Dones del Espíritu Santo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

En la teología cristiana, el Espíritu Santo —o equivalentes como son, entre otros, Espíritu de Dios, Espíritu de verdad o Paráclito: acción o presencia de Dios, del griego παράκλητον parákleton: ‘aquel que es invocado’, del latín Spiritus Sanctus: Espíritu Santo— es una expresión bíblica que se refiere a una compleja noción teológica a través de la cual se describe una "realidad espiritual" suprema, que ha sufrido múltiples interpretaciones en las diferentes confesiones cristianas y escuelas teológicas.[1]

Según la Doctrina de la Iglesia católica, los dones del Espíritu Santo son medios imperecederos proporcionados por el Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, de los cuales el creyente obtiene de Dios las gracias y carimas necesarios para sobrellevar la vida terrena con santidad. Estos dones son permanentes y ayudan al hombre a ser más dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo y ayudan a conseguir la perfección de las virtudes de las personas que los reciben o, al menos, a dirigirse hacia ella. [2] . Tales dones son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.[3]

En las religiones anteriores al cristianismo[editar]

En el libro del profeta Isaías puede leerse:

Brotará del tronco de Jesé un retoño, y retoñará de sus raíces un vástago. Sobre quien reposará el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de entendimiento y de temor de Yahveh. Y pronunciará sus decretos en el temor de Yahveh

Is 11, 1-2

Teólogos como Juan de Santo Tomás subrayan ampliamente el hecho de que el conocimiento de estos dones es siempre revelado y no puede ser fruto de la reflexión: de ahí que los filósofos anteriores al cristianismo no conocieran su existencia. El texto es marcadamente mesiánico y su aplicación como dones que son dados a todos los cristianos se debe a la reflexión posterior de los Padres de la Iglesia a partir de otros textos bíblicos.[4]

En el cristianismo[editar]

En el Antiguo testamento[editar]

En el Antiguo testamento hay numerosos pasajes referidos al Espíritu Santo: En el Génesis[5] , en el Éxodo[6] , en el Libro de los Números[7] , en el Deuteronomio[8] También hay pasajes referidos al Espíritu Santo o espíritu de Dios en el Libro de Judit, en el Libro de los Salmos hay numerosas referencias, en el de la Sabiduría también, en el Eclesiástico, en el de Isaías o en el de Miqueas.

En el Nuevo Testamento[editar]

En el Nuevo Testamento hay numerosas referencias a los dones del Espíritu Santo entre las cuales destacan como más principales las siguientes: Evangelio según San Lucas[9] cuando Jesús dice a sus discípulos qye no se preocupen por lo que han de decir si lo apresan pues ...El Espíritu Santo os enseñará en aquella hora qué es lo que hay que decir.; también en este mismo Evangelio[10] ; en el Evangelio de Juan cuando Jesucristo les dice que «el viento sopla donde quiere y oyes su voz... Así es todo el que ha nacido del Espíritu».[11] y también, en el mismo Evangelio cuando Jesús dice «...y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: es el Espíritu de la verdad...» [12] . Se repiten estas ideas en los Hechos de los Apóstoles de forma contundente y se ha dicho entre los teólogos que el libro de los Hechos de los Apóstoles podría llamarse «Evangelio del Espíritu Santo» ya que este nombre aparece en casi todas sus páginas.[13] .

Con motivo de un discurso de San Pedro aparece repetidamente la figura del Espíritu Santo.[14] ; en la epístola de San Pablo a los Romanos, en la que dedica el capítulo ocho completo a «La vida del Espíritu», les dice que «...la ley del Espíritu de la vida que está en Cristo Jesús te ha liberado del pecado y de la muerte...»; «...para que la justicia se cumpliese en nosotros, que no caminamos según la carne sino según el Espíritu», «los que viven según la carne sienten las cosas de la carne, en cambio los que viven según el Espíritu sienten las cosas del Espíritu.», «Porque si vivís según la carne, moriréis; pero, si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis»[15] ; a los corintios les dice en la primera carta que les escribió: «A nosotros, en cambio, Dios nos lo reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, incluso las profundidades de Dios»[16] y una buena parte del capítulo doce lo dedica a explicarles la diversidad de los dones espirituales[17] . También el apóstol San Juan en su escrito del Apocalipsis cita numerosas veces al Espíritu Santo [18] , [19] , [20] , [21] ; y bastantes más pasajes que son un pequeño resumen de la tradición de la Iglesia, aún cuando el único texto específico y fundamental es el mencionado de Isaías.

