los nabos, desconocidos en el comienzo del siglo, ocupaban un séptimo de las superficies en 1913.[a 180]​ Los equilibrios también cambiaron en la cría de ganado, a expensas de la cría de ovejas. La cabaña vacuna aumenta en un tercio en un siglo. Ayudados por la mejora de la alimentación, el peso de los animales se duplicó; la cantidad de cerdos también se duplicó, gracias al crecimiento de la cultura de la patata.[a 181]​ La cría de caballos de tiro se benefició del desarrollo del ferrocarril, particularmente en Landivisiau.[20]

Las exportaciones se desarrollaron: por ejemplo, los productores de cebolla de la región de Roscoff exportaban sus productos a Inglaterra ya en 1828. Estos Johnnies (comerciantes de cebolla roscovitas) llegaron a ser hasta 200 en 1860.[b 217]​ En términos más generales, la llegada del ferrocarril permitió una exportaciónmás rápida de las producciones hacia el exterior, particularmente a París, y condujo a un aumento en los precios de venta, favorable para los campesinos pero que penalizaba a los trabajadores de las ciudades pequeñas.[a 182]

Presión demográfica y emigración[editar]

La población bretona creció en aproximadamente un millón de habitantes entre 1815 y 1914, lo que permitió que la región permaneciese alrededor del 8% de la población total de Francia. Este crecimiento poblacional se debió a la combinación de una alta tasa de natalidad[a 183]​ y una lenta disminución en la tasa de mortalidad. El resultado fue una población joven, de los cuales los de menos de 20 años representaron durante el período aproximadamente el 40% de la población, mientras que la esperanza de vida de los bretones superaba los 41 años en todos los departamentos a partir del período 1891-1900. La densidad de población de la región siguió siendo más alta que la media francesa, siendo 92hab,/km² en 1911 contra 75hab,/km² en el resto del país.[a 184]

Saint-Nazaire conoció un fuerte crecimiento en el siglo XIX que le llevó a los 19 000 habitantes en 1865.

La población siguió siendo predominantemente rural, la proporción de «urbanos» pasó de solo el 20% al 26% entre 1876 y 1911. Esta tasa siguió siendo muy inferior a la media francesa que superaba el 54% en 1911. Son los pueblos rurales los que experimentaron un crecimiento fuerte, en lugar de las grandes ciudades.[a 185]​ Algunas ciudades pequeñas en la costa sur se estaban desarrollando rápidamente gracias al auge de las conserveras: Le Guilvinec pasó en pocos años de 500 a 3000 habitantes, Concarneau de 2500 a 5000 y Douarnenez de 1800 a 7500.[a 186]​ En la mayoría de estas ciudades, los modos de vida permanecieronn muy cercanos a los del campo circundante, y el bretón como el gallo se mantuvieron fácilmente hasta la Primera Guerra Mundial.[a 187]​ Algunas grandes ciudades, sin embargo, se impusieron en el momento. Nantes pasó de 74 000 habitantes en 1801 a casi 200 000 en vísperas de la guerra, y fue la única ciudad bretona que tenía una industria diferenciada y dotada de capitales propios, así como del primer tranvía francés. Rennes pasó de 25 000 habitantes en 1801 a 80 000 en 1911 y se afirmó como una ciudad administrativa y universitaria. Brest y Lorient dependían ambas de las actividades de la Marina, la primera contaba con 85 000 habitantes en 1911 (para una aglomeración de 115 000) y la segunda 45 000 habitantes con una aglomeración de 55 000.[a 188]Saint-Nazaire, transportado por la construcción naval, pasó de 4200 habitantes en 1846 a 19 000 habitantes en 1865.[a 189]

Densidad de población en Bretaña en 1887

Después de 1850, se producirá un movimiento de emigración debido a varios fenómenos.[a 190]​ En el interior de Bretaña, se observó la salida de los campesinos del interior de la región hacia las zonas costeras,[a 191]​ provocada por el cierre de forjas, minas y fábricas de tejidos que constituían complementos financieros indispensables[a 192]​ y por una puesta en valor de las tierras demasiado lenta para absorber el aumento de la población rural.[a 193]​ Al mismo tiempo, alrededor de 500 000 personas salieron de Bretaña para otras regiones entre 1871 y 1911.[a 194]​ Esta emigración se vio facilitada por la llegada del ferrocarril a la región ya en 1852.[a 195]​ La mitad de los emigrantes vive en la región de París, donde las mujeres trabajaron principalmente como empleadas domésticas y los hombres como cavadores.

Los marineros bretones se implantaron en los grandes puertos franceses: los marineros estatales en Toulon o Cherbourg, los del comercio en Le Havre, y los pescadores en Boulogne-sur-Mer o en La Rochelle. Se crearon en ellos barrios bretones, como el de Saint-François en Le Havre o el de Saint-Sauveur en La Rochelle.[a 196]​ Por el contrario, fueron pocos en número los que emigraron al exterior o a las colonias.[a 197]

La población permaneció marcada por muchos problemas de salud y varias crisis de subsistencia se declararon durante el siglo.[b 218]​ En 1910, los bretones siguieron siendo los más numerosos en Francia en ser eximidos del servicio militar debido al raquitismo, la idiotismo o la tuberculosis. Las epidemias disminuyeron en general durante el siglo, pero las enfermedades endémicas como la fiebre tifoidea, la disentería, la viruela y especialmente la tuberculosis continuaron afectando a la región.[a 198]

Se explican por la mediocridad de la alimentación, que siguió siendo desequilibrada y mal abastecida de carne fresca, pero también por una falta de higiene generalizada en el campo.[a 199]​ La educación conoció una bajada significativa después del período revolucionario. En 1832, 952 comunas bretonas de las 1475 existentes no tenía ninguna escuela.[b 219]​ Los progresos siguieron siendo lentos: en 1878, Finisterre se clasificó como el 87.º de los 89 departamentos franceses por tasa de escolarización de 6-13 años, Morbihan el 85.º, Côtes-du-Nord el 82.º, Loire-inférieure el 77.º e Ille-et-Vilaine el 67.º[b 220]​ El alcoholismo y el número de suicidios también están aumentando en la segunda mitad del siglo.[b 221]

En general, Bretaña siguió siendo una tierra a modernizar y era presentada como tal durante las exposiciones universales parisinas que marcaron el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX.[21]

Política, sindicatos, Iglesia: evolución de las relaciones de poder[editar]

Una tierra conservadora[editar]

Durante la Restauración y la Monarquía de Julio, el modo de sufragio siguió siendo censitario. Bretaña contó con menos electos que el resto de Francia: 1 elector por 423 habitantes en 1820, frente a 1 de 300 de media. Esta tasa aumentó solo un 20% en 1830. Los representantes electos, en su mayoría nobles o grandes terratenientes,[a 200]​ eran en su mayoría Ultras. Durante la revolución de julio de 1830, solo Nantes conoció disturbios.[a 201]

El cuerpo electoral dobló entre 1830 y 1848, a raíz de los cortes progresivos en los umbrales de elegibilidad, pero la región permanece por debajo de la media francesa, con un elector por 220 habitantes en Bretaña en 1848 frente a 1 por 150 habitantes en promedio en el resto del país. Al mismo tiempo, se constituyó una asociación de oposición republicana, la «association républicaine de l'Ouest» [asociación republicana del Oeste], llevada por Guépin a Nantes o Morhéry a Loudéac.[a 202]

La revolución que instauró en 1848 la Segunda República fue acogida de una manera generalmente favorable.[b 222]​ Las elecciones de abril de 1848 proporcionaron en Bretaña elegidos principalmente salidos de las profesiones liberales (37 de un total de 70 diputados), del derecho (48) y apoyados por el clero, mientras que los llegados de la vida económica fueron una minoría (16).[b 223]​ En las elecciones presidenciales del mismo año, Bretaña votó mayoritariamente por Luis Napoleón Bonaparte, pero Cavaignac obtuvo un mejor resultado que en el resto de Francia (53% para Bonaparte en Bretaña[b 224]​ contra el 74.2% a nivel francés), 43.06% para Cavaignac en Bretaña contra el 19.4% a nivel francés). Los diputados bretones, principalmente legitimistas, se opusieron al golpe de estado del 2 de diciembre de 1851 (44 de 59),[b 225]​ pero durante el plebiscito de 20 y 21 de diciembre de 1851, como en las elecciones legislativas del 19 de febrero de 1852, los bretones votaron en mayoría por el partido imperial, a pesar de las bajas tasas de participación, en torno al 67%. El clero, por su parte, también apoyó localmente al nuevo emperador, después de su apoyo a la expedición de Roma de 1849 para apoyar al papa y a la ley Falloux de 1850 sobre la libertad de enseñanza.[b 226]

La marcha de las ideas republicanas[editar]
El proceso de'Alfred Dreyfus en el Consejo de guerra de Rennes en 1899.

El Segundo Imperio conoció un apoyo limitado que se deterioró desde principios de la década de 1860. El nuevo apoyo de Napoleón a la unidad italiana le enajenó al clero.[b 227]​ En los últimos años de esta década, la burguesía bretona basculó a la oposición republicana.[b 228]​ El plebiscito de 1870, sin embargo, vio una gran victoria del «oui» con el 90.6% de los votantes a favor de la nueva constitución imperial (contra el 81.3% a nivel nacional), pero el «non» obtuvo buenos resultados en grandes ciudades como Brest (donde fue mayoritario), 40,1 %), o Lorient (27 %).[b 229]

La caída del Imperio durante la Guerra franco-prusiana de 1870 vio a los bretones participar activamente en la formación del nuevo gobierno provisional: el general Trochu de Belle-Île-en-Mer fue su presidente, Jules Simon, de Lorient, era el Ministro de instrucción pública, el general Le Flô de Lesneven, ministro de Guerra y Alexandre Glais-Bizoin de Quintin era miembro de la delegación de Tours. Sin embargo, la movilización bretona también trajo el episodio de Conlie, donde el contingente de 60 000 bretones movilizados por el general Kératry para la contraofensiva contra los prusianos, fue aparcado desarmado en condiciones insalubres por Léon Gambetta y los republicanos que temen «une nouvelle armée de chouans».[b 230]

La Tercera República tuvo dificultades para afirmarse en la región, debido a las diferencias económicas existentes entre Bretaña y el resto de Francia (latifundios nobiliarios contra pequeñas propiedades privadas) y debido a su oposición a la Iglesia, que era fuerte en la región.[b 231]​ El auge del republicanismo en la década de 1870 se logró por las ciudades, grandes y medianas, en detrimento de los elementos más radicales.[b 232]​ Por primera vez en las elecciones legislativas de 1881, los republicanos superaron a los conservadores.[b 233]​ La encíclica Inter-Solicitud de 1892 del papa León XIII, pidiendo a los católicos franceses que aceptasen la República, causó el desfonde de los candidatos monárquicos al legislativo de 1893.[b 234]​ Las cuestiones religiosas sin embargo resurgieron a principios del siglo XX, con el fondo del affaire Dreyfus —del que la revisión del proceso se llevó a cabo en Rennes en 1899[b 235]​— y de la política anticlerical de Émile Combes entre 1902-1905, que también tuvo como objetivo el uso del bretón.[b 236]​ Estas acciones en contra de lo que se percibía como los dos pilares de la identidad bretona, la religión y la lengua,[b 237]​ fueron el origen del desarrollo de los partidos políticos como el primer premier Emsav como la Union régionaliste bretonne, antes del alta de un millar de miembros, la Bleun Brug del abad Perrot en 1905, la Fédération régionaliste de Bretagne o el Parti nationaliste breton en 1911. Los dos últimos movimientos, sin embargo, tuvieron una audiencia muy limitada.[a 203]​ También fue en el período 1902-1914 cuando la izquierda progresó más en Bretaña y cuando se afirmaron los Radicales.[b 238]

Inicios del movimiento obrero[editar]

