Sola fide

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Sola fide (en español, por la fe sola o sólo por la fe) también conocida históricamente como la doctrina de la justificación por la fe sola, es una doctrina teológica cristiana que distingue a la mayoría de las denominaciones protestantes del catolicismo, el cristianismo ortodoxo, y algunos en el Movimiento de Restauración.

La doctrina de la sola fide o «sólo por la fe», afirma el perdón de Dios para los pecadores culpables se concede y recibe a través de la fe sola, con exclusión de todas las «obras». Toda la humanidad, se afirma, ha caído por el pecado bajo la maldición de Dios, y es incapaz de salvarse a sí mismo de la ira y de la maldición de Dios. Pero Dios, basándose en la vida, muerte y resurrección de su Hijo, únicamente Jesucristo (solus Christus), otorga a los pecadores perdón judicial, o justificación, que se recibe únicamente a través de la fe. La fe es vista como pasiva, simplemente recibiendo a Cristo y todos sus beneficios, entre los cuales los beneficios son la justicia activa y pasiva de Jesucristo. La justicia de Cristo, según los seguidores de sola fide, es imputada (o atribuida) por Dios para el pecador creyente (en lugar de infundirla o impartirla), por lo que el veredicto divino y el perdón del pecador creyente no se basa en nada en el pecador, ni siquiera en la fe misma, sino en Jesucristo y su justicia por sí sola, que se reciben a través de la fe sola. La justificación es solo por la fe y se distingue de las otras gracias de salvación.

El protestantismo histórico (ambos, luteranos y reformados) ha mantenido a la justificación–sola fide en contra de la religión católica en especial, pero también en oposición a los aspectos significativos de la ortodoxia oriental. En el Concilio de Trento la Iglesia católica declaró en el canon XIV sobre la justificación que «Si alguno dijere, que el hombre queda absuelto de los pecados, y se justifica precisamente porque cree con certidumbre que está absuelto y justificado; o que ninguno lo está verdaderamente sino el que cree que lo está; y que con sola esta creencia queda perfecta la absolución y justificación; sea anatema (excomulgado)». Por lo tanto, la fe sola es fundamental para el protestantismo, y la distingue de otras denominaciones cristianas. De acuerdo con Martín Lutero, la justificación por la fe sola es el artículo sobre la cual la iglesia se mantiene o cae.

Las teologías cristianas responden a las preguntas acerca de la naturaleza, la función y significado de la justificación de manera muy diferente. Estos temas incluyen: ¿Es la justificación un evento que ocurre instantáneamente o se trata como un proceso continuo? ¿Es la justificación efectuada por la acción divina sola (monergismo), por la acción divina y humana en conjunto (sinergismo), o por la acción humana? ¿Es la justificación permanente o puede que se pierda? ¿Cuál es la relación de la justificación con la santificación, el proceso mediante el cual los pecadores se convierten en justos y están habilitados por el Espíritu Santo para vivir una vida agradable a Dios?

La justificación en el luteranismo[editar]

De 1510 a 1520, Lutero dio una conferencia sobre los Salmos y los libros de Hebreos, Romanos y Gálatas. Mientras estudiaba estas porciones de la Biblia, llegó a ver el uso de términos como penitencia y la justificación por la Iglesia católica en nuevas formas (véase Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 4, 1-5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 3, 1-7». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  y Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 15, 6». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ). Se convenció de que la Iglesia estaba corrompida en sus caminos, y había perdido de vista lo que consideraba varias de las verdades centrales del cristianismo, la más importante de las cuales, para Lutero, era la doctrina del acto de Dios de declarar a un pecador justo por la justificación por la fe, solamente por la gracia de Dios. Él comenzó a enseñar que la salvación o la redención era un don de la gracia de Dios, alcanzable sólo a través de la fe en Jesús.[1]

«Esta roca firme, lo que llamamos la doctrina de la justificación», insistía Martín Lutero, «es el principal artículo de toda la doctrina cristiana, que comprende el entendimiento de toda piedad».[2]​ También hizo un llamado a esta doctrina en el articulus stantis et ecclesiae cadentis («artículo de la situación y la caída de la iglesia»): «(...) Si este artículo está, la Iglesia está; si cae, la Iglesia cae».[3]​ Los luteranos siguen a Lutero en esto cuando llaman a esta doctrina «el principio material» de la teología en relación con la Biblia, que es «el principio formal».[4]​ Ellos creen que la justificación por gracia mediante la fe en la justicia de Cristo solamente es el evangelio, el núcleo de la fe cristiana en torno al cual todas las demás doctrinas cristianas estén centradas y basadas.

Lutero llegó a comprender la justificación como enteramente la obra de Dios. Cuando la justicia de Dios es mencionada en el Evangelio, es el acto de Dios declarar justo al pecador injusto que tiene fe en Jesucristo.[5]​ La justicia por la cual el hombre es justificado (declarado justo) no es la suya (teológicamente, la justicia propiamente dicha), sino la de otro, Cristo (justicia ajena). «Es por eso que la fe sola hace a alguien justo y cumplidor de la ley», dijo Lutero. «La fe es la que trae el Espíritu Santo a través de los méritos de Cristo».[6]​ Así, la fe, para Lutero, es un don de Dios, y «(...) la vida, la confianza audaz en la gracia de Dios, tan seguro del favor de Dios que iría a morir mil veces confiando en él».[7]​ Esta fe capta la justicia de Cristo y se apropia de ella para el creyente. Explicó su concepto de «justificación» en los Artículos de Esmalcalda:

El primer y más importante artículo es este: Jesucristo, nuestro Dios y Señor, murió por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificación (Romanos 3:24-25). Sólo Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Juan 1:29), y Dios cargó en Él la iniquidad de todos nosotros (Isaías 53:6). Todos han pecado y son justificados gratuitamente, sin sus propias obras y méritos, por Su gracia, a través de la redención que es en Cristo Jesús, en Su sangre (Romanos 3:23-25). Esto es lo que es necesario creer. Esto no se puede adquirir o entender por ninguna obra, ley o mérito. Por lo tanto, es claro y cierto que sólo esta fe nos justifica. (...) Nada de este artículo se puede renunciar o abandonar, aún si el cielo y la tierra y todo lo demás cayera (Marcos 13:31).[8]

Tradicionalmente, los luteranos han enseñado una forense (o legal) justificación, un veredicto divino de la absolución pronunciada en el pecador creyente. Dios declara al pecador «no culpable», porque Cristo ha tomado su lugar, viviendo una vida perfecta de acuerdo a la ley de Dios y sufriendo por sus pecados. Para los luteranos, la justificación en ningún modo depende de los pensamientos, palabras y hechos de aquellos justificados mediante la fe en Cristo. La nueva obediencia que el pecador justificado rinde a Dios a través de la santificación sigue a la justificación, como consecuencia, pero no es parte de la justificación.[9]

Los luteranos creen que las personas reciban este regalo de la salvación por la fe sola.[10]​ La fe salvadora es el conocimiento,[11]​ aceptación[12]​ y confianza[13]​ en la promesa del Evangelio.[14]​ Incluso la fe misma es vista como un don de Dios, creada en los corazones de los cristianos[15]​ por la obra del Espíritu Santo a través de la Palabra[16]​ y el Bautismo.[17]​ La fe es vista como un instrumento que recibe el don de la salvación, no es algo que causa la salvación.[18]​ Por lo tanto, los luteranos rechazan la «teología de la decisión», que es común entre los evangélicos modernos.

Para los luteranos, la justificación proporciona el poder por el cual los cristianos pueden crecer en santidad. Esta mejora se produce en el creyente sólo después de que se ha convertido en una nueva creación en Cristo por el Santo Bautismo. Esta mejora no se completa en esta vida: los cristianos son siempre «santos y pecadores al mismo tiempo» (simul iustus et peccator):[19]​ santos porque son santos en los ojos de Dios, por el amor de Cristo, haciendo obras que le agrada; pecadores porque continúan pecando hasta la muerte.

Origen del término[editar]

Pintura de Lutero de 1861, descubriendo la doctrina de la Sola fide en Erfurt.

Martín Lutero elevó la sola fide como la causa principal de la reforma protestante, el grito de guerra de la causa protestante, y la principal distinción entre el cristianismo protestante y el catolicismo. Juan Calvino, también un defensor de esta doctrina, enseña que «todo el que obtiene la justicia de Cristo debe renunciar a la suya». Según Calvino, es sólo porque el pecador es capaz de obtener una buena posición ante el Hijo de Dios, por la fe en él, y la unión con él, para que los pecadores tengan alguna esperanza de perdón, la aceptación por parte y la paz con Dios.

Esta terminología exacta («por la fe sola») no aparece en las traducciones de la Biblia más que en Santiago|2:24, donde se ha afirmado que el autor parece rechazar la idea de que el hombre es justificado por Dios exclusivamente a causa de la fe.[20]

Lutero agregó la palabra "solo" (allein en alemán) a Romanos 3:28 polémicamente para que dijera: "Así que ahora sostenemos que el hombre es justificado sin la ayuda de las obras de la ley, solo a través de la fe"[21]​ La palabra "solo" no aparece en los textos griegos,[22]​ pero Lutero defendió su traducción al sostener que el adverbio "solo" era requerido tanto por el idiomático alemán como por el significado del apóstol Pablo,[23]​ y que la palabra "solo" se usó en la tradición teológica antes que él. Otras autoridades católicas también usaron "solo" en su traducción de Romanos 3:28 o en exégesis de la salvación en pasajes sobre la fe.[24][25]

El lugar de las obras[editar]

La posición que la justificación es solo por la fe a menudo se ha encargado de promover el antinomismo, en el cual con la fe salvífica no es necesario realizar obras de obediencia a Cristo, que es un punto de vista más que rechazan los que sostienen la sola fide, invocando muchas autoridades del pasado y el presente en concurrencia.

De acuerdo con Santiago la fe actúa juntamente con las obras, y la fe se perfecciona por las obras (Santiago 2:22).

Martín Lutero, quien se opuso al antinomismo, es registrado diciendo: «Las obras son necesarias para la salvación, pero no causan la salvación; la fe solamente vivifica».[26]

En su Introducción a Romanos, Lutero declaró que la fe salvadora:

está viva, creadora, activa y algo muy poderosa esta fe. La fe no puede dejar de hacer buenas obras constantemente. No se detiene a preguntar si las buenas obras deben hacerse, pero antes de que alguien le pregunte, ya las ha hecho y las sigue haciendo sin cesar. Cualquier persona que no hace buenas obras de esta manera es un incrédulo. (...) Por lo tanto, ¡es igualmente imposible separar la fe de las obras como separar el calor y la luz del fuego![27]

El teólogo escocés John Murray, del Westminster Theological Seminary en Filadelfia, afirmó:

La fe sola justifica, pero una persona justificada con la fe solamente sería una monstruosidad que no existe en el reino de la gracia. La fe obra por sí sola a través del amor (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 5, 6». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ). Y la fe sin obras está muerta (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Santiago 2, 17-20». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ).

