Palacio Nacional (México)

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Palacio Nacional
Palacio Nacional, México D.F., México, 2013-10-16, DD 119.JPG
Palacio Nacional
Nombre(s) anterior(es) Casas Nuevas de Cortés
Palacio Virreinal
Palacio Imperial
Información general
Uso(s) Sede del Poder Ejecutivo Federal
Estilo Barroco
Catalogación

 Patrimonio de la Humanidad (parte de «Centro Histórico de la Ciudad de México y Xochimilco», n.º ref. 412-001) (1987)

Nombre descrito en la Lista Representativa del PCI.
Localización Bandera de México Ciudad de México, México
Coordenadas 19°25′57″N 99°07′52″O / 19.4325, -99.13111Coordenadas: 19°25′57″N 99°07′52″O / 19.4325, -99.13111
Inicio 1522
Finalización 1526
Remodelación 1563
1695
1852
1864
1884
1901
1924
Destruido 8 de junio de 1692 (parcialmente)
Propietario Gobierno Federal de México.
[editar datos en Wikidata]

El Palacio Nacional es la sede del Poder Ejecutivo Federal de México. Ubicado al oriente de la Plaza de la Constitución en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la Delegación Cuauhtémoc, está construido sobre un área de 40.000 m2. Al formar parte del mencionado conjunto arquitectónico en esa área de la ciudad, es en consecuencia Patrimonio de la humanidad desde 1987.

Su construcción se inició en 1522, como segunda residencia privada de Hernán Cortés, encima de una parte del palacio del huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin. Luego fue adquirido por la corona y destinado como sede del Virrey de la Nueva España, y de la mayoría de las instituciones coloniales. Durante aquel periodo sufrió un gran incendio y fue semidemolido en 1692, posteriormente fue reconstruido por las autoridades virreinales. Consumada la Independencia de México, fue sede de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de los diferentes regímenes republicanos y monárquicos del país durante la mayor parte del siglo XIX; incluso fue residencia personal de todos los gobernantes entre 1822 y 1884, a partir de ahí, permaneció como oficina presidencial hasta 1968, recuperando parcialmente dicha función en 2012.

Sin embargo ha sido permanentemente escenario de actos oficiales, protocolarios y cívicos de la presidencia de la república, tales como la recepción de Jefes de Estado y de Gobierno extranjeros, entrega de cartas credenciales del cuerpo diplomático y las ceremonias festivas del Grito de Dolores (15 de septiembre) y del inicio de la Independencia (16 de septiembre).

Por casi quinientos años esta construcción ha tenido un gran número de ampliaciones y modificaciones en las que han quedado plasmadas las huellas de los distintos gobiernos que ha tenido el país durante el periodo colonial, así como durante su vida como nación independiente. En su construcción se pueden encontrar elementos neoclásicos, barrocos y neocoloniales, siendo el aspecto que hoy tiene el edificio en su exterior resultado de su última ampliación, acontecida durante la segunda década del siglo XX cuando fue añadido el tercer nivel. Alberga un valioso patrimonio histórico-artístico, destacando el conjunto de murales de Diego Rivera.

Historia[editar]

Siglo XVI[editar]

Durante la Conquista de México de 1519 a 1520, las fuerzas de Hernán Cortés pusieron sitio a Tenochtitlan y en su avance destruyeron la mayor parte de la ciudad. Derrotados los tenochcas, Hernán Cortés se apropió de ella, junto con el Palacio de Axayacatl o Casas Viejas de Moctezuma, donde se hospedó durante la primera etapa de la Conquista, y en enero de 1522 comenzó la reconstrucción de la ciudad de México-Tenochtitlan, lo que ahora se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de México.[1]

La nueva ciudad reconstruida se hizo habitable a partir de 1524, bajo una nueva traza de corte europeo, la cual incluía una plaza central y casas para los conquistadores indígenas y españoles. Las de estos últimos, con una marcada forma de fortaleza. Hernán Cortés como principal conquistador toma el predio del Palacio de Axayacatl ubicado en el lugar que hoy ocupa la casa matriz del Nacional Monte de Piedad y que para la época se encontraba dando frente a la plaza del Empedradillo y a la antigua construcción de la Catedral, en este estableció su primera residencia en la ciudad, por lo que se le conoció como Casas Viejas de Cortés. Más tarde, la Real Audiencia y el primer virrey Antonio de Mendoza la tomaron como casa de gobierno.

Cortés, al verse impedido de utilizar su residencia utilizada por el gobierno novohispano, inició la construcción de un nuevo palacio para su uso personal en los terrenos que antes habían ocupado las Casas Nuevas de Moctezuma; residencia que conformó parte de su Marquesado del Valle de Oaxaca, ratificado por cédula real del emperador Carlos V en 1529. El propio Cortés, ayudado por Luis de la Torre y Juan Rodríguez de Salas, se encargó de hacer la traza del edificio, en el predio que ocupaban las Casas nuevas de Moctezuma y una parte donde estuvo el templo de Tezcatlipoca. En 1528 ya podían verse los muros de la planta baja y empezaban a levantarse las habitaciones, columnas y arcos de los patios, todo en cantera labrada. Debido a la lentitud de las obras, Cortés solo habitó por un breve lapso su palacio. Para la construcción usó la mano de obra y materiales que tenía en su marquesado, sobre todo de los pueblos dependientes de Coyoacán, como Tacubaya (para piedras y arena), Cuajimalpa (para madera), etc.[1]

En los años inmediatos a la conquista, la Plaza Mayor de la ciudad de México mostraba en su lado oriental la nueva gran propiedad de Hernán Cortés; hacia el sur, las construcciones que albergaban las casas del Cabildo, la cárcel del ayuntamiento y la carnicería; hacia el poniente se levantaban las Casas Viejas de Cortés, rentadas para albergar a la Real Audiencia y al virrey. En el lado norte se encontraba un modesto nuevo templo religioso y las ruinas del Templo Mayor mexica que con el tiempo dejarían su lugar a la catedral. La construcción del palacio culminó en 1550, entre encendidas disputas legales del conquistador y sus herederos con las autoridades enviadas por el rey de España. A la muerte de Cortés en 1547, la obra constaba de tres patios arcados y dos pisos, así como de una extensa huerta en el área que luego sería la Plaza del Volador y que hoy ocupa el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Al crecer la burocracia del gobierno virreinal, se hizo necesario contar con una sede propia para albergar las instituciones de la Nueva España y con el fin de dejar de pagarle renta a Cortés y a sus herederos. Tras 41 años de litigios sobre rentas y prerrogativas de los Cortés es como el 19 de enero de 1562, el segundo virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón y Martín Cortés, hijo del conquistador, acuerdan la venta del palacio ubicado al costado oriente de la Plaza Mayor de la ciudad, en 264 mil reales (equivalente a 33 mil pesos de aquella época), por lo que devuelven a la familia de Cortes el palacio frente a la catedral. De inmediato fueron trasladadas ahí algunas dependencias virreinales, para lo cual el virrey Luis de Velasco encargo al arquitecto Claudio Arciniega reparar y adaptar las habitaciones de la Casa Real de los Virreyes. Ocho meses después, las Casas Nuevas de Cortés se convierten en la sede del poder virreinal, que por lo mismo reciben desde entonces el nombre de Palacio Virreinal.[1] [2]

La construcción de ese entonces colindaba al norte con una especie de plaza, la cual terminaba en la actual calle de Moneda que tenía un canal y daba frente al palacio del Arzobispado, al oriente con otro terreno baldío que debió de servir como patio, huerta y ruta de escape para las Ataranzas (puerto de las embarcaciones que navegaban rumbo a Texcoco), al sur con la acequia Real (actualmente la calle de Corregidora), que cruzándola contaba con un terreno en el cual se ponía un mercado que después se conocería como la Plaza del Volador, y al poniente con la Plaza Mayor y el mercado del Parian.

