Libro de Isaías
| Libro de Isaías | |||||
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| Género | Libros proféticos | ||||
| Idioma | Hebreo bíblico | ||||
| Título original | ספר ישעיהו | ||||
| Nevi'im | |||||
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El Libro de Isaías (en hebreo: ספר ישעיהו, sɛ.fɛr jə.ʃaʕ.ˈjɑː.hu) es el primero de los Nevi'im en el Tanaj judío y el primero de los Profetas Mayores en la Biblia cristiana.[1] El libro es identificado por un sobrescrito como la obra del profeta del siglo VIII a. C. Isaías ben Amoz. Tradicionalmente se pensó que todo el libro de Isaías fue escrito por el mencionado profeta, postura que fue reflejada en los primeros autores cristianos y que ellos mismos atribuyen a Jesús de Nazaret.[2] Esta fue la opinión de los rabinos y las Iglesias cristianas de manera unánime hasta el siglo XIX, y hoy sólo sostenida por expertos.[3]
La crítica moderna considera que al menos una parte del libro fue compuesta durante la cautividad de Babilonia y después.[4] El primero en expresar esta consideración fue el teólogo alemán-suizo Bernhard Duhm quién sostuvo que el libro se compone de tres colecciones separadas de oráculos:[5][6] a saber: Proto-Isaías (capítulos 1–39), que contienen las palabras de Isaías; Deutero-Isaías (capítulos 40–55), el trabajo de un anónimo autor del siglo VI a. C. escrito durante el Exilio, y Trito-Isaías (capítulos 56–66), compuesto después del retorno del Exilio.[7] Esta postura es actualmente admitida de manera general entre los estudiosos de la Biblia, independientemente de su confesión religiosa y como tal se refleja incluso en los programas de estudios de seminarios y universidades confesionales.[8][9]
El libro puede leerse como una extensa meditación sobre el destino de Jerusalén durante y después del exilio.[10] La parte deuteroisaiana del libro describe cómo Dios convertirá a Jerusalén en el centro de su dominio mundial a través de un salvador real (un mesías) que destruirá al opresor («Babilonia», el Imperio neobabilónico); este mesías es el rey Ciro el Grande de Persia, fundador del Imperio aqueménida, que no es más que el agente que lleva a cabo el reinado de Yahvé.[11]
Isaías se pronuncia en contra de los líderes corruptos y a favor de los desfavorecidos, y basa la justicia en la santidad de Dios más que en el pacto de Israel.[12]
Isaías fue una de las obras más populares entre los judíos en el período del Segundo Templo (c. 515 a. C. - 70 d. C.).[13] En los círculos cristianos, se le tenía en tan alta estima que se le llamaba «el quinto evangelio»,[14] y su influencia se extiende más allá del cristianismo a la literatura inglesa y a la cultura occidental en general, desde el libreto del Mesías de Handel hasta una gran cantidad de expresiones cotidianas como «espadas en rejas de arado», «refugio contra la tormenta» y «voz en el desierto».[14]
Isaías fue una de las obras más populares entre los judíos en la época del Segundo Templo (c. 515 a. C.–70 d. C.).[13] En los círculos cristianos se le tuvo en tan alta estima como para ser llamado «el Quinto Evangelio»,[15] y su influencia se extiende más allá del cristianismo a la literatura y a la cultura occidental en general, desde el libreto de El Mesías de Haendel a una serie de frases cotidianas como «espadas en rejas de arado» y «voz en el desierto».[14]
Consideraciones previas
[editar]El libro de Isaías se presenta como una obra unitaria que la tradición judía y cristiana ha atribuido a Isaías, el profeta que, según el libro del Eclesiástico, vivió en tiempos del rey Ezequías de Judá, entre los siglos VIII y VII a. C. De él se afirma que contempló los últimos tiempos y fue consuelo para los que sufrían en Sión, especialmente los que fueron llevados al destierro en Babilonia. La antigüedad y autenticidad del texto se respaldan con los manuscritos hallados en Qumrán, donde se conserva un ejemplar completo y otro con la mayor parte de los pasajes, ambos del siglo I a. C. Estos testimonios coinciden en esencia con la versión griega de los Setenta y con la tradición masorética.[16]
Dentro del conjunto bíblico, Isaías ocupa un lugar de privilegio. En la Biblia cristiana abre la serie de los cuatro profetas mayores, no sólo porque su predicación es anterior a la de Jeremías, Ezequiel y Daniel, sino también porque el libro que recoge sus oráculos es el más extenso y, probablemente, el de mayor trascendencia en la tradición profética. Algo semejante ocurre en la Biblia hebrea, donde encabeza a los llamados profetas posteriores, antecediendo a Jeremías, Ezequiel y a los doce menores. Su lugar no parece casual, pues su voz profética marca un antes y un después en la historia religiosa de Israel.[17]
La importancia de Isaías no se limita a su volumen o a su posición en el canon, sino que se extiende a la influencia que ha ejercido en la tradición posterior. En el Nuevo Testamento es el escrito del Antiguo Testamento más citado después de los Salmos, lo que muestra hasta qué punto sus palabras fueron interpretadas como anuncio directo de la venida de Jesucristo. Sus oráculos sobre la esperanza, la salvación y el futuro mesiánico se leen como anticipaciones del misterio cristiano, lo que convierte a Isaías en un puente entre la antigua alianza y la nueva. Por esa razón, tanto en la liturgia como en la teología, el libro de Isaías ha mantenido una presencia central que trasciende los siglos.