Es vivir la fe que justifica y la fe viva unida a Cristo tanto en la virtud de su muerte y en el poder de su resurrección. Nadie se ha confiado a sí mismo con Cristo por la liberación de la culpa del pecado que no haya encomendado también a sí mismo con él por la liberación del poder del pecado.[28][29]

El teólogo evangélico contemporáneo R. C. Sproul escribe:

La relación de la fe y las buenas obras es una que puede ser distinguida pero nunca separada. (...) si las buenas obras no siguen a nuestra profesión de fe, es una clara indicación de que no poseemos la fe que justifica. La fórmula reformada es «Somos justificados por la fe solamente, pero no por una fe que está sola».[30]

Michael Horton está de acuerdo diciendo:

Este debate, por lo tanto, no es sobre la cuestión de si Dios nos renueva e inicia un proceso de crecimiento gradual en la santidad a lo largo de nuestras vidas. «Somos justificados por la fe solamente, pero no por una fe que está sola», afirmó Lutero, y de esta afirmación se repite la del nuevo nacimiento y la santificación como algo necesariamente vinculado a la justificación, lo que nos lleva a preguntarnos cómo siguen perpetuándose las caricaturas sin fundamento [sobre la sola fide].[31]

La Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, firmada tanto por la Federación Luterana Mundial como por la Iglesia Católica Romana el 31 de octubre de 1999, declara:

Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor.[32]

Estatus de la doctrina[editar]

Pablo rechaza la proposición de que la justificación ante Dios se obtiene debido al mérito de la obediencia a la Ley de Moisés (ver también la ley bíblica en el cristianismo), o la circuncisión y las obras de Abraham; él cree que la justificación se obtiene por la fe que obra por amor. (Gálatas 5: 6)

Santiago rechaza la idea de que una fe muerta, una fe sin obras, puede justificar al hombre. Como Pablo, él cree que solo una fe verdadera, la fe que obra por amor, puede justificar a los hombres. No habría una contradicción entre Pablo y Santiago.

Los protestantes basan la sola fide en el hecho de que el Nuevo Testamento contiene casi doscientas declaraciones que parecen implicar que la fe o la creencia es suficiente para la salvación. Por ejemplo: «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 11, 25». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ). Y especialmente las palabras de Pablo en Romanos: «Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley» (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 3, 28». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ) y «Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia» (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 4, 4-5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ).

La doctrina de la sola fide propone que la fe en Cristo es suficiente para que los pecadores sean aceptados por Dios, contados entre su pueblo, y dotarlos con motivos de confianza, gratitud y amor hacia Dios de la que vienen las buenas obras. Algunos grupos cristianos, como los católicos creen que la fe es necesaria para la salvación pero ésta requiere obediencia y actos de amor y caridad, como requisito previo para la aceptación en su reino, y por la recompensa de la vida eterna. Esto está en línea con la visión tradicional de la fe como la fidelidad [a Dios] en el Antiguo Testamento.

La relación precisa entre la fe y las buenas obras se mantiene como un área de controversia en algunas tradiciones protestantes. Incluso desde el principio de la Reforma, las diferencias sutiles de énfasis aparecieron. Por ejemplo, debido a la Epístola de Santiago hace hincapié en la importancia de las buenas obras, Martín Lutero se refiere a veces a ella como la «epístola de paja». Calvino, por otro lado, si bien no con la intención de diferir con Lutero, describió las buenas obras, como consecuencia o «fruto» de la fe. Los anabaptistas tendían a hacer una distinción nominal entre la fe y la obediencia. Las reuniones recientes de eruditos y clérigos han intentado suavizar la antítesis entre las concepciones del papel de la fe en la salvación de los protestantes y católicos, lo cual, si tuvieran éxito, tendrían implicaciones de largo alcance de las relaciones entre la mayoría de los protestantes y la Iglesia Católica. Estos intentos de formar un consenso no son ampliamente aceptados entre cualquiera de los protestantes o los católicos, por lo que la sola fide sigue siendo un distintivo doctrinal de las iglesias de la Reforma, incluidos los luteranos, reformados, y muchos evangélicos. Sin embargo, algunas declaraciones de la doctrina se interpretan como una negación de la doctrina tal como se entiende por otros grupos. Hay un componente semántico en este debate, así, que se ha ganado una nueva atención en el siglo pasado. Tanto el latín, como en el inglés y el español, tienen dos palabras para describir convicciones: una es más intelectual (latín y español: credo) y la otra lleva implicaciones de la «fidelidad» (latín: fides, español: fe). Pero el griego y el alemán tienen sólo una (alemán: Glaube, griega: pistis). Algunos historiadores han sugerido que esta cuestión semántica provocó algunos de los desacuerdos: Tal vez los partidarios de Lutero pueden haber entendido «la salvación por la fe sola» en el sentido de «la salvación por la fidelidad a Cristo», mientras que sus oponentes lo entienden como «la salvación por la creencia intelectual en Cristo». Puesto que hay pasajes de las obras de Lutero que se podrían tomar para apoyar cualquiera de estos significados, ambas partes pudieron citar pasajes de Lutero defendiendo su interpretación de lo que quería decir.

La Fe y las Escrituras[editar]

Pasajes utilizados para defender la fe sin obras[editar]

Y [Abraham] creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Génesis 15, 6». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Isaías 55, 1». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 7, 22-23». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 5, 20». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 18, 10-14». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 23, 40-43». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 36». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 
  • Y el que cree en (tiene fe en, se aferra a, se basa en) el Hijo tiene (ahora posee) la vida eterna. Pero el que desobedece (es incrédulo hacia, se niega a confiar en, no tiene en cuenta, no está sujeto a) el Hijo no verá (experimentará) la vida, pero [en su lugar] la ira de Dios está sobre él. [Desagrado de Dios permanece en él; Su indignación se cierne sobre él continuamente].
—Juan 3:36 (Amplified Bible)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 5, 24». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 6, 28-29». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 6, 40». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 6, 47». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 14, 6». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hechos 10, 43». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hechos 16, 31». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hechos 26, 18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 1, 17-18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 3, 28». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 4, 5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 5, 1». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 6, 23». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 10, 9». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 11, 6». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) y todo lo que no proviene de fe, es pecado.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 14, 23». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Corintios 1, 21». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 2, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 2, 21». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? (...) De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. (...) ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 3, 1-3, 9-14, 21-25». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 3, 8». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 5, 4-5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Efesios 1, 13-14». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Efesios 2, 8-10». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Filipenses 3, 9». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Timoteo 1, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Tito 3, 5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.[33]

