Resurrección de Jesús

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La Resurrección de Cristo de Noël Coypel, 1700, usando una representación ascendente de Jesús.

La resurrección de Jesús es la creencia religiosa cristiana según la cual, después de haber sido condenado a muerte, Jesús fue resucitado de entre los muertos. Es el principio central de la teología cristiana y forma parte del Credo de Nicea: «Al tercer día resucitó, conforme a las Escrituras».[1]

En el Nuevo Testamento, después de que los romanos crucificaron a Jesús, él fue ungido y enterrado en una tumba nueva por José de Arimatea, pero Dios lo resucitó de entre los muertos[2] y se apareció a muchas personas en un lapso de cuarenta días antes de ascender al cielo, para sentarse a la diestra de Dios.[3]

Pablo de Tarso señaló que «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1 Corintios 15:3-4). El capítulo afirma que tal creencia, tanto en la muerte y la resurrección de Cristo, es de vital importancia para la fe cristiana: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe [...] y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres» (1 Corintios 15:14, 17-19).[4]

Los cristianos celebran la resurrección de Jesús el Domingo de Pascua, dos días después del Viernes Santo, el día de su crucifixión. La fecha de la Pascua se corresponde aproximadamente con el Pésaj, la observancia judía asociada con el Éxodo, que está fijado para la noche de la luna llena cerca del tiempo del equinoccio de primavera.[5]

Armonía de los Evangelios[editar]

La Resurrección de Jesucristo, parte del grupo de la resurreción. Marble, antes de 1572.

En el Nuevo Testamento, los cuatro evangelios concluyen con una narrativa extensa del arresto de Jesús, su juicio, su crucifixión, su sepultura y su resurrección. En cada uno de estos cinco eventos evangélicos en la vida de Jesús son tratados con más intensos detalles que cualquier otra parte de la narrativa de Evangelio. Los estudiosos señalan que el lector recibe prácticamente un relato de hora a hora de lo que está sucediendo. La muerte y la resurrección de Jesús pasan a considerarse como el clímax de la historia, el punto en el cual todo se ha ido dirigiendo durante todo el tiempo.[6]

Después de su muerte por crucifixión, Jesús fue colocado en una tumba nueva que fue descubierta vacía en la madrugada del domingo. El Nuevo Testamento no incluye un relato del «momento de la resurrección». En los iconos de la Iglesia oriental no se representa ese momento, pero muestran a las miróforas y representan escenas de la salvación.[7] [8] Los principales apariciones de Jesús resucitado en los evangelios canónicos (y, en menor medida, en otros libros del Nuevo Testamento) son reportadas como ocurridas después de su muerte, sepultura y resurrección, pero antes de su ascensión.[9]

Entierro[editar]

Lamentación en la tumba, siglo XV.

Los evangelios sinópticos coinciden en que, a medida que la noche se acercaba después de la crucifixión, José de Arimatea pidió a Pilato el cuerpo de Jesús y, después de que Pilato concedió su petición, lo envolvió en una sábana y lo pusieron en una tumba.[10] Esto estaba de acuerdo con la ley mosaica, que establece que no debe permitirse que una persona colgada en un madero permaneciera allí por la noche, sino que debía ser enterrada antes del ocaso.[11]

En Mateo, José es identificado como un hombre «que también había sido discípulo de Jesús» (Mateo 27:57-61); en Marcos, como un «miembro noble del concilio (Sanedrín), que también esperaba el reino de Dios» (Marcos 15:42-47); en Lucas, como «miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos» (Lucas 23:50-56); y en Juan, como «discípulo de Jesús» (Juan 19:38-42).

El Evangelio de Marcos dice que cuando José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, Pilato se sorprendió que Jesús ya estuviera muerto, y él llamó al centurión para confirmar esto antes de dar el cuerpo a José. En el Evangelio de Juan, se hace constar que José de Arimatea fue asistido en el proceso de enterramiento por Nicodemo, quien llevó una mezcla de mirra y áloe e incluyó estas especias en la ropa de entierro por las costumbres judías (Juan 19:38-42).

El descubrimiento de la tumba[editar]

Las mujeres en la tumba vacía, por Fra Angélico, 1437–1446.

Aunque ningún Evangelio da un registro inclusivo o definitivo de la resurrección de Jesús o sus apariciones, hay cuatro puntos en los que convergen los cuatro evangelios:[12]

  1. Resaltar el removimiento de la piedra que estaba cerrando la tumba.
  2. La vinculación de la tradición de la tumba vacía y la visita de las mujeres con «el primer día de la semana».
  3. Que el resucitado Jesús eligió primero aparecerse a las mujeres (o a una mujer) y encargarle a ellas (ella) proclamar este hecho tan importante a los discípulos, incluyendo a Pedro y los otros apóstoles.
  4. La prominencia de María Magdalena.[7] [13]

Las variantes tienen que ver con el momento preciso en el que las mujeres visitaron la tumba; el número y la identidad de las mujeres; el propósito de su visita; la aparición del (los) mensajero(s), ángeles o humanos; su mensaje a las mujeres; y la respuesta de las mujeres.[7]

Los cuatro evangelios reportan que las mujeres fueron las primeras en encontrar la tumba vacía de Jesús, aunque el número varía de uno (María Magdalena) a un número no especificado. De acuerdo con Marcos y Lucas, el anuncio de la resurrección de Jesús fue hecho por primera vez a las mujeres. De acuerdo con Marcos y Juan, Jesús realmente se apareció por primera vez (en Marcos 16:9 y Juan 20:14) solo a María Magdalena.[7] En palabras de Stagg: «Mientras que otros encontraban a la mujer como no cualificada o autorizado para enseñar, los cuatro Evangelios muestran que el Cristo resucitado encargó a las mujeres anunciar a los hombres, entre ellos a Pedro y los demás apóstoles, la resurrección, el fundamento del cristianismo».[7]

Dos «ángeles» (u «hombres con vestiduras deslumbrantes»), Cristo resucitado y una de las mujeres (el evangelio de Juan especifica que María Magdalena) son representados en La mañana de la Resurrección, de Edward Burne-Jones, 1882.

