Objeto volador no identificado

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Para otros usos de sus sinónimos, véanse UFO y platillo volante.
Clásica fotografía de un supuesto ovni en Nueva Jersey, tomada el 31 de julio de 1952. Esta forma característica de pretendidas naves extraterrestres tienen su origen en la confusión de un periodista.[1]

El término objeto volador no identificado, más conocido como ovni[2] (por las siglas O.V.N.I., calco del acrónimo inglés UFO o Unidentified Flying Object),[2] se refiere a la observación de un objeto volante, real o aparente, que no puede ser identificado por el observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.

El acrónimo fue creado para reemplazar al de "platillo volante" y ha llegado a trascender más allá de las simples observaciones aéreas. Aunque autores como Erik von Daniken (1999) o Jacques Fabrice Vallée (1976) han apuntado que los antiguos carros de los dioses o las apariciones y raptos en bosques y pantanos podían ser el equivalente a los relatos ovni actuales, el fenómeno-mito comenzó en 1947, íntimamente vinculado a los medios de comunicación.

Su interés para los gobiernos, si es que alguna vez lo tuvo, ha ido decreciendo al encontrarse explicación a la mayoría de los casos y no apreciarse nada especialmente raro ni misterioso en los no aclarados. Sin embargo, la tendencia parece opuesta en la literatura especializada en estos temas, que ha ido creciendo en número de cabeceras y tirada, para pasar a recoger también supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos perpetrados por los tripulantes de dichos objetos. Todas estas afirmaciones extraordinarias tienen en común la ausencia de pruebas extraordinarias que las demuestren. Pese a la total ausencia de las mismas, la hipótesis extraterrestre sigue siendo tema de debate.

Contexto histórico[editar]

Autores como Luis Alfonso Gámez, Ricardo Campo[1] o Neil deGrasse Tyson[3] han insistido en la gran importancia de los antecedentes históricos que rodeaban el nacimiento y la popularización del término O.V.N.I.

Percival Lowell, defensor de vivir cerca de otras civilizaciones extraterrestres con gran inteligencia.

A finales del siglo XIX y principios del XX, Percival Lowell había publicado varias obras sobre Marte, en las cuales postulaba que las líneas oscuras divisadas por Giovanni Virginio Schiaparelli en la superficie marciana constituían una red de canales, creados por una civilización inteligente, para traer agua desde los polos al ecuador del Planeta Rojo.[4] Pese a que las observaciones de Lowell se revelarían erróneas, el público en general consideró la existencia de vida extraterrestre inteligente y cercana a la Tierra como un hecho probado científicamente. El astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1996, p. 232) indica que la Mariner 9 refutó esa posibilidad cuando fotografió la superficie del Planeta en 1971.

En 1944 la Luftwaffe había conseguido hacer operativo el Heinkel He 178. El motor de este avión sorprendió por su sencillez al no necesitar bielas, pistones, cigüeñal, aceite y los demás elementos utilizados hasta el momento.[5] También su velocidad, cercana a los 700 km/h, dejaba bastante atrás a los mejores aparatos de la época, caso del Supermarine Spitfire. Como tercera virtud se puede destacar su maniobrabilidad. Además el aparato en sí ya era sorprendente para personas poco introducidas en el mundo aeronáutico por no tener hélices que lo impulsaran. Aparatos como este y tantos otros que le siguieron comenzaron a implantar en el ciudadano corriente la idea de que se investigaba sobre nuevos modelos aéreos, bastante diferentes de los anteriores y con unas prestaciones muy superiores.

Un efecto más contundente si cabe para la opinión pública lo causó el V2. Este misil balístico dejaba muy atrás a lo que podían presentar naciones como la URSS o Estados Unidos. La V2 era capaz de mover una carga útil de casi una tonelada, a varios cientos de kilómetros y a velocidades que superaban con mucho la del sonido, según Nigel Hawkes (1992, p. 193) dicha velocidad se consideraba "barrera" infranqueable para un ingenio humano, pese, continúa Hawkes, a que las balas de fusil ya viajaban a esa velocidad desde hacía décadas. Este portento de la ingeniería abrió nuevamente la mentalidad del público en general e hizo ver como posible que un ingenio de origen inteligente causara imágenes que antes se hubieran tomado por espejismos, resplandores, relámpagos o cualquier otra explicación natural.

El 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Álamo Gordo la Prueba Trinity, con la que culminaba el Proyecto Manhattan. Dicha prueba, junto a la utilización posterior de una bomba de uranio y otra de plutonio, demostró que se podía conseguir gran cantidad de energía con poca masa. Pero, al mismo tiempo, se descubría un nuevo tipo de arma, con una capacidad destructiva incomparable, lo cual supuso un salto cualitativo en el tipo de guerra que podría librarse. Asimismo, también se dio el pistoletazo de salida para una carrera de armamentos entre los Estados Unidos y la URSS junto a una carrera de información para conocer cada bando el nivel alcanzado por su oponente.[6] Aunque actualmente se sabe que la tecnología soviética estaba por detrás de la estadounidense, había dos campos donde si llevaban cierta ventaja: uno era el misilístico, como se verá más adelante, y el otro fue la capacidad de guardar sus secretos. El régimen de Iósif Stalin era una dictadura férrea, con un control considerable de la información producida y difundida, por lo que las apariencias eran más fáciles de guardar. Unido a esto, las inmensas proporciones del país le concedían una profundidad estratégica sin igual, lo que hacía imposible observar todo su territorio, aunque sólo fuese indirectamente, desde ningún punto de su frontera, por muy alto que se alzara el observador. Como ha recogido posteriormente John Lewis Gaddis (2008), los soviéticos podían amenazar con misiles que no tenían y esgrimir divisiones con las que no contaban, o al menos en determinados momentos, porque las agencias de información al principio tenían un gran desconocimiento de lo que sucedía en el interior del país enemigo. La recién creada CIA (Agencia Central de Inteligencia) necesitaba información sobre lo que sucedía en la URSS y financió proyectos de todo tipo para conseguir fotografías o mediciones atmosféricas que pudieran indicar los avances de la otra superpotencia en campos como el de los misiles intercontinentales, los bombarderos estratégicos o las pruebas nucleares atmosféricas.

Ante las prestaciones ofrecidas por el motor de reacción y el misil balístico, las potencias vencedoras se disputaron a los técnicos implicados en los programas alemanes para desarrollar los suyos propios. Sin embargo, por una serie de decisiones, los Estados Unidos mantuvieron relegado a von Braun durante un tiempo, mientras los dirigentes soviéticos sacaron del Gulag a Serguéi Koroliov para que retomase los programas de misiles abandonados años atrás. Al poco tiempo los segundos iban más adelantados que los primeros en misiles y cohetes. Carl Sagan (1996, p. 247) indica que dicha ventaja fue inicial, cuando los soviéticos contaban con algunos prototipos de una potencia superior y una tasa de éxitos también superior a la presentada por los norteamericanos, pero esa situación se invertiría posteriormente.

