Boom latinoamericano

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

El "Boom" latinoamericano fue un fenómeno editorial y literario que surgió entre los años 1960 y 1970, cuando el trabajo de un grupo de cuentistas latinoamericanos relativamente jóvenes fue ampliamente distribuido por todo el mundo.

Los autores más representativos del "Boom" son Gabriel García Márquez de Colombia, Mario Vargas Llosa de Perú, Julio Cortázar de Argentina y Carlos Fuentes de México. Estos escritores desafiaron los convencionalismos establecidos en la literatura latinoamericana a través de obras experimentales de marcado carácter político, debido a la situación general de América Latina en la década de 1960.

El crítico Gerald Martin escribió: «No es una exageración afirmar que el sur del continente fue conocido por dos cosas por encima de todas las demás en la década de 1960; estas fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y su impacto tanto en América Latina como en el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la literatura latinoamericana, cuyo ascenso y caída coincidieron con el auge y caída de las percepciones liberales de Cuba entre 1959 y 1971».[1]

El éxito repentino de los autores del "Boom" fue en gran parte debido al hecho de que sus obras se encuentran entre las primeras novelas de América Latina que se publicaron en Europa, concretamente por las editoriales de Barcelona (España).[2] De hecho, según Frederick M. Nunn, "los novelistas latinoamericanos se hicieron mundialmente famosos a través de sus escritos y su defensa de la acción política y social y porque muchos de ellos tuvieron la fortuna de llegar a los mercados y las audiencias de más allá de América Latina a través de la traducción y los viajes y a veces a través del exilio".[3]

Precursores del "Boom" latinoamericano[editar]

Son aquellos escritores que forjaron la nueva narrativa latinoamericana (realismo mágico, cuento fantástico, cuento metafísico y crítica a la realidad social):

Representantes del "Boom" latinoamericano[editar]

El género literario más trabajado fue la narrativa corta en novela y cuento.

Antecedentes históricos[editar]

Gabriel García Márquez Uno de los principales protagonistas del Boom de la literatura latinoamericana.

Las décadas de 1960 y 1970 fueron décadas de agitación política en toda América Latina, en un clima político y diplomático fuertemente influenciado por la dinámica de la Guerra Fría. Este clima sirvió de base para los trabajos de los escritores del Boom latinoamericano y definió el contexto en el que sus ideas, a veces radicales, tenían que funcionar. La Revolución Cubana en 1959 y los intentos frustrados de Estados Unidos de invadir la isla a través de Bahía de Cochinos pueden considerarse como el inicio de este período.[4] La vulnerabilidad de Cuba la llevó a estrechar lazos con la URSS, dando lugar a la crisis de los misiles en Cuba en 1962, cuando los estadounidenses y los soviéticos se acercaban peligrosamente a la Guerra nuclear.[5] A lo largo de los años 1960 y 1970, regímenes militares autoritarios gobernaron en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y muchos otros países. Por ejemplo, el 11 de septiembre de 1973, el Presidente democráticamente electo Salvador Allende en Chile fue derrocado y reemplazado por el general Augusto Pinochet, que habría de gobernar hasta el final de la década de 1980.[6] [7] [8] Muchos tienen la creencia de que estos gobiernos cooperaron entre sí en términos de implementación de la tortura o eliminación de opositores políticos para «disponer libremente de los órganos de gobierno» en la llamada «Operación Cóndor».[9]

