Historia de los judíos

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El león es el símbolo de Judá, de cuyo reino proviene el gentilicio "judío" (procedente del reino de Judá).

Mientras que la historia del pueblo hebreo abarca casi cuatro mil años, la historia del pueblo judío se halla directamente relacionada con el mismo y data de tres mil años, comprendiendo a su vez a centenares de diversas poblaciones en los cinco continentes. Fuera de las poblaciones de Estado de Israel, se trata por lo general de poblaciones minoritarias, culturalmente diversas y geográficamente distribuídas en varias metrópolis y áreas urbanas.

Al igual que otras religiones, el judaísmo conoció distintas corrientes o cismas. Pero la particularidad del pueblo judío, y lo que le diferencia de otros, es su distribución en el mundo acompañada de su unidad en torno a creencias y valores transmitidos por la religión y la cultura judía moderna.[1]

El Génesis remonta el principio de la historia del pueblo hebreo a tres patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, siendo el último también conocido como Israel y del cual surgió posteriormente el nombre del pueblo de (al que se conoce en hebreo como Am Israel) y también el de la Tierra Prometida.[2]

A partir de la Haskalá y la Emancipación del los hebreos en el siglo XIX, la historia del pueblo judío no es ya sólo sinónimo de historia del judaísmo (religión),[3] o de los observantes de dicha religión, dado que a partir del siglo XIX parte considerable de los judíos cuestionan el tradicional punto de vista rabínico (basado en los infortunios de este pueblo como expresiones del castigo divino),[4] para subsecuentemente desarrollar una consciencia nacional acerca de su propia condición socio-política, percibiéndose no solo como una religión sino también como un pueblo o nación: Am Israel (עם ישראל). El judaísmo pasa consecuentemente a partir de entonces a compartir todo lo referente a la condición del pueblo o nación judía con una nueva noción denominada judeidad (Hannah Arendt); y esta última responde fundamentalmente al concepto de etnia y cultura (y no solo en un plano exclusivamente religioso.[5] Es así que la historia del pueblo judío incluye gente religiosa pero también gente con diferentes grados de laicidad, mas no necesariamente atea o indiferente al futuro del pueblo judío, al que se conoce también como pueblo hebreo o pueblo israelita.[6]

Antigüedad[editar]

Los primeros períodos de la historia de los judíos coinciden con la del Creciente fértil. Comienza con tribus que ocuparon el área comprendida entre los ríos Nilo en el oeste y el Tigris y Éufrates en el este. Rodeado por los imperios de Egipto y Babilonia y por el desierto de Arabia, y las montañas de Asia Menor, la tierra de Canaán (conocida sucesivamente por Israel, Judá, Cele-Siria, Judea, Palestina, Levante y finalmente Israel otra vez) era un punto de unión de civilizaciones. La zona estaba atravesada por antiguas rutas comerciales, como la vía Maris, el camino de los Reyes y el camino de Horus, que unían el golfo Pérsico con la costa mediterránea y Egipto con Asiria, lo que llevaba al Creciente fértil influencias de otras culturas.

Jacob bendice a Efraím y Manasés. Manuscrito catalán, siglo XIV
Reparto de tierras entre las 12 tribus.

Los judíos de todo el mundo se consideran descendientes de los antiguos israelitas y de los hebreos, que remontaron su linaje al patriarca Abraham. La tradición judía sostiene que el origen de los israelitas está en los doce hijos de Jacob que se trasladaron a Egipto, donde sus descendientes se dividieron en doce tribus que fueron esclavizadas durante el reinado de un faraón egipcio, identificado a menudo de forma errónea como Ramsés II. En la tradición judía, la emigración de los israelitas desde Egipto a Canaán (el éxodo) conducidos por el profeta Moisés, marca la formación de los israelitas como pueblo.

