Rufino Tamayo

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Rufino Tamayo
Rufino Tamayo.jpg
Retrato de Rufino Tamayo sosteniendo una guitarra
Nombre completo Rufino Arellanes Tamayo
Nacimiento 25 de agosto de 1899
Bandera de Oaxaca Tlaxiaco, Oaxaca
Fallecimiento 24 de junio de 1991 (91 años)
Bandera de Distrito Federal (México) Ciudad de México
Nacionalidad Bandera de México mexicana
Área pintor, muralista
Educación Academia de San Carlos
Premios Belisario Domínguez (1988)

Rufino Tamayo es un pintor mexicano, nacido en Oaxaca (hijo de indígenas zapotecas) en 1899 y fallecido en Ciudad de México en 1991. [1] [2] [3] [4]

Es considerado como uno de los pintores mexicanos de mayor importancia del siglo XX, siendo además uno de los primeros artistas latinoamericanos que consiguió un reconocimiento y una difusión de su obra internacionales, como ocurrió también con otros artistas como los integrantes del conocido "grupo de los tres" (Rivera, Siqueiros y Orozco).[1] [3]

De hecho trabajó con ellos en algunos proyectos, como el movimiento muralista que se extendió en el período que comprende las dos guerras mundiales; pese a las características propias de su pintura le distinguen perfectamente del resto del grupo.[1]

El museo que lleva su nombre, Museo Tamayo Arte Contemporáneo, está dedicado exclusivamente al arte contemporáneo y no expone su obra regularmente.

Fue Doctor Honoris Causa por la Universidad de Manila en 1974; por la Universidad Nacional Autónoma de México[5] en 1978; por la de Berkeley en 1982; por la Universidad del Sur de California[6] en 1985;y por la Veracruzana en 1991.

Biografía[editar]

Rufino Tamayo nació el 25 de agosto de 1899 en lo que es ahora la "Posada don Mario", ubicada en la calle de Cosijopí No. 219, Centro Histórico de Oaxaca, muy próximo al exconvento de Santo Domingo.[7]

Hijo de Ignacio Arellanes, zapatero nacido en la ciudad de Oaxaca y Florentina Tamayo, costurera oriunda de Tlaxiaco, Oaxaca. El matrimonio se separó en 1904, lo que supuso para Rufino un cambio en su forma de vida, residiendo junto a su madre hasta el año 1911, cuando Florentina falleció; entonces, quedó al cuidado de su tía Amalia, que junto con Rufino se trasladó a la ciudad de México.[2] [4]

Comenzó su educación profesional y académica en 1915, cuando ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de la Ciudad de México (1917), más su carácter bohemio y rebelde le hicieron abandonar prontamente la educación reglada y comenzó el estudio del arte popular mexicano y a recorrer todos los caminos del arte contemporáneo.[1] [2] [4]

Como ha ocurrido con muchos otros artistas, Tamayo compaginó su vocación artística con el desempeño de cargos administrativos y se dedicó también a la educación. En 1921 consiguió la titularidad del Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología de México.[1] [2]

Comenzó a exponer su obra relativamente pronto, llevándose a cabo su primera exposición en el año 1926. Esta exposición supuso un reconocimiento que le permitió exponer sus obras en el Art Center de Nueva York.[1] [2]

En 1928, una vez ha regresado de su aventura americana en Nueva York, ejerció como profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes y, en 1932, fue nombrado director del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública.[1] [2]

En 1938 recibió y aceptó una oferta para enseñar en la Dalton School of Art de Nueva York, por lo cual se trasladó a vivir a la ciudad estadounidense, donde permaneció durante casi veinte años, cosa que provocó una gran evolución en el proceso artístico del pintor. Finaliza en Nueva York su formación, dejando poco a poco de lado su interés por el arte europeo para iniciar una nueva etapa, más original y en la que explora de una forma personal el “universo pictórico”. Se produce también en esta etapa artística la definición de su lenguaje plástico que se caracterizará por el rigor estético, la perfección de la técnica y una capacidad de transfigurar de forma imaginativa los objetos inspirándose en la cultura prehispánica y en el simbolismo del arte precolombino.[1]

En 1933 realizó su primer mural, siguiendo un encargo del Conservatorio Nacional de México. En este mural se puso de manifiesto su ruptura con los presupuestos estéticos de las obras de los otros muralistas.[1] [2]

En 1934 se casa con Olga Flores Rivas y convivirá con ella hasta el final de su vida.[2]

Pese a la importancia y fama de sus murales, Tamayo es, ante todo, pintor de caballete, siendo uno de los temas preferidos la naturaleza muerta (representando objetos, frutos exóticos y también figuras o personajes pintorescos) utilizando una transmutación formal, con un simbolismo con raíces intelectuales y estética experimental. Pueden nombrarse entre sus obras “Hippy en blanco” (1972), expuesto en el Museo de Arte Moderno, o “Dos mujeres” (1981), en el Museo Rufino Tamayo. [1] [3]