En el período comprendido entre 1950 y 1975 se produjeron cambios importantes en la forma en que la historia y la literatura se planteaban en términos de interpretación y escritura.[10] También se produjo un cambio en la percepción del español por los novelistas estadounidenses. El desarrollo de las ciudades, la mayoría de edad de una clase media grande, la Revolución Cubana, la Alianza para el Progreso, el aumento en la comunicación entre los países de América Latina y una mayor atención a América por parte de los Estados Unidos y Europa contribuyeron a este cambio.[11] El triunfo de la Revolución Cubana y su consolidación a pesar de sendas invasiones desde EE.UU. aceleraron un cambio en la política cultural de EE.UU hacia América Latina, lo cual devino en la llamada Alianza para el Progreso, por la cual EEUU se vio forzado a incluir y reconocer a Latinoamérica en el plano internacional. Los acontecimientos políticos más importantes de la época fueron la caída en 1955 del general Juan Domingo Perón en Argentina a manos de la derecha pro-estadounidense, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el golpe que derrocó a Allende en Chile en 1973, la lucha violenta y prolongada de la guerrilla urbana, brutalmente reprimida por las dictaduras en Argentina y Uruguay y la violencia sin fin en Colombia[10] . Dentro de este convulsionado período, se ven afectados los escritores tal como se evidencia en sus explicaciones o testimonios.

La mayor atención prestada a los novelistas latinoamericanos y su éxito internacional en la década de 1960, fue el fenómeno que se conoció como el "Boom". Lo que principalmente centró la atención del mundo sobre América Latina fue el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que prometía una nueva era. El período de euforia por dicho acontecimiento se puede considerar como concluido cuando el 20 de marzo de 1971 el gobierno de Cuba endureció su política de partido y el poeta Heberto Padilla fue detenido a raíz del recital de poesía dado en la Unión de Escritores, donde leyó "Provocaciones". Padilla fue arrestado junto con la poetisa Belkis Cuza Malé, su esposa desde 1967. Ambos fueron acusados por el Departamento de Seguridad del Estado de “actividades subversivas” contra el gobierno Cubano. Su encarcelamiento provocó una reacción en todo el mundo, con las consiguientes protestas de conocidísimos intelectuales entre los que figuraron varios escritores del hoy denominado "Boom" latinoamericano. El furor sobre el caso de Padilla puso fin a la afinidad entre los intelectuales latinoamericanos y el mito de inspiración cubana.[12] El caso de Padilla es considerado por algunos como el comienzo del fin del auge del Boom latinoamericano.[13]

Influencias literarias[editar]

El auge de la literatura latinoamericana comenzó con los escritores José Martí, Rubén Darío yJosé Asunción Silva, cuyas obras presentan desviaciones modernistas con respecto a los cánones literarios del viejo continente. Los escritores modernistas europeos como James Joyce también influyeron en los novelistas del Boom, al igual que los escritores latinoamericanos del movimiento de Vanguardia.[14] Elizabeth Coonrod Martinez sostiene que los escritores de la Vanguardia y sus novelas de carácter innovador y desafiante fueron los "verdaderos precursores" del "Boom".[15]

Con el éxito del "Boom", las obras de una generación anterior de escritores fueron asequibles para un público nuevo y ampliado. Estos precursores fueron Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo.[16]

Orígenes[editar]

Aunque la mayoría de los críticos coinciden en que el "Boom" comenzó en algún momento de 1960, hay cierto desacuerdo en cuanto a la obra que debe ser considerada como la primera novela del "Boom". Para algunos (como Alfred McAdam) sería Rayuela, de Julio Cortázar(1963), mientras que otros prefieren La ciudad y los perros de Vargas Llosa, que ganó el Premio Biblioteca Breve en 1962.[17] Fernando Alegría considera a Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos (que fue publicada en 1959) como la obra inaugural del Boom, aunque, como señala Shaw[17] , podríamos remontarnos a 1949 con Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias.[18]

Otra variante es la articulada por Randolph D. Pope: «La historia del auge podría empezar cronológicamente con El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias (publicada en 1946, pero empezada en 1922). Otro punto de partida podría ser El túnel de Ernesto Sabato (1948) o El pozo de Juan Carlos Onetti (1939). O yendo aún más atrás, a los movimientos vanguardistas de la década de 1920. Sin embargo, los escritores del "Boom" se declararon huérfanos y sin ningún modelo autóctono, atrapados entre su admiración por Proust, Joyce, Mann, Sartre y otros escritores europeos y su necesidad de tener una voz propia hispanoamericana, aunque rechazando a los más respetados escritores de Hispanoamérica indigenistas, criollistas, y mundonovistas».[12] Un antecedente claro en este sentido fue Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri, considerada la primera novela vanguardista latinoamericana.

