Divinidad

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La divinidad y lo divino son términos de uso muy extendido, aunque su significado no está claramente definido, y no es un sinónimo perfecto del concepto de deidad ni del de dios.

Contexto[editar]

La expresión «lo divino» se utiliza de manera variable en distintas confesiones y creencias, e incluso entre diferentes individuos dentro de una misma fe, para referirse a un poder transcendental, o a sus atributos y manifestaciones en el mundo, y aunque puede, no tiene por qué presuponer la existencia de diversos dioses o de un único Dios absoluto.

Esta diferencia entre divinidad y deidad se puede ilustrar haciendo alusión a la visión cosmológica de alguna religión no teísta, como por ejemplo el budismo, donde, mientras la divinidad es entendida principalmente como la ley que gobierna el mundo, de manera infinita y eterna, las deidades (devas) son mortales —aunque su longevidad se mida en millones de años— y no tienen el poder de ir contra esa ley suprema.

Usos de la palabra[editar]

Para la palabra «divinidad» existen tres usos diferentes, que sería posible superponer o integrar:

  • En referencia al Dios único y absoluto de las religiones monoteístas, o bien a un dios de las religiones politeistas, u otra entidad similar a un dios.
  • En referencia a poderes, fuerzas, energías, leyes o verdades que son universales y que trascienden las capacidades humanas.
  • En referencia a las cualidades de individuos o del ser humano si se considera que tiene un acceso especial a, o es parte de lo divino.

La divinidad como fuerza o poder, se refiere a la operación de un poder transcendental en el mundo.

Los diversos dioses de las múltiples corrientes del hinduismo representan uno u otro aspecto del funcionamiento del mundo, pero se reconoce que cada dios es sólo un aspecto de una única esencia divina que lo abarca todo (Brahman), sin forma y sin características.

Igualmente, el taoísmo propone un principio operante trascendental llamado Tao, que no es ni un ser ni una entidad, pero que da orden a este mundo.

La divinidad de los seres humanos[editar]

En muchas religiones, como por ejemplo el sufismo islámico, en el gnosticismo o en el hinduismo advaita, se afirma, o bien que todos los humanos son en esencia divinos, o que son parte de lo divino, o que están unidos con lo divino de manera muy significativa. En esta visión se considera que es el mundo físico y social en el que vivimos lo único que nos oculta esta naturaleza divina que poseemos, que se nos mostrará a través de las prácticas espirituales.

En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se amplifica la creencia de un origen divino de cada ser humano, con la enseñanza que cada persona es un hijo o una hija espiritual de Dios Padre, y que antes de la creación de este mundo, toda la humanidad vivía espiritualmente con el Padre Celestial y con Jesucristo en una vida premortal donde el Padre Celestial presentó un plan de progreso eterno para sus hijos espirituales. Por medio de este plan, cada alma tendría la oportunidad de progresar en conocimiento, fe, amor, y gozo, hasta alcanzar un estado divino con Jesucristo si seguían al Señor, por medio de Su misericordia y el arrepentimiento. Recibir un cuerpo físico sería parte de este plan. Los pasos del arrepentimiento, el bautismo, y convenios de guardar los mandamientos fueron explicados para recibir la misericordia prometida. Dejar la presencia de Dios y llegar al mundo mortal sin una recordanza de la vida premortal serían parte de una prueba de fe, y los que no tuviesen el evangelio durante esta vida tendrían la oportunidad de arrepentirse en el mundo de los espíritus antes de la resurrección de cada persona. Esta creencia se basa en escrituras de un «profeta moderno», Joseph Smith, llamadas Doctrina y Convenios y Perla de Gran Precio.

Véase también[editar]

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