Es nuevamente Carl Sagan (1996) quien recoge la sorpresa de los dirigentes de la URSS y los Estados Unidos respecto al interés del público por el tema espacial cuando, unos años después de comenzar las primeras pruebas con los nuevos misiles balísticos, los soviéticos demostraron que se podía llegar al espacio exterior con el Sputnik 1. Más aún, los éxitos soviéticos crearon cierto pánico en la población estadounidense al sentirse vulnerables y en inferioridad tecnológica frente a su enemigo. El mismo Sagan (1996, p. 212) recogió ese sentimiento y la reacción inmediata de los políticos para dar prioridad a los temas aeroespaciales. El astrobiólogo transcribe el interrogatorio mantenido en 1958 entre Daniel J. Flood, presidente de la subcomisión para asignaciones de la defensa y representante del partido demócrata por Pensilvania, y Richard E. Horner, secretario de la asesoría para la Fuerza aérea de los Estados Unidos. Ante la petición de una partida considerable de fondos para la investigación espacial, la subcomisión realizó tres preguntas a Horner y, tras responderlas, Flood declaró:

Deberíamos darle todo el dinero, todo el hardware y todo el personal que precisen, sin importar lo que otras personas puedan opinar o querer, y pedirles que se suban a una colina y que lo hagan sin contemplaciones.

Con un vigor como el demostrado por las dos partes en los aspectos técnico, económico y de comunicación pronto comenzaron a ser familiares para las personas de toda clase y condición los cohetes de gran tamaño, las imágenes de cápsulas reentrando en la atmósfera, los trajes presurizados, las escafandras...

Terminología[editar]

Búmeran de madera a cuya forma se parecían los objetos declarados por Kenneth Arnold.

El primer nombre dado a luces o formas en el cielo desconocidas para el espectador fue el de platillo volante o platillo volador, del inglés flying saucer. El término "platillo volador" se popularizó en 1947 debido a un error periodístico. El 24 de junio, el piloto civil norteamericano Kenneth Arnold vio una formación de nueve objetos en forma de búmeran volando a una velocidad estimada por él superior a 1500 Km/h, mientras pilotada sobre la Cordillera de las Cascadas, estado de Washington.[1]

Como se ha indicado, a finales de la Segunda Guerra Mundial se vivía como posible la existencia de prototipos rápidos y muy manejables, desarrollados por otros países y nunca vistos hasta el momento. Ante la posibilidad de haber divisado una escuadrilla de dichos prototipos, Arnold se dirigió a la oficina del FBI para informar, pero la encontró cerrada. Por lo tanto acudió a un periodista llamado Bill Bequette para narrarle su observación. El piloto explicó la formación indicando que los nueve objetos tenían forma de búmeran y describió su movimientos como el efectuado por las piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida, en concreto su palabras pueden traducirse por «un platillo lanzado a través del agua». Bequette confundió la forma en la que se movían los objetos con la forma de los objetos. El error de Bequette ha sido recogido multitud de veces por científicos como Carl Sagan (1997): «Dijeron que yo había dicho que eran "como platillos", cuando lo que yo dije fue que "volaban al estilo de un platillo"», declaró Arnold al célebre locutor Edward R. Murrow en una entrevista para la CBS, transmitida el 7 de abril de 1950.

Nuevamente Sagan (1997) hizo hincapié sobre la relación entre la confusión y las observaciones posteriores, incluso fotografías:

Mientras la explicación original se ha olvidado, el término platillo volador se ha convertido en una palabra habitual. El aspecto y comportamiento de los platillos voladores de Kenneth Arnold era bastante diferente de lo que sólo unos años después se caracterizaría rígidamente en la comprensión pública del término: algo como un frisbee muy grande y con gran capacidad de maniobra.

Autores como Ricardo Campo han recogido citas más elocuentes:[1]

Muy probablemente, a partir de entonces, todas las razas alienígenas y extraterrestres que han visitado la Tierra han tenido que rediseñar sus naves interplanetarias para adaptarse al error de un periodista de un diario local de Estados Unidos del año 47.

Pese al error, las declaraciones sobre ingenios aeronáuticos no identificados aumentaron considerablemente. Ante la posibilidad de que la URSS dispusiera de aparatos desconocidos hasta el momento o que se pudiera estar violando de alguna forma el espacio aéreo estadounidense con gran impunidad, la administración de Harry S. Truman emprendió una serie de investigaciones para esclarecer los hechos. Uno de los participantes en aquellas investigaciones y director del posteriormente llamado Proyecto Libro Azul fue Joseph Allen Hynek (1977). A este astrónomo se le debe la decisión de cambiar el término "platillo volante" por el más genérico "Objeto Volador No Identificado", traducido del inglés "Unidentified Flying Object", nombre que persiste hasta nuestros días.

La disciplina que estudia o simplemente recoge los caso de ovnis se denomina Ufología. Según estudiosos de la ufología, como Fernando Frías, en todo el mundo se detectan numerosos fallos en la recopilación y difusión de los casos, como publicar que a una persona le creció un tercer testículo tras un encuentro sin haberlo verificado, por ejemplo.[7] Tanto es así que la propia Academia Española define la ufología como "simulacro de investigación científica...".[8]

En la mayoría de los casos estudiados por ufólogos empleando el método científico se descubrió un origen conocido. Juan Ballester Olmos (2000) señala que cuando se ha estudiado el expediente, generalmente un relato, y no se ha sido posible ofrecer una explicación, se considera un caso positivo. Por contra, cuando se puede dar una explicación se denomina caso negativo.

Historia[editar]

No existe acuerdo respecto al momento en que comenzó la historia de las observaciones de ovnis. Para Wilding-White, J. J. Benítez, Erich von Däniken o Jacques Vallée los avistamientos de objetos sin identificar se remontan tanto como historia tiene la Humanidad. Para autores como Ricardo Campo, Luis Alfonso Gámez[1] o Carl Sagan es un mito contemporáneo que comienza a finales de los años 40 del siglo XX. Citar tantas veces a este último astrónomo está justificado no sólo por su obra literaria, sino también por sus aportaciones a la investigación ovni, como se detalla más adelante.

Ovnis en la Edad Antigua, Media y Moderna[editar]

La visión de platillos volantes, como se ha explicado, dio comienzo cuando la ingeniería había logrado ya un nivel suficiente como para desarrollar motores de reacción, misiles con alcances estratosféricos e ingenios nucleares. Lo que, para escritores como Luis Alfonso Gámez, sugiere un origen humano producto de aquella época. La idea de estar ante un mito de la era espacial.[4]

Pintura mural. Val Camonica, Italia ¿Humanoides portando escafandras o interpretación contemporánea?

