Operación Cóndor

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Países participantes en la Operación Cóndor.      Miembros activos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay.      Miembros esporádicos: Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador.      Estados Unidos

La Operación Cóndor o Plan Cóndor es el nombre con que se conoce el plan de coordinación de operaciones entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América —Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador[1] con la CIA de los Estados Unidos,[2] llevada a cabo en las décadas de 1970 y 1980.

Esta coordinación se tradujo en "el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países y desaparición o muerte de personas consideradas por dichos regímenes como 'subversivas del orden instaurado o contrarias al pensamiento político o ideológico opuesto, o no compatible con las dictaduras militares de la región'".[2] El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política.

Antecedentes[editar]

Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos durante la presidencia de Richard Nixon, ha sido señalado como el ideólogo del Plan Cóndor.

Un antecedente directo de estas operaciones fue el Decreto Noche y Niebla de Adolf Hitler.[3] Un historiador estadounidense atribuye a un operativo de la CIA la organización de las primeras reuniones entre funcionarios de seguridad uruguayos y argentinos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos y también su actuación como intermediaria en las reuniones entre los dirigentes de los escuadrones de la muerte brasileños y los argentinos y uruguayos.[4]

Pero Estados Unidos hizo más que organizar los encuentros. La división de servicios técnicos de la CIA suministró equipos de tortura a brasileños y argentinos (entre otros) y ofreció asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano puede resistir, señala también el mismo autor.[4]

En 2007, la profesora estadounidense Patrice McSherry, de la Long Island University, mediante un documento secreto de la CIA, fechado en junio de 1976, confirma el secuestro y tortura de refugiados chilenos y uruguayos en Buenos Aires. Según ella, dichos planes emanaron en la década de 1960 en la Escuela de las Américas y las Conferencias de Ejércitos Americanos, mediante las cuales Estados Unidos enseñó a los oficiales instruidos en ellas acciones "preventivas" (torturas) en la región. Un documento desclasificado de la CIA con fecha 23 de junio de 1976, explica que ya "a principios de 1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de blancos subversivos".[5]

La Operación Cóndor fue un pacto criminal que se puso en marcha cuando se contó con una verdadera red de dictaduras en el Cono Sur y en América Latina. El general Alfredo Stroessner llevaba ya una década en el poder en Paraguay, desde 1954. Así como cuando los militares brasileños derrocaron al gobierno democrático y popular de João Goulart, en 1964. Después de una serie de golpes de Estado en Bolivia llegó al poder el general Hugo Bánzer en 1971. El 11 de septiembre de 1973, el general Augusto Pinochet bombardea el palacio presidencial de La Moneda, derrocando al presidente socialista Salvador Allende. Coincidiendo con el plan general de “ajustar” el Cono Sur, donde crecían movimientos populares de envergadura, también en 1973, se instaló la dictadura cívico-militar en Uruguay. Así mismo, sólo tres años después, el 24 de marzo de 1976, una junta militar, presidida por el general Jorge Rafael Videla, tomó el poder en Argentina, país en el cual había comenzado a actuar la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) desde el 21 de noviembre de 1973, cuando Juan Domingo Perón todavía era presidente. La Triple A actuó en una coordinación criminal, con la dictadura de Pinochet en Chile. Esto surgirá en las investigaciones sobre la Operación Colombo, un modelo de guerra sucia que se ejecutó en 1975.

El Plan Cóndor fue una operación similar a la estrategia de la tensión utilizada en Italia en los setenta, la cual estaba dirigida por la llamada Operación Gladio, de la que Licio Gelli fue un miembro.

Historia[editar]

El Plan Cóndor fue establecido el 25 de noviembre de 1975 en una reunión realizada en Santiago de Chile entre Manuel Contreras, el jefe de la DINA (policía secreta chilena), y los líderes de los servicios de inteligencia militar de Argentina (gobernada por Isabel Martínez de Perón), Bolivia, Paraguay y Uruguay (estos últimos con gobiernos militares).[6]

A partir de 1976, la DINA chilena y su par argentino, la SIDE, fueron la vanguardia del Plan Cóndor. Los "vuelos de la muerte" también fueron ampliamente utilizados durante la Guerra de Independencia de Argelia (1954-1962) por las fuerzas francesas, a fin de que los cadáveres, y por lo tanto las pruebas, desaparecieran. También existieron muchos casos de robo de bebés en la dictadura cívico-militar argentina, que fueron realizados con el mismo fin que los llamados "vuelos de la muerte".

Línea de tiempo de las dictaduras en Sudamérica

El 22 de diciembre de 1992, un volumen importante de información sobre la Operación Cóndor salió a la luz cuando José Fernández, un juez de Paraguay, visitó una comisaría en el Lambaré -conurbano de Asunción- para buscar archivos de un ex preso político. En su lugar se encontró con lo que se conoció como los "archivos del terror",[7] donde se detalla el destino de miles de latinoamericanos secretamente secuestrados, torturados y asesinados por los servicios de seguridad de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.[8] Algunos de estos países han utilizado desde entonces algunas partes de este archivo para procesar a ex oficiales del ejército. Los archivos cuentan 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados.[9] Un cable de ANSA, publicado en tapa del matutino ABC Color, de Asunción, dio cuenta el 3 de diciembre de 2012, que no fue una "casualidad" el descubrimiento de los "Archivos del Terror", sino consecuencia, tardía por las difíciles condiciones políticas de Paraguay, de las operaciones de contrainteligencia relatadas por Alberto Nadra en un libro publicado en noviembre de ese año.[10]

