Ciudad colonial española

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Este artículo se refiere únicamente a las ciudades fundadas por los españoles en América durante su colonización (desde finales del siglo XV, hasta principios del siglo XIX).
Arquitectura colonial en Tunja, Colombia.

La ciudad colonial española fue el organismo administrativo básico de los virreinatos españoles en América.

Las ciudades se construían y se organizaban según el modelo castellano. Se trazaban las calles conforme a un trazado perpendicular y en el centro se situaba la Plaza de Armas, donde se encontraban las autoridades locales y religiosas. Las ciudades se pueden dividir en varias categorías: centros de administración, puertos internacionales, puertos regionales, centros mineros, centros indígenas, centros agrícolas, presidios, centros militares de frontera o centros religiosos (misiones).

Evolución histórica del urbanismo colonial[editar]

Modelo colombino[editar]

Una vez descubierta América por el navegante Cristóbal Colón, se empezaron a fundar los primeros asentamientos en las llamadas «Indias». La primera ley que regulaba la naturaleza de los nuevos asentamientos fue la «Organización territorial colombina», que se establece a través de las Capitulaciones de Santa Fe de 1492 y es aceptada por los Reyes Católicos.

En la práctica, los establecimientos fueron considerados como «factorías» o centros de extracción. Estos se basaban en un comercio monopolizado de extracción a través de la empresa directa entre el conquistador y la Corona de Castilla. Inicialmente se llevó a cabo en Santo Domingo por Colón y fue repetido por Hernán Cortés, conquistador del Imperio azteca, en Veracruz, con el afán de efectuar un vínculo comercial de extracción directamente con la península.

El modelo ovandino[editar]

Ciudad de Chuquisaca.

En 1502 se decretó la «Organización urbana ovandina», planteada a través de misiones de colonización por Fray Nicolás de Ovando, siendo éste el primer gobernador de Santo Domingo y de las misiones colonizadoras de las Indias.

Se basa en la colonización de los territorios conquistados a través de la repartición de tierras, estimulación del mestizaje, elección de alcaldes y mejoramiento de vida por mérito. En adelante, toda tierra que fuera explorada y que tuviera los recursos adecuados para establecerse en ella, podría ser poblada, por capitulación o por comisión. Una vez conquistado el territorio, podía fundarse una ciudad.

El modelo ovandino fue empleado por Cortés en Tenochtitlan, donde repartió tierras para los indígenas. Alonso de Ojeda trazó la nueva ciudad a cordel sobre la destruida Tenochtitlan (conservando el Templo Mayor) como un modelo del castrum romano, la llamada cuadrícula, la cual consistía en calles rectas y generalmente continuas, manzanas cuadradas o rectangulares, una Plaza Mayor o de Armas como centro de la vida urbana, una Iglesia Mayor o Catedral, orientada de forma específica y exenta o separada, y un ayuntamiento situado en la Plaza de Armas.

Es así como se trazaron las ciudades de Santo Domingo, La Habana, Veracruz, Campeche, Panamá, Cartagena de Indias, Santa Marta y San Juan. La similitud de sus trazos y de su organización territorial puede observarse claramente en mapas continentales y planos urbanos locales.

El modelo de Antonio de Mendoza[editar]

Antonio de Mendoza desembarca en América en 1535 como primer virrey de Nueva España. Sus principales obras urbanísticas fueron las de Ciudad de México, Puebla de los Ángeles, Valladolid y Antequera de Oaxaca (hoy Oaxaca de Juárez). En estas villas se quiso crear una ciudad ventilada, soleada, con calles anchas para permitir una disposición militar adecuada y edificaciones con una altura no excesiva para asegurar que todas reciban el sol por igual. Mendoza retoma las ideas de Alberti que recomienda buena iluminación, ventilación y espacios abiertos, esto depende en parte de la orientación de las ciudades. Con la puesta en práctica de estos preceptos, Mendoza cambia la disposición de Ciudad de México-Tenochtitlan respecto a la distribución original dada por Cortés a esta ciudad. Se trata de una nueva reforma urbanística de Tenochtitlan basada en los conceptos renacentistas de urbanismo imperial sobre la ciudad ideal. De esta forma, el antiguo castrum romano, una especie de damero que constituye el modelo urbano deseado por los humanistas de Occidente, es llevado a cabo en las plazas americanas.

Mendoza dejó como legado su Códice Mendocino, grabado por el pintor Gualpuyogualcatl entre 1541 y 1542, en el cual se describen los planteamientos de arquitectura y urbanismo, así como aspectos muy diversos de la realidad de la Nueva España.

El modelo de Felipe II[editar]

Una vez establecido un control del territorio americano estable por parte española, Felipe II de España emitió el «Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias» en 1573, también avalado por el Consejo de Indias.

