Muerte de Adolf Hitler

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Portada del diario militar norteamericano The Stars and Stripes, con la noticia de la muerte de Hitler, 3 de mayo de 1945.

La muerte de Adolf Hitler, jefe del Partido Nazi de 1933 a 1945, se produjo el 30 de abril de 1945; Hitler cometió suicidio por disparo y envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso.

En 1992, la publicación de los registros mantenidos por la KGB soviética y por la FSB rusa confirmó la versión ampliamente aceptada de la muerte de Hitler, como fue descrita por el historiador británico Hugh Trevor-Roper;[1] sin embargo, los archivos rusos no muestran lo que sucedió con el cadáver de Hitler.

Horas finales[editar]

Hitler estableció su residencia en el búnker de la Cancillería el 16 de enero de 1945, desde donde ejerció la presidencia de un Tercer Reich en proceso de desintegración, debido a que los Aliados estaban avanzando tanto por el este como por el oeste. Para finales de abril, las fuerzas soviéticas habían ingresado a Berlín y estaban librando una lucha hacia el centro de la ciudad, donde se encontraba la Cancillería.

El 22 de abril, Hitler padeció lo que algunos historiadores describen como una crisis nerviosa durante una de sus reuniones para examinar la situación militar, al admitir públicamente que la derrota era inminente y que Alemania perdería la guerra. Hizo salir a algunos de la habitación y quedó con Goebbels y Krebs. Hitler entró en un estado de histeria gritando que sus generales lo habían traicionado y que Alemania había sucumbido ante una sarta de traidores y cobardes; después salió de la habitación desmoronado anímicamente. La enfermera Erna Flegel declaró que Hitler parecía quizás 15 ó 20 años mayor tras esa última reunión con sus generales y temblaba fuertemente su mano del lado derecho.[2]

Expresó su intención de matarse y, más tarde, solicitó al médico Werner Haase que le recomendara un método confiable de suicidio. Haase le sugirió combinar una dosis de cianuro seguida de inmediato con un balazo en la cabeza. Hitler tenía una reserva de cápsulas de cianuro que había obtenido por medio de las SS.

El 28 de abril, Hitler se enteró del intento de Heinrich Himmler de negociar independientemente mediante la Cruz Roja Internacional, presidida por el conde Bernadotte, un tratado de paz y lo consideró como una traición; acto seguido ordenó la detención y ajusticiamiento de Hermann Fegelein, enlace de Himmler en el Búnker. Este hecho fue el punto de quiebra emocional para Hitler. Desde entonces, Hitler empezó a mostrar síntomas de paranoia, expresando preocupación sobre la autenticidad de las cápsulas de cianuro que había recibido por medio de las SS de Himmler, por lo que ordenó al doctor Haase que las probara con su perra Blondi. Como resultado, el animal murió de inmediato.[3] Asimismo, se enteró de la ejecución de su aliado Benito Mussolini, víctima del populacho, y juró no compartir su misma suerte.

Después de la medianoche del 29 de abril de 1945,[4] Hitler se casó con Eva Braun en una pequeña ceremonia civil en el interior del Búnker, teniendo como testigos a Magda y Joseph Goebbels, con la presencia de Traudl Junge, su secretaria, quien preparaba lo necesario para el testamento político. Antony Beevor sostiene que, después de tomar un modesto desayuno de bodas con su esposa, Hitler llevó a su secretaria Traudl Junge a otra habitación y le dictó su última voluntad y testamento. La redacción duró algo más de dos horas y se prepararon cuatro copias, que salieron inmediatamente a sus destinos. Firmó estos documentos a las 04:00 y luego se retiró a dormir (algunas fuentes señalan que Hitler dictó su última voluntad y testamento inmediatamente antes de su matrimonio, pero todas las fuentes concuerdan en la hora de la firma).[5] [6]

Salida del Búnker hacia el jardín de la Cancillería. Muy cerca de la entrada, detrás de la torre, se incineraron los restos de Hitler.

Suicidio[editar]

Al amanecer del 30 de abril de 1945, Hitler pidió reunir a todo el cuerpo médico y se despidió de él, ante la estupefacción y sollozos de los presentes. Recibió a Albert Speer, su ministro de armamento, quien le confesó varios desacatos respecto a sus instrucciones sobre volar fábricas y ciudades; Hitler lo despidió fríamente. Según Junge, Hitler quedó contemplando pensativo un cuadro del Federico el Grande en su despacho y luego a continuación ordenó que el personal que no fuese indispensable abandonara el Búnker. Hizo llamar a Otto Günsche y a Heinz Linge, sus ayudantes, y les dio estrictas instrucciones de cómo debían actuar en el momento del suicidio y qué hacer con su cuerpo y el de Eva Braun. Günsche inició los preparativos y llamó a Erich Kempka, el chófer de Hitler, para que de inmediato subiera bidones de gasolina hacía la salida del jardín de la cancillería.