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Santiago 3, 5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Pasajes utilizados para defender la fe con obras[editar]

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Salmos 15». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Se unieron asimismo a Baal-peor, y comieron los sacrificios de los muertos. Provocaron la ira de Dios con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos. Entonces se levantó Finees e hizo juicio, y se detuvo la plaga; y le fue contado por justicia de generación en generación para siempre.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Salmos 106, 28-31». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 5, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 5, 48». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 7, 21». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 7, 24-27». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 12, 36-37». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 16, 27». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 19, 16-21». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 24, 10-13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 25, 31-46». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Mateo 28, 19-20a». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 8, 21». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Lucas 10, 25-28». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 5, 29». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 13, 35». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hechos 26, 20». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, (...) porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 2, 6-7, 13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 2, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 6, 7b-9». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Corintios 7, 19». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Corintios 10, 12». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Corintios 13, 2-3». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Corintios 13, 13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «2 Corintios 5, 10». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Filipenses 2, 12b-13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Timoteo 4, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Timoteo 6, 18-19». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Hebreos 10, 24». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Santiago 1, 22». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Santiago 2, 14-26». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación (...).

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Pedro 1, 17». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

(...) manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Pedro 2, 12». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Juan 2, 3-7». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «1 Juan 3, 17-18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Apocalipsis 2, 23». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Apocalipsis 14, 12-13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Apocalipsis 20, 13». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Apocalipsis 22, 12». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). 

Obras de la Ley[editar]

Muchos católicos ven la exclusión de las «obras de la ley», ya que sólo se refiere a obras hechas para la salvación bajo la ley mosaica, frente a las obras de la fe que se realizan como meritorias para la salvación.

Los partidarios de la sola fide responden que Jesús no instituyó mantener un código moral superior como medio de salvación, y tienden a ver a la exclusión de las «obras de la ley» (como los medios para obtener la justificación) que se refiere a cualquier obra de la ley mosaica y, por ende, cualquier «obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho» (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Tito 3, 5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ) o cualquier sistema en el que uno gana la vida eterna sobre la base del mérito de las obras.

Sin embargo, la mayoría entiende que la «justicia de la ley» debe ser cumplida por aquellos que son justificados por la fe (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 8, 4». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ). La ley de Moisés y los principios del Evangelio (como el Sermón de la Montaña y el juicio final de Mateo 25) son vistos como estar en de acuerdo con esto, cumpliendo, aclarando y ampliando el primero, centrado en el amor de Dios por nosotros, y amar a los demás. Así, un creyente protestante puede afirmar que la «ley es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno» (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 7, 12». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). ) armonizando los dos principios de la misma Biblia.

Tradición Proceso
o
Evento
Tipo
o
Acción
Permanencia Justificación
y
Santificación
Católicos Proceso Sinergismo Se puede perderse a través del pecado mortal Parte del mismo proceso
Luteranos Evento Divino monergismo Puede ser perdida a través de la pérdida de la fe La justificación es aparte y se produce antes de la santificación
Metodistas Evento Sinergismo Puede ser perdida Dependiente del ejercicio constante de la santificación
Ortodoxos Proceso Sinergismo Puede ser perdida por el pecado Parte del mismo proceso de theosis
Reformados Evento Divino monergismo No se puede perder Ambos son el resultado de la unión con Cristo

Sola fide y los Padres de la Iglesia[editar]

Hay varios Padres de la Iglesia que enseñaron que la fe que obra por amor (Gálatas 5:6) puede justificar al hombre y no un solo consentimiento intelectual de la existencia de Dios. Estos son algunos de ellos:

Clemente de Roma (c. 30-100)

Y así nosotros [los cristianos], habiendo sido llamados por su voluntad en Cristo Jesús, no nos justificamos a nosotros mismos, o por medio de nuestra propia sabiduría o entendimiento o piedad u obras que hayamos hecho en santidad de corazón, sino por medio de la fe, por la cual el Dios Todopoderoso justifica a todos los hombres que han sido desde el principio; al cual sea la gloria para siempre jamás. Amén.[34]

Justino Mártir (m. 165)

(...) no ya por la sangre de machos cabríos y de ovejas, ni por la ceniza de los novillos (...) sino por la fe, gracias a la sangre de Cristo y de su muerte. Para este fin murió Él (...).[35]

Dídimo el Ciego (c. 313-398)

(...) una persona es salva por gracia, no por obras sino por la fe. No debe haber ninguna duda de que la fe salva y luego vive haciendo sus propias obras, para que las obras que se añaden a la salvación por la fe no son las de la ley, sino unas acciones diferentes por completo.[36]

Hilario de Poitiers (c. 315-67) sobre Mateo 20:7

Los salarios no pueden ser considerados como un regalo, ya que se deben al trabajo, pero Dios ha dado la gracia gratuita a todos los hombres por la justificación por la fe.[37]

Basilio de Cesarea (329-379)

El que cuenta con jactancia en el Señor, que Cristo ha sido hecho por Dios para nuestra justicia, sabiduría, justificación, redención. Esta es la jactancia perfecta y pura en Dios, cuando uno no es orgulloso a causa de su propia justicia, pero sabe que él es indigno de la verdadera justicia y es (o ha sido) justificado únicamente por la fe en Cristo.[38]

Ambrosio de Milán (c. 339-397)

Por tanto, nadie se jacta de sus obras, porque nadie puede ser justificado por sus obras; sino el que es sólo lo recibe como un regalo, porque se justifica por el lavamiento de la regeneración. Es la fe, por lo tanto, lo que nos ofrece por la sangre de Cristo, porque bendito es aquel cuyos pecados son perdonados, y a quienes se les concede el perdón.[39]

Jerónimo de Estridón (347-420) sobre Romanos 10:3

Dios justifica por la fe sola. (Deus ex sola fide justificat).[40]

Juan Crisóstomo (349-407)

En la Escritura dice que la fe nos ha salvado. Puesto mejor: Puesto que Dios lo quiso, la fe nos ha salvado. Ahora en qué caso, dime, ¿salva la fe sin que ella misma hacer nada en absoluto? Las propias obras de fe son un regalo de Dios, para que nadie se gloríe. Entonces, ¿qué está diciendo Pablo? No es que Dios ha prohibido las obras, sino que él nos ha prohibido ser justificado por las obras. Nadie, dice Pablo, es justificado por las obras, precisamente para que la gracia y la benevolencia de Dios pueden ser evidentes.