Ahora bien, el texto masorético, que es la versión hebraica de la Biblia usada oficialmente entre los judíos, no cuenta siete sino seis —no menciona el espíritu de piedad— los dones del Espíritu Santo, lo cual ha dado pie a discusiones entre los teólogos —que asumen que son siete dado el carácter simbólico de este número— y los exegetas que consideran el texto una simple enumeración de las cualidades de gobierno del Mesías. Tomás de Aquino dedicó un artículo en su Suma teológica a defender que son siete.[22]

En el magisterio de la Iglesia[editar]

En el sínodo de Roma del año 382, bajo la presidencia del Papa Dámaso I se trató de los dones en los siguientes términos:

Se dijo: Ante todo hay que tratar del Espíritu septiforme que descansa en Cristo. Espíritu de sabiduría: Cristo virtud de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24). Espíritu de entendimiento: Te daré entendimiento y te instruiré en el camino por donde andarás (Sal 31, 8). Espíritu de consejo: Y se llamará su nombre ángel del gran consejo (Is 9, 6[23] ). Espíritu de fortaleza: Virtud o fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Co 1, 24). Espíritu de ciencia: Por la eminencia de la ciencia de Cristo Jesús (Ef 3, 19). Espíritu de verdad: Yo soy el camino, la vida y la verdad (Jn 14, 6). Espíritu de temor (de Dios): El temor del Señor es principio de la sabiduría (Sal 110, 10)

DS 83

El Papa León XIII en la encíclica Divinum illud munus, publicada en 1897, declaraba lo siguiente:[24]

El justo que vive de la vida de la gracia y que opera mediante las virtudes, como otras tantas facultades, tiene absoluta necesidad de los siete dones, que más comúnmente son llamados dones del Espíritu Santo. Mediante estos dones, el espíritu del hombre queda elevado y apto para obedecer con más facilidad y presteza a las inspiraciones e impulsos del Espíritu Santo. Igualmente, estos dones son de tal eficacia, que conducen al hombre al más alto grado de santidad; son tan excelentes, que permanecerán íntegramente en el cielo, aunque en grado más perfecto. Gracias a ellos es movida el alma y conducida a la consecución de las bienaventuranzas evangélicas, esas flores que ve abrirse la primavera como señales precursoras de la eterna beatitud.

Dentro de la Iglesia católica el creyente tiene acceso a los dones y las gracias consecuentes, con el bautismo, mismas que se refuerzan una vez recibido el sacramento de la confirmación, rito por el cual se impone las manos al bautizado y se lo unge con aceite para que descienda sobre este, el Espíritu Santo (Cfr. SC 71; Catec. n. 1298).

El don del Espíritu[editar]

El «don de Dios» es el Espíritu Santo, promesa que se hizo realidad en Pentecostés. El itinerario que, a propósito del «don del Espíritu», sigue la revelación según los textos de la Sagrada Biblia es: de la necesidad a la promesa que llega de forma inminente, de la promesa a la realización, del don dado a los efectos que produce.[25]

Funciones específicas de cada don[editar]