El Tanaj cuenta que después de cuarenta y un años de vagar por el desierto, los israelitas llegaron a Canaán y la conquistaron bajo el mando de Josué, que repartió la tierra entre las doce tribus. Durante un tiempo el pueblo fue regido por una serie de gobernantes llamados jueces. Saúl, de la tribu de Benjamín, fue el primer rey de Israel, seguido por David, de la tribu de Judá, quien establecería el linaje del que saldrían los demás reyes. Tras el reinado de Salomón, la nación se dividió en dos: Judá al sur, formada por las tribus de Judá y Benjamín, e Israel al norte, con las diez tribus restantes. En el siglo VIII a. C. Salmanasar V conquistó el reino de Israel y deportó a sus habitantes, de los que se perdió constancia: se suele referir a ellos como las diez tribus perdidas.

Exilio de 586 a.E.C.

Jehú postrado ante Salmanasar III, primer registro histórico sobre un rey judío (relieve perteneciente al Obelisco negro).

El reino de Judá fue por otra parte conquistado por el ejército babilónico a principios del siglo VI a.E.C. La élite fue deportada a Babilonia dando lugar a una primera diáspora, pero parte de ella luego regresó a su patria conducida por los profetas Esdras y Nehemías, cuando el rey persa Artajerjes I invadió Babilonia.

A partir de esta época comenzaron las divisiones entre los israelitas, con la formación de partidos político-religiosos, como los saduceos y fariseos.

Imperio seléucida[editar]

En el año 334 a. C. Alejandro empezaba la conquista del Imperio persa, dominando el Oriente Medio en el 332. A su fallecimiento, tras la división del imperio entre sus generales, se impuso el Imperio seléucida en una zona que abarcaba desde el Mediterráneo hasta la frontera con la India.

Herederos de la cultura helenística que procuraron difundir, los reyes de la dinastía gobernaron al modo de sus antecesores asirios, mesopotámicos y persas, haciéndose adorar como a dioses. Frecuentemente estuvieron en guerra con la dinastía Ptolemaica de Egipto.

Antíoco IV Epífanes inició una de las primeras persecuciones religiosas conocidas, fenómeno casi desconocido hasta entonces. A su vuelta de Egipto, organizó una expedición contra Jerusalén, destruyéndola y matando a muchos de sus habitantes. El deterioro de las relaciones con los judíos religiosos condujo a Antíoco a dictar decretos prohibiendo determinados ritos y tradiciones religiosas, por lo que los judíos ortodoxos se rebelaron bajo la dirección de los Macabeos.[7]

Judaísmo helenístico[editar]

A partir del siglo II a. C. todos los escritores (Filón, Séneca, Estrabón) mencionan poblaciones judías en muchas ciudades de la cuenca del Mediterráneo.

La corriente del judaísmo influenciada por la filosofía helenística se desarrolló notablemente a partir del siglo III a. C. entre las comunidades judías de Alejandría, culminando en la compilación de la Septuaginta. Un representante de la simbiosis entre la teología judía y el pensamiento helenístico es Filón de Alejandría.

Macabeos[editar]

Jonatán. garantizó a los judíos la independencia política completa, y, gobernó hasta el año 135 a. C., cuando fue asesinado.

Asmoneos[editar]

Más preocupados que sus antecesores por el poderío militar, los asmoneos establecieron un reino desde el año 134 a. C. hasta el advenimiento del Imperio romano en Israel en el 63 a. C. Con los asmoneos, las fronteras del reino judío llegaron a tener las dimensiones de los tiempos de David y Salomón, ya que anexionaron Samaria, Galilea e Idumea, y forzaron a los idumeos a convertirse al judaísmo.

La dinastía se desintegró como resultado de la guerra civil entre Hircano II y Aristóbulo II, hijos de Salomé Alejandra: la última de los asmoneos y la única mujer que gobernó en Israel. Las peticiones de ayuda a la República Romana trajeron como consecuencia la conquista del reino por Cneo Pompeyo Magno.[8]

Roma[editar]

En el año 63 a. C. Pompeyo conquistó la región, convirtiéndola en reino tributario de Roma, que repartió el reino en 5 distritos bajo la jurisdicción de un Sanedrín y nombró sumo sacerdote a Juan Hircano II. A partir de entonces, el Sumo Sacerdote fue nombrado por los romanos.