A esta relación causa-efecto se han opuesto novelistas como Erik von Daniken (1999), Juan José Benítez (1994) o Jacques Fabrice Vallée (1976), quienes sostienen que, desde el pasado más remoto, el ser humano trató de adaptar lo que veía a su intelecto, relacionando los distintos avistamientos con objetos conocidos, cercanos a él. El primero de los escritores citados, planteó que muchas de estas referencias antiguas serían registros de observaciones reales de supuestas naves alienígenas, las cuales habrían recibido distintas denominaciones en documentos antiguos: vehículo de los dioses, carros de fuego, vímanas, discos solares, nubes, nubes de fuego, el Borax Resplandeciente, nubes con ángeles, carro Pushpaka, maruts (todas ellas en el Ramayana hindú); y también escudo que vuela, luces cósmicas, perlas luminosas, flechas ígneas, Serpiente de las Nubes, escudo yacente, espadas voladoras, esferas transparentes. Asimismo señala que, si estos vehículos aéreos estaban tripulados, se produciría igualmente el contacto con los eventuales seres extraterrestres, quienes transmitirían a los observadores enseñanzas diversas. Según estas teorías, el origen de muchas de las civilizaciones del pasado (Egipto, Babilonia, etc.) sería extraterrestre o al menos las tecnologías para realizar sus obras serían de origen o inspiración extraterrestre.

Es necesario reseñar que personas expertas en Egipto y Asiria, como la egiptóloga de la Universidad Complutense de Madrid Mara Castillo Mallén, advierten: los autores como von Daniken no son egiptólogos ni asiriólogos, tampoco son arqueólogos y algunos, como el mismo Daniken, no son licenciados; por lo tanto, afirmaciones como las anteriores deben ser tenidas como meras especulaciones. No existen dudas sobre la procedencia del pueblo egipcio ni los muchos que poblaron Mesopotamia, ni se aprecia un salto tecnológico en algún momento comprendido entre la construcción de las primeras mastabas hasta los templos del Imperio Nuevo que haga suponer una transferencia tecnológica, ni se ha encontrado ningún registro de contactos con civilizaciones extraterrestres.[nota 1] Otros autores, como Luis Alfonso Gámez o Benjamin Radford, mantienen que las conjeturas de Daniken y otros contienen, además de una gran ignorancia sobre la Historia antigua, una postura insultante y hasta racista contra esos pueblos, al no dudar de que los romanos pudiesen construir el Coliseo y los griegos el Templo de Artemisa, pero sí hacerlo cuando los ejecutores fueron otros humanos no europeos.[9]

Juan José Benítez (1994) propuso en su libro Los astronautas de Yavé que una serie de extraterrestres entrenaron a Moisés en el monte Sinaí en distintas técnicas, se ocuparon de ofrecerle asesoramiento, cuidaron y alimentaron a los padres de la Virgen María, se aparecieron a San José, los Reyes Magos o fueron los encargados de realizar la Anunciación. Como en el caso de Daniken, el autor español no aporta ninguna prueba documental o arqueológica de dichos supuestos.

Sello en el que aparecen los Anunnaki.

Por su parte, Jacques Fabrice Vallée (1976) mantenía que ha existido una vieja tradición de seres fantásticos como las ninfas, sílfides, duendes o hadas, los cuales realizaban raptos de personas para llevarlas a lugares que los relatos denominan Magonia, pero también Ávalon y otras geografías míticas. Según el autor francés, esos cuentos eran la forma que tenían aquellas personas para explicar encuentros cercanos, raptos y abducciones perpetrados por seres extraterrestres. Como en el caso de las conjeturas vertidas por Daniken, esta hipótesis no deja de ser una explicación ad hoc e innecesaria, pues existe otra mucho más sencilla. Las nubes, las hadas o los carros de fuego podrían ser metáforas empleadas en los relatos religiosos, sin ninguna evidencia de que dichos relatos deban ser interpretados más que de una forma mítica. Así pues, dichas narraciones no constituyen una prueba empírica para saber si ocurrieron los hechos así o no, es decir, sostener que se trata de naves extraterrestres podría ser un argumento ad ignorantiam.

Durante la Edad Media aumentaron, si cabe, los problemas para realizar registros escritos de sucesos cotidianos. Esto fue debido al ligero crecimiento del índice de analfabetismo y a los cortes periódicos que los musulmanes practicaban al suministro de papiro con destino a Europa, por lo que sólo quedaban los pergaminos como soporte para escribir, de mejor calidad, pero mucho más escasos. Para Ted Wilding-White (1977, p. 7) los avistamientos no se pudieron recoger hasta la publicación de los primeros periódicos. Antes, prosigue Wilding-White, las narraciones de sucesos aéreos desconocidos sólo podían ser preservados para lecturas posteriores por personas que supieran y pudieran escribirlos, en Europa Occidental esta facultad quedaba reducida a los monjes en los monasterios, por lo que se reducía mucho el espacio observable. El autor recoge siete casos acaecidos entre el 1 de enero de 1254 y el 13 de noviembre de 1833.

Ovnis contemporáneos[editar]

Dirigible misterioso, titular en The San Francisco Call. 23 de noviembre de 1896.

En el siglo XX y XXI el tema ovni ha vivido una curva similar a la Campana de Gauss, comenzando por el ya relatado comentario del piloto Kennet Arnold en la Cordillera de las Cascadas el 24 de junio de 1947. Al mes siguiente se produjo el Incidente ovni de Roswell, en Nuevo México. Siguiendo a Donald Menzel, fuese cual fuese lo aparecido en Rosswell debería quedar fuera del campo ovni, pues no es nada que se viese volando. Pese a todo, y debido a la vinculación desde su inicio con visitas extraterrestres, se tardó muy poco en reunir los dos sucesos en la misma categoría.

Es necesario volver a repetir las acuciantes necesidades de la CIA en particular y del gobierno estadounidense en general para conseguir información de lo que sucedía en el interior de la URSS. Según relata uno de los asesores de la investigación ovni, el ya citado Carl Sagan (1997, p. 102), esa necesidad acuciante de información llevó a desarrollar multitud de globos aerostáticos con el objetivo de captar indicios sobre los progresos soviéticos. Muchos fueron lanzados desde distintos lugares con la esperanza de que cruzaran el país enemigo para ser rescatados después con algún resultado. Uno de dichos intentos era el Proyecto Mogul que analizaba el aire para buscar evidencias de pruebas nucleares soviéticas. El Mogul estaba catalogado como secreto y actualmente se tiene por el responsable de lo que sucedió en el pueblo de Nuevo México, afirma Sagan (1997, p. 102 y siguientes), incrementado también por la próspera industria turística local, como narra Ballester Olmos (2000, p. 32). La posibilidad de tener guardado y en secreto un acontecimiento como ese, la evidencia de haber sido visitados por una inteligencia extraterrestre, es considerado de todo punto imposible por autores como Ricardo Campo, pues empequeñecería lo realizado por Colón o por el Proyecto Manhattan del que ya tenían noticias los soviéticos antes de su culminación.[1] El español esgrime que ni la fabricación de las armas nucleares pudo mantenerse bajo secreto, pese a existir un acuerdo previo de silencio, mucho menos ocultar durante décadas un descubrimiento de capital importancia para toda la Humanidad como es la prueba irrefutable de otro tipo de vida inteligente.