En 1936 viaja en calidad de delegado al Congreso Internacional de Artistas celebrado en Nueva York, recibiendo su primer homenaje que le valió, el nombramiento como profesor de pintura en la Dalton School.[1] [2]

En 1941 pinta una de las obras que Más fama le proporcionó, su cuadro “Animales”, y durante los años 1940 y 1941, en su creación se puede notar una exigente síntesis que muestra la influencia picassiana.[2]

En 1943 Tamayo realizó la que puede considerarse como su primera obra completamente abstracta, “La naturaleza y el artista” (que se puede observar en el Smith College Collection, Northampton, Massachusetts).[3] [4]

La Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de las bombas nucleares en Nagasaki e Hiroshima, cambia de forma radical la percepción artística del autor, dando pie a telúricas atmósferas en muchos de sus cuadros. También impactó en su espíritu y creatividad el inicio de la era espacial produciéndole un acercamiento plástico con el Universo. Su fama ha ido en aumento y en estos momentos, sus pinturas se exhiben junto a la obra de: Balthus, Chagall, Matisse, Miró y Picasso.[2]

Traslada su residencia a París desde 1949, hasta finales de la década de los años 50. Es en 1950 cuando a raíz de su participación en la XXV Bienal de Venecia, alcanza renombre mundial y se le pasa a considerar como un artista prominente del siglo XX. En este momento su pintura se sintetiza llegando a crear cuadros “semi abstractos”.[2]

De todos modos su éxito internacional se consolida a principios de la década de los cincuenta, en la Bienal de Venecia donde se instala una Sala Tamayo y más tarde cuando obtiene el Primer Premio de la Bienal de São Paulo (1953), junto al francés Alfred Mannesier.[1] [2]

Es a partir de este momento cuando comienza la más productiva etapa de la vida artística de Tamayo. Simultáneamente inicia su etapa fresquista, realizando frescos tanto en Méjico (Palacio de Bellas Artes de la capital en 1952), como en otros países.

Entre los murales que lleva a cabo destacan: en 1953, realiza el mural “El Hombre” para el Dallas Museum of Cine Arts; “América” (1956) , en Houston, Estados Unidos, quizás su mural de mayor envergadura;  ; en 1957, para la biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, “Prometeo”; en 1958 realiza un monumental fresco para el Palacio de la UNESCO en París. En 1963 lleva a cabo dos murales para decorar el casco del paquebote “Shalom: Israel Ayer e Israel Hoy”. En 1964 realiza el mural “El Día y la Noche” para el Museo Nacional de Antropología e Historia de México, simbolizando la lucha entre el día (serpiente emplumada) y la noche (tigre). Sus últimos trabajos monumentales son de 1967 y 1968, cuando por encargo gubernamental realizó los frescos para los pabellones de México en la Exposición de Montreal y en la Feria Internacional de San Antonio (Texas).[1] [3]

El reconocimiento internacional de llega también de la mano de galardones, reconocimientos y nombramientos a cargos de organismos artísticos del mundo entero. En 1957 había sido nombrado en Francia Caballero de la Legión de Honor. En 1959 es nombrado Miembro Correspondiente de la Academia de Artes de Buenos Aires y en 1961 es elegido para integrarse en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos.[1]

En 1964 recibió el Premio Nacional de Artes.[1]

Este éxito debido a sus premios y exposiciones por todo el territorio Norteamericano hizo que se produjera un aumento de su cotización artística.[1]

Regresa a México a partir de 1970 iniciando una etapa en la que la madurez de su obra es el exponente más característico.[1]

Como consecuencia de una bronconeumonía, fue ingresado en el Instituto Nacional de Nutrición en Ciudad de México, donde sufrió un infarto y falleció el 24 de junio de 1991. Sus restos fueron incinerados y tras la muerte de su esposa en 1994, las cenizas de ambos fueron colocadas en un nicho del Museo Tamayo Arte Contemporáneo.[2] [4]

Tendencia[editar]

Puede considerarse que el trabajo de Rufino Tamayo se caracteriza por una voluntad de integración plástica de la herencia precolombina autóctona, la experimentación y las nuevas tendencias pictóricas que revolucionaban los ambientes artísticos europeos a comienzos de siglo. Esta sincretización y ese interés por lo que acontecía en Europa desde el punto de vista artístico marcan diferencia en su trabajo y estilo respecto del núcleo fundamental de los "muralistas", los cuales prefieren mantener una absoluta independencia estética respecto a las tendencias europeas y tener su fuente de inspiración en la herencia pictórica precolombina, marcadamente indigenista.[1]

También se separó del movimiento muralista por su falta de motivación ideológica y revolucionaria, y por tener un marcado acento formal y abstracto del tema indio.[1]

Reconocimientos[editar]

Tamayo está considerado como uno de los principales artistas en la historia de México a la altura de Diego Rivera o José Clemente Orozco, si bien su obra no posee un enfoque tan político como la de éstos.

Aparte de los honores universitarios, Tamayo se ha hecho acreedor de múltiples premios y condecoraciones, entre ellos:

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]