En 40 a. C. el Senado romano nombró rey de los judíos a Herodes el Grande, concediendo una cierta autonomía, que fue casi anulada cuando Augusto unió el territorio de Israel con el de Siria, formando la Provincia de Judea bajo gobierno de un legado, Publio Sulpicio Quirino, aunque mantuvo en el trono a Herodes. La orden de Quirino de censar a la población (los censos estaban prohibidos por las leyes judías), encendió una revuelta duramente reprimida.[9] Las relaciones entre judíos y romanos se deterioraron seriamente durante el reinado de Calígula, que ordenó colocar una estatua suya en el Templo, aunque su muerte calmó la situación.

Tras la muerte de Herodes el Grande el año 39, Claudio designó como rey de los judíos a Herodes Antipas (41-44), a Herodes de Calcis y posteriormente a Herodes Agripa II, (48-100), séptimo y último rey de la familia Herodes.

Posteriormente hubo tres rebeliones:

  • En el año 66 estalló la primera Guerra Judeo-Romana, cuya causa fue la orden de Vitelio de adorar a los dioses romanos. Vespasiano y después su hijo Tito fueron enviados a sofocar la revuelta, destruyendo Jericó en 68, Jerusalén, cuyo Templo fue arrasado en el 70 y Masada en el 73. Se nombró un pretor y la X legión fue encargada de mantener el orden, quedando anulada la monarquía y encargado el Sanedrín, que fue trasladado a la ciudad de Yavne, de los aspectos religioso, político y judicial de la vida judía.[10]
  • En 115 estalló una segunda sublevación, esta vez generalizada entre los judíos de todo el oriente del Imperio, comenzando en Cirene. En el 118 el emperador Adriano prometió autorizar la reconstrucción del Templo, lo que calmó la revuelta.[11] [12]
  • Entre 132 y 135 d. C. estalló una tercera guerra debido a las leyes de Adriano, que prohibió el Brit Milá, la celebración del Shabat y las leyes de pureza en la familia, así como por el rumor de que se iba a construir un templo en honor a Júpiter en el solar del Templo. Después de la derrota de los judíos, Adriano dictó varias normas para humillarlos y evitar nuevas sublevaciones: Jerusalén pasó a llamarse Aelia Capitolina y la provincia Syria Palaestina (Siria Palestina) en lugar de Judea. También se prohibió a los judíos vivir en Aelia Capitolina y la religión judía quedó prohibida.[13] Los judíos permanecieron en Galilea, en los Altos del Golán, en el sur del antiguo reino de Judá y en alguna otra zona.

Diáspora de 70 E.C. La destrucción de Judea y el que gran parte de la población judía fuera asesinada, esclavizada o exiliada en lo que se conoce como "diáspora", así como la religión judía prohibida, trajo consigo el que la autoridad religiosa de los sacerdotes del Templo pasase a los rabinos. Estos últimos recogieron sus propias interpretaciones sobre el Tanaj y la naturaleza de lo acontecido en el Talmud. Aquellos que permanecieron en Judea, renombrada por los vencedores como provincia romana de "Palestina" escibieron su exégesis en el Talmud de Jerusalén (Talmud Yerushalmi), mientras que los exiliados dejaron su impronta en el Talmud de Babilonia (Talmud Bavli), oportunamente redactado en la homónima ciudad.

Los judíos fueron aceptados en el Imperio romano e incluso llegaron a adquirir la posición de ciudadanos del Imperio. Solo con la llegada del cristianismo al poder las restricciones y exigencias para con los judíos alcanzaron dimensiones hasta entonces insospechadas. Las persecuciones y expulsiones forzadas dieron lugar a cambios substanciales en los centros comunitarios judíos a los que también las pequeñas comunidades judías de lugares alejados seguían. Pero no existió una real unidad debido a la gran dispersión que se extendía por todas las provincias romanas de Oriente Medio, Europa y África.

