Cultura romano-británica

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

La cultura romano británica es la cultura de los britanos romanizados por el Imperio romano y posteriormente el Imperio romano de Occidente, y de aquellos expuestos a la cultura romana en los años posteriores a la partida de los romanos.

Llegada de los romanos[editar]

Los romano-británicos inicialmente eran un grupo diverso de pueblos celtas (de habla mayoritariamente británica) que vivían y generalmente peleaban entre sí, que recién se unieron cuando las tropas romanas comandadas por el Emperador Claudio invadieron Britannia en el 43 DC. [1] Habiendo sido vencidos y conquistados, las distintas tribus fueron asimiladas en el Imperio romano como la provincia de Britannia. Miles de oficiales y hombres de negocios romanos llegaron a Britannia para asentarse acompañados por sus familias. Tropas romanas de todos los puntos del Imperio incluyendo España, el Norte de África y Egipto fueron desplazadas hacia pueblos romanos, tomando esposas bretonas y aportando una diversidad de culturas y religiones a Britannia, permaneciendo su base celta aunque con un estilo de vida romano.

Durante algunos años Bretaña fue también independiente del resto del Imperio romano, primero como parte del Imperio Galo, y un par de décadas después bajo los usurpadores Carausio y Allectus.

El cristianismo llegó a Bretaña en el siglo III. Una de las primeras figuras fue San Albano, que fue martirizado cerca del pueblo romano de Verulamium, donde hoy se alza St Albans, según la tradición este hecho ocurrió durante el reinado del emperador Decius.

Ciudadanía romana[editar]

Un elemento importante utilizado por los romanos para influir sobre la vida británica fue el otorgamiento de la ciudadanía romana [1]. Inicialmente esto se realizaba en forma muy selectiva: a los miembros del consejo de ciertas clases de pueblos, a los cuales los usos romanos hacían ciudadanos; a los veteranos, tanto legionarios o soldados de unidades auxiliares; y a ciertos nativos cuyos patrones se las conseguían. Algunos de los reyes celtas locales, como Togidubno, recibieron la ciudadanía romana de esta manera. Sin embargo, el número de ciudadanos se incrementó progresivamente a lo largo de los años, a medida que la gente heredaba su ciudadanía y se ofrecían nuevas ciudadanías. Eventualmente, prácticamente toda la población no esclava ni de origen liberto adquirió la ciudadanía bajo la Constitutio Antoniniana del 212 d.C..

Los otros habitantes de Britannia, que no disfrutaban de la ciudadanía, los peregrini, continuaron viviendo bajo sus leyes ancestrales. Las principales dificultades eran que estas personas no podían:

  • poseer tierras de titularidad latina,
  • servir como legionarios en el ejército (aunque podrían servir en las unidades auxiliares, y llegar a ser ciudadano romano como compensación)
  • en general, heredar de un ciudadano romano.

Aunque la mayoría de habitantes británicos, que eran campesinos ligados a la tierra, la ciudadanía no alteraba de forma drástica su vida cotidiana.

La retirada romana[editar]

Britannia llegó a ser una de las provincias más leales al imperio hasta su declive, cuando el poder romano empezó a declinar por las guerras civiles, lo cual llevó a Honorio a llevar de vuelta a las tropas romanas de vuelta a la metrópoli para ayudar a combatir a las fuerzas invasoras.

Tras la retirada de Roma de Britannia, los romano-británicos se vieron obligados a luchar por sí mismos. Estaban divididos políticamente, y hubo autoproclamaciones de régulos que luchaban entre sí y que hicieron que Gran Bretaña estuviera expuesta a invasiones desde el exterior.


Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Kinder, H. & Hilgemann W. The Penguin Atlas of World History, Penguin Books, London 1978, ISBN 0-14-051054-0