El nuevo modelo plantea como principio esencial una selección adecuada del lugar para ubicar los asentamientos. Se ordenó no ocupar tierras con asentamientos de indios para construir ciudades, ya que ello podría traer perjuicios culturales de convivencia. Este modelo considera como tarea primordial para construir una ciudad el trazado de la Plaza Mayor o de Armas a eje y cordel, con definición de las calles, solares y cuadras, y con especificación distintiva entre caminos, calles y carreras principales. Así mismo dispone que de la plaza salgan cuatro calles principales destinadas al comercio.

Las ciudades costeras deben contar con puertos o embarcaderos, en proporción a un largo de ancho y uno y medio de lado. En los lugares cálidos se dispone la construcción de calles angostas para que las edificaciones permitan un rápido sombreado, y en los sitios fríos calles anchas que faciliten la entrada e irradiación de los rayos solares. La orientación de las calles se disponía teniendo en cuenta los vientos dominantes, para que no fueran barridas directamente por ellos.

Estas y otras medidas se pusieron en práctica en algunas ciudades neohispanas, como en la Nueva Veracruz diseñada por Bautista Antonelli en 1590, la propia Ciudad de México, Valladolid, Guadalajara, San Luis Potosí, Puebla de los Ángeles, Oaxaca de Juárez, y en otros territorios como en Santiago de Cuba y Santo Domingo, por nombrar algunos de los modelos más regulares.

Modelo de Carlos III[editar]

Carlos III de España puso su empeño en modernizar las ciudades del Imperio español según el modelo europeo. Una vez empezada esa labor en la propia capital, Madrid, decretó un plan de reformas urbanas en el siglo XVIII para las Indias.

Este plan es destinado a asegurar que todo asentamiento quedara instituido conforme a las reglas de la Corona Española, o sea que, a diferencia del plan de Felipe II, el repartimiento de tierras ya no se planteaba por los conquistadores, sino por comisionados reales nombrados por el Visitador. Si el reparto era para las misiones jesuitas, se haría de acuerdo con los reverendos jesuitas.

En cuanto a las tierras de cultivo, éstas se establecerían de 200 varas por 100 varas por ser ésta la dimensión para cultivar una dotación de una fanega de maíz; las casas y zonas de cultivos serían hereditarias pero indivisibles. Por otra parte se intentó aprovechar y optimizar el consumo de agua con directrices como el aprovechamiento común de agua y pastos para el ganado familiar, además de beneficiar con un terreno de cultivo más al que construyera una fuente de abastecimiento de agua para riego.

La organización del territorio colonizado de España en América constituye hoy uno de los legados patrimoniales más significativos e interesantes de Hispanoamérica. Es importante destacar cómo la organización regional de los virreinatos generó complejas redes de comunicación entre los diversos centros comerciales, políticos o administrativos. Por una parte, se fueron diseñando nuevas rutas de comercio que abrirían brecha a nuevos caminos y, por otra, se recuperaron caminos de las antiguas culturas precolombinas.

El fortalecimiento del urbanismo colonial se debe principalmente al comercio, no sólo de carácter local. Hay que tener en cuenta que la expansión comercial promovida por la metrópoli al abrir sus mercados al exótico comercio asiático generó nuevas expectativas e infraestructuras de comunicación y defensa en las caminerías reales, por lo que consideramos importante destacar las rutas terrestres y marítimas.

Hoy en día los barrios coloniales de las antiguas urbes americanas son Patrimonio de la Humanidad o como mínimo están protegidos por los respectivos Estados. Hay barrios coloniales muy bien conservados intactos, como los de Villa de Leyva (Colombia), San Francisco de Quito (Ecuador) y Cartagena de Indias (Colombia) y otros que muestran claramente el pasado colonial que vivó cada ciudad, por ejemplo el Centro Histórico de Santa Fe de Bogotá (Colombia), Tunja (Colombia) y Zipaquirá (Colombia). Unos de los más visitados, también son los centros históricos de Santo Domingo (Rep. Dominicana) o La Habana (Cuba) son un buen ejemplo del urbanismo durante la colonización española.

Fundación de ciudades[editar]

Ilustración de la Mendoza colonial.

Esta cita de mediados del siglo XVII de un fraile dominico documenta una típica fundación de un asentamiento en América:

Para esto hicieron primero una planta, porque todos fuesen uniformes en edificar: los primeros dieron lugar a la iglesia mayor o menor, según el número de vecinos. Junto a ella pusieron la casa del padre, delante de la iglesia una plaza muy grande, diferente del cementerio, enfrente la casa del regimiento o concejo, junto a ella la cárcel, y allí cerca el mesón o la casa de la comunidad donde fuesen los forasteros. Todo lo demás del pueblo se dividía por cordel, las calles derechas norte a sur, izquierdas, este a oeste, en forma de cuadras y en esta segunda traza se repartieron los solares conforme a la calidad de los vecinos.