Periodo bizantino[editar]

Era política oficial el convertir a los judíos al cristianismo, y se utilizó el poder oficial de Roma en estas tentativas. En el 351 los judíos se rebelaron contra las presiones de su gobernador, Gallus. Gallus aplastó la rebelión y destruyó las principales ciudades de Galilea, donde la rebelión había comenzado. Tzippori y Lydda (sitio de dos de las academias legales principales) nunca fueron reconstruidas.

En este período el Nasi del Sanedrín, Hillel II creó un calendario oficial basado en cálculos matemáticos y astronómicos y que prescindía de las observaciones empíricas de que se valieron hasta entonces. También entonces la academia judía de Tiberius comenzó a redactar la Mishnah, bajo la dirección de Yehudah Ha-Nasi. El texto está organizado de forma que cada párrafo de Mishnah fue seguido por una compilación de todas las interpretaciones, historias y respuestas asociadas a ese Mishnah.

Los judíos de Judea recibieron un breve respiro en la persecución oficial durante el reinado del emperador Juliano, que animó a los judíos a reconstruir Jerusalén. Su breve reinado impidió la realización de esta promesa antes de que el cristianismo fuese de nuevo impuesto en el imperio. En el 398 fue consagrado Patriarca Juan Crisóstomo, que hizo una serie de sermones contra los cristianos judaizantes que construirían un clima de desconfianza y odio en los establecimientos judíos grandes, tales como los de Antioquía y Constantinopla.

En el siglo V, Teodosio I convirtió el cristianismo en religión oficial del Imperio, prohibiendo a los judíos el tener esclavos, construir sinagogas nuevas o acceder a cargos públicos. El matrimonio entre judíos y cristianos se consideraba delito capital, al igual que un cristiano se convirtiese al judaísmo. Teodosio eliminó el Sanedrín y suprimió el puesto de Nasi. Con Justiniano I las autoridades restringieron los derechos civiles de los judíos y amenazaron sus privilegios religiosos.[14] El emperador también interfirió en los asuntos internos de la sinagoga prohibiendo, entre otras cosas, el uso de la lengua hebrea en la adoración divina.

Justiniano y sus sucesores tenían abandonada la provincia de Judea, por lo que, irónicamente, en el siglo VI se construyeron allí sinagogas nuevas con los suelos cubiertos de hermosos mosaicos. Los judíos asimilaron en sus vidas las formas de arte de la cultura bizantina, y en los mosaicos se muestran gentes, animales, menorahs, zodiacos y caracteres bíblicos. Ejemplos excelentes de estos suelos se han encontrado en Beit Alpha (que incluye la escena de Abraham sacrificando un carnero en lugar de a Isaac, junto con un zodiaco magnífico), Tiberius, Beit Shean y Tzippori.

Medievo[editar]

Como consecuencia de la diáspora, un gran número de judíos se instalaron en la península arábiga, lejos del control romano que, tanto en su época pagana como en la cristiana, los perseguía. Su vida fue también inestable allí: tras la muerte de Mahoma a mediados del siglo VII fueron expulsados de la Arabia occidental.

Peor les fue cuando las cruzadas cristianas conquistaron Jerusalén en 1099, ya que fueron considerados deicidas y, en muchos casos, masacrados. No había habido un movimiento general contra los judíos por parte de los cristianos desde las conversiones forzosas del siglo VII, salvo algunas persecuciones locales, hasta que el Papa Urbano II despertó las bajas pasiones del populacho, que se movilizó contra los judíos.

El antisemitismo era evidente; así, Godofredo de Bouillón:

...juró que él no abandonaría la Cruzada antes de vengar la sangre de Cristo [con los judíos]... de modo que allí no pudiera seguir vivo ningún resto de ellos.

