Pecado original

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Pergamino ilustrado custodiado en la Real Biblioteca de San Lorenzo, El Escorial, España.

Para varias de las religiones del tronco bíblico —entre ellas el judaísmo y el cristianismo— el pecado original es el pecado cometido por los primeros padres de la humanidad (Adán y Eva) al desobedecer el mandato divino de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. El pecado es cometido por la persuasión de una serpiente (que posteriormente sería identificada con el demonio). Fue castigado con la expulsión de la humanidad del jardín del Edén y su sujeción a la muerte y el sufrimiento eterno. De acuerdo con algunas interpretaciones cristianas, notablemente la católica, dañó también de manera perdurable la naturaleza humana de Adán y Eva, así como la de todos sus sucesores. La historia, narrada en Génesis 3, es común a las tres grandes religiones monoteístas; la interpretación de la naturaleza exacta del pecado cometido y del castigo impuesto, sin embargo, varía entre las citadas religiones. En la tradición católica el pecado original se ha simbolizado con una manzana roja, a pesar de que la escritura no menciona qué "fruto" daba el árbol prohibido.[1]

Pecado original en el judaísmo[editar]

Cuadro original de Michelangelo Buonarroti que representa el pecado original.

De acuerdo con el texto bíblico del Génesis 1-3, tras haber sido creados Adán y Eva residían en el jardín del Edén en perfecta armonía con Dios; el único mandato al que debían acogerse era la abstención de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, cuyo consumo ocasionaría la muerte Génesis 2:17). Sin embargo, Eva —y por su intermediación Adán— cedieron a la tentación de la serpiente (identificada con Satán o Shaitan, "el tentador") y descubrieron, comiendo del árbol, su desnudez. La consecuencia de la violación de su mandato llevó a la muerte —"[volverás] a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás", Génesis 3:19— y la expulsión del jardín del Edén.

La tradición talmúdica identifica este acto como החטא הקדמון (en hebreo hajet hakadmon, "la falta primordial") de la desobediencia al mandato divino. Sin embargo, los efectos de este pecado se reducen a castigos personales, como la expulsión del paraíso, la multiplicación excesiva de la dificultad del trabajo (no el trabajo en si mismo que es descrito antes como un don divino y precedía al pecado mismo), la enfermedad, la vejez y la muerte.

Las corrientes renovadoras dentro del judaísmo interpretan la caída como el primer acto de libre albedrío del hombre, y lo consideran como parte del plan divino, puesto que la falta representaría la admisión de la responsabilidad; en otras palabras, el mito de la caída sería una elaborada alegoría del pasaje a la adultez y la autonomía.

Pecado original en el cristianismo[editar]

La doctrina cristiana católica con respecto al pecado original se fijó en el concilio de Cartago, y se precisó posteriormente en el concilio de Orange y el concilio de Trento. Los detalles de su forma actual se encuentran ya en los escritos de san Agustín de Hipona, a través del cual la noción de una corrupción fundamental de la naturaleza humana hizo pie en la Iglesia. Los escasos fragmentos de doctrina sobre el pecado original contenidos en los escritos de los Apóstoles (especialmente Romanos 5:12) no efectúan mayores precisiones sobre el texto del Génesis.

La teología escolástica distingue entre el pecado original originante (peccatum originale originans), el acto concreto de desobediencia cometido por Adán y Eva, y el pecado original originado (peccatum originale originatum), las consecuencias que el mismo provocaría sobre la constitución de la especie humana. En virtud del peccatum originale originatum, no sólo se perderían los dones preternaturales de la inmortalidad y la exención del sufrimiento, sino que las capacidades del espíritu humano —tanto las morales como las intelectuales— carecerían de su vigor natural, sometiendo la voluntad a las pasiones y el intelecto al error. De acuerdo a la doctrina fijada en el concilio de Trento, la condición de "naturaleza caída" (natura lapsa) se transmite a cada uno de los nacidos tras la expulsión del Edén.

En los concilios se estableció el pecado original como la razón del bautismo católico, ya que éste liberaría al bautizado de las culpas del género humano, de acuerdo con una interpretación lata de 1Corintios 15:21 que contrapone el pecado de Adán con la pasión de Jesús. La Iglesia católica y otras que practican el culto mariano excluyen, sin embargo, de las consecuencias del pecado original a la Virgen María, en virtud de una gracia especial de Dios para que Jesucristo no tuviera el pecado original.

El pecado original en el Catecismo de 1992[editar]

Presenta la doctrina del pecado original como el “anverso de la redención” (cf. CEC 389). Recuerda que aunque el relato está hecho de imágenes o se encuentre redactado usando figuras literarias, se trata de un acontecimiento real de los inicios de la historia y que la marca (cf. CEC 390).[2]

Luego, entre los números 396 y 409[3] analiza los diversos elementos relacionados con este pecado: La prueba que implicaba el no poder comer del árbol del conocimiento del bien y del mal como una muestra del límite que la libertad humana tiene por el hecho de ser una criatura; el pecado presentado como un acto de desconfianza primero y de desobediencia después; las consecuencias: pérdida de la santidad original, se destruye la armonía del mundo y del interior del hombre, la muerte entra en la historia. La universalidad del castigo a partir del pecado original se sostiene con textos tomados de san Pablo:

Como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida. Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores

Rm 5, 18-19

En el número 404 se dice que el pecado de Adán es el pecado de todos los hombres que vienen después de él, ya que, según una expresión de Tomás de Aquino, la humanidad es en Adán como el cuerpo de un único hombre. Ahora bien, el catecismo afirma que la transmisión de ese pecado es un misterio,[4] y que, por tanto, la expresión “pecado” se usa de manera análoga, puesto que no se trata de una falta “cometida”, sino de un pecado “contraído”.