La ley Ollivier de 1864 que acordó el derecho de huelga tuvo una influencia limitada sobre la eclosión de un movimiento obrero en Bretaña. Habrá que esperar hasta 1869 parala fundación de la primera cámara sindical en Nantes; el desarrollo fue primero alrededor de esta ciudad, antes de que Rennes la siguiera en 1877 con la creación de su primera cámara sindical.[a 204]​ La ley Waldeck-Rousseau de 1884 que autorizaba los sindicatos llevó a la creación de 27 sindicatos entre 1880 y 1887, especialmente en las regiones de Nantes, Rennes, Saint-Nazaire y Fougères.[a 205]​ La progresión se aceleró en la última década del siglo: el movimiento pasó de 55 sindicatos con 5774 miembros en 1892 a 300 sindicatos con 36 330 sindicados en 1908.[a 206]​ El movimiento bretón desarrolló contactos con el resto del movimiento francés tras el Congreso de Nantes de la Federación Nacional de Sindicatos de 1894. Se estableció una red de bolsas de trabajo: la primera, en Saint-Nazaire, en 1892; luego Nantes y Rennes, en 1893;[a 207]​ Fougeres, en 1900; Lorient, en 1903; Brest y Saint-Brieuc en 1904; Quimper, en 1905; Vannes, en 1907; y Saint-Malo en 1909.[a 208]

El socialismo apareció en Bretaña primero en Brest con la creación de la sección de Brest de la Primera Internacional en 1869 por Constant Le Doré.[a 209]​ En Rennes, el primer grupo socialista se organizó en 1876 y fue seguido por la creación de un grupo de Nantes en 1880. En 1878 fue elegido unconcejal de este grupo en Rennes, seguido en 1884 por otros en Brest y Lambézellec.[a 210]​ El movimiento se estructuró a nivel regional con la creación de la Federación Socialista de Gran Bretaña en 1900,[a 211]​ pero su adhesión a la SFIO la hizo separarse en cinco secciones departamentales, ya que solamente se aceptaban federaciones departamentales. Brest proporcionó a Bretaña su primer alcalde socialista en 1904, Victor Aubert, luego su primer diputadoen 1910, Émile Goude.[a 212]

Una serie de grandes conflictos afectaron a la región desde 1892 hasta 1914, con un total de 1297 huelgas que reunieron a 246 804 huelguistas y un con un total de más de 3 millones de días no laborables. Los principales movimientos de la época afectaron a la región de Nantes en 1893[a 213]​, Trignac en 1894[a 214]​ los marinos-pescadores de la costa sur en 1896-1897, a Finistère en 1905, a las forjas de Hennebont en 1906, [a 215]​ a Fougèresen en 1906-1907 y nuevamente en 1914, a los estibadores de Nantes en 1907.[a 216]

Una cultura entre el romanticismo francés, el redescubrimiento del patrimonio y el desarrollo endógeno[editar]

En el campo artístico, con el desarrollo de la corriente romántica al comienzo de siglo XIX en Francia, Bretaña fue redescubierta por muchos artistas y aparece idealizada. Después de la muerte de Chateaubriand en 1848, su tumba en Saint-Malo se convirtió en un lugar de peregrinación para sus admiradores y para otros artistas.[b 239]​ Esta atracción por Bretaña se vio reforzada por la publicación de Barzaz Breiz en 1838 por Théodore Hersart de La Villemarqué y el éxito de sus reediciones durante la década siguiente.[b 240]​ Una visión estereotipada de la región, llevada por la imagen de los campesinos endomingados con pardons o por las costas graníticas salvajes, se hizo popular fuera de Bretaña desde la década de 1850. Eugène Boudin presentó en París en 1859 Le Pardon à Sainte-Anne-la-Palud y encontró un cierto éxito, lo que llevó a pintores a la región, en busca de esos paisajes y de esos temas.[b 241]Pont-Aven acogió a muchos desde 1865 y en particular a Gauguin en 1888.[b 242]​ El turismo emergente también fue parte de este proceso de folclorización. La primera guía turística que trataba de la región se publicó en 1845. La loza de Quimper creó su primer plato de tema «breton» en 1878.[b 243]


En el campo académico, se desarrollaron los estudios sobre la región. La Academia celta, activa en París desde 1804 hasta 1813, desempeñó un papel precursor.[b 244]​ En 1826, el canónigo Mahé lanzó la sociedad polimática en Vannes con el objetivo de salvaguardar las alineaciones de Carnac. Tras la creación de la Asociación Bretona en 1843, se crearon varias sociedades arqueológicas departamentales en los años siguientes.[b 245]Arthur de La Borderie se convirtió en el principal organizador de la investigación sobre estas cuestiones desde mediados del siglo y publicó a partir de 1899 y hasta 1906 una Histoire de Bretagne en seis volúmenes.[b 246]​ La Universidad de Rennes comenzó a trabajar para abrir un cátedra celta.[22]​ A continuación, se pidió a los cinco departamentos bretones que proporcionasen parte de los fondos necesarios para abrirla; en 1892, Finistère fue el primer departamento en proporcionar financiaciación, con 300 francos de los 3000 necesarios para la cátedra,[22]​ y finalmente se inauguró en 1903.[23]​ En el campo de la creación artística local, varios movimientos estaban trabajando. Jean-François Le Gonidec está en el origen de una gramática y un diccionario de bretón, así como de una propuesta de unificación del lenguaje escrito.[b 247]​ Las canciones y las historias orales en esta lengua comenzaron a ser publicadas con alrededor de 1500 ejemplares en la primera mitad del siglo XIX en forma de hojas de 6 a 8 páginas;[b 248]​ nobles como Aymar de La Calande comenzó desde la Restauración a interesarse en esta cultura popular. Algunos de los escritores de la región, en idioma francés, Chateaubriand, Ernest Renan o Jules Verne gozaron de gran popularidad.[a 217]​ También fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando el traje bretón, especialmente los tocados bretones, comenzaron a diversificarse. Dedicados a los festivales y a los desfiles, estos últimos se impusieron en el campesinado medio y alto.[b 249]

Première Guerre mondiale[editar]

Pendant la Première Guerre mondiale, la reconversion à l'économie de guerre affecte la Bretagne. Les campagnes sont touchées par le départ des hommes et des chevaux au front, ce qui désorganise le travail des champs ; les femmes et les enfants devant prendre le relais[a 218]​. La surface cultivée ne diminue que peu durant la période, mais les rendements connaissent une baisse. La hausse des prix de vente des produits agricoles permet dans le même temps un enrichissement des producteurs : le beurre passe de 2,20 francs avant-guerre à 12 francs fin 1918 ; la douzaine d'œufs de 0,80 francs à 5,50 francs sur la même période[a 219]​. L'industrie connait aussi une reconfiguration. Les domaines prioritaires pour l'effort de guerre sont favorisés par l'État : l'industrie textile nécessaire pour l'habillement des soldats, la métallurgie pour la fabrication d'obus, ainsi que les conserveries. D'autres tournent par contre au ralenti : les chantiers de constructions navales faute d'approvisionnement en fer et en charbon, ou encore le secteur du bâtiment[a 220]​. Avec le renchérissement des prix en ville, le mouvement syndical se restructure et une première grève éclate aux Chantiers de la Loire le 20 de octobre de 1916, avant que ce mouvement ne se développe au printemps et à l'été 1917[b 250]​.

La région est en outre éloignée du front terrestre, ce qui fait d'elle un lieu propice à l'accueil des réfugiés comme des prisonniers. Des camps d'internement sont ouverts à Guérande, Pontmain ou à l'Île Longue. Des civils alliés sont aussi accueillis, notamment venant de Belgique ou de Serbie. Au total, la Loire-Inférieure accueille 60 000 réfugiés pendant la guerre, les Côtes-du-Nord et le Morbihan 30 000, l'Ille-et-Vilaine 25 000 et le Finistère 22 800[a 221]​. Les ports de Brest et de Saint-Nazaire voient passer de nombreuses troupes alliées ainsi que leurs matériels : un peu moins de 800 000 soldats américains passent par ce premier port pendant le conflit. Les infrastructures des ports ligériens sont développées par le génie américain pour permettre le débarquement en masse d'équipements[a 222]​.

Monument aux morts de Tréguier, faisant figurer une femme en pleurs habillée d'une grande cape de deuil, par Francis Renaud.

La population bretonne, jeune (40 % des Bretons ont moins de 20 ans en 1914) et moins industrialisée (donc moins susceptible d'être rappelée dans des usines comme « affecté spécial »), fournit de nombreux fantassins[b 251]​. Le chiffre de 240 000 morts est après-guerre largement cité par différents bords politiques, avant d'être repris comme symbole par le Mouvement breton[b 252]​. Les études plus récentes d'historiens ramènent ce chiffre entre 140 et 150 000 morts, soit autour de 22 % des Bretons mobilisés, contre une moyenne française oscillant entre 16 et 17 %[b 253]​. Après la guerre, les monuments aux morts de la région se singularisent de ceux du reste de la France, les statues mettant davantage l'accent sur la désolation et le recueillement et faisant davantage figurer des paysans en costume de travail ou des femmes en habits de deuil, plutôt que le caractère héroïque des poilus[b 254]​. Par ailleurs, les mémoriaux sont pour la plupart construits dans un espace religieux ou funéraire, l'église ou le cimetière. Dans le même temps, les cérémonies commémoratives du 11 novembre contribuent à rapprocher la Bretagne de la France, en instituant une commémoration commune, alors que le 14 juillet ne s'était jamais imposé parmi les paysans de Basse-Bretagne[b 255]​.

D'une guerre à l'autre[editar]

Des résultats électoraux en décalage[editar]

Politiquement, la région est à contre-courant du reste de la France. Lors de la victoire du Bloc national aux législatives de 1919, la Bretagne donne 54 % des voix et 60 % des sièges à la gauche. Le premier maire communiste français est élu aux municipales à Douarnenez. Lors de la victoire du Cartel des gauches aux législatives de 1924, la région donne 45 % des voix et 60 % des sièges à la droite, en raison de la question de la laïcité et de l'enseignement scolaire qui renforce l'opposition catholique encore forte en Bretagne[c 1]​. À la même époque, la scission résultant du Congrès de Tours est favorable à la SFIO, alors que les effectifs du PCF chutent à partir de 1923[c 2]​. De nouveau, lors des législatives de 1932, la Bretagne se singularise : alors que le cartel des gauches s'impose de nouveau au niveau national, au niveau local les démocrates-chrétiens et les centristes non-anticléricaux remportent 17 sièges, la droite 10, les socialistes 4 et les radicaux 13[c 3]​. Lors des législatives de 1936 qui portent le Front populaire au pouvoir, la progression des socialistes se fait au détriment des radicaux et la gauche sort affaiblie et minoritaire de ce scrutin de 1936[c 4]​. Des expressions politiques plus locales sont aussi notables pendant l'entre-deux-guerres. Le mouvement démocrate-chrétien porté par le parti démocrate populaire compte de nombreuses sections dans la région et bénéficie du soutien du journal Ouest-Éclair jusqu'en 1933[c 5]​. Le Mouvement breton connait lui aussi une expression politique avec l'existence du parti autonomiste breton, actif de 1927 à 1931, avant de connaitre une scission entre la ligue fédéraliste de Bretagne, plutôt ancré à gauche, et le parti national breton, nationaliste ; ils ne regroupent cependant que quelques centaines de personnes et ont une faible audience électorale[c 6]​.

Grève des sardinières de Douarnenez en 1925-1926.

Au niveau syndical, la CGT, plus modérée que la CGT-U issue d'une scission, progresse jusqu'en 1928, mais la syndicalisation touche à l'époque principalement les arsenaux, la fonction publique et quelques grandes entreprises[c 7]​. La situation évolue avec une série de grèves concernant les ouvrières travaillant dans les conserveries de la côte Atlantique, notamment à Douarnenez en 1925-1926 où elle concerne 1600 personnes[c 8]​ et où elle est soutenue par le nouveau maire communiste de la ville, ce qui permet au parti communiste de s'implanter durablement dans les ports de pêche de la région. Le syndicalisme chrétien connait aussi une implantation importante après la création de la CFTC en 1919, notamment à Rennes, Fougères, Brest et Nantes[c 9]​. Le nombre de syndiqués augmente jusqu'à la crise de 1929, puis fléchit avant de connaitre une nouvelle dynamique de croissance après la fusion de la CGT et de la CGT-U en 1936. La même année, la Bretagne compte environ 100 000 syndiqués[c 10]​. La signature des accords Matignon en 1936 amène un certain nombre de grèves dans la région, mais seul un tiers des usines sont occupées lors de celles-ci, contre les deux tiers au niveau national[c 11]​. Globalement, les actions syndicales restent contrôlées et modérées pendant l'entre-deux-guerres, appuyées par une majorité réformiste parmi les salariés bretons[c 12]​.