En los evangelios, especialmente los sinópticos, las mujeres desempeñan un papel central como testigos de la muerte de Jesús, su sepultura, y en el descubrimiento de la tumba vacía.[14] Los tres sinópticos en repetidas ocasiones hablan de las mujeres junto con el verbo «ver», presentándolas claramente como testigos oculares.[14] [15] [16]

Las apariciones de Jesús resucitado[editar]

Después de descubrirse la tumba vacía, los evangelios indican que Jesús hizo una serie de apariciones a los discípulos. Él no era reconocible de inmediato, según Lucas.[17] E. P. Sanders llegó a la conclusión de que a pesar de que podría aparecer y desaparecer, él no era un fantasma. Lucas es muy insistente en que, en palabras de Sanders, «el Señor resucitado podía ser tocado, y podía comer» (cf. Lucas 24:39-43). Él primero se apareció a María Magdalena, pero ella no lo reconoció al principio. Los dos primeros discípulos a los que se apareció, caminaron y hablaron con él durante bastante tiempo sin saber quién era (el camino de la aparición de Emaús, Lucas 24:13-32). Él se dio a conocer «al partir el pan» (Lucas 24:35). Cuando se apareció por primera vez a los discípulos en el Cenáculo, Tomás no estaba presente y no quiso creer hasta una aparición posterior, donde fue invitado a poner su dedo en los agujeros en las manos y el costado de Jesús (Juan 20:24-29). Junto al mar de Galilea animó a Pedro a servir a sus seguidores (Juan 21:1-23). Su última aparición sucede como cuarenta días después de la resurrección, cuando fue «recibido arriba» en el cielo (Lucas 24:44-53, Hechos 1:1-4), y se sentó a la diestra de Dios (Marcos 16:19, Colosenses 3:1).

En un momento posterior, en el camino a Damasco, Saulo de Tarso, entonces el mayor perseguidor de los primeros discípulos, se convirtió al cristianismo después de tener una extraordinaria visión y escuchar a Jesús, lo que lo dejó ciego durante tres días (Hechos 9:1-20). Saulo más tarde sería conocido como el apóstol Pablo (Hechos 13:6),[18] uno de los misioneros y teólogos más importantes del cristianismo.[19]

Los registros bíblicos[editar]

Fondo[editar]

La historia de la resurrección aparece en más de cinco lugares en la Biblia. En varios episodios en los cuatro Evangelios, Jesús anuncia su subsiguiente muerte y resurrección, que él afirma es el plan de Dios Padre.[20] Los cristianos consideran a la resurrección de Jesús como parte del plan de la salvación y la redención mediante la expiación del pecado del hombre.[21] La creencia en una resurrección corporal de los muertos llegó a ser bien establecida dentro de algunos sectores de la sociedad judía en los siglos previos a la época de Cristo, según lo registrado por Daniel 12:2, de mediados del siglo II a. C.: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua». Josefo, en el siglo I, da la siguiente generalización: «Los fariseos creen en la resurrección de los muertos, y los saduceos no».[22] Los saduceos, líderes religiosos políticamente poderosos, rechazaron la otra vida, los ángeles y los demonios, así como ley oral de los fariseos. Los fariseos, cuyos puntos de vista se convirtieron en el judaísmo rabínico, finalmente ganaron (o al menos sobrevivieron) este debate. La promesa de una futura resurrección aparece en la Torá, así como en ciertas obras judías, como La vida de Adán y Eva (c. 100 a. C.) y en el libro farisaico de 2 Macabeos (c. 124 a. C.).[23]

Sin embargo, el judaísmo del siglo I no tenía la concepción de un solo individuo resucitado de entre los muertos como núcleo de la historia. El concepto judío histórico de la resurrección fue el de la redención de todo el pueblo.[24] Su concepto fue siempre que todos serían resucitados juntos al final de los tiempos. Así que la idea de una resurrección individual como centro de la historia era ajena a ellos.[25]

Las epístolas de Pablo[editar]

Los registros más antiguos escritos de la muerte y resurrección de Jesús son las epístolas de Pablo, que fueron escritas alrededor de dos décadas después de la muerte de Jesús, y muestran lo que los cristianos creían que había sucedido dentro de este marco de tiempo. Los estudiosos consideran que estos contienen primitivos credos e himnos de credos cristianos, que fueron incluidos en varios de los textos del Nuevo Testamento, y que algunos de estos credos datan de menos de 50 años (e incluso en los dos primeros años) de la muerte de Jesús y se desarrollaron dentro de la comunidad apostólica de Jerusalén. Aunque son parte intrínseca de los textos del Nuevo Testamento, estos credos son una fuente distinta para los primeros cristianos.

  • Romanos 1:3-4: «[...] acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos».
  • 2 Timoteo 2:8: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa».
  • 1 Corintios 15:3-4: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Estas incluyen las muchas apariciones de miembros destacados de la actividad de Jesús y la posterior iglesia de Jerusalén, incluyendo a Jacobo, el hermano de Jesús y los apóstoles, nombrando al apóstol Pedro (Cefas). El credo también hace referencia a las apariciones a individuos no identificados. Según los Hechos de los Apóstoles y la epístola de Pablo a los gálatas, él conoció a al menos dos de los testigos nombrados en el credo, Jacobo y Pedro (Gálatas 1:18-20). Hans Von Campenhausen y A. M. Hunter han señalado por separado que el texto del credo supera los más altos estándares de historicidad y fiabilidad de origen.

Las narrativas evangélicas[editar]

Evangelio de Marcos[editar]

Las Santas Mujeres en la Tumba de Cristo, de Annibale Carracci, c. 1590.

1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo. 9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

Marcos 16:1-11

Evangelio de Mateo[editar]

El ángel en la tumba de Cristo, de Benjamin West, c. 1805.

1 Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. 2 Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 5 Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

Mateo 28:1-10

Evangelio de Lucas[editar]

Las Santas Mujeres en el Sepulcro, de Pierre Paul Rubens, 1611-14.

1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, 7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras, 9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. 11 Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.

Lucas 24:1-14

Evangelio de Juan[editar]

Noli me tangere, de Jerónimo Cósida, 1570.