Tras estos sucesos, la lista de avistamientos continuó aumentando hasta que su número fue considerado preocupante por la administración Truman, la cual ordenó las primeras investigaciones que desembocarían en el posterior Proyecto Libro Azul. Carl Sagan (1997, p. 100 y siguientes) indica que, cuando él fue asesor científico del proyecto, encontró un ambiente de malestar y desidia en las Fuerzas Aéreas, tanto es así que la primera denominación fue "Proyecto Fastidio" o "Project Grudge" en inglés.

Otro suceso que terminaría repercutiendo en el tema ovni se produjo a principios de los cincuenta, cuando Donald Keyhoe, ex oficial de la USAF y participante en el Proyecto Libro Azul, comenzó a ser oído junto a su mensaje de advertencia sobre lo intrínsecamente peligroso de las armas nucleares y el cuidado que debía tenerse con las mismas. A partir de aquellos avisos comenzaron a surgir gente y grupos que decían haber contactado con extraterrestres quienes les transmitían el mismo mensaje.[1] Es en este punto cuando los ovnis comienzan una deriva desde las observaciones hacia una especie de religión, con su ética, sus mensajes y sus nuevos apóstoles, como los describió Fernando Jiménez del Oso.

En 1961 Betty y Barney Hill afirmaron que la noche del 19 al 20 de septiembre habían sido abducidos por un platillo volante. El matrimonio no se puso de acuerdo en varios detalles, pero los dos coincidían en que al final los dejaron bajar, habiéndoles borrado los recuerdos de lo sucedido. Pese a que el especialista que los trató definió el caso como una especie de sueño, testimonios como el de los Hill comenzaron a reproducirse tiempo después en varios lugares del mundo, aumentando progresivamente las acciones perpetradas a los abducidos, según siempre los testimonios de los propios abducidos. Así se han declarado casos según los cuales los extraterrestres les realizaban exploraciones internas, implantes de dispositivos intracutáneos e incluso inseminaciones. Resulta necesario puntualizar que para psicólogas como Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, dichas acciones pertenecen a la esfera del sueño, la fantasía o el fraude, pero "Las abducciones no pasan en el mundo real".[10] Confirma las palabras de la psicóloga el hecho de que ninguno de los supuestos abducidos haya podido aportar pruebas fehacientes de lo sucedido, los implantes nunca se han encontrado, las marcas en el cuerpo son compatibles con muchas otras lesiones cotidianas y jamás se ha traído un objeto que poder analizar ni aparecen publicados, comenta Sagan (1997), artículos en revistas científicas sobre nuevos materiales desconocidos hasta el momento.

Esta deriva en el tema ovni hacia unos encuentros cada vez más cercanos es, para Luis Alfonso Gámez, el ejemplo de que el mito ovni se ha destruido a sí mismo, "porque ya no le queda más por inventar".[4]

Investigación[editar]

Ovni triangular sobre Valonia, Bélgica, Europa.

Como se ha resumido en el apartado Terminología, el gobierno de Harry Truman emprendió una investigación para saber si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado con cierta periodicidad por prototipos o ejemplares de pre-serie fabricados por otras naciones, especialmente la URSS. La primera de dichas investigaciones oficiales comenzó en 1947 bajo el nombre de Proyecto Signo, en 1949 se rebautizó como Proyecto Fastidio[nota 2] y en 1952 como Proyecto Libro Azul, que seguiría investigando casos hasta 1969, para comenzar después, informa Ted Wilding-White (1977, p. 11), el Proyecto Libro Blanco.

Los objetivos de dichos programas eran tres:

  • Esclarecer si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado.
  • Saber si los platillos volantes podían constituir un peligro para Estados Unidos.
  • Obtener, en la medida de lo posible, algún conocimiento o ventaja tecnológica.

En 1969, el último de dichos programas, el Proyecto Libro Azul, fue cerrado habiendo reunido decenas de miles de expedientes y con la conclusión clara de que los ovnis no suponían un peligro para la seguridad nacional.

Líneas de investigación[editar]

En las investigaciones financiadas por las distintas administraciones participaron algunos de los más conocidos expertos, bien como directores o como asesores, entre ellos los cuatro que han marcado las cuatro líneas de la literatura ufológica:[nota 3]

  • Donald Keyhoe: ingeniero aeronáutico y postulador de la hipótesis según la cual las Fuerzas Aéreas estadounidenses tenían pruebas de la llegada de seres extraterrestres.
  • Josef Allen Hynek: astrónomo y más moderado en los planteamientos que Keyhoe, también terminó afirmando que se ocultaban pruebas sobre la existencia de visitas extraterrestres.
  • Carl Sagan: astrobiólogo y defensor de la vida extraterrestre, pero escéptico de que la Tierra haya sido visitada en el presente o en algún momento del pasado.
  • Donald Menzel: astrónomo y aún más escéptico que Sagan, autor de la frase "en primer lugar esos objetos si están identificados, sabemos lo que son, en segundo lugar en muchos casos no son volantes y, por último, en la mayoría de los casos ni siquiera son objetos".

Clasificación de los ovnis en fases[editar]

Durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul, Hynek (1972) propuso tres fases o tipos diferentes para clasificar las observaciones ovni:

  • Primera fase: es cuando se divisa un objeto no identificado volando o en el suelo, en este último supuesto lo avistado no sería un ovni, pero se decidió incluirlo si se le suponía la capacidad de volar. Es la fase que más casos reúne según Hynek (1972, p. 86 y siguientes).
  • Segunda fase: para Hynek (1972, p. 110 y siguientes) se da cuando el objeto deja cualquier tipo de huella, como vegetación quemada o marcas en la tierra.
  • Tercera fase: aparece cuando se observa a un tripulante. Es la más escasa, pero Hynek (1972, p. 138 y siguientes) localizó varios casos, quizás el que más le convenció lo divisó un policía en Socorro, Nuevo México, el cual avistó unos seres y un ingenio en el suelo con signos pintados en el fuselaje, algo inusual hasta ese momento, ocultándose los ovninautas en lo que se supuso era el interior de la máquina y despegando esta seguidamente.[nota 4]

Posteriormente otros escritores como Fabio Zerpa las ampliaron a seis:

  • Cuarta fase: el testigo ingresa en la nave, como en los casos de abducción.
  • Quinta fase: contactos telepáticos, de mente a mente.
  • Sexta fase: señales radiales o radioastronómicas.

