Castilla

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Castilla es un término recurrente en el imaginario español contemporáneo, vinculado a una región imprecisa en el interior de la península ibérica, y que remite su construcción como idea a diversas entidades territoriales previas de raigambre medieval, como fueron el Condado de Castilla, el Reino de Castilla y la Corona de Castilla.

La articulación variable de la idea de «Castilla», colocada por el noventayochismo como esencia de España, ha sido desarrollada tanto en términos de identidad por parte del regionalismo castellano como también en términos de otredad por parte de los nacionalismos periféricos.

Entre otros ejes, las diferentes visiones contemporáneas de Castilla varían en función de la importancia específica que cada una otorgue al rol de Castilla y «lo castellano» en la construcción de «España».[1]

Antecedentes[editar]

Contextualización[editar]

El liberalismo decimonónico impulsó un proyecto de construcción nacional de España; uno de sus pivotes, junto al de la acción histórica del Estado, fue la expresión cultural simbolizada por Castilla.[2]

¿Y qué se encuentra en la inmensa meseta que se extiende desde Jaén hasta Vitoria, desde León hasta Albacete, desde Salamanca hasta Castellón, desde Badajoz hasta Teruel? Yo bién sé que Castilla, madre pródiga y poco calculadora, se ha quedado sin sangre por darla á un mundo nuevo, por regarla con soberbia grandeza en todos los confines del planeta. Pero vamos al hecho, dando de lado las causas y concausas que lo hayan producido. ¿Qué es hoy Castilla? Recórrase en cualquiera dirección. ¿Qué es hoy Castilla? Un páramo horrible poblado por gentes cuya cualidad característica aparente es el odio al agua y al árbol; ¡las dos fuentes de futura riqueza!
—Ramiro de Maeztu, «La meseta castellana». (Moreno Hernández, 2000, p. 203)

Castilla fue apelada en el cambio de siglo por parte de la Institución Libre de Enseñanza así como por los autores de la generación del 98 como refugio espiritual de España,[3] estableciéndose tras el desastre las bases de un nacionalismo español de nuevo cuño en la historiografía.[4] Un lugar común es la extensión del paisaje y la naturaleza al carácter de sus gentes.[5] La evocación de sus paisajes fue una constante entre los miembros de la Institución Libre de Enseñanza.

Giner de los Ríos colocó a la sierra de Guadarrama como expresión de Castilla

En este contexto, Giner de los Ríos encontró en este paisaje castellano atributos tales como una «robusta fuerza interior, severa grandeza, nobleza, dignidad, señorío, esfuerzo indomable, gravedad, austeridad, carácter y modo de ser poético».[6] La concepción institucionista de Castilla entronca y conecta con la ideación de esta por parte de la generación del 98, que encontraría en la región un vehículo a través del cual materializar sus inquietudes.[7] Giner de los Ríos, estableció en sus escritos a la sierra de Guadarrama como expresión particular del paisaje castellano,[8] y a Peñalara en un símbolo, encontrando a su vez el escritor Enrique de Mesa la ascensión a dicha cumbre como clave para entender tanto Castilla la Vieja («ennoblecida por los hidalgos cuerdos») y Castilla la Nueva («sublimada por el hidalgo loco»).[9]

Maeztu identificó a Castilla con la meseta sin árboles.

Entre los noventayochistas que contribuyeron a la definición de este paisaje castellano se encuentra el poeta Antonio Machado, con sus Campos de Castilla,[6] además de Azorín, especialmente afín a los planteamientos de la Institución en relación a Castilla, que habría encontrado en la población de la región «el tipo del campesino castellano castizo, histórico: noble, austero, grave y elegante en el ademán; corto, sentencioso y agudo en sus razones».[10] Joaquín Costa identificó a España con Castilla con su «Pasaron siglos, Castilla se hizo España».[11] En Miguel de Unamuno, inicialmente con posiciones críticas, se observa una progresiva identificación con la idea de Castilla.[12] Ramiro de Maeztu la identifica con la meseta.[13]

