Ensayo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Ensayista»)
Saltar a: navegación, búsqueda
Michel Eyquem de Montaigne, creador moderno del género ensayístico, retratado por Daniel Dumonstier.

El ensayo[1] es un tipo de texto que brevemente analiza, interpreta o evalúa un tema de manera oficial o libre. Se considera un género literario, al igual que la poesía, la narrativa y el drama.

Las características que debe tener un ensayo son las siguientes:

  • Es un escrito serio y fundamentado que sintetiza un tema significativo.
  • Posee un carácter preliminar, introductorio, de carácter propedéutico.
  • Se expresa en un estilo denso y no se acostumbra la aplicación detallada.

Es un género literario dentro del más general de la didáctica.

Definición y origen[editar]

El ensayo es la interpretación o explicación de un determinado tema —humanístico, filosófico, político, social, cultural, deportivo, por mencionar algunos ejemplos—, sin que sea necesariamente obligatorio usar un aparataje documental, es decir, desarrollado de manera libre, asistemática, y con voluntad de estilo.

Un ensayo es una obra literaria relativamente breve, de reflexión subjetiva, en la que el autor trata de una manera personal, no exhaustiva, y en la que muestra —de forma más o menos explícita— cierta voluntad de estilo. Esto último propone crear una obra literaria, no simplemente informativa. Puede tratar sobre temas de literatura, filosofía, arte, ciencias y política, entre otros.

Sólo en la Edad Contemporánea este tipo de obras ha llegado a alcanzar una posición central.

En la actualidad está definido como género literario, debido al lenguaje, muchas veces poético y cuidado que usan los autores, pero en realidad, el ensayo no siempre podrá clasificarse como tal. En ocasiones se reduce a una serie de divagaciones y elucubraciones, la mayoría de las veces de aspecto crítico, en las cuales el autor expresa sus reflexiones acerca de un tema determinado o, incluso, sin específico tema alguno.

Ortega y Gasset lo definió como «la ciencia sin la prueba explícita». Alfonso Reyes, por otra parte, afirmó que «el ensayo es la literatura en su función ancilar» —es decir, como esclava o subalterna de algo superior—, y también lo definió como «el Centauro de los géneros». El crítico Eduardo Gómez de Baquero —más conocido como Andrenio— afirmó en 1917 que «el ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía, y hace excursiones del uno al otro». Y por su parte Eugenio d'Ors lo definió como la «poetización del saber».

Su origen se encuentra en el género epidíctico de la antigua oratoria grecorromana, y ya Menandro el Rétor, aludiendo al mismo bajo el nombre de «charla», expuso algunas de sus características en sus Discursos sobre el género epidíctico:

  • Tema libre (elogio, vituperio, exhortación).
  • Estilo sencillo, natural, amistoso.
  • Subjetividad (la charla es personal y expresa estados de ánimo).
  • Se mezclan elementos (citas, proverbios, anécdotas, recuerdos personales).
  • Sin orden preestablecido (se divaga), es asistemático.
  • Extensión variable.
  • Va dirigido a un público amplio.
  • Conciencia artística.
  • Libertad temática y de construcción.

El ensayo, a diferencia del texto informativo, no posee una estructura definida ni sistematizada o compartimentada en apartados o lecciones, por lo que ya desde el Renacimiento se consideró un género más abierto que el medieval tractatus o que la suma, y se considera distinto a él también por su voluntad artística de estilo y su subjetividad, ya que no pretende informar, sino persuadir o convencer.

Utiliza la modalidad discursiva expositivo-argumentativa y un tipo de «razonamientos blandos» que han sido estudiados por Chaïm Perelman y Lucie Ollbrechts-Tyteca en su Tratado de la argumentación.

A esto convendría añadir que en el ensayo existe además, como bien ha apreciado el crítico Juan Marichal, una «voluntad de estilo», una impresión subjetiva que es también de orden formal.

