Museo Nacional de Bellas Artes (Chile)

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Museo Nacional de Bellas Artes
Museo Nacional de Bellas Artes.jpg
Fachada del museo
Localización
País Flag of Chile.svg Chile
Ciudad Santiago
Información general
Superficie 6.000 m²
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Inauguración 1910
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Director(a) Roberto Farriol Gispert[1]
Información del edificio
Construcción 1909-1910
Información visitantes
Visitantes/año 386.714 (2009)[2]
Metro Santiago de Chile L5.svg Bellas Artes
Sitio web www.mnba.cl
Coordenadas 33°26′07″S 70°38′37″O / -33.435319, -70.643558Coordenadas: 33°26′07″S 70°38′37″O / -33.435319, -70.643558
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El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es uno de los principales centros de difusión de artes visuales en Chile. Fundado el 18 de septiembre de 1880, bajo el nombre Museo Nacional de Pinturas, es el primero de arte de Latinoamérica.[3] Ocupa desde 1910 un edificio ubicado en el sector del Parque Forestal, en la comuna de Santiago. El Palacio de Bellas Artes, obra del arquitecto franco-chileno Emile Jecquier, y construido en conmemoración del centenario del país fue nombrado monumento histórico en 1976.[4] [5]

El museo posee un patrimonio artístico compuesto por más de 3.000 piezas, adquiridas por medio de compras, donaciones y premios de salones oficiales. Posee la selección de escultura chilena más importante del país y la segunda colección de pintura nacional más completa de la nación después de la Casa del Arte. Las obras conservadas del museo abarcan la producción artística del país desde la época colonial, además, conserva núcleos de arte universal, destacando las colecciones de pinturas italianas, españolas y flamencas, colección de grabados, colecciones de dibujos y fotografías, y un conjunto de esculturas africanas.[6]

Tiene una biblioteca especializada en artes visuales que cuenta con aproximadamente 100.000 volúmenes,[7] realiza exposiciones temporales e itinerantes, mantiene un programa educativo, con talleres, cursos y visitas guiadas, y produce material informativo.[4]

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

A mediados del siglo XIX, se observó en Chile la consolidación de un periodo de gran efervescencia cultural, producto de una serie de políticas gubernamentales que formaban parte de un proyecto republicano de nación, con miras a la creación, desarrollo y difusión de la cultura, las ciencias y el arte en el país. Este proceso histórico dio lugar a la creación de instituciones como la Universidad de Chile (1842), la Academia de Pintura (1849) y el Conservatorio Nacional de Música (1850). La fundación de la Academia de Pintura, en particular, hizo urgente la creación de espacios adecuados para conservar y exponer las obras de arte que componían su colección. Además, los directores de la academia, como Alejandro Ciccarelli, Ernesto Kirchbach y Juan Mochi, estaban obligados, por contrato, para producir y donar a la institución una cierta cantidad de obras al final de cada gestión.[8]

Paralelamente al crecimiento de la colección de la academia, otros acontecimientos contribuyeron a la existencia de un entorno favorable para la creación de un museo de arte en el país. Es el caso de la fundación de la llamada "Sociedad Artística", por Pedro Lira y Luis Dávila Larraín en 1867,[8] con el objetivo de promover la producción artística nacional. Tras cambiar su nombre a "Unión Artística", la congregación construyó un edificio propio para albergar exposiciones anuales, el "Partenón de la Quinta Normal". Otro acontecimiento importante del periodo fue la primera exposición oficial, organizada por Benjamín Vicuña Mackenna en el Mercado Central, en la que participaron algunos miembros de la Academia de Pintura, como Antonio Smith, Manuel Antonio Caro, Cosme San Martín, Onofre Jarpa y Alberto Orrego Luco.[9]

En noviembre de 1879, el escultor José Miguel Blanco publicó un artículo en la Revista Chilena, dirigida entonces por Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui, donde proponía la creación de un museo de bellas artes, en la línea de los existentes en Europa. Con el apoyo del general Marcos Maturana, Blanco logró atraer el interés del gobierno chileno, que decidió establecer, por decreto de Manuel García de la Huerta, el entonces Ministro de Justicia e Instrucción Pública, una comisión para la creación del museo al año siguiente.[6] [8]

Inauguración y primeros años[editar]

Antiguo edificio del Congreso Nacional de Chile, primera sede del museo.