Ortega y Gasset plasmó en sus escritos la influencia de la asociación simbólica por parte de Giner de los Ríos de España en Castilla y de Castilla en «un esenciero de españolía».[14] En 1921 escribió en su España invertebrada «Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho».[15]

Castilla aparecería, en una compleja relación de amor-odio, como motivo recurrente de la obra del regeneracionista Julio Senador, caracterizado por su pesimismo antropológico.[16] En Castilla en escombros (1915) llegó a sostener que «decir Castilla no es más que articular un vocablo vacío de sentido, porque ya no queda aquí ninguna Castilla de existencia real».[17]

El carreterismo incidió en la identificación de Castilla con las montañas.

Desde una perspectiva de regionalista castellano, Luis Carretero Nieva reconoció a Castilla en 1918 en las provincias de Ávila, Burgos, Logroño, Santander, Segovia y Soria, y, oponiendo «Castilla» con «León» y recelando de la ciudad de Valladolid, plasmó la idea de que Castilla no se asociaba con la llanura de la meseta, sino con las «montañas»; sus ideas y las de su hijo Anselmo, que posteriormente agrandaría la idea de Castilla a las provincias novocastellanas de Madrid, Guadalajara y Cuenca, llegarían a tener cierto eco en el desarrollo del proceso preautonómico en Castilla y León, que tuvo lugar a caballo de las décadas de 1970 y de 1980.[18]

En relación a La Montaña, autores como Clarín y Amador de los Ríos abogaron por la idea de Cantabria en Castilla oponiéndose a la posibilidad de justificación de un regionalismo montañés, que en cualquier caso se presentaba localmente con frecuencia asociado en buena medida a Castilla; el relato liberal de la concepción de Cantabria como origen de Castilla y de España se extendió a lo largo de los siglos xix y xx.[19] Durante la Segunda República y, en torno a los debates estatutarios en particular, el cantabrismo, de cualquier color político, se adscribió siempre al ámbito de Castilla, siendo la posición más próxima a un particularismo cántabro la formulación de un estatuto «cántabro-castellano» en un contexto federal.[20]

Campo de amapolas

Desde Cataluña ha sido en el pasado interpretada como una identidad territorial dentro de España, contraponible a Cataluña, planteándose una dualidad entre ambas regiones.[21] Según Enric Ucelay-Da Cal la historiografía catalana a lo largo de la Edad Moderna no llegó a desarrollar una visión de Castilla más allá que en función relativa a la propia Cataluña, conceptuándola meramente como vecino de esta junto a Francia.[22] El relato de una Castilla culpable del fracaso del desarrollo nacional de Cataluña abrazado por los autores de la Renaixença permeó fuertemente en el discurso del nacionalismo catalán, operando Castilla como un Otro que, de manera efectiva, consolidara la identidad catalana.[23] La figura de Castilla aparece en los escritos del publicista catalán Pompeyo Gener, abanderado del darwinismo social, quien, para justificar la supremacía de lo catalán frente a lo castellano, argumentó en 1887 que Castilla carecía de capacidad científica por «la falta de oxígeno y la presión de la atmósfera, la mala alimentación, la preponderancia de una raza en la que predomina el elemento semítico y pre-semítico (los andaluces), y el que la pluma sirva para escalar el poder, han sido causas que han producido un carácter frívolo y vacío en la literatura española».[24]

En Galicia, la plasmación de una Castilla imaginada como referente de negación necesario para construir la Galicia imaginada, tendría una importancia destacada en los períodos del regionalismo y la primera etapa del nacionalismo gallego.[25] En el contexto del nacionalismo gallego histórico, Manuel Murguía incorporaría a su discurso identitario de la codificación de la diferencia entre una cultura «celta» superior y una cultura «semítica» inferior la oposición dicotómica «Galicia»-«Castilla»;[26] igualmente, en el imaginario identitario de Castelao «Castilla» se conformaría como etnia de exclusión.[27] Por su parte Blas Infante, prócer del andalucismo, alejándose del casticismo también reivindicó a «Andalucía» frente a «Castilla», poniendo en valor rasgos semíticos e islámicos que encontró en el genio andaluz, si bien en un principio no en un sentido completamente antagonístico.[28] A la visión de Andalucía del nacionalismo étnico andaluz se enfrentarían interpretaciones de esta como producto de Castilla: la «Castilla Novísima», abrazada por autores como Domínguez Ortiz y Sánchez Albornoz.[29]

Soportales en Medina de Rioseco.