De acuerdo con estos archivos, otros países como Perú cooperaron en diversos grados, proporcionando información de inteligencia en respuesta a las peticiones de los servicios de seguridad los países del Cono Sur. A pesar de que Perú no se encontraba en la reunión secreta de noviembre de 1975 en Santiago de Chile, hay pruebas de su colaboración con los regímenes del Cono Sur. Por ejemplo, en junio de 1980, se conoció que el gobierno de Perú colaboró con agentes argentinos del Batallón de Inteligencia 601 en el secuestro, tortura y desaparición de un grupo de Montoneros que se encontraban exiliados en Lima.[11]

Los "archivos del terror" también revelaron la cooperación, en mayor o menor grado, de los gobiernos de Colombia y de Venezuela (se supone que Luis Posada Carriles se encontraba en la reunión secreta que ordenó el asesinato de Orlando Letelier con un coche bomba). Se ha alegado también que la organización paramilitar colombiana conocida como Alianza Americana Anticomunista puede haber cooperado con la Operación Cóndor. Brasil firmó el acuerdo más tarde, en junio de 1976, y se negó a involucrarse en acciones fuera de América Latina.

Casos notables[editar]

El asesinato del general chileno Carlos Prats en Argentina y del ex ministro del gobierno de Salvador Allende, Orlando Letelier en Estados Unidos, fueron partes de la operación,[12] además del atentado para asesinar en Roma a Bernardo Leighton, organizado por el terrorista italiano Stefano Delle Chiaie, quien era un miembro de la Operación Gladio. Quien accionó la ametralladora que hirió gravemente a Bernardo Leighton y a su esposa, fue el terrorista de origen cubano Orlando Bosch Ávila. En Madrid intentaron secuestrar a líderes del MIR chileno mientras que en Roma operaron contra disidente políticos argentinos.

Los agentes de la Operación Cóndor actuaron tanto en países de América Latina como en Estados Unidos y Europa.

Con Vincenzo Vinciguerra, el italiano Stefano Delle Chiaie ha hablado sobre los asesinatos de Prats y Letelier; según él, participó en las dos operaciones, el ciudadano estadounidense Michael Townley ex agente de la CIA. El terrorista cubano-estadounidense Luis Posada Carriles también participó en la reunión en la que se decidió asesinar a Orlando Letelier, quien se había exiliado en Estados Unidos de Norteamérica. Además, según investigaciones actuales, puede ser que Eduardo Frei Montalva haya sido asesinado por veneno creado en la Colonia Dignidad.

En Argentina[editar]

El 30 de septiembre de 1974, en Buenos Aires, el retirado general del ejército chileno Carlos Prats fue asesinado junto con su esposa Sofía Cuthbert, fuera de su propio departamento, por una bomba activada a control remoto, lanzando los restos hasta el balcón planta novena del edificio de enfrente.[13]

Según documentos secretos entregados a la prensa, el agente de la DINA Juan Morales Salgado vigilaba los detalles de la vida de Prats y su esposa.[14] Días antes del atentado de Prats y su esposa habían iniciado trámites secretos para dejar el país. El autor material del atentado fue el ciudadano estadounidense Michael Townley, agente de la CIA

Sin embargo, las operaciones no siempre se trataron de asesinatos, también se ocupaban de la captura y entrega de personas consideradas "sediciosas" o "subversivas" por los distintos regímenes dictatoriales. Un caso de importante repercusión fue el del matrimonio Zaffaroni, quienes fueron secuestrados y desaparecidos en Argentina el 27 de septiembre de 1976. Ambos fueron llevados al centro clandestino Automotores Orletti y luego trasladados a Uruguay.[15] Este caso tomó relevancia en 1998 al ser encontrada la hija de la pareja, Mariana Zaffaroni Islas, quien había sido apropiada por un agente de la Secretaría de Inteligencia.

En Brasil[editar]

La no necesidad de una actuación o intervención destacada de EE. UU. en Brasil prevaleció tras una tradición por parte de esta última de dictadura militar conservada y afincada en el poder desde Castelo Branco, pasando por los años más represivos con Emílio Garrastazu Médici, hasta la apertura democrática realizada hacia el final de la dictadura de João Figueiredo en 1985.

El secuestro de los uruguayos[editar]

El evento con mayor reconocimiento internacional fue el objeto la represión de Uruguay en Brasil en un evento que ocurrió en noviembre de 1978 y, más tarde conocida como la "O sequestro dos uruguaios», es decir, "El secuestro de los uruguayos". En aquella ocasión, bajo el consentimiento del régimen militar brasileño, altos oficiales del ejército uruguayo viajaron en secreto con dirección a Porto Alegre, capital del Estado de Rio Grande do Sul. Allí secuestraron a una pareja de militantes de la oposición política uruguaya, Universindo Rodríguez Díaz y Lilian Celiberti, junto con sus dos hijos, Camilo y Francesca, 8 y 3 años de edad.