  • El don de sabiduría da un conocimiento amoroso de Dios, de las personas y de las cosas creadas por la referencia que hacen a Él. Solo se llega al conocimiento de Dios por medio de la santidad y es, precisamente el Espíritu Santo, el que pone este conocimiento al alcance de las almas sencillas que aman a Dios. Este don está íntimamente unido a la virtud de la caridad a la cual perfecciona que proporciona un conocimiento de Dios y de las personas y dispone a las personas para poseer «una cierta experiencia de la dulzura de Dios».[26] ,[27] Santo Tomás de Aquino enseña que el objeto de este don es el mismo Dios en primer lugar y, también, las cosas de este mundo en cuanto se ordenan a Dios y de Él proceden.[28]
  • El don de entendimiento proporciona un conocimiento más profundos de los misterios de la fe dándole una profunda penetración en los grandes misterios sobrenaturales. Es un don que se concede a todos los cristianos pero para que se desarrolle es necesario vivir en gracia de Dios y poner empeño en crecer en la santidad personal. Perfecciona la virtud de la fe. Este don es sumamente útil para los teólogos para que puedan penetrar en lo más profundo de las verdades que Dios ha revelado y, posteriormente deducir las virtualidades contenidas en ellas mediante el razonamiento teológico.[29]
  • El don de ciencia facilita al hombre comprender lo que son las cosas creadas como señales que llevan a Dios.Perfecciona la virtud de la fe y enseña a juzgar rectamente todas las cosas creadas para ver en ellas la huella de Dios. El Espíritu Santo hace percibir al hombre la sabiduría infinita, la naturaleza, la bondad de Dios.[30] . San Francisco de Asís, iluminado por este don, veía en todas las criaturas, incluso a seres inanimados o irracionales, a hermanos suyos en Cristo.[31]
  • El don de consejo es el don mediante el cual el Espíritu Santo perfecciona los actos de la virtud de la prudencia, es decir, a la elección de los medios que se deben emplear en cada situación. No solo en situaciones en las que se han de tomar grandes determinaciones sino también en los detalles más pequeños de una vida corriente. El don de consejo es de gran ayuda para mantener una recta conciencia. Catalina de Siena tuvo este don en grado extraordinario ya que fue la mejor consejera y brazo derecho del papa Gregorio XI al que convenció para que regresase de Avignon a Roma en contra de las ideas de algunos cardenales. También disfrutó de este don santa Teresita del Niño Jesús ya que desempeñó la tarea de «maestra de novicias», para la que se requiere experiencia y madurez, en plena juventud.[32]
  • El don de piedad tiene por objeto fomentar en la voluntad un amor filial hacia Dios, al que considera como Padre, y un especial sentimiento de fraternidad para con los hombres por ser hermanos e hijos del mismo Padre.[33] Dios quiere ser tratado con entera confianza por sus hijos los hombres, siempre necesitados. El Espíritu Santo enseña y facilita a las personas mediante este don, el trato el trato confiado de un hijo para con su Padre. Por esta razón, la plegaria favorita de los hombres para con su Padre Dios es la que les enseñó Jesucristo: «Padre nuestro que estás en los cielos...». Este don perfecciona la virtud de la fe.[34]
  • El don de fortaleza lo da el Espíritu Santo a las almas que necesitan vencer los obstáculos y poner en práctica las virtudes. Jesucristo prometió a sus apóstoles que serán revestidos por el Espíritu Santo de la fuerza de lo alto.[35] Este don refuerza la virtud del mismo nombre, la fortaleza, dándole resistencia y aguante frente a cualquier clase de peligros y ataques y una acometida fuerte del cumplimiento del deber a pesar de los obstáculos y dificultades que encuentre. Este don se pone especialmente de manifiesto en los mártires, pero también en la práctica heroica y callada de las virtudes de la vida ordinaria que constituyen el «heroismo de lo pequeño».[36]
  • El don de temor de Dios es un temor filial, propio de hijos que se sienten amparados por su Padre, a quien no desean ofender. Según Santa Teresa de Jesús que ante tantas tentaciones y pruebas que el hombre ha de padecer,Dios nos da dos remedios: «amor y temor». «El amor nos hará apresurar los pasos, y el temor nos hará ir mirando adonde ponemos los pies para no caer».[37] Sin embargo no son buenos todos los temores. Está en temor mundano de los que temen, sobre todo, a las desventajas sociales y a los males físicos y huyendo de las incomodidades cuando sospechan que ser fiel cristiano pueden causarles ciertas contrariedades. En este caso están predispuestos a abandonar a Cristo y a la Iglesia. De aquí vienen los respetos humanos. Existe otro temor, el temor servil que hace al hombre apartarse del pecado por miedo a las penas del infierno. Puede ser bueno para las personas alejadas de Dios, ser su primer paso de conversión y el comienzo del amor.[38] Como escribió San Juan Evangelista, el que teme no es perfecto en la caridad[39] El santo temor de Dios es el don del Espíritu Santo que tuvo, junto con todos los demás, el alma de Jesucristo, de la Virgen y el que tuvieron las almas santas. Este don es consecuencia del don de sabiduría y su manifestación externa.[40]

Véase también[editar]


Bibliografía[editar]