Este profeta, entre las reprensiones que hace, las instrucciones que da y las amenazas futuras que anuncia al pueblo pecador, profetizó sobre Cristo y sobre la Iglesia (…) muchas más cosas que los otros [profetas]. Tan es así, que algunos dicen que es más evangelista que profeta.[18]
Estructura
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El consenso académico general a lo largo de la mayor parte del siglo XX consideraba que el libro de Isaías contenía tres colecciones separadas de oráculos.[19] Un esquema típico basado en esta interpretación del libro ve su estructura subyacente en términos de la identificación de figuras históricas que podrían haber sido sus autores:[20]
- 1–39: Proto-Isaías, que contiene las palabras del Isaías original;
- 40–55: Deutero-Isaías, obra de un autor anónimo del exilio;
- 56–66: Trito-Isaías, una antología de unos doce pasajes.[21]
Aunque una parte del consenso general sigue vigente, esta percepción de Isaías como compuesto por tres secciones bastante distintas sufrió un desafío radical en el último cuarto del siglo XX.[5] El nuevo enfoque analiza el libro en términos de sus características literarias y formales, en lugar de sus autores, y ve en él una estructura dividida en dos partes entre los capítulos 33 y 34:[22]
- 1–33: Advertencias sobre el juicio y promesas de restauración posterior para Jerusalén, Judá y las naciones;
- 34–66: El juicio ya ha tenido lugar y la restauración está cerca.
- Proto-Isaías/Primer Isaías (capítulos 1–39):
- 1–12: Oráculos contra Judá principalmente de los primeros años de Isaías;
- 13–23: Oráculos contra las naciones extranjeras a partir de su edad madura;
- 24–27: El «Apocalipsis de Isaías», añadido en una fecha muy posterior;
- 28–33: Oráculos del ministerio tardío de Isaías;
- 34–35: Una visión de Sion, tal vez una adición posterior;
- 36–39: Historias de la vida de Isaías, algunas desde el Libro de los Reyes.
- Deutero-Isaías/Segundo Isaías (capítulos 40–54), con dos grandes divisiones, 40–48 y 49–54, la primera enfatizando a Israel, la segunda, a Sion y Jerusalén:
- Una introducción y conclusión subrayando el poder de la palabra de Dios sobre todas las cosas;
- Una segunda introducción y conclusión dentro de estos en la que un heraldo anuncia la salvación a Jerusalén;
- Fragmentos de himnos dividiendo varias secciones;
- El papel de las naciones extranjeras, la caída de Babilonia, y el ascenso de Ciro como un elegido de Dios;
- Cuatro «Cánticos del Siervo» personalizando el mensaje del profeta;
- Varios poemas más largos sobre temas tales como el poder de Dios y las invitaciones a Israel a confiar en él.
- Trito-Isaías/Tercer Isaías (capítulos 55–66):
- Una colección de oráculos de profetas desconocidos en los años inmediatamente después del regreso de Babilonia.
Viendo a Isaías como un libro de dos partes (capítulos 1–33 y 34–66) con un tema general, conduce a un resumen de su contenido como el siguiente:
- El libro se abre exponiendo los temas de juicio y posterior restauración de los justos. Dios tiene un plan que se realizará en el «Día de Yahweh», cuando Jerusalén se convertirá en el centro de su gobierno en todo el mundo. Ese día todas las naciones del mundo vendrán a Sion (Jerusalén) para instrucción, pero primero la ciudad debe ser castigada y limpiada del mal. Se invita a Israel a unirse a este plan. Los capítulos 5–12 explican la importancia del juicio asirio contra Israel: el gobierno justo del rey davídico seguirá después de que el monarca asirio arrogante es derribado. Los capítulos 13–27 anuncian la preparación de las naciones para el gobierno mundial de Yahweh; los capítulos 28–33 anuncian que un salvador real (un mesías) surgirá como consecuencia del castigo de Jerusalén y la destrucción de su opresor.
- El opresor (ahora identificado como Babilonia en lugar de Asiria) está a punto de caer. Los capítulos 34–35 cuentan cómo Yahweh regresará a los exiliados redimidos a Jerusalén. Los capítulos 36–39 hablan de la fidelidad del rey Ezequías a Yahweh durante el asedio asirio como modelo para la comunidad restaurada. Los capítulos 40–54 señala que la restauración de Sion está ocurriendo porque Yahweh, el creador del universo, ha designado al rey persa Ciro el Grande como un "mesías" prometido y el constructor del templo. Los capítulos 55–66 son una exhortación a Israel a mantener el pacto. La eterna promesa de Dios a David se hace ahora a los hijos de Israel/Judá en general. El libro termina ordenando justicia mientras suceden las etapas finales del plan de Dios, incluyendo la peregrinación de las naciones a Sion y la realización del reinado de Yahweh.
Resumen
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Si consideramos Isaías como un libro dividido en dos partes (capítulos 1-33 y 34-66) con un tema general, podemos resumir su contenido de la siguiente manera:[11]
- El libro comienza exponiendo los temas del juicio y la posterior restauración de los justos. Dios tiene un plan que se realizará en el «Día de Yahvé», cuando Jerusalén se convierta en el centro de su dominio mundial. Ese día, el mundo acudirá a Sión (Jerusalén) en busca de instrucción, pero primero la ciudad debe ser castigada y purificada del mal. Israel es invitado a unirse a este plan. Los capítulos 5-12 explican el significado del juicio asirio contra Israel: el reinado justo del rey davídico seguirá después de que el arrogante monarca asirio sea derrocado. Los capítulos 13-27 anuncian la preparación de las naciones para el dominio mundial de Yahvé; los capítulos 28-33 anuncian que un salvador real (el mesías) surgirá tras el castigo de Jerusalén y la destrucción de su opresor.