Hacia el mediodía, se reunió con sus secretarias y almorzó silenciosamente una comida basada en pastas; luego se despidió de cada una de ellas regalándole una cápsula de cianuro. Posteriormente se despidió de la familia Goebbels, sin hacer caso a las peticiones de Magda Goebbels de no cometer suicidio.

Hacia las 15:30 horas, Hitler y Eva Braun se reunieron frente a la sala de mapas contigua al despacho privado y se despidieron de sus edecanes, Heinz Linge y Otto Günsche, quienes cerraron la puerta; un par de minutos después se escuchó un solo disparo ahogado.

Los edecanes esperaron unos 15 minutos y encontraron a Hitler doblado sobre si mismo en un sillón exhibiendo una mueca deformada en su boca, con una pistola Walther PPK de 7,65 mm caída de su mano derecha y con un hilo de sangre manchando la cara del líder. Eva Braun no alcanzó a percutir su arma y estaba tendida a lo largo del diván con los ojos aún abiertos; el efecto del cianuro no le permitió el uso del arma.[7]

Linge[8] relató de primera mano lo que vio en el despacho de Hitler:

-"·Cuando abrí la puerta de su habitación, me encontré con una escena que nunca olvidaré: a la izquierda del sofá estaba Hitler, sentado y muerto. A su lado, también muerta, Eva Braun. En la sien derecha de Hitler se podía observar una herida del tamaño de una pequeña moneda y sobre su mejilla corrían dos hilos de sangre. En la alfombra, junto al sofá, se había formado un charco de sangre del tamaño de un plato. Las paredes y el sofá también estaban salpicados con chorros de sangre. La mano derecha de Hitler descansaba sobre la rodilla, con la palma mirando hacia arriba. La mano izquierda colgaba inerte. Junto al pie derecho de Hitler, había una pistola del tipo Walther PPK calibre 7,65 mm. Al lado del pie izquierdo, otra del mismo modelo, pero de calibre 6,35 mm. Hitler vestía su uniforme militar gris y llevaba puestas la insignia de oro del Partido, la Cruz de Hierro de Primera Clase y la medalla de los heridos de la Primera Guerra Mundial; además, llevaba puesta una camisa blanca con corbata negra, un pantalón de color negro, calcetines y zapatos negros de cuero.

Heinz Linge

Destino final del cadáver[editar]

De inmediato los asistentes de Hitler sacaron ambos cuerpos envueltos en una alfombra. Linge y Günshe transportaron el cuerpo de Hitler en la alfombra, mientras que Martin Bormann y Erich Kempka trasladaron el cadáver de Eva Braun, aunque Bormann trató con muy poca consideración dicho cuerpo. Los cadáveres fueron subidos hacia el patio de la Cancillería del Reich, siendo depositados en un agujero de obús; Otto Günsche roció ambos cuerpos con unos 200 litros de gasolina sacada de los automóviles que aún se hallaban en los sótanos de la Cancillería. Ante la imposibilidad de acercar una cerilla a causa del fuerte viento, Bormann elaboró una antorcha que prendió y se la pasó a Erich Kempka, con lo cual éste pudo poner fuego a los cadáveres. Estaban presentes Joseph Goebbels y otros dignatarios.

La caída de obuses del Ejército Rojo en el patio impidió a los edecanes seguir en el exterior, por lo cual no pudieron supervisar que los restos se consumieran completamente; ante ello, los jefes nazis allí presentes optaron por enterrar ambos cadáveres, aunque debido a las prisas del momento sólo lograron hacerlo superficialmente.

Cuando el 1 de mayo el almirante Karl Dönitz anunció por radio la muerte de Hitler en su búnker, Stalin mostró escepticismo y formuló presión directa a la NKVD y al jefe de ésta, Lavrenti Beria, para que las unidades de la NKVD en Berlín hallasen los presuntos restos de Hitler en el plazo más breve posible. Una unidad especial soviética de la SMERSH se encargó de una exhaustiva búsqueda en la Cancillería del Reich y allí lograron encontrar los cadáveres de Hitler y Eva Braun el 9 de mayo. Las piezas dentales de ambos cráneos se hallaban intactas y fueron comparadas con archivos dentales suministrados por una ayudante del dentista de Hitler; asimismo se realizaron interrogatorios detallados a todos los edecanes y ayudantes capturados en el Führerbunker, con lo cual los hallazgos de la SMERSH quedaron ratificados.