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. En este artículo se usa la frase "realidad espiritual" para evitar términos, como naturaleza, entidad, fuerza o ser, que implicarían favorecer una u otra de las diversas interpretaciones existentes sobre el Espíritu Santo.
  2. VV.AA (1992). Catecismo de la Iglesia Católica Catecismo de la Iglesia Católica. El Vaticano: Coeditores litúrgicos et alli-Librería Editrice Vaticana. p. 414-416. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 14 de mayo de 2016. 
  3. VV.AA (1992). Catecismo de la Iglesia Católica Catecismo de la Iglesia Católica. El Vaticano: Coeditores litúrgicos et alli-Librería Editrice Vaticana. p. 414-415. ISBN 84-288-1100-8. Consultado el 15 de mayo de 2016. 
  4. Joannes de sancto Thoma (1645). De donis Spiritus Sancti. Pádova-2007: Marco Forlivesi. Consultado el 14 de mayo de 2016. 
  5. VV.AA, Génesis (2008). Biblia de Navarra y Midwest Theological Forum. Pamplona: EUNSA. p. 41,38. 58-59. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 14 de mayo de 2016. 
  6. VV.AA, Éxodo (2008). Biblia de Navarra y Midwest Theological Forum. Pamplona: EUNSA. p. 31,3; 113. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 14 de mayo de 2016. 
  7. VV.AA, Números (2008). Biblia de Navarra y Midwest Theological Forum. Pamplona: EUNSA. p. 24,2; 200. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 15 de mayo de 2016. 
  8. VV.AA, Deuteronomio (2008). Biblia de Navarra y Midwest Theological Forum. Pamplona: EUNSA. p. 34,9; 263. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 15 de mayo de 2016. 
  9. Evangelio según San Lucas (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 12 (12) 1468. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  10. Evangelio según San Lucas (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 24 (25), 1493. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  11. Evangelio según San Juan (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 3 (8), 1501. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  12. Evangelio según San Juan (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 14 (17-26), 1529. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  13. Hechos delos Apóstoles (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 1544. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  14. Hechos de los Apóstoles (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 2; 2-38. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  15. Epístola a los Romanos (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 8 (1-38); 1612-1613-1614. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  16. 1ª Epístola a los Corintios (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 2 (10); 1628. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  17. 1ª Epístola a los Corintios (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 12 (1-11); 1639. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  18. Apocalipsis (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 1 (4), 1783. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  19. Apocalipsis (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 3 (1); 1786. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  20. Apocalipsis (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 3 (5); 1787. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  21. Apocalipsis (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 5 (6); 1788. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  22. de Aquino, Tomás (1270-1274). Summa theologiae. p. I-II; q68, a4co. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  23. Esto según la traducción de los LXX
  24. Encíclica Divinum illud munus, León XIII, 9-mayo-1897
  25. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 197. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  26. de Aquino, Tomás (2014). Suma teológica. Madrid: Biblioteca Autores Cristianos. p. 1-2, q.112,a.5. ISBN 9788422017653. Consultado el 23 de mayo de 2016. 
  27. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 201. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  28. de Aquino, Tomás (2014). Suma teológica. Madrid: Biblioteca Autores Cristianos. p. 1, q.45,a.2. ISBN 9788422017653. Consultado el 23 de mayo de 2016. 
  29. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 200-201. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 16 de mayo de 2016. 
  30. Philipon, M. M (1983). Los dones del Espíritu Santo. Madrid: Palabra. p. 200. ISBN 978-84-7118-347-7. Consultado el 21 de mayo de 2016. 
  31. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 200. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 21 de mayo de 2016. 
  32. Fernández Carbajal, Francisco (2010). Hablar con Dios.. Madrid: Palabra S.A. p. 721-722. ISBN 9788498400458. Consultado el 21 de mayo de 2016. 
  33. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 200. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  34. Fernández Carbajal, Francisco (2010). Hablar con Dios.. Madrid: Palabra S.A. p. 729-730. ISBN 9788498400458. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  35. Fernández Carbajal, Francisco (2010). Hablar con Dios.. Madrid: Palabra S.A. p. 737-738. ISBN 9788498400458. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  36. VV.AA (1989). Gran Enciclpedia Rialp (Sexta edición). Pamplona: Ediciones Rialp. S.A. p. Tomo IX; 200. ISBN 84-321-0663-1. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  37. de Cepeda y Ahumada, Teresa (1562-1564). Camino de perfección. Madrid: San Pablo. p. 40, 1. ISBN 9788428532792. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  38. Philipon, M. M (1983). Los dones del Espíritu Santo. Madrid: Palabra. p. 325. ISBN 978-84-7118-347-7. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  39. 1ª carta de San Juan (2008). Sagrada Biblia (popular edición). Pamplona: MTF (Chicago) y EUNSA (Pamplona). p. 4 (18), 1771. ISBN 978-1-890-177-71-3. Consultado el 22 de mayo de 2016. 
  40. de Aquino, Tomás (2014). Suma teológica. Madrid: Biblioteca Autores Cristianos. p. 2-2, q.45,a.1, ad 3. ISBN 9788422017653. Consultado el 22 de mayo de 2016.