La operación ilegal fracasó cuando dos periodistas brasileños --el reportero Luiz Cláudio Cunha y el fotógrafo João Baptista Scalco, de la sucursal de la revista Veja en Porto Alegre -- alertados por una llamada telefónica anónima, fueron al departamento donde vivía el matrimonio, en el barrio del Menino Deus de la capital gaúcha.[16] Allí, confundidos con compañeros de los uruguayos, los periodistas fueron recibidos por hombres armados que mantenían retenida a Lílian. Universindo y sus hijos ya habían sido llevados a Uruguay clandestinamente.[17] La inesperada llegada de los periodistas rompió el sigilo de la operación, que rápidamente fue desmontada para llevar también a Lílian a Montevideo.

En 1980, dos inspectores de la DOPS (Departamento de Orden Político y Social, una rama oficial de la policía a cargo de la represión política durante el régimen militar) fueron condenados por la Justicia brasileña, los hombres armados que habían detenido a los periodistas en el apartamento de Lilian en Porto Alegre. Eran João Augusto da Rosa y Orandir Portassi Lucas (un ex jugador de fútbol conocido como Didi Pedalada), ambos identificados como participantes en la operación de secuestro por parte de los periodistas y la pareja de Uruguay, lo que sin duda confirma la participación del Gobierno del Brasil en la Operación Cóndor. En 1991, a través de la iniciativa del gobernador Pedro Simón, el Estado de Rio Grande do Sul reconoció oficialmente el secuestro de los uruguayos y los compensó por él, inspirando al gobierno democrático del presidente Luis Alberto Lacalle de Uruguay a hacer lo mismo un año después.[18] [19]

El asesinato de João Goulart[editar]

Después de su derrocamiento, João Goulart se convirtió en el primer presidente brasileño, en morir en el exilio. Murió mientras dormía en Mercedes, Argentina el 06 de diciembre de 1976 de un supuesto ataque al corazón. Dado que su cuerpo nunca fue sometido a una autopsia, la causa real de su muerte sigue siendo desconocida.

El 26 de abril de 2000 el ex gobernador de Río de Janeiro, Leonel Brizola sostuvo que los ex presidentes de Brasil Joao Goulart y Juscelino Kubitschek fueron asesinados como parte de la Operación Cóndor, y pidió la apertura de las investigaciones sobre sus muertes. Juscelino Kubitschek murió en un accidente de coche.[20] [21]

El 27 de enero de 2008, el periódico Folha de São Paulo publicó una historia con una declaración de Mario Neira Barreiro, ex miembro del servicio de inteligencia de la dictadura de Uruguay, y declaró que Goulart fue envenenado, haciendo suyas las sospechas de Brizola. La orden de asesinar a Goulart, según él, provenía de Sérgio Fleury, director del Departamento de Ordem Política e Social (Departamento de Orden Político y Social) y la licencia para matar vino del presidente Ernesto Geisel mismo.[22] [23] En julio de 2008, una comisión especial de la Asamblea Legislativa de Rio Grande do Sul, estado de origen de João, dio a conocer un documento que dice que "las evidencias de que João fue asesinado intencionalmente, con conocimiento del gobierno de Geisel, son fuertes".[24]

En Chile[editar]

Cuando Augusto Pinochet fue arrestado en Londres en 1998 en respuesta a la petición del magistrado español Baltasar Garzón para su extradición a España, información relativa a la Operación Cóndor fue revelada. Uno de los abogados que pidieron su extradición habló de un intento de asesinar a Carlos Altamirano, líder del Partido Socialista de Chile: se afirmó que Pinochet se reunió con el terrorista italiano Stefano Delle Chiaie durante el funeral de Franco en Madrid en 1975 para asesinar a Altamirano.[25] Pero como con Bernardo Leighton, quien fue baleado en Roma en 1975 después de una reunión el mismo año en Madrid entre Stefano Delle Chiaie, el ex agente de la CIA Michael Townley y anti-castrista Virgilio Paz Romero, el plan finalmente fracasó.

El General Carlos Prats y su esposa fueron asesinados por la DINA chilena el 30 de septiembre de 1974 por un atentado con coche bomba en Buenos Aires, donde vivían en el exilio. En Chile, el juez de instrucción de este caso, Alejandro Solís, determinó definitivamente el fin a la persecución de Pinochet por este caso en particular después de que la Corte Suprema de Chile rechazó una demanda para revocar su inmunidad judicial en enero de 2005. Los líderes de la DINA, entre ellos el jefe Manuel Contreras, ex jefe de la operación y el general retirado Raúl Iturriaga Neumann, su hermano Roger Itturiaga, y los ex-brigadieres Pedro Espinoza Bravo y José Zara, están acusados en Chile de este asesinato. El agente de la DINA Enrique Arancibia Clavel fue condenado en Argentina por el asesinato.

Otro objetivo fue Orlando Letelier, ex ministro del gobierno de Allende que fue asesinado por la explosión de un coche bomba en Washington, el 21 de septiembre de 1976. Su asistente, Ronni Moffitt, ciudadana de los EE.UU., también murió en la explosión. Michael Townley, el general Manuel Contreras, ex jefe de la DINA, y el brigadier Pedro Espinoza Bravo, también antes de la DINA, fueron condenados por los asesinatos. En 1978, Chile aceptó entregar Townley a los EE.UU., a fin de reducir la tensión sobre el asesinato de Letelier. Townley, sin embargo, fue liberado en el marco del programa de protección de testigos. La justicia de EE. UU. está a la espera de Manuel Contreras y Pedro Espinoza a ser extraditado.