Agustín de Hipona (354-430)

Si Abraham no fue justificado por las obras, ¿cómo fue justificado? (...) Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia (Romanos 4:3; Génesis 15:6). Abraham, entonces, fue justificado por la fe. Pablo y Santiago no se contradicen entre sí: las buenas obras siguen a la justificación.

Aunque se puede decir que los mandamientos de Dios se refieren a la fe sola, si no está muerta [la fe], sino más bien entenderse como la fe viva, que trabaja a través del amor.[24][25]

Cuando alguien cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia para el creyente, como David también declara como persona bendecida a quienes Dios ha aceptado y dotado de la justicia, independientemente de cualquier acción de rectitud (Romanos 4:5-6). ¿Qué justicia es esta? La justicia de la fe, precedida por ninguna obra buena, pero con buenas obras como su consecuencia.[41]

Ambrosiastro (siglo IV) sobre Romanos 3:24

Ellos son justificados gratuitamente porque no han hecho nada, ni dado nada a cambio, sino sólo por la fe han sido santificados por el don de Dios.

Cirilo de Alejandría (412-444)

Porque nosotros somos justificados por la fe, no por obras de la ley, como dice la Escritura (Gálatas 2:16). ¿Por la fe en quien, entonces, somos justificados? ¿No es en el que sufrió la muerte según la carne por nosotros? ¿No es en un único Señor, Jesucristo?[42]

Tomás de Aquino (1225-1274)

Por lo tanto, la esperanza de la justificación no se encuentra en ellos [los requisitos morales y ceremoniales de la ley], sino en la fe sola, Romanos 3:28: Consideramos que un ser humano se justifica por la fe, sin las obras de la ley.[24][25]

Visión metodista[editar]

El metodismo, a diferencia de las ramas luteranas y reformadas del cristianismo protestante, enfatiza la importancia de la búsqueda de la santidad en la salvación.[43]​ El obispo Scott J. Jones en United Methodist Doctrine escribe que en la teología metodista:

La fe es necesaria para la salvación incondicionalmente. Las buenas obras son necesarias sólo condicionalmente, es decir, si hay tiempo y oportunidad. El ladrón en la cruz en Lucas 23:39-43 es el ejemplo de Wesley de esto. Él creía en Cristo y se le dijo «De cierto os digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso». Esto sería imposible si las buenas obras, que son el fruto de un verdadero arrepentimiento, y la fe eran incondicionalmentes necesarias para la salvación. El hombre se estaba muriendo y carecía de tiempo; sus movimientos estaban confinados y carecía de oportunidad. En su caso, la fe era necesaria. Sin embargo, para la gran mayoría de los seres humanos, las buenas obras son necesarias para la permanencia en la fe porque esas personas tienen tanto el tiempo y la oportunidad para ello.[44]

El obispo Jones concluye diciendo «la doctrina Unida Metodista por tanto entiende como verdad que la fe salvadora, que es el tipo de fe que da tiempo y oportunidad, se traducirá en buenas obras. Cualquier otra supuesta fe que no las hace, de hecho, no llevando a tales comportamientos no es una genuina fe salvadora».[44]​ Por otra parte, mientras que «la fe es esencial para una relación significativa con Dios, nuestra relación con Dios también toma forma a través de nuestra atención a las personas, la comunidad y la propia creación».[45]

Richard P. Bucher, contrasta esta posición con la luterana, discutiendo una analogía planteada por el fundador de la Iglesia Metodista, John Wesley:

Mientras que en la teología luterana la doctrina central y el núcleo de toda nuestra adoración y la vida es la justificación por la gracia mediante la fe, para los metodistas el foco central siempre ha sido una vida santa y la búsqueda de la perfección. Wesley dio la analogía de una casa. Dijo que el arrepentimiento es el pórtico. La fe es la puerta. Pero la vida santa es la casa en sí. Una vida santa es la verdadera religión. «La salvación es como una casa. Para entrar en la casa usted primero tiene que conseguir el pórtico (arrepentimiento) y entonces usted tiene que pasar por la puerta (la fe). Pero la casa en sí -la relación de uno con Dios- es la santidad, la vida santa» (Joyner, parafraseando Wesley, 3).[46]

Vision católica[editar]

Los católicos distinguen una fe de otra, la fides formata una fe que obra por amor "porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor (Gal 5:6)", de la "fides informis" que sería una fe muerta desprovista de obras "Así también la fe, si no tiene obras, es una fe muerta (Santiago 2:17)"

Los exegetas católicos creen que Santiago no tenía otro objetivo que enfatizar el hecho, ya enfatizado por San Pablo, de que solo la fe activa en la caridad y las buenas obras (fides formata) posee algún poder para justificar al hombre (cf. Gálatas 5:6; 1 Corintios 13:2), mientras que la fe desprovista de caridad y buenas obras (fides informis) es una fe muerta y ante los ojos de Dios insuficiente para la justificación (Santiago 2:17)[47]

Extractos de las confesiones y credos que sostienen la sola fide[editar]

Anglicanos[editar]

Artículo XI:

De la justificación del hombre

Ante los ojos de Dios somos estimados como justos pero sólo por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo por medio de la fe y no por nuestras propias obras o merecimientos. Por lo cual el hecho de que estamos justificados por la fe es sólo una doctrina muy benévola y reconfortante tal y como se expresa mayoritariamente en la homilía de la justificación.

