Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sirá
| Libro de la Sabiduría de Jesús ben Sira | |||||
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| de Jesús ben Sirá | |||||
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Portada de la Biblia Protestante de Gustavo I de Suecia de 1541, la primera en idioma sueco. Incluía los Libros "Deuterocanónicos" en una sección al final del Antiguo Testamento. | |||||
| Género | Literatura sapiencial | ||||
| Idioma | Hebreo | ||||
| Texto original | בן סירא en Wikisource | ||||
| Libros sapienciales | |||||
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El Libro de la Sabiduría de Jesús, hijo de Sirac ( /ˈsaɪræk/),[1] también conocido como La sabiduría de Jesús, hijo de Sirach,[2] La sabiduría de Jesús, hijo de Eleazar,[3] o Eclesiástico ( /ɪˌkliːziˈæstɪkəs/),[4] es una obra literaria judía escrita originalmente en hebreo bíblico: (חכמת יהושע בן סירא) El libro de sabiduría más antiguo que se conserva de la antigüedad,[2][5] Consiste en enseñanzas éticas, escritas por Jesús ben Eleazar ben Sira (Ben Sira), un escriba judío helenístico del período del Segundo Templo. [2][6]
Es uno de los sapienciales deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Común y familiarmente llamado Sirácida, o bien, Sirácides[7] (abrev. Si o Sir).
El texto fue escrito entre los años 196 y 175 a. C., y el nieto de Ben Sira lo tradujo al griego koiné y le añadió un prólogo alrededor del año 117 a. C.[5]. El prólogo se considera generalmente el primer testimonio de un canon tripartito de los libros de la Biblia hebrea. [8] El hecho de que el texto y su prólogo puedan datarse con tanta precisión tiene profundas implicaciones para el desarrollo del canon de la Biblia hebrea.
Aunque el Libro de Sirach no está incluido en la Biblia hebrea y, por lo tanto, no se considera escritura sagrada en el judaísmo, sí está incluido en la Septuaginta y en el Antiguo Testamento de las iglesias católica y ortodoxa. En las tradiciones protestantes, históricamente, y aún hoy en día en el luteranismo y el anglicanismo, el Libro de Sirach es un texto intertestamentario que se encuentra en los apócrifos, aunque se considera no canónico. [9]
La tradición latina lo ha llamado Libro del Eclesiástico (abrev. Eclo). No debe confundirse con el Eclesiastés, el cual es otro Libro sapiencial del Antiguo Testamento. Tampoco debe confundirse con la expresión Libros Eclesiásticos, usada por algunos autores para referirse a los deuterocanónicos o al conjunto de los escritos del segundo canon que se leen en las iglesias.[10]
Datos generales
[editar]El Eclesiástico es un libro deuterocanónico, es decir, que forma parte del Canon de las iglesias cristianas ortodoxas, orientales, y de la católica, pero no de las protestantes. En las Biblias católicas se le suele ubicar al final de las series de textos y escritos sapienciales (después de Sabiduría) y antes de las series de los Libros proféticos (antes de Isaías).
Los judíos contemporáneos no lo incluyen en el Tanaj, aunque hay pruebas de que por lo menos algunos grupos judíos contemporáneos a Jesús lo incluían entre los Escritos o Hagiógrafos, es decir, la tercera sección del Tanaj:
“Está expuesto en el Pentateuco, por escrito: «y acudiendo Esaú a Ismael»,[11] repetido en los Profetas, por escrito: «Se le juntó a Jefté una banda de gente miserable, que hacía correrías con él»,[12] mencionado en una tercera etapa en los Hagiógrafos, por escrito: “Todo viviente ama a su semejante, y todo hombre a su prójimo»”.[13]Guemará, Seder Nazikin, Baba Qamma 92b.
“Hay aún otro Paraíso debajo de las cabezas de las criaturas vivientes, por lo que está escrito: «Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal, extendida por encima de sus cabezas».[14] Hasta aquí tienes permiso de hablar, de ahí en adelante no tienes permiso de hablar, por lo que está escrito en el libro de Ben Sirá: «No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar. Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto»”.[15]Guemará, Seder Mo’ed, Chagigah 13ª.
Los protestantes[16] lo consideran un libro apócrifo, aunque algunos lo ven como lectura provechosa, y ciertas Biblias como la de Lutero, la versión inglesa conocida como King James, las de Casiodoro de Reina (Biblia del Oso) y la de Cipriano de Valera (Biblia del Cántaro)[17] incluyen este y los demás deuterocanónicos, en la mayoría de los casos en una sección de apócrifos ubicada entre ambos testamentos.