En un artículo publicado 17 de diciembre de 2004 en el Los Angeles Times, Francisco Letelier, hijo de Orlando Letelier, escribió que el asesinato de su padre fue parte de la Operación Cóndor, que se describe como "un intercambio de inteligencia de red utilizado por seis dictadores del Sur de la época para eliminar a los disidentes ". Francisco Letelier, declaró: "El asesinato de mi padre era parte del Cóndor." Michael Townley ha acusado a Pinochet de ser responsable de la muerte de Orlando Letelier. Townley confesó que había contratado a cinco cubanos anticastristas exiliados para colocar la bomba en el coche de Letelier.

En Paraguay[editar]

La larga dictadura de Alfredo Stroessner se convirtió en coetánea de los dictadores Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet. Los Archivos del horror de Paraguay de 1992 constituyen una de las evidencias más poderosas de la represiva dictadura paraguaya.

Según los Archivos del Terror descubiertos por Martín Almada, en la ciudad de Lambaré, Paraguay, en 1992, el Plan Cóndor dejó un saldo de 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos y 400 000 presos. [7].

En Uruguay[editar]

Elegido democráticamente en 1971, Juan María Bordaberry disolvió las cámaras en 1973 e instauró una dictadura que se extendería hasta 1985.

Coincidentemente a la década de los 70, de acuerdo a los procedimientos habituales de las dictaduras del Cono Sur en su declaración de gobernantes de facto, Juan María Bordaberry se autonominó dictador prohibiendo al resto de los partidos políticos su existencia. En este país el golpe de Estado se dio en el año 1973 y perduró hasta 1985, lapso en el que se asesinó, torturó, encarceló, secuestró y desapareció a una gran cantidad de personas, bajo el argumento de la lucha contra la "subversión". Previo a 1973, ya existían agentes de la CIA asesorando a las fuerzas de seguridad uruguayas, cuyo ejemplo más conocido fue Dan Mitrione, quien enseñó métodos de tortura a la policía en Uruguay.[26] [27] Previamente había enseñado estos métodos a los comandantes militares sudamericanos en la "Escuela de las Américas" situada en Panamá. En relación a su población, Uruguay fue el país que tuvo mayor número de presos políticos durante la Operación Cóndor. La CNT del Uruguay (Central Nacional de Trabajadores) mantuvo una huelga general por 15 días a raíz del golpe de Estado.

En Bolivia[editar]

La historia de los Gobiernos Militares en Bolivia (1964-1982) y de inestabilidad política facilitaban en Bolivia una dictadura militar como la de Hugo Banzer propiciada hacia principios de los años setenta. Al igual que en otros países latinoamericanos, éste régimen se instauró tras derrocar a un gobierno de izquierda (el de Juan José Torres) con ayuda norteamericana.[28]

Caso peruano[editar]

El legislador peruano Javier Diez Canseco declaró que él y 12 compatriotas suyos ( Justiniano Apaza Ordóñez, Hugo Blanco, Genaro Ledesma, Valentín Pacho, Ricardo Letts, Cesar Lévano, Ricardo Napurí, José Luis Alvarado Bravo, Alfonso Baella Tuesta, Guillermo Faura Gaig, José Arce Larco y Humberto Damonte), todos opositores a la dictadura de Francisco Morales Bermúdez, fueron expatriados y entregados en 1978, después de ser secuestrados en Perú, a las fuerzas armadas argentinas en la ciudad de Jujuy. También afirmó que existe documentación desclasificada de la CIA e informaciones cablegráficas difundidas por Wikileaks, que dan cuenta de los nexos del gobierno de Morales Bermúdez con la Operación Cóndor. Ver La Primera" de Lima (Perú) del 4 de febrero de 2012.[29]

Otros casos[editar]

El líder chileno del MIR, Edgardo Enríquez, fue "desaparecido" en Argentina, así como otros dirigentes del MIR, Jorge Fuentes, Alexei Jaccard, chileno y suizo, y Ricardo Ramírez una red de apoyo al Partido Comunista desmantelado en Argentina en 1977. Los casos de represión contra los alemanes, españoles, los ciudadanos peruanos y los judíos también fueron divulgados. Los asesinatos del ex presidente boliviano Juan José Torres y los ex diputados uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini en Buenos Aires en 1976 también formaron parte de la Operación Cóndor. La DINA entró en contacto incluso con los terroristas croatas, neofascistas italianos y del SAVAK para localizar y asesinar a los disidentes.[30]

La Operación Cóndor estaba en su apogeo en 1976. Los exiliados chilenos en Argentina se vieron de nuevo amenazados, y tuvieron que pasar a la clandestinidad o al exilio. Diplomáticos cubanos fueron asesinados también en Buenos Aires en el famoso centro clandestino de detención Automotores Orletti, una de las 300 prisiones clandestinas de la dictadura. Estos centros fueron gestionados por el Grupo de Tareas 18 encabezado por el condenado por ladrón armado Aníbal Gordon, quien reportaba directamente al comandante general de la SIDE, Otto Paladino. "Automotores Orletti" fue la base principal de los servicios de inteligencia extranjeros que participan en la Operación Cóndor. Uno de los sobrevivientes, José Luis Bertazzo, quien fue detenido allí por dos meses, identificó a prisioneros chilenos, uruguayos, paraguayos y bolivianos que fueron interrogados por los agentes de sus propios países. Es allí que la nuera del poeta Juan Gelman de 19 años fue torturada junto a su esposo, antes de ser trasladados a Montevideo donde dio a luz a una beba (Macarena Gelman), que fue robada de inmediato por oficiales del ejército uruguayo.[31]