L'Église catholique parvient à conserver une place importante, notamment à travers de grands évènements : la Fédération nationale catholique parvient ainsi à réunir 200 000 manifestants dans la région, dont 70 000 à Nantes, en réaction à la politique du Cartel des gauches en 1925[c 13]​ et entre 100 et 150 000 personnes sont présentes lors de l'inauguration du mémorial de Sainte-Anne-d'Auray en 1932[c 14]​. L'encadrement de la population continue, notamment dans le monde rural avec la création de la jeunesse agricole catholique en 1929[c 15]​. Sa place dans l'enseignement reste forte : les écoles privées catholiques scolarisent 57 % des enfants dans le primaire grâce à une prééminence dans la scolarisation des filles[c 16]​, mais le développement de l'enseignement secondaire, plus coûteux, lui fait perdre en présence. Elles ne scolarisent plus que 53 % des effectifs à la fin des années 1930 contre 62 % en 1910[c 17]​.

Mutations économiques et crise de 1929[editar]

La mise en service du port de pêche de Keroman à Lorient au début des années 1920 permet à la ville de se hisser à la Plantilla:2e des ports de pêche français dès la décennie suivante.

Dans l'agriculture, la première décennie est plutôt favorable aux cultivateurs. La mise en place du Crédit agricole mutuel permet aux exploitants d'acquérir leurs terres et les prix de vente sont rémunérateurs jusqu'à la fin des années 1920[c 18]​. Cependant, la crise de 1929 change la donne. Le cours des produits agricoles baisse à partir de cette date et, à partir de 1931, l'Angleterre arrête d'importer des pommes de terre en raison de la crise du doryphore, coupant ainsi la Bretagne-nord de ses débouchés. Les agriculteurs se tournent alors vers d'autres productions comme le lin, accentuant alors la surproduction dans ces secteurs[c 19]​. L'État met en place une politique de rachat et de destruction des excédents, mais les faibles indemnités font baisser le pouvoir d'achat des agriculteurs et le nombre de saisies augmente, surtout dans le Léon et le Trégor occidental et intérieur[c 20]​. Des mouvements sociaux d'opposition à cette politique se développent, notamment les chemises vertes de Dorgères[c 21]​, mais le début de reprise économique de l'automne 1934 ralentit celui-ci, les prix de vente repartant à la hausse[c 22]​.

La hausse de la production de primeurs et de légumes verts a un effet positif sur les conserveries de la région, par ailleurs favorisées par la mise en service du port de pêche de Keroman à Lorient au début des années 1920 et qui se hisse dès la fin des années 1930 au deuxième rang des ports de pêche français[c 23]​. Globalement, la situation ne bénéficie qu'à la côte sud, le déclin de la côte nord continuant à l'époque[a 223]​. L'essor du rail permet aussi à la vente de produits frais dans les grandes villes françaises de se développer[a 224]​.

L'industrie connait un développement propre à la région. L'éloignement de l'Allemagne permet aussi à la région de développer des activités industrielles, comme l'aéronautique et le raffinage pétrolier. À la veille de la Seconde Guerre mondiale, les deux tiers des bateaux de guerre ainsi que la majorité des paquebots français sont construits dans un espace situé entre Brest et Nantes[c 24]​. La question énergétique commence à apparaître. Le barrage de Guerlédan commence à être construit en 1921 et un projet de centrale marémotrice sur l'Aber-Wrac'h est formulé[c 25]​. Dans le même temps, les députés des houillères du Nord parviennent à imposer l'utilisation de charbon de leur région, plus cher et de moins bonne qualité que le charbon venant du pays de Galles, qui est alors utilisé en Bretagne, pénalisant ainsi plusieurs industries[c 26]​. La crise de 1929 touche de nombreuses industries nantaises, et dans le reste de la région les activités liées à la pêche, la métallurgie et le trafic portuaire sont les secteurs les plus touchés[c 27]​.

Vue panoramique d'une plage, avec des tentes pour abriter les baigneurs. Au fond une avancée rocheuse est surplombée de maisons.
Les débuts du tourisme : la plage de Dinard et ses cabines sur pilotis, entre 1890 et 1900.

Dans le tertiaire, le tourisme connait un début de massification sur la côte. La Baule-Escoublac et Dinard comptent respectivement 50 et 86 hôtels en 1926 – accueillant à la même date un total de 70 000 visiteurs – et une villégiature de luxe se développe dans certains secteurs côtiers[c 28]​. La crise de 1929 a raison d'une partie de ce tourisme de luxe et plusieurs casinos ferment après cette date[a 225]​. Les congés payés amènent à l'été 1937 un nouveau souffle à cette activité avec l'arrivée d'un demi-million d'estivants français et 100 000 étrangers dans la région, dopant la fréquentation des quelque 150 stations balnéaires de la région et de ses 12 casinos[c 29]​.

Société traditionnelle en recul et réponse culturelle de l'Emsav[editar]

La population continue de baisser. La région perd 200 000 personnes entre 1911 et 1921, et 38 000 de plus lors de la décennie suivante. L'émigration en est la principale explication, les campagnes perdant 300 000 habitants lorsque les villes n'en récupèrent que 87 000. Ce mouvement est particulièrement sensible dans les Côtes-du-Nord et le Morbihan, qui perdent respectivement 66 000 et 41 000 habitants en l'espace de vingt ans. Les 20-39 ans sont les plus touchés par ce phénomène et ne comptent plus que pour 29 % de la population en Bretagne, soit trois points de moins que la moyenne française. Des problèmes sanitaires touchent aussi la région. L'alcoolisme progresse dans des campagnes touchées par le manque de perspectives et par une législation favorisant l'attribution de licence aux veuves de guerre[c 30]​. Le nombre de suicides suit la même courbe en raison des difficultés économiques et du célibat rural. La tuberculose est à l'origine de la mort d'un citadin sur cinq et de 40 % des décès des 15-44 ans.[a 226]​ Certains groupes assurent cependant du lien social, les associations d'anciens combattants rassemblant 50 000 adhérents en 1928, et 125 000 en 1933[c 31]​.

Le Gwenn ha Du est proposé en 1923 par Morvan Marchal, issu du mouvement des Seiz Breur.

Le breton atteint son maximum historique de locuteurs, autour de 1,2 million, de même que le gallo,[a 227]​ mais se heurte à une politique répressive dans les écoles où l'utilisation du symbole est encouragée par l'administration scolaire. Un ministre de l'éducation de l'époque, Anatole de Monzie, déclare en 1925 que

pour l'unité linguistique de la France, la langue bretonne doit disparaître.

L'image de la région est dévalorisée dans les médias, notamment par le personnage de Bécassine[c 32]​. Une forme de standardisation vestimentaire est aussi perceptible dans les campagnes, et la pratique du chant comme des musiques traditionnelles décroît. Globalement, ces évolutions sont acceptées par une population qui voit dans ces changements la possibilité d'une promotion sociale[c 33]​.

La question culturelle bretonne resurgit à partir de 1923, portée par l'apparition du second Emsav. Les cercles celtiques créés à Paris dans les années 1910 étendent leur expansion en Bretagne dès l'après-guerre[c 34]​. Des fêtes à dimensions culturelles comme le Bleun-Brug connaissent aussi un certain succès à l'époque. Le groupe des Seiz Breur inspiré par Jeanne Malivel et créé en 1923 entend créer un artisanat breton contemporain et s’essaie à l'architecture, à l'ébénisterie, à la peinture, la céramique, etc[c 35]​. La littérature de langue bretonne est, elle, favorisée par l'édition de la revue Gwalarn à partir de 1925[c 36]​. La question de l'enseignement de la langue est portée par un groupe d'instituteurs laïcs proche de Yann Sohier et de l'association Ar Falz. La commune de Guerlesquin adopte en 1934 un vœu concernant l'enseignement du breton à l'école, rejointe par 24 autres communes la même année, puis 207 en de février de 1936 et 305 en 1938, soit près de la moitié des municipalités de Basse-Bretagne. Le mouvement reste cependant sans suite malgré l'élection de députés défendant un « programme du Front Breton »[c 37]​.

Seconde Guerre mondiale[editar]

Vie des populations pendant la guerre[editar]

Tract diffusé par la Résistance.

La région connait d'importants flux de population au début du conflit. En plus du départ des mobilisés, à la suite de l'ordre donné le 1 de septembre de 1939, la Bretagne, désignée comme aire d'accueil par l'administration, enregistre à partir de début de septembre de 1939 l'arrivée de populations du nord et du nord-est de la France. Après la percée de Sedan en de mai de 1940, un nouveau flux de réfugiés fuyant l'avancée allemande gagne la région, et en juin près de 750 000 personnes supplémentaires vivent dans une région dont la population se situe autour de 2,5 millions d'habitants[a 228]​. On compte par ailleurs de nombreux prisonniers bretons capturés pendant les opérations par l'armée allemande, et ceux-ci sont encore 137 000 dans les oflags et stalags en 1940[b 256]​.

De par l'occupation allemande, l'usage de laissez-passer se généralise pour avoir accès à la zone côtière sur une largeur de 15 à 20 km, un couvre-feu est aussi instauré de 23 à 5 heures du matin, et l'utilisation des voitures et motos est soumise à autorisation. Le rationnement de nourriture pèse lourd sur l'économie, la Wehrmacht étant prioritaire, et est à l'origine de l’essor important du marché noir. Par ailleurs, d'autres produits comme le caoutchouc ou le pétrole produits en dehors de la région sont en situation de pénurie.[a 229]

Contrairement à la Première Guerre mondiale durant laquelle la Bretagne, loin du front, n'avait pas subi de bombardements, ce conflit amène des destructions. Les grands ports sont pris pour cible par la RAF dès les premiers mois de l'occupation. Dès 1941, les bases de sous-marins et les chantiers navals sont pris pour cible pour limiter les sorties de U-boote qui attaquent les convois alliés lors de la bataille de l'Atlantique. Les cibles se diversifient dès 1942-1943, et les infrastructures liées aux transports sont visées.[a 230]​ La population est souvent victime de ces opérations, et les services de propagande exploitent la situation,[a 231]​ mais l'opinion bretonne se tourne très vite et très massivement contre l'occupant[a 232]​. En 1943, les principaux ports de la région sont évacués[a 233]​ et en 1944 la pêche est interdite.[a 234]

Comme dans le reste de l'Europe occupée, des phénomènes antagonistes de résistance et de collaboration se manifestent[c 38]​. Ce dernier phénomène est plus limité en Bretagne que dans le reste de la France, et les principales organisations comme le Rassemblement national populaire, le Parti populaire français et le Parti franciste ne totalisent qu'entre 600 et 833 membres par département, soit environ 0,15 % de la population. À côté de cette collaboration française se développe aussi une forme de collaboration issue de la branche politique du mouvement breton et représentant environ un septième des effectifs de la collaboration en Bretagne[c 39]​. Structurée autour du Parti national breton, une partie minoritaire va combattre avec les SS dans le Bezen Perrot[c 40]​. La Résistance se développe dans un premier temps pour des opérations de collecte d'informations, notamment avec la confrérie Notre-Dame du colonel Rémy, avant de se lancer dans des opérations de sabotage à partir de 1941[c 41]​. En 1942 commence une utilisation plus massive de la région par les services secrets anglais et les premières livraisons d'armes commencent. Des maquis se développent surtout à l'ouest d'une ligne Saint-Brieuc-Vannes, principalement en centre-Bretagne[c 42]​.

