Doctrinas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

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La doctrina de la Iglesia Adventista del Séptimo Día se asemeja a la cristiana protestante, que combina elementos de la luterana, metodista o wesleyano/arminiana y anabaptista. La doctrina protestante del "sacerdocio de todos los creyentes" es tan central en el pensamiento de los adventistas del séptimo día que los miembros siempre han sido animados a estudiar la Biblia para descubrir la verdad por sí mismos, guiados por el Espíritu Santo. Creen en la infalibilidad de las Sagradas Escrituras y enseñan que la salvación es por fe en Jesucristo. Las 28 Creencias Fundamentales constituyen la posición doctrinal oficial de la Iglesia. La doctrina adventista se asemeja a la corriente ortodoxa principal de la teología protestante trinitaria, con algunas excepciones. Como por ejemplo: la perpetuidad de los Diez Mandamientos, la inconsciencia de los muertos, la inmortalidad condicional, el ministerio sacerdotal de Jesús en el Santuario Celestial, y un "Juicio investigador", que afirman comenzó en 1844. Un enfoque historicista de profecía bíblica ha llevado a los adventistas del séptimo día a desarrollar un conjunto de creencias escatológicas que incorporan a un remanente que guarda los mandamientos, una crisis al final de los tiempos y el retorno visible de Jesús en cuál los salvos gobernaran en el cielo por mil años.

Doctrinas fundamentales[editar]

Los adventistas del séptimo día tienen 6 doctrinas fundamentales a saber:

I. Doctrina de Dios
II.Doctrina de la Naturaleza del Hombre
III. Doctrina de la Salvación
IV. Doctrina de la Iglesia
V. Doctrina de la Conducta Cristiana
VI. Doctrina de los Acontecimientos Finales

Estas Doctrinas son respaldadas por las 28 Creencias Fundamentales, las cuales fueron adoptadas por la Conferencia General de los Adventista del Séptimo Día en 1980, con la adición de una creencia adicional (la número 11) en el año 2005.[1]​ Estas creencias tienen su soporte en la Biblia.[2]

I. Doctrina de Dios: la respaldan 5 Creencias:

1. Las Santas Escrituras
2. La Trinidad
3. Dios Padre
4. Dios Hijo
5. Dios Espíritu Santo

II. La Doctrina de la Naturaleza del Hombre son dos Creencias:

6. La Creación
7. La Naturaleza del Hombre

III. La Doctrina de la Salvación, sostenida por 3 Creencias:

8. El Gran Conflicto
9. Vida, Muerte y Resurrección de Cristo
10. La Experiencia de la Salvación

IV. La Doctrina de la Iglesia, que tiene 8 Creencias como respaldo:

11. Creciendo en Cristo
12. La Iglesia
13. El Remanente y su Misión
14. Unidad en el Cuerpo de Cristo
15. El Bautismo
16. La Cena del Señor
17. Dones y Ministerios Espirituales
18. El Don de Profecía

V. La Doctrina de la Conducta Cristiana, a su vez tiene 5 Creencias:

19. La Ley de Dios
20. El Sábado
21. Mayordomía
22. Conducta Cristiana
23. Matrimonio y Familia

VI. La Doctrina de los Acontecimientos Finales, tiene 5 Creencias Bíblicas, que prácticamente los adventistas son de los pocos que han estudiado y escrito sobre estos temas Escatológicos:

24. El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial
25. La Segunda Venida de Cristo
26. Muerte y Resurrección
27. El Milenio y el Fin del Pecado
28. La Nueva Tierra

Para los adventistas del séptimo día la Biblia es la fuente por excelencia de la verdad acerca de Dios y el testimonio de Jesucristo como el estilo real y verdadero de vida. Todo aquello por fuera de estos dos parámetros se considera profano en lo tocante a la fe cristiana.

Tradicionalmente, los adventistas se han opuesto a la formulación de declaraciones de credos, aceptando las Sagradas Escrituras como su único credo. A los fines de la coherencia interna, los adventistas han formulado un grupo de creencias fundamentales y prefieren verlas como descriptivas en lugar de prescriptivas. Hasta 2005 poseía 27 creencias fundamentales, pero durante la sesión de la Asociación General de la Iglesia de ese año, se agregó una creencia, teniendo así en total 28 creencias fundamentales.[3]

El infierno y el estado de los muertos[editar]

Los adventistas creen que la muerte es como lo declara Eclesiastés 9, 5. : «los muertos nada saben».[4]​ Esta ideología sostiene que una persona no tiene forma consciente de existencia hasta su resurrección, la cual se dará en la ocasión de la segunda venida de Jesús (en el caso de los justos) o luego del milenio de Apocalipsis 20[5]​ (en el caso de los impíos). Esto significa que el infierno no existe en nuestros tiempos presentes, ni existirá después de la segunda venida de Cristo, sino que los impíos serán destruidos para siempre luego del milenio basándose en Apocalipsis 20. .[4][6][nota 1]​ La palabra infierno viene del griego infer (‘debajo’), por lo tanto, el infierno sería lo mismo que el Hades griego o, simplemente, el sepulcro.