De acuerdo con el libro de John Dinges Los años del Cóndor, chilenos detenidos del MIR en el centro de detención Orletti le dijeron a José Luis Bertazzo que habían visto a dos diplomáticos cubanos, Jesús Cejas Arias, de 22 años, y Crescencio Galañega de 26 años, torturados por el grupo de Gordon e interrogados por un hombre que viajaba desde Miami a interrogarlos. Los dos diplomáticos cubanos, encargados de la protección del embajador de Cuba en Argentina, Emilio Aragonés, habían sido secuestrados el 9 de agosto de 1976 en la esquina de las calles Arribeños y Virrey del Pino por 40 agentes de la SIDE armados que bloquearon la calle con sus Ford Falcon, los vehículos utilizados por las fuerzas de seguridad durante la dictadura. Según Dinges el FBI y la CIA fueron informados de las detenciones. El autor cita un cable enviado por el agente del FBI en Buenos Aires, Robert Scherrer el 22 de septiembre de 1976 en el que mencionó de pasada que Michael Townley, más tarde condenado por el asesinato el 21 de septiembre de 1976 del ex ministro chileno Orlando Letelier en Washington, había tomado parte de los interrogatorios de los dos cubanos. El ex jefe de la DINA confirmó a la jueza federal argentina María Servini de Cubría en Santiago de Chile el 22 de diciembre de 1999 que Michael Townley y el cubano Guillermo Novo Sampoll estuvieron presentes en el centro "Automotores Orletti", después de haber viajado desde Chile a Argentina el 11 de agosto de 1976, y "cooperaron en la tortura y el asesinato de los dos diplomáticos cubanos". El anticastrista y terrorista cubano Luis Posada Carriles también se jactó en su autobiografía, Los caminos del guerrero, del asesinato de los dos jóvenes.[31]

Intervención de otros países[editar]

El papel de Estados Unidos[editar]

Por los archivos desclasificados de la CIA, se supo que Manuel Contreras, jefe de la DINA en Chile, fue invitado en 1975 al cuartel General de la CIA en Langley durante 15 días.[32] Después de esa visita, Contreras aparece como "creador" de la Operación Cóndor. El periodista e investigador Cristopher Hitchens sindica a Henry Kissinger como ideólogo de dicha operación.[33]

En febrero de 2004 el periodista John Dinges publicó The Condor Years: How Pinochet and His Allies Brought Terrorism to Three Continents,[34] en el que revela cómo los funcionarios militares uruguayos amenazaron con asesinar al congresista estadounidense Edward Koch (luego alcalde de Nueva York) a mediados de 1976. A finales de julio de 1976, el jefe de la CIA en Montevideo recibió información al respecto, pero se recomendó que la Agencia no tomara ninguna medida porque los oficiales uruguayos (entre ellos el coronel José Fons, quien estuvo en en septiembre de 1975 en la reunión secreta en Santiago de Chile, y el mayor José Nino Gavazzo, quien encabezó un equipo de oficiales de inteligencia que trabajaban en Argentina en 1976, donde fue responsable de la muerte de más 100 uruguayos) había estado bebiendo cuando se hizo la amenaza. En una entrevista para el libro, Koch dijo que George H. W. Bush, en ese momento director de la CIA, le informó en octubre de 1976 - más de dos meses después, y después de que fuera asesinado Letelier - que "su patrocinio de la legislación para cortar la ayuda militar de EE. UU. a Uruguay por razones de derechos humanos había provocado a funcionarios de la policía secreta a 'poner un precio a su cabeza'". A mediados de octubre de 1976, Koch escribió al Departamento de Justicia pidiendo la protección del FBI. Nunca fue proporcionada. A fines de 1976, los coroneles Fons y Gavazzo fueron asignados a importantes cargos diplomáticos en Washington, pero el Departamento de Estado obligó al gobierno uruguayo a retirar sus nombramientos, con la explicación pública que "Fons y Gavazzo pueden ser objeto de publicidad desagradable". Koch recién tuvo conocimiento de las conexiones entre las amenazas en 2001.[35]

Un cable de 1978 del embajador de EE. UU. en Paraguay, Robert White, al Secretario de Estado Cyrus Vance, fue publicado el 6 de marzo de 2001 por el diario The New York Times. El documento fue liberado en noviembre de 2000 por el gobierno de Clinton en el marco del Proyecto de Desclasificación de Chile. En el cable, el embajador White informa de una conversación con el general Alejandro Fretes Dávalos, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Paraguay, quien le informó que los jefes de inteligencia de América del Sur involucrados en Cóndor "[se mantenían] en contacto unos con otros a través de una instalación de EE. UU. en la Zona del Canal de Panamá que cubre[cubría] toda América Latina ". Según Dávalos, esta instalación era "empleada para coordinar información de inteligencia de los países del Cono Sur". Robert White temía que la conexión de EE. UU. con la Operación Cóndor podría ser revelados públicamente en el momento del asesinato del ex ministro chileno Orlando Letelier y su asistente estadounidense Ronni Moffitt que estaba siendo investigado. White informó por un cable que "parece conveniente revisar este acuerdo para asegurar que su continuación es del interés de EE. UU.".