El emperador Enrique IV (al ser avisado de este compromiso por Qalonymus, dirigente judío de Maguncia) publicó una orden prohibiendo tal acción; Godofredo aseguró que nunca se propuso matar judíos, aunque había admitido un soborno de las comunidades judías de Maguncia y Colonia, que le enviaron 500 marcos de plata cada una.[15]

Califatos musulmanes[editar]

Los judíos siguieron controlando parte del comercio en Palestina y prosperaron bajo la institución del dhimmi. A pesar de ser ciudadanos de segunda, no sufrieron ninguna persecución, ya que los preceptos sobre dieta e higiene eran parecidos y, lo que no es menos importante, nunca fueron una amenaza política. Los judíos se adaptaron al mundo árabe, aprendieron el idioma y se encontraban en todos los escalones de la escala social, incluso en la corte.[16] Culturalmente continuaron evolucionando; por ejemplo, el sistema niqud fue desarrollado en Tiberíades durante el califato.

Imperio otomano[editar]

Los judíos han vivido en Asia Menor durante más de 2400 años. La prosperidad inicial en épocas helenísticas se deterioró bajo los bizantinos, pero se recuperó bajo los varios gobiernos musulmanes. Durante el período otomano, Turquía era un asilo seguro para los judíos que huían de la persecución, y continúa teniendo una pequeña población judía hoy en día.

Cuando se libró la batalla de Yarmuk y el Levante pasó a poder otomano, había comunidades judías en muchas poblaciones. Entre ellas Safed, que se convirtió en un centro espiritual para los judíos y en donde fue compilado el Shulján Aruj y otros textos cabalísticos. El primer periódico hebreo comenzó a editarse en el Imperio en 1577.

España[editar]

Mapa de las expulsiones de judíos en Europa entre 1100 y 1600.

Como en el resto de los países musulmanes, los judíos fueron bien tratados en Al-Ándalus, experimentando una Edad de Oro entre los años 900 y 1100, en el Califato de Córdoba. También eran aceptados en la corte de algunos reyes cristianos, como en la de Alfonso X.[17]

A partir del siglo XI hubo alborotos que obligaron a los judíos a refugiarse en guetos, sobre todo en Marruecos, Libia y Argelia.[18] Asimismo hubo varias persecuciones por parte de los musulmanes, como en Córdoba en 1011 y en Granada en 1066.[19] Se dictaron decretos que pedían la destrucción de sinagogas en Egipto, Siria, Irak y Yemen, y en algunos casos forzaron a los judíos a convertirse al Islam.[20] Los almohades, que conquistaron la península Ibérica en 1172, fueron fundamentalistas que trataron mal a los dhimmis. Expulsaron a judíos y cristianos de Marruecos y de Al-Ándalus, con lo que muchos huyeron al este a tierras más tolerantes, como Maimónides.[21]

En los reinos cristianos de la península la situación se fue deteriorando con el tiempo, hasta llegar a la expulsión de 1492. Estos expulsados son los sefarditas, y mantienen vivo el ladino, una lengua derivada del antiguo castellano. Los judíos que se quedaron fueron obligados a convertirse al catolicismo y fueron víctimas frecuentes de la Inquisición.[22] [23]

Europa[editar]

Ha habido poblaciones judías en Europa desde épocas muy tempranas, especialmente en la zona que formó parte del Imperio romano, constituidas por conversos al judaísmo, comerciantes y, más adelante, por los judíos expulsados por Adriano. Según James Carroll, los judíos constituían el 10% de la población total del Imperio romano. Según esta proporción, y si no hubieran intervenido otros factores, hoy habría 200 millones de judíos en el mundo en vez de algo más de 13 millones.[24]

Hay registros de comunidades judías en Francia y Alemania a partir del siglo IV, y comunidades judías en España desde épocas anteriores. Generalmente, fueron perseguidos. Puesto que eran los únicos a quien les estaba permitido prestar dinero con interés, (algo prohibido a los católicos por la Iglesia), algunos judíos se convirtieron en importantes y conocidos prestamistas. Los reyes cristianos comprobaron la ventaja de tener unos súbditos que pudieran proveerles de capital para su uso sin ser excomulgados, así que el comercio de dinero en la Europa occidental recayó en manos de los judíos.

Las persecuciones fueron más intensas a partir de la Primera Cruzada y fueron seguidas por expulsiones. Los judíos expulsados de Francia (1396) y Austria (1421) huyeron a Polonia; son los askenazíes, que hablan yidis, lenguaje derivado del alemán.[25] La mayoría de los cerca de 200.000 sefarditas se refugiaron en el Imperio otomano, Holanda y África del norte.

