Juan de Padilla

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Juan de Padilla
Juan de Padilla.gif
Retrato de Juan de Padilla, siglo XIX.
Información personal
Nacimiento 1490
Toledo, Castilla
Fallecimiento 24 de abril de 1521
Villalar, Castilla
Causa de la muerte Decapitación Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge María Pacheco
Hijos Pedro de Padilla
Información profesional
Ocupación Noble y revolucionario castellano
Firma Firma de Juan de Padilla.jpg
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Juan de Padilla (Toledo, 1490 - Villalar, Valladolid, 24 de abril de 1521) fue un hidalgo castellano, conocido por su participación en la Guerra de las Comunidades de Castilla.

Biografía[editar]

Juan de Padilla nació en el seno de una familia hidalga toledana el 10 de noviembre de 1490, hijo de Pedro López de Padilla, regidor de Toledo, y su mujer Mencía Dávalos, sobrino por tanto también de Gutierre de Padilla, comendador mayor de Calatrava, y Diego López de Padilla, mariscal de Castilla.

Acuerdan su matrimonio con María Pacheco, de la noble familia de los Mendoza (de rango superior al suyo, más tarde fueron nombrados grandes de España), hija de Íñigo López de Mendoza y Quiñones, I marqués de Mondéjar y II conde de Tendilla. Contrajeron matrimonio en Granada el 18 de agosto de 1511, cuando él tenía veinte años y María quince.

Al morir su padre en 1518, le sucede en el cargo de capitán de la milicia de Toledo, a donde se traslada el matrimonio. Durante dos años vivieron en la villa toledana de Mascaraque. Probablemente enojado porque el rey Carlos I no le concedió un cargo al que creía tener derecho hereditario, y tal vez instigado por su mujer, se unió a los descontentos con el monarca en 1520 y se opuso a la concesión del servicio que el rey pedía a las Cortes de Castilla para financiar sus campañas en Europa.

Revuelta comunera[editar]

En febrero de 1520 Carlos I convocó Cortes en Santiago de Compostela con el único objetivo de conseguir un cuantioso servicio. En un clima deteriorado ante las promesas incumplidas del monarca, Toledo se posicionó en la vanguardia de la lucha contra el poder real, negandose a envíar procuradores. Luego de que el monarca suspendiese las Cortes el 4 de abril, requirió al grupo de regidores toledanos reacios a su autoridad a presentarse en la Corte, al mismo tiempo que envíaba otros más dóciles con la misión de elegir diputados favorables a la Corona. [1]​ En este grupo, estaba incluido Juan de Padilla. El 16 de abril, cuando aquellos regidores se disponían a partir, una multitud númerosa se interpuso en su camino y les impidió salir de la ciudad. Según narra el cronista fray Prudencio de Sandoval, dicha multitud trasladó a Padilla a una claustra de la Iglesia Mayor y le hizo prometer que no saldría de allí sin su permiso. A continuación, hicieron lo mismo con el resto de los regidores llamados a la Corte. Toledo pues, se hallaba en abril de 1520 en franca rebeldía a Carlos I.

Escultura en bronce de Juan de Padilla, obra del escultor toledano Julio Martín de Vidales.

En las semanas siguientes a la partida del monarca, el 20 de mayo, la revuelta iniciada por Toledo se extendió por toda la Meseta Castellana. En Segovia, el asesinato del procurador Tordesillas (que había votado el servicio en las Cortes), desencadenó en un asedio orquestado por las fuerzas realistas del pesquisidor Rodrigo Ronquillo. A las peticiones de ayuda por parte de la ciudad, acudieron en auxilio las milicias segovianas, capitaneadas por Juan Bravo, las salmantinas, a cuyo frente esta Francisco Maldonado, y por supuesto las toledanos, con Juan de Padilla a la cabeza. [1]

Los acontecimientos evolucionaron rápidamente. En agosto las ciudades comuneras se reunieron en Ávila, y el 21 de ese mes, las tropas de Antonio de Fonseca y las de Ronquillo incendiaron Medina del Campo. Padilla y el resto de los capitanes pasaron por allí unos días, recogiendo la artillería días antes negada a los realistas. El día 29 de agosto y en los siguientes participó en las entrevistas con la reina Juana, en Tordesillas, consiguiendo que la Junta se trasladase junto a ella.