Los representantes más importantes del "Boom" afirmaron que eran «huérfanos» de generación literaria, sin ningún «padre» latinoamericano de influencia; sin embargo, reconocieron que debían gran parte de su innovación estilística a los vanguardistas.[19] Jean Franco señala como una característica marcada del "Boom" «la negativa a identificarse con narraciones rurales o anacrónicas, como la novela de la tierra».[20]

Señas de identidad[editar]

Las novelas del "Boom" son esencialmente vanguardistas. Tratan al tiempo de una manera no lineal, suelen utilizar varias perspectivas o voces narrativas y cuentan con un gran número de neologismos (acuñaciones de nuevas palabras o frases), juegos de palabras e incluso blasfemias. Como escribió el escritor Pope, el estilo del "Boom" «se basaba en una superposición cubista de diferentes puntos de vista, cuestionaba el tiempo y el progreso lineales y era técnicamente complejo. Lingüísticamente segura de sí misma, utiliza la lengua vernácula, sin excusas».[21] Otras características notables del "Boom" son el tratamiento de los escenarios rurales y urbanos, el internacionalismo, el énfasis tanto en la historia y la política, así como el cuestionamiento de la identidad regional y nacional.[22] La literatura del "Boom" rompe las barreras entre lo fantástico y lo cotidiano, convirtiendo esta mezcla en una nueva realidad. De los escritores del "Boom", Gabriel García Márquez está más estrechamente relacionado con el uso del realismo mágico; de hecho, se le atribuye el haberlo puesto «de moda» tras la publicación de Cien años de soledad en 1967.[23]

Realismo Mágico[editar]

En los extremos de la literatura, Brett Levinson afirma que el realismo mágico, «un modo estético clave dentro de la ficción reciente de América Latina... se materializa cuando la historia de América Latina se revela como incapaz de explicar su propio origen, una incapacidad que tradicionalmente representa... una demanda de un mito: los mitos como un medio para explicar los principios que escapan a la narración de la historia».[24] Los escritos de los Cronistas de Indias, representa lo exótico «nuevo mundo» y sus relatos de la conquista de nuevas tierras extrañas se aceptó como la historia.[25] Estas historias fantásticas a menudo ayudaron a conseguir una nueva estética, que se transformó en el realismo mágico y «(tal como la concibió Alejo Carpentier), el realismo maravilloso y lo real maravilloso. De acuerdo con esta estética, las cosas irreales son tratadas como realistas y las cosas mundanas como elementos irreales., mientras que a menudo se basan en experiencias reales, extrañas, fantástica y legendaria, los pueblos ajustes míticos, especulativo, y los personajes que, aunque plausible, también podría ser irreal, y combinar la verdad, lo imaginario y lo inexistente, de manera tal que son difíciles de separar».[26]

La ficción histórica[editar]

Un interés por la historia es otra característica de las novelas del período de auge.[27] El paradigma de ello es la Novela del dictador, donde las figuras y acontecimientos históricos fueron retratados de manera que las conexiones entre ellas y los acontecimientos contemporáneos en América Latina no podían ponerse en duda. Un ejemplo es el de Roa Bastos Yo el Supremo, que representa en el siglo XIX la dictadura paraguaya de José Gaspar Rodríguez de Francia, pero fue publicado en el apogeo del régimen de Alfredo Stroessner, escribe que «en los novelistas del Boom se mostraba una comprensión sofisticada de la capacidad de su género para describir las historias paralelas y alternativas. Y participaron activamente en los debates culturales y políticos de la región que cuestionaron el significado y el valor de la historia».[28]

Principales representantes[editar]

Quién es y quién no debe ser incluido en el auge ha sido un tema ampliamente debatido y no resuelto. Aunque los nombres de muchos escritores pueden añadirse a la lista, hay un consenso en considerar a cuatro autores como los más representativos:

Julio Cortázar[editar]