Como consecuencia, en el siglo XVII casi no vivían judíos en la Europa occidental. La tolerante Polonia tenía la mayor población judía de Europa, pero la tranquilidad acabó tras la sublevación de los cosacos en 1648 y las guerras suecas de 1655.

Renacimiento judío en Europa[editar]

Durante el Renacimiento y la Ilustración hubo cambios en la comunidad judía. La Haskalá fue paralela a la Ilustración, pues los judíos comenzaron en 1700 a hacer campaña para integrarse en la sociedad europea. La educación secular y científica se agregó a la instrucción religiosa tradicional y el interés por una identidad judía nacional, y comenzó un interés por el estudio de la historia judía y del hebreo. La Haskalá dio a luz tanto a movimientos reformistas como conservadores y plantó las semillas del sionismo al mismo tiempo que animaba a la asimilación cultural dentro de los países en los cuales residían los judíos.

Al mismo tiempo surgía el Judaísmo jasídico, predicado por el rabino Israel ben Eliezer, que reclamaba el seguimiento estricto de los preceptos de la Toráh. Estos dos movimientos, haskalá y jasidismo, formaron la base de las divisiones modernas dentro de la sociedad judía.

Mientras cambiaba el mundo interior en las comunidades judías, comenzaron las discusiones para aplicarles la desigualdad de derechos políticos. El primer país en hacerlo fue Francia, durante la revolución de 1789. Incluso así se esperaba que los judíos se integraran, abandonando sus tradiciones. Esta ambivalencia se demuestra en el famoso discurso de Clermont-Tonnerre ante la Asamblea Nacional en 1789:

Debemos rechazar contundentemente a los judíos como nación, y aceptarlos como individuos. Debemos retirar el reconocimiento de sus jueces: deben solamente tener nuestros jueces. Debemos rechazar la protección legal al mantenimiento de unas supuestas leyes judías; no se debe permitir que formen dentro del Estado un cuerpo político o una orden aparte. Deben ser ciudadanos individualmente. Pero, algunos me dirán, ellos no desean ser ciudadanos. ¡Fuera entonces! Si no desean ser ciudadanos, deben decirlo así, y entonces los desterraremos. Es repugnante tener dentro del Estado una asociación de no ciudadanos, una nación dentro de la nación.

Siglo XIX. Emancipación y antisemitismo[editar]

Aunque todavía había persecuciones esporádicas, la emancipación se extendió a través de Europa, por la invitación de Napoleón a abandonar los guetos amparados en el Código Napoleónico. Antes de 1871 cada país europeo, excepto Rusia, había emancipado a sus ciudadanos judíos.

A pesar de la integración surgió una nueva forma de antisemitismo, basado en las ideas tales como raza y nacionalismo más que en el odio religioso de la Edad Media. Teorías pseudocientíficas sostuvieron que los judíos eran una raza separada e inferior respecto al resto de los europeos. Ello dio lugar a la aparición de partidos políticos en Francia, Alemania, y Austria-Hungría que hicieron campañas para desacreditar e incluso anular la Emancipación. El episodio más conocido es el caso Dreyfus en Francia. La xenobia junto con diversos pogromos (patrocinados en la Rusia por el Estado), llevaron a muchos judíos a abrazar las ideas de Theodor Herzl, quien tenía la convicción de que el pueblo judío solo estaría seguro y lograría desarrollar plenamente su potencial en su propia nación. Mas no todos los judíos siguieron lo propuesto por Herzl.

Al mismo tiempo, y debido a los aspectos ya mencionados, tuvo lugar una enorme ola de judíos que emigraron de Europa hacia América. Los inmigrantes judíos en los Estados Unidos formaron nuevas comunidads, ellas todas liberadas de las restricciones existentes en Europa. Alrededor de 2 millones de judíos llegaron a EE UU entre 1890 y 1924, la mayoría desde Rusia y la Europa Oriental. Un caso similar sucedió en América Latina, concretamente en Argentina, México, Brasil y Uruguay.