1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos. 11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

Juan 20:1-10

Comparación de las narrativas de los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles[editar]

Mateo Marcos Lucas Juan Hechos
Tumba vacía (Mateo 28:1–7) Tumba vacía (Marcos 16:1–7) Tumba vacía (Lucas 24:1–7) Tumba vacía (Juan 20:1–10)
Jesús se aparece a María Magdalena y a la otra María (Mateo 28:9–10) Jesús se aparece a María Magdalena (Marcos 16:9) Jesús se aparece a María Magdalena (Juan 20:11–18)
Jesús se aparece a dos discípulos (Marcos 16:12) Jesús se aparece a dos discípulos (Lucas 24:13–31) Jesús se aparece a sus apóstoles por cuarenta días (Hechos 1:3)
Jesús se aparece a once discípulos (Mateo 28:16–20) Jesús se aparece a once discípulos (Marcos 16:14–18) Jesús se aparece a sus discípulos (Lucas 24:36–50) Jesús se aparece a sus discípulos (Juan 20:19–31); Jesús se aparece de nuevo a sus discípulos (Juan 21:1–22)
Jesús promete el Espíritu Santo (Hechos 1:4–8)
Jesús es llevado al cielo (Marcos 16:19) Jesús es llevado al cielo (Lucas 24:51) Jesús es llevado al cielo (Hechos 1:9-11)

Historicidad y origen de la narrativa[editar]

Icono de 5 partes de la resurrección, Monasterio de Solovetsky, siglo XVII.

Como acontecimiento histórico[editar]

El estudioso del Nuevo Testamento y teólogo E. P. Sanders sostiene que un complot concertado para fomentar la creencia en la resurrección probablemente habría dado lugar a una historia más coherente, y que algunos de los que participaron en los acontecimientos dieron sus vidas por sus creencias. Sanders ofrece su propia hipótesis, afirmando que: «parece haber sido una competición: ‹Yo lo vi›, ‹yo también›, ‹las mujeres lo vieron primero›, ‹no, yo lo hice; ellos no lo vieron en absoluto›, y así sucesivamente». En la defensa de la historicidad de la resurrección, Sanders va aún más allá: «Que los seguidores de Jesús (y más tarde Pablo) tuvieron experiencias de resurrección es, a mi juicio, un hecho. Lo que en realidad dio origen a las experiencias es algo que desconozco».

James D. G. Dunn escribe que, mientras que la experiencia de la resurrección del apóstol Pablo era «de carácter visionario» y «ni material ni físico», las relatos en los Evangelios son muy diferentes. Sostiene que «el ‹realismo masivo› de las apariciones [de los Evangelios] sólo pueden ser descritar como visionarias con grandes dificultades – y ciertamente rechazar la descripción de Lucas no es apropiado» y que la primera concepción de la resurrección en la comunidad cristiana de Jerusalén era física. Por el contrario, Helmut Koester escribe que los relatos de la resurrección fueron originalmente epifanías en las que los discípulos estaban llamados a un ministerio de un Jesús resucitado, y se interpretaron como prueba física del evento a la etapa secundaria. Sostiene que los relatos más detalladas de la resurrección también son secundarios y no provienen de fuentes históricamente confiables, en lugar de pertenecer al género de tipo narrativo.

N. T. Wright argumenta que el relato de la tumba vacía y las experiencias visionarias apuntan hacia la realidad histórica de la resurrección. Él sugiere que las múltiples líneas de evidencia del Nuevo Testamento y las creencias de los primeros cristianos reflejadas demuestran que sería muy poco probable que la creencia en la tumba vacía simplemente apareciera sin una base clara en la memoria de los primeros cristianos. A la par de las ciertamente históricas experiencias visionarias de los primeros discípulos y apóstoles, la resurrección de Jesús como una realidad histórica se convierte en mucho más plausible. Wright trata la resurrección como un evento histórico y accesible, en lugar de como un evento «sobrenatural» o «metafísico».

Como metáfora[editar]

En su libro The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity (La Primera Venida: Cómo el Reino de Dios se convirtió en el cristianismo), Thomas Sheehan afirma que incluso el relato de Pablo de la resurrección no está destinado a ser tomado como una referencia a un levantamiento de la tumba literal o físico, y que las historias de una resurrección corporal no aparecieron hasta mucho después, tanto como la mitad de un siglo después de la crucifixión. En cambio, Sheehan cree que el entendimiento de Pablo (y tal vez Pedro) de la resurrección era metafísico, así como las historias de la figurativa resurrección de Cristo, reflejando su triunfante «entrada a la presencia escatológica de Dios», y que la referencia de Pablo a Cristo resucitando «al tercer día» (1 Corintios 15:4) «no es una designación cronológica, sino un símbolo apocalíptico para el escatológico acto salvífico de Dios, que estrictamente hablando no tiene fecha en la historia. Así, el ‹tercer día› no se refiere al domingo 9 de abril de 30 d. C., o para cualquier otro momento en el tiempo. Y en cuanto al ‹lugar› donde se produjo la resurrección, la fórmula en 1 Corintios no afirma que Jesús resucitó de la tumba, como si el levantamiento fuera una resurrección física y, por lo tanto, temporal. Sin estar comprometido con ningún física sobrenatural de la resurrección, la frase ‹que resucitó al tercer día› simplemente expresa la creencia de que Jesús fue rescatado de la suerte de ausencia absoluta de Dios (la muerte) y fue admitido a la presencia salvadora de Dios (el futuro escatológico)».

Dudas de la historicidad y otras interpretaciones[editar]

La resurrección de Cristo, por Rafael Sanzio, 1499–1502.

Peter Kirby, el fundador de EarlyChristianWritings.com, afirma que «muchos estudiosos dudan de la historicidad de la tumba vacía».[nota 1] De acuerdo con Robert M. Price, «[a] los apologistas [cristianos] les encanta hacer la afirmación que [...] la resurrección de Jesús es el mejor evento atestiguado en la historia», pero «los argumentos probabilísticos» muestran que «la resurrección es cualquier cosa menos un caso evidente». Robert Greg Cavin, profesor de Filosofía y Estudios Religiosos en el Cypress College, afirma que: «nuestras únicas fuentes de las posibles pruebas, las tradiciones de Pascua neotestamentarias, están muy lejos de proporcionar el tipo de información necesaria para establecer la hipótesis de la resurrección».[nota 2]

El erudito bíblico Geza Vermes analiza este tema en su libro, The Resurrection (La Resurrección). Llega a la conclusión de que hay ocho posibles teorías para explicar la resurrección de Jesús. Vermes expone sus acotaciones de la siguiente manera:

He omitido los dos extremos que no son susceptibles de juicio racional, la fe ciega del creyente fundamentalista y el rechazo del escéptico empedernido fuera de alcance. Los fundamentalistas aceptan la historia, no como está escrita en los textos del Nuevo Testamento, sino reformada, transmitida e interpretada por la tradición de la Iglesia. Ellos alisan las asperezas y se abstienen de hacer preguntas tediosas. Los no creyentes, a su vez, tratan a toda la historia de la Resurrección como el producto de la imaginación de los primeros cristianos. La mayoría de los investigadores con un conocimiento superficial de historia de las religiones se encontrarán entre estos dos polos.