También figura en esta proyección cultural de Castilla la labor del músico y folclorista Antonio José, que dedicó a estas tierras obras como Sinfonía castellana, Danzas burgalesas, Evocaciones, Suite ingenua e Himno a Castilla.[30] Castilla y su relación con Cataluña sería objeto de diversas representaciones alegóricas en la ilustración y caricatura de la prensa periódica del siglo xix y comienzos del xx.[31]

Castilla constituyó también un elemento central del ultranacionalismo palingenésico del ideario falangista, invocándose a Castilla a la hora de articular su visión de comunidad imaginada de España,[3] situándose como la quintaesencia de España de manera repetida en su mensaje político.[32] Previamente a su militancia en Falange, Onésimo Redondo, cuyo castellanismo se convirtió en un eje clave de su ideología e influyó en ese aspecto a Ramiro Ledesma Ramos,[33] abogó en «Castilla en España» como espacio donde se sublimarían las esencias nacionales contrarias a la corrupción de la capital y las urbes por una «España castellana y rural», opuesta al europeísmo, al cosmopolitismo y a los influjos extranjerizantes de occidente y oriente, por una Castilla rural, «incontaminada en su retiro», que persistiría en su «genuina potencia regeneradora».[34]

Consuegra 2012.jpg

Ya entrado el franquismo, el integrista católico Rafael Calvo Serer encontró el concepto de Castilla como esencia de España como algo detestable; refractario el autor a cualquier tipo de esencialismo de carácter no católico para España, situaría al catolicismo como puntal de cara a asegurar la unidad de la patria.[35] En abril de 1952 desarrolló en un artículo de ABC de título claramente provocativo —«España es más ancha que Castilla»— una apología del País Valenciano y un ataque al noventayochismo.[36]

Durante el proceso autonómico tuvo lugar un revival de narrativas históricas de cuño regionalista, tanto antiunitarias —la carreterista de González Herrero o la leonesista (uniprovincial o en relación a las provincias de Salamanca, León y Zamora)—, como la de la «Gran Castilla» del Pacto Federal Castellano, que abogaría por la unión en una autonomía de Castilla la Vieja, León y Castilla la Nueva.[37] También en democracia, se empujó desde las manifestaciones celebradas en Villalar el relato idílico de una «Castilla concejil y comunera».[38] En esa línea, una musicalización en 1976 del romance Los comuneros (1972) por parte del grupo musical Nuevo Mester de Juglaría supuso el impulso a una teoría particular de Castilla.[39]

En la actualidad, sólo dos comunidades autónomas comparten nominalmente la denominación de Castilla; son Castilla y León y Castilla-La Mancha, cuya conformación fue discutida desde el punto de vista de fundamentación histórica.[40] Historiadores como Julio Valdeón Baruque consideran por el contrario la unión de tierras en la cuenca del Duero como coherente históricamente, con base en la fuerte imbricación entre los territorios de Castilla y de León que ya se daría a finales de la Edad Media.[41] Con, sin embargo, argumentos geopolíticos y socioeconómicos a favor, la población de las dos autonomías, al contrario que la de otras regiones, ha diluido su identidad colectiva en gran parte dentro de la identidad española.[40]

Etimología[editar]

Paisaje de Castilla, de Aureliano de Beruete.