Por lo anterior, también se oponen a la doctrina del purgatorio, sostenida por la Iglesia católica, que señala que los muertos que no tienen pecados mortales sin perdonar pasan por un estado de purificación antes del Cielo. Sostienen que la Biblia enseña que solo Dios es inmortal (1 Timoteo 6, 16. ) y que los seres humanos, separados de Dios, están sujetos a la muerte. Jesús enseñó que «la muerte es un sueño» (Juan 11, 11-14. ) que termina en una de las dos resurrecciones: una resurrección para vida o una resurrección de condenación (Juan 5, 28-29. ).

Para los adventistas, el tema de la muerte es uno de los engaños satánicos del fin de los tiempos: «el espiritismo está ganando terreno debido a que la mayoría de las personas creen que hay vida después de la muerte».[cita requerida] Los adventistas consideran a la Biblia como su única regla de fe: en ella no se considera vida después de la muerte;[4]​ y sólo cuando venga el momento de la resurrección será, o la vida eterna o la muerte eterna.

Bautismo[editar]

Los adventistas del séptimo día practican el bautismo de los creyentes por inmersión completa y lo hacen en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo según lo expresado por Jesús en Mateo 28, 19.  en forma similar a los bautistas. Argumentan que el bautismo requiere consentimiento por entendimiento, y responsabilidad moral. De manera que los bebés solamente son dedicados al Señor, que en realidad es un símbolo de la gratitud a Jehová por el bebé, por parte de los padres, la comunidad e iglesia, y de su compromiso de criar al niño en el amor de Jesús. Los adventistas del séptimo día creen que el bautismo es un nuevo nacimiento hablando espiritualmente,[7]​ testifican su muerte al pecado y de su intención de caminar en una vida nueva. El bautismo es símbolo de la unión con Cristo, del perdón de los pecados, y de la recepción del Espíritu Santo y es contingente sobre una afirmación de fe en Jesús y un arrepentimiento de pecados evidente, es una declaración pública del compromiso de la vida del individuo y su entrega a Jesús; por lo tanto comienza una nueva vida en el Señor.

La segunda venida de Cristo[editar]

Los adventistas del séptimo día creen en una segunda venida de Cristo inminente y visible en todo el mundo,[8]​ que será antecedida por un tiempo de angustia en el que los justos serán perseguidos, y un Anticristo exhibirá gran poder sobre la tierra (Mateo 24. ). La enseñanza de que Cristo será visto por todos en la ocasión de su segunda venida se basa en Apocalipsis 1, 7. , que dice: «Todo ojo lo verá»; en la descripción que da Cristo en Mateo 24, 27.  «Como el relámpago que sale del Oriente y brilla hasta el Occidente»; y en Mateo 24, 30.  «Todas las razas de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo». También se basan en lo dicho a los discípulos y a las personas que estaban en el momento de la ascensión de Cristo registrado en Hechos 1, 9-11. , que dice que «volverá del mismo modo en que lo habéis visto ir al cielo». Los adventistas creen que este será el momento en el que ocurrirá lo que se describe en 1 Tesalonicenses 4, 16. , en el que «los muertos en Cristo resucitarán primero».

Los adventistas sostienen diferencias bien definidas en la Biblia sobre la venida del auténtico Cristo y la del Anticristo, dicen, como está escrito en 1 Tesalonicenses 4, 17.  «seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo», es decir, cuando viene Cristo somos llevados al encuentro con Él en el aire, en las nubes. Por el contrario el Anticristo pisa el suelo y anda por la tierra, y no le ve todo el mundo de forma literal o espontánea, como lo afirmara Jesús en Mateo 24, 23-26. . Otras diferencias están basadas en Apocalipsis 10, 7.  y Apocalipsis 11, 19. , donde dice que “cuando se cumple el misterio de Dios aparece en el cielo abierto el Arca de la Alianza”, donde se encuentran los originales de las Tablas de la Ley de Dios, con las cuales Dios descendió en el monte Sinaí, según Deuteronomio 33, 2.  «Y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha». Sin embargo el Anticristo obrará contrario a la Ley de Dios, violando lo que Dios escribió con su dedo, dice Deuteronomio 10:2 «y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca» y Éxodo 31:18 «Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios».

El Anticristo obrará violando la alianza eterna que hay entre Dios y su pueblo, el Sabbath. Éxodo 31:16, 17 «Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó». Ezequiel 20:12, 20 «Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico» «Y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios».