El edificio fue adaptado en 1563 para albergar al gobierno, siendo el segundo virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón el primero en residir en él, dentro del piso superior del palacio, junto con la Real Audiencia, mientras tenía abajo la cárcel de la Corte Real (la cual fue quemada en 1659) y una serie de bodegas donde los comerciantes podían ser vigilados.[1]

Siglo XVII[editar]

Con el paso de los años se construyeron nuevos edificios en el costado sur oriental, construcciones que no alteraron el extenso jardín ni las huertas que tenía. Hacia finales del siglo, el entonces llamado Palacio de los Virreyes, concebido para la defensa, tenía el aspecto de una fortaleza, con dos torres en las esquinas protegidas por artillería, con pocas ventanas y con troneras para la fusilería". Este palacio era mucho más pequeño que el actual, con solo dos patios y dos alturas; tenía solo tres puertas, dos daban a la Plaza Mayor y una a la calle de las huertas.[1]

Durante el gobierno del virrey fray García Guerra, entre los años 1611 y 1612, se construyó una plaza de toros, en la parte oriental del palacio, que resultó destruida por un terremoto.[3]

En este siglo el Palacio Virreinal consolidó su imagen como símbolo del poder político. Puertas adentro el virrey y su corte vivían al modo aristocrático de las casas reales europeas, con sus distintas reuniones y festividades, la élite novohispana exhibía su abundancia y preeminencia social.

El 15 de enero de 1624 una revuelta de indígenas, mulatos y mestizos incitados por religiosos y encabezados por el arzobispo Juan Pérez de la Serna, irrumpieron en el palacio al grito de consignas contra el gobierno y el virrey Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel (quien logró escapar disfrazado como uno de los rebeldes) al tiempo que el edificio era dañado y saqueado.

El siguiente virrey, Rodrigo Pacheco y Osorio, ordenó la reparación de los daños y embellecimiento del edificio. Las obras estuvieron a cargo del arquitecto Juan Gómez de Trasmonte, quien a partir de 1628 construyó un conjunto de habitaciones para el virrey y doce balcones con barandales de hierro que daban a la Plaza Mayor. De esos años data la ampliación definitiva de la fachada principal; el aspecto de esta, en aquellos días, consistía en unos portales con arcos de cantera que enmarcaban tres puertas. Al centro de ella había un remate coronado con almenas que mostraba un reloj. Contaba dos niveles y cuatro patios, además de dos puertas laterales en las fachadas sur y norte[4]

El 8 de junio de 1692, una terrible hambruna propició el motín de unos ocho mil indígenas en la Ciudad de México, que se reunieron en la Plaza Mayor para exigir comida. El virrey Gaspar de la Cerda y Mendoza ordenó a los soldados disparar a la multitud desarmada, entre los muertos se contabilizó una mujer embarazada, esto provocó que la gente se hiciera justicia irrumpiendo en el Palacio Virreinal y Ayuntamiento dónde quemaron los edificios y saquearon oficinas, casas particulares y comercios en toda la Ciudad de México. El erudito Carlos de Sigüenza y Góngora intentó salvar muchos de los archivos coloniales que se guardaban en ambos edificios. Al amanecer el día posterior al motín el estado del Palacio era desolador. Muchas áreas de la sólida construcción quedaron hechas cenizas, siendo la zona más devastada la que rodea el Patio de Honor. El virrey Cerda y Mendoza dedicó los meses siguientes a apresar miles de personas acusadas de participar en el incendio y saqueo, ejecutando públicamente a cientos sin comprobar participación ni juicios. [1]

Siglo XVIII[editar]

Antes del incendio, y posteriormente, se cuenta que el Palacio Virreinal tenía un estado tal que recordaba un muladar. En su interior había cuartos de habitación de puesteros de la plaza, bodegas para guardar frutas y otros comestibles, fonda y vinatería que se llamaba la botillería, panadería con amasijos, pulquerías, zonas de juego público de naipes y juego de boliche, donde incluso se podía terminar la parranda por la mañana. Todo esto causaban montones de basura que se acumulaban en el interior del Palacio.[1]

El Palacio quedó en ruinas varios años, pero en 1711, bajo las órdenes del virrey Pedro Cebrián, se reinició la reconstrucción, manteniendo la composición básica original de dos patios y dos pisos, pero con acabados más moderno tipo Barroco y dejando de lado mucho de su aspecto de fortaleza. Las obras se enfrentaron a la continua falta de presupuesto, que llegaron a costar 195,500 pesos, razón por la cual el Palacio se mantuvo en obras continuas casi todo el siglo XVIII. En esta época también se construía el nuevo edificio de la Catedral, con el frente a la Plaza Mayor. El Palacio se amplió hacia el Norte, hasta llegar a la calle de Moneda, con patios más pequeños y habitaciones para el virrey, con una pequeña puerta que daba directo a la cárcel de Palacio.[1]

Con la llegada del virrey Juan Vicente de Güemes II, Conde de Revillagigedo, que se inicia la limpieza y dignificación del Palacio y la Plaza Mayor; realizando con ello los más importantes trabajos de mantenimiento, funcionalidad y belleza hasta entonces hechos al inmueble. En 1789 se emitió el primer reordenamiento del comercio ambulante e higiene, que desalojó a los comerciantes del Palacio, la Plaza Mayor y las calles de la ciudad de México, aunque con su sucesor en el cargo la situación volvió a lo que solía, pero fuera de Palacio.[1]

Durante esa época solo la Capilla Real, construida en la parte oriental, se mantuvo a salvo; ésta tenía pintado el martirio de Santa Margarita por la mano del sevillano Alonso Vázquez. Al sur de la capilla; y tras los edificios de la Casa de Moneda (hoy Museo Nacional de las Culturas) se realizó el Jardín Botánico, que servía de paseo a los habitantes del Palacio.[1]

Siglo XIX[editar]

Recinto parlamentario al interior de Palacio; sede del congreso entre 1829 y 1872
Campana original usada por Miguel Hidalgo la madrugada del 16 de septiembre, en el llamado Grito de Dolores, fue trasladada desde Dolores Hidalgo por orden del Presidente Porfirio Díaz

El 15 de septiembre de 1808 fue escenario del primer golpe de estado que se recuerde en territorio novohispano, cuando elementos armados tomaron el palacio y aprendieron al virrey José de Iturrigaray, quien apoyaba abiertamente los intentos autonomistas del Ayuntamiento de la capital, encabezado por Francisco Primo de Verdad y Ramos y Melchor de Talamantes, entre otros.

