Inmortalidad

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La inmortalidad o vida eterna supone la existencia indefinida o infinita que consigue superar la muerte. A lo largo de la historia, los seres humanos han tenido el deseo de vivir para siempre.

La inmortalidad es considerada entre algunos filósofos como la respuesta a la angustia y al miedo que produce en el ser humano la conciencia de su mortalidad y contingencia. Ese ansia crearía y desarrollaría el concepto de inmortalidad; y constituiría además el núcleo de la antropología de la religión.[1]

Inmortalidad en las religiones[editar]

Para los creyentes en general la inmortalidad es, básicamente, la continuación de la vida más allá de la muerte. La promesa de una vida eterna individual es característica de ciertas religiones monoteístas abrahámicas (Cristianismo o el Islam). También ciertas corrientes del Judaísmo lo proponen, con menos énfasis que las anteriores.

Religiones orientales como el hinduismo y el budismo profesan la doctrina de la metempsicosis o reencarnación, que postula la posibilidad de perfeccionamiento progresivo a través de vidas sucesivas. La liberación final consiste en detener la rueda de las reencarnaciones, causada por el apego a un ego individual ilusorio.

En las religiones paleo-judías y paleo-cristianas (XV a. C.-I d. C.)[editar]

Para el cristianismo el hombre es una hipóstasis de dos sustancias llamadas cuerpo y alma, concebidas al momentos del nacimiento, y cuando adviene la muerte, en una primera instancia, sólo el alma sobrevive. La supervivencia del alma después de la muerte no es el destino del alma, su destino es volverse a unir con el cuerpo y ser nuevamente persona en el momento de la resurrección de los muertos. Se entiende así que lo importante es la vida eterna como Persona. Es decir, la Persona es la unión del alma con el cuerpo.

La salvación del hombre en la vida eterna corresponde a la libre actuación del hombre como Persona durante su vida en la tierra. Si se comporta correctamente, irá al Cielo para gozar con Dios y el resto de los hombres para toda la eternidad. Si es injusto y egoísta en la vida terrena, será condenado a sufrir las consecuencias de sus actos en el Infierno, también para siempre. Tras la resurrección de los muertos, tanto la vida en el cielo como en el infierno será la de una Persona, en la que estarán unidos el alma con el cuerpo en un estado diferente del de la tierra que se llama cuerpo glorioso.

Inmortalidad en la filosofía[editar]

También la filosofía se ha preguntado sobre la inmortalidad del ser humano o de otros seres vivos. Uno de los autores antiguos que más habló sobre el tema fue Platón, que ofreció en sus Diálogos diversos argumentos. Los más famosos se encuentran en el Fedón, en la República y en el Fedro. Por el contrario, Epicuro y su discípulo romano Lucrecio pensaron que el alma era corruptible y mortal.

Pero el esclarecimiento más importante provino del pensamiento escolástico, especialmente Santo Tomás de Aquino, el cual explica que el alma es inmortal y sobrevive a la muerte del cuerpo, pero su destino no es ese, sino volverse a unir con el cuerpo para ser persona.

Algo parecido sostuvo en el siglo XIX el filósofo materialista Ludwig Feuerbach en sus Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad (1830).

Inmortalidad en la ciencia[editar]

En rigor no puede hablarse de inmortalidad en la ciencia, más bien del descubrimiento de distintos mecanismos de envejecimiento y posibles factores que influyen en el alargamiento de la vida.

Aunque por el método científico no se puede lograr obtener material genético indestructible, en ciertas investigaciones realizadas sobre el envejecimiento y muerte celular se ha comprobado que en las células, la longitud de los telómeros (el extremo de los cromosomas) es uno de los factores involucrados en los procesos de envejecimiento y muerte celular.[2] Así pues con ingeniería genética de los telómeros de un ser vivo se podría alargar su vida. Otro factor importante que influye en el envejecimiento y, por tanto, impediría la continuidad de la vida, son los llamados radicales libres, agentes oxidantes que se presentan en la naturaleza, causando el deterioro de las células.

Sin embargo existe la confianza en la comunidad científica de que en algún momento dado, se pueda lograr ésto (o sea, la inmortalidad). Se argumenta que en base al desarrollo de los microprocesadores cuánticos hay la posibilidad de que se pueda transferir las ideas del cerebro y aún hasta la consciencia humana a estos contenedores de tecnología cuántica para luego activarlos en: cuerpos artificialmente indestructibles.

Inmortalidad cíclica[editar]

Se sabe que la Turritopsis nutricula es el único ser vivo potencialmente capaz de no morir en el sentido literal, ya que puede volver a un estado de inmadurez sexual (regresando a su forma de pólipo) repitiéndose indefinidamente, y así evitar la muerte.

En una pequeña parte se podría decir que éste es inmortal, pero por otro lado, según el concepto propio de inmortalidad, éste no es indestructible, pero es un buen ejemplo de lo que es vivir eternamente.

Referencias[editar]

  1. Savater, Fernando, La vida eterna, Ariel, 2007, ISBN 978-84-344-5309-8,p.67
  2. Telómeros y telomerasa

3. Gustavo Flores Quelopana y Enrique Alvarez Vita, Vida más allá de la muerte, IIPCIAL, Lima 2010.

4. Gustavo Flores Quelopana, Alma, mente cerebro y máquina, IIPCIAL, Lima 2011.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]