A partir de su análisis, Vermes presenta los seis restantes posibilidades para explicar el relato de la resurrección de Jesús: (1) «El cuerpo fue retirado por alguien ajeno a Jesús», (2) «el cuerpo de Jesús fue robado por sus discípulos», (3) «la tumba vacía no era la tumba de Jesús», (4) «Enterrado vivo, Jesús más tarde salió de la tumba», (5) «Jesús se recuperó de un coma y se fue de Judea», y (6) «la posibilidad de que hubiera una ‹resurrección espiritual, no corporal›». Vermes establece que ninguna de estas seis posibilidades es susceptible a ser histórica.

Según N.T. Wright en su libro The Resurrection of the Son of God (La Resurrección del Hijo de Dios): «No puede haber ninguna duda: Pablo es un firme creyente de la resurrección corporal. Se pone de pie con sus compatriotas judíos en contra de las filas congregadas de los paganos; con sus compañeros fariseos en contra de los judíos». De acuerdo con Gary Habermas: «Muchos otros estudiosos han hablado en apoyo de una noción corporal de la resurrección de Jesús».

Habermas también señala tres hechos en apoyo de la creencia de Pablo de un resurrección corporal y física: (1) Pablo era un fariseo y por lo tanto (a diferencia de los saduceos) creía en una resurrección física, (2) en Filipenses 3:11, Pablo dice: «si en alguna manera llegase a la exanastasin (resurrección) de entre los muertos», que según Habermas significa que «lo que va hacia abajo es lo que viene». Y (3) en Filipenses 3:20-21, «esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el sōma (cuerpo) de la humillación nuestra, para que sea semejante al sōmati (cuerpo) de la gloria suya». Según Habermas, si Pablo quería decir que íbamos a cambiar en un cuerpo espiritual, entonces habría utilizado el griego pneuma en lugar de sōma.

Flavio Josefo (c. 37—c. 100), un judío y ciudadano romano que trabajó bajo el patrocinio de los Flavios, escribió las Antigüedades judías (c. 93) que contiene un pasaje conocido como el Testimonium Flavianum. Este pasaje menciona a Juan el Bautista y a Jesús como dos hombres santos entre los judíos. La mayoría de los estudiosos modernos creen que el texto original de la obra ha sido cambiado por los editores cristianos. El texto menciona la muerte y resurrección de Jesús:

Cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, condenó [a Jesús] a ser crucificado, aquellos que lo habían amado primero no dejaron [de seguirlo], porque se les apareció al tercer día, viviendo de nuevo, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas.

Hay varios otros argumentos en contra de la historicidad de la historia de la resurrección. Por ejemplo, se ha señalado el número de otras figuras históricas y dioses con relatos similares sobre la muerte y resurrección.[27] [nota 3] Sin embargo, el consenso de la mayoría de los estudiosos de la Biblia es que el género de los Evangelios es una especie de antigua biografía y no un mito. Robert M. Price afirma que si la resurrección podría, de hecho, demostrarse a través de la ciencia o la evidencia histórica, el evento perdería sus cualidades milagrosas. En un argumento más centrado, Carrier afirma que: «La evidencia sobreviviente jurídica e histórica sugiere que Jesús no fue enterrado formalmente la noche del viernes, ‹pero que› tenía que haber sido colocado el sábado por la noche en un cementerio público especial reservado para los condenados. En esta teoría, las mujeres que visitaron la tumba domingo por la mañana confundieron su lugar».

El historiador del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman reconoce que: «Algunos estudiosos han argumentado que es más plausible que, de hecho, Jesús fue colocado en un terreno de entierro común (que en ocasiones ha pasado), o fue, como muchas otras personas crucificadas, simplemente dejada para ser comido por los animales carroñeros». Él va más allá al decir: «[L]os relatos son bastante unánimes en decir (los primeros relatos son unánimes en decir) que Jesús fue, de hecho, enterrado por su seguidor, José de Arimatea, por lo que es relativamente fiable que esto es lo que haya sucedido».

Relatos extrabíblicos[editar]

Evangelios apócrifos[editar]

Los evangelios apócrifos que desarrollan más ampliamente el tema de la resurrección son el Evangelio de Pedro y otros «Evangelios de la pasión y resurrección», el Evangelio de María (con los diálogos entre Jesús y María Magdalena tras la resurrección) y otros «Diálogos del resucitado» de carácter gnóstico.[28]

El Libro de Mormón[editar]

El Libro de Mormón contiene un relato de 37 páginas del ministerio de Cristo después de su resurrección, en el que se aparece a los nefitas y los lamanitas en las Américas después de levantarse de la tumba y ascender al cielo. Se aparece a la gente y les permite sentir las marcas de los clavos en sus manos y pies. Él les predica el evangelio y establece su iglesia. Cristo lleva a cabo muchos milagros similares a los del Nuevo Testamento.

El relato afirma que cerca de 2500 varones, mujeres y niños vieron y escucharon a Jesucristo resucitado.

Otras apariciones[editar]

Joseph Smith registró una experiencia en la que vio al resucitado Jesucristo y a Dios Padre en la primavera de 1820; su experiencia se conoce hoy en día como la Primera Visión.

En 1832, Joseph Smith y Sidney Rigdon escribieron un relato en el que ambos afirmaron haber visto a Jesucristo resucitado. Ellos escribieron: «Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio último de todos, que nosotros damos de él, el que vive; porque lo vimos, incluso a la diestra de Dios, y oímos una voz testificando que él es el Unigénito del Padre».

Importancia teológica[editar]

Vidriera de la resurrección con las dos Marías en una iglesia luterana.

En la teología cristiana, la resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana (1 Corintios 15:12-20, 1 Pedro 1:3). Los cristianos, por la fe en el poder de Dios (Colosenses 2:12), son resucitados espiritualmente con Jesús, y son redimidos para que puedan andar en una nueva forma de vida (Romanos 6:4). El apóstol Pablo señaló: «Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe» (1 Corintios 15:14). La muerte y la resurrección de Jesús son los acontecimientos más importantes en la teología cristiana. Ellos forman el punto en las Escrituras donde Jesús da su última demostración de que él tiene poder sobre la vida y la muerte, por lo que tiene la capacidad de dar a la gente la vida eterna. Terry Miethe, un filósofo cristiano de la universidad de Oxford, indicó: «‹¿Resucitó Jesús de entre los muertos?› es la cuestión más importante en cuanto a las afirmaciones de la fe cristiana». De acuerdo con la Biblia, «Dios lo resucitó de entre los muertos», ascendió al cielo, a la «diestra de Dios», y volverá de nuevo (Hechos 1:9-11) para cumplir el resto de las profecías mesiánicas, tales como la resurrección de los muertos, el juicio final y el establecimiento del Reino de Dios (mesianismo y Era Mesiánica).