- El opresor (ahora identificado como Babilonia en lugar de Asiria) está a punto de caer. Los capítulos 34-35 cuentan cómo Yahvé devolverá a los exiliados redimidos a Jerusalén. Los capítulos 36-39 hablan de la fidelidad del rey Ezequías a Yahvé durante el asedio asirio como modelo para la comunidad restaurada. Los capítulos 40-54 afirman que la restauración de Sión está teniendo lugar porque Yahvé, el creador del universo, ha designado al rey persa Ciro el Grande como el mesías prometido y constructor del templo. Concretamente, el capítulo 53 predice un siervo sufriente que será el mesías del que habla el profeta en los versículos anteriores. Los capítulos 55-66 son una exhortación a Israel para que mantenga el pacto. La Promesa eterna de Dios a David se hace ahora al pueblo de Israel/Judá en general. El libro termina exhortando a la justicia a medida que se cumplen las etapas finales del plan de Dios, incluyendo la peregrinación de las naciones a Sion y la realización del reinado de Yahvé.
La antigua interpretación de este libro como tres secciones bastante independientes atribuibles a autores identificables conduce a una visión más atomizada de su contenido, como en este ejemplo:
- Proto-Isaías/Primer Isaías (capítulos 1-39):[23]
- 1-12: Profecías contra Judá, en su mayoría de los primeros años de Isaías;
- 13-23: Profecías contra naciones extranjeras de sus años intermedios;
- 24-27: El «Apocalipsis de Isaías», añadido en una fecha mucho más tardía;
- 28-33: Profecías de la última etapa del ministerio de Isaías
- 34-35: Una visión de Sión, quizá añadida posteriormente;
- 36-39: Relatos de la vida de Isaías, algunos procedentes del Libro de los Reyes.
- Deutero-Isaías/Segundo Isaías (capítulos 40-55), con dos divisiones principales, 40-48 y 49-55, la primera enfatizando a Israel, la segunda a Sión y Jerusalén:[24]
- Una introducción y una conclusión que enfatizan el poder de la palabra de Dios sobre todas las cosas;
- Una segunda introducción y conclusión dentro de estas en las que un heraldo anuncia la salvación a Jerusalén;
- Fragmentos de himnos que dividen varias secciones;
- El papel de las naciones extranjeras, la caída de Babilonia y el ascenso de Ciro como el elegido de Dios;
- Cuatro «canciones del siervo» que personalizan el mensaje del profeta;
- Varios poemas más largos sobre temas como el poder de Dios y las invitaciones a Israel a confiar en él;
- Trito/Tercer Isaías (capítulos 56-66):
- Una colección de oráculos de profetas desconocidos en los años inmediatamente posteriores al regreso de Babilonia.[25]
Autoría del libro
[editar]Si bien es ampliamente aceptado que el libro de Isaías tiene sus raíces en un profeta histórico llamado Isaías, que vivió en el Reino de Judá durante el siglo VIII a. C., también es ampliamente aceptado que este profeta no escribió todo el libro de Isaías. [10][26]
- Situación histórica: los capítulos 40-55 presuponen que Jerusalén ya ha sido destruida (no están enmarcados como profecía) y que el exilio babilónico ya está en vigor; hablan desde un presente en el que el exilio está a punto de terminar. Los capítulos 56-66 suponen una situación aún más tardía, en la que el pueblo ya ha regresado a Jerusalén y la reconstrucción del Templo ya está en marcha.[27]
- Anonimato: El nombre de Isaías deja de utilizarse repentinamente después del capítulo 39.[28]
- Estilo: Hay un cambio repentino en el estilo y la teología después del capítulo 40; numerosas palabras y frases clave que se encuentran en una sección no se encuentran en la otra.[29]
La historia de la composición de Isaías refleja una diferencia importante en la forma en que se consideraba la autoría en el antiguo Israel y en las sociedades modernas; los antiguos no consideraban inapropiado complementar una obra existente sin revelar su identidad.[30] Aunque los autores son anónimos, es plausible que todos ellos fueran sacerdotes, por lo que el libro podría reflejar las preocupaciones sacerdotales, en oposición al movimiento reformista cada vez más exitoso de los deuteronomistas.[31]
El profeta Isaías
[editar]Isaías fue hijo de Amoz, quien no debe confundirse con el profeta Amós, y nació alrededor del 765 a. C. Su primera visión data del año de la muerte del rey Ozías (Is. 6:1) y se convirtió en asesor de sus sucesores: Jotam, Acaz, Ezequías y Manasés.
Los tres Isaías
[editar]A finales del siglo XI, el rabino y exégeta sefardí Ibn Samuel ha-Cohen ibn Chikatilia (llamado también Chiquitilla) fue el primero en afirmar que, en el texto de Isaías, existen dos autores completamente distintos.[32] Posteriormente, los estudiosos coincidieron en que el Libro de Isaías, largo y complejo como es, no pudo haber sido escrito por un solo autor, ni aún por dos. Los especialistas consideran evidente que la obra se fue formando a lo largo de muchos años, con partes provenientes de tiempos y lugares muy distintos.
