Ixcán

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Ixcán
Bandera de Ixcán
Bandera
Escudo de Ixcán
Escudo
Playa Grande Ixcán: Día de mercado
País Guatemala
• Departamento El Quiché
• Municipio Ixcán
Ubicación 15°59′17″N 90°46′54″O / 15.98806, -90.78167
• Altitud n/d
• Distancia 151 km a la cabecera departamental
Superficie 1574 km²
Municipalidad
Población 61.448[1] hab. (2002)
• Densidad 39 hab./km²
Idiomas K'iche', Uspantek, Ixil, Q'eqchi', Español

El municipio de Ixcán se encuentra en la zona norte del departamento del Quiché (Guatemala). Limita al norte con el estado de Chiapas (México), al oeste con el departamento de Huehuetenango, al sur con los municipios quichelenses de Chajul y Uspantán, y al este con el departamento de Alta Verapaz. Tiene una extensión de 1.575 kilómetros cuadrados. Su cabecera municipal es Playa Grande y la mayor parte de sus habitantes pertenecen a diferentes grupos étnicos mayas.

Contenido

[editar] División administrativa

El municipio se divide en siete microrregiones de la siguiente manera:

  • Microrregión I, con cabecera en Playa Grande
  • Microrregión II, con cabecera en Tzetún
  • Microrregión III, con cabecera en Santiago Ixcán
  • Microrregión IV, con cabecera en Valle Candelaria I
  • Microrregión V, con cabecera en El Recuerdo
  • Microrregión VI, con cabecera en San Juan Chactelá
  • Microrregión VII, con cabecera en Mayalán

[editar] Historia

[editar] Colonización del Ixcán

La gran riqueza natural del Ixcán, la fertilidad de sus suelos y el clima cálido propicio para la producción agrícola a gran escala, así como el hecho de que era tierra virgen propiedad del Estado, hicieron que los padres Maryknoll, que daban atención a la Diócesis de Huehuetenango, se fijaran en Ixcán para iniciar un proceso de colonización en el que se otorgaran parcelas a los campesinos pobres y sin tierra del país.

Así, a mediados de los años 60, la Iglesia promovió la colonización del Ixcán como una salida digna y justa a la situación de despojo y explotación de muchas familias del Altiplano guatemalteco y de otras partes del país. Ixcán se convirtió en un nuevo horizonte de esperanza.

La Iglesia, que por su parte había comprado ya algunas fincas en la zona, negoció con el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA), la autorización para colonizar las tierras nacionales entre los ríos Xalbal e Ixcán, que serían conocidas como Ixcán Grande.

El proyecto consistía esencialmente en organizar a los campesinos desplazados en cooperativas agrícolas, cada una de ellas responsable de parcelar y distribuir entre sus asociados una cierta extensión de tierra, una vez superado satisfactoriamente el período de prueba de seis meses. A través de las cooperativas, los campesinos podían comercializar sus productos y agruparse para defender sus intereses. Sin embargo, el proceso no se detenía ahí. Al colonizar tan grandes extensiones de tierra, se hacía necesario fundar nuevos pueblos y dotarlos de servicios de sald, educación, etc.

Los sacerdotes misioneros de Maryknoll fueron los principales promotores del proyecto. En 1966, se dio comienzo a la experiencia con la llegada al llamado Primer Centro, hoy conocido como Mayalán, de un grupo inicial de colonizadores desde el municipio huehueteco de Todos Santos Cuchumatán. Se creó la Cooperativa de Ixcán Grande R.L., que tenía 682 caballerías amparadas por dos escrituras, una de 180 caballerías, que correspondía a Xalbal, y otra escritura para el resto del terreno. Ante la magnitud del proyecto, se fueron creando varios centros de colonización con cooperativas asociadas a la primera. Después del Primer Centro o Mayalán, se crearon el Segundo Centro o Xalbal, el Tercer Pueblo o Pueblo Nuevo, el Cuarto Pueblo y el Quinto Pueblo o Los Ángeles.

De esta manera, a través de anuncios en las parroquias y en las radios locales, el proyecto de las cooperativas del Ixcán llegó a oídos de las gentes del Altiplano. Escucharon noticias de que en Ixcán había tierras para repartir a los campesinos pobres de Guatemala y se organizaron en grupos para hacer el viaje desde sus lugares de origen. Se desplazaban a pie por las montañas y por caminos llenos de barro con sus pocas pertenencias y, en muchas ocasiones, comiendo únicamente totoposte (tortillas de maíz tostadas y crujientes).

Los campesinos viajaban durante varios días para llegar al área de Ixcán, donde los recibía la Junta Directiva de la cooperativa. Hacían su solicitud y empezaban su periodo de prueba bajo la responsabilidad de un asociado de la cooperativa que actuaba como padrino. Uno de los requisitos para formar parte del proyecto era demostrar que se cumplía con los reglamentos de la cooperativa. Al concluir los seis meses sin incidentes, se les asignaba una parcela en una de las Cooperativas de Ixcán Grande.