En noviembre, disgustado ante la decisión de la Junta de otorgar el cargo de Capitán General al noble Pedro Girón, Juan de Padilla se dirigió con sus milicias a Toledo. El 31 de diciembre de 1520, tras la batalla de Tordesillas y la dimisión de Girón, regresó a Valladolid (nueva capital del movimiento) con 1500 hombres. Allí se le dispensó de una acogida delirante (o mesiánica, según sus adversarios) por parte de la población, acogida para la cual la Junta aprobó sus gastos el 3 de enero: 19 reales y medio. [1]​ Ciertamente, la llegada de uno de sus más destacados capitanes levantó el animo de los rebeldes e hizo cundir la inquietud en las filas realistas.

Por esos días representó la línea más dura del pensamiento comunero, proponiendo a la Junta recuperar Tordesillas, en mano de los realistas desde el 5 de diciembre de 1520. Cuando se le consultó acerca de una posible tregua militar, a finales de enero, se opuso rotundamente a la misma, afirmando que sería aprovechada por los enemigos para obtener refuerzos de Navarra.

A mediados de enero las tropas de Padilla y el conde de Salvatierra tomaron Ampudia, y luego, concretamente el día 16, Torremormojón. Inmediatamente avanzaron en dirección a Burgos (junto con el obispo Antonio de Acuña para apoyar el inminente levantamiento comunero en la ciudad, pero debido a que éste mismo se adelantó dos días, terminó en rotundo fracaso.

Tras la tentativa fallida de Burgos, Padilla regresó a Valladolid para luego trasladarse con sus tropas a Medina del Campo, dando seguridad a las fuerzas segovianas a cruzar el paso del Puente del Duero. El 30 de enero, comunicó a Toledo su intención de tomar el castillo de Simancas en cuando pudiese reunir las milicias necesarias. El 7 de febrero sus fuerzas asolaron las propiedades del conde de Benavente en Cigales.

Fue entonces cuando se comenzó a debatir en la Junta si debía elegirse un comandante en jefe para todo el ejército. Padilla se mostró partidario de mantener la autonomía de las milicias urbanas, con todos los capitanes en grado de igualdad, pero tuvo que ceder ante la petición en sentido contrario de los demás jefes militares. Entonces propuso para el cargo a su colega toledano Pero Laso de la Vega. La Comunidad de Valladolid, sin embargo, se opuso a su designación. En la noche, pues, una multitud fue a buscar a Padilla a su casa y sin siquiera dejarlo vestirse, se lo llevaron gritando

¡Viva Padilla!¡Viva Padilla! ¡Padilla será nuestro general!,

a pesar de las protestas de éste. [1]​ Finalmente fue nombrada una comisión para dirigir el ejército, aunque en la práctica fue Juan de Padilla quien cumpliría ese rol fundamental.

Resuelta la cuestión, las tropas comuneras asediaron Torrelobatón tomando la villa el 25 de febrero. Se trataba en realidad de una operación militar planeada exclusivamente por Padilla, que consideró necesario obtener un triunfo rápido con el que levantar el ánimo de sus tropas. [1]

Nuevamente la Junta le consultó acerca de una posible tregua militar. Esta vez, Padilla respondió de manera diferente. En efecto, el 28 de febrero escribió una carta a Toledo comunicandole que el momento de negociar con los realistas desde una posición de fuerza había llegado precisamente con la victoria en Torrelobatón. Afirmó asimismo ser consciente de que la guerra civil perjudicaba a todos por igual, a ricos y pobres, soldados y civiles, mujeres y niños, para finalmente mostrarse partidario de una tregua de ocho días. [1]​ Dicho armisticio terminó promulgandose el 1 de marzo, y cuando nueve días después se debatió si debía extenderse, Padilla regresó a su postura original y dio un voto negativo.

Al día siguiente, 11 de marzo, la Junta instó a los mandos militares a elegir un jefe único para todas las tropas. Probablemente, el elegido para dicho cargo fue Juan de Padilla.

La derrota[editar]

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, de Antonio Gisbert Pérez. 1860. (Congreso de los Diputados de España, Madrid).

Desde entonces, Padilla se mantuvo acuartelado en Torrelobatón, reforzando las defensas y la guarnición de la plaza. Mientras tanto, las tropas realistas de Tordesillas y de Burgos se unieron y establecieron su campamento en Peñaflor de Hornija, a nada más que una legua de Torrelobatón.