Occupation et opérations militaires dans la région[editar]

Plat-souvenir réalisé pour Noël 1942 pour les troupes allemandes occupant Rennes et sa région.
Plan large présentant un chantier de construction au bord du bassin du port de Lorient. De nombreuses grues sont visibles au-dessus d'une structure massive en béton armé.
La base sous-marine de Lorient en construction en 1942, suivant les plans de l'Organisation Todt.

La région est soumise dès la fin de juin de 1940 : Rennes capitule le 18 juin, Brest et Nantes le 19 et Lorient le 21[a 235]​. De par sa situation, la région est stratégique pour l'occupant : préparation à un possible débarquement en Angleterre, bataille de l'Atlantique, puis cible potentielle d'un débarquement allié en France. C'est le [[25e corps d'armée (Allemagne)|Plantilla:25e d'armée]] qui assure l'occupation, avec à sa tête Von Prager de de juin de 1940 à de mai de 1942 puis Fahrmbacher jusqu'à la fin de l'occupation. La construction ou l'agrandissement d'infrastructures militaires commencent:[a 236]​ les bases de sous-marins de Brest, Saint-Nazaire et Lorient commencent début 1941[24]​ et le chantier du mur de l'Atlantique en 1942. L'Organisation Todt est chargée des travaux et 82 000 personnes travaillent sur ces chantiers en Bretagne en de juin de 1943.[a 237]

À partir du 4 de juin de 1944, la résistance est sollicitée pour désorganiser l'occupant en prévision du débarquement de Normandie[c 43]​. Le 6 juin, à 00h30, des parachutistes du Special Air Service sautent successivement dans le Morbihan puis dans les Côtes-du-Nord pour former les résistants bretons dans le cadre de l'opération Overlord[25]​. Le 18 juin, le Maquis de Saint-Marcel subit la répression allemande[c 44]​. Les effectifs de la résistance passent de 1500 personnes le 6 juin à 9000 fin juillet puis à 30 000 au 8 août[c 45]​. La présence bretonne dans les Forces françaises libres est particulièrement forte et rapide. Elle représente en septembre 1940 plus de 70 % de ses effectifs, avant de se stabiliser autour de 40 % pendant le reste du conflit[c 46]​, et s'organise à Londres au sein du Sao Breiz[c 47]​.

La libération de la région commence à partir de la percée d'Avranches du 31 de juillet de 1944, avec la [[3e armée (USA)|Plantilla:IIIe armée américaine]] commandée par le général Patton. Les Allemands doivent se replier sur quelques ports bien défendus en attendant d'éventuels secours venant par la mer[c 48]​. Saint-Malo est libérée le 17 de août de 1944 après deux semaines de siège, et Brest l'est le 19 de septembre de 1944 après quatre semaines, soit quatre semaines après la libération de Paris. Dans les deux cas, les bombardements ont réduit ces villes en ruines.[a 238]Autour de Lorient et de Saint-Nazaire se constituent des poches qui ne se rendent que les 7 et 11 de mai de 1945[a 239]​.

L'après-guerre[editar]

Les Trente Glorieuses[editar]

Modernización económica[editar]
Le centre de télécommunication par satellite de Pleumeur-Bodou, símbolo del sector de las télécommunications naissant en Bretagne.

El campo conoció una fase de modernización técnica y estructural tras la popularización de las ideas de la juventud agrícola católica, con el establecimiento de parcelas más grandes y el desarrollo de la industria agroalimentaria. La electrificación del campo terminó entre 1952 y 1960, mientras que antes solamente el 40% de los hogares tenía acceso a ella. El tractor se generalizó en la década de 1960 y la inseminación artificial se expandió con la adopción de razas lecheras más productivas, como la normanda o frisona.[c 49]​ La ganadería intensiva comenzó en 1955 en la avicultura, antes de afectar también a la cría de cerdos después de 1965.[a 240]​ La cría de caballos de tiro se redirigió hacia la producción de carne para el mercado italiano.[20]​ Los cultivos de cereales y legumbres, debilitados por el aumento de los costos de producción y la disminución de los aranceles, experimentaron una serie de crisis entre 1957 y 1967.[c 50]​ Debe notarse el desarrollo de grandes cooperativas, motivadas por el deseo de evitar la intervención de capitales extranjeros, pero también favorecidas por grupos locales como Bridel o Doux. El crecimiento del sector se vio favorecido por el aumento del consumo francés y europeo, pero también por la política agrícola común que, desde 1962, garantizaba los precios y las ayudas a las exportaciones.[a 241]​ La pesquería también experimentaba un proceso similar de modernización, con un tonelaje que se duplicó entre 1947 y 1958, mientras que el empleo cayó de 20 000 a 8000 marinos-pescadores a medida que la flota se renovaba y se modernizaba.[a 242]

El Comité d'étude et de liaison des intérêts bretons [CELIB, Comité para el estudio y el enlace de los intereses bretones] lanzado por el periodista Joseph Martray desde 1949 llevó a cabo una labor de difusión y legitimación de las ideas de modernización económica y ejerció una gran influencia en la vida política y económica hasta finales de la década de 1960.[26]​ Llevado políticamente por René Pléven, reunió a una gran parte de los representantes electos bretones.[c 51]​ Un primer informe o «plan breton» fue publicado en 1953 y se dio a conocer el equipamiento rural como una prioridad. La comisión parlamentaria del CELIB, que reunía a todos los parlamentarios bretones, actuó como un grupo de presión efectivo, mientras los gobiernos de la Cuarta República solo tenían mayorías frágiles en el parlamento. Obtuvieron en enero de 1955 un decreto Mendès-France que apuntaba a un reequilibrio territorial evitando una concentración industrial y demográfica en la región parísina.[a 243]​. La región se benefició del primer plan de desarrollo regional, lo que permitió el lanzamiento de grandes proyectos públicos, como la planta mareomotriz de la Rance o la central nuclear de Brennilis. Las deslocalizaciones industriales hacia la región se intensificaron, y de 1954 a 1957, Bretaña acogió 600 empleos y diez nuevas empresas por año, y el movimiento alcanzó un pico entre 1961 y 1963 con 4000 nuevos empleos y 26 nuevas empresas por año antes de estabilizarse alrededor de 3300 nuevos empleos al año hasta 1968.[a 244]​ Los últimos avances se obtuvieron en 1968 con el plan de automatización telefónica, un plan routier breton, un puerto de aguas profundas en Roscoff y una refinería de petróleo en Brest.[a 245]

A nivel industrial, la reconstrucción de la flota de la marina mercante francesa favoreció los astilleros de Nantes y Saint-Nazaire de 1945 a 1952, pero pronto este último sitio concentró la mayoría de construcciones, como la del France lanzado en 1960.[c 52]​ Del mismo modo, la industria de la construcción fue alentada por la reconstrucción y el sector todavía concentra el 8% del empleo en la región en 1958. Por el contrario, las conserveras de la costa sur, como las forjas de Hennebont, experimentaron una pérdida de su fuerza de trabajo.[c 53]​ La electrónica comenzó a implantarse en la región en 1955 en Lannion. El Centre national d'études des télécommunications [Centro Nacional de Estudios de Telecomunicaciones] abrió su primer edificio en 1961[a 246]​ y en julio de 1962 tuvo lugar la primera «mondovision» desde el sitio Pleumeur-Bodou. Este sector de telecomunicaciones luego se desarrolló en Rennes y Brest durante los siguientes diez años.[a 247]

Renouveau culturel et « première vague bretonne »[editar]

Au niveau culturel, le troisième Emsav met en place plusieurs structures culturelles dès l'après-guerre. La confédération Kendalc'h est créée dès 1950 et vise à maintenir la culture bretonne[a 248]​. Dans le domaine musical, sous l'impulsion de Polig Monjarret et de la Bodadeg ar Sonerion est créée le premier bagad à Carhaix en 1947, sur le modèle des pipe-bands écossais ; ils sont une trentaine en 1954 et une centaine dans les années 1960[a 249]​. Le phénomène du fest-noz voit le jour lui aussi après-guerre sous l'impulsion de Loeiz Roparz à partir des années 1950, en remettant au goût du jour le chant Kan ha diskan[a 250]​. Dans le domaine de l'enseignement du breton, la loi Deixonne de 1951 autorise l'enseignement des langues régionales à l'école de façon optionnelle[a 251]​, et dès 1957 Loeiz Ropars enregistre avec les élèves du lycée de Quimper la première méthode audio-orale de breton[a 252]​. La région compte environ un million de bretonnants à l'époque et, en 1966, une pétition pour obtenir l'enseignement du breton à l'école obtient 160 000 signatures ; cependant, les familles cessent de transmettre la langue à leurs enfants, celle-ci étant vue comme un handicap[a 253]​.

Le domaine de la chanson va servir d'élément moteur à partir des années 1960. À cette époque, Glenmor remplit plusieurs salles parisiennes comme La Mutualité et sort son premier 33 tours en 1969. De son côté, Alan Stivell signe son premier contrat international avec la maison de disques Philips en 1967. Son spectacle à l'Olympia est diffusé le 28 de février de 1972 sur Europe 1, ce qui marque le début de la « première vague bretonne » ; par la suite, son album s'écoule à près de deux millions d'exemplaires en Europe et fait même la une du Melody Maker au Royaume-Uni[a 254]​. D'autres chanteurs émergent à la suite de ce succès comme Gilles Servat ou Tri Yann. Par ailleurs, ce phénomène se propage à d'autres aspects culturels : les cours de breton connaissent une hausse à l'époque et les écoles Diwan sont créées en 1977. La Charte culturelle bretonne est signée le 4 de octobre de 1977[a 255]​.

Le domaine littéraire est aussi favorisé par cette vague. Pierre-Jakez Hélias publie Le Cheval d'orgueil en 1975 et rencontre un grand succès à l'époque[a 256]​, tout comme le Comment peut-on être breton ? que publie Morvan Lebesque en 1970. Cependant cette première vague commence à s'essouffler à partir de 1977[a 257]​.

Renouveaux sociétaux et politiques[editar]

Au début de la Quatrième République, la plupart des villes et départements sont gérés par des alliances de la Troisième force, ce qui permet au centre de gouverner avec la SFIO malgré l'opposition des communistes et des gaullistes[a 258]​. Le retour des gaullistes à partir des législatives de 1958 marque un recul de la SFIO qui s'accentue davantage à celles de 1962. Le renouveau à gauche passe alors par la montée du PSU, plus décentralisé que la SFIO, qui enregistre son premier succès dès 1962 avec l'élection d'Antoine Mazier à Saint-Brieuc. Cependant, lors des élections présidentielles de 1965, François Mitterrand n'obtient que 26,5 % des suffrages au premier tour, soit six points de moins que la moyenne française, et autant que l'électorat de gauche en Bretagne lors des législatives de 1962, ce qui montre un tassement du mouvement[a 259]​. Le glissement vers la gauche continue cependant de s'accentuer aux élections suivantes, à l'exception des législatives de 1968 qui marquent un mouvement de réaction aux évènements de mai 68[a 260]​.

La question régionale s'invite aussi au niveau politique. Le mouvement pour l'organisation de la Bretagne créé en 1957 promeut des idées fédéralistes, puis l'Union démocratique bretonne créé à partir d'une scission de celui-ci en 1964 se place beaucoup plus à gauche ; ce dernier progresse surtout après 1968, ce qui oblige les autres partis de gauche à se positionner par rapport aux problèmes bretons.[a 261]​ Le Front de libération de la Bretagne manifeste son existence par un cycle d'attentats visant les représentations de l'État français entre 1966 et 1968, puis dans un second cycle de 1972 à 1985, visant notamment l'émetteur de Roc'h Trédudon en 1974 ou le château de Versailles en 1978. Le processus de régionalisation est par ailleurs soutenu par la population lors du référendum de 1969, contrairement au reste de la France. Cependant la loi Plantilla:Numéro-619 du 5 de juillet de 1972 (Expresión errónea: palabra «no» desconocida años), « portant création et organisation des régions » instaure un Conseil régional de Bretagne, duquel est exclu le département de la Loire-Atlantique, certains notables cherchant ainsi à préserver leurs fiefs. [a 262]​ Des mouvements sociaux sont aussi notables à l'époque, notamment en dehors des bastions industriels. Des fermetures d'usines dans la métallurgie (à Guingamp en 1966), la chaussure (Fougères) ou l'industrie navale (Nantes) entraînent de grandes manifestations de soutien[c 54]​. Après 1968, un nouveau type de conflit se développe, davantage axé sur la question de la parité salariale, alors que les ouvriers bretons restent moins bien payés que certains ouvriers d'autres régions. C'est dans ce contexte qu'éclate la grève du Joint français à Saint-Brieuc en de mars de 1972 ; après huit semaines, la direction cède aux revendications. La CFDT progresse à l'époque sur la CGT, les secteurs d'activité délocalisés récemment dans la région étant moins contrôlés par l'appareil de cette dernière[c 55]​. Le Gwenn ha Du commence à être popularisé à cette époque notamment pendant ces luttes sociales, en plus d'être présent dans des manifestations sportives et festives : il est visible dès mai 68 à la Sorbonne puis lors de la grève du Joint français en 1972 avant de s'imposer dans la plupart des manifestations[c 56]​.