La hipótesis dominante, y aceptada, sostiene que el libro «no fue escrito por un solo hombre, sino por tres». los cuales, a falta de nombres mejores, se conocen como «Proto Isaías», «Déutero Isaías», y «Trito Isaías».[33] Es por ello que es frecuente hallar en la bibliografía alusiones al «segundo Isaías»[34] o al «tercer autor de Isaías», por ejemplo.[10][9]
La primera parte del libro generalmente es considerada como obra del propio profeta Isaías. Los estudiosos del hebreo consideran a estos capítulos como modelos de hebreo clásico. Numerosos comentarios destacan su fino estilo, composición armoniosa e imágenes notables. Este autor promete el juicio y restauración de Judá, Jerusalén y las naciones.[35][5]
La segunda parte del libro, capítulos 44 a 55, es muy diferente al resto,[34] describe cómo Dios va a hacer de Jerusalén el centro de su gobierno en todo el mundo a través de un salvador real (un mesías) que destruirá a su opresor (Babilonia); este mesías es el rey persa Ciro el Grande, que no es más que el agente que trae el reinado de Yahweh.[36] Isaías habla en contra de los líderes corruptos y por los más desfavorecidos; y las raíces de la rectitud en la santidad de Dios antes que en el pacto de Israel.[37] Isaías 44:6 contiene la primera declaración clara de monoteísmo: «Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios».[38] Este modelo del monoteísmo se convirtió en la característica definitoria del judaísmo post-exilio, y la base para el cristianismo y el Islam.[39]
Ciertos críticos consideran que la introducción y las autobiografías (narradas en primera persona) no pertenecen a ninguno de los tres autores principales, sino que parecen haber sido añadidas por un redactor postexílico.
Otros autores consideran que Isaías escribió una pequeña parte del libro, quizás solamente siete capítulos (6-12) y el resto es obra de sus discípulos, la llamada Escuela de Isaías, activa a lo largo de varios siglos. Desde este punto de vista, no hay tres, sino varios autores del libro, y cada una de las secciones fue editada, ampliada o comentada antes y después del Exilio. John Oswalt, por su parte, sostiene que Isaías es la fuente de todo el libro, pero que en su actual formato es una composición de sus distintas obras; discursos, profecías y conversaciones.[40]
Contexto histórico
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El histórico Isaías ben Amoz vivió en el Reino de Judá durante los reinados de cuatro reyes desde mediados hasta finales del siglo VIII a. C.[26][42] Durante este periodo, el Imperio neoasirio se expandió hacia el oeste desde sus orígenes en la Alta Mesopotamia hacia el Mediterráneo, destruyendo primero Aram-Damasco en 734-732 a. C., luego el Reino de Israel en 722-721 (el «[ [cautiverio asirio]»), y finalmente sometiendo a Judá en 701.[43]
El Proto-Isaías se divide en pasajes en verso y en prosa, y una teoría muy popular actualmente es que los pasajes en verso representan las profecías del Isaías original del siglo VIII, mientras que las secciones en prosa son «sermones» sobre sus textos compuestos en la corte de Josías cien años más tarde, a finales del siglo VII.[44]
La conquista de Jerusalén por el Imperio neobabilónico y el exilio de su élite en el año 586 a. C., el «cautiverio babilónico», marcaron el inicio de la siguiente etapa en la formación del libro. Deutero-Isaías se dirige a los judíos en el exilio, ofreciéndoles la esperanza del regreso.[45] Este fue el período del ascenso meteórico de Persia bajo Ciro el Grande; en 559 a. C., sucedió a su padre como gobernante de un pequeño reino vasallo en lo que hoy es el este de Irán, y en 540 gobernaba el Imperio aqueménida, que se extendía desde el Mediterráneo hasta Asia Central, y en 539 conquistó Babilonia, poniendo fin al Imperio neobabilónico. [46] Las predicciones de Deutero-Isaías sobre la inminente caída de Babilonia y su glorificación de Ciro como libertador de Israel sitúan sus profecías entre los años 550 y 539 a. C., probablemente hacia el final de este periodo.[47]
Los persas pusieron fin al exilio judío y, en 515 a. C., los exiliados, o al menos algunos de ellos, habían regresado a Jerusalén y reconstruido el Templo. Sin embargo, el regreso no estuvo exento de problemas: los repatriados se encontraron en conflicto con los que se habían quedado en el país y ahora eran propietarios de la tierra, y hubo más conflictos sobre la forma de gobierno que debía establecerse. Estos antecedentes constituyen el contexto de Trito-Isaías.[45]
La Escuela Isaiana
[editar]Por otra parte, se considera demostrado que toda una escuela de escribas se derivó de la prédica del Isaías histórico.[9] En Isaías 8:16;9:1, el mismo libro habla de la inteligencia de los discípulos del profeta en contraposición a la ignorancia de las masas populares que le respondían con la indiferencia.
La existencia de una «escuela isaiana» de escribas formados y conducidos por Isaías puede, entonces, entenderse como una solución intermedia al enigma de la autoría: ni un autor único ni tres autores independientes. La segunda y la tercera partes del Libro de Isaías muy bien pueden haber sido escritas por dos de sus discípulos (o dos grupos de discípulos) luego de la muerte del profeta. Esta teoría se apoya en la lógica y se encuentra actualmente muy extendida entre amplios sectores de los estudiosos.[48]
Temas
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Resumen
[editar]El Libro de Isaías se centra en el papel principal de Jerusalén en el plan de Dios para el mundo, viendo siglos de historia como si fueran la visión única del profeta Isaías del siglo VIII.[20]
- El proto-Isaías habla del abandono de Dios por parte de Israel y de lo que sucederá a continuación: Israel será destruido por enemigos extranjeros, pero después de que el pueblo, el país y Jerusalén sean castigados y purificados, un remanente de Israel vivirá en el lugar de Dios en Sión, gobernado por el rey elegido por Dios, bajo la presencia y protección de Dios.
- Deuteroisaias tiene como tema la liberación de Israel del cautiverio en Babilonia en otro Éxodo, que el Dios de Israel organizará utilizando a Ciro, el conquistador persa, como su agente.