El Museo Nacional de Bellas Artes fue inaugurado el 18 de septiembre de 1880, bajo el nombre de Museo Nacional de Pinturas, en la presencia del presidente Aníbal Pinto. Contaba, en aquel momento, con un conjunto de 140 pinturas de artistas chilenos y extranjeros, además de copias de obras consagradas del arte occidental. La colección original estaba formada por piezas trasladadas desde el Palacio de La Moneda, la Municipalidad de Santiago, la Biblioteca Nacional y la Universidad de Chile, entre otras instituciones públicas. Juan Mochi, entonces director de la Academia de Pintura, fue designado como su primer director.[8] [10] En sus primeros siete años de existencia, el museo funcionó de manera precaria, en las dependencias del antiguo Congreso Nacional. En esta primera fase, tuvo una existencia casi anónima, funcionando sólo los domingos después del mediodía.[6] [9]

En 1887, debido a la dificultad de conciliar las actividades legislativas del Congreso y la exposición de obras de arte, el gobierno adquirió el edificio de la Unión de Arte, el "Partenón de la Quinta Normal", como sede del museo. La institución, rebautizada como Museo Nacional de Bellas Artes, fue trasladada a las nuevas dependencias, pero debió ser administrada por un nuevo comité directivo. La nueva administración creó el Salón Oficial, abierto para artistas nacionales y extranjeros residentes en Chile, que se llevaba a cabo anualmente en el mes de noviembre. Hasta 1897, sin embargo, el acceso del público al museo quedó limitado a los plazos en que eran organizados los salones, permaneciendo cerrado durante el resto del año. Esta situación cambió durante la administración del pintor Enrique Lynch, cuando el museo comenzó a abrir diariamente.[9]

Sin embargo, el director criticó las condiciones de trabajo que se le impusieron, en particular la insuficiencia de las instalaciones, la falta de recursos y de personal. La falta de espacio obligó a la institución a trasladar las piezas a otros edificios cuando se realizaban los salones oficiales, exponiéndolas al riesgo de deterioro, mientras que las copias permanecían guardadas en las bodegas debido a la falta de lugares para exhibirlas.[9]

Nueva sede[editar]

Construcción del Palacio de Bellas Artes.

No sólo el museo sufría la falta de espacio. La Escuela de Bellas Artes, sucesora de la Academia de Pintura, ubicada en un edificio inadecuado en un barrio alejado del centro, pasaba el mismo problema. Así, en abril de 1902, el Ministerio de Educación nombró una comisión para preparar una licitación para la construcción de un nuevo edificio que albergara a las dos instituciones.[9] Inicialmente, la comisión había seleccionado un lugar cerca del Cerro Santa Lucía para la construcción del edificio, pero la elección fue vetada por la Municipalidad, que tenía la intención de construir una plaza en el sitio (actualmente plaza Benjamín Vicuña Mackenna). Otra proposición fue la compra del Palacio Urmeneta, pero su adquisición fue rechazada por el Congreso. Por último, en 1904, el intendente Enrique Cousiño, con la colaboración de Alberto Mackenna, logró proporcionar a la comisión un terreno baldío de 24.000 metros cuadrados, que surgió como resultado de la canalización del río Mapocho.[11]

En mayo de 1905, la comisión eligió el diseño creado por el arquitecto franco-chileno Emile Jecquier.[11] De estilo neoclásico, con detalles propios del estilo art nouveau, la fachada y organización interna del proyecto se asemejaban al Petit-Palais de París. La decisión del gobierno de construir el edificio, denominado Palacio de Bellas Artes, surgió también de la necesidad de conmemorar el primer centenario de la independencia con un símbolo permanente. A medida que avanzaba la construcción del palacio, el museo invitó a varios países para ofrecer obras de arte con el fin de llevar a cabo una gran exposición internacional de arte. El número de trabajos enviados superó las expectativas, por lo que se tomaron algunas medidas para ampliar la zona de exposiciones, como la posibilidad de utilizar paneles móviles y habilitar los talleres del edificio anexo de la Escuela de Bellas Artes (hoy sede del Museo de Arte Contemporáneo).[6] [12]

La inauguración del Palacio de Bellas Artes se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1910, con la presencia del presidente Emiliano Figueroa Larraín y de José Figueroa Alcorta, presidente de Argentina. La exposición, considerada como el evento más importante de las celebraciones del centenario, contaba con 1.741 obras a nivel internacional, entre pinturas, esculturas, dibujos y acuarelas de artistas de Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Inglaterra, España, Holanda, Italia, Portugal, Estados Unidos, Argentina y Brasil. La sección nacional estaba compuesta por 252 obras.[12]

Deterioro del edificio y problemas institucionales[editar]

Cariátides en el interior del Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile.

