Anécdota

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Una anécdota célebre : El jarrón de Soissons.

Una anécdota[1] es un cuento corto que narra un incidente interesante o entretenido, una narración breve de un suceso curioso, algo que se supone que le haya pasado a alguien.

Siempre está escrita como si se trataran de hechos reales, por ejemplo un accidente con personas reales como personajes, en lugares reales. No obstante y con el correr del tiempo, las pequeñas modificaciones realizadas por cada persona que la cuenta pueden derivar en algo con mucho de ficción, que sigue siendo contada pero en general que tiende a ser más exagerada.

Aunque a veces sean humorísticas, las anécdotas no son chistes, pues su principal propósito no es simplemente provocar excitación, sino expresar una realidad más general que el cuento corto por sí mismo, o dar forma a un rasgo en particular de un personaje o del funcionamiento de una institución, de tal manera que así se atiene o se vincula a su esencia misma.

Un monólogo breve que empiece con "Una vez un profesor preguntó a Carl Friedrich Gauss..." casi seguramente será una anécdota. Así, la anécdota está más cerca de la parábola que de la fábula, con personajes animales y figuras humanas muchas veces genéricas pero que se conectan con la realidad, aunque sin duda parábola y anécdota se diferencian en su especificidad histórica. Una anécdota tampoco es una metáfora ni tiene una moraleja, una necesidad tanto en la parábola como en la fábula.

Ejemplo de la anécdota en francés: Enrique IV de Francia[editar]

El rey Henri IV de Francia, que para acceder al poder debía convertirse al catolicismo, habría declarado:

Paris vaut bien une messe.

Traducción al español: París bien vale una misa.

Alejandro Magno y Diógenes de Sinope[editar]

Alejandro Magno visita a Diógenes en Corinto; litografía de Honoré Daumier.

Pudo haber sido durante los Juegos Ístmicos en Corinto, que Diógenes de Sinope y Alejandro Magno se conocieron.

Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro, interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Y Diógenes le respondió: “Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol”.

Los cortesanos y acompañantes del monarca de Macedonia se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Repentinamente Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes”. fin.

Notas y referencias[editar]