El modelo urbano aplicaba las formas de disposición urbana de finales de la reconquista española, que a su vez volvía a los ideales helenísticos. Este modelo básicamente se trata de unos espacios puestos en rejilla, con plazas en el centro y calles perpendiculares y paralelas en las que los habitantes se colocan a mayor o menor distancia del centro, según la relevancia económica y social de las familias.

Cabe mencionar que dentro del proceso de fundación de ciudades en América, igualmente existieron leyendas relacionadas, tales como la Ciudad de los Césares; la cual según algunas versiones habría sido fundada por españoles, pero no se tenía contacto con ella ya que su ubicación exacta permanecía desconocida para el Reino.

Estructuras urbanas[editar]

Plaza de Armas[editar]

Denominada Plaza Mayor o Plaza de Armas, consistía en un espacio polvoriento y abierto donde se desarrollaba la vida urbana y se manifestaban las actividades sociales, oficiales y religiosas. En sus laterales se situaban los edificios administrativos u oficiales y la Catedral o iglesia de la villa.

Catedral[editar]

La Catedral de Lima (Perú) durante la noche.

Sin duda el edificio más fastuoso y más importante en la ciudad colonial. La catedral o iglesia era el primer edificio en construirse y el más alto y grande de la villa. Se situaba o en la Plaza Mayor o de Armas o en otra plaza aparte dependiendo de la ciudad y su orografía.

Se construyeron catedrales de varios estilos arquitectónicos: gótico, barroco, renacentista y neoclasicista entre otros. Al principio llegaban los constructores desde la península, pero una vez extendidos y enseñados los estilos por América, éstos se desarrollaron con variedades locales.

Actualmente, gran variedad de catedrales construidas durante la época colonial en América son Patrimonio de la Humanidad dentro de los centros históricos y un gran reclamo turístico de las ciudades hispanoamericanas. Un ejemplo son las catedrales de la Ciudad de México, La Habana, Santo Domingo, Lima o Cartagena de Indias, incluidas dentro de los centros históricos y conjuntos monumentales.

Cabildo[editar]

Los cabildos, órganos municipales originales del medioevo español y trasplantados a América por los conquistadores, fueron una de las instituciones más importantes del sistema colonial español, sobre todo en los primeros años de la conquista de América. Constituyeron un eficaz mecanismo de representación de las elites locales frente a la burocracia real.

El cabildo, arquitectónicamente, debía ser un edificio que destacase de los demás dentro de la Plaza Mayor o de Armas. Generalmente era un edificio de dimensiones grandes, dependiendo del tamaño de la villa, que contenía la cárcel, los archivos, salas capitulares y estancias para jueces y escribanos. Como la mayoría de los edificios coloniales españoles, seguía el estilo barroco tan utilizado en la América Española.

Fortificación[editar]

Fortificaciones coloniales en Cartagena de Indias.

Para defender la extensa red de ciudades coloniales, la Corona Española se planteó la necesidad de su fortificación, ya fuese mediante un sistema de ciudades fortificadas o a través de ciudadelas exentas. La protección de estos complejos urbanos se planteó principalmente como un sistema defensivo de los puertos comerciales y el litoral. La fortificación de las plazas hispanoamericanas responde a varios motivos: por una parte, la defensa frente a los ataques de los indígenas americanos y, mayormente, por la incidencia de otras potencias europeas que, movidas por su oposición al monopolio del comercio americano de España con sus colonias, llevaron a cabo diversas actividades ilícitas, como el contrabando, la piratería y las actuaciones de los bucaneros. Esto fue promovido en los siglos XVI y XVII por parte de ingleses, franceses y holandeses que, posteriormente, se convertirían en corsarios, apoyados por las correspondientes patentes de corso, las cuales fueron otorgadas principalmente por la Corona inglesa.

La continua evolución de la bala metálica de pólvora será la causa de las transformaciones y reformas en diversas fortalezas y de la integración de la fortificación menor durante el proceso de organización territorial de los virreinatos de América.

En el siglo XVII se encontraban construidas o en proceso de construcción las primeras fortificaciones de las principales ciudades, pero el espíritu de libertad de las colonias motivó la demolición de algunas estructuras defensivas en el siglo XIX, motivo por el cual algunos sistemas defensivos están incompletos.

Bibliografía[editar]

Ensayo sobre ciudades iberoamericanas (Jorge E. Hardoy) [

[Categoría:Virreinatos indianos]]