Con el museo ya instalado en la nueva sede, el director Enrique Lynch buscó distribuir las obras de arte de forma armónica. En el hall central, instaló las esculturas originales de mármol y bronce, además de la colección de ejemplares de esculturas antiguas. En el ala sur de la planta baja, reunió los cuadros originales y reservó una habitación para las copias. Las piezas adquiridas durante la exposición del centenario fueron ubicadas en el segundo piso, siendo complementadas por la colección de pintura europea del museo. En las salas del ala norte se encontraban las obras de arte chileno, además de piezas donadas por Marcos Maturana y Eusebio Lillo. El museo registró un volumen importante de visitas en los años que siguieron a la inauguración del Palacio de Bellas Artes. En 1913, por ejemplo, se registraron más de 28.000 visitantes.[13] Los problemas, sin embargo, comenzaron a surgir casi inmediatamente, ya que el edificio fue abierto sin estar totalmente terminado, y muchos trabajos se realizaron rápidamente, debido a la prisa por entregar el edificio a tiempo para las celebraciones del centenario.[14]

Una visita sorpresa del presidente de la república al museo en diciembre de 1915 le permitió comprobar la precaria situación del edificio. El mandatario le informó al director sus deseos de dar al museo los fondos necesarios para las reparaciones, pero el dinero fue recién entregado en 1922, cuando el museo estaba bajo la dirección de Pedro Prado. A finales de los años 1920, una importante reforma administrativa vinculó jurídicamente a la institución con la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, situación que continúa hasta el día de hoy.[6] Sin embargo, la falta crónica de recursos condujeron al museo a estar al borde de cerrar. La consolidación de una política cultural se hizo imposible a la luz de los constantes cambios de gestión: tras la administración de Enrique Lynch (1897-1918), el museo tuvo seis directores en apenas una década.[15]

En 1930, el museo celebró su cincuentenario con la realización de una gran exposición de arte chileno, basada en la colección de Luis Álvarez Urquieta (posteriormente adquirida por el museo) y donaciones de particulares, como Santiago Ossa y Carlos Cousiño. Pero el funcionamiento precario de la institución mostró un claro enfriamiento del impulso inicial que había dado lugar a su creación. Un artículo publicado en la Revista de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile en 1938 declaró que "el Museo permanece más tiempo con sus puertas cerradas que abierto al público y que es tal vez el único caso de museo en el mundo que se cierra a mediodía". En 1940, el pintor Julio Ortiz de Zárate, entonces director del museo, se quejó de la falta total de recursos para la adquisición de piezas y la producción de catálogos. Señaló además que la ausencia de un taller de restauración generaba un riesgo de deterioro del patrimonio artístico.[15]

En 1946, Luis Vargas Rosas asumió la dirección del museo, cargo en el que permaneció hasta 1970. Su larga administración se enfrentó a problemas similares a los anteriores, logrando, sin embargo, algunos logros importantes. En 1953, por primera vez el museo superó los cien mil visitantes, un logro incentivado por la retrospectiva del pintor Juan Francisco González, que conmemoraba el centenario de su nacimiento. Pero el deterioro del espacio físico del Museo y la falta de recursos financieros provocaron su aislamiento gradual del circuito cultural y la sustitución de su función por otras instituciones. Un ejemplo de esto fue la exposición De Cézanne a Miró, organizada a finales de la década de 1960 con el apoyo del Museo de Arte Moderno de Nueva York en el Museo de Arte Contemporáneo, y que contó con la visita de más de 200.000 personas.[16]

Reestructuración, régimen militar y terremoto de 1985[editar]

En 1969, Nemesio Antúnez se convirtió en director del museo, comenzando de inmediato a su reestructuración. Una de las iniciativas más importantes fue la construcción de la sala Matta en el subterráneo del Palacio de Bellas Artes, con una superficie de 600 metros cuadrados, apta para exposiciones temporales. Se preocupó también de establecer un horario fijo de eventos culturales: sólo en 1971, por ejemplo, se llevaron a cabo 38 muestras. Ese año, por segunda vez en su historia, el museo superó los 100.000 visitantes, registrando una afluencia de 166.000 personas.[16]