- Trito-Isaías se refiere a Jerusalén, el Templo, el sábado y la salvación de Israel.[49] (Más explícitamente, se refiere a cuestiones actuales entre los judíos que vivían en Jerusalén y Judea en el periodo postexílico sobre quién es un judío amante de Dios y quién no).[50]
Walter Brueggemann ha descrito esta narrativa general como «una meditación continua sobre el destino de Jerusalén».[51]
Santidad, justicia y el plan de Dios
[editar]El plan de Dios para el mundo se basa en su elección de Jerusalén como el lugar donde se manifestará, y de la línea de David como su representante terrenal, un tema que posiblemente se originó con el respiro de Jerusalén del ataque asirio en el 701 a. C. [52] Dios es «el Santo de Israel»; la justicia y la rectitud son las cualidades que marcan la esencia de Dios, e Israel ha ofendido a Dios con su injusticia.[12] Isaías habla en favor de los pobres y los oprimidos y en contra de los príncipes y jueces corruptos, pero a diferencia de los profetas Amós y Miqueas, él basa la rectitud no en el pacto de Israel con Dios, sino en la santidad de Dios.[12]
Monoteísmo
[editar]Isaías 44:6 contiene la primera declaración clara del monoteísmo yahvista: «Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay Dios». En Isaías 44:09–20, esto se convierte en una sátira sobre la fabricación y la adoración de ídolos, burlándose de la necedad del carpintero que adora el ídolo que él mismo ha tallado. Aunque Yahvé ya había demostrado su superioridad sobre otros dioses anteriormente, en el Segundo Isaías se convierte en el único Dios del mundo. Este modelo de monoteísmo se convirtió en la característica definitoria del judaísmo postexílico y sentó las bases del cristianismo y del islam.[53]
Un nuevo Éxodo
[editar]Un tema central en el Segundo Isaías es el de un nuevo Éxodo: el regreso del pueblo israelita exiliado de Babilonia a Jerusalén. El autor imagina un regreso ritual a Sión (Judá), liderado por Yahvé. La importancia de este tema queda patente por su ubicación al principio y al final del Segundo Isaías (40:3-5, 55:12-13). Este nuevo Éxodo se relaciona repetidamente con el Éxodo de Israel de Egipto a Canaán bajo la guía divina, pero con nuevos elementos. Estas relaciones incluyen lo siguiente:
- Los participantes originales del Éxodo partieron «con gran prisa» (Éxodo 12:11, Deuteronomio 16:3), mientras que los participantes en este nuevo Éxodo «no saldrán con gran prisa» (Isaías 52:12).
- La tierra entre Egipto y Canaán del primer Éxodo era un «desierto grande y terrible, una tierra árida y desolada» (Dt 8, 15), pero en este nuevo Éxodo, la tierra entre Babilonia (Mesopotamia) y la Tierra Prometida se transformará en un paraíso, donde las montañas se rebajarán y los valles se elevarán para crear un camino llano (Is 40, 4).
- En el primer Éxodo, Dios proporcionó agua, pero con moderación. En el nuevo Éxodo, Dios «convertirá el desierto en un estanque de agua, y la tierra seca en manantiales de agua» (Isaías 41:18).[54]
Interpretación posterior e influencia
[editar]Judaísmo del Segundo Templo (515 a. C. - 70 d. C.)
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Isaías fue una de las obras más populares en el período comprendido entre la fundación del Segundo Templo c. 515 a. C. y su destrucción por los romanos en el año 70 d. C.[55] El «renuevo [que] brotará del tronco de Jesé» de Isaías se alude o cita en los Salmos de Salomón y en varias obras apocalípticas, entre ellas las Similitudes de Enoc, 2 Baruc, 4 Esdras y el tercero de los Oráculos sibilinos, todos los cuales entendieron que se refería a un/el mesías y a la era mesiánica.[56] Isaías 6, en el que Isaías describe su visión de Dios entronizado en el Templo, influyó en las visiones de Dios en obras como la sección «Libro de los Vigilantes» del Libro de Enoc, el Libro de Daniel y otros, a menudo combinadas con la visión similar del Libro de Ezequiel. [57]
Una parte muy influyente de Isaías fueron las cuatro llamadas canto del Siervo de Isaías 42, 49, 50 y 52, en las que Dios llama a su siervo para que guíe a las naciones: el siervo es terriblemente maltratado, se sacrifica al aceptar el castigo que corresponde a otros y finalmente es recompensado. Algunos textos del Segundo Templo, incluidos el Libro de la Sabiduría y el Libro de Daniel, identificaban al siervo como un grupo —«los sabios» que «guiarán a muchos hacia la justicia» (Daniel 12:3)—, pero otros, en particular las Similitudes de Enoc, lo entendían en términos mesiánicos. [58]
Cristianismo
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Los primeros cristianos, basándose en la interpretación mesiánica de Enoc, interpretaron Isaías 52:13-53:12, el cuarto de los cantos, como una profecía de la muerte y exaltación de Jesús, un papel que el propio Jesús aceptó según Lucas 4:17-21.[59] El Libro de Isaías ha tenido una enorme influencia en la formación del cristianismo, desde la devoción a la Virgen María hasta la polémica antijudía, la iconografía medieval de la pasión y el feminismo cristiano y la teología de la liberación modernos. La consideración que se tenía de Isaías era tan alta que el libro se llamaba con frecuencia «el quinto evangelio»: el profeta que habló más claramente de Cristo y de la Iglesia que cualquier otro.[14] Su influencia se extiende más allá de la Iglesia y el cristianismo, hasta la literatura inglesa y la cultura occidental en general, desde el libreto de Mesías de Händel hasta una serie de expresiones cotidianas como «espadas en rejas de arado» y «voz en el desierto».[14]