Julio Cortázar nació en Bélgica en 1914. Vivió con sus padres en Suiza hasta que se mudó a Buenos Aires a la edad de cuatro.[29] Al igual que otros escritores del boom, Cortázar llegó a cuestionar la política de su país: su oposición a Juan Domingo Perón lo llevó a dejar su puesto de profesor en la Universidad de Mendoza y en última instancia, a su exilio.[30]

Se trasladó a Francia, donde pasó la mayor parte de su vida profesional, y en 1981 se convirtió en ciudadano francés.[31] Como García Márquez, Cortázar apoyó al gobierno cubano de Fidel Castro, al presidente chileno Salvador Allende, y a otros movimientos de izquierda como los sandinistas en Nicaragua.[31]

Entre sus influencias se encuentran Borges y Edgar Allan Poe.[32] Su obra más importante y la que lo catapultó al reconocimiento internacional, es la novela altamente experimental Rayuela en (1963).[31] Se compone de 155 capítulos, 99 de los cuales son «fungibles», que se pueden leer en varios pedidos de acuerdo a la predilección de los lectores.

Sus otros trabajos incluyen las colecciones de cuentos cortos Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966). También escribió novelas como Los premios (1960) y Libro de Manuel (1973), y el inclasificable Historias de cronopios y de famas (1962). Cortázar murió en París, Francia en 1984.

Gabriel García Márquez[editar]

Gabriel García Márquez, colombiano, es sin duda, junto a Mario Vargas Llosa, quien mayor proyección internacional ha logrado entre los escritores del boom. Gabo como también se le conoce, empezó como periodista y ha escrito muchos artículos y relatos cortos; sus escritos publicados antes eran historias cortas que aparecían en el diario El Espectador de Bogotá en la década de 1940.[33]

Es más conocido por novelas como Cien años de soledad (1967), El otoño del patriarca (1975) o El coronel no tiene quien le escriba (1962), y post-Boom, como El amor en los tiempos del cólera (1985), y por haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Ha logrado elogios de la crítica y éxito comercial general, sobre todo por la introducción de lo que se ha denominado realismo mágico en el mundo literario. Narró con métodos tradicionales hechos más o menos ajenos a la realidad, de modo que «lo más espantoso, las cosas más insólitas se dicen con la expresión impasible».[34] Un ejemplo comúnmente citado es el físico y espiritual de ascender al cielo de un personaje, mientras que cuelga la ropa a secar en Cien años de soledad. García Márquez es ahora considerado como uno de los autores más significativos del siglo XX, como lo atestigua el haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1982. Falleció en México D.F. el 17 de abril de 2014[35] .

Carlos Fuentes[editar]

Carlos Fuentes comenzó a publicar en la década de 1950.[36] Él fue hijo de un diplomático mexicano y vivió en ciudades como Buenos Aires, Quito, Montevideo y Río de Janeiro, así como Washington D. C..[37] Sus experiencias de lucha contra la discriminación de México en los Estados Unidos le llevó a examinar más de cerca la cultura mexicana.[38] Su novela La muerte de Artemio Cruz (1962) describe la vida de un ex revolucionario mexicano en su lecho de muerte, cambios innovadores que emplean en un punto de vista. Otros trabajos importantes incluyen La región más transparente (1959), Aura (1962), Terra Nostra (1975), y la novela post-Boom Gringo Viejo (1985).

Fuentes no sólo escribió algunas de las novelas más importantes de la época, también fue un crítico y publicista de Latinoamérica. En 1955, Fuentes y Emmanuel Carballo fueron fundadores de la Revista Mexicana de Literatura, que introdujo los latinoamericanos a las obras modernistas de Europa y las ideas de Jean-Paul Sartre y Albert Camus.[39] En 1969 publicó la obra crítica importante, La nueva novela hispanoamericana. Fuentes ocupó el cargo de profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Columbia (1978) y en Harvard (1987).[40] En una ocasión dijo que «el llamado Boom, en realidad, es el resultado de cuatro siglos, literariamente, llegado a un momento de urgencia en que la ficción se convirtió en la manera de organizar las lecciones del pasado».[41] Falleció en México D.F. el 15 de mayo de 2012.