El 27 de septiembre de 1821, después de un desfile por parte del ejército Trigarante, desde el Palacio del Ex Arzobispado, en Tacubaya, Juan O'Donojú entrega el gobierno virreinal a Agustín de Iturbide. Al día siguiente, el 28, se instaló en el Salón de recepciones del antes Palacio Virreinal, la Junta Provisional Gubernativa, que emitió el Acta de Independencia del Imperio Mexicano quedando en espera de que el rey español Fernando VII reclamara para si el trono de México, según el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. Fernando VII rechazó la independencia de la Nueva España y por ende el trono mexicano. El 19 de mayo de 1822 el Congreso proclamó a Iturbide como emperador, aunque Agustín I continuó viviendo en el palacio de los condes de San Mateo de Valparaíso (actualmente el Museo Palacio Cultural Banamex, también conocido como Palacio de Iturbide), el Palacio virreinal pasa a ser llamado Palacio Imperial. A pesar de las intenciones de transformar el inmueble en un recinto mucho más fastuoso, el gobierno imperial, limitado por la inestabilidad económica y política del naciente país, apenas alcanzó a modificar ligeramente la fachada del edificio; algunos de los cambios fue pintar la fachada principal con un diseño de almohadillados estilo renacentista y la colocación de adoquines en las garitas laterales de cada puerta.[1]

Tras la caída de Iturbide en 1823, en el templo de San Pedro y San Pablo (actualmente el Museo de la Luz de la UNAM) se llevan a cabo las secciones del Congreso Constituyente, que firma el Acta Constitutiva de la Federación Mexicana y, posteriormente, la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824. Fundada la República, el Congreso decretó que todos los lugares que en su nombre llevaran los términos de "Imperial" serían sustituidos por el de "Nacional".[5] y por ello, el Palacio adoptó desde entonces el nombre de Palacio Nacional. Se remodeló para dar cabida a los tres poderes federales que se formaron en la nueva república: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.[1]

Para entonces, la construcción del Palacio cubría ya toda la fachada poniente que daba a la Plaza Mayor.

Los posteriores golpes de estado y revueltas afectaron en menor o mayor medida al Palacio Nacional. Las obras de reconstrucción y adecuación fueron continuas durante el siglo XIX y por causa de los movimientos políticos y simples accidentes, se fueron perdiendo obras artísticas de la época colonial. También se dio la ocupación indebida de espacios, y la anulación de la pequeña puerta que conectaba con la cárcel en 1831 para mejorar la seguridad de las habitaciones presidenciales.[1] El 15 de marzo de 1825, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se estableció en la esquina noroeste del Palacio Nacional, lugar donde permaneció hasta 1855.[6] Pero sobre todo, lo que más lo transformó, fue la edificación del Recinto Parlamentario en 1829, creado para albergar la Cámara de Diputados y que habría de incendiarse en 1872.[7] En julio de 1840, la revuelta federalista de Valentín Gómez Farías y José Urrea ocasionó graves daños al palacio, entre ellos un cañonazo que derribó parte de la fachada en una las torres del inmueble.

Palacio Nacional entre 1880 y 1900

A raíz de la guerra entre México y Estados Unidos, luego de la toma del último reducto que protegía la ciudad en el Castillo de Chapultepec, el 14 de septiembre de 1847, el ejército estadounidense entró en la plaza principal de la Ciudad de México e izó su bandera en el Palacio Nacional, en señal de victoria, aunque por instrucciones del General Winfield Scott se respetaron las instalaciones. De esta manera, el 16 de septiembre de 1847 en que se celebraría la independencia de México, los estadounidenses concretaban la ocupación del país. La ocupación del ejército de Estados Unidos terminó tras la firma (2 de febrero) y ratificación del Tratado de Guadalupe Hidalgo el 30 de mayo de 1848 por el que se perdió más de la mitad del territorio mexicano. La desocupación del Palacio Nacional se realizó hasta el 28 de junio del mismo año. Al día siguiente se izó de nuevo la bandera nacional mexicana en una ceremonia.[1]

En 1852 durante el gobierno del presidente Mariano Arista se llevaron a cabo las primera reformas significativas en Palacio Nacional: Se restauraron los patios del ala norte, que habían quedado abandonados desde que saliera de ahí la cárcel en 1832; se abrió el pasillo que comunica esta área con el patio central por la parte superior; se cambiaron pisos, puertas y ventanas; se dictaron reglamentos para recuperar zonas ociosas y se abrió la tercera puerta de la fachada principal, de uso exclusivo del presidente de la república y conocida más tarde como Puerta Mariana en honor al citado mandatario. El día 5 de febrero de 1857 en el recinto legislativo de Palacio se jura frente a un crucifijo la Constitución de 1857, de corte liberal.

Durante la Guerra de los Tres Años o Guerra de Reforma de 1857 a 1861, el país tuvo dos gobiernos simultáneos: por un lado, desde el Palacio Nacional, se mantenían los presidentes del gobierno conservador. Por otro, el presidente Benito Juárez instaló al gobierno federal en el puerto de Veracruz de donde ingresará a la Ciudad de México hasta enero de 1861.

El 31 de mayo de 1863, durante la Intervención francesa, Benito Juárez se vio obligado a dejar la capital y por tanto al Palacio Nacional, que simbólicamente, cierra la puerta central.[1] En junio de 1863 el ejército francés ocupó el Palacio Nacional y por breve tiempo de 1863 a 1867, nuevamente se le llamará Palacio Imperial, durante el Segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo, aunque no lo usó como residencia, ya que en 1863 el emperador cambió su residencia al Castillo de Chapultepec, dejando al Palacio como un edificio puramente administrativo y de protocolo. No obstante lo anterior, ordenó diversas obras en su interior para que adquiriera un toque majestuoso y dejar atrás algo del estilo sobrio que le caracterizaba, convirtiéndolo en un lugar ideal para bailes y recepciones oficiales, y sede de lujosas oficinas públicas. En esta época se construyó la escalera de la Emperatriz que comunica el pasillo que da acceso al patio central con el primero de los patios marianos. Por instrucciones del emperador, se convirtió a todos los salones del frente de la fachada principal en un solo e inmenso salón, destinado para banquetes, recepciones oficiales y fiestas de la corte imperial; las paredes se tapizaron con tapiz carmesí que tenía grabado el escudo imperial; se instalaron candelabros de bronce, jarrones de mármol blanco. En los salones se instalaron finos muebles europeos y se colocaron a manera de galería, en los pasillos principales de las áreas del emperador, retratos de los principales héroes de la independencia de México. Las adecuaciones imperiales se hicieron de acuerdo al proyecto de los arquitectos Ramón Rodríguez Arangoiti y Ramón Agea.[8]

Derrotado el imperio de Maximiliano, el 15 de julio de 1867 el presidente Benito Juárez regresó a la Ciudad de México, abrió simbólicamente las puertas centrales de Palacio Nacional y presidió, desde el palco central, el desfile triunfal.[1]

Pocos años después, con el bronce de varios cañones capturados al conservador Miguel Miramón en Calpulalpan, y con el de los obuses que sirvieron para la defensa de Puebla durante el sitio de 1863 se llevó a cabo la estatua sedente del presidente Juárez que se encuentra entre el primer y segundo Patios Marianos.

Ya durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz fueron realizadas varias obras de infraestructura, adecuación y modernización del Palacio. Una de ellas fue la creación de una puerta especial para el acceso directo a las oficinas del Ejecutivo en el costado surponiente. Asimismo, se instalaron la primera línea de energía eléctrica y el primer elevador de la ciudad de México, en las áreas de oficinas del presidente, y que aún hoy sigue siendo de uso exclusivo del jefe del ejecutivo federal.