Algunos eruditos modernos usan la creencia de los seguidores de Jesús en la resurrección como un punto de partida para establecer la continuidad del Jesús histórico y la proclamación de la iglesia primitiva. Carl Jung sugirió que el relato de la crucifixión a la resurrección era el contundente símbolo espiritual de, literalmente, Dios-como-Yahweh convirtiéndose en Dios-como-Job.

Pablo escribió que: «Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. [...] y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados» (1 Corintios 15:13-14, 17). Muchos estudiosos señalan que, en la discusión sobre la resurrección, el apóstol Pablo se refiere a la transmisión de estilo rabínico de una tradición temprana autoritativa que recibió y pasó a la iglesia de Corinto. Por esta y otras razones, se cree que este credo es de origen pre-paulino. Geza Vermes escribe que el credo es «una tradición que él [Pablo] ha heredado de sus mayores en la fe en relación con la muerte, sepultura y resurrección de Jesús». La antigüedad del credo ha sido localizada por muchos estudiosos de la Biblia a menos de una década después de la muerte de Jesús, proveniente de la comunidad apostólica de Jerusalén. Paul Barnett escribe que esta fórmula, entre otras, era una variante de «una tradición temprana básica que Pablo ‹recibió› en Damasco de Ananías, aproximadamente en el 34 [d.C.]» después de su conversión.

Pablo luego pasa a decir:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

1 Corintios 15:20-22

Los puntos de vista de Pablo iban en contra del pensamiento de los filósofos griegos, para quienes una resurrección corporal significaba una nueva prisión en un cuerpo físico, que era lo que ellos querían evitar; dado que para ellos lo corpóreo y lo material inmovilizaban al espíritu. Al mismo tiempo, Pablo creía que el cuerpo recién resucitado sería un cuerpo celestial; inmortal, glorificado, potente y espiritual, en contraste con el cuerpo terrenal, que es mortal, deshonrado, débil y natural. De acuerdo con el teólogo Peter Carnley, la resurrección de Jesús fue diferente de la resurrección de Lázaro: «En el caso de Lázaro, la piedra fue removida para que pudiera salir [...] el Cristo resucitado no necesita que la piedra sea removida, porque él se transforma y puede aparecer en cualquier lugar, en cualquier momento».

Según el estudioso Thorwald Lorenzen, la primera Pascua llevó a un cambio en el énfasis de la fe «en Dios» a la «fe en Cristo». Hoy en día, Lorenzen encuentra «un extraño silencio acerca de la resurrección en muchos púlpitos». Él escribe que entre algunos cristianos, ministros y profesores, la resurrección parece haberse convertido en «motivo de vergüenza o asunto de la apologética». Se argumenta que muchos cristianos descuidan la resurrección debido a su comprensible preocupación por la Cruz. Sin embargo, la creencia en la resurrección física de Jesús sigue siendo la doctrina más aceptada por los cristianos de todos los trasfondos denominacionales.

Resurrección y redención[editar]

En las enseñanzas de la Iglesia apostólica, la resurrección se consideraba como el anuncio de la nueva era. La formación de una teología de la resurrección recayó sobre el apóstol Pablo. No fue suficiente para Pablo simplemente repetir las enseñanzas elementales, sino como Hebreos 6:1 dice: «[...] dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección». Fundamental para la teología paulina es la conexión entre la resurrección de Cristo y la redención. Pablo explicó la importancia de la resurrección de Jesús como la causa y el fundamento de la esperanza de los cristianos de compartir una experiencia semejante.

Las enseñanzas del apóstol Pablo forman un elemento clave de la tradición y la teología cristiana. Si la muerte de Jesús se sitúa en el centro de la teología de Pablo, también lo hace Su resurrección: a menos que el uno muriera la muerte de los muchos, los muchos tendrían poco que celebrar en la resurrección del uno. Pablo enseñó que, al igual que los cristianos comparten la muerte de Jesús en el bautismo, ellos van a participar en la resurrección, porque Jesús fue proclamado Hijo de Dios por su resurrección (Romanos 1:4). En 1 Corintios 15:20-22, Pablo señala:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

La Resurrección, por Francesco Buoneri, 1619–20

Los Padres Apostólicos discutieron sobre la muerte y resurrección de Jesús, incluyendo a Ignacio de Antioquía (50-115), Policarpo de Esmirna (69-155) y Justino Mártir (100-165). Después de la conversión de Constantino y el liberador Edicto de Milán en el año 313, los concilios ecuménicos de los siglos IV, V y VI se centraron en la cristología, lo que ayudó a dar forma a la comprensión cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección, e influyó tanto en el desarrollo de su iconografía y su uso dentro de la liturgia.

La creencia en la resurrección corporal fue una nota constante de la iglesia cristiana en la antigüedad. Y en ningún otro lugar fue propugnada con más fuerza que en el norte de África. Agustín de Hipona la aceptó en el momento de su conversión en 386. Agustín defendió la resurrección y argumentó que, dado que Cristo ha resucitado, existe la resurrección de los muertos. Por otra parte, sostuvo que la muerte y resurrección de Jesús ocurrieron para la salvación del hombre, diciendo: «para lograr la resurrección de cada uno de nosotros, el Salvador pagó con su propia vida, y él antepuso y propuso su resurrección una vez, y solo una vez, a modo de sacramento y a modo de modelo».

La teología de Teodoro de Mopsuestia (siglo V) proporciona una profundización en el desarrollo de la comprensión cristiana de la naturaleza redentora de la Resurrección. El papel crucial de los sacramentos en la mediación de la salvación tuvo gran aceptación en el momento. En la representación eucarística de Teodoro, los elementos salvíficos y de sacrificio se combinan en el «Aquel que nos ha salvado y nos ha liberado por el sacrificio de sí mismo». Para Teodoro, el rito eucarístico se orienta hacia el triunfo provocado por la resurrección sobre el poder de la muerte.