Por último, el Nuevo Testamento deja bien clara la importancia del Sabbath en Hebreos 4, 9-11.  «Queda, por lo tanto, reservado un Reposo, el del séptimo día, para el Pueblo de Dios. Y aquel que entra en el Reposo de Dios descansa de sus trabajos, como Dios descansó de los suyos. Esforcémonos, entonces, por entrar en ese Reposo, a fin de que nadie caiga imitando aquel ejemplo de desobediencia» y en los últimos días los hijos de Dios guardarán sus mandamientos, Apocalipsis 12:17 «Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo».

Pero antes de que todo esto suceda la humanidad padecerá grandes angustias y catástrofes naturales, como lo son inundaciones, terremotos, tornados, tsunamis, y humanas como son las guerras, las hambrunas, el esclavismo, entre muchas cosas más. También sobrevendrán los juicios de Dios, muchas ciudades que están entregadas a la maldad y a la homosexualidad serán destruidas por fuego, así lo afirman Judas 1:7 «También Sodoma y Gomorra, y las ciudades vecinas, que se prostituyeron de un modo semejante a ellos, dejándose arrastrar por relaciones contrarias a la naturaleza, han quedado como ejemplo, sometidas a la pena de un fuego eterno», también lo dice 2Pedro 2, 6.  «También condenó a la destrucción y redujo a cenizas a las ciudades de Sodoma y Gomorra, para que sirvieran de ejemplo a los impíos del futuro».

El espíritu de profecía[editar]

Una de las enseñanzas de la Iglesia adventista basada en Apocalipsis 12:17, 19:10 y en el segundo cumplimiento de Joel 2:28-32 es que el espíritu de profecía es una señal identificadora de la «iglesia remanente», que según los adventistas, se manifestó durante el ministerio de Ellen G. White.[8]​ También establecen con claridad que la Biblia es la norma única por la cual debe ser probada toda enseñanza y toda experiencia.[nota 2]

Ellen G. de White no es considerada como la máxima autoridad doctrinal, sino únicamente la Biblia, sus escritos son considerados una guía que lleva al entendimiento e importancia de la misma. Se la considera una profetiza o «una luz menor que guía hacia una luz mayor». Dicha luz mayor es Jesucristo, la real y única cabeza de la iglesia, que no puede ni podrá ser remplazada por ningún hombre ni ningún otro poder sobre la tierra.[9]​ La Iglesia adventista ha recibido críticas respecto a sus postulados, incluyendo sus doctrinas en relación con Elena G. de White como profeta de Dios y su estatus dentro de la iglesia.

Referencias[editar]

  1. «Growing in Christ». Adventist News Network. 4 de julio de 2005. Archivado desde el original el 29 de noviembre de 2005. Consultado el 26 de mayo de 2006. 
  2. 28 Creencias de los Adventistas del Séptimo Día. Publicaciones Interamericanas. 2006. ISBN 978-1-57847-044-0. 
  3. Creencias fundamentales.
  4. a b c «8 Creencias Fundamentales de los Adventistas del Séptimo Día». Manual de la Iglesia (4a. edición). Florida (Buenos Aires): Asociación Casa Editora Sudamericana. 2001. pp. 17 y 18. ISBN 950-573-834-X. «La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que es inmortal, otorgará vida eterna a sus redimidos. Hasta ese día, la muerte constituye un estado de inconsciencia para todos los que han fallecido. Cuando Cristo que es nuestra vida, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados, todos juntos serán arrebatados para salir al encuentro de su Señor. La segunda resurrección de los impíos ocurrirá mil años después. (Rom. 6:23; 1 Tim. 6:15,16;Ecl. 9:5, 6; Sal. 146:3, 4; Juan 11:11-14; Col. 3:4; 1 Cor. 15:51-54; 1 Tes. 4:13-17; Juan 5:28, 29; Apoc. 201-10)». 
  5. Aguirre Hernández, Ricardo (1960). «El estado de los muertos» (1 edición). BibleGateway.com. Consultado el 2007. 
  6. «Los Adventistas del Séptimo Día». Consultado el 16 de octubre de 2013. 
  7. Juan 3, 1-7. 
  8. a b Manual de la Iglesia (4a. edición). Florida (Buenos Aires): Asociación Casa Editora Sudamericana. 2001. ISBN 950-573-834-X. 
  9. Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día: Creencias de los Adventistas del Séptimo Día. Florida (EE. UU.): Asociación Publicadora Interamericana, 1988.

Notas[editar]

  1. Los adventistas interpretan ese pasaje como la muerte segunda de la que habla el texto del Apocalipsis, la verdadera muerte.
  2. Véase Sola Scriptura