Con el objetivo de difundir el patrimonio artístico del museo, Antúnez inició el programa Ojo Con el arte, difundido por Canal 13 de la Universidad Católica, y que buscaba mejorar el servicio de orientación escolar creado en 1965, invitando a artistas consagrados para guiar a los visitantes, incluida la escultora Laura Rodig. También se incorporaron otras actividades culturales, brindando espacio para espectáculos de música, danza, cine y teatro, tratando de reformular al museo como centro cultural integrador de diversas artes. Con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Antúnez dejó su cargo como director.[17]

Entre 1974 y 1978, el museo estuvo bajo el mando de la escultora Lily Garafulic. Su administración se caracterizó por la caída del nivel de actividad del museo y la negativa de varios artistas para exponer en el mismo, debido al régimen militar existente en el país. Este contexto condujo a una fuerte caída en el número de visitantes: un poco más de 30.000 personas en 1975. Algunas de las alternativas para la recuperación institucional del museo fueron propuestas por el sector privado. La Colocadora Nacional de Valores, por ejemplo, comenzó a patrocinar a partir de 1976 concursos anuales de pintura, escultura y artes gráficas. También con apoyo privado, el museo reformó el Auditorio José Miguel Blanco y la Sala Chile. Exposiciones como Bauhaus (1977), El Oro del Perú (1978) y De Cézanne a Miró ayudaron a aumentar el número de visitantes.[17] Durante su gestión se creó un Laboratorio de Restauración y Conservación de Obras de Arte, que posteriormente dio paso al Centro Nacional de Conservación y Restauración.[18] En diciembre de 1976, el museo fue nombrado monumento histórico, a través del decreto supremo N.º 1290 del Ministerio de Educación.[5]

En 1978, Nena Ossa asumió la dirección, buscando dar continuidad a la renovación del espacio físico. En 1979, con subvención de la Municipalidad, se remodeló el Anfiteatro Griego. Al año siguiente, se arreglaron las salas de exposición en el segundo piso, y en 1981 con fondos privados, el museo abrió una sala audiovisual. No obstante, la institución continuó siendo criticada por varios sectores del ámbito artístico, por reflejar una agenda institucional vinculada con el régimen militar. La censura que sufrieron algunas obras de arte y la decisión de cambiar el nombre de la Sala Matta (debido al pensamiento político de Roberto Matta, crítico del régimen) fueron factores que aumentaron el distanciamiento entre el museo y la comunidad artística.[17]

El terremoto de Santiago de 1985 produjo graves daños al museo. La evaluación de los ingenieros que examinaron el edificio concluyó que era necesario reforzar estructuralmente el palacio y cerrarlo al público mientras se realizaran los trabajos de remodelación. La labor de fortalecimiento de la estructura e impermeabilización de los muros duró tres años. El museo fue reabierto en septiembre de 1988. Para ayudar a financiar los trabajos de reconstrucción, se creó la Fundación de Bellas Artes, con el fin de recaudar fondos junto a la iniciativa privada. Posteriormente, la fundación pasó a tener por objeto la financiación de exposiciones temporales.[19]

Años posteriores[editar]

A principios de los años 1990, después de la vuelta a la democracia, las instituciones culturales en Chile comenzaron a promover iniciativas que iban en busca de la recuperación de los valores cívicos y la forma de organización de la sociedad. Al mismo tiempo, la comunidad artística ansiaba desempeñar un papel más activo en el período histórico que había comenzado. En este contexto, el regreso del pintor Nemesio Antúnez a la dirección del museo en 1990 fue muy significativo. Con el fin de realizar una actividad que simbolizara el "reencuentro" del Estado con la comunidad artística, sin censura, condiciones ni restricciones de cualquier tipo, Antúnez organizó la exposición Museo Abierto.[20] El evento atrajo a 140 pintores, 60 escultores, 100 grabadores, 30 fotógrafos, 15 diseñadores, 6 artistas textiles, 6 instaladores, 25 videístas y 15 cineastas, así como 14 críticos de arte y profesores invitados para elaborar el catálogo.[21]