El 14 de septiembre de 1886 se llevó a cabo con una ceremonia oficial la instalación de la campana original del templo de Dolores Hidalgo en Guanajuato, la cual fue transportada con honores militares. La llamada Campana de Dolores se ubica en sobre el balcón central de Palacio que da al Zócalo, en un nicho que fue especialmente construido, por lo que se demolió el original copetón del centro. Es a partir de entonces que se usa para celebrar el aniversario del Grito de Dolores.[1]

Interior del Palacio Nacional (Claustro).
Balcón central de Palacio Nacional, desde el cual, el Presidente de México encabeza las Ceremonias del Grito de independencia el 15 de septiembre y el Desfile militar del 16 de septiembre

El último presidente que usó el Palacio Nacional como residencia fue Manuel González, quien terminó de rehabilitar el Castillo de Chapultepec, mismo que seria usado como residencia por su sucesor Porfirio Díaz, siguiendo los pasos de Maximiliano y Lerdo de Tejada. Aunque continuó siendo la sede del Poder Ejecutivo, albergando las oficinas principales de las secretarias de Guerra y Marina, de Gobernación y Hacienda siendo esta última la única que queda a la fecha dentro de Palacio; Además de la comandancia de la Primera Zona Militar.[1]

Siglo XX[editar]

Para las fiestas del Centenario de la Independencia, Díaz ordenó en 1901 la rehabilitación casi total del palacio, salvo por el Salón de Recepciones, pero el estado actual del resto de las áreas protocolarias del Palacio Nacional son de esta época. Destacan de estos trabajos los plafones de algunos salones, el Salón Panamericano y la colocación de otro elevador en el área de Hacienda. Es así como durante 1910 se llevan a cabo diferentes ceremonias en Palacio, siendo de estas la más vistosa y última la "Apoteosis de los Héroes" el 6 de octubre en el Patio Central, para lo cual se construyó con madera y otros materiales varios monumentos alegóricos, siendo el principal un catafalco ubicado en el centro del Patio Central el cual se techo totalmente. Durante el denominado Porfiriato, el palacio alcanzó una etapa de esplendor en la que (alternando con la residencia oficial el Castillo de Chapultepec) fue el escenario de innumerables ceremonias y festividades que enaltecían la figura presidencial y revestían al inmueble de la categoría de recinto de gobierno que no tenía desde la época virreinal.

Es así como durante la Revolución Mexicana y principalmente durante la Decena Trágica, que el Palacio Nacional recibe los daños de la guerra, teniendo el daño más fuerte en la zona de oficinas de la presidencia al sur del palacio.

En 1926 se inauguró el Salón de la Tesorería (en el espacio que ocupaba la Tesorería desde 1891) y se realizó una reforma profunda al edificio, cuando el presidente Plutarco Elías Calles mandó construir la galería o tercer nivel de toda la construcción, así como sustituir la piedra blanca de la fachada por el actual tezontle rojizo que lo caracteriza y cambiar muchas de las características que hasta entonces lo distinguían, como eran las estatuas de ángeles sobre las puertas laterales del frente. Entre 1930 y 1951 es cuando se realizan las pinturas murales de Diego Rivera en la Escalera de la Emperatriz y en el corredor del segundo piso del Patio Central.

En 1945, el presidente Manuel Ávila Camacho ordenó la creación de las Galerías de los Presidentes y de los Insurgentes, que se ubican en el segundo nivel de los patios que dan al Patio de Honor en la zona de presidencia.

Con la transformación de la figura presidencial en el eje de la vida política del país a partir de la década de 1920, los símbolos del poder de esta (la silla y banda presidencial; los Pinos, etc.) se convirtieron en actores de los rituales que daban significado e imagen al ejercicio del poder. Desde luego el Palacio Nacional fue parte de estos elementos simbólicos, especialmente porque, al funcionar como despacho presidencial, se volvió el centro emisor de las decisiones y mandatos del presidente de la república. El inmueble era parte importante en ceremonias como la toma de posesión, donde el presidente, luego del desfile multitudinario que lo trasladaba desde la sede del Congreso, iniciaba sus actividades con el tradicional saludo y foto oficial con los integrantes del gabinete presidencial. En la ceremonia del informe presidencial, el mandatario asistía a Palacio para colocarse la banda presidencial e iniciar el recorrido a la sede del congreso. En tanto que el Balcón central se convirtió en la tribuna de honor desde donde el Comandante supremo encabezaba los desfiles conmemorativos del 1 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre. Además de ser el punto de encuentro en manifestaciones de apoyo popular al primer mandatario en el Zócalo, como ocurría en la mencionada toma de posesión o en alguna de las múltiples demostraciones de lealtad de organizaciones campesinas, obreras y populares afiliadas al partido oficial PRI.

Al inicio de la segunda mitad del siglo XX, surgió un desprecio y descuido por la herencia colonial en el centro de la ciudad de México se realizaron obras que contrastaban burdamente con los edificios virreinales. Así por ejemplo edificios tan antiguos como el Hospital de Jesús fueron desfigurados con áreas modernas. El Palacio Nacional no se quedó exento de estas ideas y en la década de 1960, en la parte oriente del antiguo huerto, fueron construidos los edificios Landa para albergar más oficinas de la Presidencia, la Primera Zona Militar y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con una arquitectura que en nada armonizaba con el entorno del lugar.

Contrario a lo anterior en 1972, se rehabilitó el Recinto Parlamentario con base a litografías y descripciones del siglo XIX, reinaugurándose con una sección especial del Congreso de la Unión el 18 de julio,[9] por estos años también se habilitaron otros salones con ideas vanguardistas que contrastaban con el origen colonial del edificio, como lo fue el vestíbulo del Recinto Parlamentario, entre otros.[10]

El 1º de mayo de 1984, un individuo lanzó dos bombas molotov, una hacia la Puerta Mariana y otra hacia el balcón presidencial de Palacio Nacional, justo cuando el presidente Miguel de la Madrid presenciaba el tradicional desfile obrero, resultando heridas algunas personas.[11]

Después del sismo del 19 de septiembre de 1985 que sacudió la capital de la República, se desocuparon los edificios Landa (que resultaron dañados por los terremotos), junto con otros espacios. Además se tornó preocupante el asentamiento del edificio, principalmente porque comenzó a ser de manera altamente irregular y acelerado. Con lo cual se iniciaron trabajos de rescate del inmueble, no para remodelarlo, sino para evitar su colapso. Principalmente se atacaron problemas de cimentación.

Otra intervención se realizó entre 1999-2000 por órdenes del presidente Ernesto Zedillo; en estos trabajos se incluyó la remodelación de la capilla, la demolición de los edificios Landa y otros más antiguos con el fin de recuperar 14 mil metros cuadrados, la idea fue habilitar espacios para la instalación de salas destinadas a exposiciones museográficas permanentes, por lo que ahora se contaba con un museo que alberga copias del Acta de Independencia, el Tratado de Córdoba, entre otros documentos. En los trabajos de restauración se tomó darles un estilo más apegados al siglo XIX a los salones habilitados como vanguardistas en las décadas pasadas, se estableció el jardín botánico en remembranza del de Moctezuma y el Jardín de la Emperatriz, el primero se hallaba originalmente donde hoy esta la Torre Latinoamericana, el segundo ocupó parte del huerto de Palacio.

Además el presidente Ernesto Zedillo es quien emite un reglamento para el uso del palacio determinando la creación de la Conservaduría del Palacio Nacional, compuesta por miembros de diferentes ramas del gobierno federal, lo que limita la preeminencia que había tenido el ejecutivo en la administración del inmueble a través del Estado Mayor Presidencial, por lo que la seguridad, mantenimiento y administración del inmueble se divide entre la Secretaria de Hacienda (que controlan la zona abierta al público en general), la Secretaria de la Defensa Nacional quienes controlan los edificios del oriente que dan a la calle de Correo Mayor pertenecientes entonces a la Primera Zona Militar; y la Presidencia de la República quienes a través del Estado Mayor Presidencial controlan el Patio de Honor y la zona de oficinas del presidente.[12] [13]

Frente del Palacio Nacional.

Siglo XXI[editar]

Jardín de Palacio Nacional.