Por lo tanto, se asume implícitamente la existencia de abducciones, telepatía o contactos por radio. En esta última fase se podrían incluir las búsquedas como las realizadas por el Proyecto SETI@home y otras investigaciones por radiofrecuencia,[11] si alguna vez aportan señales extraterrestres inequívocas. Habría que reseñar finalmente que la quinta y sexta fase no catalogarían objetos que vuelan sin poder saber lo que son, porque ni son objetos -pueden ser pensamientos o detecciones de radio-, ni vuelan y su procedencia extraterrestre se asume previamente.

A su vez Hynek (1972, p. 33) dividió las tres fases en "lejanas" y "cercanas" si la distancia que separa observador y objeto es superior a 150 metros (500 pies).

Clasificación de los ovnis por su forma[editar]

Ovni con forma de cigarro puro, invierno de 1870–1871.

Según Hynek (1972, p. 33 y siguientes) los avistamientos lejanos serían de tres tipos: luces nocturnas, ecos de radar y discos diurnos. Para otros las formas presentadas por los ovnis son muy variadas, tanto es así que investigadores como Vicente-Juan Ballester Olmos (2000, p. 32) califican de inútil cualquier clasificación, porque todos los casos positivos son únicos, no existe una tipología clara ni un patrón que se repita. Para complicar más la situación, muchas de las descripciones se obtuvieron mediante declaraciones únicas, por consiguiente resultaron imposibles de verificar. Pese a todo se han apuntado ciertas formas, más o menos coincidentes:[12]

  • Foo fighters: fenómeno cuyo nombre deriva del idioma inglés, y significa en español fantasmas combatientes. Su origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial, "dado que los pilotos aviadores combatientes, las potencias del Eje por una parte y los Aliados por la otra, observaron este fenómeno y su sorpresa fue que los objetos no eran detectados por el radar".[nota 5] Se observaron como luces pequeñas, aparentemente con masa, aunque en algunos casos las pequeñas luces cruzaban del exterior al interior de las cabinas de los pilotos. Su tamaño, según los informes, variaba desde los 10 cm hasta 5 m, descritas como bolas incandescentes. En la actualidad se considera que los objetos avistados por los pilotos eran en realidad rayos globulares.
  • Esfera: fenómeno que generalmente se observa como cuerpo sólido y opaco, aunque han sido observadas esferas translúcidas o luminosas, rígidas o flexibles. También conocidos como caneplas.
  • Disco: fenómeno que se observaría con una forma plana, algunas veces abultada en el centro, luminosa o con un brillo metálico.
  • Cigarro/puro: objetos o visiones con forma cilíndrica o similar, alargado, luminoso y comúnmente de un tamaño mayor a las otras formas descritas. También existen relatos que los describen sin luminosidad o brillo.
  • Gusano: ovni que se presenta con apariencia tubular, mostrando un movimiento aparentemente similar al de los gusanos. Entre los ufólogos y la criptozoología, es conocido como Rod.
  • Triángulo o delta: fenómeno en el que han sido observadas posibles naves con forma triangular, generalmente con una luz en cada vértice. En esta última descripción se discute su verdadera categoría como ovni; y la mayoría de los investigadores atribuyen su origen a aeronaves terrestres de carácter experimental o secreto, desconocidas solo para el mundo civil.

Resultados[editar]

Controlador aéreo del USS Theodore Roosevelt.

En 1969 la USAF había reunido unos 40.000 informes (Wilding-White, 1977, p. 10) que daban como resultado:

  • El 27% de los expedientes ovni resultaron ser estrellas, planetas y otros objetos astronómicos.
  • Otro 27% de los expedientes se debieron a globos y aviones.
  • Un 23% fue producido por meteoritos, satélites artificiales y otros objetos cercanos a la Tierra.
  • Hubo un 23% que quedó sin explicación, pero se hicieron suposiciones sobre la mayoría de dichos casos y se afirmó que podían haberse resuelto si los observadores hubiesen dado más datos.

Con el tiempo, varias fuerzas aéreas y organismos independientes han realizado investigaciones similares, como la presentada por Ballester Olmos (2000). Las conclusiones han sido análogas, llegando también a unos porcentajes parecidos, es decir, y agrupados por número de casos causados, en primer lugar estarían las observaciones provocadas por objetos fuera de la órbita terrestre, en segundo lugar aparecerían los producidos por objetos de fabricación humana, después vendrían las causadas por objetos ubicados cerca de la órbita terrestres, en cuarto lugar estaría un porcentaje provocado por fenómenos que no son objetos (espejismos, reflejos, fenómenos atmosféricos...) y una pequeña cantidad de la que no se logró determinar su procedencia.

Poco después de concluir el Proyecto Libro Azul, también en 1969, se publicaron las conclusiones de un informe solicitado el año anterior con el fin de conocer las posibilidades de realizar un estudio posterior más amplio que aportase nuevos conocimientos científicos. Dicho trabajo se denominó Informe Condon, por ser encargado al físico Edward Condon.[nota 6] Sus conclusiones fueron:[1]

  • Los informes ovni no presentan ningún desafío para la ciencia contemporánea por no encontrarse en ellos ningún fenómeno desconocido de la Naturaleza.
  • Estas observaciones y testimonios no constituyen ninguna prueba de presencias extraterrestres.
  • Los ovnis no suponen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.
  • No se recomendaban más investigaciones en el campo de la física, mecánica o aeronáutica; pero los ovnis, mantenía el informe, si podían ser un objeto de estudio interesante para ciencias sociales como la psicología o la sociología.

Pese a las conclusiones arrojadas por el Proyecto Libro Azul y el Informe Condon, la literatura sobre los objetos volantes no identificados ha seguido produciéndose sin descanso. Autores como Fernando Frías indican que dicha literatura carece de rigor,[7] en muchos casos, pues no se realizan confirmaciones de las declaraciones dadas por los testigos y en varias ocasiones son afirmaciones falsas.[nota 7]

Relación de los ovnis con naves extraterrestres y otras explicaciones[editar]

Fotografía de "un fenómeno atmosférico inusual observado sobre Sri Lanka", enviado al ministerio de defensa del Reino Unido por RAF Fylingdales, 2004.