Siglo XX[editar]

Aunque los judíos gradualmente consiguieron integrarse en Europa, luchando por sus países de origen en la Primera Guerra Mundial y formando parte de los movimientos artísticos, culturales y científicos de los años 20 y 30, el antisemitismo racial permanecía e incluso se incrementaba. Alcanzó su forma más virulenta con la destrucción de numerosas comunidades judías de Europa y el asesinato de casi seis millones de judíos durante el Holocausto,[26] amputando parte considerable de una historia de más de 2000 años.

El 29 de noviembre de 1947 las Naciones Unidas aprobó la creación de un Estado judío y otro árabe en el Mandato Británico de Palestina, y el 14 de mayo de 1948 el Estado de Israel se declara independiente, representando la primera nación judía desde la destrucción de Jerusalén. Andréi Gromyko, embajador de la URSS en la ONU, propone que Israel sea aceptado como miembro de pleno derecho, cosa que el pleno de la ONU subsecuentemente aprobó.

Al día siguiente, 15 de mayo de 1948, comenzó la guerra árabe-israelí, dado que los países árabes no aceptaron la declaración del Estado de Israel. Fue la primera de las subsecuentes guerras entre Israel y sus vecinos árabes, que han traído el éxodo de los palestinos y la persecución de casi 900.000 judíos que vivían en países árabes.

Siglo XXI[editar]

El historiador Shlomo Sand sostiene que la diáspora judía no fue ningún éxodo masivo, sino de unos pocos miles de judíos (como máximo). Explica a su vez la existencia de judíos en diversas partes de Europa, África y Asia como fruto de diversas conversiones.[27] Las poblaciones de Europa oriental, según Sand, podrían tener su origen en los jázaros, un pueblo turco procedente del Asia central que se convirtió al judaísmo hacia el siglo VIII.[28] Sin embargo se ha demostrado que las poblaciones judías askenazies, sefardíes y de oriente medio se encuentran más relacionadas genéticamente entre sí que con sus conciudadanos[29] , mostrando relativamente pocas mezclas y considerable parentesco genético con los demás pueblos de Oriente Próximo (principalmente del Levante Mediterráneo).[30]