De todos modos, el gobierno de la Unión Soviética no divulgó mayor información sobre la muerte de Adolf Hitler, e inclusive Stalin negó ante diplomáticos estadounidenses tener alguna certeza de la muerte de Hitler. El régimen stalinista consideró conveniente mantener dudas sobre el cadáver del líder nazi como arma de propaganda durante la Guerra Fría, acusando a los gobiernos de EE. UU. y Gran Bretaña de ocultar un presunto "escape" de Hitler hacia España o Sudamérica, sea en un submarino o bajo una identidad falsa. Esta incertidumbre, aumentada por el hecho que el gobierno soviético rehusaba dar información detallada sobre el cadáver de Hitler o el de Eva Braun, desencadenó toda suerte de mitos sobre el destino final de Hitler que perduran hasta el día de hoy.

Tras la muerte de Stalin en 1953, la política oficial de la URSS se basó en mantener dudas sobre la muerte de Hitler, en línea con la propaganda del régimen, aunque en 1969 un periodista soviético logró publicar un libro detallado sobre el destino de los cadáveres del Führer y su esposa.

Revelaciones tras el fin de la URSS[editar]

Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 se permitió el acceso de investigadores extranjeros a los archivos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, pero éstos no arrojaron nuevas informaciones en tanto el destino final de los restos de Hitler seguía siendo calificado como información de alto secreto. Paulatinamente, documentos desclasificados de la KGB permitieron reconstruir lo sucedido, y acreditar que la NKVD sí descubrió e identificó los restos de Hitler pocos días después de cesar la Batalla de Berlín, junto a los restos de la familia Goebbels.

Las autoridades de la NKVD ordenaron llevar los restos a un cuartel de la propia NKVD en la ciudad de Magdeburgo (en territorio de Alemania Oriental), junto a los restos de la familia Goebbels, y en febrero de 1946 los enterraron en cajas de madera dentro de un jardín del cuartel. Sólo la máxima jerarquía de la NKVD (y de su sucesora, la KGB) sabían el contenido de esas cajas, así como su ubicación precisa.

En 1970 la KGB cedió el control de sus instalaciones de Magdeburgo al gobierno de la República Democrática de Alemania, pero antes de ejecutar el traslado el primer ministro soviético Yuri Andrópov envió desde la URSS un equipo especial de la KGB a Magdeburgo para destruir secretamente los cadáveres enterrados allí en 1946. Tras desenterrar las cajas en abril de 1970, los agentes soviéticos quemaron los restos de cadáveres que encontraron dentro, y luego trituraron las cenizas, arrojándolas inmediatamente después al río Biederitz, un tributario del Elba.[9]

Dramatizaciones[editar]

  • Hitler: los últimos diez días (1973), película sobre los días previos a la muerte de Hitler que fue protagonizada por Alec Guinness, pero recibió malas críticas por tener muchas inexactitudes.
  • The Bunker (1978), dirigida por James O'Donnell, describe los últimos días en el cuartel general del Führer del 17 de enero al 2 de mayo de 1945. Se rodó un remake para la televisión en 1981, protagonizado por Anthony Hopkins.
  • Der Untergang (El hundimiento, 2005), película alemana sobre los últimos días de Adolf Hitler y del Tercer Reich. También presenta entrevistas con Traudl Junge.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Trevor-Roper, Hugh (1947, reimpresión de 1992). The Last Days of Hitler. Chicago, IL: University Of Chicago Press. ISBN 0-226-81224-3. 
  2. Testimonio de una enfermera del Bunker.
  3. Lehmann, Armin D. (2004). In Hitler's Bunker: A Boy Soldier's Eyewitness Account of the Führer's Last Days, Lyon's Press. ISBN 978-1-59228-578-5.
  4. Hitler's last days: "Hitler's will and marriage" "In the small hours of 28–29 April."
  5. Beevor, Antony (2002). Berlin — The Downfall 1945. Penguin Books. p. 343. ISBN 0-670-88695-5.  Beevor registra el matrimonio teniendo lugar antes de que Hitler hubiera dictado su última voluntad y testamento.
  6. Hitler's last days: "Hitler's will and marriage", en el sitio web del MI5, gracias a las fuentes disponibles por las cuales Trevor Roper (como agente de MI5 durante la Segunda Guerra Mundial) en Los últimos días de Hitler registra el matrimonio como teniendo lugar después de que Hitler hubiera dictado su última voluntad y testamento.
  7. El último adiós de Hitler.
  8. Vida y Testimonio de Heinz Linge
  9. NKVD revela el fin de los restos de Hitler.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]