Histoire récente[editar]

Ancrage à gauche, question de la réunification et essor de l'écologie politique[editar]

Politiquement, la gauche progresse lors des élections législatives dans les années 1970, jusqu'à devenir majoritaire avec 19 députés pour Plantilla:Nombre lors des législatives de 1981[b 257]​. La plupart des grandes villes de la région avaient déjà basculé à gauche, lors des élections municipales de 1977[a 263]​. Cette tendance politique reste plus forte en Bretagne que dans le reste de la France lors des scrutins suivants. Par ailleurs, les électeurs de la région votent sur cette période moins que dans le reste du pays pour le Parti communiste français ou pour le Front national, alors que l'extrême-gauche, les écologistes et les centristes y enregistrent des scores supérieurs à leurs moyennes nationales. Le conseil régional de Bretagne bascule à gauche lors des régionales de 2004, avec un peu moins de 59 % des voix[b 258]​. Par ailleurs, lors des scrutins européens, le taux d'abstention demeure parmi les plus faibles du pays et les électeurs de la région s'expriment en faveur du traité de Maastricht en 1992 et du projet de constitution européenne en 2005[b 259]​.

La question de la réunification de la région prend plus d'ampleur à partir de la loi Defferre de 1982 qui confirme la place de la Loire-Atlantique en Pays de la Loire. Une première manifestation réunit 7000 personnes à Nantes en 1977[a 264]​ et à partir du milieu des années 1980 une série de sondages d'opinion sont publiés relevant qu'une majorité des sondés de la région Bretagne et de Loire-Atlantique serait favorable à cette idée[a 265]​.

Vue de la mer, dans laquelle un bateau coule. La proue dépasse de l’eau, la poupe, sous l'eau est invisible. La met est bleue et marron, du fait de échappement du pétrole.
Le naufrage du pétrolier Amoco Cadiz en mars 1978 à Portsall (Finistère), et la marée noire qui s'ensuit, sensibilise les bretons à la question de l’environnement.

Une contestation environnementaliste prend corps dans les années 1970[a 266]​, d'abord sociale et tournée dans un premier temps contre les excès du remembrement dans les campagnes et contre les risques d'urbanisation incontrôlée sur le littoral, puis écologique à la suite du naufrage de l'Amoco Cadiz en 1978[a 267]​, à l'apparition des premières marées vertes[a 268]​ et des projets de centrales nucléaires à Plogoff et au Carnet[a 269]​.

Dynamisme culturel et scolaire[editar]

La région rattrape son retard éducatif en devenant l'une des régions produisant le plus de diplômés de l'enseignement supérieur du pays et s'appuie au début des années 2000 sur un réseau de cinq universités, de huit IUT et de 34 grandes écoles. Cependant, faute de débouchés professionnels dans la région pour cette jeunesse, la Bretagne devient par la même occasion l'une des principales exportatrices de matière grise en France[b 260]​. La région se hisse par ailleurs à la seconde place française en termes de nombre de maisons d'éditions et de livres publiés annuellement (respectivement 180 et 1000 à 1200 en 2000)[b 261]​.

La culture connait une dynamique importante, et à la fin des années 1990 on estime à 200 000 le nombre de personnes ayant à un moment de leur vie eu une pratique de la danse ou de la musique bretonnes, tandis que les festivals drainent un public important (en 1999 : 500 000 visiteurs pour le festival interceltique de Lorient, 250 000 pour le festival de Cornouaille et 150 000 pour le festival des Vieilles Charrues). Ce dernier, créé en 1992 en centre-Bretagne, est devenu en quelques années l'un des plus grands festivals musicaux français[b 262]​. Une « deuxième vague bretonne » émerge à partir de 1992-1993, portée par l'Héritage des Celtes que publie Dan Ar Braz en 1993[a 270]​ et marquée par un métissage musical poussé. Le nombre de festoù-noz passe de 299 en 1990 à 1446 en 2002[a 271]​.

La idioma bretonne continue sa baisse, le nombre de locuteurs passant à 304 000 en 1999[a 272]​. En revanche, l'enseignement de cette langue dans le secondaire augmente, les filières bilingues scolarisant 1774 élèves en 1992, puis 5673 en 1999, 11 073 en 2004[a 273]​ et 20 300 en 2014[27]​. Une signalisation routière bilingue commence à se déployer dans les années 1980, le conseil général des Côtes-d'Armor en adoptant le principe en 1986, suivi par celui du Finistère en 1990[b 263]​.

Crises économiques dans une région peu diversifiée[editar]

Les effectifs dans l'industrie progressent de 242 000 emplois en 1968 à 292 000 en 1992 (hors bâtiment et travaux publics). Le modèle industriel breton repose à 90 % sur des PME de moins de 10 salariés, implantées en milieu rural et dans de petites villes[a 274]​. Cela se traduit par un faible investissement de capitaux étrangers dans la région, et de 1996 à 2005 seulement 112 projets de création, extension ou reprise d'entreprise sont effectués par ce bais, dont la moitié concentrés en Ille-et-Vilaine[a 275]​. Le modèle industriel demeure peu diversifié et regroupé autour de quatre grands pôles que sont l'agroalimentaire (35 % des emplois de la région en 2002), la fabrication d'appareils électriques et électroniques, l'industrie automobile et la construction navale[a 276]​.

L'agriculture, avec 7 % des emplois de la région en 2002, continue son retrait, bien que la Bretagne reste par sa production la première région agricole de l'hexagone. Elle est cependant de plus en plus dépendante de l'évolution de cadres institutionnels comme la politique agricole commune ou des discussions de l'OMC. La modernisation de ce secteur entraine par ailleurs une dégradation de l'environnement qui vaut à la région d'être classée comme zone vulnérable par la Directive Nitrates de 1991[a 277]​. Le nombre d'exploitations passe de 92 500 en 1988 à 51 000 en 2000[a 278]​. La pêche connait une situation similaire, concentrant 40 % des emplois français dans ce secteur[a 279]​ et connaissant une période de crise allant de la fin des années 1980 au début des années 2000[a 280]​.

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. (Duby, 1978; 22)
  2. el sitio antiguo de Alet está cerca de Saint-Malo
  3. Informaciones obtenidas de Georges Minois, Nouvelle histoire de la Bretagne, Paris, Fayard, 1992.
  4. Duby, 1978; 31.
  5. Jean-Laurent Monnier, Nathalie Molinès (1993). «Le "Colombanien" : un facies régional du Paléolithique inférieur sur le littoral armoricano-atlantique». Bulletin de la Société préhistorique française (XL): 283-294. 
  6. Jean-Louis Monnier (1982). Les chasseurs de mammouths en Bretagne. Éditions Ouest-France. p. 32. 
  7. Fernand Braudel (1986). L'identité de la France. Arthaud-Flammarion. p. 294. 
  8. Croix, 1996, p. 101
  9. Michel Vergé-Franceschi (marzo de 2005). Colbert, la politique du bon sens. Petite Bibliothèque Payot. p. 532. ISBN 978-2228899659.  Parámetro desconocido |passage= ignorado (se sugiere |páginas=) (ayuda);
  10. Louis Chaumeil (1939). «Abrégé d'histoire de Lorient de la fondation (1666) à nos jours (1939)». Annales de Bretagne. 46 (46-1-2): 66-87.  Parámetro desconocido |passage= ignorado (se sugiere |páginas=) (ayuda)
  11. Croix, 1996, p. 125
  12. Croix, 1996, p. 124
  13. Croix, 1996, p. 129
  14. Croix, 1996, p. 139
  15. Guillaume Lécuillier (2007). «Quand l’ennemi venait de la mer, les fortifications littorales en Bretagne de 1683 à 1783». Annales de Bretagne et des Pays de l’Ouest. 114 (4): 149-165. 
  16. B. A. Pocquet du Haut-Jussé (1948). «Histoire ancienne de notre université». Annales de Bretagne. 55 (1): 156-182. 
  17. Plantilla:Reverdy1993, p. 105-108.
  18. Plantilla:Reverdy1993, p. 117-121.
  19. Louis Chaumeil (1939). «Abrégé d'histoire de Lorient de la fondation (1666) à nos jours (1939)». Annales de Bretagne. 46 (46-1-2): 66-87. , p. 78.
  20. a b Bernadette Lizet (2003). «Mastodonte et fil d'acier. L'épopée du cheval breton». La ricerca folklorica Retoriche dell'animalità. Rhétoriques de l'animalité (48): 53-70. 
  21. Charline Zeitoun (25 de agosto de 2015). «À l’époque des zoos humains». Consultado el 26 de agosto de 2016.  Parámetro desconocido |site= ignorado (ayuda)
  22. a b Joseph Loth (1892). «La chaire de celtique au conseil général du Finistère». Annales de Bretagne. 8: 733. Consultado el 6 de diciembre de 2010.  Parámetro desconocido |site= ignorado (ayuda).
  23. Gustave Dupont-Ferrier (1937). «Notice sur la vie et les travaux de M. Joseph Loth». Comptes-rendus des séances de l'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. 81 (5): 390-405. Consultado el 6 de diciembre de 2010.  Parámetro desconocido |site= ignorado (ayuda).
  24. Luc Braeuer (2008). La base de sous-marins de Lorient. Le Pouliguen: Liv'Édition. p. 64. ISBN 978-2-9525651-27.  Parámetro desconocido |passage= ignorado (se sugiere |páginas=) (ayuda)
  25. Olivier Porteau. "Esquisse d’un bilan réévalué de l’action des parachutistes français en Bretagne : mission militaire et/ou politique ? " (en français). En Envor, revue d'histoire contemporaine en Bretagne, n°2, été 2013, en ligne. 
  26. Evanno, Yves-Marie, « 22 juillet 1950 : la naissance du « miracle breton » », En Envor, consultado el 7 de agosto de 2013.
  27. «Rentrée scolaire. Ce qui change en Bretagne». Le Télégramme. 2 septembre 2014. Consultado el 4 de septiembre de 2014.  Parámetro desconocido |site= ignorado (ayuda)

Referencias[editar]