Durante la administración del presidente Vicente Fox se da el primer intento serio de abandonar el edificio por parte de la presidencia, por lo que el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público Francisco Gil Díaz toma áreas administradas por Hacienda como oficinas, desalojando las muestras museográficas, aunque muda muchas de sus actividades al edificio de Av. Constituyentes 1001. La idea era convertir las áreas de Presidencia a un museo de sitio, pero la presión de varios sectores sociales obligó a abandonar la idea.[14] Aunque se terminaron los trabajos de remodelación del vestíbulo del Recinto Parlamentario, se abrió el archivo de Francisco I. Madero.[15]

En noviembre de 2006 se inauguran los nuevos edificios que dan a la calle de Correo Mayor, que sustituyen a los edificios Landa, estos son destinados a oficinas y cuartel perteneciente a la Primera Zona Militar, que son compartidos por el Estado Mayor Presidencial ya que permiten contar por primera vez, contar con un estacionamiento para funcionarios y visitantes especiales, a este edificio se le cuidaron sus fachadas para mantener la armonía arquitectónica con el resto del conjunto.[14]

Con motivo de los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, el presidente Felipe Calderón Hinojosa autorizó el remozamiento del Palacio y de la Casa de Moneda (actualmente Museo Nacional de las Culturas), con el fin de integrarlos en un solo conjunto que cubre toda la manzana. Los trabajos son principalmente en la fachada y su acera principal, trabajos de cimentación con la inyección de lodos con Bentonita.

Destaca de entre los festejos del Bicentenario de la Independencia, el rescate de muchas de las áreas destinadas para museografía que habían sido invadidas por la Secretaría de Hacienda, junto con otros espacios, integradas en la Galería Nacional inaugurada el 5 de septiembre de 2010 por el presidente Calderón con la exposición México 200 años: La patria en construcción[16] (abierta al público a partir del 19 de septiembre).

En esta exposición destacó la exhibición de once urnas con los restos de los catorce héroes que reposan en la Columna de la Independencia: Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Mariano Matamoros, Francisco Xavier Mina, José María Morelos y Pavón, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Guadalupe Victoria, Pedro Moreno y Víctor Rosales; los cuales fueron exhumados del Monumento de la Independencia el 30 de mayo y llevados para su estudio al Castillo de Chapultepec, y recibidos con honores en Palacio Nacional el 16 de agosto, los cuales estuvieron en exhibición hasta el 30 de julio de 2011, exactamente al cumplirse el bicentenario de la ejecución de Miguel Hidalgo, fecha en que regresaron a la Columna de la Independencia y en que concluyó la exposición.[17] Asimismo, en la exposición México 200 años: La patria en construcción se exhibieron documentos como el Acta de Independencia, los Sentimientos de la Nación; así como banderas, muebles y artículos de gran valor histórico.[16]

Al igual que los festejos del Centenario en 1910, el Palacio Nacional volvió a ser el gran protagonista en una festividad de enorme relevancia, cuando la noche del 15 de septiembre de 2010 fue el escenario culminante de las celebraciones en el Zócalo por el Bicentenario de la independencia. Un espectáculo con llamas danzantes surgidas de la parte superior de la fachada, acompañadas de música y concluido con fuegos artificiales, dieron paso al celebre Grito de Dolores.

Con el antecedente y el marco de una ceremonia de traspaso de funciones, improvisada la noche del 30 de noviembre de 2012; Enrique Peña Nieto, se convirtió en el primer presidente desde Gustavo Díaz Ordaz en despachar en este inmueble, incrementando las actividades oficiales y de trabajo en el recinto, hasta entonces hechas en la Residencia Oficial de los Pinos por los últimos mandatarios.[18]

El 6 de noviembre de 2014 un grupo de personas incendio la puerta principal del Palacio en medio de las protestas derivadas por la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero.[19]

El 13 de febrero de 2016 recibió la visita de estado del Papa Francisco en su calidad de Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano; recepción del máximo jerarca de la Iglesia católica, inédita en la historia del recinto.

El Palacio hoy[editar]

Fuente en el patio de Palacio Nacional.
Salón de la Tesorería, ubicado en la planta baja. Hoy usado para reuniones plenarias de autoridades federales y estatales

El Palacio continúa siendo la sede oficial del Poder Ejecutivo, aunque ya no es la residencia oficial del Presidente (trasladada a Los Pinos en el área del Bosque de Chapultepec). Sin embargo, aquí se realizan importantes actos protocolarios del Presidente, como jefe de estado: celebración del Grito de Dolores, desfiles militares conmemorativos de la Independencia y de la Revolución Mexicana, mensajes del Presidente con motivo de sus informes de gobierno, recepción de Jefes de Estado y de gobierno extranjeros, recepción de credenciales del cuerpo diplomático acreditado en el país, entre otros eventos.

Fachadas[editar]

Situado en el lado oriente del Zócalo de la Ciudad de México, Palacio Nacional es el inmueble más grande de los edificios que rodean la Plaza y uno de los conjuntos arquitectónicos de mayores dimensiones del país. Su fachada principal, revestida con piedra de chiluca y tezontle, muestra, en su parte inferior y media, un estilo barroco sobrio de los siglos XVII y XVIII, y en su parte superior, construida entre 1926 y 1928, el estilo llamado neocolonial.

La fachada principal de Palacio Nacional muestra tres ejes que corresponden a sus respectivas entradas monumentales. Los ángulos noroeste y suroeste rematan en torreones de estilo militar. El basamento abarca la planta baja, tiene 25 ventanas rectangulares de pequeñas proporciones El nivel inmediato superior ostenta el mismo número de ventanas, pero de mayores proporciones y protegidas con reja de hierro forjado. La mitad superior, con 39 grandes ventanas balconadas, está revestida con tezontle en varios tonos. Al tercer piso se le conoce como galería y posee 60 ventanas.

Dotado de tres portadas, correspondientes a sus puertas monumentales, destaca la central por su simbolismo: en lo alto se observa la campana de Dolores, uno de los objetos históricos de mayor relevancia para la historia mexicana. Debajo de ella se alza el Balcón Presidencial. Remata la portada el escudo nacional flanqueado por un caballero águila y otro español.

Las portadas laterales descubren las puertas denominadas Mariana y de Honor; la primera, ubicada en el ala norte, es así conocida en memoria del presidente Mariano Arista, quien la mandó construir en 1852; la otra, orientada al sur, recibe su nombre por el hecho de ser la puerta reservada para uso del Presidente de la República. Esta costumbre data de tiempo atrás cuando los mandatarios se dirigían del Castillo de Chapultepec o de Los Pinos a sus labores en Palacio. Al arribo del mandatario se despliega para su recibimiento una valla de honor de las guardias presidenciales. La fachada cierra en sus extremos con dos densos torreones de estilo militar revestidos de cantería.

La fachada lateral norte se extiende a lo largo de la calle de Moneda, la primera de dos partes presenta los mismos elementos formales de la fachada principal pero en un estilo más sobrio y puro característico del siglo XVIII. La segunda parte consta de tres pisos y es, casi en su totalidad, la original del siglo XVIII. Destaca la portada que da acceso al Museo de las Culturas, cuya imponente puerta exhibe ornamentaciones neoclásicas. A los costados de la puerta se levantan dos pares de columnas corintias rematadas con un friso de estilo siglo XVII, el cual sostiene una ventana balconada flanqueada por dos columnas jónicas. La gran portada termina con un frontón de estilo neoclásico y un águila en bronce, agregados, seguramente, durante la época del presidente Porfirio Díaz.