Otros géneros didácticos emparentados con el ensayo son:

Historia del ensayo[editar]

Las Cartas a Lucilio (de Séneca) y los Moralia (de Plutarco) vienen a ser ya prácticamente una colección de ensayos, pero el desarrollo moderno y más importante del género ensayístico vino sobre todo a partir de los Essais (1580) del escritor renacentista francés Michel de Montaigne, aunque sus últimos precedentes hay que buscarlos en el género epidíctico de la oratoria clásica. En España el género aparece, con el antecedente en el siglo XVI de Fray Antonio de Guevara y en el XVII de Francisco Cascales Cartas filológicas y Juan de Zabaleta Errores celebrados, a principios del siglo XVIII con el Teatro crítico universal, y las Cartas eruditas y curiosas del padre Benito Jerónimo Feijoo, pero solamente tomará la denominación propia de ensayo a mediados del siglo XIX y sólo empezarán a escribir ensayos propiamente dichos la Generación del 98 y sus sucesores.

Estructura[editar]

La estructura del ensayo es sumamente flexible, ya que toda sistematización es ajena a su propósito esencial, que es deleitar mediante la exposición de un punto de vista que no pretende agotar un tema, como sí haría (y sistemáticamente) el género literario meramente expositivo del tratado; por eso estas indicaciones son meramente orientativas.[2]

Introducción[editar]

Es la que expresa el tema y el objetivo del ensayo; explica el contenido y los subtemas o capítulos que abarca, así como los criterios que se aplican en el texto,y abarca más o menos 5 oraciones. Es la parte en donde se da una información breve del contenido del ensayo. En esta etapa se deben de plasmar las ideas principales, y puede iniciarse con una aseveración, con una pregunta o con una metáfora.

Desarrollo[editar]

Contiene la exposición y análisis del mismo tema, se plantean las ideas propias y se sustentan con información de las fuentes necesarias: libros, revistas, Internet , entrevistas y otras. Constituye el 75% del ensayo. En él va todo el tema desarrollado, utilizando la estructura interna: 50% de síntesis, 15% de resumen y 10% de comentario.

Se sostiene la tesis, ya probada en el contenido, y se profundiza más sobre la misma, ya sea ofreciendo contestaciones sobre algo o dejando preguntas finales que motiven al lector a reflexionar.

Conclusión[editar]

En este apartado el autor expresa sus propias ideas sobre el tema, se permite dar algunas sugerencias de solución, cerrar las ideas que se trabajaron en el desarrollo del tema y proponer líneas de análisis para posteriores escritos.

"Un ensayo de ayuda" Esta última parte mantiene cierto paralelismo con la introducción por la referencia directa a la tesis del ensayista, con la diferencia de que en la conclusión la tesis debe ser profundizada, a la luz de los planteamientos expuestos en el desarrollo. El ensayo tiene su origen en Grecia, donde se consideraba como una proposición original que dispone elementos de creación, generación e innovación. Se parte del conocimiento normal (establecido) para romperlo. A partir de elementos que lo hacen, al conocimiento, diferente en: perspectiva, conjunción, relación, conformación, etc.

El ensayo, independientemente del área de estudio, tiene una conformación, una metodología y un diseño único. Se ha tratado de ver el ensayo literario aislado de otros campos como el científico, pero en realidad es igual en estructura. Existen varios tipos de ensayos por las características de su estructura: vivencial, sustental, interpretativo, lógico y alternativo.

El siguiente es un ejemplo de ensayo, puedes tomarlo como base para realizar tus propias tareas.

Ejemplo de ensayo: “ La importancia del Color en la vida del Hombre “

Es indudable que desde que los animales aparecieron en la tierra dotados de órganos de los sentidos; es la vista uno de más relevantes ya que, gracias a ella, establecieron una relación con el mundo exterior que les permitió conocer el terreno, distinguir el peligro, avizorar su caza y por ende su alimento; más es difícil saber cuáles animales distinguieron el colorido del medio ambiente y no es hasta que el más racional de los animales aparece que podemos tener la convicción que los colores influyeran en su vida y decisiones. Este animal es el hombre.

El color es luz, belleza, armonía y delicia de la vista, pero es sobre todo, equilibrio psíquico, confort y educación.