Esto demuestra que EE. UU. facilitó las comunicaciones para la Operación Cóndor, y ha sido denominado por Patrice McSherry (Univ. de Long Island.) "otra prueba de peso que sugiere que el ejército de EE. UU. y funcionarios de inteligencia apoyaron y colaboraron con Cóndor como socio secreto o patrocinador."[36]

Los EE. UU. fue un miembro clave, siempre "proporcionó la organización, la inteligencia y tecnológicos de asistencia financiera a la operación."[37]

Material desclasificado en 2004, señala que

Kissinger fue informado sobre Cóndor y sus "operaciones de asesinato" el 5 de agosto de 1976, en un informe de 14 páginas de Shlaudeman. "A nivel internacional, los generales de América parecen nuestros muchachos", advirtió Shlaudeman. "Se nos identifica especialmente con Chile. Eso no nos puede hacer ningún bien". Shlaudeman y sus segundos, William Luers y Ryan Hewson, recomendaron acciones. En el transcurso de tres semanas, redactaron un posición oficial cuatelosamente escrita, aprobada por Kissinger, en la que se instruía a los embajadores de EE. UU. en el Cono Sur para reunirse con los respectivos jefes de estado respecto del Plan Cóndor. En el se les ordenaba expresar "nuestra profunda preocupación" acerca de "rumores" de "los planes para el asesinato de subversivos, políticos y figuras prominentes tanto dentro de las fronteras nacionales de algunos países del Cono Sur y en el extranjero".[38]

En definitiva, la gestión nunca se realizó. Kornbluh y Dinges sugieren que la decisión de no enviar la orden de Kissinger se debió a un cable enviado por el subsecretario Harry Shlaudeman a su adjunto en Washington que establecía que "puede simplemente instruir a los embajadores de no tomar ninguna otra medida, señalando que no ha habido informes en algunas semanas que indiquen la intención de activar el régimen Cóndor."[39] McSherry añade: "De acuerdo con [el Embajador de EE. UU. en Paraguay Robert] White, las instrucciones del Secretario de Estado no pueden ser ignoradas a menos que haya una contraorden recibida a través de canales alternos secretos (de la CIA)."[40] Kornbluh y Dinges llegan a la conclusión de que "El rastro de papel es claro: el Departamento de Estado y la CIA tenían inteligencia suficiente para tomar medidas concretas para impedir plan de asesinatos de la Operación Cóndor. Esas medidas fueron iniciadas, pero nunca se las implementó". El adjunto de Shlaudeman, Hewson Ryan, reconoció más tarde en una entrevista oral que el Departamento de Estado fue "remiso" en su manejo del caso. "Supimos muy pronto que los gobiernos de los países del Cono Sur se encontraban planificando algunos asesinatos en el extranjero en el verano de 1976, o al menos hablando sobre ello. … Si hubiéramos intervenido, podríamos haber evitado esto, no lo sé", afirmó en referencia al atentado contra Letelier, "pero no lo hicimos."

La conexión francesa[editar]

La periodista francesa Marie-Monique Robin encontró en los archivos del Quai d'Orsay, del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, el documento original que acredita un acuerdo de 1959 entre París y Buenos Aires que creó una "misión militar francesa permanente" de oficiales que habían luchado en la Guerra de independencia de Argelia, y que estaba ubicado en las oficinas del jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino. El mismo continuó hasta que el socialista François Mitterrand fue elegido presidente de Francia en 1981.[41] La periodista demostró como el gobierno de Valéry Giscard d'Estaing colaboró en secreto con la dictadura militar de Jorge Rafael Videla en Argentina y con el régimen de Augusto Pinochet en Chile.[42] Los primeros oficiales argentinos, entre ellos Alcides López Aufranc, viajaron a París para asistir a cursos de dos años en la escuela militar Ecole de Guerre en 1957, dos años antes de la Revolución Cubana y cuando no existía ningún movimiento guerrillero argentino.[41] "En la práctica", dijo Robin a Página/12, "la llegada de los franceses a la Argentina conllevó a una ampliación masiva de los servicios de inteligencia y de la utilización de la tortura como el arma principal de guerra contra la subversión en el concepto de la guerra moderna". Los "decretos de aniquilación" firmados por Isabel Perón fueron inspirados en textos en lengua francesa. Durante la guerra de independencia de Argelia, las fuerzas policiales fueron puestas bajo la autoridad del Ejército, y en particular de los paracaidistas, quienes generalizaron las sesiones de interrogatorio, la utilización sistemática de la tortura y las desapariciones.[41]

El 10 de septiembre de 2003, diputados del Partido Verde francés Noël Mamère, Martine Billard e Yves Cochet solicitaron la constitución de una Comisión Parlamentaria sobre "el papel de Francia en el apoyo de los regímenes militares en América Latina 1973-1984" ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional, presidida por Edouard Balladur. El único periódico que informó al respecto fue el diario Le Monde.[43] Sin embargo, el diputado Roland Blum, a cargo de la Comisión, se negó a escuchar a Marie-Monique Robin, y en diciembre de 2003 publicó un documento de 12 páginas descrito por Robin como de la mayor mala fe posible. Alegó que el acuerdo no se habría firmado, a pesar de que el documento fue obtenido por Robin en el Quai d'Orsay.[44] [45]