El lado oriente muestra una fachada divida en cuatro segmentos de diversas proporciones y estilos. La esquina que conforman las calles de Moneda y Correo Mayor ostenta el mismo estilo arquitectónico de la fachada principal del Museo de la Culturas, no así la fachada adyacente de la antigua Procuraduría, la cual permite observar el estilo neocolonial predominante de las primeras décadas del siglo XX con sus grandes ventanas y balcones enmarcados en cantería. El segmento inmediato muestra la fachada denominada Constanzó, construida en el siglo XVIII en un estilo que puede clasificarse como versallesco, aunque con elementos estilísticos de Luis XVI; entre sus características, destaca el revestimiento en tezontle rojo y los altorrelieves de amorcillos, guirnaldas, figuras humanas, trofeos e instrumentos musicales que se observan en los diversos tableros situados arriba de los ventanales. En el segmento que cierra la fachada oriente, en la esquina de las calles de Correo Mayor y Corregidora, se levantan dos edificios reconstruidos en tiempos recientes, cuyas fachadas presentan el estilo sobrio característico de los años en que se aumentó el cuarto piso a Palacio Nacional.

La fachada lateral sur la forman tres partes que, en lo fundamental, siguen el estilo que impuso el arquitecto Petriccioli a Palacio Nacional entre 1926 y 1928; no obstante, la fachada intermedia, que antes correspondía al Archivo General de la Nación, guarda elementos que permiten imaginar la antigua fachada del Palacio Virreinal.[20]

Áreas de Presidencia[editar]

Ubicadas en el ala sur de Palacio Nacional, las áreas protocolarias de la Presidencia de la República ocupan los salones que asoman a la Plaza de la Constitución y a la calle de Corregidora. En sus orígenes éstas fueron las habitaciones de los virreyes y alojaron el aparato de la administración real. Fue también, durante diversos momentos del siglo XIX, residencia de presidentes y de los emperadores Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica. La arquitectura de sus espacios ha sufrido múltiples transformaciones al paso de su historia; sin embargo, exhiben abundantes objetos ornamentales y obra plástica de la época del Segundo Imperio y conservan aún el gusto artístico predominante de la época de esplendor del porfiriato.

En la primera planta, al final del corredor surponiente, se abren las puertas que llevan a un pequeño salón conocido como Juárez, cuyo nombre se debe a Benito Juárez. Se sabe que por este salón el presidente cruzaba a diario para dirigirse de su despacho a sus austeras habitaciones, que se encontraban en el ala norte de Palacio. Entre los elementos que adornan este salón destacan los óleos del revolucionario y reformador agrarista Emiliano Zapata y del escritor y libertador cubano José Martí realizados por Antonio Albanés García y E. Valderrama, respectivamente.

Contiguas al Salón Juárez se localizan las galerías de los Insurgentes y de Presidentes, que sirven de antesala a los salones presidenciales. Situada en el corredor poniente, la Galería de los Insurgentes exhibe una colección de retratos de algunos de los próceres de la independencia nacional. El propósito de esta galería fue exaltar a los héroes nacionales que llevaron a México a convertirse en una nación libre y soberana. El emperador Maximiliano de Habsburgo fue el iniciador de este reconocimiento, cuando en 1865 se realizaron algunos de los óleos más importantes que aquí se muestran. De esta época destacan los retratos de Miguel Hidalgo y Costilla, pintado por Joaquín Ramírez, Mariano Matamoros de José Obregón y Agustín de Iturbide de Petronilo Monroy. Esta galería fue originalmente conocida como la Galería de Iturbide, y se situó en lo que hoy es el Salón de Embajadores.

La Galería de los Presidentes, situada en los pasillos del primer piso del área de gobierno, fue creada en 1945 por el entonces Presidente de México Manuel Ávila Camacho. Sobre sus muros pende una serie de retratos de diversos mandatarios de los siglos XIX y XX. Se sabe que algunos de ellos posaron para las pinturas; tal fue el caso del retrato de Mariano Arista (1851), quien con uniforme de gala posó para el pintor Edouard Pingret. Muchos otros son recreaciones realizadas por el prolífico pintor Carlos Tejeda entre 1945 y 1946. Sobre los corredores también se exhiben otros objetos de arte, como un juego de candelabros de procedencia francesa traídos a Palacio Nacional durante la época del Segundo Imperio.

Los salones presidenciales se componen de un conjunto de áreas conocidas como el Salón Azul, Salón Verde, Salón Morado —así denominados por el color de sus tapices—, el Salón de Embajadores y el Salón de Recepciones, además del Despacho Presidencial, el Comedor y el Antecomedor, entre otros. Esta división en salones fue realizada en 1901, durante la época de esplendor del porfiriato, por el ingeniero Gonzalo Garita, con motivo de la celebración del Segundo Congreso Panamericano (1902).[21]

Despacho Presidencial[editar]

El Despacho Presidencial, es considerado el centro emblemático de Palacio Nacional y símbolo de poder para los mexicanos y su clase política. Anterior a los años treinta del siglo XX, este espacio estuvo acondicionado como área de descanso. Hoy en día resguarda un nutrido grupo de muebles de estilo renacentista italiano y francés, entre los que destacan el sillón presidencial y el librero, cuyo frontón, soportado por dos cariátides de madera, exhibe en su centro el escudo nacional. En 1901 esta área fue llamada "Sala Privada".[1]

Salón de Recepciones (que cuenta con el Balcón Central)[editar]

Es el área de mayor dimensión en la zona presidencial. Tiene cinco ventanales, con sus correspondientes balcones a la Plaza de la Constitución, el del extremo norte queda bajo la campana de la Independencia y es utilizado exclusivamente por el Presidente en los grandes eventos cívicos, especialmente la noche del 15 de septiembre en la conmemoración del Grito de Dolores y el desfile militar del 16 de septiembre conmemorativo del inicio de la independencia. Se ubica a un costado del actual Salón de Embajadores, y fue el único que no se remodeló durante las obras de 1901. En la época Colonial se le llamó Salón del Trono, por encontrarse ahí el asiento con grada y dosel que ocupaba el virrey en las ceremonias. Durante la vida independiente en este lugar estuvo cautivo Benito Juárez debido a la revuelta conservadora ocasionada por el Plan de Tacubaya en 1857, preso por órdenes del entonces presidente Ignacio Comonfort. Las vigas de cedro fueron admiración de Maximiliano de Habsburgo, quien lo utilizó como Salón de Fiestas. En 1902 con motivo de la fiesta de recepción a los representantes del Segundo Congreso Panamericano, se utilizó como espacio complementario del Salón de Embajadores. Este salón guarda cuatro óleos monumentales que representan algunos episodios militares de la historia de México; tres de éstos fueron ejecutados durante la presidencia de Porfirio Díaz. El salón se incendió en 1909 y posteriormente fue acondicionado por la proximidad de las Fiestas del Centenario de la Independencia.[1]

Salón de Embajadores[editar]

Llamado así por ser el salón donde se presentan las cartas credenciales para embajadores y cónsules acreditados en México, ceremonia presidida por el presidente de la República. Este lugar ha sido testigo de acontecimientos históricos, por citar algunos: el 28 de septiembre de 1821 se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano; en 1872 estuvo expuesto por tres días el cuerpo de Benito Juárez, fallecido el 18 de julio; asimismo el 10 de septiembre de 1921, se llevó a cabo el acto conmemorativo del primer centenario de la consumación de la Independencia de México.[1]

Salón Morado[editar]

Conocido a principios del siglo XX como "Sala de Ayudantes". Fue restaurado durante el régimen porfiriano. Este salón debe su nombre al color del tapiz que hace juego con un jarrón morado de porcelana que le fue obsequiado a Carmen Romero Rubio de Díaz, segunda esposa de Porfirio Díaz, el cual ostenta una placa de bronce con las iniciales C.R.R. de D.D grabadas. Un óleo del Virrey Don Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla, Segundo Conde de Revillagigedo, pintado por Carlos Tejeda en 1946, cuelga de la pared. Al igual que en otros salones, pende del techo un candil francés en bronce dorado y cristal, estilo Primer Imperio y sobre las paredes, cuatro arbotantes con figuras de ángel en bronce iluminan el lugar, decoración que otorga majestuosidad y belleza.[1]

