Integrismo

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Louis Veuillot (1813-1883), máximo exponente del integrismo católico francés (ultramontanismo) del siglo XIX.

Integrismo es la actitud de determinados colectivos hacia los principios de la doctrina tradicional, de manera que rechazan cualquier cambio doctrinal, con la intención de mantener íntegros e inalterados tales principios. Tiene su origen en grupos católicos ultramontanos del siglo XIX que reaccionaron contra el laicismo proponiendo una política católica «íntegra».

Pese a la legitimidad e incluso conveniencia de conservar libres de cambios determinados valores o conjunto de creencias, el calificativo "integrista" ha tomado un claro tinte negativo y despectivo, de manera que ni siquiera los defensores de tales valores se autodenominan ya "integristas" y sus detractores utilizan el término como descalificativo absoluto. Es una postura habitual en distintas corrientes religiosas, ideológicas, políticas, educativas e incluso científicas.

Historia del integrismo católico[editar]

El adjetivo integrista tiene su origen en España, concretamente en el sector del carlismo liderado por Cándido y Ramón Nocedal en la década de 1880 que al separarse de Don Carlos fundaría el que más tarde sería conocido como Partido Integrista. El calificativo lo habían empleado en un principio sus detractores de forma peyorativa para quienes se definían a sí mismos como católicos y carlistas «intransigentes» e «íntegros» —seguidores a rajatabla del Syllabus del papa Pío IX—, en contraposición a los católicos que el diario El Siglo Futuro definía como «mestizos» (católicos que aceptaban el sistema liberal). Sin embargo, en una conferencia pronunciada en Sabadell en 1889, el sacerdote catalán Félix Sardá y Salvany, seguidor de Nocedal, propuso apropiarse de la calificación de «integristas»,[2]​ declarando: «¿Integristas? Sí señores míos, y a mucha honra».[3]

Sardá y Salvany reconocía en esa misma conferencia que el ideal católico integrista no era algo que se hallase exclusivamente en España, sino que ya estaba presente en otros países, y que en el extranjero llevaba «este mismo o parecido» nombre, afirmando:[2]

Apóstoles tiene hoy en día este ideal bendito en todas las naciones del globo, donde con este mismo o parecido apodo, es motejado por la Revolución y por otros complacientes con ella. Los tiene Francia, los tiene Suiza, los tienen Bélgica y Alemania y Austria e Italia e Inglaterra; los tienen nuestras hermanas las repúblicas del continente americano, al frente de las cuales ha hecho ondear el Ecuador esta bandera, tinta en la sangre de García Moreno, que murió por ella. Mas, creedlo: si en ninguna de estas naciones le quedase un soldado a la soberanía íntegra de Cristo Nuestro Señor, quedaríanle muchos todavía en esta su fiel España, donde con mayor esplendor que en otra nación alguna ha reinado en los pasados siglos, y donde con más veneración que en otra alguna del globo ha prometido volver a reinar.[2][3]

Una corriente similar liderada años después en Francia por el abate Paul Boulin, creador de los Cahiers anti-judéo-maçonniques, recibiría el nombre de «integralista».[4]​ Los integrales franceses estuvieron contra el grupo católico democrático de Le Sillon liderado por Marc Sangnier y apoyaron el movimiento nacionalista monárquico Action Française de Charles Maurras.[5]​ Aunque los errores de Le Sillon fueron condenados por el papa Pío X en 1910 en su encíclica Notre charge apostolique, la Action Française sería a su vez condenada en 1926 por Pío XI, quien además, asumiendo la postura de los jesuitas, definió el integralismo como la última manifestación de la herejía jansenista.[6]

Además de la imputación de jansenismo, los jesuitas acusarían a los integrales de hacer el juego a los modernistas porque ampliaban a tal grado la noción de modernismo, que ofrecían a estos un campo de maniobra muy cómodo. Paradójicamente, integrales y modernistas se encontrarían en un mismo frente común contra los jesuitas, aunque por distintas razones.[5]

En Italia se desarrollaría también el integralismo abanderado por monseñor Umberto Benigni, creador de la red secreta contra el modernismo Sodalitium Pianum.[4]​ En 1928 el padre jesuita Enrico Rosa, director de la revista La Civiltà Cattolica, se referiría a los «integralistas» de Francia e Italia en estos términos, distinguiéndolos de los integristas españoles de El Siglo Futuro:[2]