Cuando el ministro francés de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, viajó a Chile en febrero de 2004, afirmó que no había habido cooperación entre Francia y los regímenes militares.[46]

La periodista Marie-Monique Robin dijo al periódico L'Humanité: "Los franceses han sistematizado una técnica militar en el medio urbano que se copia y se pasa a las dictaduras latinoamericanas.".[42] Los métodos utilizados durante la guerra de independencia de Argelia en 1957 se sistematizaron y fueron exportados a la Escuela Superior de Guerra en Buenos Aires.[41] El famoso libro de Roger Trinquier sobre la lucha contra la insurgencia tuvo una fuerte influencia en América del Sur. Robin dice que se sorprendió al enterarse de que la agencia de inteligencia francesa Direction de surveillance du territoire (DST) comunicaba a la DINA los nombres de los refugiados que regresaban a Chile ("Operación Retorno"), todos los cuales fueron asesinados. "Por supuesto, esto pone al gobierno francés en el banquillo, junto a Giscard d'Estaing, entonces presidente de la República. Yo estaba muy impresionada por la hipocresía de las autoridades diplomáticas de Francia que, al mismo tiempo recibió refugiados políticos con los brazos abiertos, y colaboró con las dictaduras."

El almirante argentino Luis María Mendía, quien teorizó la práctica de los "vuelos de la muerte", declaró en enero de 2007 ante los jueces argentinos que un agente de la inteligencia francesa, Bertrand de Perseval, había participado en el secuestro de las dos monjas francesas, Léonie Duquet y Alice Domont, que fueron asesinadas más tarde. Perseval, quien hoy vive en Tailandia, negó cualquier vínculo con el secuestro, pero admitió haber sido miembro de la OAS, y haber escapado a la Argentina en marzo de 1962 cuando el Acuerdo de Evian que puso fin a la Guerra de Independencia de Argelia(1954-1962). Refiriéndose al documental de Robin titulado "El Escuadrón de la Muerte - la escuela francesa" (Les escadrons de la mort - l'école française), Luis María Mendía solicitó a los tribunales argentins que el ex presidente francés Valéry Giscard d'Estaing, el ex primer ministro francés Pierre Messmer, el ex embajador francés en Buenos Aires François de la Gorce, y todos los funcionarios en su lugar en la embajada francesa en Buenos Aires entre 1976 y 1983 fueran citados ante el tribunal.[47] Además de esta "conexión francesa", Mendia también ha acusado a la ex jefa de Estado argentina María Estela Martínez de Perón y a sus ex ministros Carlos Ruckauf y Antonio Cafiero, quienes habían firmado el "decreto contra la subversión" antes del golpe de Estado de 1976. Según la sobreviviente de la ESMA, Graciela Daleo, esta es otra táctica para afirmar que estos crímenes fueron legitimados por la Ley de Obediencia Debida de 1987, y también cubiertos por el "decreto contra la subversión" de Isabel Perón (que ordenaba aniquilar el accionar de las organizaciones subversivas)[48] )[49] Alfredo Astiz también refirió a los tribunales acerca de la "conexión francesa".[50] Muchos de los oficiales que participaron en Argelia era oficiales de la División SS Carlomagno, que fueron enlistados en las fuerzas armadas francesas después de la guerra. Ellos conocían a cabalidad el Decreto Nacht und Nebel que fue el origen de las desapariciones forzadas como arma política.

Consecuencias[editar]

Operación Silencio[editar]

La "Operación Silencio" fue una operación para obstaculizar las investigaciones de los jueces chilenos mediante la eliminación de los testigos, que comenzó alrededor de un año antes de que los "archivos del terror" se encuentren en Paraguay.

En abril de 1991 Arturo Sanhueza Ross, vinculado al asesinato del líder del MIR Jecar Neghme en 1989, abandonó el país. Según el Informe Rettig, la muerte de Jecar Neghme se llevó a cabo por agentes de inteligencia de Chile.[51] En septiembre de 1991 Carlos Herrera Jiménez, quien mató al sindicalista Tucapel Jiménez, también dejó el país.[52] En octubre de 1991 Eugenio Berríos, un químico que había trabajado con Michael Townley agente de la DINA, es acompañado de Chile a Uruguay por agentes de la Operación Cóndor, para escapar a testificar en el caso Letelier. Utilizó pasaportes argentino, uruguayo, paraguayo y brasileño, aumentando las preocupaciones que la Operación Cóndor no estaba muerta. En 1995, Berríos fue encontrado muerto en El Pinar, cerca de Montevideo (Uruguay), sus asesinos habían tratado de tornar imposible la identificación de su cuerpo.