Salón Verde[editar]

A principios del siglo XX, este Salón fue conocido como el "Primer Salón de Audiencias" o como "Salón de Ayudantes". Más tarde se le llamó "Salón de los Secretos", pues ahí tenían lugar las reuniones entre los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Es el único salón que cuenta con doble puerta. Del plafón pende un candil de cristal de Bacarat, con cuarenta y cinco luces. En sus muros, tapizados en tela color verde, se muestran los retratos al óleo del Rey Carlos III de España y el del primer presidente de los Estados Unidos, George Washington. Entre los objetos decorativos, destaca un tibor de Sevres giratorio de porcelana verde con aplicaciones en bronce.[1]

Salón Azul[editar]

Área conocida originalmente como "Salón de Audiencias", está tapizado en color azul. Al centro del salón hay un candil de cristal estilo Luis XV y también comprende tres arbotantes de cristal cortado. Sobre uno de los muros, se encuentra un retrato al óleo del venezolano Simón Bolívar con el título de "Libertador de Colombia y Perú", réplica del original de Pablo Rojas pintado en 1825, y una escultura en bronce con el nombre de " La Jauría", que representa una cacería inglesa. En cada una de las puertas hay una columna y un dosel tallados en madera de cedro, colocados en la época del Presidente Plutarco Elías Calles, donde se puede apreciar el águila del Escudo Nacional.[1]

Salón Juárez[editar]

Salón que lleva el nombre de uno de los presidentes mexicanos que habitó Palacio Nacional en el siglo XIX. La costumbre de Benito Juárez, era trasladarse de sus habitaciones, situadas en el ala norte, al área de gobierno, atravesando este pequeño salón.[1]

Salón de Acuerdos[editar]

El Salón de Acuerdos, llamado originalmente "Sala de Ministros", hoy en día se ocupa para celebrar importantes sesiones de trabajo del presidente de la República con su gabinete y sirve de antesala a sus reuniones. Uno de los episodios históricos acontecidos en este salón fue la aprehensión del presidente Francisco I. Madero. Pese a la defensa de su guardia el presidente fue llevado a la intendencia de Palacio.[1]

Salón Morisco[editar]

Pequeño salón de fumadores de estilo morisco -muy en boga en México a finales del siglo XIX-, posiblemente ideado por el arquitecto Antonio Rivas Mercado. Se le llama de este modo porque su decoración está inspirada en el arte islámico. El plafón está trabajado en estuco. Las entradas tienen un arco de medio punto en forma de herradura, que descansa en columnas pareadas, semiocultas y apoyadas en basamentos. A excepción del espejo que es de origen francés, el resto se conserva en un estilo medio oriental. Esta sala es utilizada como lugar de reunión y forma parte de los salones de los mandatarios mexicanos.[1]

Comedor Presidencial[editar]

Estancia decorada estilo Luis XIV, que luce sus puertas, plafón y lambrines en encino de Alsacia. Puertas, ventanas y muebles están revestidos en seda roja. En el punto central de la pared norte se encuentra, la chimenea, escoltada por dos aparadores rematados por cuatro cariátides sosteniendo el mueble tridimensional. La mesa tiene lugar para cuarenta personas. Actualmente, forma parte de las áreas reservadas para las actividades presidenciales.[1]

Antecomedor Presidencial[editar]

Estancia decorada en 1901 a cargo del Ingeniero Gonzalo Garita, de hechura mexicana. El antecomedor está tapizado en seda con motivos florales y decorado con un plafón en artesonado de cedro y encino del que pende un candil de Bacarat de 15 luces. El piso forma un mosaico de diversas maderas: caoba, cedro, naranjo y ébano. Entre los muebles que adornan este salón destacan los cristaleros tallados en madera de nogal y encino y el conjunto de sillas pertenecientes al tren presidencial de Porfirio Díaz, donde se localiza el escudo nacional.[1]

Biblioteca Presidencial[editar]

Destaca por su acabados, las puertas, los cortinajes de terciopelo rojo y flecos dorados. La pared está recubierta con un tapiz de tela roja. Se pueden apreciar dos libreros de estilo Luis XVI, elaborados en madera con aplicaciones de bronce. La mesa del centro es de estilo ecléctico con reminiscencias del renacimiento francés, al igual que las dos sillas, elaboradas en madera de encino con incrustaciones de bronce y cubiertas con cuero marroquí.[1]

Biblioteca[editar]

Biblioteca pública ubicada en la planta baja de las áreas presidenciales, a un costado del Patio de Honor. Cuenta con un acervo de poco más de 22,000 volúmenes de información general.[1]

Patio de Honor[editar]

De forma trapezoidal y rodeado por una arquería que conserva elementos arquitectónicos del siglo XVIII, este patio es sitio para ceremonias cívicas y actos de gobierno de la Presidencia de la República. En su lado poniente, se abre la puerta que comunica a la Plaza de la Constitución y, al oriente, se levanta la escalera que conduce a los salones presidenciales.[1]

Áreas militares[editar]

Administradas por la Secretaría de la Defensa Nacional:

  • Instalaciones de la primera zona militar.
  • Jardín botánico de zona tropical
  • Jardín botánico de zona árida

Áreas de Hacienda[editar]

Administradas por la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, que no tienen acceso al público general[1] [editar]

  • Despacho del secretario de Hacienda y Crédito Público.
  • Sala de Juntas
  • Salón Verde
  • Salón Café
  • Salón Panamericano
  • Salón de los Escudos
  • Salón de los Retratos
  • Salón Guillermo Prieto (antes Salón de la Tesorería o Tesorería)
  • Pasillo de Cajas con dos Bóvedas de Seguridad
  • Escalinata de la Emperatriz
  • Oficinas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (varios edificios)
  • Colección Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público

Administradas por la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, con acceso al público en general:[1] [editar]

  • Museo de Sitio Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez (un museo de sitio con siete salas en las que se muestran los espacios que habitó Benito Juárez y también muchos otros objetos relacionados con su vida)
  • Salón de Homenajes del Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez
  • Recinto parlamentario (antigua Cámara de Diputados)
  • Vestíbulo del Recinto Parlamentario
  • Galería Nacional (inaugurada el 5 sep. 2010)
  • Biblioteca Fondo Histórico de Hacienda (Antigua Sala de Fundición de Casa de Moneda o Capilla)
  • Biblioteca y Archivo de Francisco I. Madero.
  • Escalinata principal (que cuenta con los murales de Diego Rivera)
  • Patio central
  • Patios marianos
  • Ventanas Arqueológicas prehispánicas y novohispanas
Mural de Diego Rivera

Fuente del Pegaso[editar]

La fuente ubicada al centro de Patio Central es una réplica de la original que existió hace más de 300 años en ése mismo sitio, esta tiene en parte superior una representación de un Pegaso, cuyo simbolismo se apega al mito griego de Perseo donde al matar a Medusa nace Pegaso que representa tres virtudes: el valor, la prudencia y la inteligencia ya que Perseo al decidirse a enfrentar a la Medusa fue valiente, al decidir no mirarla de frente fue prudente y al hacerlo a través del reflejo en su escudo fue inteligente. Se considera que estas tres virtudes deben formar parte del carácter de quien ocupe este palacio para gobernar al país.