Treinta y nueve artículos de religión (1571)

Sin embargo, ciertos teólogos anglicanos y episcopales (especialmente los anglo-católicos) abogan por una fe que se caracteriza por la fidelidad, donde las buenas obras y los sacramentos juegan un papel importante en la vida del creyente cristiano.

Luteranos[editar]

Artículo IV:

De la Justificación

También enseñan que el hombre no puede justificarse ante Dios por su propia fuerza, méritos u obras, sino que es justificado gratuitamente por Cristo a través de la fe, cuando cree que ha sido recibidos en favor y que sus pecados son perdonados por Cristo, cuya muerte dio satisfacción por nuestros pecados. Esta fe la imputa Dios para la justificación a Sus ojos, Rom. 3 y 4.

Confesión de Augsburgo (1530)

Más recientemente, la Federación Luterana Mundial acordó una declaración ecuménica con la Iglesia católica titulada la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación para trabajar hacia un acercamiento de las dos iglesias.

Bautistas[editar]

IV:

Salvación

B. Justificación, es la obra de gracia de Dios y la completa absolución basada en los principios de su gracia hacia todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. La justificación coloca al creyente en una relación de paz y favor con Dios.

Fe y Mensaje Bautistas (2000)

Bautistas reformados[editar]

XXVIII.

Los que son unidos con Cristo son justificados por la sangre de Cristo, de todos sus pecados, los del pasado, del presente y los que todavía están por venir. Comprendemos que esta justificación es el perdón gratuita y libremente dado por Dios, de la culpabilidad de todo pecado. Y que viene por la satisfacción que Cristo hizo con su muerte y aplicada al pecador por medio de la fe.

Confesión bautista de fe de Londres (1644)

Menonitas[editar]

Artículo 8.

Salvación

Por su sangre derramada por nosotros, Cristo inauguró el nuevo pacto. Él nos sana, perdona nuestros pecados, y nos libera de la cautividad del mal y de aquellos que nos hacen mal. Por su muerte y resurrección, él desbarata los poderes del pecado y de la muerte, cancela nuestra deuda de pecado, y allana el camino a una vida nueva. Somos salvos por la gracia de Dios, no por nuestros propios méritos.

Confesión de fe en perspectiva menonita (1995)

Reformados (Continentales)[editar]

Artículo 23:

La justificación de pecadores

Creemos, que nuestra bienaventuranza radica en el perdón de nuestros pecados por la voluntad de Jesucristo, y que en esto está comprendida nuestra justicia ante Dios; como David y Pablo nos enseñan, declarando: que alea bienaventuranza del hombre es que Dios le imputa la justicia sin las obras.

Y este mismo apóstol dice: «siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Rom. 3:24). Y por esto, nos asimos siempre a este fundamento, dando todo el honor a Dios, humillándonos y reconociéndonos tales cual somos, sin vanagloriarnos de nosotros mismos o de nuestros méritos, apoyándonos y descansando tan sólo en la obediencia de Cristo crucificado, la cual es la nuestra propia si creemos en Él.

Esta es suficiente para cubrir todas nuestras iniquidades, y darnos confianza, librando la conciencia de temor, asombro y espanto para llegar a Dios, sin hacer como nuestro primer padre Adán, quien, temblando, pretendía cubrirse con hojas de higuera. Por cierto, si tuviéramos que comparecer ante Dios confiando en nosotros mismos o en cualquiera otra criatura -por poco que ésta fuese-, seríamos (por desgracia) consumidos.

Y por esto es por lo que cada uno debe decir con David: «Oh Jehová, ...no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser humano».

Confesión de fe belga (1561)

86. Pregunta: Si somos liberados por Cristo de todos nuestros pecados y miserias sin merecimiento alguno de nuestra parte, sino sólo por la misericordia de Dios ¿Por qué hemos de hacer buenas obras?

Respuesta: Porque después de que Cristo nos ha redimido con su sangre, nos renueva también con su Espíritu Santo a su imagen; a fin de que en toda nuestra vida nos mostremos agradecidos a Dios por tantos beneficios y que El sea glorificado por nosotros. Además de esto para que cada uno de nosotros sea asegurado de su fe por los frutos. Y finalmente para que, también por la piedad e integridad de nuestra vida, ganemos a nuestro prójimo para Cristo.

87. Pregunta: Luego, ¿No pueden salvarse aquellos que siendo desagradecidos y perseverando en sus pecados no se conviertan a Dios de su maldad?

Respuesta: De ninguna manera, porque, como lo testifican las Sagradas Escrituras, no heredarán el reino de Dios los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes.

Catecismo de Heidelberg (1563)

Reformados (Presbiterianos)[editar]

Capítulo 11:

De la justificación

I. A los que Dios llama de una manera eficaz, también justifica gratuitamente, no infundiendo justicia en ellos sino perdonándolos sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas; no por algo obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo; no por imputarles la fe misma, ni el acto de creer, ni alguna otra obediencia evangélica como su justicia, sino imputándoles la obediencia y satisfacción de Cristo y ellos por la fe, le reciben y descansan en él y en su justicia. Esta fe no la tienen de ellos mismos. Es un don de Dios.

Confesión de Fe de Westminster (1646)

Metodistas Unidos[editar]

Artículo IX:

Justificación y regeneración

Creemos que nunca somos tenidos por rectos delante de Dios por medio de nuestras obras o méritos, sino que los pecadores arrepentidos son justificados o tenidos por justos delante de Dios solamente por medio de la fe en nuestro señor Jesucristo.