Mario Vargas Llosa[editar]

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de literatura del año 2010, es un escritor peruano (aunque también ostenta la nacionalidad española); es uno de los literatos más prolíficos en lengua castellana, desenvolviéndose como novelista, ensayista, cuentista, dramaturgo, periodista y crítico literario y de política. Es, junto a Gabriel García Márquez, quien mayor proyección internacional ha logrado de entre los escritores del boom.[42] Estudió en la Universidad de San Marcos de Lima y, posteriormente, obtuvo un doctorado en literatura latinoamericana en España.[43] De hecho, su tesis doctoral fue sobre Gabriel García Márquez: García Márquez: historia de un deicidio.[44]

Vargas Llosa saltó a la fama con su novela La ciudad y los perros (1962), la cual sorprendió por la sofisticación de su técnica narrativa; esta novela es a la vez una mordaz crítica de la crueldad y la corrupción en un colegio militar peruano (y, por extensión, de la sociedad peruana).

Vargas Llosa también escribió La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969); y en el post-Boom, las novelas: Pantaleón y las visitadoras (1973), La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981), Elogio de la madrastra (1988), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), y más recientemente La fiesta del chivo (2000), El paraíso en la otra esquina (2003) y Travesuras de la niña mala (2006). Ha sido galardonado con los más importantes premios y distinciones a escala mundial, y sus libros han sido traducidos a casi todos los idiomas.

Luego de una estancia prolongada por diversas ciudades de Europa, regresó al Perú en 1974, aunque continuó viajando por América y Europa, por razones de su profesión de escritor y docente. Postuló a la presidencia de su país en 1990 que perdió frente al ingeniero Alberto Fujimori. Esta experiencia política la recogió en su obra autobiográfica El pez en el agua (1993).
Luego pasó a Londres y a España, donde se le concedió la nacionalidad española y fue incorporado como miembro de la Real Academia Española. En el 2000 y tras la caída de Fujimori, retornó al Perú, pero ha vivido desde entonces alternativamente entre su patria y España.

El 7 de octubre de 2010 se anunció que fue galardonado con el premio Nobel de Literatura, que acabó con la conocida racha de ser el eterno candidato como antes había sucedido también con Borges (aunque éste no recibió tal distinción). Este premio le llegó al escritor a sus 74 años por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», según explicó la Academia Sueca.

Otras figuras[editar]

Otros autores han sido asociados con el Boom. Juan Rulfo, el autor de dos libros, sólo uno de ellos una novela, fue el maestro reconocido incorporado a posterior, un escritor que los saldos de preocupación social, la experimentación verbal y un estilo único. Augusto Roa Bastos de Paraguay, escribió Hijo de hombre, considerado por algunos como la primera novela del Boom. Su novela Yo el Supremo ha sido comparado con el Ulises de Joyce, y es «una de las obras más respetadas de la historia de ficción que ha dado América del Sur».[45] Manuel Puig, argentino, es una figura central, con Vargas Llosa, del mundo editorial Seix-Barral. José Donoso, escritor chileno tanto de la expansión económica y el post-Boom, en su libro, Historia Personal del «Boom», menciona a otros escritores asociados con el movimiento como: Jorge Amado, de Brasil, Salvador Garmendia, Adriano González León de Venezuela y David Viñas de Argentina entre muchos otros.[16]

Editorial de América Latina[editar]

La industria editorial desempeñó un papel crucial en el advenimiento del Boom a escala global, sobre todo Seix Barral, la editorial dirigida por Carlos Barral, y agentes literarios como Carmen Balcells, ambos instalados en Barcelona y con gran proyección en mercados como el francés. Por otra parte las principales casas editoriales con sede en La Habana, Ciudad de México, Buenos Aires, Montevideo, Asunción o Santiago fueron responsables de publicar la mayoría de las novelas del boom, y estas ciudades se convirtieron en centros importantes de innovación cultural.[46]