  1. Reliques de saint Corentin à l'abbaye de Marmoutier de Tours, de saint Gwenaël à Courcouronnes, de saint Samson à Saint-Symphorien d'Orléans, de saint Salomon à Pithiviers, saint Guénolé à Montreuil, saint Maudez à Saint-Mandé, et de saint Magloire à Paris.
  2. Le budget annuel du duché breton représente pendant son règne environ 9 tonnes d'argent par an. Celui de la république de Venise se situe entre 6 et 12 tonnes et celui du royaume de Navarre entre 3 et 6 tonnes. Concernant les grands royaumes de l'époque, le budget français varie entre 40 et 90 tonnes d'argent, celui de l'Angleterre entre 17 et 44 tonnes et celui de l'ensemble Bourguignon entre 20 et 27 tonnes.
  3. Sa femme est l'héritière des Penthièvre et il se présente donc comme l'héritier du pouvoir ducal.
  4. Par exemple, en 1757, un équipage arrivant à Brest avec 4000 malades du typhus transmet la maladie au reste de la Basse-Bretagne et l'épidémie fait entre 20 000 et 25 000 morts. Le typhus, qui a touché la population de la même manière en 1733 et en 1741 est ainsi désigné à l'époque comme « le mal de Brest ».
  • Toute l'Histoire de Bretagne - Des origines à nos jours, Jean-Jacques Monnier (dir.); Jean-Christophe Cassard (dir.)
  1. Monnier y Cassard, 2012, p. 9.
  2. Monnier y Cassard, 2012, p. 11
  3. Monnier y Cassard, 2012, p. 13
  4. Monnier y Cassard, 2012, p. 11.
  5. Monnier y Cassard, 2012, p. 12.
  6. Monnier y Cassard, 2012, p. 12.
  7. Monnier y Cassard, 2012, p. 15.
  8. Monnier y Cassard, 2012, p. 24.
  9. Monnier y Cassard, 2012, p. 25.
  10. Monnier y Cassard, 2012, p. 15.
  11. Monnier y Cassard, 2012, p. 19.
  12. Monnier y Cassard, 2012, p. 21.
  13. Monnier y Cassard, 2012, p. 23.
  14. Monnier y Cassard, 2012, p. 88
  15. Monnier y Cassard, 2012, p. 76
  16. Monnier y Cassard, 2012, p. 77
  17. Monnier y Cassard, 2012, p. 78
  18. Monnier y Cassard, 2012, p. 78
  19. Monnier y Cassard, 2012, p. 80
  20. Monnier y Cassard, 2012, p. 87
  21. Monnier y Cassard, 2012, p. 82
  22. Monnier y Cassard, 2012, p. 83
  23. Monnier y Cassard, 2012, p. 113
  24. Monnier y Cassard, 2012, p. 114
  25. Monnier y Cassard, 2012, p. 104
  26. Monnier y Cassard, 2012, p. 113
  27. Monnier y Cassard, 2012, p. 113
  28. Monnier y Cassard, 2012, p. 113
  29. Monnier y Cassard, 2012, p. 113
  30. Monnier y Cassard, 2012, p. 126
  31. Monnier y Cassard, 2012, p. 128
  32. Monnier y Cassard, 2012, p. 130
  33. Monnier y Cassard, 2012, p. 124
  34. Monnier y Cassard, 2012, p. 126
  35. Monnier y Cassard, 2012, p. 133
  36. Monnier y Cassard, 2012, p. 134
  37. Monnier y Cassard, 2012, p. 141
  38. Monnier y Cassard, 2012, p. 145
  39. Monnier y Cassard, 2012, p. 146
  40. Monnier y Cassard, 2012, p. 147
  41. Monnier y Cassard, 2012, p. 153
  42. Monnier y Cassard, 2012, p. 152
  43. Monnier y Cassard, 2012, p. 156
  44. Monnier y Cassard, 2012, p. 157
  45. Monnier y Cassard, 2012, p. 158
  46. Monnier y Cassard, 2012, p. 159
  47. Monnier y Cassard, 2012, p. 161
  48. Monnier y Cassard, 2012, p. 164
  49. Monnier y Cassard, 2012, p. 163
  50. Monnier y Cassard, 2012, p. 164
  51. Monnier y Cassard, 2012, p. 165
  52. Monnier y Cassard, 2012, p. 164
  53. Monnier y Cassard, 2012, p. 165
  54. Monnier y Cassard, 2012, p. 165
  55. Monnier y Cassard, 2012, p. 167
  56. Monnier y Cassard, 2012, p. 167
  57. Monnier y Cassard, 2012, p. 169
  58. Monnier y Cassard, 2012, p. 169
  59. Monnier y Cassard, 2012, p. 169
  60. Monnier y Cassard, 2012, p. 170
  61. Monnier y Cassard, 2012, p. 171
  62. Monnier y Cassard, 2012, p. 172
  63. Monnier y Cassard, 2012, p. 171
  64. Monnier y Cassard, 2012, p. 177
  65. Monnier y Cassard, 2012, p. 179
  66. Monnier y Cassard, 2012, p. 180
  67. Monnier y Cassard, 2012, p. 180
  68. Monnier y Cassard, 2012, p. 182
  69. Monnier y Cassard, 2012, p. 180
  70. Monnier y Cassard, 2012, p. 181
  71. Monnier y Cassard, 2012, p. 183
  72. Monnier y Cassard, 2012, p. 186
  73. Monnier y Cassard, 2012, p. 187
  74. Monnier y Cassard, 2012, p. 221
  75. Monnier y Cassard, 2012, p. 222
  76. Monnier y Cassard, 2012, p. 228
  77. Monnier y Cassard, 2012, p. 233
  78. Monnier y Cassard, 2012, p. 243
  79. Monnier y Cassard, 2012, p. 244
  80. Monnier y Cassard, 2012, p. 245
  81. Monnier y Cassard, 2012, p. 248
  82. Monnier y Cassard, 2012, p. 222
  83. Monnier y Cassard, 2012, p. 223
  84. Monnier y Cassard, 2012, p. 224
  85. Monnier y Cassard, 2012, p. 226
  86. Monnier y Cassard, 2012, p. 227
  87. Monnier y Cassard, 2012, p. 228
  88. Monnier y Cassard, 2012, p. 363
  89. Monnier y Cassard, 2012, p. 365
  90. Monnier y Cassard, 2012, p. 365
  91. Monnier y Cassard, 2012, p. 367
  92. Monnier y Cassard, 2012, p. 368
  93. Monnier y Cassard, 2012, p. 369
  94. Monnier y Cassard, 2012, p. 370
  95. Monnier y Cassard, 2012, p. 317
  96. Monnier y Cassard, 2012, p. 318
  97. Monnier y Cassard, 2012, p. 319
  98. Monnier y Cassard, 2012, p. 320
  99. Monnier y Cassard, 2012, p. 321
  100. Monnier y Cassard, 2012, p. 331
  101. Monnier y Cassard, 2012, p. 333
  102. Monnier y Cassard, 2012, p. 335
  103. Monnier y Cassard, 2012, p. 335
  104. Monnier y Cassard, 2012, p. 336
  105. Monnier y Cassard, 2012, p. 337
  106. Monnier y Cassard, 2012, p. 325
  107. Monnier y Cassard, 2012, p. 326
  108. Monnier y Cassard, 2012, p. 329
  109. >Monnier y Cassard, 2012, p. 329
  110. Monnier y Cassard, 2012, p. 340
  111. Monnier y Cassard, 2012, p. 340
  112. Monnier y Cassard, 2012, p. 340
  113. Monnier y Cassard, 2012, p. 345
  114. Monnier y Cassard, 2012, p. 347
  115. Monnier y Cassard, 2012, p. 354
  116. Monnier y Cassard, 2012, p. 349
  117. Monnier y Cassard, 2012, p. 350
  118. Monnier y Cassard, 2012, p. 351
  119. Monnier y Cassard, 2012, p. 355
  120. Monnier y Cassard, 2012, p. 370
  121. Monnier y Cassard, 2012, p. 371
  122. Monnier y Cassard, 2012, p. 376
  123. Monnier y Cassard, 2012, p. 378
  124. Monnier y Cassard, 2012, p. 379
  125. Monnier y Cassard, 2012, p. 325
  126. Monnier y Cassard, 2012, p. 424
  127. Monnier y Cassard, 2012, p. 426
  128. Monnier y Cassard, 2012, p. 428
  129. Monnier y Cassard, 2012, p. 429
  130. Monnier y Cassard, 2012, p. 380
  131. Monnier y Cassard, 2012, p. 383
  132. Monnier y Cassard, 2012, p. 384
  133. Monnier y Cassard, 2012, p. 384
  134. Monnier y Cassard, 2012, p. 386
  135. Monnier y Cassard, 2012, p. 388
  136. Monnier y Cassard, 2012, p. 389
  137. Monnier y Cassard, 2012, p. 389
  138. Monnier y Cassard, 2012, p. 390
  139. Monnier y Cassard, 2012, p. 391
  140. Monnier y Cassard, 2012, p. 393
  141. Monnier y Cassard, 2012, p. 394
  142. Monnier y Cassard, 2012, p. 405
  143. Monnier y Cassard, 2012, p. 406
  144. Monnier y Cassard, 2012, p. 404
  145. Monnier y Cassard, 2012, p. 401
  146. Monnier y Cassard, 2012, p. 419
  147. Monnier y Cassard, 2012, p. 398
  148. Monnier y Cassard, 2012, p. 397
  149. Monnier y Cassard, 2012, p. 410
  150. Monnier y Cassard, 2012, p. 437
  151. Monnier y Cassard, 2012, p. 446
  152. Monnier y Cassard, 2012, p. 447
  153. Monnier y Cassard, 2012, p. 448
  154. Monnier y Cassard, 2012, p. 448
  155. Monnier y Cassard, 2012, p. 450
  156. Monnier y Cassard, 2012, p. 451
  157. Monnier y Cassard, 2012, p. 454
  158. Monnier y Cassard, 2012, p. 455
  159. Monnier y Cassard, 2012, p. 465
  160. Monnier y Cassard, 2012, p. 465
  161. Monnier y Cassard, 2012, p. 469
  162. Monnier y Cassard, 2012, p. 467
  163. Monnier y Cassard, 2012, p. 469
  164. Monnier y Cassard, 2012, p. 470
  165. Monnier y Cassard, 2012, p. 471
  166. Monnier y Cassard, 2012, p. 472
  167. Monnier y Cassard, 2012, p. 473
  168. Monnier y Cassard, 2012, p. 472
  169. Monnier y Cassard, 2012, p. 472
  170. Monnier y Cassard, 2012, p. 475
  171. Monnier y Cassard, 2012, p. 476
  172. Monnier y Cassard, 2012, p. 478
  173. Monnier y Cassard, 2012, p. 479
  174. Monnier y Cassard, 2012, p. 482
  175. Monnier y Cassard, 2012, p. 480
  176. Monnier y Cassard, 2012, p. 481
  177. Monnier y Cassard, 2012, p. 485
  178. Monnier y Cassard, 2012, p. 478
  179. Monnier y Cassard, 2012, p. 486
  180. Monnier y Cassard, 2012, p. 486
  181. Monnier y Cassard, 2012, p. 488
  182. Monnier y Cassard, 2012, p. 484
  183. Monnier y Cassard, 2012, p. 493
  184. Monnier y Cassard, 2012, p. 494
  185. Monnier y Cassard, 2012, p. 500
  186. Monnier y Cassard, 2012, p. 476
  187. Monnier y Cassard, 2012, p. 502
  188. Monnier y Cassard, 2012, p. 502
  189. Monnier y Cassard, 2012, p. 478
  190. Monnier y Cassard, 2012, p. 493
  191. Monnier y Cassard, 2012, p. 495
  192. Monnier y Cassard, 2012, p. 471
  193. Monnier y Cassard, 2012, p. 495
  194. Monnier y Cassard, 2012, p. 497
  195. Monnier y Cassard, 2012, p. 472
  196. Monnier y Cassard, 2012, p. 497
  197. Monnier y Cassard, 2012, p. 498
  198. Monnier y Cassard, 2012, p. 498
  199. Monnier y Cassard, 2012, p. 499
  200. Monnier y Cassard, 2012, p. 574
  201. Monnier y Cassard, 2012, p. 575
  202. Monnier y Cassard, 2012, p. 576
  203. Monnier y Cassard, 2012, p. 584
  204. Monnier y Cassard, 2012, p. 533
  205. Monnier y Cassard, 2012, p. 534
  206. Monnier y Cassard, 2012, p. 536
  207. Monnier y Cassard, 2012, p. 537
  208. Monnier y Cassard, 2012, p. 538
  209. Monnier y Cassard, 2012, p. 534
  210. Monnier y Cassard, 2012, p. 535
  211. Monnier y Cassard, 2012, p. 541
  212. Monnier y Cassard, 2012, p. 542
  213. Monnier y Cassard, 2012, p. 544
  214. Monnier y Cassard, 2012, p. 546
  215. Monnier y Cassard, 2012, p. 547
  216. Monnier y Cassard, 2012, p. 548
  217. Monnier y Cassard, 2012, p. 557
  218. Monnier y Cassard, 2012, p. 590
  219. Monnier y Cassard, 2012, p. 591
  220. Monnier y Cassard, 2012, p. 592
  221. Monnier y Cassard, 2012, p. 595
  222. Monnier y Cassard, 2012, p. 596
  223. Monnier y Cassard, 2012, p. 619
  224. Monnier y Cassard, 2012, p. 622
  225. Monnier y Cassard, 2012, p. 630
  226. Monnier y Cassard, 2012, p. 140
  227. Monnier y Cassard, 2012, p. 140
  228. Monnier y Cassard, 2012, p. 719
  229. Monnier y Cassard, 2012, p. 721
  230. Monnier y Cassard, 2012, p. 721
  231. Monnier y Cassard, 2012, p. 723
  232. Monnier y Cassard, 2012, p. 725
  233. Monnier y Cassard, 2012, p. 723
  234. Monnier y Cassard, 2012, p. 721
  235. Monnier y Cassard, 2012, p. 718
  236. Monnier y Cassard, 2012, p. 720
  237. Monnier y Cassard, 2012, p. 720
  238. Monnier y Cassard, 2012, p. 723
  239. Monnier y Cassard, 2012, p. 724
  240. Monnier y Cassard, 2012, p. 746
  241. Monnier y Cassard, 2012, p. 748
  242. Monnier y Cassard, 2012, p. 745
  243. Monnier y Cassard, 2012, p. 749
  244. Monnier y Cassard, 2012, p. 750
  245. Monnier y Cassard, 2012, p. 753
  246. Monnier y Cassard, 2012, p. 751
  247. Monnier y Cassard, 2012, p. 752
  248. Monnier y Cassard, 2012, p. 755
  249. Monnier y Cassard, 2012, p. 756
  250. Monnier y Cassard, 2012, p. 757
  251. Monnier y Cassard, 2012, p. 755
  252. Monnier y Cassard, 2012, p. 756