La Disciplina de la Iglesia Evangélica Unida de los Hermanos (1963)

Artículo IX:

De la justificación del hombre

Estamos considerados justos ante Dios, sólo por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo por la fe, y no por nuestras propias obras o merecimientos. Por tanto, que somos justificados por la fe solamente, es una doctrina más sana, y muy llena de consuelo.

Los Artículos de Religión de la Iglesia Metodista Episcopal (Disciplina de 1808)

Artículo X:

Buenas obras

Creemos que las buenas obras son los frutos necesarios de la fe después de la regeneración, pero que no tienen la virtud de quitar nuestros pecados o de evitar el juicio divino. Creemos que las buenas obras, agradables y aceptables a Dios en cristo, surgen de una fe verdadera y viviente, puesto que a través de ellas y por medio de ellas la fe se hace manifiesta y evidente.

Confesión de Fe (1963)

Evangélicos no denominacionales[editar]

La justificación del pecador solamente por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo crucificado y resucitado de entre los muertos.

Declaración de Fe de la Alianza Evangélica Británica

Creemos en (...) la salvación del hombre perdido y pecador a través de la sangre derramada del Señor Jesucristo por la fe sin las obras, y la regeneración por el Espíritu Santo (...).

Declaración de Fe de la Alianza Evangélica Mundial

Declaraciones ecuménicas no oficiales[editar]

Evangélicos[editar]

El Nuevo Testamento deja claro que el don de la salvación se recibe por la fe. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8). Por la fe, que es también el don de Dios, nos arrepentimos de nuestros pecados y nos adherimos libremente al Evangelio, las buenas nuevas de la obra salvadora de Dios para con nosotros en Cristo. Por nuestra respuesta de fe a Cristo, entramos en las bendiciones prometidas en el Evangelio. La fe no es simplemente adhesión intelectual, sino un acto de las personas integrales que involucran la mente, la voluntad y los afectos, la emisión de una vida cambiada. Entendemos que lo que aquí afirmamos está de acuerdo con lo que las tradiciones de la Reforma han significado por la justificación por la fe sola (sola fide).

El regalo de la Salvación [The Gift of Salvation] (1997)

Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica[editar]

4.3 La justificación por la fe y por medio de la gracia.

25. Juntos confesamos que los pecadores son justificados por la fe en la acción salvadora de Dios en Cristo. Por la acción del Espíritu Santo en el bautismo, se les concede el don de la salvación, que sienta las bases de toda la vida cristiana. Estos ponen su confianza en la promesa de la gracia de Dios por la fe que justifica, que incluye la esperanza en Dios y amor por él. Tal fe es activa en el amor y así el cristiano no puede ni debe permanecer sin obras. Pero cualquiera que anteceda o suceda el don de la fe no es ni la base de la justificación ni la amerita.

Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación [Joint Declaration on the Doctrine of Justification] (1997)

Comisión Mixta Luterana-Ortodoxa[editar]

5. En cuanto a la forma en que la salvación es apropiada por los creyentes, los luteranos, mediante la enseñanza de que la justificación y la salvación son solo por gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide), hacen hincapié en la prioridad absoluta de la gracia divina en la salvación. Cuando hablan de la fe salvadora no piensan de fe muerta que hasta los demonios tienen (cf. Santiago 2:19), sino en la fe que Abraham mostró y por la que fue contado por justicia (cf. Génesis 15:6, Romanos 4:3,9). Los ortodoxos también afirman la prioridad absoluta de la gracia divina. Subrayan que es la gracia de Dios, la cual permite a nuestra voluntad humana para conformarse a la voluntad divina (cf. Filipenses 2:13) en los pasos de Jesús orando, «no como yo quiero, sino como tú quieras» (Mateo 26:39), para que podamos obrar en nuestra salvación con temor y temblor (cf. Filipenses 2:12). Esto es lo que significa pra los ortodoxos la «sinergia» (trabajando juntos) de la gracia divina y la voluntad humana del creyente en la apropiación de la vida divina en Cristo. La comprensión de la sinergia en la salvación es ayudada por el hecho de que la voluntad humana en la persona de Cristo no fue abolida cuando la naturaleza humana se unió en Él con la naturaleza divina, de acuerdo con las decisiones cristológicas de los Concilios Ecuménicos. Mientras que los luteranos no utilizan el concepto de sinergia, reconocen la responsabilidad personal del ser humano en la aceptación o rechazo de la gracia divina a través de la fe, y en el crecimiento de la fe y la obediencia a Dios. Los luteranos y los ortodoxos, ambos entienden a las buenas obras como los frutos y las manifestaciones de la fe del creyente y no como un medio de salvación.[48]

Salvación: Gracia, Justificación y Sinergia [Salvation: Grace, Justification, and Synergy] (1998)

Referencias[editar]