Isaías proporciona 27 de las 37 citas de los profetas en las epístolas paulinas, y ocupa un lugar destacado en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles. [60] Isaías 7:14, donde el profeta asegura al rey Acaz que Dios salvará a Judá de los ejércitos invasores de Israel y Siria, constituye la base de la doctrina de Mateo 1:23 sobre el nacimiento virginal, [61], mientras que la imagen de Isaías 40:3-5 del exiliado Israel, guiado por Dios y regresando a Jerusalén por un camino recién construido a través del desierto, fue recogida por los cuatro Evangelios y aplicada a Juan el Bautista y Jesús.[62] Isaías 43: 18-19 se ha hecho popular en el cristianismo moderno, especialmente entre los grupos cristianos. Este pasaje tenía por objeto consolar e inspirar a un pueblo desplazado y oprimido. Dios, hablando a través de Isaías, recuerda a los israelitas su fidelidad. Les exhorta a recordar su liberación pasada, como el éxodo de Egipto, pero sin quedarse estancados en ella. En cambio, promete un nuevo acto de salvación, aún mayor que el anterior. [63] «Olvidad las cosas pasadas; no os detengáis en el pasado. «¡Mirad, estoy haciendo algo nuevo! Ahora está brotando; ¿no lo percibes? Estoy abriendo un camino en el desierto y ríos en la tierra baldía».[64] Los expertos señalan el capítulo 53 y su descripción de un siervo sufriente como una sorprendente predicción de la crucifixión de Jesucristo, el mesías predicho por Isaías. [65]
Isaías parece haber ocupado siempre un lugar destacado en el uso de la Biblia hebrea, y es probable que el propio Jesús estuviera profundamente influenciado por Isaías.[66] Por lo tanto, muchos de los pasajes de Isaías que son familiares para los cristianos no obtuvieron su popularidad directamente de Isaías, sino del uso que hicieron de ellos Jesús y los primeros autores cristianos, lo que es especialmente cierto en el caso del Libro del Apocalipsis, que depende en gran medida de Isaías en cuanto a su lenguaje y sus imágenes.[67]
Traducción del Libro de Isaías al griego
[editar]Según la Carta de Aristeas, durante el reinado de Tolomeo II Filadelfo (285 a. C.-245 a. C.), setenta sabios judíos de Alejandría (Egipto) realizaron la ahora llamada Septuaginta, la traducción al griego de la Torá (los primeros cinco libros del actual Antiguo testamento), a la que llamaron Pentateuco (‘cinco libros’).
El resto del Antiguo testamento fue traducido al griego paulatinamente y los expertos estiman actualmente que la traducción del Libro de Isaías fue hecha entre los años 150 y 130 a. C..[68]
Hay algunas diferencias entre la traducción griega de la Septuaginta y las versiones hebreas y a su vez se han detallados las variaciones entre el texto masorético y la versión hebrea más antigua conocida del Libro de Isaías encontradas en Qumrán, entre los rollos llamados manuscritos del Mar Muerto.[69]
Traducción al griego del Tanaj
[editar]Isaías 7:14
[editar]En Isaías, La Septuaginta utiliza la palabra griega "parthenos" para traducir el hebreo "almá" y sitúa la concepción de Emmanuel como si tuviera lugar en un futuro cercano. Sin embargo, en el texto masorético -Tanaj hebreo-, este hecho está narrado en pasado:
| Versión de la Septuaginta | Versión masorética hebrea (Tanaj). |
|---|---|
| «Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen CONCEBIRÁ, y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel». διὰ τοῦτο δώσει Κύριος αὐτὸς ὑμῖν σημεῖον• ἰδοὺ ἡ παρθένος ἐν γαστρὶ ἕξει, καὶ τέξεται υἱόν, καὶ καλέσεις τὸ ὄνομα αὐτοῦ ᾿Εμμανουήλ• |
«La joven HA CONCEBIDO ''(harah)'', y tendrá [en unos meses] un hijo»
לָ֠כֵן יִתֵּ֨ן אֲדֹנָ֥י ה֛וּא לָכֶ֖ם אֹ֑ות הִנֵּ֣ה הָעַלְמָ֗ה הָרָה֙ וְיֹלֶ֣דֶת בֵּ֔ן וְקָרָ֥את שְׁמֹ֖ו עִמָּ֥נוּ אֵֽל . |
Las diferencias entre estas versiones pueden ser vistas también incluyendo los manuscritos hebreos más antiguos del Libro de Isaías, los rollos encontrados en Qumrán, especialmente el texto completo 4Q55 (Qa).[70]
Las principales diferencias son:
- Aunque tanto en el texto masorético como en la Septuaginta quien da la señal es «el Señor» (אֲדֹנָ֥י adonai o Κύριος kyrios), el rollo de Qumrán se refiere a él como YHVH.[71] La Septuaginta traduce muchas veces YHVH (Yahvéh o Jehová en las biblias en castellano), como «el Señor», por considerar que no hay un equivalente griego al nombre de Dios es "el que es" y parece que la forma de Qumrán es la original.
- Tanto el texto masorético como la Septuaginta anteceden el versículo con «...el mismo Señor os dará señal: he aquí...». Sin embargo en los rollos de Qumrán faltan las palabras equivalentes a «una señal: he aquí», lo cual podría ser una laguna[69] o podría leerse «el mismo Yahvé mismo os dará, una joven ha concebido y dará a luz un hijo».