Antúnez trató además de recuperar el trabajo del museo en la línea de los centros culturales. Reservó el Anfiteatro Griego para la presentación de obras de teatro y recitales de música. El hall central fue convertido en un espacio para presentaciones de espectáculos de danza y el Auditorio José Miguel Blanco pasó a albergar festivales de video, presentaciones, seminarios y conferencias. Se organizaron también reuniones de artistas e intelectuales, destacando el Foro Internacional, organizado por la Fundación Salvador Allende en septiembre de 1990.[21] El programa de televisión Ojo Con el arte fue revivido. El aumento de la calidad y cantidad de actividades ayudaron a volver a incorporar al museo en el circuito artístico internacional. El número de exposiciones internacionales organizadas tuvo una gran importancia para la obtención de una "imagen corporativa" sólida, con la consiguiente recuperación de los intereses de la comunidad artística y académica y gran repercusión pública. Entre dichas muestras destacan Joyas de la Corona Británica (1990), De Manet a Chagall (1992, con obras de la colección del MASP), Museo de la Solidaridad "Salvador Allende" (1992), Antoni Clavé (1992) y Fernando de Szyszlo (1992).[22] [23]

La ley de donaciones culturales (1991) facilitó la colaboración del sector privado, a través de la Fundación de Bellas Artes y la Corporación de Amigos del Museo. Se buscó además adaptar las salas a las normas internacionales de conservación y seguridad.[6] [22] En cuanto a la difusión del arte, destaca una importante donación de equipos profesionales de televisión realizada por Japón. El museo también amplió su capacidad editorial, con el objeto de informar acerca de las exposiciones temporales, difundir su patrimonio artístico y educar al público.[23]

Antúnez fue reemplazado en 1993 por el profesor y crítico de arte Milan Ivelic Kusanovic, quien ocupó el cargo durante 18 años. En 2011, Ivelic renunció para dedicarse a la docencia.[24] La falta de presupuesto estatal también fue otro factor a la hora de decidir irse. El museo recibe del Estado 800 millones de pesos anuales, mientras que el Centro Cultural Palacio de La Moneda, 1.300.[24] Entre las numerosas exposiciones realizadas bajo su dirección destacan la de la de obras maestras del Vaticano, la del surrealista René Magritte, o la última, de 2011, del impresionista Edgar Degas, así como la de artistas nacionales, con José y Concepción Balmes, Gracia Barrios, Franciso Gacitúa y Juan Egenau.

El terremoto del 27 de febrero de 2010 produjo algunos daños en el edificio, los cuales se limitaron a desprendimientos de revestimientos y ornamentos, sin afectar estructuralmente al Palacio de Bellas Artes. Esto se debió principalmente a las labores de remodelación efectuadas tras el terremoto de 1985. Las obras albergadas en su interior no sufrieron daños.[25] Las puertas del museo fueron reabiertas el 9 de marzo del mismo año.[26] En septiembre de aquel año se realizó la muestra Del pasado al presente. Migraciones, con el objeto de celebrar el centenario del edificio que alberga al museo y el Bicentenario de Chile. La exposición estuvo conformada por obras adquiridas en la inauguración del Palacio de Bellas Artes en 1910, además de obras contemporáneas de 34 artistas extranjeros.[27]

A fines de 2011 el artista visual y profesor Roberto Farriol resultó elegido por concurso como nuevo director del museo, cargo que asumió en enero de 2012.[28] Entre los desafíos del museo se encuentra la falta de espacio, razón por la cual se ha planeado ampliar sus instalaciones al edificio que hoy ocupa el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, y trasladar éste a Quinta Normal.[24]

Edificio[editar]

Hall del palacio, con la cúpula de vidrio y las cariátides diseñadas por Antonio Coll y Pi.

Diseñado por el arquitecto franco-chileno Emile Jecquier, en colaboración con Mauricio Aubert y Enrique Grossín, el Palacio de Bellas Artes es la sede del museo desde su inauguración en 1910. Sigue un estilo neoclásico, con detalles en estilo art nouveau y estructuras metálicas, influencia de la arquitectura difundida durante el siglo XIX. La fachada y la organización interna del edificio están inspiradas en el estilo arquitectónico del Petit-Palais de París.[12]