  253. Monnier y Cassard, 2012, p. 758
  254. Monnier y Cassard, 2012, p. 760
  255. Monnier y Cassard, 2012, p. 761
  256. Monnier y Cassard, 2012, p. 773
  257. Monnier y Cassard, 2012, p. 775
  258. Monnier y Cassard, 2012, p. 762
  259. Monnier y Cassard, 2012, p. 763
  260. Monnier y Cassard, 2012, p. 764
  261. Monnier y Cassard, 2012, p. 764
  262. Monnier y Cassard, 2012, p. 764
  263. Monnier y Cassard, 2012, p. 789
  264. Monnier y Cassard, 2012, p. 779
  265. Monnier y Cassard, 2012, p. 780
  266. Monnier y Cassard, 2012, p. 783
  267. Monnier y Cassard, 2012, p. 785
  268. Monnier y Cassard, 2012, p. 786
  269. Monnier y Cassard, 2012, p. 788
  270. Monnier y Cassard, 2012, p. 811
  271. Monnier y Cassard, 2012, p. 812
  272. Monnier y Cassard, 2012, p. 822
  273. Monnier y Cassard, 2012, p. 823
  274. Monnier y Cassard, 2012, p. 769
  275. Monnier y Cassard, 2012, p. 809
  276. Monnier y Cassard, 2012, p. 804
  277. Monnier y Cassard, 2012, p. 800
  278. Monnier y Cassard, 2012, p. 801
  279. Monnier y Cassard, 2012, p. 802
  280. Monnier y Cassard, 2012, p. 803
  • Joël Cornette, Histoire de la Bretagne et des Bretons, Le Seuil, 2008.
  1. Cornette, 2008, p. 34.
  2. Cornette, 2008, p. 35.
  3. Cornette, 2008, p. 35
  4. Cornette, 2008, p. 36.
  5. Cornette, 2008, p. 39.
  6. Cornette, 2008, p. 47
  7. Cornette, 2008, p. 47
  8. Cornette, 2008, p. 48
  9. Cornette, 2008, p. 49
  10. Cornette, 2008, p. 50
  11. Cornette, 2008, p. 50
  12. Cornette, 2008, p. 52
  13. Cornette, 2008, p. 53
  14. Cornette, 2008, p. 53
  15. Cornette, 2008, p. 54
  16. Cornette, 2008, p. 54
  17. Cornette, 2008, p. 55
  18. Cornette, 2008, p. 55
  19. Cornette, 2008, p. 56
  20. Cornette, 2008, p. 57
  21. Cornette, 2008, p. 58
  22. Cornette, 2008, p. 59
  23. Cornette, 2008, p. 59
  24. Cornette, 2008, p. 60
  25. Cornette, 2008, p. 61
  26. Cornette, 2008, p. 71
  27. Cornette, 2008, p. 74
  28. Cornette, 2008, p. 67
  29. Cornette, 2008, p. 68
  30. Cornette, 2008, p. 69
  31. Cornette, 2008, p. 74
  32. Cornette, 2008, p. 75
  33. Cornette, 2008, p. 77
  34. Cornette, 2008, p. 78
  35. Cornette, 2008, p. 79
  36. Cornette, 2008, p. 80
  37. Cornette, 2008, p. 81
  38. Cornette, 2008, p. 82
  39. Cornette, 2008, p. 83
  40. Cornette, 2008, p. 85
  41. Cornette, 2008, p. 86
  42. Cornette, 2008, p. 101
  43. Cornette, 2008, p. 102
  44. Cornette, 2008, p. 89
  45. Cornette, 2008, p. 88
  46. Cornette, 2008, p. 95
  47. Cornette, 2008, p. 97
  48. Cornette, 2008, p. 104
  49. Cornette, 2008, p. 105
  50. Cornette, 2008, p. 106
  51. Cornette, 2008, p. 107
  52. Cornette, 2008, p. 108
  53. Cornette, 2008, p. 109
  54. Cornette, 2008, p. 110
  55. Cornette, 2008, p. 113
  56. Cornette, 2008, p. 114
  57. Cornette, 2008, p. 115
  58. Cornette, 2008, p. 121
  59. Cornette, 2008, p. 122
  60. Cornette, 2008, p. 127
  61. Cornette, 2008, p. 122
  62. Cornette, 2008, p. 116
  63. >Cornette, 2008, p. 149
  64. >Cornette, 2008, p. 149
  65. >Cornette, 2008, p. 150
  66. >Cornette, 2008, p. 150
  67. Cornette, 2008, p. 151
  68. Cornette, 2008, p. 151
  69. Cornette, 2008, p. 164
  70. Cornette, 2008, p. 151
  71. Cornette, 2008, p. 152
  72. Cornette, 2008, p. 153
  73. Cornette, 2008, p. 152
  74. Cornette, 2008, p. 53
  75. Cornette, 2008, p. 154
  76. Cornette, 2008, p. 159
  77. Cornette, 2008, p. 160
  78. Cornette, 2008, p. 163
  79. Cornette, 2008, p. 153
  80. Cornette, 2008, p. 162
  81. Cornette, 2008, p. 165
  82. Cornette, 2008, p. 167
  83. Cornette, 2008, p. 168
  84. Cornette, 2008, p. 169
  85. Cornette, 2008, p. 169
  86. Cornette, 2008, p. 170
  87. Cornette, 2008, p. 171
  88. Cornette, 2008, p. 172
  89. Cornette, 2008, p. 172
  90. Cornette, 2008, p. 173
  91. Cornette, 2008, p. 174
  92. Cornette, 2008, p. 175
  93. Cornette, 2008, p. 190
  94. Cornette, 2008, p. 191
  95. Cornette, 2008, p. 192
  96. Cornette, 2008, p. 191
  97. Cornette, 2008, p. 192
  98. Cornette, 2008, p. 193
  99. Cornette, 2008, p. 194
  100. Cornette, 2008, p. 198
  101. Cornette, 2008, p. 184
  102. Cornette, 2008, p. 179
  103. Cornette, 2008, p. 182
  104. Cornette, 2008, p. 177
  105. Cornette, 2008, p. 178
  106. Cornette, 2008, p. 179
  107. Cornette, 2008, p. 189
  108. Cornette, 2008, p. 190
  109. Cornette, 2008, p. 195
  110. Cornette, 2008, p. 196
  111. Cornette, 2008, p. 203
  112. Cornette, 2008, p. 202
  113. Cornette, 2008, p. 206
  114. Cornette, 2008, p. 207
  115. Cornette, 2008, p. 208
  116. Cornette, 2008, p. 204
  117. Cornette, 2008, p. 210
  118. Cornette, 2008, p. 218
  119. Cornette, 2008, p. 219
  120. Cornette, 2008, p. 217
  121. Cornette, 2008, p. 223
  122. Cornette, 2008, p. 223
  123. Cornette, 2008, p. 222
  124. Cornette, 2008, p. 227
  125. Cornette, 2008, p. 228
  126. Cornette, 2008, p. 228
  127. Cornette, 2008, p. 228
  128. Cornette, 2008, p. 229
  129. Cornette, 2008, p. 235
  130. Cornette, 2008, p. 236
  131. Cornette, 2008, p. 237
  132. Cornette, 2008, p. 239
  133. Cornette, 2008, p. 238
  134. Cornette, 2008, p. 240
  135. Cornette, 2008, p. 242
  136. Cornette, 2008, p. 243
  137. Cornette, 2008, p. 244
  138. Cornette, 2008, p. 247
  139. Cornette, 2008, p. 247
  140. Cornette, 2008, p. 248
  141. Cornette, 2008, p. 251
  142. Cornette, 2008, p. 248
  143. Cornette, 2008, p. 251
  144. Cornette, 2008, p. 256
  145. Cornette, 2008, p. 255
  146. Cornette, 2008, p. 258
  147. Cornette, 2008, p. 259
  148. Cornette, 2008, p. 275
  149. Cornette, 2008, p. 302
  150. Cornette, 2008, p. 303
  151. Cornette, 2008, p. 306
  152. Cornette, 2008, p. 303
  153. Cornette, 2008, p. 305
  154. Cornette, 2008, p. 310
  155. Cornette, 2008, p. 311
  156. Cornette, 2008, p. 310
  157. Cornette, 2008, p. 308
  158. Cornette, 2008, p. 309
  159. Cornette, 2008, p. 340
  160. Cornette, 2008, p. 312
  161. Cornette, 2008, p. 313
  162. Cornette, 2008, p. 314
  163. Cornette, 2008, p. 316
  164. Cornette, 2008, p. 317.
  165. Cornette, 2008, p. 323
  166. Cornette, 2008, p. 328
  167. Cornette, 2008, p. 384
  168. Cornette, 2008, p. 385
  169. Cornette, 2008, p. 386
  170. Cornette, 2008, p. 388
  171. Cornette, 2008, p. 390
  172. Cornette, 2008, p. 391
  173. Cornette, 2008, p. 393
  174. Cornette, 2008, p. 394
  175. Cornette, 2008, p. 395
  176. Cornette, 2008, p. 397
  177. Cornette, 2008, p. 408
  178. Cornette, 2008, p. 411
  179. Cornette, 2008, p. 412
  180. Cornette, 2008, p. 414
  181. Cornette, 2008, p. 418
  182. Cornette, 2008, p. 424
  183. Cornette, 2008, p. 425
  184. Cornette, 2008, p. 94
  185. Cornette, 2008, p. 95
  186. Cornette, 2008, p. 101
  187. Cornette, 2008, p. 104
  188. Cornette, 2008, p. 105
  189. Cornette, 2008, p. 135
  190. Cornette, 2008, p. 137
  191. Cornette, 2008, p. 142
  192. Cornette, 2008, p. 147
  193. Cornette, 2008, p. 153
  194. Cornette, 2008, p. 154
  195. Cornette, 2008, p. 157
  196. Cornette, 2008, p. 158
  197. Cornette, 2008, p. 170
  198. Cornette, 2008, p. 172
  199. Cornette, 2008, p. 172
  200. Cornette, 2008, p. 183
  201. Cornette, 2008, p. 184
  202. Cornette, 2008, p. 185
  203. Cornette, 2008, p. 187
  204. Cornette, 2008, p. 185
  205. Cornette, 2008, p. 189
  206. Cornette, 2008, p. 190
  207. Cornette, 2008, p. 215
  208. Cornette, 2008, p. 216
  209. Cornette, 2008, p. 217
  210. Cornette, 2008, p. 218
  211. Cornette, 2008, p. 222
  212. Cornette, 2008, p. 248
  213. Cornette, 2008, p. 252
  214. Cornette, 2008, p. 253
  215. Cornette, 2008, p. 251
  216. Cornette, 2008, p. 240
  217. Cornette, 2008, p. 254
  218. Cornette, 2008, p. 234
  219. Cornette, 2008, p. 235
  220. Cornette, 2008, p. 236
  221. Cornette, 2008, p. 237
  222. Cornette, 2008, p. 352
  223. Cornette, 2008, p. 356
  224. Cornette, 2008, p. 357
  225. Cornette, 2008, p. 358
  226. Cornette, 2008, p. 359
  227. Cornette, 2008, p. 367
  228. Cornette, 2008, p. 369
  229. Cornette, 2008, p. 370
  230. Cornette, 2008, p. 373
  231. Cornette, 2008, p. 377
  232. Cornette, 2008, p. 381
  233. Cornette, 2008, p. 384
  234. Cornette, 2008, p. 386
  235. Cornette, 2008, p. 387
  236. Cornette, 2008, p. 388
  237. Cornette, 2008, p. 390
  238. Cornette, 2008, p. 391
  239. Cornette, 2008, p. 288
  240. Cornette, 2008, p. 298
  241. Cornette, 2008, p. 289
  242. Cornette, 2008, p. 290
  243. Cornette, 2008, p. 291
  244. Cornette, 2008, p. 291
  245. Cornette, 2008, p. 293
  246. Cornette, 2008, p. 294
  247. Cornette, 2008, p. 296
  248. Cornette, 2008, p. 300
  249. Cornette, 2008, p. 261
  250. Cornette, 2008, p. 408
  251. Cornette, 2008, p. 418
  252. Cornette, 2008, p. 415
  253. Cornette, 2008, p. 418
  254. Cornette, 2008, p. 421
  255. Cornette, 2008, p. 422
  256. Cornette, 2008, p. 477
  257. Cornette, 2008, p. 576
  258. Cornette, 2008, p. 577
  259. Cornette, 2008, p. 600
  260. Cornette, 2008, p. 579
  261. Cornette, 2008, p. 586
  262. Cornette, 2008, p. 592
  263. Cornette, 2008, p. 583
  • Michel Denis (dir.); Jean-Jacques Monnier (coord.); Ronan Le Coadic; Patrick Gourlay; Claude Geslin. Histoire d'un siècle, Bretagne 1901-2000 - L'émancipation d'un monde.
  1. Denis et al., 2010, p. 129
  2. Denis et al., 2010, p. 136
  3. Denis et al., 2010, p. 156
  4. Denis et al., 2010, p. 157
  5. Denis et al., 2010, p. 158
  6. Denis et al., 2010, p. 159
  7. Denis et al., 2010, p. 130
  8. Denis et al., 2010, p. 132
  9. Denis et al., 2010, p. 133
  10. Denis et al., 2010, p. 153
  11. Denis et al., 2010, p. 154
  12. Denis et al., 2010, p. 155
  13. Denis et al., 2010, p. 129
  14. Denis et al., 2010, p. 124
  15. Denis et al., 2010, p. 134
  16. Denis et al., 2010, p. 157
  17. Denis et al., 2010, p. 158
  18. Denis et al., 2010, p. 134
  19. Denis et al., 2010, p. 147
  20. Denis et al., 2010, p. 148
  21. Denis et al., 2010, p. 150
  22. Denis et al., 2010, p. 151
  23. Denis et al., 2010, p. 161
  24. Denis et al., 2010, p. 162
  25. Denis et al., 2010, p. 636
  26. Denis et al., 2010, p. 638
  27. Denis et al., 2010, p. 639
  28. Denis et al., 2010, p. 137
  29. Denis et al., 2010, p. 161
  30. Denis et al., 2010, p. 139
  31. Denis et al., 2010, p. 128
  32. Denis et al., 2010, p. 141
  33. Denis et al., 2010, p. 142
  34. Denis et al., 2010, p. 144
  35. Denis et al., 2010, p. 145
  36. Denis et al., 2010, p. 146
  37. Denis et al., 2010, p. 160
  38. Denis et al., 2010, p. 183
  39. Denis et al., 2010, p. 184
  40. Denis et al., 2010, p. 184
  41. Denis et al., 2010, p. 186
  42. Denis et al., 2010, p. 187
  43. Denis et al., 2010, p. 188
  44. Denis et al., 2010, p. 191
  45. Denis et al., 2010, p. 193
  46. Denis et al., 2010, p. 169
  47. Denis et al., 2010, p. 168
  48. Denis et al., 2010, p. 194
  49. Denis et al., 2010, p. 216
  50. Denis et al., 2010, p. 219
  51. Denis et al., 2010, p. 224
  52. Denis et al., 2010, p. 223
  53. Denis et al., 2010, p. 224
  54. Denis et al., 2010, p. 238
  55. Denis et al., 2010, p. 240
  56. Denis et al., 2010, p. 276