La idea de que los ovnis son naves extraterrestres se planteó ya con el Incidente de Roswell y ha sido un explicación recurrente desde aquel momento. Los escépticos suelen emplear un principio básico de la ciencia según el cual «para poder afirmar la existencia de fenómenos extraordinarios se requieren pruebas concluyentes». Hacen hincapié en que no se han aportado pruebas fiables que respalden la hipótesis de que el fenómeno ovni mantiene relación con naves extraterrestres. El Dr. Neil DeGrasse Tyson afirma contundentemente que si se ve algo en el cielo desconocido para nosotros no se debe concluir cualquier cosa, sino "dejar de hablar".[3]

La ausencia total de pruebas ha sido una constante cuando se trata de indicar un origen extraterrestre. Como se ha referido anteriormente, participantes en el Proyecto Libro Azul, como Donald Keyhoe, manifestaron muy pronto que las pruebas debían existir, pero las fuerzas aéreas estadounidenses las retenían. La hipótesis del encubrimiento o Teoría de la Conspiración ha sido esgrimida por los defensores de la procedencia extraterrestre cuando se solicitan evidencias. Los escépticos continúan afirmando que la carga de la prueba le corresponde a quien hace la afirmación.[1] Si las fuerzas armadas ocultan las que poseen les correspondería a los defensores del vínculo extraterrestre-ovni aportar otras. La razón por la cual los defensores de dicho vínculo nunca reúnen ni enseñan sus evidencias la dio supuestamente Gray Barker. Barker informó en 1956 al público en general sobre la existencia de unos individuos, a los que denominó Hombres de Negro por la indumentaria que lucían, que amenazaban a periodistas como Albert K Bender con funestas consecuencias en el caso de continuar revelando secretos sobre la procedencia de los ovnis, recogen autores como Luis Alfonso Gámez (2012). Según escritores como Baker, ha sido la intervención constante de los MIB, por su acrónimo de "Men In Black", la que ha impedido mostrar a la comunidad científica las pruebas existentes.

Nube lenticular reportada como ovni debido a su peculiar forma.

Respecto a la capacidad de los MIB para neutralizar cualquier prueba definitiva sobre el origen de los ovnis se alegan experiencias con sistemas muy cerrados y reticentes a la entrega de información. Así, la Historia demuestra que de la URSS se obtuvo información pese a que su régimen llegó a quemar vivos a los traidores. En el caso del Proyecto Manhattan los soviéticos lograron obtener datos precisos para saber lo que se probaba y los resultados obtenidos en Álamo Gordo.[1] Incluso de Corea del Norte se han obtenido pruebas verificables y contrastables sobre los movimientos de prisioneros para investigar con ellos armas biológicas.

Científicos como Edward Gondon, Donald Menzel o Carl Sagan han afirmado que, cuando los informes de ovnis se estudian en profundidad, la mayoría de los casos logra ser identificado con certeza en porcentajes parecidos a los arrojados por el Proyecto Libro Azul, es decir, fraudes, alucinaciones, malas interpretaciones y sobre todo pareidolias de fenómenos conocidos (cometas, fenómenos atmosféricos, satélites, basura espacial, aviones, prototipos de naves terrestres, nube lenticular, etc.). A lo que los defensores de la conexión ovni-extraterrestre mantienen que lo importante radica en ese pequeño porcentaje de no identificados. Es la llamada Falacia del residuo.[nota 8] Esta postura es respondida por los escépticos afirmando que la Falacia Residual no prueba nada porque la existencia de un pequeño porcentaje inexplicado es común a cualquier disciplina con un número considerable de casos. Así, en criminología siempre quedan algunos asesinatos sin aclarar y lo mismo en los accidentes de tráfico, siempre existe un pequeño porcentaje que no puede ser explicado, lo que no prueba la existencia de vampiros, zombies o seres demoníacos.[1]

Pese a los argumentos en contra, la ufología ha formulado varias conjeturas o hipótesis sobre la procedencia del pequeño índice de casos sin resolver:

  • Hipótesis intraterrestre: es la que afirma que la Tierra es casi hueca y en su interior habita una civilización mucho más avanzada que la humana.
  • Hipótesis interdimensional: postula que los ovnis provendrían de otras dimensiones dentro de otros planos de nuestro Universo, o en dimensiones no pertenecientes a nuestro universo, es decir del multiverso. Sus tripulantes serían seres pertenecientes a esas dimensiones.
  • Hipótesis intertemporal: defiende que el origen de los ovnis estaría en tiempos pasados o futuros y que, por tanto, sus tripulantes serían seres (humanos o no humanos) pertenecientes a estos lugares y otros tiempos. Indicándose que estos seres poseerían los medios para poder viajar en el espacio-tiempo.
  • Hipótesis de los proyectos secretos: es la que defiende que una gran parte de las observaciones no explicadas corresponden a a nuevos prototipos aeronáuticos con tecnología furtiva, motores con mínimas emisiones de luz y calor, toberas orientables, hipervelocidad y otros adelantos que no los hacen fácilmente identificables, ni siquiera por pilotos y radaristas civiles. Aparatos como el SR-71 fueron totalmente secretos, pese al gran número de corporaciones y personas que trabajaron en él, hasta que la administración norteamericana decidió revelar su existencia bajo dos palabras "Proyecto Aurora", en información recogida por Juan Antonio Guerrero (1985, p. 5 y 6). Según Luis Alfonso Gámez y otros autores,[4] en este caso los ufólogos y los medios donde suelen escribir hacen la veces de "tontos útiles". Así contribuyen a expulsar las miradas de otro tipo de prensa sobre los hechos, reduciendo las noticias de nuevos prototipos y sus capacidades a un circulo pequeño y poco acreditado. Semejanzas similares se han entablado entre varias observaciones que posteriormente han encajado con la forma del Lockheed F-117 Nighthawk o el Northrop Grumman B-2 Spirit.

¿Por qué la existencia de platillos volantes parece más deseable que su no existencia?[editar]

La idea de la necesidad del misterio parece algo consustancial al ser humano.[13] El hecho de recibir una explicación plausible sobre lo que se ve puede restar espacio a la fantasía. Así varios autores no utilizan la denominación "fenómeno" sino "mito" y en otros casos "síndrome". El término "síndrome OVNI" fue utilizado por autores como Jiménez del Oso (1984) para indicar que los observadores de luces sin identificar están afectados por varias variables además del emisor de las luces. Por su parte, Julio Arcas indica que los avistamientos ovni son relatos orales en su mayoría, forman parte de la tradición oral del siglo XX para los occidentales.[14]

Mucho antes de los autores antes citados, el psiquiatra Carl Gustav Jung postuló una teoría para explicar por qué parece más deseable que los ovnis sean naves extraterrestres que no cualquier otro fenómeno conocido. Jung publicó en 1958 su obra Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo. Dicho título ahonda en el rumor mundial sobre los «platillos volantes». En el prólogo a la edición angloamericana Jung alude a un artículo de 1954 escrito para el semanario suizo Die Weltwoche en el que mostraba su escepticismo. En 1958 la prensa mundial descubrió dicha entrevista divulgándose la noticia a nivel internacional, pero de forma distorsionada, citándosele como creyente en los ovnis. A pesar de dirigir una rectificación a la agencia United Press, la versión auténtica de su opinión se ignoró. Finaliza aludiendo a que «este notable hecho merece el interés del psicólogo. ¿Por qué la existencia de platillos volantes parece más deseable que su no existencia?».[15]

En dicho comunicado a United Press International aclara sin embargo que no puede afirmar nada sobre la cuestión de la realidad o irrealidad física de los ovnis, pues no posee pruebas suficientes ni a favor ni en contra. Debido a ello se ocupa solamente del aspecto psicológico del fenómeno, sobre el cual se dispone de mucho material.