En parte el boom se debe al renovado interés de las agencias literarias y editoriales españolas por los autores hispanoamericanos, en especial en ciudades como Barcelona, que dinamizaron el mercado americano. Señala Alejandro Herrero-Olaizola que los ingresos generados por la publicación de estas novelas dio un generoso impulso a la economía española, aun cuando las obras fueran sometidas a la censura de Franco.[47] Algunos de los Seix-Barral publicó novelas incluyen Mario Vargas Llosa La ciudad y los perros (1963) y su Pantaleón y las visitadoras (1973), Manuel Puig y La traición de Rita Hayworth (1971).[48] Una figura importante «en la promoción de la literatura latinoamericana en España» (y en otros lugares) fue la «super-agente» Carmen Balcells, a quien Vargas Llosa se refiere como «La Mamá Grande de la novela latinoamericana».[49]

Crítica[editar]

Es corriente achacar al boom una inclinación exagerada a los experimentos narrativos y cierta «tendencia al elitismo».[50] En su estudio del post boom, Donald L. Shaw escribió que Mario Benedetti fue muy crítico con escritores del boom como García Márquez, quienes, para él, «representan una clase privilegiada que tenía acceso a la cultura universal y, por tanto, fueron completamente no representativos de la gente promedio en América Latina».[51] Por otra parte, Swanson, en su artículo sobre José Donoso, articula otra censura a la «nueva novela» (es decir, novela boom): «Aunque era esencialmente una reacción frente a un estancamiento percibe en el realismo convencional, muchos de los experimentos y las innovaciones formales de la ficción moderna se han convertido en características estándar de la escritura moderna, dando lugar a otra forma de tradicionalismo, donde un conjunto de estereotipos se ha sustituido por otro».[52] También criticó a menudo el sexismo que representa el hecho de que todos los representantes del movimiento fueron varones y el tratamiento de los personajes femeninos en las novelas. El énfasis que el boom hizo en los temas históricos y fantásticos también ha sido objeto de críticas, ya que, se alegó, estarían demasiado alejados de la dramática realidad de la situación política de América Latina de que se criticara.[53]

Impacto[editar]

El boom tuvo un impacto inmediato, ya que cambió la forma en que la cultura latinoamericana fue vista en todo el mundo.[54] Por supuesto, la traducción desempeña un papel importante en el éxito de los escritores del boom, ya que otorgó al conjunto una audiencia mucho mayor. Es más, estos autores, en general bastante jóvenes, siguieron produciendo novelas durante cuatro décadas[55] y el auge abrió la puerta a nuevos escritores de América Latina en el escenario internacional. Una prueba del impacto global del boom fue el hecho de que los escritores jóvenes tuvieron a Fuentes, García Márquez o Vargas Llosa como mentores.[55]

El Post-Boom[editar]

Desde la década de 1980 se hizo común hablar de escritores postboom, la mayoría de los cuales nacieron durante los años 1940, 1950 y 1960. Es difícil situar claramente el Post-boom «como muchos de sus escritores se activa antes del final del boom». De hecho, algunos escritores, como José Donoso, se podría decir que pertenecen a ambos movimientos. Su novela El obsceno pájaro de la noche (1970) se considera, como señala Philip Swanson, «uno de los clásicos de la pluma».[56] Su obra posterior, sin embargo, se adapta con mayor comodidad en el Post-boom.[57] Manuel Puig y Severo Sarduy se consideran escritores cuyas obras representan la transición del auge al Post-Boom.[58] Es importante señalar que esta inquietud en la categorización se perpetúa por el hecho de que los principales escritores del Boom (Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa) continuaron escribiendo después del final del boom. En el auge posterior es distinta de la Pluma en varios aspectos, sobre todo en la presencia de las autoras como, Luisa Valenzuela, Giannina Braschi, Cristina Peri Rossi, Elena Poniatowska.[59] Mientras que Valenzuela y Poniatowska, fueron activos escritores durante el período de auge,[60] Allende se considera «un producto de la pluma».[61] Shaw también identifica a Antonio Skármeta, Rosario Ferré y Gustavo Sainz como escritores Post-boom.[62]

Consecuencias[editar]

