Ley divina

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Ley divina o ley de Dios es un concepto teológico-jurídico, presente especialmente en el pensamiento escolástico, que denomina a las leyes que no dependen de los hombres, sino de Dios.

A diferencia de la ley humana, el hombre no puede cambiarla. No debe confundirse con el concepto de ley natural, también inmutable, pero a la que, al contrario de la ley divina, puede accederse por la razón humana. Tampoco debe confundirse con el concepto de ley eterna, que es eterna e infinita como Dios, y por tanto también se escapa al conocimiento humano.

En la definición de Tomás de Aquino (De lege), la ley de Dios proviene únicamente de la Revelación a través de las Sagradas Escrituras (ley bíblica, como por ejemplo, los Diez Mandamientos y otras prescripciones que aparecen en la Biblia); por tanto es accesible al hombre, y su observancia es necesaria para la salvación.[1]

En otras religiones distintas al cristianismo existen conceptos similares, aunque de aplicación muy diferente: la sharia y el conjunto de prescripciones del islam (extraidas no sólo del Corán, sino también del Hadiz y otras fuentes) o la halajá, el mitzvá y el conjunto de prescripciones del judaísmo (extraidas de la Torá y el Talmud).[2]

El pensamiento cristiano da gran importancia al momento histórico de la Redención por cuanto establece una "nueva ley", "ley evangélica" o Ley de Cristo que supera la "antigua ley" o Ley de Moisés; entendidas también en términos de "alianza" entre el hombre y Dios (nueva alianza y antigua alianza). En un lenguaje de origen medieval, que ha quedado obsoleto, el término "ley" se utilizaba como sinónimo de "religión" (pero con un fuerte sentido identitario étnico y consecuencias jurídicas y políticas en las distintas comunidades -aljamas en los reinos cristianos peninsulares-) para diferenciar a los seguidores de la Ley de Cristo, la Ley de Moisés y la Ley de Mahoma.[3]

Véase también[editar]

Notas[editar]