Durante los dos primeros años de actividad del proyecto, se formaron diez centros, que luego se convertirían en pequeños pueblos o comunidades, con 164 parcelas y 915 personas. Ya en 1969, las familias parcelarias superaron las 180. Más adelante, con la llegada del padre William Woods (conocido como Guillermo Woods), en sustitución del anterior responsable, el padre Eduardo Doheny, que se retiró por motivos de salud, el proyecto adquirió unas dimensiones más amplias. El padre Woods envió una carta a todas las parroquias de la Diócesis de Huehuetenango invitando a que llegaran más familias, pues había tierra para 500 parcelarios más.

Entre otras cosas, el padre Guillermo Woods se encargó también de conseguir semillas de cardamomo para todos los asociados, así como semillas de vainilla y pimienta. Además de cardamomo, vainilla, pimienta y café, principalmente para la comercialización, en las cooperativas se cultivaban muchos otros productos para el autoabastecimiento y los mercados locales, como maíz, frijol y arroz, principalmente.

La colonización de las tierras del Ixcán dio lugar a una amalgama de etnias, culturas y lenguas que aún hoy pervive. Entre ellos se encontraban las familias que entre 1982 y 1996 conformarían las Comunidades de Población en Resistencia del Ixcán. La mayoría eran mayas de las tierras frías del Altiplano, de los departamentos de Huehuetenango y Quiché, también había familias llegadas de Chimaltenango, Alta y Baja Verapaz, y algunas de Ciudad de Guatemala.

En cuanto a la composición étnica de los colonizadores, había mayas de las etnias mam, ixil, q’anjob’al, chuj, jakalteka, kaqchiquel, akateka, q’eqchi’, achí, k’iche’, pocomam y pocomchí, así como también castellanos o ladinos (Véase Idiomas de Guatemala). Debido a esta gran variedad de lenguas y culturas, ya desde el tiempo de las cooperativas en las actividades comunitarias predominaba, y aún hoy predomina, el uso del idioma castellano para facilitar la comunicación e integración entre los diferentes grupos. Asimismo, se dio un clima de gran respeto y solidaridad intercultural, que ha llegado hasta nuestros días.

[editar] El conflicto armado

[editar] Comienzo de la violencia en el Ixcán

A mediados de los años 70, el conflicto armado empezó a recrudecerse en todo el país y especialmente en las zonas indígenas del Altiplano, Quiché, Alta y Baja Verapaz, así como en la capital. El movimiento insurgente, representado en estas áreas por el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), concentró el grueso de su actividad en el norte del Quiché, motivo por el cual el ejército desplazó en gran medida su atención a esta zona.

En 1975, ya había destacamentos militares en el área de las cooperativas. El ejército cortó las líneas de las avionetas que sacaban los productos del Ixcán para su venta en distintos lugares del país y prohibió los vuelos. Más adelante, el ejército, en un intento por ganar el favor del pueblo, ofreció sus aviones militares para transportar la producción de las cooperativas desde Ixcán hasta Guatemala. Sin embargo, el compromiso sólo se mantuvo durante un año.

En un principio, la gente no desconfió del ejército porque veían que se trataba de gente normal, gente sencilla como ellos. Los destacamentos se ubicaban en puntos estratégicos para controlar el movimiento revolucionario. El pretexto que usaban era el de ser una protección para el pueblo ante posibles ataques de la guerrilla. Así, dio la impresión de que los soldados estaban apoyando a la gente que seguía llegando de diferentes partes del país para ubicarse, pero todo fue una estrategia para ganar el favor de la población y que no se inclinaran hacia la causa guerrillera. Poco después, empezó el control sistemático a todos los parcelistas de las cooperativas y los primeros actos de violencia.

El 20 de noviembre de 1976, muere el padre Guillermo Woods en un supuesto accidente cuando sobrevolaba San Juan Costal, en las medianías del Quiché, con su avioneta. Ya había recibido amenazas del Gobierno y el ejército por sus actividades en las Cooperativas de Ixcán Grande. El accidente nunca fue esclarecido por parte de las autoridades. Se ofreció una vaga información que, junto con las mencionadas amenazas, ha dado lugar a fundadas sospechas acerca de una conspiración del ejército y el Gobierno para asesinar al padre Guillermo Woods.

La muerte del padre, principal defensor del pueblo de Ixcán ante las presiones militares y gubernamentales, fue el punto de inflexión. A partir de este momento, la situación empeoró drásticamente para los parcelistas de las Cooperativas de Ixcán Grande. Con el comienzo de los registros, los secuestros, las violaciones y demás acciones violentas por parte del ejército, la confianza por parte de la población en el ejército se desvaneció. No podían ir al mercado, ni andar libremente. Los soldados lo revisaban todo y no se podía comprar nada al por mayor porque se les acusaba de estar abasteciendo a la guerrilla.