El edificio cuenta con un eje central marcado por la puerta de entrada y la escalera del hall central, que conduce al piso superior. El hall es el espacio más importante del edificio, distribuyendo y ordenando la libre circulación de los visitantes. Concebido como un "invernadero" con el fin de permitir la entrada de la luz natural, está coronado por una gran cúpula de cristal, con una estructura de metal importada de Bélgica, cuyo peso es de 115 toneladas. Sobre el balcón del segundo piso, hay un altorrelieve que representa a dos ángeles que sostienen un escudo. Dos cariátides talladas por Antonio Coll y Pi decoran también el balcón.[10] [12] [29]

En la fachada principal, el altorrelieve del frontón quedó a cargo del escultor Guillermo Córdova, siguiendo el tema propuesto por Jecquier, es decir, una alegoría a las Bellas Artes. El friso se encuentra decorado por medallones de mosaico cerámico, representando diversos arquitectos, pintores y escultores de gran relevancia para el arte universal. En el espacio entre las columnas empotradas, el arquitrabe y el chaflán decorativo, en ambos lados, hay un niño que sostiene palmas y ramas de laurel.[10] [13] En el frontis del edificio se encuentra una réplica de la escultura Unidos en la Gloria y en la Muerte, de Rebeca Matte, la cual fue donada por su marido en 1930 tras la muerte de la escultora. La obra retrata a dos personajes de la mitología griega, Ícaro y Dédalo.[30] [31]

Colección[editar]

El huaso y la lavandera, de Mauricio Rugendas, una de las obras más conocidas del museo.

La colección del Museo de Bellas Artes está compuesta por más de 3.000 obras, entre pinturas, esculturas, dibujos y grabados. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, cuando comenzó a formarse en la Academia de Pintura, que poco a poco se enriqueció gracias a donaciones y adquisiciones.[6] Abarca, mayoritariamente, la historia del arte chileno, desde el período colonial hasta la actualidad, contando con un gran número de obras maestras de los principales autores nacionales y extranjeros residentes en el país.[4] El museo conserva también una sección de arte internacional, donde predominan obras de la escuela latina de Europa occidental, especialmente Francia, España e Italia. Fuera del contexto occidental, hay un conjunto de kakemonos y grabados japoneses, además de un pequeño grupo de esculturas africanas.[6]

Arte andino y chileno[editar]

En la sección correspondiente al arte colonial, destaca el tema religioso, subordinado a los intentos de evangelización y difusión del cristianismo en el Nuevo Mundo. La producción del periodo se caracteriza por el sincretismo entre las tradiciones prehispánicas y la cultura europea, que culminó en el siglo XVIII, con el denominado arte mestizo, de características comunes a toda la región andina. Dicho movimiento está representado en el museo por las obras de Melchor Pérez de Holguín y Gaspar Miguel de Berrio, de la escuela de Potosí, Bolivia, y por los relieves en madera atribuidos al Maestro de San Roque. Entre los artistas del siglo XIX, responsables de introducir el neoclasicismo y el romanticismo a la producción artística local, destacan el peruano José Gil de Castro, el inglés Charles Wood Taylor, el francés Raymond Monvoisin y el alemán Johann Moritz Rugendas.[4] [32]

El academicismo chileno, fuertemente influenciado por artistas extranjeros (Alejandro Ciccarelli, Ernesto Kirchbach, Juan Mochi) se desarrolló durante la segunda mitad del siglo XIX hacia la consolidación de una escuela más "nativa" (Cosme San Martín). El retrato pictórico (Francisco Mandiola, Manuel Thomson, Pedro Lira) y los desnudos femeninos (Alfredo Valenzuela Puelma, Julio Fossa Calderón, Ezequiel Plaza, Virginio Arias) se encuentran ampliamente representados en la colección. El arte de paisajes, imbuido en un primer momento de significado histórico y de expresión naturalista (Thomas Somerscales, Onofre Jarpa), buscó, durante las primeras décadas del siglo XX, una autonomía plástica, con el fin de captar la dimensión poética, luminosa y simbólica de los lugares retratados (Alfredo Helsby, Alberto Valenzuela Llanos, Agustín Abarca).[4] [32]

Los movimientos vanguardistas del siglo XX tuvieron como punto de partida, en la colección, los óleos de Henriette Petit, marcados por una estética cubista.[32] La consolidación del modernismo se encuentra representada por las obras de Luis Vargas Rosas, Pablo Burchard, Camilo Mori y Nemesio Antúnez, destacando la figura de Roberto Matta.[4] Entre los contemporáneos destacan Sergio González-Tornero, Matilde Pérez, Ramón Vergara Grez y Rodolfo Opazo, entre otros.