Podemos imaginar cómo los hombres más antiguos aprendieron por los colores muchos de los fenómenos naturales. Conocieron el azul del cielo y la oscuridad de la noche, el verde de los campos, el árido amarrillo de los desiertos, el blanco gélido de los glaciares y el rojo de la sangre. También estos colores debieron avisarles las estaciones del año y hasta los cambios de clima según se percibía.

Así los colores de la naturaleza deben haber influido directamente en su desarrollo, naciendo el gusto y predilección por algunos. La misma naturaleza prodiga en elementos, fue la que brindo la materia prima para que los colores fueran manipulados por los hombres, provocando se pintaran, posteriormente la necesidad de abrigo los motivó a utilizar los colores de su preferencia en las vestimentas y al paso del tiempo; del conocimiento y perfeccionamiento de esta práctica establecieron que determinadas vestimentas de color fueran utilizadas en galas, festejos, tristezas y guerras.

El hogar de nuestros días no solo requiere color para embellecer y animar, sino color que resuelva las necesidades psicológicas de quienes vivan con él. La elección del color está basada en factores estadísticos y también en los psíquicos, culturales, sociales y económicos.

Es así como a través de la historia los colores han influido, en la moda, en los gustos, en las celebraciones, pero siempre, se han vinculado al estado de ánimo.

Hoy en día se conoce que los colores despiertan sensaciones y sentimientos, así los hay tranquilizadores como el azul, de limpieza y pureza como el blanco, pasionales como el rojo, etc.

El color en las artes es el medio más valioso para que una obra transmita las mismas sensaciones que el artista experimentó frente a la escena o motivo original; usando el color con buen conocimiento de su naturaleza y efectos y adecuadamente será posible expresar lo alegre o triste, lo luminoso o sombrío, lo tranquilo o lo exaltado, etc.

Nada puede decir tanto ni tan bien de la personalidad de un artista, del carácter y cualidades de su mente creadora como el uso y distribución de sus colores, las tendencias de estos y sus contrastes y la música que en ellos se contiene.

El color en la arquitectura y decoración se desenvuelve de la misma manera que en el arte de la pintura, aunque en su actuación va mucho más allá porque su fin es específico, puede servir para favorecer, destacar, disimular y aun ocultar, para crear una sensación excitante o tranquila, para significar temperatura, tamaño, profundidad o peso y como la música, puede ser utilizada deliberadamente para despertar un sentimiento. El color es la magia que transforma, altera y lo embellece todo o que, cuando es mal utilizado, puede trastornar, desacomodar y hasta anular la bella cualidad de los materiales más ricos.

El color, como cualquier otra técnica, tiene también la suya, y está sometido a ciertas leyes, que conociéndolas será posible dominar el arte de la armonía, conocer los medios útiles que sirven para evitar la monotonía en un combinación cromática, estimular la facultad del gusto selectivo y afirmar la sensibilidad.

El nivel intelectual, el gusto de la comunidad, la localización y el clima también influyen en la elección del esquema y la finalidad o propósito de cada pieza. Pero entre todos estos factores del color, quizás sea el más importante el psicológico, ¿por qué nos alegra, inquieta, tranquiliza o deprime un determinado conjunto o combinación cromática?

Los colores del interior deben ser específicamente psicológicos, reposados o estimulantes porque el color influye sobre el espíritu y el cuerpo, sobre el carácter y el ánimo e incluso sobre los actos de nuestra vida; el cambio de un esquema de color afecta simultáneamente a nuestro temperamento y en consecuencia a nuestro comportamiento.

Debido a que los colores nos afectan psíquicamente es importante mencionar que uno de los factores importantes en la aplicación de la psicología del color es la personalidad, ya que cada color refleja características del comportamiento, carácter, personalidad y temperamento.

Cada individuo como la palabra lo índica es único y diferente a los demás, podemos tener características en común, más nunca podremos ser idénticos uno del otro, lo que marca la diferencia son los rasgos particulares de cada persona, que se forman por diferentes factores como el sexo, edad, cultura, etcetera, dando pie a la formación de un carácter, influyendo en este el temperamento, que son las reacciones innatas que cada persona presenta ante las diferentes situaciones. Los factores anteriores concluyen en la personalidad, siendo esta irrepetible e inigualable para cada individuo.