Murales[editar]

Entre 1929 y 1951, el muralista Diego Rivera realizó cinco murales en la segunda planta en el tejado central, y el espacio de la escalera principal. Los cuales fueron restaurados durante el año 2009, con motivo de los festejos del Bicentenario de la Independencia Mexicana.[22]

Los murales del palacio nacional fueron pintados por el artista mexicano Diego Rivera, los cuales fueron realizados entre los años de 1929 y 1951, las obras narran con una extraordinaria síntesis e iconografía periodos significativos de la historia de México, ahí están representados el México precolombino y el México de la tercera década del siglo XX, sin omitir los periodos de la Conquista, el Porfiriato y la Revolución Mexicana. La composición y el modo de relatar los hechos históricos es muy parecida a las técnicas que utilizaron los antiguos mexicanos en sus pinturas y códices.

Aunque a un inicio estas obras tenían un fin educativo, hoy en día son un gran legado para la plástica mexicana. Dentro de los murales que podemos apreciar está el de la escalinata principal del Palacio Nacional, esta obra llamada México a través de los siglos o Epopeya del pueblo mexicano, representa a México en diversas etapas históricas.

La narración visual es cronológica y esta lectura inicia a nuestra derecha, hecho seguramente simbólico para el artista, el recorrido visual tiene inicio con la obra El mundo prehispánico, donde el personaje central es el legendario Quetzalcóatl, situado debajo de un templo y un sol invertido rodeado de discípulos, el siguiente mural describe la lucha del pueblo y ejército mexicano contra la invasión norteamericana (1846-1848). En éste se aprecian detalles que resaltan la defensa de la ciudad de México.

En el arco central del fresco de la escalera, Diego Rivera pinta lo que para él serían las dos grandes hazañas revolucionarias en la historia de México: la Independencia y la Revolución de 1910, en la siguiente obra se ilustra el Porfiriato y la Revolución Mexicana. La última parte de esta gran narración visual titulada México de hoy y mañana, 1945, muestra diversos hechos revolucionarios del siglo XX y ejemplifica la opresión de obreros y campesinos; así como las arraigadas creencias religiosas del pueblo. Aquí quedó reflejado el ideal comunista de Diego Rivera y sus aspiraciones políticas y sociales para el México del futuro.

En los pasillos del primer piso del Palacio Nacional se encuentran otros murales de Rivera, sin perder la temática inicial, el primero de ellos, La gran ciudad de Tenochtitlán, datado en 1945, donde se aprecia este islote rodeado de montañas y volcanes.

El segundo mural, La cultura Purépecha, establecida en los estados de Michoacán y parte de Jalisco, narra escenas de la industria textil.

La cultura Zapoteca, establecida principalmente en la región central de Oaxaca es otro mural que representa la vida cotidiana caracterizada por actividades artesanales como el trabajo de la filigrana de oro para la creación de joyas. El trabajo del oro y la joyería fueron algunas de las actividades económicas más importantes para este pueblo.

La siguiente obra de Rivera se titula La Cultura Totonaca, cultura situada al norte de Veracruz. En la parte central de este mural, se ve la ciudad de Tajín, en ella se practicaba el juego de pelota y la danza del volador.

Seguido de este mural se encuentra La producción de hule, pequeña obra que relata el uso que le daban a la savia del árbol del Tule, con la cual elaboraban las pelotas utilizadas en el juego ceremonial.

El Cultivo del maíz, la siguiente obra, se refiere a la importancia que este grano tenía para la gastronomía mesoamericana y que junto con el frijol, el chile y la calabaza se convirtieron en la base de la alimentación indígena.

En La Cosecha del cacao se expone este hermoso árbol cuyo fruto mezclado con agua produce el chocolate, bebida ceremonial reservada para los nobles y sacerdotes. El cacao también tuvo funciones monetarias para las diferentes transacciones comerciales a lo largo y ancho de Mesoamérica.

La Industria del Maguey y el Amate, muestra cómo esta planta fue aprovechada de diferentes maneras, por ejemplo de techumbre en la construcción de las casas, en la producción de bebidas embriagantes como: aguamiel, mezcal y pulque, esta última, una poderosa bebida chamánica. Además, su fibra es empleada hasta la fecha para la manufactura de vestidos, escudos y sandalias.

El último mural titulado El Desembarco de los españoles en Veracruz, aborda con gran simbolismo el tema de la llegada de los barcos españoles a las costas de Veracruz y la Conquista de México.

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t u v w x y z aa ab ac ad ae af ag «Museo Virtual de Palacio Nacional». México, D.F.: Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Consultado el 27 sep. 2010. «Contenido dividido por presentarse en formato Flash.» 
  2. «Nace el Palacio Virreinal». Relatos e historias en México: Palacio Nacional; Origen y destino del poder (México: Raíces S.A. de C.V.) (85): 51. septiembre de 2015. 
  3. Rosas, Alejandro (4 feb. 2005). «Palacio Nacional: La tradición del poder». México, D.F.: Presidencia de la República. Consultado el 24 sep. 2010. 
  4. «Nace el Palacio Virreinal». Relatos e historias en México: Palacio Nacional; Origen y destino del poder (México: Raíces S.A. de C.V.) (51): 64. septiembre de 2015. 
  5. DECRETO; "Que á todo lo que antes llevaba el nombre de imperial se le sustituya el de nacional", Soberano Congreso Mexicano, el día 16 de abril de 1824.
  6. «SCJN cumple hoy 190 años». Consultado el 20 de mayo de 2017. 
  7. «Museo de Sitio Parlamentario». Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 18 ago. 2009. Consultado el 24 sep. 2010. 
  8. «Nace el Palacio Nacional». Relatos e historias en México: Palacio Nacional; Origen y destino del poder (México: Raíces S.A. de C.V.) (85): 64. septiembre de 2015. 
  9. «Recinto Parlamentario en Palacio Nacional». México, D.F.: Cámara de Diputados. Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 28 sep. 2010. 
  10. Rosas, Alejandro (15 sep. 2005). «De cómo el Congreso llegó hasta San Lázaro». México, D.F.: Presidencia de la República. Consultado el 24 sep. 2010. 
  11. «La historia de ataques contra Palacio Nacional». Consultado el 20 de mayo de 2017. 
  12. «Nueva vida al sentido monumental del Palacio Nacional». México, D.F.: Presidencia de la República. 14 nov. 2000. Consultado el 24 sep. 2010. 
  13. «Reglamento para el Uso y Conservación de las Áreas, Objetos y Colecciones de Palacio Nacional». Orden Jurídico. Consultado el 24 sep. 2010. 
  14. a b Ceballos, Miguel Ángel (22 abr. 2006). «Habrá nueva construcción en Palacio Nacional». México, D.F.: El Universal. Consultado el 24 sep. 2010. 
  15. «Palacio Nacional». México, D.F.: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 25 jun. 2007. Consultado el 24 sep. 2010. 
  16. a b «Palabras del Presidente en la Inauguración de la Galería Nacional». México, D.F.: Presidencia de la República. 5 sep. 2010. Consultado el 24 sep. 2010. 
  17. «Resguarda Palacio Nacional restos de próceres». México, D.F.: Presidencia de la República. 16 ago. 2010. Consultado el 24 sep. 2010. 
  18. «Peña Nieto devuelve gloria a Palacio Nacional». Consultado el 13 de febrero de 2016. 
  19. «Espejo de la nación». Relatos e historias en México: Palacio Nacional; Origen y destino del poder (México: Raíces S.A. de C.V.) (85): 42. septiembre de 2015. 
  20. «Los cuatro rostros de Palacio Nacional». Consultado el 21 de mayo de 2017. 
  21. «Áreas protocolarios de la Presidencia de la República». Consultado el 22 de mayo de 2017. 
  22. Sánchez, Leticia (14 de mayo. 2009). «Restaurarán obra mural de Rivera en Palacio Nacional». México, D.F.: Milenio. Consultado el 24 sep. 2010. 

Enlaces externos[editar]