El énfasis en el carácter salvífico de la Resurrección continuó en la teología cristiana en los siglos siguientes, por ejemplo, en el siglo VII, Juan Damasceno escribió que: «Cuando él liberó a los que estaban presos desde el principio de los tiempos, Cristo volvió de nuevo de entre los muertos, habiendo abierto para nosotros el camino a la resurrección», y la iconografía cristiana de los años subsiguientes representó ese concepto.

Reliquias[editar]

La resurrección de Jesús es desde hace mucho tiempo el centro de la fe cristiana y aparece dentro de diversos elementos de la tradición cristiana, desde fiestas, representaciones artísticas y reliquias religiosas. En las enseñanzas cristianas, los sacramentos reciben su poder salvífico de la pasión y resurrección de Cristo, sobre la cual la salvación del mundo depende por completo.

Un ejemplo de el entrecruzamiento de las enseñanzas sobre la resurrección con las reliquias cristianas es la aplicación del concepto de «formación de la imagen milagrosa» en el momento de la resurrección en el Sudario de Turín. Autores cristianos han declarado la creencia de que el cuerpo alrededor del cual se envuelve la cubierta no era meramente humano, sino divino, y que la imagen en el sudario se produjo milagrosamente en el momento de la resurrección. Citando la declaración de Pablo VI: «[El sudario es] el maravilloso documento de la pasión, muerte y resurrección, escrito para nosotros con letras de sangre»; el autor Antonio Cassanelli sostiene que el sudario es un deliberado registro divino de las cinco etapas de la Pasión de Cristo, y creado en el momento de la resurrección.

La Pascua[editar]

La Pascua, la fiesta por excelencia que celebra la resurrección de Jesús, es claramente el festival cristiano más antiguo. Desde los primeros tiempos del cristianismo, se ha centrado en el acto redentor de Dios en la muerte y resurrección de Cristo. En los Συναξάριον synaxarion y los calendarios litúrgicos de la iglesia ortodoxa se le llama «domingo de las miróforas con el noble José»[29] [30]

La Pascua está vinculada al Pésaj y la salida de Egipto en el Antiguo Testamento a través de la última cena y la crucifixión que precedió a la resurrección. De acuerdo con el Nuevo Testamento, Jesús dio a la cena pascual un nuevo significado, mientras se preparaba a sí mismo y sus discípulos por su muerte en el aposento alto durante la última cena. Él se identificó en la hogaza de pan y la copa de vino como su cuerpo antes de ser sacrificado y su sangre antes de ser derramada. 1 Corintios 5:7 señala: «Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros». Esto se refiere a la exigencia pascual de no tener levadura en la casa y en la alegoría de Jesús como el cordero pascual.

Posiciones de otras religiones[editar]

Grupos como judíos, musulmanes, los bahá'ís y otros no cristianos, así como algunos cristianos liberales, discuten sobre si Jesús realmente fue resucitado de entre los muertos. Las discusiones sobre las reivindicación sobre la muerte y la resurrección se producen en muchos debates religiosos y diálogos interconfesionales.

Gnósticos[editar]

Algunos gnósticos no creían en una resurrección física literal. «Para los gnósticos, cualquier resurrección de los muertos fue excluida desde el principio; la carne o sustancia estaba destinada a perecer. ‹No hay resurrección de la carne, sino sólo del alma›, decían los denominados arcontes, un grupo gnóstico tardío de Palestina».

Judaísmo[editar]

El cristianismo se separó del judaísmo en el siglo I, y las dos religiones han diferido en su teología desde entonces. De acuerdo con el Toledot Yeshu, el cuerpo de Jesús fue removido en la misma noche por un jardinero llamado Judá, después de oír a los discípulos planificar robar el cuerpo de Jesús. Sin embargo, el Toledot Yeshu no es considerado canónico o normativo dentro de la literatura rabínica. Van Voorst afirma que el Toledot Yeshu es un conjunto de documentos medievales y sin una forma fija, desde el cual es «muy improbable» disponer de información fiable acerca de Jesús. The Blackwell Companion to Jesus establece que el Toledot Yeshu no tiene hechos históricos como tales, y acaso se creó como una herramienta para protegerse de las conversiones al cristianismo.

Islam[editar]

Los musulmanes creen que ʿĪsā, hijo de Maryām‎ (María), fue un santo profeta con un mensaje divino. La perspectiva islámica es que Jesús no fue crucificado y volverá al mundo al final de los tiempos; «y por haber dicho: ‹Hemos dado muerte al Ungido, Jesús, hijo de María, el enviado de Alá›, siendo así que no le mataron ni le crucificaron, sino que les pareció así. Los que discrepan acerca de él, dudan. No tienen conocimiento de él, no siguen más que conjeturas. Pero, ciertamente no le mataron, sino que Alá lo elevó a Sí. Alá es poderoso, sabio».

Bahaísmo[editar]

`Abdu'l-Bahá enseñó que la resurrección de Cristo fue una resurrección espiritual y que los relatos en los Evangelios son parábolas. Escribió: «Nosotros explicamos, por lo tanto, el significado de la resurrección de Cristo de la siguiente manera: Después del martirio de Cristo, los Apóstoles estaban perplejos y consternados. La realidad de Cristo, la cual consiste en Sus enseñanzas, Sus bondades, Sus perfecciones y Su poder espiritual, fue escondida y oculta durante dos o tres días después de su martirio, y no tenía ninguna apariencia externa o manifestación; de hecho, parecía estar perdida por completo. Para aquellos, pocos en número, que creían de verdad; incluso los pocos estaban perplejos y consternados. La causa de Cristo estuvo así como un cuerpo sin vida. Después de tres días, los Apóstoles se convirtieron en firmes y constantes, surgieron para ayudar a la causa de Cristo, resolvieron promover las enseñanzas divinas y practicar las advertencias de su señor, y se han esforzado por servirlo. Entonces surgió luminosa la realidad de Cristo, resplandeciendo su gracia a otro, encontrando una nueva vida en su religión, y sus enseñanzas y amonestaciones se ponen de manifiesto y son visibles. En otras palabras, la causa de Cristo, que era semejante a un cuerpo sin vida, fue llevada a la vida y rodeada por la gracia del Espíritu Santo».

Los bahá'ís creen que la afirmación del Corán significa que el Espíritu de Jesús no murió en la cruz; sin embargo, los bahá'ís defienden que Jesús fue realmente crucificado en la carne.