He formulado mi posición ante la cuestión de la realidad de los ovnis con la frase: «La gente ve algo, pero no sabemos qué es». Esta formulación deja abierta la cuestión del «ver»: se puede ver algo material, pero también se puede ver algo psíquico. Las dos cosas son realidades, pero de tipos diferentes.[16]

Para escritores como Patrick Harpur, el ensayo de Jung sigue siendo uno de los más agudos análisis de apariciones aéreas.[17] Fue «dedicado a Walter Niehus, arquitecto, como muestra de agradecimiento por haberme inducido a escribir este librito».[18] En el prólogo comienza aludiendo a la conclusión a la que llegó en el artículo de 1954 ya citado: «Se ve algo, pero no se sabe qué. Incluso resulta casi imposible hacerse una idea correcta de estos objetos, pues no se comportan como cuerpos sino con la ingravidez de los pensamientos. No ha habido hasta ahora ninguna prueba indudable de la existencia física de los ovnis excepto en los casos en que se ha producido un eco en el radar».[19]

Jung añade que desde entonces y «durante más de un decenio la realidad física de los ovnis ha seguido siendo un asunto sumamente problemático». Y que «cuanto más se prolongaba la incertidumbre, tanto más probable se fue haciendo que en ese fenómeno, evidentemente complicado, incidiera también, además de una posible base física, un importante componente psíquico. Esto no tiene nada de asombroso al tratarse de un fenómeno aparentemente físico que se caracteriza, por una parte, por su frecuencia, y por otra, por lo extraño y desconocido, incluso por lo contradictorio de su naturaleza física. Un objeto semejante provoca como ninguna otra cosa la fantasía consciente y la inconsciente, produciéndose suposiciones especulativas y narraciones fantasiosas con el fondo mitológico propio de estas excitantes observaciones».[20]

Fenómeno celeste en Núremberg de 1561. Hans Glaser, 1566. Biblioteca Central de Zúrich. Incluido en Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo.

Así, Jung establece tres modos de ver el fenómeno:[21]

  1. Un proceso real objetivo, físico, o percepción primaria, genera una fantasía o mito concomitante.
  2. Una fantasía primaria inconsciente, un arquetipo, invade la consciencia con ilusiones y visiones.
  3. Se produce una coincidencia sincronística acausal y plena de sentido, especialmente en fenómenos vinculados a procesos psíquicos arquetípicos.

Finalizaba el prólogo indicando que carece de medios para aportar algo útil a la realidad física del fenómeno, ocupándose casi exclusivamente del aspecto psíquico.[22] Aun así reconoce «que por desgracia hay buenas razones por las que no puede darse por concluido el asunto de manera tan sencilla».[23] Bien es cierto que las proyecciones psíquicas de carácter mitológico no son causadas por el fenómeno ovni al haber existido siempre, con o sin ovnis. El mito se fundamenta en lo inconsciente colectivo y su proyección siempre ha tenido lugar. Así, la proyección como ovni, junto con su contexto psicológico, el rumor, es un fenómeno propio de nuestra época, característico de ella.

Es seguramente significativo de nuestra época que el arquetipo, en contraposición a las formas anteriores, adopte una forma neutra, incluso técnica, para eludir el escándalo de la personificación mitológica. Lo que tiene apariencia técnica llega al hombre moderno sin dificultad.[24]

Aún resta abordar el carácter real del fenómeno, ante lo cual Jung plantea tres posibilidades:[25]

  1. La hipótesis de ausencia de gravedad o antigravitación que conlleva el fenómeno lo deja en manos de la física.
  2. El fenómeno ovni como materialización psíquica, es decir, que la psique llegue a materializar el fenómeno ovni, lo considera aún menos probable.
  3. Podría tratarse de un fenómeno sincronístico: la situación de la humanidad, por un lado, y el fenómeno de los ovnis como realidad material real pero desconocida, por otro, no se hallan en ninguna relación causal mutua cognoscible pero parecen coincidir en su sentido. Es decir, se proyectan contenidos de lo inconsciente sobre dichos fenómenos celestes reales pero indeterminados, dotándoles de un significado que no merecen en absoluto.

Los ovnis en la cultura popular[editar]

El arte pop en particular y la cultura popular del siglo XX en general han mostrado y utilizado a los extraterrestres en infinidad de ocasiones, hasta el punto de considerar a esta forma de arte incomprensible sin ellos.[14] Son muy abundantes las películas, series de televisión, novelas, obras de teatro y cómics con los extraterrestres como protagonistas principales o secundarios. En este aspecto la variedad es grande al poderse hallar extraterrestres microscópicos, con forma humana, grises de ojos grandes o acuáticos, entre muchas otras formas. Respecto a sus intenciones, en muchos casos su presencia tiene intenciones colonialistas, según Carl Sagan (1996) es menos común mostrarlos bienintencionados y más escasos aún presentarlos indiferentes a los problemas humanos. Los géneros también son variados al poder encontrarse obras dramáticas, de terror o comedias.

Ahora bien, las referencias de la cultura popular a objetos volantes no identificados, es decir, objetos o supuestos objetos que vuelan sin saber realmente lo que son, resultan difíciles de localizar. Una de los pocos ejemplos puede ser la serie Project UFO, traducido en España por Investigación OVNI que representó casos de avistamientos OVNI basados en los testimonios recogidos durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul.[26] La primera temporada, de las dos que fueron producidas, no afirma la existencia de visitas extraterrestres, utilizaba expresiones como "dice que vio", "dicen haber visto". No obstante, de los varios casos representados por episodio, solía dejar uno sin explicar o relacionándolo directamente con visitas extraterrestres. Al final de cada capítulo, se indicaba mediante subtítulos que los ovnis no constituían un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, conclusión obtenida tras veinte años de investigaciones.[27]

Notas[editar]

  1. La falta de registro escrito es especialmente denotativo en sociedades como la egipcia poseedora de un estado muy burocratizado.
  2. Traducido por Wilding-White (1997) como Proyecto Resentimiento.
  3. La gran mayoría de la literatura sobre el tema no puede ser considerada "científica" por no seguir el método científico. Para este tipo de publicaciones pseudocientíficas existe la propuesta para cambiar el nombre de ufología por ufolatría, al tratarse más de una veneración y una defensa del origen extraterrestre, que de un esfuerzo por ampliar el saber de los mismos.[4]
  4. Según Luis Alfonso Gámez, la correspondencia del premio nobel Linus Pauling revelaría que lo avistado en Socorro fue una broma preparada por estudiantes del Instituto de Tecnología y Minería de Nuevo México (NM Tech).
  5. Especialmente porque los aviones de aquella época no estaban equipados con RADAR.
  6. Edward Condon era experto en física cuántica, pero también había participado en la construcción y mejora de radares durante la Segunda Guerra Mudial, por lo que reunía varias aptitudes y actitudes para estudiar los ovnis.
  7. En concreto, Frías reproduce la conversación mantenida entre una periodista y el director de la revista Karma 7 donde aquella le preguntó a este "¿qué se hacía cuando no había suficientes noticias para completar el número correspondiente?", a lo que respondió el responsable de la publicación: "Nos las inventamos. Total la gente no se entera".[7]
  8. La Falacia Residual afirma que si un porcentaje de casos permanecen inexplicados eso constituye la prueba de que la hipótesis extraterrestre sigue siendo válida.