Nombre del libro
[editar]Su nombre castellano, Eclesiástico, proviene de la voz latina Ecclesiasticus, nombre que le asignó Jerónimo en su Biblia Latina, llamada Vulgata, y que, a su vez, proviene de la expresión griega τὸ ἐκκλησιαστικόν (tò Ekklesiastikón, el libro de la iglesia, asamblea o congregación), nombre que le dio Cipriano de Cartago, padre de la Iglesia, en clara referencia al uso que de él hacía el cristianismo, a causa de sus ricos contenidos morales para la formación y la edificación del catecumenado.[18]
En la Septuaginta, el título es Sophía Iesoû hyioû Seirach, "la sabiduría de Jesús, el hijo de Sirac", o simplemente Sophía Seirach, "la Sabiduría de Sirac". Entre los otros nombres griegos que se dan al Eclesiástico en la literatura patrística, se puede mencionar la designación de Panaretos sophia es decir "La sabiduría de todos los virtuosos". En el ámbito latino se lo denomina también "Sapientia Sirae" (Rufino), "Jesu, filii Sirae" (Junilius), "Sapientia Jesu" (Codex Claromontanus) o "Liber Sapientiae Jesu" ( Misal Romano).
Autor
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Yeshua ben Eleazar ben Sira (Ben Sira, o, según el texto griego, Josué, hijo de Sirach de Jerusalén) fue un escriba judío helenístico del período del Segundo Templo. Escribió el Libro de Sirach en hebreo bíblico alrededor del año 180 a. C. [5] Entre todos los escritores bíblicos hebreos y apócrifos, Ben Sira es único en el sentido de que es el único que ha reivindicado la autoría de su obra[2] pues así como otros Libros Sapienciales (como Proverbios, Eclesiastés y Cantares) no se cita el nombre del autor de forma expresa, el Eclesiástico afirma con certeza el nombre de su autor. En el capítulo 50, versículo 27, dice expresamente lo siguiente:
Doctrina de entendimiento, y de conocimiento, grabó, en este libro, Jesús, hijo de Sirac, de Eleazar, el jerosolimitano[19] que desbordó sabiduría de su corazón...Sirácida 50:27 [20]
Se trata posiblemente de un sabio de Jerusalén que escribió la obra hacia el año 190 a. C.[21] Se dedicó desde joven al estudio de la Ley y la Sabiduría, y buscó la salvación en la oración. Ben Sirac es un hombre que ha viajado y que dispone de una rica experiencia de vida basada en la observación. Ha sido calumniado con acusaciones falsas. Una vez aclarada la verdad por obra de Dios, entona un canto de acción de gracias que cristaliza en este libro.[22]
Algunos exponentes sugieren que Sirácides debió pertenecer a la escuela judía saducea, o que tal vez simpatizaba con sus ideas. Mas dado que el libro fue hallado entre los Rollos Manuscritos del Mar Muerto, así como en las ruinas del fuerte de Masada,[23] es mucho más probable que su obra hubiera sido un texto universalmente aceptado, y al que se recurría para alentar la fe de diferentes escuelas de judíos disidentes, y aun discrepantes unas de otras.
Fecha y contexto histórico
[editar]El Libro de Sirácida se fecha generalmente en el primer cuarto del siglo II a. C. El texto se refiere en tiempo pasado al «sumo sacerdote Simón, hijo de Onías» en 50:1. [24] Este pasaje se refiere casi con toda seguridad a Simón el sumo sacerdote, hijo de Onías II, que murió en 196 a. C. Debido a las luchas entre los sucesores de Simón (Onías III, Jasón y Menelao) no se mencionan en el libro, ni tampoco el rey Antíoco IV Epífanes del Imperio seléucida (que accedió al trono en 175 a. C.), por lo que el libro debe de haber sido escrito entre 196 y 175 a. C.[6]
El original fue escrito en hebreo,[25] y la traducción griega se considera obra de un nieto de Ben Sirac unos 60 o 70 años después. Hoy se dispone de copias del texto hebreo manuscritas por los judíos caraítas en el siglo IX, encontradas en el depósito de una sinagoga de El Cairo en 1896,[26] en 1931,[27] y 1958, así como de fragmentos de manuscritos copiados en el siglo I o antes, encontrados en Qumrán,[28] y en 1964 encontrados en la fortaleza de Masada.[29] Actualmente se dispone de dos tercios del texto hebreo: 1108 versículos, con respecto a los 1616 del total del texto griego.[30]
Jerónimo de Estridón menciona haber tenido el texto hebreo, pero que al final optó por solo revisar y corregir la traducción latina (llamada Vetus Latina), que ya existía previamente, para incluirla en su propia versión de la Vulgata.
En el Prólogo de la versión griega[31] se menciona expresamente que se trata de una traducción vertida del hebreo por un nieto del mismo Ben Sirac, a fin de cultivar y edificar la fe de los judíos de Alejandría, dando una fecha: el año 132 a. C.
A pesar de todo lo anterior, el origen hebreo del texto ha sido muy discutido. Hubo quienes llegaron a sostener que los textos hebreos encontrados en El Cairo eran una traducción, pero tras el hallazgo de los manuscritos de Qumrán y Masada, se sabe, sin lugar a dudas, que fue escrito en hebreo.