Esta transformación contribuyó de igual forma a desarrollar la originalidad y la creatividad de los escritores, ya que la invariabilidad de las narraciones de esa época, y las rígidas reglas que estaban establecidas, habían hecho dormir muy profundamente a la imaginación. El Boom se considera un movimiento ya superado «supuestamente». El fenómeno del Boom explota MIA en España (aunque nace en Latinoamérica) y arrastra consigo a nombres de escritores anteriores a esta explosión que a partir de este momento empiezan a tomar relevancia, como es el caso de Jorge Luis Borges -para muchos el nombre nuclear de la literatura latinoamericana-, Juan Rulfo, Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias. Además, se establece otro momento que nace después del Boom(como consecuencia de este), que ha sido llamado el «Post-Boom», en el cual resuenan los nombres de Alfredo Bryce Echenique, Tomás Eloy Martínez, Laura Esquivel, Luis Sepúlveda, Antonio Skármeta, Bryam Pierre Higuita, entre otros.

Referencias[editar]

  1. Martin, 1984, p. 53
  2. Herrero-Olaizola, 2007, p. xxi
  3. Nunn, 2001, p. 4
  4. Sens y Stoett, 2002, pp. 64-76
  5. Sens y Stoett, 2002, p. 76
  6. Aguilar, 2004, pp. 193-97
  7. Sens, y Stoett, 2002, p. 290
  8. Pilger, 2003
  9. Aguilar, 2004, p. 187
  10. a b Pope, 1996, p. 226
  11. Pope 1996
  12. a b Pope, 1996, p. 229
  13. Herrero-Olaizola, 2007, p. 22
  14. Coonrod Martinez, 2001, pp. 2-3, 119
  15. Coonrod Martinez, 2001, pp. 1-8
  16. a b Donoso, 1972
  17. a b Shaw, 1994, p. 360
  18. Shaw, 1994, p. 361
  19. Coonrod Martinez, 2001, pp. 2-3
  20. Franco, 2006, p. 441
  21. Pope, 1996, p. 231
  22. Nunn, 2001, p. 7
  23. Ocasio, 2004, p. 92
  24. Levinson, 2001, p. 26
  25. Ocasio, 2004, pp. 1-3
  26. a b Pope, 1996
  27. Nunn, 2001, p. 73
  28. Nunn, 2001, p. 211-212
  29. Ocasio, 2004, p. 105
  30. Ocasio, 2004, p. 106
  31. a b c Ocasio, 2004, p. 107
  32. Ocasio, 2004, pp. 109-10
  33. Ocasio, 2004, p. 127
  34. McMurray, 1987, p. 18
  35. http://www.eluniversal.com.mx/cultura/2014/boom-latinoamericano-garcia-marquez-muerte-1004197.html
  36. Williams, 2002, p. 209
  37. Ocasio, 2004, p. 119
  38. Ocasio, 2004, p. 120
  39. Williams, 2002, p. 210
  40. Ocasio, 2004, p. 121
  41. Fuentes, qtd. Nunn, 2001, p. 122
  42. Ocasio, 2004, p. 112
  43. Ocasio, 2004, p. 113
  44. Nunn, 2001, p. 150
  45. Nunn, 2001, p. 53
  46. a b c Pope, 1996, p. 230
  47. Herrero-Olaizola, 2007, p. xxi
  48. Herrero-Olaizola, 2007, pp. 65-67, 163
  49. Herrero-Olaizola, 2007, pp. 173-74
  50. Shaw, 1998, pp. 27-28
  51. Shaw, 1998, p. 26
  52. Swanson, 1987, p. 521
  53. Shaw, 1998, pp. 13, 19
  54. Martin, 1984, p. 54
  55. a b Ocasio, 2004, p. 89
  56. Swanson, 1987, p. 520
  57. Swanson, 1987, pp. 520-21
  58. Shaw, 1994, p. 361
  59. Shaw, 1998, pp. 10, 22-23
  60. Shaw, 1998, p. 95
  61. Nunn, 2001, p. 157
  62. Shaw, 1998, pp. 73, 119, 139

Notas[editar]