En enero de 2005, Michael Townley, quien ahora vive en EE.UU. bajo el programa de protección de testigos, reconoció a los agentes de la Interpol los vínculos entre la DINA y el centro de detención Colonia Dignidad,[53] que fue fundada en 1961 por Paul Schäfer, un nazi, detenido en marzo de 2005 en Buenos Aires, y condenado por cargos de violación de menores. Townley también facilitó información sobre la Colonia Dignidad y el Laboratorio de guerra bacteriológica del Ejército. Este último laboratorio habría sustituido al antiguo laboratorio de la DINA en la Vía Naranja, donde trabajó con Michael Townley el asesino químico Eugenio Berríos. La toxina con la que presuntamente mataron en 1982 al Demócrata Cristiano Eduardo Frei Montalva pudo haber sido realizada en este nuevo laboratorio en la Colonia Dignidad, según el juez que investiga el caso.

Contrapropaganda[editar]

Antes y después del golpe de Estado de 1976 y bajo la cobertura de las agencias de noticias TASS (ex Unión Soviética) y Prensa Latina (Cuba) se concentraron en Buenos Aires las informaciones sobre los asesinatos, secuestros, desapariciones y operaciones combinadas de los servicios de inteligencia de las dictaduras latinoamericanas, provenientes de los Partidos Comunistas de la región y de otras organizaciones, para enviarlas luego a Praga, Berlín, Sofía, La Habana y Moscú. Radio Moscú fue el medio que encabezó la contra-propaganda, ya que que emitía boletines semanales o diarios con información y denuncias de Paraguay, Uruguay, Argentina, o Brasil. El más conocido, que preocupó seriamente a la dictadura de Augusto Pinochet, fue "Escucha Chile", en la voz del multipremiado escritor y periodista José Miguel Varas y Katya Olevskáya. El investigador Alberto Nadra sugiere que en algunas emisiones se insertaban palabras claves que encerraban mensajes sobre acciones de resistencia.[54]

Actualidad[editar]

El juez federal argentino Norberto Oyarbide ordenó el 2 de febrero de 2012 la captura internacional y extradición del dictador peruano Francisco Morales Bermúdez, acusado por participar en el conocido Plan Cóndor y de cometer delitos como privación ilegal de la libertad y torturas durante su mandato de facto (1975-1980). Es solicitado por el secuestro ilegal, en mayo de 1978, de 13 ciudadanos de ese país que fueron trasladados a Argentina en el marco del Plan Cóndor, una estrategia conjunta de represión de las dictaduras del Cono Sur, bajo la coordinación de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. No sólo pide la detención y extradición de Morales, sino que también solicitó la indagatoria del dictador argentino Jorge Videla, y su ex ministro del Interior, Albano Harguindeguy por su presunta complicidad.[55] De acuerdo a los expedientes hallados en los archivos, el Perú ha sido parte en forma indirecta de las operaciones llevadas a cabo siendo Presidente Francisco Morales Bermúdez.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Notas
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  2. a b "Coordinación regional" y participación de los "máximos estamentos del poder". El Plan Cóndor era parte de la política estatal.
  3. Martorell, Francisco (1999). Lom Ediciones, ed. Operación Cóndor, el vuelo de la muerte: la coordinación represiva en el Cono Sur. p. 247. ISBN 9789562822312. 
  4. a b A.J. Languth, Hidden Terrors New York, Pantheon, Nueva York, 1978, pag. 251
  5. «Documentos de la CIA fechan inicio de Operación Cóndor dos años antes de su creación oficial». TeleSUR. 29 de julio de 2007. Consultado el 29 de junio de 2013. 
  6. .Condor legacy haunts South America, BBC, June 8, 2005
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  13. Cómo fue el asesinato del general Prats en la Argentina Diario Clarín 12 de mayo de 2000
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  15. The National Security Archive (29 de septiembre de 1976). George Washington (ed.): «Handed down to OCOAS».
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  19. CUNHA, Luiz Cláudio. Operação Condor. O sequestro dos uruguaios. Uma reportagem dos tempos da ditadura. Porto Alegre: L&PM, 2008.
  20. Brasil examina su pasado represivo en la Operación Cóndor, El Mostrador, 11 May 2000
  21. Operación Cóndor: presión de Brizola sobre la Argentina, El Clarín, 6 May 2000
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  23. [2]
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  32. CIA documents confirm: Chile's secret police chief worked for Washington International Committee of the Fourth International (ICFI) Bill Vann 27 de septiembre de 2000
  33. ', tal como puede apreciarse a partir de los archivos desclasificados por Estados Unidos, la cantidad de juicios abiertos en el Cono Sur, el descubrimiento de los Archivos del horror de Paraguay (1992), la aparición del libro The Trial of Henry Kissinger, del periodista e investigador británico Cristopher Hitchens, tan revelador como otros libros y documentos acumulados en los últimos tiempos sobre el papel del ex secretario de Estado de dos gobiernos de su país, los de los republicanos Richard Nixon y Gerald Ford: "Kissinger y su equipo idearon el proyecto destinado a asesinar al general chileno René Schneider, que no sólo era líder de las Fuerzas Armadas de Chile sino que no hubiera aceptado el golpe de Estado", dice Hitchens, en una entrevista con el corresponsal de Página 12 en París. Agrega: "Se trata de una atrocidad absoluta y nosotros contamos con todos los detalles del atentado planeado por Kissinger y que le costó la vida a Schneider. Hay que decir también que se trata de una atrocidad contra la democracia chilena. Durante 25 años Kissinger impidió que los chilenos eligieran a su presidente".
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Bibliografía
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Enlaces externos[editar]