  1. Wriedt, Markus. "Luther's Theology," en The Cambridge Companion to Luther. New York: Cambridge University Press, 2003, pp. 88–94.
  2. Pasajes selectos de Martín Lutero, "Commentary on Galatians (1538)" y traducidos en Herbert J. A. Bouman, "The Doctrine of Justification in the Lutheran Confessions", Concordia Theological Monthly 26 (noviembre de 1955) No. 11:801. ctsfw.edu
  3. In XV Psalmos graduum 1532-33; WA 40/III.352.3
  4. Herbert J. A. Bouman, ibid., 801-802.
  5. Jaroslav Pelikan and Helmut Lehmann, eds., Luther's Works, 55 vols. (St. Louis and Philadelphia: Concordia Publishing House and Fortress Press, 1955-1986), 34:337
  6. Martin Luther's Definition of Faith
  7. Preface to Romans
  8. Luther, Martin. "The Smalcald Articles," in Concordia: The Lutheran Confessions. Saint Louis: Concordia Publishing House, 2005, 289, Part two, Article 1.
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  12. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 5, 46». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  se refiere a la aceptación de la verdad de la enseñanza de Cristo, mientras que Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 36». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  señala el rechazo de su enseñanza.
  13. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 16,36». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Gálatas 2, 16». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 4, 20-25». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «2 Timoteo 1, 12». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  hablan de la confianza, la esperanza y la fe en Cristo. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 3, 18». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  señala la creencia en el nombre de Cristo, y Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Marcos 1, 15». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource).  señala la creencia en el evangelio.
  14. Engelder, T.E.W., Popular Symbolics. St. Louis: Concordia Publishing House, 1934. pp. 54-5, Part XIV. "Sin"
  15. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Salmos 51, 10». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Engelder, T.E.W., Popular Symbolics. St. Louis: Concordia Publishing House, 1934, p.57 Part XV. "Conversion", paragraph 78.
  16. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Juan 17, 20». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Romanos 10, 17». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Engelder, T.E.W., Popular Symbolics. St. Louis: Concordia Publishing House, 1934, p.101 Part XXV. "The Church", paragraph 141.
  17. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Tito 3, 5». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Engelder, T.E.W., Popular Symbolics. St. Louis: Concordia Publishing House, 1934, p.87 Part XXIII. "Baptism", paragraph 118.
  18. Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909). «Efesios 2, 8». Biblia versión Reina-Valera (Wikisource). , Engelder, T.E.W., Popular Symbolics. St. Louis: Concordia Publishing House, 1934, p.57 Part XV. "Conversion", paragraph 78.
  19. “daily we sin, daily we are justified” from the Disputation Concerning Justification (1536) ISBN 0-8006-0334-6
  20. «History of the Christian Church, book 7, chapter 4». ; Philip Schaff's The Protestant Spirit of Luther’s Version: «The most important example of dogmatic influence in Luther’s version is the famous interpolation of the word alone in Rom. 3:28 (allein durch den Glauben), by which he intended to emphasize his solifidian doctrine of justification, on the plea that the German idiom required the insertion for the sake of clearness. But he thereby brought Paul into direct verbal conflict with James, who says (James 2:24), "by works a man is justified, and not only by faith" ("nicht durch den Glauben allein"). It is well known that Luther deemed it impossible to harmonize the two apostles in this article, and characterized the Epistle of James as an "epistle of straw," because it had no evangelical character ("keine evangelische Art")».
  21. «Romans 3:28», Testament, 1522, «So halten wyrs nu, das der mensch gerechtfertiget werde, on zu thun der werck des gesetzs, alleyn durch den glawben (emphasis added to the German word for ‘alone.’)» .
  22. New testament (en greek), York, «λογιζόμεθα γάρ δικαιоῦσθαι πίστει ἄνθρωπον χωρὶς ἔργων νόμου ("for we reckon a man to be justified by faith without deeds of law")» .
  23. Martin Luther, On Translating: An Open Letter (1530), Luther's Works, 55 vols. (St. Louis and Philadelphia: Concordia Publishing House and Fortress Press), 35:187–189, 195; cf. also Heinz Bluhm, Martin Luther Creative Translator (St. Louis: Concordia Publishing House, 1965), 125–137.
  24. a b c Joseph A. Fitzmyer Romans, "A New Translation with introduction and Commentary," The Anchor Bible Series (New York: Doubleday, 1993) 360-361
  25. a b c «Luther Added The Word "Alone" to Romans 3:28». beggarsallreformation.blogspot.com. 
  26. Ewald M. Plass, What Luther says, p. 1509
  27. «Luther, An Introduction to St. Paul's Letter to the Romans». Luther's German Bible of 1522 by Martin Luther, 1483-1546. iclnet.org.  Translated by Rev. Robert E. Smith from Dr. Martin Luther's vermischte deutsche Schriften. Johann K. Irmischer, ed. Vol. 63 (Erlangen: Heyder and Zimmer, 1854), pp.124-125. [EA 63:124-125] August 1994
  28. John Murray, Redemption Accomplished and Applied.
  29. The monstrosity of a faith that is alone
  30. Essential Truths of the Christian Faith. p. 191. 
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  33. Meier, Edward P. (1978), The Nature of True Faith: An Exegesis of James 2, p. 5, Wisconsin Lutheran Seminary: «James here also shoots down the false doctrine of work-righteousness. The only way to be free of sin is to keep the law perfectly and in its entirety. If we offend it in the slightest, tiniest little way, we are guilty of all. Thank God that He sent Jesus to fulfill the Law in its entirety for us».
  34. Clemente de Roma. Epístola a los Corintios. 
  35. Justino Mártir. Diálogo con Trifón, el judío. 
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  37. Finch, George. A Sketch of the Romish Controversy. p. 230. 
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  42. Russell, Norman. Against Nestorius (Cyril of Alexandria). p. 165. 
  43. Joyner, F. Belton (2007). United Methodist Answers. Westminster John Knox Press. p. 80. ISBN 9780664230395. «Jacob Albright, founder of the movement that led to the Evangelical Church flow in The United Methodist Church, got into trouble with some of his Lutheran, Reformed, and Mennonite neighbors because he insisted that salvation not only involved ritual but meant a change of heart, a different way of living». 
  44. a b Jones, Scott J. (2002). United Methodist Doctrine. Abingdon Press. p. 190. ISBN 9780687034857. 
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  46. Bucher, Richard P. (2014). «Methodism». Lexington: Lutheran Church Missouri Synod. Archivado desde el original el 25 de julio de 2014. 
  47. Wilkinson, Terry. «Enciclopedia Católica: Justificación». NewAdvent. Consultado el 15 de noviembre de 2017. 
  48. «Salvation: Grace, Justification, and Synergy». 9th Plenary of the Lutheran-Orthodox Joint Commission. Sigtuna: helsinki.fi. 7 de agosto de 1998. Archivado desde el original el 5 de septiembre de 2013.