En el arte cristiano[editar]

La asociación del crucifijo y el triunfo (en este caso sobre el paganismo) se explícita en El triunfo de la cristiandad, fresco de Tommaso Laureti[31] de la Sala de Constantino[32] en las estancias del Vaticano, 1585. No sólo aparece erguido sobre una estatua rota de un dios grecorromano, sino que se centra en un contexto arquitectónico clásico que alude al arco de triunfo.

Simbolismo paleocristiano[editar]

El arte paleocristiano, fuertemente simbólico, tuvo en el triunfo sobre la muerte uno de sus principales motivos. En el periodo de las persecuciones, el tema de la resurrección (trascendental para una comunidad que venera a sus mártires) se aludía a través de los pasajes bíblicos que se consideraban alegóricos de ella, como el de Daniel en el foso de los leones.[33] Con la cristianización del Imperio romano,[34] el arte cristiano pasó a desarrollarse pública y monumentalmente, y el tema de la resurrección se expresó en formas derivadas de la civilización romana: tanto en el crismón (evolución del lábaro imperial, transformado en cruz por el In hoc signo vinces del sueño que Constantino tuvo antes de la batalla del puente Milvio -en sus monedas aparece ese lábaro-crismón venciendo a una serpiente-)[35] como en el ábside de las basílicas (donde se reproduce la forma del arco de triunfo).

La cruz deja de ser un simple instrumento de tortura para convertirse en un símbolo de triunfo sobre la muerte, que recuerda al cristiano la resurrección de Cristo y la promesa de su su segunda venida.

Un sarcófago procedente de la catacumba de Domitila (ca. 350) es uno de los primeros ejemplos del uso del crismón como crux invicta ("cruz invicta" o cruz triunfante) en contextos funerarios, como símbolo de la resurrección y triunfo sobre la muerte (rodeada por una corona de laurel, uno de los elementos del triunfo romano). A sus pies, dos soldados hacen referencia a los que custodiaban el sepulcro de Cristo.[36] Posteriormente, en la Edad Media, se generalizó el uso de la cruz funeraria.

La crux gemmata[37] ("cruz de gemas" o enjoyada) reproduce la cruz monumental de oro y piedras preciosas que Constantino mandó levantar en el monte Calvario de Jerusalén, y que se reproduce en el mosaico del ábside de la basílica de Santa Pudenciana de Roma.

Tema pictórico y escultórico[editar]

En pintura, la convención iconográfica fijada desde el Gótico[38] para el tema de la resurrección incluye la presencia de soldados dormidos (ocasionalmente, despiertos y asombrados -mezclando anacrónicamente su actitud en el momento de la resurrección con la de la aparición del ángel, tal como se describe en el evangelio de Mateo-) en torno a la tumba abierta de Cristo de la que surge su figura semidesnuda (envuelta en su sudario) elevándose milagrosamente, rodada de un halo luminoso y portando un estandarte de la cruz.

Hay excelentes ejemplos de representaciones pictóricas de la Resurrección tanto en el Renacimiento italiano (La resurrección de Cristo de Piero della Francesca, La resurrección de Cristo de Rafael) como en el Renacimiento nórdico (una de las tablas del Altar de Isenheim, de Grünewald), en el Manierismo (La resurrección de Cristo, de El Greco) o en el Barroco (La resurrección de Cristo de Rubens).

En escultura la iconografía de la resurrección es similar, aunque en el caso del Cristo de la Minerva de Miguel Ángel (que se suele denominar como "Cristo redentor"), se optó por representar a Cristo resucitado completamente desnudo, y abrazando la cruz, como símbolo de su victoria tanto sobre la muerte como sobre el pecado.[39]