Bibliografía[editar]

Obras generales[editar]

  • Joël Cornette (2008). Histoire de la Bretagne et des Bretons (Tomo 1). Le Seuil. p. 733. ISBN 2757809954. Cornette T1.  Parámetro desconocido |título tome= ignorado (ayuda)
  • Joël Cornette (2008). Histoire de la Bretagne et des Bretons (Tomo 2). Le Seuil. p. 749. ISBN 2757809962. Cornette T2.  Parámetro desconocido |título tome= ignorado (ayuda)
  • Joël Cornette, Histoire illustrée de la Bretagne et des Bretons, Le Seuil, 2015.
  • Jean-Jacques Monnier (dir.); Jean-Christophe Cassard (dir.) (2012). Toute l'Histoire de Bretagne - Des origines à nos jours. Morlaix: Skol Vrezh. p. 864. ISBN 978-2-915623-79-6. Toute l'Histoire de Bretagne 2012.  Parámetro desconocido |présentation en ligne= ignorado (ayuda)
  • Alain Croix (octubre de 1996). Bretagne, images et histoire. Rennes: Presses universitaires de Rennes. p. 226. ISBN 2-909275-74-4. Bretagne, images et histoire.  Parámetro desconocido |directeur1= ignorado (se sugiere |editor=) (ayuda);
  • Jean-Christophe Cassard (dir.); Alain Croix (dir.); Jean-René Le Quéau; Jean-Yves Veillard (octobre de 2008). Dictionnaire d'histoire de Bretagne (en francés). Skol Vreizh. p. 942. ISBN 978-2915623451.  Parámetro desconocido |directeur4= ignorado (ayuda); Parámetro desconocido |directeur3= ignorado (ayuda)
  • Jean Delumeau (octobre de 2000). Histoire de la Bretagne (en francés). Privat. p. 560. ISBN 2708917048. 

Obras centradas en un periodo[editar]

  • Prehistoria y Antigüedad:
    • Jean-Laurent Monnier (noviembre de 1991). La préhistoire de Bretagne et d'Armorique (en francés). J.p. Gisserot. p. 123. ISBN 287747075X. 
    • Jacques Briard (noviembre de 1991). La Protohistoire de Bretagne et d'Armorique (en francés). J.p. Gisserot. p. 112. ISBN 2877470768. 
    • Pape Louis (1995). La Bretagne romaine. Université. Rennes: éditions Ouest-France. p. 309. ISBN 2-7373-0531-4. 
  • Alta Edad Media:
    • André Chédeville; Hubert Guillotel (1984). La Bretagne des saints et des rois - V×10{{{1}}}-X×10{{{1}}} siècle. Université. Rennes: éditions Ouest-France. p. 423. ISBN 2-85882-613-7. 
    • Bernard Merdrignac (2012). D'une Bretagne à l’autre - Les migrations bretonnes entre histoire et légendes (en francés). Rennes: Presses universitaires de Rennes. p. 294. ISBN 978-2-7535-1776-9. 
    • Léon Fleuriot (1988). Les Origines de la Bretagne - l'émigration. Bibliothèque historique (en francés). París: Payot. p. 353. ISBN 2-228-12711-6.  Parámetro desconocido |numéro dans collection= ignorado (ayuda); Parámetro desconocido |présentation en ligne= ignorado (ayuda); Parámetro desconocido |año première édition= ignorado (ayuda), Plantilla:Lire en ligne, Plantilla:Lire en ligne
    • Jean-Christophe Cassard (février de 2003). Les Bretons de Nominoë (en francés). Rennes: Presses universitaires de Rennes. p. 339. ISBN 978-2868477767. 
  • El ducado de Bretaña:
    • André Chédeville; Noël-Yves Tonnerre (1987). La Bretagne féodale - XIe-XIIIe siècle. Université. Rennes: éditions Ouest-France. p. 440. ISBN 2-7373-0014-2. 
    • Michael Jones (1998). La Bretagne ducale. Jean IV de Montfort (1364-1399) entre la France et l'Angleterre (en francés). Rennes: Presses universitaires de Rennes. p. 268. ISBN 2-86847-297-4. 
    • Jean Kerhervé (1987). L'État breton aux s- XIVe et XVe - Les ducs, l'argent et les hommes (en francés) (Tomos 1 y 2). París: Éditions Maloine. p. 1080. ISBN 2-22401703-0. 
    • Jean Kerhervé (1992). 1491. La Bretagne terre d'Europe - Actes du colloque international de Brest (1991) (en francés). Brest: Centre de recherche bretonne et celtique. p. 523. ISBN 2-906790-02-8. 
    • Jean-Pierre Leguay; Hervé Martin (1982). Fastes et malheurs de la Bretagne ducale, 1213-1532 (en francés). Rennes: Éditions Ouest-France. p. 435. ISBN 2-85882-309-X. 
  • La provincia francesa:
    • Alain Croix (janvier de 2009). La Bretagne aux 16e et 17e siècles : La vie, la mort, la foi (en francés) (Tomo 2). Maloine. p. 1571. ISBN 978-2224006815. 
    • Joël Cornette (2008). Le marquis et le Régent. Une conspiration bretonne à l'aube des Lumières (en francés). París: Tallandier. p. 476. ISBN 978-2847344820. 
    • Alain Croix (1996). L'âge d'or de la Bretagne -1532-1675. université. Rennes: éditions Ouest-France. p. 561. ISBN 2-7373-0737-6. 
  • Desde 1789:
    • Roger Dupuy (2004). La Bretagne sous la Révolution et l'Empire, 1789-1815 (en francés). Rennes: Éditions Ouest-France. p. 350. ISBN 978-2737335020. 
    • Jean-Yves Guiomar (1987). Le Bretonisme. Les historiens bretons au XIXe siècle (en francés). Mayenne: Imprimerie de la Manutention. p. 444. ISBN 978-2855540238. 
    • Michel Denis (dir.); Jean-Jacques Monnier (coord.); Ronan Le Coadic; Patrick Gourlay; Claude Geslin (juin de 2010). Histoire d'un siècle, Bretagne 1901-2000 - L'émancipation d'un monde. Morlaix: Sol Vreizh. p. 400. ISBN 2915623627. Histoire d'un siècle. 
    • Michel Lagrée (1992). Religion et cultures en Bretagne, 1850-1950 (en francés). París: Fayard. p. 602. ISBN 978-2213029245.  Parámetro desconocido |passage= ignorado (se sugiere |páginas=) (ayuda)

Obras temáticas[editar]

  • Jean Balcou; V. Le Gallo (2000). Histoire littéraire et culturelle de la Bretagne (en francés). Honoré Champion. ISBN 2852038455. 
  • Guy Devailly (1980). Histoire religieuse de la Bretagne (en francés). Chambray-lès-Tours: CLD. p. 395. 
  • Mussat André (1979). Arts et cultures de Bretagne, un millénaire (en francés). Berger-Levrault. 
  • Le Page Dominique (direction) (2015). 11 batailles qui ont fait la Bretagne (en francés). Skol Vreizh. p. 362. ISBN 978-2-36758-043-2. 

Enlaces externos[editar]