Epístola

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Epístola (del griego ἐπιστολή epistolē) es un sinónimo de carta:[1] un texto cuya función principal es la comunicación entre el remitente o emisor (el escritor que la redacta y envía) y el destinatario o receptor que la debe recibir. El uso del término suele implicar un registro culto o un contexto literario (el género epistolar).

En la actualidad es un término arcaico, por lo general restringido en su uso a las cartas didáctica sobre ética o religión; y particularmente para referirse a los libros del Nuevo Testamento que reciben el nombre de "epístolas", y donde se recogen las escritas por algunos apóstoles destinadas a las comunidades cristianas primitivas. Las tradicionalmente atribuidas a Pablo de Tarso se conocen como "epístolas paulinas" y el resto con el nombre genérico de "epístolas católicas" (es decir, "universales" o "generales").

El género epistolar fue común en el Antiguo Egipto como parte del trabajo de los escribas, y están recogidas bajo el nombre de Sebayt (instrucciones), estando datadas las más antiguas en el siglo XXV a. C.

También nos han llegado de la Antigüedad las Epístolas de Horacio, del siglo I  a. C. Una de ellas, Epistula ad Pisones, recibe el nombre de Arte poética, y ha sido durante siglos considerada como la normativa de principios literarios.

Epístolas bíblicas[editar]

Las Epístolas bíblicas son la parte del Nuevo Testamento que consiste en cartas enviadas a las primeras comunidades cristianas por los apóstoles Santiago, Judas, Pedro y Juan, y también por San Pablo (las Epístolas paulinas).

En la liturgia de la misa, "la Epístola" o lectura de la Epístola es una de sus partes, en la que se procede a la lectura de un fragmento de alguna de las Epístolas bíblicas. El libro litúrgico que recoge estas lecturas se denomina "epistolario". En la disposición física de las partes de la iglesia, "la Epístola" o el "lado de la Epístola" es el lado derecho (desde el punto de vista de los fieles), por oposición al "lado del Evangelio".

Epístolas literarias en prosa y verso[editar]

En el Humanismo renacentista, la epístola se transformó en un género literario ensayístico, dignificado por un estilo exigente y formal, muy a menudo provisto de intención didáctica o moral, pero otras veces consagrado a una mera función distractiva.

También recibe el nombre de "epístola" la composición poética en la que el autor se dirige a un receptor bien determinado, real o imaginario, que se considera ausente; la forma métrica habitual de este tipo de poemas es el terceto encadenado o el verso blanco.

Se prodigaron las epístolas en prosa y en verso, en línea con el afán comunicativo y abierto que tenían ambos género y su afinidad con los ideales de la estética renacentista. No siempre tenían por qué tener un destinatario, pues podía ser ficticio, un mero pretexto para el desahogo personal.

Petrarca, aislado en los siglos oscuros, escribió cartas a escritores paganos y cristianos de la Antigüedad para sentirse menos solo (a Cicerón y a San Agustín); Erasmo compuso cientos de epístolas; los humanistas españoles (Hernando del Pulgar, con sus Letras, o fray Antonio de Guevara, con sus Epístolas familiares) contribuyeron también al género.

Tal forma tomaron también, ya en el siglo XVII, las Cartas filológicas de Francisco Cascales.

En el siglo XVIII fue un género muy cultivado: Montesquieu lo utilizó como recurso literario para la crítica socio-política en sus Cartas persas, que José de Cadalso imitó en sus Cartas marruecas. Entre las de otros ilustrados españoles destacan las humorísticas (y un poco escabrosas y escatológicas) Cartas de Juan del Encina de José Francisco de Isla y el Epistolario de Leandro Fernández de Moratín.

En el siglo XIX español el maestro indiscutible del género es Juan Valera. Rafael Díez de la Cortina hizo una famosa gran colección, Modelos para cartas (1899) que ya iba por la vigésimo sexta impresión en 1908.

Fernando Arrabal escribió en 1971, desde el exilio, una literaria Carta al General Franco.[2]

Estructura epistolar[editar]

Una estructura habitual de las epístolas incluye las siguientes partes:

  • Introducción
  • Primera parte, de carácter teórico-doctrinal
  • Segunda parte, exhortación moral
  • Conclusión

Novela epistolar[editar]

También puede utilizarse la epístola como mecanismo narrativo o recurso literario que permite escribir novelas en forma de cartas o epístolas, ejemplo de las novelas epistolares son el Proceso de cartas de amores de Juan de Segura, Pamela, o La virtud recompensada de Samuel Richardson, Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos o la primera parte de Pepita Jiménez de Juan Valera, así como el relato Novela en nueve cartas del escritor ruso Fiódor Dostoyevski.

Correspondencias y epistolarios[editar]

Correspondencia literaria[editar]

La correspondencia literaria es el intercambio epistolar entre escritores, especialmente notable en algunos casos (Max Aub).

Correspondencia científica[editar]

La correspondencia científica, que se remonta a la ciencia griega (cartas de Arquímedes), fue trascendental para la fijación del concepto de publicación científica a partir del siglo XVII.

Epistolarios[editar]

Las cartas o epístolas que constituyen una correspondencia pueden reunirse en colecciones llamadas epistolarios; estos pueden ser de distintos tipos, según agrupen las cartas por autores, corresponsales, temas o fechas; los epistolarios más completos recogen también las epístolas que escriben los corresponsales, que a menudo son excluidos (bien porque no tienen tanta importancia, fama o calidad literaria como el autor a quien están consagradas estas colecciones, o bien porque no se ha conservado -es muy difícil que se haya conservado este tipo de literatura efímera-).

Véase también[editar]

Notas[editar]

Enlaces externos[editar]