En la madrugada lluviosa del 23 de abril de 1521 las fuerzas comuneras salieron de Torrelobatón en dirección a Toro, pero el ejército realista siguió su camino y las alcanzó en el pueblo de Villalar. La desmoralización de la soldadesca, unida a las inclemencias del tiempo, provocó una dispersión en masa de los soldados comuneros, que ni siquieran pudieron desplegarse ante el ataque de la caballería. Padilla, que tenía a su mando unos seis mil hombres, buscó la muerte arremetiendo con su lanza a un grupo de caballeros del conde de Benavente. Pudo derribar a Pedro Bazán del caballo, pero recibió una grave herida en la pierna y finalmente fue tomado prisionero por Alonso de la Cueva. [2]​ Poco después, el caballero Pedro de la Cueva, hermano del anterior, le asestó una herida en el rostro, cerca de la nariz.

Junto con los demás capitanes, fue trasladado al castillo de Villalba en calidad de prisioneros de guerra. En esas circunstancias, le ofreció a Alonso de Cueva 50.000 ducados si lo dejaba ir, pero el caballero se negó a aceptar la oferta. [2]​ Al día siguiente, 24 de abril de 1521, fue decapitado. Los cronistas refieren ciertas anécdotas de hechos que habrían ocurrido momentos antes de la ejecución. Por ejemplo, que ante la protesta de Juan Bravo por la condena a muerte por traición, Padilla intervino: «señor Juan Bravo, ayer era día de pelear como caballero y hoy de morir como cristiano»; que Bravo solicitó morir el primero para no ver cómo Padilla subía al cadalso; que Padilla escribió sus cartas de despedida a su mujer y a la ciudad de Toledo, entre otras:

Como Juan Bravo oyó decir en el pregón que los degollaban por traidores, volvióse al pregonero verdugo, y díjole: «Mientes tú, y aún quien te lo manda decir; traidores no, mas celosos del bien público sí, y defensores de la libertad del reino.» El alcalde Cornejo dijo a Juan Bravo que callase; y Juan Bravo respondió no sé qué, y el alcalde le dio con la vara en los pechos, diciéndole que mirase el paso en que estaba y no curase de aquellas vanidades. Y entonces Juan de Padilla le dijo: «Señor Juan Bravo, ayer era día de pelear como caballero, y hoy de morir como cristiano.» [...] Llegando a degollar a Juan de Padilla, estaban junto a él algunos caballeros; entre ellos era uno don Enrique de Sandoval y Rojas, hijo mayor del marqués de Denia. Juan de Padilla se quitó unas reliquias que traía al cuello y dioselas a don Enrique, y díjole que las trajese el tiempo que durase la guerra, y le suplicaba que después las enviase a doña María Pacheco su mujer. Hecho esto, yéndose a poner para ser degollado, vio que estaba allí junto, el cuerpo muerto de Juan Bravo, y díjole: «¿Ahí estáis vos, buen caballero?» Luego le cortaron la cabeza en la manera que a Juan Bravo, y ambas las pusieron en sendos clavos en aquella picota.[3]

A diferencia de los restos de Bravo y de Maldonado, que fueron trasladados a Segovia y Salamanca, respectivamente, donde fueron sepultados, los de Padilla fueron trasladados "provisionalmente" al monasterio de La Mejorada (Olmedo) y nunca volvieron a Toledo, probablemente como venganza del rey ante la persistencia de la rebelión en Toledo, de la mano de María Pacheco. [1]

Juan de Padilla en la actualidad[editar]

El 15 de marzo de 2015 fue inaugurado en Toledo[4]​ el monumento a Juan de Padilla en la plaza que ocupa el solar en que se levantaban sus casas. De este modo se ponía fin a un anhelo histórico de la ciudad castellana, que había visto cómo hasta en siete ocasiones el intento por erigir este homenaje había fracasado.[5]​ El notable monumento, obra de Julio Martín de Vidales y sufragado por la Fundación Soliss, está realizado en bronce con un pedestal de piedra de los Montes de Toledo, alcanza una altura total de 4,72 metros y pesa 32 toneladas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g Pérez, Joseph (1977). La Revolución de las Comunidades de Castilla(152-1521). Siglo XXI de España. ISBN 9788432302855. 
  2. a b Danvila, Manuel (Madrid, 1897-1900). Historia crítica y documentada de las Comunidades de Castilla. 6 volúmenes. 
  3. Citado en "Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V", de Prudencio de Sandoval.
  4. Noticia de la inauguración del monumento a Juan de Padilla (ABC, 16 de marzo de 2015)
  5. Cronología de los intentos para erigir un monumento a Juan de Padilla en Toledo (Artículo de Eduardo Sánchez Butragueño).

Enlaces externos[editar]