De esta manera, el ejército tomó control sobre la población de Ixcán. Por ese tiempo, se hicieron muy comunes las intimidaciones y las violaciones a muchachas de las comunidades. Como se trataba de militares, la gente no se atrevía a denunciar estos atropellos porque entonces les acusaban de guerrilleros y, a los que creían que eran colaboradores de la guerrilla, los secuestraban en sus casas y se los llevaban al destacamento de Playa Grande, en la zona militar 22. Playa Grande, la cabecera municipal de Ixcán, fue el único pueblo con el dudoso honor de ser zona militar. En el resto del país las zonas militares correspondían a departamentos enteros, pero la estrategia militar del ejército estableció que Ixcán, por ser el área más activa del conflicto, merecía una atención especial.

En este contexto, el ejército comenzó a secuestrar selectivamente a líderes comunitarios, a catequistas, a miembros de la Junta Directiva de las cooperativas y a cualquier persona que manifestara una opinión controvertida y mostrara capacidad para interpretar la situación desde una óptica diferente y atraer a la gente.

Ya para ese entonces, las compañías petroleras habían llegado al Ixcán con el beneplácito del ejército guatemalteco. Estas compañías petroleras no respetaban las propiedades de las cooperativas, destrozaban sus cultivos y talaban los árboles sin avisar ni pedir permiso. Al ver esta situación, los parcelistas se empezaron a levantar y a manifestar en contra de la compañía petrolera, provocando un recrudecimiento en las acciones represivas del ejército.

Así, se dio inicio a las persecuciones abiertas e indiscriminadas a todos los asociados de las cooperativas. Se les acusaba de guerrilleros, se les secuestraba, torturaba y asesinaba en los destacamentos militares. A partir de ahí, los militares comenzaron una primera oleada de destrucción en las comunidades, donde mataban a las personas, y quemaban casas y siembras indistintamente. Por temor al ejército, muchas familias abandonaron los centros de las comunidades y se fueron a vivir a sus parcelas, que estaban más alejadas de los núcleos.

[editar] Nuevos desplazamientos de población y recrudecimiento de la violencia

A principios de los años 80 se empezó a dar otra clase de desplazamiento hacia las tierras del Ixcán. A causa de la violencia y la represión del ejército, que pretendía empujar a la guerrilla hacia el norte para hacerla salir del país por el mismo lugar donde había entrado, mucha gente de distintas aldeas de Baja Verapaz, del Quiché y de la Costa Sur, se desplazó hasta el área de las Cooperativas de Ixcán Grande.

Venían huyendo de las desapariciones forzadas, las violaciones a las mujeres, los asesinatos y las masacres, que también se habían generalizado en esas áreas del país, y pensaban hallar refugio en el Ixcán o, en última instancia, exiliarse a México.

En esta época, la violencia no hizo sino aumentar en el Ixcán. El comercio se paralizó debido a los exhaustivos controles en los caminos y se dieron las primeras masacres.

En 1981, los militares se retiraron momentáneamente del Ixcán dejando abandonados sus destacamentos. La población pensó que se trataba de una retirada definitiva, lo que provocó un alivio de la tensión que se vivía. Sin embargo, esta tranquilidad duró muy poco, pues el ejército pronto regresó decidido a asolar el Ixcán por completo como parte de su estrategia de tierra arrasada, que había comenzado en el departamento de Chimaltenango a mediados de noviembre del mismo año.

La estrategia de tierra arrasada se apoyó paradójicamente en una máxima del pensamiento maoísta que reza «hay que quitarle el agua al pez». Según la interpretación del ejército guatemalteco, la guerrilla era el pez y la población campesina su agua. Durante el tiempo de tierra arrasada, se dio un cambio radical en la estrategia contrainsurgente del ejército. Se abandonó la represión selectiva de elementos «subversivos» dentro de las cooperativas y las comunidades, para pasar a una represión indiscriminada de toda la población, que a sus ojos configuraba la base social del movimiento insurgente.

Así, los batallones de soldados, al atacar una comunidad, comenzaban normalmente por agrupar a la gente en las iglesias, escuelas, salones comunales o casas grandes, para luego prenderles fuego. A continuación, destruían y quemaban las casas, las cosechas, los utensilios de trabajo, y mataban a los animales, para que, en caso de que hubiera escapado alguien de la comunidad antes de la masacre, ya no pudiera volver a vivir allí, ni recuperar ningún recurso que le facilitara la supervivencia. De esta manera, las comunidades eran literalmente borradas de la faz de la tierra, para luego ser reconstruidas por el ejército y repobladas con gente traída de otros lugares en los llamados «polos de desarrollo» o «aldeas modelo».