Bibliografía citada[editar]

La bibliografía sobre ovnis es inmensa, sin embargo la mayoría se centra en la defensa de su origen extraterrestre, de la cual buena parte son reediciones o recapitulaciones y en su mayoría, como se ha indicado, deficitaria en cuanto a exhaustividad y rigor.[7] Fuera de dicha línea el número de títulos existentes se reduce considerablemente. Para la confección del presente artículo se han utilizado las obras de divulgación más comunes listadas por orden alfabético de primer apellido.

  1. Ballester Olmos, Vicente-Juan (2000). «OVNIS el enigma que nunca existió». Muy especial (Madrid: G+J) (45). ISSN 1134-2749. 
  2. Benítez, Juan José (1994). Los astronáutas de Yavé. Barcelona: Planeta. ISBN 84-08-01096-4. 
  3. Daniken, Erich von (1999). Chariots of the Gods (en inglés) (reimpresión edición). Barcelona: Penguin Group. ISBN 9781101076125. 
  4. Jiménez del Oso, Fernando (1984). El Síndrome Ovni. Barcelona: Planeta. ISBN 9788432043291. 
  5. Gaddis, John Lewis (2008). La guerra fría. Barcelona: RBA. ISBN 97884-98671131. 
  6. Gámez, Luis Alfonso (2012). «19». En Luis Alfonso Gamez. Crónicas de Magonia. Bilbao. ISBN 978-84-615-7788-0. 
  7. Guerrero, Juan Antonio (1985). «Aurora, el caza secreto». Muy Interesante (Madrid) (51). 
  8. Harpur, Patrick (2007). «2. OVNIS. Un mito moderno». Realidad daimónica. Vilaür: Ediciones Atalanta. ISBN 9788493531331. 
  9. Jung, Carl Gustav (2001). «15. Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo (1958)». Obra completa de Carl Gustav Jung. Volumen 10. Civilización en transición. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-405-0/ ISBN 978-84-8164-403-6. 
  10. Jung, Carl Gustav (2009). «XI. Civilización en transición (OC 10). Comunicado a United Press International (1958)». Obra completa de Carl Gustav Jung. Volumen 18/2. La vida simbólica. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-9879-083-2. 
  11. Hynek, Joseph Allen (1972). The UFO Experience: A Scientific Inquiry (en inglés) (reimpresión 1998 edición). Chicago: Henry Regnery Company. ISBN 1-56924-782-X. 
  12. Hawkes, Nigel (1992). Vehículos. Madrid: Debate. ISBN 84-7444-575-2. 
  13. Sagan, Carl (1996). Un punto azul pálido. Barcelona: Planeta. ISBN 84-08-01645-8. 
  14. Sagan, Carl (1997). El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad. Barcelona: Planeta. ISBN 84-08-02043-9. 
  15. Vallée, Jacques Fabrice (1976). Pasaporte a Magonia. Barcelona: Plaza & Janés. ISBN 84-01-47027-7. 
  16. Wilding-White, Ted (1977). Todo sobre OVNI. Madrid: Lago. ISBN 84-7374-044-0. 

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k Campo, Ricardo (5/7/2007). «La invasión que nunca llegó» (Conferencia). 60 años de platillos volantes. Bilbao: Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Consultado el 22/2/2013.
  2. a b Entrada en el DRAE. Comprobado el 23 de mayo de 2013.
  3. a b DeGrasse Tyson, Neil. «Dr. Neil deGrasse Tyson on UFOs» (en inglés) (Video). Consultado el 24/2/2013.
  4. a b c d e Gámez, Luis Alfonso (5/7/2007). «Mesa redonda» (Conferencia). 60 años de platillos volantes. Bilbao: Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Consultado el 22/2/2013.
  5. Pearson, Simon (2010). «La batalla por los cielos» (documental). Armas de Guerra del Siglo XXI (Santa Clara: Pacific Media). 
  6. «Aviones espía de la guerra fría» (documental). Consultado el 17/5/2013.
  7. a b c d Frías, Fernando (5/7/2007). «La chapuza galáctica: ufología a la española» (Conferencia). 60 años de platillos volantes. Bilbao: Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Consultado el 22/2/2013.
  8. «ufología». Diccionario de la lengua española. Madrid: Real Academia Española. Consultado el 23/2/2013.
  9. Horwitz, French (2015). Abhejha Kibuka (ed.): «Los ovnis» (en inglés) (documental). Revelaciones. National Geografic. Consultado el 22/2/2013.
  10. Clancy, Susan (8/1/2006). Luis Alfonso Gámez (ed.): «Abducidos». Magonia. Consultado el 23/2/2013.
  11. Zerpa, Fabio (04/10/2009). «Ovnis y encuentros Cercanos - Fabio Zerpa y sus controversiales investigaciones como ovnilogo» (Vídeo). Consultado el 2/3/2013.
  12. «Clasificación de los Ovnis». OVNIS.COM.MX. México: OVNIS.COM.MX (5/7/2007). Consultado el 21/5/2013.
  13. Angulo, Eduardo (5/7/2007). «¡Marciano, ven a casa!» (Conferencia). 60 años de platillos volantes. Bilbao: Universidad del País Vasco (UPV), el diario El Correo, el Círculo Escéptico (CE), el Center for Inquiry (CfI) y el Ayuntamiento de Bilbao. Consultado el 22/2/2013.
  14. a b Gámez, Luis Alfonso (24 de octubre de 2011). «¿Hay alguien ahí afuera?» (Vídeo). Escépticos. Vizcaya: ETV. Consultado el 26/2/2013.
  15. Jung, 2001, p. 403-404, § 824.
  16. Jung, 2009, p. 196, § 1445.
  17. Harpur, 2007.
  18. Jung, 2001, p. 287.
  19. Jung, 2001, p. 288-289, § 591.
  20. Jung, 2001, p. 289, § 592-593.
  21. Jung, 2001, p. 289-290, § 593.
  22. Jung, 2001, p. 290, § 594.
  23. Jung, 2001, p. 384, § 782.
  24. Jung, 2001, p. 304, § 624.
  25. Jung, 2001, p. 384-389, § 781-790.
  26. Bloom, Harold Jack (1978). «Investigacion OVNI - Doblaje TVE 1978» (serie). Investigación OVNI. Hollywood, California: Mark VII Limited. Consultado el 20/5/2013.
  27. Bloom, Harold Jack (1978). «The Howard Crossing Incident» (en inglés) (serie). Project UFO. Hollywood, California: Mark VII Limited. Consultado el 20/5/2013.

Lecturas adicionales[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]