Arte internacional[editar]

Virgen con el niño, Bartolomé Esteban Murillo, siglo XVII.

La colección de arte español está compuesta mayoritariamente por pinturas creadas entre el siglo XVII y las primeras décadas del XX. Las Tablas de la Anunciación, del taller de Juan Rexach, son las piezas más antiguas, que datan del siglo XV. Entre los autores destacan Francisco de Zurbarán y Bartolomé Esteban Murillo, pertenecientes al llamado Siglo de Oro, Francisco Bayeu de la pintura setecentista, y Jenaro Pérez Villaamil, Mariano Fortuny, Francisco Pradilla, Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga, correspondientes al siglo XIX.[33] [34]

El conjunto de arte italiano está compuesto por unas 60 pinturas, la mayoría realizadas entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX (Pietro Gabrini, Giovanni Boldini). De los periodos anteriores destacan La pérdida de Jesús y su hallazgo en el templo de Matteo Perez d'Aleccio, el Retrato de la familia Belluomini de Stefano Tofanelli y obras de Gerolamo Bassano, Mattia Preti, Annibale Carracci, etc.[35] [36] El museo también conserva el Códice Bonola, una colección de 131 dibujos de artistas procedentes de Italia y el norte de Europa, confeccionada en el siglo XVII por el pintor Giorgio di Corconio Bonola.[37]

Hay además un buen número de pinturas barrocas flamencas y neerlandesas, destacando autores como Peter Paul Rubens, Jacob Jordaens, Cornelis de Vos, Aelbert Cuyp, Jan Wildens, Meindert Hobbema y Adriaen van Ostade. De la escuela francesa, destacan los paisajes de Camille Corot, Charles-François Daubigny y Camille Pissarro, y las esculturas de Auguste Rodin y Antoine Bourdelle. En la colección de arte moderno occidental sobresalen Yves Tanguy, André Breton, Otto Dix, Hans Arp, Wilfredo Lam, Rufino Tamayo y Antoni Tàpies.

El museo posee una pequeña colección de 15 estatuillas provenientes del África subsahariana, correspondientes a manifestaciones artísticas de grupos étnicos como los senufo y yohure.[38] Conserva además una colección de 46 kakemonos (rollos pintados con tinta o acuarela) donados por la embajada china en 1968, y 27 grabados japoneses.

Directores[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. http://noticias.123.cl/noticias/20111220_3a5c0d4e9bfe79636961ebfb4181d24d.htm
  2. «Servicios 2004-2009». Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Consultado el 18 de septiembre de 2010.
  3. «Museos para niños, un baño de cultura a medida». Guioteca. Consultado el 22 de enero de 2014.
  4. a b c d e f «Museo Nacional de Bellas Artes». Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos. Consultado el 18 de septiembre de 2010.
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  6. a b c d e f g h «Formación de las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes». Museo Nacional de Bellas Artes. Consultado el 18 de septiembre de 2010.
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  18. «Fallecimiento de Lily Garafulic». Dibam. Consultado el 30 de marzo de 2012.
  19. «Historia del Museo Nacional de Bellas Artes» págs. 16. Calendario Colección Phillips 1998. Consultado el 18 de septiembre de 2010.
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  24. a b c Gabriela García. Milan Ivelic: "Quien asuma tendrá que salir a la calle a buscar recursos", La Tercera, 02.09.2011; acceso 23.10.2011
  25. «Consecuencias del terremoto en el MNBA». DIBAM (16 de marzo de 2010). Consultado el 5 de junio de 2011.
  26. «Patrimonio documental de Dibam resiste embates del terremoto». La Nación (10 de marzo de 2010). Consultado el 5 de junio de 2011.
  27. «Centenario del MNBA: Del pasado al presente. Migraciones». DIBAM (13 de agosto de 2010). Consultado el 7 de septiembre de 2011.
  28. Roberto Farriol sucederá a Milan Ivelic en la dirección del Museo de Bellas Artes, El Mercurio digital, 20.12.2011; acceso 21.12.2011
  29. «Historia del Museo Nacional de Bellas Artes» págs. 7. Calendario Colección Phillips 1998. Consultado el 18 de septiembre de 2010.
  30. «Antecedentes». Dibam. Consultado el 8 de junio de 2011.
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