A pesar de todo, la gente no quería abandonar definitivamente sus casas. Muchos todavía permanecieron un tiempo escondidos en sus parcelas, resistiéndose a perder lo que tanto esfuerzo les había costado conseguir.

Las primeras masacres de esta nueva oleada de violencia fueron las de las comunidades de Trinitaria, Kaibil Balam, Santa María Tzejá, San José la 20, Santo Tomás Quetzal y Santa Clara, entre otras. Luego arrasaron las comunidades de Piedras Blancas y Malacatán, entre otras, hasta llegar a la frontera con México .

En 1982 se inició sistemáticamente por parte del ejército la formación de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) en las áreas de conflicto y luego en todo el país. Teóricamente formadas por voluntarios, la mayoría de los patrulleros eran obligados a prestar su servicio. Para mucha gente no era fácil aceptar que tenían que perseguir a sus propios hermanos, pero era su única salida para evitar ser acusados de guerrilleros y masacrados. Las patrullas fueron creadas y mantenidas sobre la base del terror y tenían como misión tareas de vigilancia y control de poblaciones o de instalaciones civiles. Actuaban como primera línea de choque contra la guerrilla y también fueron involucradas en masacres, ejecuciones y desapariciones, así como fueron utilizadas para reprimir reivindicaciones campesinas.

Sin ningún género de dudas, la mayor masacre cometida por el ejército guatemalteco en este periodo fue la de Cuarto Pueblo, donde murieron unas 324 personas en tres días de interrogatorios, torturas, violaciones y todo tipo de vejaciones y atrocidades. La masacre comenzó el domingo 14 de marzo de 1982, un día de mercado y celebraciones religiosas, por lo que había muchas personas concentradas en el centro de la comunidad. A las 10 de la mañana llegó el aviso de que el ejército estaba en camino, pero la mayoría de la gente hizo caso omiso y continuó con sus quehaceres, mientras el ejército rodeaba el pueblo. Algunos todavía tuvieron la oportunidad de salir huyendo, pero la mayoría quedó a merced de los soldados. Solo dos personas sobrevivieron a la masacre, escondidas en la comunidad. Gracias a sus testimonios se han podido reconstruir los terribles sucesos acaecidos durante esos días en Cuarto Pueblo, lo que también ha resultado muy productivo para conocer el modus operandi del ejército en este tiempo de masacres.

Después de la masacre de Cuarto Pueblo, los militares continuaron con su estrategia devastadora. Así, tuvieron lugar grandes masacres en las comunidades de Xalbal y Mayalán, los días 17 y 31 de marzo de 1982 respectivamente. Para ese entonces, la gente ya se había dado cuenta, con gran dolor, de que tenía que huir para salvar su vida. De ahí que, por ejemplo, el ejército ya no encontrara a nadie en Pueblo Nuevo el día que tenía planificado destruir la comunidad. Entre febrero y abril de 1982 la estrategia de tierra arrasada del ejército produjo alrededor de 1.500 muertos.

Una vez tomada la decisión de abandonar sus tierras, quedaba ver para dónde huir. Algunos se fueron a sus lugares de origen pensando que la situación sería menos espinosa allí. Hubo unos pocos que se entregaron al ejército y pasaron a formar parte de las «aldeas modelo». Otros decidieron salir al refugio a México caminando a través de las montañas. Y otros, que no deseaban abandonar el país, ni alejarse demasiado de sus comunidades, se quedaron resistiendo entre la espesura de la selva virgen, en la montaña.

Allí llegaba gente de todos lados que huía sin saber muy bien hacia dónde. Poco a poco, se fueron organizando y juntando en pequeños núcleos para sobrevivir, dando lugar al origen de lo que serían las Comunidades de Población en Resistencia del Ixcán (CPR - Ixcán).

[editar] Los retornos y la firma de los Acuerdos de Paz

Ya a partir de 1993 se inician los primeros retornos de población desde los campos de refugiados de México. Así, el 20 de enero tuvo lugar el llamado «primer retorno», que dio nombre a la actual comunidad Victoria 20 de enero. Los retornos se llevaron a cabo con el apoyo de la comunidad internacional en la figura de acompañantes internacionales, observadores, etc.

Asimismo, en el caso de las Comunidades de Población en Resistencia, el 2 de febrero de 1994 se dio la «salida al claro», acto que supuso el abandono de la vida clandestina en continua huida provocada por el asedio del ejército.

El 29 de diciembre de 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz, que dieron comienzo a una nueva etapa en el país.

[editar] Referencias

  1. Instituto Nacional de Estadística (INE) (2002). «XI Censo Nacional de Poblacion y VI de Habitación (Censo 2002)». Consultado el 2008.

[editar] Bibliografía

[editar] Enlaces externos

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