Los artículos de La Civiltà Cattolica contra los «integralistas», como a sí mismos se llaman —y no «integristas»— se refieren apersonas sin escrúpulos que laboran secretamente con una ostentación de ortodoxia en la apariencia, pero en realidad, en aras de sus intereses y pasiones particulares, calumniando gustosamente a cuantos luchan por la buena causa, y, sobre todo, a los Jesuítas, con poca sinceridad y mucha parcialidad. ¿Quiere usted un ejemplo de ello? Fíjese en el silencio que guardan sus publicaciones, en especial las de la agencia Veritas (Urbe, Romana, etc.), imitada por Fede e Ragione, sobre la rebeldía de la Action Française, mientras no cesan de hablar de Le Sillon y del internacionalismo que ocupan el otro extremo del error, en oposición al nacionalismo exagerado y anticatólico de los ateos Maurras y compañía, la difusión que procuran o la complicidad silenciosa con que ayudan a la propaganda de aquel diluvio de libelos contra los Jesuítas bajo el pseudónimo de Recalde, y contra la Santa Sede y en especial contra el secretario de Estado de Su Santidad y otros personajes eminentes, etc.[7]

Bajo el seudónimo I. de Recalde se escondía el citado Paul Boulin, a quien Eusebio Gil Coria define como «tal vez la figura del integrista total». Sus artículos contra los jesuitas fueron reproducidos por Begnini, antisemita que acusaba a la Compañía de Jesús de conjurar contra el fascismo en Italia y de ser sicarios del «internacionalismo judío-masónico-demócrata». Boulin rompería su relación con Benigni en 1929 con ocasión de los Pactos de Letrán, que el primero definió como una «monstruosa victoria sobre la constitución milenaria de la Cristiandad».[4]

Concepto actual del integrismo[editar]

Actualmente el término fundamentalismo se emplea como sinónimo de integrismo, aunque este es de origen católico y aquel de origen protestante anglosajón, pues los fundamentalistas postulaban seguir los fundamentos de la Biblia. La incorporación del vocablo "fundamentalismo" en el diccionario de la Real Academia es reciente.

El término "integrismo" también se puede relacionar con el concepto de secta que promulgase Ernst Troeltsch, en el que se destaca su aislamiento de la sociedad y de sus principios, en contraposición con los grupos religiosos que están dispuestos a adaptarse a la sociedad en la que se hallan inmersos, en lugar de tratar de que sea la sociedad la que se ajuste a sus principios.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. https://web.archive.org/web/20140522124744/http://repository.javeriana.edu.co/bitstream/10554/2124/6/Bio%C3%A9tica%20Global%202ed..pdf
  2. a b c d Benavides, Domingo (1973). El fracaso social del catolicismo español: Arboleya-Martínez, 1870-1951. Editorial Nova Terra. p. 431. ISBN 280-0744-6 |isbn= incorrecto (ayuda). 
  3. a b Sardá y Salvany, Félix (24 de agosto de 1889). «¿Integristas?». El Siglo Futuro: 1-2. 
  4. a b c Gil Coria, Eusebio (2001). «La larga marcha hacia el encuentro (dos diglos de historia y conflictos)». El estado de Israel : El acuerdo básico de 30 de diciembre de 1993 con la Santa Sede. Universidad Pontificia Comillas. p. 62. ISBN 84-8468-023-1. 
  5. a b Gramsci, Antonio (1975). «Cuaderno 20 (XXV) 1934-1935». Cuadernos de la cárcel, vol. 6. Ediciones Era. p. 19. ISBN 968-411-461-3. 
  6. Levillain, Philippe (2002). The Papacy. An Encyclopedia. Vol. 2. p. 1198. ISBN 0-415-92230-5. 
  7. «Cartas de Roma: Una homonimia al servicio de la ignorancia... o ¿de la mala fe? Nuestra entrevista con el P. Enrique Rosa, Director de "La Civiltá Cattolica"». El Siglo Futuro: 1. 31 de diciembre de 1928. 

Bibliografía[editar]

  • CASANOVA, José. Dimensiones Públicas de la Religión en las modernas sociedades occidentales. En: Iglesia Viva, No. 178-179, julio/octubre de 1995, pp. 395 - 410.
  • GELLNER, Ernest. Posmodernismo, razón y religión. Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 1994.
  • KEPEL, Gilles. Al Oeste de Alá, La penetración del Islam en Occidente. Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 1995ª.
  • KEPEL, Gilles (Dir.). Las Políticas de Dios. Grupo Anaya & Mario Muchnik. Madrid, 1995b.
  • Mardones, José María (Dir). '10 palabras clave sobre fundamentalismos. Editorial VERBO DIVINO, Estella (Navarra), 1999.
  • PACE, Enzo y GUOLO, Renzo. 'Los fundamentalismos. SIGLO XXI Editores. México, 2006.
  • PALOMINO, Rafael. Laicidad, laicismo y ética pública, Athena Intelligence Journal, Vol. 3, No 4, pp. 77-97
  • PATIÑO, Carlos. Política e Identidad en el comienzo del Siglo XXI. Editorial UNIVERSIDAD PONTIFÍCIA BOLIVARIANA. Medellín, 1998.
  • TAMAYO, Juán José. Fundamentalismos y diálogo entre religiones. Editorial TROTTA. Madrid, 2004.
  • SALEH, WALEED. El ala radical del Islám. El Islám político: realidad y ficción, Siglo XXI, Madrid, 2007.