- El hebreo ha'almah (הָעַלְמָ֗ה) se traduce en la Septuaginta como παρθένος parthenos (‘virgen’). Para muchos comentaristas este es simplemente un error, porque ha'almah significa literalmente ‘una joven’. Sin embargo algunos comentaristas discrepan y creen que la traducción es correcta por el contexto social de entonces: Ireneo de Lyon argumentó que en cuanto la traducción griega de Isaías fue hecha en Alejandría (Egipto) mucho antes de la aparición del cristianismo, ese era el sentido aceptado anteriormente por los expertos judíos y no hay por qué cambiar la traducción.[72] Para Orígenes es obvio que los traductores judíos creyeron que aquel que sería llamado ‘Dios con nosotros’ requería ser concebido de una virgen y consideraban que ha'almah en ese caso significaba ‘virgen’ y no una joven en general;[73] por lo cual no hicieron una traducción literal sino contextual. Hugues Cousin, quien estima que la traducción griega de Isaías ocurrió hacia el 150 a. C., da varios ejemplos que muestran que la Septuaginta traduce reptidamente ha'almah como parthenos, sin que ello implique el significado actual de ‘virgen’.[68]
- La traducción (y versión con puntuación masorética) más probable del הרה es ‘ha concebido’, en tiempo perfecto (pasado), pues el imperfecto (futuro), ‘concebirá’, requeriría un prefijo si la conjugación fuera regular; aunque porque los verbos guturales terminados en h tienen muchas excepciones[74] y como la forma con puntuación masorética הָרָה harah es posterior, varios traductores mantienen el futuro.[69]
- Mientras que en el texto masorético es la mujer la que da el nombre a su hijo (Génesis 4:1-25), en la Septuaginta es el oyente del mensaje (es decir, el rey Acaz)(«tú») quien dará el nombre al hijo de la joven. En la versión griega citada en Mateo 1:23 el nombre lo ponen «ellos».[68] En los rollos de Qumrán, podría leerse «él se llamará» o «será llamado».[71]
- En el texto masorético se lee «immanu el» עִמָּ֥נוּ אֵל ‘[Dios] Ël con nosotros’ o 'Dios está con nosotros', mientras que en los rollos de Qumrán, el nombre Immanuel está escrito como una sola palabra.[75]
Mensaje
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El castigo de Dios contra el pueblo infiel es una de las ideas centrales del Libro de Isaías. Es el único y verdadero creador del mundo y por lo tanto dueño del mismo; ha hecho una alianza indisoluble con el pueblo de Israel y, al verla traicionada, ha llamado con un silbido a los ejércitos egipcios y asirios —como se llama a un perro— para que castiguen en Su nombre a los impíos.
Los puntos fundamentales que recalca el libro son los siguientes:
- Dios es santo e Isaías su profeta;
- Las tribulaciones del pueblo son consecuencia de sus pecados;
- El verdadero judaísmo saldrá de los sobrevivientes a este castigo;
- Isaías canta para las generaciones sucesivas la gloria de este renacimiento;
- Solo Dios salvará a Israel y no las alianzas políticas;
- La injusticia social es repugnante a los ojos del Señor; y
- La justicia perfecta solo se logrará después de la llegada del Mesías.
Mesianismo en Isaías
[editar]Uno de los puntos centrales alrededor de los que giran las ideas de Isaías, es que la verdadera paz, la justicia y la equidad solo serán accesibles al ser humano cuando llegue el Mesías el cual:
- Será descendiente de la Casa de David (Is. 9:6 y 11:1-10);
- Reinará sobre Judá (8:8);
- En su reinado, el Templo será un lugar de oración para todos los pueblos (2:2)
- Fundará un imperio de paz (11:1-9).
Influencia en el cristianismo
[editar]Algunos pasajes del libro de Isaías han conocido una gran fama debido a su uso en la teología cristiana. Son famosos, en particular:
- Isaías es la cita empleada por el autor del evangelio de Mateo para probar que el nacimiento de Jesús a través de una virgen fue anunciado por los profetas.
- Isaías es la cita preferida por católicos y ortodoxos para enumerar los Dones del Espíritu Santo.
- Isaías es el texto más empleado para probar la idea de que el mesías debía sufrir por los pecados de la humanidad y es ampliamente citado tanto por los evangelistas, como en las epístolas.
- Isaías es citado por San Pablo en Gálatas y también en la Segunda epístola de Clemente.
Enseñanza
[editar]Entre los libros del Antiguo Testamento, el de Isaías ocupa un lugar privilegiado por la riqueza de su enseñanza y por la profundidad de su doctrina: sobre Dios, sobre el hombre y sobre la salvación. Puede decirse que posee un carácter enciclopédico en lo que respecta a la fe veterotestamentaria, al mismo tiempo que abre horizontes hacia la plenitud de la Revelación en el Nuevo Testamento. Jerónimo, en su Prólogo a Isaías, afirmaba: «Este libro es como un compendio de todas las Escrituras». No es de extrañar, entonces, que los Padres de la Iglesia recurrieran constantemente a Isaías, hallando en sus páginas fundamentos para casi todos los puntos de la doctrina cristiana.
Al momento de resaltar sus aspectos más significativos, conviene atender tanto a los temas que atraviesan todo el libro —como la trascendencia absoluta de Dios y la gravedad del pecado humano como ofensa a esa trascendencia— como a los motivos específicos que definen cada sección:
- en la primera parte, la esperanza en el Mesías futuro;
- en la segunda, la universalidad de la salvación ofrecida por Dios;
- en la parte final, la visión de una esperanza escatológica que se abre hacia el cumplimiento definitivo de la historia.
Isaías, por tanto, no solo constituye un testimonio central de la fe de Israel, sino también un anuncio profético que prepara, anticipa y en cierto modo ilumina la plenitud revelada en Cristo.[76]
El Dios que se revela en Isaías
[editar]Varias décadas después de Amós y Oseas, Isaías presenta con fuerza la santidad de Dios y su trascendencia sobre todas las criaturas, tanto celestiales como terrenales. Dios es el soberano de «tremenda majestad», envuelto en el misterio fascinante de su gloria. Ante su presencia, ángeles y hombres tiemblan con respeto y temor. En la base de esta enseñanza se encuentra la «experiencia vocacional de Isaías en el Templo»: allí contempló al «Santo de Israel» sentado en un trono de gloria, rodeado de serafines que clamaban: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos». Dios es el Ser trascendente, ante quien ningún hombre puede resistir, y se revela a través de prodigios y maravillas que reflejan su gloria.