Galería[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Los valores tradicionales emergen del texto sagrado para el judaísmo, la Torá, y a ello se le suman numerosas prescripciones y observancias rituales y litúrgicas (entre ellas: Shabat, Pésaj, Yom Kipur, Cashrut, etc.).
  2. Las fuentes asirias hacen referencia a la victoria de Salmanasar III sobre Jehú, de la casa de Omrí, en 838 a.C.; según Flinders Petrie es en la Estela de Merenptah que se menciona por primera vez a los israelitas, ca. 1200 a.C.. La estela en cuestión es una fuente no hebrea.
  3. Ëric Smilevitch, Histoire du judaïsme, París: Presses Univeritaires de France, 2012.
  4. Santiago Kovadloff, La extinción de la diáspora judía, Buenos Aires: Emecé, 2013.
  5. Élisabeth Roudinesco, A vueltas con la cuestión judía, Barcelona: Anagrama, 2011.
  6. Nótese que israelita e israelí no son sinónimos. Existen israelíes judíos, pero también israelíes que son árabes, cristianos o drusos.
  7. I Macabeos
  8. Flavio Josefo: La guerra de los judíos, libro I.
  9. Josefo en Antigüedades judías, libro XVIII.
  10. Flavio Josefo, Guerra de los judíos, libro II.
  11. Eusebio de Cesarea: Los judíos, dominados por un espíritu de rebelión, se levantaron contra sus conciudadanos griegos.
  12. Dión Casio, Historia Romana, libro LXIX
  13. Eusebio de Cesarea
  14. Procopios, Historia Arcana, 28
  15. Golb, Norman (1998). The Jews in Medieval Normandy: A Social and Intellectual History , pág. 123. Cambridge University Press. ISBN 0-521-58032-3. 
  16. Meyer, Kai y Johnson, Paul (2007). La historia de los judíos, pág. 213. México, Ed. B. ISBN 84-666-1491-5. 
  17. Rabbi Ken Spiro (2007). «The Jews of Spain» (en inglés). Jewish History. Consultado el 06, 05 de 2008.
  18. Maurice Roumani, The Case of the Jews from Arab Countries: A Neglected Issue, 1977, pp. 26-27.
  19. Richard Gottheil y Meyer Kayserling (1906). «Granada» (en inglés). Jewish Encyclopedia. Consultado el 06, 05 de 2008.
  20. Bard, Mitchell (2008). «The Treatment of Jews in Arab/Islamic Countries» (en inglés). Consultado el 06, 05 de 2008.
  21. Kraemer, Joel (2005). «Moses Maimonides: An Intellectual Portrait». The Cambridge Companion to Maimonides, pp 16-17. 
  22. Palomino, Michael (1971). «Spanien». Enciclopedia judía. Consultado el 06, 05 de 2008.
  23. Bernat, Gabriel (2002). «Procesados y naturaleza de los delitos». La Inquisición española. Consultado el 06, 05 de 2008.
  24. Carroll, James (2001), Constantine's Sword, pág. 26, Houghton Mifflin. ISBN 0-395-77927-8
  25. Promotora Española de Lingüística. «Lengua Yiddish». Lenguajes del mundo. Consultado el 07, 05 de 2008.
  26. Hasta la apertura de los archivos de la antigua Unión Soviética en la década de 1990, la cifra manejada por los historiadores era de por lo menos 5,5 millones, aunque ya Adolf Eichmann había señalado a 6 como una probable cantidad; cf. Richard J. Evans, El Tercer Reich en guerra..., pág. 409.
  27. Entrevista con Shlomo Sand en el diario Público en junio de 2008.
  28. El fantasma de los jázaros, La Nación, 14 de agosto de 1999.
  29. SAFED-TZFAT-ZEFAT , 06 de enero de 2011.
  30. Los Genes Judíos.

Fuentes[editar]

  • Comay, Joan. The Diaspora Story: The Epic of the Jewish People among the Nations (1981), Tel Aviv y Bnei-Brak: Steimatzky, repr. 1994.
  • Johnson, Paul (2007). La historia de los judíos. México, Ed. B. ISBN 84-666-1491-5. 
  • Valdeón Baruque, Julio (2004). Cristianos, musulmanes y judíos en la España medieval. De la aceptación al rechazo. Ed. Ámbito. ISBN 848183131. 
  • Alcalá Galve, Ladero Quesada y Valdeón Baruque (1995). Judíos, sefarditas, conversos. La expulsión de 1492 y sus consecuencias.. Ed. Ámbito. ISBN 84-8183-007-0. 
  • Bel Bravo, María Antonia (1997). Sefarad: Los judíos de España. Editorial Sílex. ISBN 84-7737-062-1. 
  • David Project Center. «Cronología» (en inglés). The Forgotten Refugees. Consultado el 06, 05 de 2008.
  • Jabad. org. «Historias judías». Jewish History. Consultado el 07, 05 de 2008.
  • Wiśniewski, Tomasz (1998). «Calendario de historia de los judíos de Białystok». Consultado el 07 05 de 2008.
  • «La historia de los judíos turcos». Consultado el 07, 05 de 2008.
  • Roudinesco, Élisabeth. A vueltas con la cuestión judía (2009), Barcelona: Anagrama, 2011.
  • Sand, Shlomo. La invención del pueblo judío (Comment le peuple juif fut inventé?, 2011); trad. portuguesa de Eveline Bouteiller como A invenção do povo judeu: da Biblia ao sionismo, San Pablo: Saraiva-Benvirá, 2012.
  • Smilevitch, Ëric. Histoire du judaïsme, París: Presses Univeritaires de France, 2012.
  • Kovadloff, Santiago. La extinción de la diáspora judía, Buenos Aires: Emecé, 2013.

Enlaces externos[editar]