Herejías relativas al pecado original[editar]

El pelagianismo, que rechaza la condición caída de la naturaleza humana como una corrupción maniquea de la doctrina cristiana, fue declarado herético en el concilio de Cartago; el primer partidario de esta doctrina del que se tienen noticias fue Teodoro de Mopsuestia, aunque su influencia fue mayor en la iglesia occidental a través de Pelagio y Celestio. Según los pelagianos, la introducción del pecado por Adán se limita a proporcionar un mal ejemplo a sus descendientes, pero no hiere sus facultades.

El socinianismo, una rama protestante escindida del catolicismo tras la Reforma, negaba, entre otros rasgos de la doctrina católica, la realidad de la natura lapsa.

Numerosas iglesias protestantes en la actualidad descartan la noción de la caída de la naturaleza, aunque mantienen la creencia en el pecado de desobediencia de Adán.

El texto del Genésis puede relacionarse directamente con el Libro de Enoc, libro apócrifo etiquetado de seudoepigráfico, en el que se unifica la historia del pecado original y la caída de Lucifer y sus seguidores. La trama está bastante más elaborada, pero también se señala directamente a la mujer como principal responsable. A pesar de ser apócrifo, este libro está incluido en la Biblia de la Iglesia etíope.

Pecado original en el cristianismo evangélico[editar]

El concepto de pecado original ya no existe como tal, ya que el pecado estaba ya presente en el universo desde antes de la caída de Adán y Eva genesis 3:1s cf.cf. confer (lat.), compárese juan 8:44; 2 Pedro 2:4; 1 Juan 3:8; Judas 6). La Biblia, sin embargo, no se ocupa directamente del origen del mal en el universo, sino que trata más bien del pecado y su origen en la vida del hombre (1 Timoteo 2:14; santiago 1:13s). El verdadero impacto de la tentación demoníaca en la narración de la caída en Gn. 3 radica en la sutil sugerencia de la aspiración humana a llegar a ser igual a su hacedor (“seréis como Dios …”, 3.5).[5] ¨

Pecado original en el Islam[editar]

En el Islam no existe la noción de pecado original, más bien se rechaza rotundamente.[6]

De acuerdo con el Corán, la transgresión cometida por Adán y Eva —y que fue responsabilidad de ambos, y no de Eva en mayor grado— quedó zanjada con el castigo recibido, es decir, con la expulsión del Paraíso. El Islam no condena a la naturaleza humana como tal y además rechaza explícitamente que otro pague por los errores de los demás: "Nadie cargará con la culpa ajena" (Sura 17, versículo 15).

La ausencia del pecado original acentúa la idea de responsabilidad individual, que es central en el Islam. Esa libertad es la base sobre la cual puede Dios decidir castigar o premiar.

Interpretaciones racionalistas del pecado original[editar]

En vista de que el texto de Génesis 3:7 muestra la conciencia de la desnudez como evidencia de la comisión del pecado original, interpretaciones antropológicas o psicoanalíticas del texto bíblico sostienen que el pecado de Adán y Eva es una alegoría del acto sexual.

Se han aducido numerosos rasgos que pudieran reforzar esta hipótesis: la naturaleza fálica de la serpiente, el hecho de que los castigos impuestos a la mujer sean el parto y la sujeción de su deseo carnal al mandato del marido Génesis 3:16, y el hecho de que, tras el castigo, Adán diera su nombre a Eva "pues era la madre" (Génesis 3:20).

No obstante, existen detalles del texto bíblico original que aparentemente contradicen esta interpretación:

  • Dios autorizó a la pareja a que tuvieran prole (Génesis 1:28)
  • Eva comió primero del fruto y después se lo dio a Adán (Génesis 3:6)
  • En el judaísmo bíblico el sexo no era un tabú y las relaciones sexuales entre conyugues no eran pecado ni signo de falta de santidad.

Por lo tanto, se deduce del relato solamente que Dios había dado un mandato al cual el hombre desobedece.

Críticas[editar]

  • Marx considera también, que la doctrina cristiana del pecado original es de carácter profundamente anti-social. El pecado original, argumentó, convence a la gente de que la fuente de su miseria radica en el inherente e inalterable "pecado" de la humanidad y no en las formas de organización social e instituciones que Marx sostuvo, se pueden cambiar mediante la aplicación y planificación de colectivos sociales.[cita requerida]
  • Dado que Adan y Eva carecian de toda moral, (Obteniendolo después, al comer del fruto del Árbol del Conocimiento), el hecho de haber desobedecido a Dios fue un acto completamente ciego de cualquier juicio personal. El castigo de Dios fue injusto ya que ninguno de ellos podría tener conocimiento de lo que esta bien o mal sin haber tomado del fruto en primer lugar.[cita requerida]

Referencias[editar]

  1. José Manuel Vidal (1 de diciembre de 2002). «Eva no mordió la manzana». El Mundo.es. Archivado desde el original el 12 de febrero de 2010. Consultado el 10 de diciembre de 2012.
  2. El catecismo añade citas de documentos del Magisterio: Concilio de Trento, DS1513; Pío XII, DS 3897; Pablo VI, discurso del 11 de julio de 1966.
  3. Catecismo de la Iglesia Católica
  4. Véase también: Concilio de Trento, DS1511 y 1512.
  5. diccionario biblico certeza
  6. EL ISLAM EN LÍNEA - ¿Qué piensan los musulmanes del Pecado Original?

Bibliografía adicional[editar]