Castilla (nombrada en los primeros documentos en castellano antiguo como Castella o Castiella) significa, según su etimología, «tierra de castillos». Los historiadores árabes la denominaban Qashtāla[42] قشتالة y su nombre aparece justificado como tierra sembrada de castillos. El término vendría del latín castellum, diminutivo éste a su vez del término castrum, castro, fortificación de la Iberia prerromana. La primera mención del término «Castilla» fue el 15 de septiembre de 800, en un documento apócrifo del hoy desaparecido monasterio de San Emeterio de Taranco de Mena, situado en el valle de Mena, en el norte de la actual provincia de Burgos. El nombre de Castilla aparece en el documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos. En ese documento aparece escrito «Bardulia quae nunc vocatur Castella» (Bardulia que ahora es llamada Castilla).[43]

El documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos, incluido en el Becerro Galicano del monasterio de San Millán de la Cogolla dice así:

Ego Vitulus abba, quamuis indignus omnium seruorum dei seruus, una cum cogermano meo Erbigio presbytero, cum domnos et patronos meos sanctos Emeteri et Celedoni, cuius basilica extirpe manibus nostris construximus ego Vitulus abba et frater meus Erbigius in loco qui dicitur Taranco in territorio mainense, et sancti Martini, quem sub subbicionem Mene manibus nostris fundauimus ipsam basilicam in ciuitate de area patriniani IN TERRITORIO CASTELLE et sancti Stefani, cuius basilicam manibus nostris fundauimus in loco qui dicitur Burcenia in territorio Mainense [...][44]

En el mismo libro aparece otro documento fundacional fechado el 4 de julio de 852, por el que se dispone la construcción del cenobio de San Martín de Herrán:

Facta scriptura sub era octogessima nonagessima, tertia feria, quarto nonas iulias, regnante Rodericus comite in Castella.[45]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Camazón Linacero, 2013, p. 473.
  2. Pérez Garzón, 2005, p. 21.
  3. a b Alares López, 2011a, p. 151.
  4. Sánchez-Prieto, 2005, p. 297.
  5. López Patau, 2009, p. 575.
  6. a b Ortega Cantero, 2009, p. 35.
  7. Ortega Cantero, 2009, pp. 41-46.
  8. Ortega Cantero, 2009, p. 32.
  9. Morales Moya, 2008, p. 78.
  10. Ortega Cantero, 2009, p. 44.
  11. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 499; Morales Moya, 2005, p. 41
  12. Moreno Hernández, 2000, p. 205.
  13. Moreno Hernández, 2000, p. 203.
  14. González Alcázar, 2012, p. 71.
  15. Fusi, 2007, p. 562.
  16. «Introducción». Castilla en España: historia y representaciones. En: Mariano Esteban de Vega y Antonio Morales Moya (Eds.). Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca. 2009. p. 15. ISBN 978-84-7800-281-8. 
  17. Valdeón Baruque, 1997, p. 221.
  18. González Clavero, 2002, pp. 75-76.
  19. Suárez Cortina, 2006, p. 225.
  20. Suárez Cortina, 1994, p. 90.
  21. Reyero, 2014.
  22. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 504
  23. King, 2005, p. 132.
  24. Díaz Sánchez, 2009, p. 193.
  25. Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 505
  26. Máiz, 2000, pp. 176-177.
  27. Máiz, 2000, p. 191.
  28. Stallaert, 1998, p. 94.
  29. Stallaert, 1998, p. 118.
  30. López Patau, 2009, pp. 577-578.
  31. Reyero, 2014, p. 128.
  32. Saz Campos, 2003, p. 256.
  33. Núñez Seixas, 2017, p. 130.
  34. Alares López, 2011b, p. 140.
  35. García González, 2015, pp. 260-261.
  36. Saz Campos, 2003, p. 390.
  37. Valdeón Baruque, 1997, pp. 225-226.
  38. Valdeón Baruque, 1997, p. 225; Alonso Ponga, 2001, p. 324.
  39. Camazón Linacero, 2013, p. 471.
  40. a b Calle Velasco, Esteban de Vega y Morales Moya, 1998, p. 500
  41. Díaz G. Viana, 1996, p. 271.
  42. Fanjul, 2004, p. 271.
  43. Moreno Fernández, 2005, pp. 79, 287.
  44. Luciano Serrano, Cartulario de san Millán de la Cogolla, Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1930
  45. Martínez Diez, 2005, pp. 135 y ss..

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]