No debe confundirse el tema artístico de la resurrección con otros con los que puede tener alguna similitud formal o conceptual: la transfiguración (que refleja un episodio evangélico anterior a la muerte de Cristo, en el que la figura de Cristo se ilumina), la ascensión (que refleja uno posterior, en el que Cristo asciende al cielo ante la vista de sus discípulos), la anastasis Aναστασις ("resurrección" en griego, término que, como tema artístico, se refiere a la visita de Cristo al limbo -descenso de Cristo a los infiernos-, entre la resurrección y la ascensión). Algunos otros temas iconográficos participan de elementos de la resurrección y de otros episodios, como los denominados Varón de dolores o Cristo de las cinco llagas (donde, junto a un Cristo resucitado aparecen tanto elementos de la resurrección como las arma Christi -instrumentos de la Pasión-) y las denominadas Cristo muerto sostenido por ángeles.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Tanner, Norman (2011). New Short History of the Catholic Church. Burns & Oates. p. 33. ISBN 978-0-86012-455-9.  Versión actualizada del Credo de Nicea añadido al Primer Concilio de Constantinopla en 381 d. C.
  2. Hechos 2:24, Romanos 10:9, 1 Corintios 15:15, Hechos 2:31–32, Hechos 3:15, Hechos 3:26, Hechos 4:10, Hechos 5:30, Hechos 10:40–41, Hechos 13:30, Hechos 13:34, Hechos 13:37, Hechos 17:30–31, 1 Corintios 6:14, 2 Corintios 4:14, Gálatas 1:1, Efesios 1:20, Col 2:12, 1 Tesalonicenses 1:10, Hebreos 13:20, 1 Pedro 1:3, 1 Pedro 1:21.
  3. Hechos 1:1–4, Hechos 1:9-11, Hechos 2:32–33, Colosenses 3:1.
  4. Stagg, Frank (1962). New Testament Theology. Broadman Press. ISBN 0-8054-1613-7. 
  5. Prosic, Tamara (2004). The Development And Symbolism Of Passover Until 70 CE. T & T Clark International. p. 65. ISBN 0-8264-7087-4. 
  6. Powell, Mark A. (2009). Introducing the New Testament. Baker Academic. pp. 91-92. ISBN 978-0-8010-2868-7. 
  7. a b c d e Stagg, Evelyn; Stagg, Frank (1978). Woman in the World of Jesus. Philadelphia: Westminster Press. pp. 144-150. 
  8. Lossky, Vladimir (1982). The Meaning of Icons. p. 185. ISBN 978-0-913836-99-6. 
  9. Mateo 28:8–20, Marcos 16:9–20 (véase el artículo de Marcos 16), Lucas 24:13–49, Juan 20:11–21:25, Hechos 1:1–11, 1 Corintios 15:3–9.
  10. Mateo 27:57–61, Marcos 15:42–47, Lucas 23:50–56
  11. Brown, Raymond Edward (1973). The Virginal Conception and Bodily Resurrection of Jesus. New York: Paulist Press. p. 147.  cf. Deuteronomio 21:22–23.
  12. Mateo 28:1-10, Marcos 16:1-8, Lucas 24:1-12, Juan 20:1-13.
  13. Setzer, Claudia (1997). «Excellent Women: Female Witness to the Resurrection». Journal of Biblical Literature 116 (2): 259-272. 
  14. a b Bauckham, Richard (2006). Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony. Cambridge: Eerdmans Publishing Company. p. 48. 
  15. Gerhardsson, Birger (1989). «Mark and the Female Witnesses». En Behrens, H.; Loding, D.; Roth, M. T. Dumu-E2-Dub-Ba-A: Studies in Honor of Ake W. Sjoberg (Occasional Publications of the Samuel Noah Kramer Fund, No. 11). pp. 219-220, 222-223. 
  16. Byrskog, Samuel (2000). Story as History - History as Story: The Gospel Tradition in the Context of Ancient Oral History (Wissenschaftliche Untersuchungen zum Neuen Testament Jerusalem Talmud 123). Tübingen: Mohr. pp. 75-78. 
  17. Sanders, E. P. (1993). The Historical Figure of Jesus. Londres: Penguin Books. p. 277. 
  18. Powell, Mark A. (2009). Introducing the New Testament. Baker Academic. ISBN 978-0-8010-2868-7.  Powell escribe que el apóstol tenía dos nombres: Saulo y Pablo. Saulo (Saúl) era su nombre judío, el nombre del primer rey de Israel. El libro de Hechos informa que él también era un ciudadano romano, lo que significa que necesitaba un nombre romano. En Hechos 13:9, Saulo es llamado Pablo por primera vez («Entonces Saulo, que también es Pablo [...]»).
  19. Sanders, E. P. (1993). The Historical Figure of Jesus. Londres: Penguin Books. 
  20. Couch, Mal (1997). Dictionary of Premillennial Theology. p. 127. ISBN 0-8254-2410-0. 
  21. Hutson, Curtis (2000). Great Preaching on the Resurrection. pp. 55-56. ISBN 0-87398-319-X. 
  22. Pecorino, Philip (2001). «Section 3. The Resurrection of the Body». Philosophy of Religion. Dr. Philip A. Pecorino. 
  23. Harris, Stephen L. (1985). Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. 
  24. «Resurrection». jewishvirtuallibrary.com. Jewish Virtual Library. 
  25. Habermas, Gary. «12 Historical Facts (Most Critical Scholars Believe These 12 items)». telus.net. 
  26. Price, Robert M.; Lowder, Jeffrey Jay, eds. (2005). The Empty Tomb: Jesus Beyond the Grave. Amherst: Prometheus Books. pp. 256-257. ISBN 1-59102-286-X. 
  27. a b Robert M. Price. «The Empty Tomb: Introduction; The Second Life of Jesus». En Price, Robert M.; Lowder, Jeffrey Jay, eds. (2005). The Empty Tomb: Jesus Beyond the Grave. Amherst: Prometheus Books. p. 14-15. ISBN 1-59102-286-X. 
  28. Guijarro, Santiago (1995). «Evangelios canónicos y evangelios apócrifos». Comentario al Nuevo Testamento. Verbo Divino. 
  29. Sunday of the Holy Myrrhbearing Women with the Noble Joseph. Véase también en:Synaxarius.
  30. Se aplica muy poco en masculino (miróforos), y designa los personajes que intervienen en descubrimiento de la tumba vacía. La palabra griega Μυροφόροι, transcrita al latín como Myrophorae, literalmente significa "portadores de la mirra". Además de las Tres Marías, hay dos varones que no intervienen en este episodio pero que se identifican con la mirra en este contexto: Nicodemo y José de Arimatea, que intervinieron en el descendimiento de la Cruz y embalsamaron el cuerpo de Cristo con mirra y aloes. Richard Bauckham, Jesus and the Eyewitnesses (Eerdmans Publishing Company: Cambridge, 2006. En el contexto de la natividad de Jesús, los reyes magos llevaron oro, incienso y mirra como regalo al Niño.
  31. Dizionario biografico degli italiani, vo.64, Roma, Istituto dell'Enciclopedia Italiana, 2005 (Laureti Tommaso Detto Il Siciliano). Fuente citada en it:Tommaso Lauretti.
  32. Web de los Museos Vaticanos, fuente citada en it:Sala di Costantino
  33. Boice, James Montgomery (2006). Daniel: An Expositional Commentary. Baker Books.
  34. Ramsay MacMullen, "Christianizing The Roman Empire A.D. 100-400, Yale University Press, 1984, ISBN 0-300-03642-6.
  35. Understanding early Christian art by Robin Margaret Jensen 2000 ISBN 0-415-20454-2 page 149
  36. Ronald John Zawilla, Cross and Crucifix in the Christian Assembly - Part I (The Early Christian Period: Crux Invicta, Crux Gemmata) en Envision Church, 30 de octubre de 2007.
  37. Schiller, Gertud, Iconography of Christian Art, Vol. I, 1971 (English trans from German), Lund Humphries, London, ISBN 853312702
  38. The Sexuality of Christ in Renaissance Art and in Modern Oblivion. Steinberg, Leo. University of Chicago Press. 2nd ed. 1997.

Notas[editar]

  1. En una nota, Kirby escribe: «Una lista muy abreviada de los escritores del siglo XX del NT que no creen que la tumba vacía es históricamente fiable: Marcus Borg, Günther Bornkamm, Gerald Boldock Bostock, Rudolf Bultmann, Peter Carnley, John Dominic Crossan, Stevan Davies, Maurice Goguel, Michael Goulder, Hans Grass, Charles Guignebert, Uta Ranke-Heinemann, Randel Helms, Herman Hendrikx, Roy Hoover, Helmut Koester, Hans Küng, Alfred Loisy, Burton L. Mack, Willi Marxsen, Gerd Lüdemann, Norman Perrin, Robert M. Price, Marianne Sawicki, John Shelby Spong, Howard M. Teeple y John T. Theodore».[26]
  2. Cavin continúa: «[...] incluso en el supuesto de su fiabilidad histórica [...]. Este supuesto, ciertamente, es desestimado debidamente a la luz de la erudición contemporánea sobre el Nuevo Testamento».
  3. Robert M. Price señala los relatos sobre Adonis, Apolonio de Tiana, Asclepio, Atis, Empédocles, Hércules, Osiris, Edipo, Rómulo, Tammuz, y otros.[27]