Sin embargo, este Dios omnipotente y creador de la historia no es un ser abstracto, sino personal, presentado con atributos y cualidades antropomórficas: «los ojos de Dios», «su mano poderosa», «su aliento» que purifica, «su espíritu» que infunde sabiduría, consejo y fortaleza. Se trata de un Dios que interpela al hombre y lo llama a la conversión.
Los pecados de Jerusalén y de Judá
[editar]La grandeza divina pone en contraste la pequeñez del hombre, especialmente cuando peca. Isaías, desde su visión inaugural, percibe a la criatura débil y pecadora que se rebela contra su Creador. El pecado no es una mera falta ligera, sino auténtica rebelión, desprecio y burla hacia Dios. El orgullo, la vanidad, la indiferencia religiosa, la confianza en riquezas, en armas o en alianzas políticas constituyen manifestaciones de desconfianza en el Señor. Por ello, el gran pecado es el orgullo y la autosuficiencia. El castigo divino aparece como humillación del hombre: en el día del Señor toda altivez será abatida para que resplandezca únicamente la gloria divina.[77]
Mesianismo real
[editar]En este contexto se inserta el mesianismo real, núcleo de la predicación isaiana en la primera parte de su libro. Tras la invasión asiria (722 a. C.), que provoca la desaparición de Israel y parte de Judá, Isaías anuncia que solo quedará un «resto» como semilla santa de la restauración. De ese tronco brotará un salvador descrito con títulos regios: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz». Jerusalén, habitada por los humildes que confían solo en Dios, será el centro de la paz mesiánica y todas las naciones acudirán a ella: Etiopía, Tiro, Egipto, Asiria… La salvación será universal.
La figura del Emmanuel concentra las promesas: él reinará sobre su país, restaurará la dinastía davídica y será el rey eterno prometido por Dios. En él confluyen las grandes corrientes de la esperanza de Israel: la dinástico–real, la profética, la paradisíaca y la escatológica. Isaías se erige así en el profeta que, con más claridad, perfila al futuro salvador que habrá de inaugurar una era de justicia y de paz.[78]
Universalidad de la salvación
[editar]Durante el cautiverio de Babilonia, Israel reflexionó profundamente sobre su identidad, su historia y su relación con Dios. El libro de Isaías, en su segunda parte, recuerda que la misión de Israel trasciende sus propias fronteras y que su elección está ligada a una vocación universal. Así como Abrahán, Moisés y David representaron momentos fundantes de la fe, ahora Ciro, rey extranjero, aparece como instrumento de salvación en manos de Dios, incluso con el sorprendente título de Mesías. Esto revela que la acción divina no se limita a los límites de Israel, sino que actúa en la historia para abrir caminos de liberación.
El profeta insiste en que la elección de Israel no es un privilegio cerrado, sino un llamado a ser mediador de la salvación para todas las naciones. Dios, que creó el universo y condujo con poder el éxodo, se muestra fiel a su pueblo con un amor más firme que el de una madre hacia su hijo. La restauración prometida no solo traerá consuelo a Israel, sino que alcanzará a toda la humanidad e incluso a la creación entera, que se llenará de alegría. Esta misión se expresa en la figura del «siervo del Señor», representación tanto del pueblo como del Mesías, cuya fidelidad en medio de la humillación abrirá el camino de la salvación universal.[79]
El libro de Isaías a la luz del Nuevo Testamento
[editar]Los libros proféticos del Antiguo Testamento, y en particular Isaías, son leídos por la Iglesia no solo como testimonios de un pasado concreto, sino como escritos con un horizonte abierto hacia la plenitud de la historia de la salvación en Jesucristo. Así lo entendió ya Jerónimo, al afirmar que en Isaías se encuentran no solo las palabras de un profeta, sino también las de un evangelista y un apóstol, pues en sus páginas se anuncia al Emmanuel nacido de la Virgen, su misión, su pasión y su victoria sobre la muerte. Jesús mismo aplicó a su vida las palabras del profeta, especialmente al inicio de su ministerio en Nazaret y en los momentos de la pasión, en los que se reconoció como el Siervo sufriente que carga con las culpas del pueblo. Por ello, los evangelistas, los apóstoles y la tradición de la Iglesia vieron en Isaías el cumplimiento de las promesas en la persona de Cristo.
La riqueza de Isaías ha nutrido no solo la reflexión doctrinal de los Padres de la Iglesia, sino también la liturgia, en la que ocupa un lugar privilegiado, sobre todo en Adviento y Navidad, cuando el anuncio de la salvación se centra en la venida del Mesías. La fuerza de sus palabras ha impregnado la iconografía cristiana y sigue siendo hoy fuente de fe y esperanza. Su lectura, lejos de quedar reducida a un pasado histórico, se convierte en una invitación actual a profundizar en la fe, a vivir en fidelidad a Dios y a asumir un compromiso activo con la justicia y las aspiraciones de todos los hombres, confiados en que el Señor es el guía supremo de la creación y de la historia.[80]
Véase también
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Portal:Biblia. Contenido relacionado con Biblia.- El sueño que tuvo Isaías
- Tengo un sueño
- Rorate Caeli
Referencias
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| Precedido por: Sirácides |
Antiguo Testamento católico y ortodoxo | Sucedido por: Jeremías |
| Precedido por: Cantar de los Cantares |
Biblia Hebrea | |
| Precedido por: Reyes |
Antiguo Testamento protestante |
Enlaces externos
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Traducciones
- Libro de Isaías – Hebreo, junto con inglés
- Libro de Isaías (traducción al inglés [con comentarios de Rashi en Chabad.org)
- Bible Gateway