Los colores forman parte de nuestra vida cotidiana desde que nacemos hasta que morimos, encontrándolos en los edificios y decoraciones de estos, en la naturaleza, en las cosas que utilizamos, en las personas, la moda e incluso en las expresiones coloquiales. Es tal la importancia que tienen en nuestra vida que se han dedicado años de estudio a la explicación coherente y justificada del efecto que tienen sobre las personas, aprovechándose en ocasiones de estas cualidades del color, para casos como la publicidad, el diseño y el arte.

Lógica en el ensayo[editar]

La lógica es crucial en un ensayo y lograrla es algo más sencillo de lo que parece: depende principalmente de la organización de las ideas y de la presentación. Para lograr convencer al lector hay que proceder de modo organizado desde las explicaciones formales hasta la evidencia concreta, es decir, de los hechos a las conclusiones. Para lograr esto el escritor puede utilizar dos tipos de razonamiento: la lógica inductiva o la lógica deductiva.

De acuerdo con la lógica inductiva el escritor comienza el ensayo mostrando ejemplos concretos para luego deducir de ellos las afirmaciones generales. Para tener éxito, no sólo debe elegir bien sus ejemplos sino que también debe presentar una explicación clara al final del ensayo. La ventaja de este método es que el lector participa activamente en el proceso de razonamiento y por ello es más fácil convencerle.

De acuerdo con la lógica deductiva el escritor comienza el ensayo mostrando afirmaciones generales, las cuales documenta progresivamente por medio de ejemplos bien concretos. Para tener éxito, el escritor debe explicar la tesis con gran claridad y, a continuación, debe utilizar transiciones para que los lectores sigan la lógica/argumentación desarrollada en la tesis. La ventaja de este método es que si el lector admite la afirmación general y los argumentos están bien construidos generalmente aceptará las conclusiones.

Bibliografía[editar]

  • ARENAS CRUZ, María Elena: Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1997.
  • AULLÓN DE HARO, Pedro: Teoría del ensayo. Madrid: Verbum, 1992.
  • CERVERA SALINAS, Vicente - HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Belén - ADSUAR FERNÁNDEZ, María Dolores (eds.): El ensayo como género literario. Editum, 2005.
  • DAVIS, Harold Eugene: Latin American Social Thought. Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1972.
  • DÍAZ, Oscar A.: El ensayo hispanoamericano del Siglo XIX: Discurso hegemónico masculino. Madrid: Pliegos, 2001.
  • EARLE, Peter G., Robert G. EARLE, y J. MEAD: Historia del ensayo hispanoamericano. México: Ediciones de Andrea, 1973.
  • GÓMEZ DE BAQUERO, Eduardo: «El ensayo y los ensayistas españoles contemporáneos», en su El renacimiento de la novela española en el siglo XIX, Madrid: Mundo Latino, 1924.
  • GÓMEZ-MARTÍNEZ, José Luis: Teoría del ensayo. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1981.
  • JAIMES, Héctor: La reescritura de la historia en el ensayo hispanoamericano. Madrid: Fundamentos, 2001.
  • LEVY, Kurt L. y Keith ELLIS: El ensayo y la crítica literaria en Iberoamérica. Toronto: Universidad de Toronto, 1970.
  • MARICHAL, Juan: La voluntad de estilo. Barcelona: Seix-Barral, 1957.
  • OVIEDO, José Miguel: Breve historia del ensayo hispanoamericano. Madrid: Alianza, 1990.
  • SACOTO, Antonio: Del ensayo hispano-americano del siglo XIX. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1988.
  • WARD, Thomas: La resistencia cultural: la nación en el ensayo de las Américas. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2004.
  • WEINBERG, Liliana: El ensayo, entre el paraíso y el infierno. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.
  • VERA T., Juan Camilo: La importancia del ensayo. Colombia: Enciclopedia Académica, 2012

Notas y referencias[editar]

  1. Orlando Cáceres Ramírez, Ensayo literario.
  2. Orlando Cáceres Ramírez, ¿Qué es un ensayo?.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]