La datación puede fijarse con cierta certeza, porque Jesús ben Sirá habla elogiosamente del sumo sacerdote Simón II,[32] que parece haber sido su contemporáneo. El traductor del libro al griego manifiesta que Jesús era su abuelo, y que él —el traductor— partió hacia Egipto en el año 38 de Tolomeo VIII Evérgetes II, es decir, en el 132 a. C.[31]
Por una parte, el autor no sabe nada acerca de las persecuciones del pueblo judío por Antíoco IV Epífanes, y no ha oído hablar de la conquista de Jerusalén ni del saqueo del Templo, hechos que comenzaron en el 170 a. C. Por tanto, el libro debe haberse escrito antes, alrededor del 180 a. C. En esos tiempos, el helenismo había hecho presa de la nación judía, y contra esta invasión de cultura foránea habría preconizado Ben Sirac.
Es posible que originalmente el libro no haya sido compuesto como un todo, sino que resultara de la edición conjunta de una colección de varios textos, adecuadamente ensamblados.[33] Desde hace mucho tiempo, estudiosos como Nicolás de Lira,[34] Cornelio de Lapide[35] y Eichhorn,[36] han propuesto que se reunieron por lo menos cuatro bloques:[33]
- El primero: capítulos 1 al 23.[37]
- El segundo: capítulos 24:1 al 42:14.[38]
- El tercero, un Laus Patrum: capítulos 42:15 al 50:24.[39]
- Y el cuarto, un poema sobre la búsqueda de la sabiduría: capítulo 51:13-30.[40]
Existe además un Capítulo 52 del libro de Sirac que no obstante no ha sido aceptado en ningún Canon bíblico pero que suele añadirse a ciertas ediciones de estudio,[41] y que lleva por contenido una hermosa oración salomónica de acción de gracias que parece haber sido insertada de una tradición oral tardía a la fecha de su composición original hebrea.
El libro constituye un inapreciable y casi único testimonio de la realidad de su tiempo, y de las costumbres y usos judíos de entre la fecha de la composición original, y la de la traducción del nieto de Sirácides (130 a. C.).
Canonicidad
[editar]Fue citado en algunos escritos en el cristianismo primitivo. Hay afirmaciones de que se cita en la Epístola de Santiago, y también en los no canónicos Didaché (iv.5) y en la Epístola de Bernabé (xix.9). Clemente de Alejandría y Orígenes lo citan repetidamente, como un γραφή, o libro sagrado.[42] El catálogo de Cheltenham, el Papa Dámaso I,[43] el Concilio de Hipona (393), el Concilio de Cartago (397), el Papa Inocencio I, el segundo Concilio de Cartago (419), el Concilio de Florencia (1442)[44] y san Agustín todos lo consideraron como canónico, aunque Jerónimo, Rufino de Aquilea y el Concilio de Laodicea lo clasificaron en cambio como un libro eclesiástico.[42] Los Cánones Apostólicos (no reconocidos por la Iglesia Católica) declararon venerable y sagrado el libro de Eclesiástico.[45] Finalmente, la Iglesia Católica confirmó los concilios anteriores y declaró que era canónico en 1546 durante la cuarta sesión del Concilio de Trento.[42]
Sirácida no ha sido incluido en el Tanaj judío. El Concilio de Jamnia (Yavne), en el que los judíos fariseos finalmente intentaron definir su propia colección de textos religiosos tenidos por sagrados, en fecha tan tardía como el año 95 d. C., decidió no incluirlo en el Tanaj. Se ha argumentado que el libro contiene expresiones de desprecio a la figura femenina, o antifeminismo,[46] así como influencias de la filosofía de la escuela epicúrea[47] (si bien ya ha quedado demostrado que tales ideas existen en varios otros textos de la Biblia,[48] y de los pensadores judíos y cristianos a través de los tiempos).
Fue usado, sin embargo, por las comunidades esenias de Qumrán, y hay citas de la obra de Sirácides incluso en el Talmud y en la literatura rabínica.[49] El Talmud babilónico (Baba Qamma 92b) cita el capítulo 13 de Sirácida como si proviniera del Tanaj.[50] Y varios de los grupos judíos marginales, a través de los tiempos, lo han ido aceptando como tal: los antiguos esenios de Qumrán, los revolucionarios zelotes de Masada, los judíos caraítas durante la Edad Media, y los Beta Israel en Etiopía.
El Eclesiástico ha sido incluido en la Biblia israelita griega alejandrina, llamada Septuaginta, con el nombre de Libro de la Sabiduría y la Virtud, y a raíz de ello, ha sido incluido en todos los antiguos códices conocidos de la Escritura en griego, y en todas las versiones y ediciones copiadas a partir de esos mismos códices. La liturgia judía,[51] y también la cristiana, lo han atesorado e incluido en sus celebraciones, ritos y ceremonias.
Las Iglesias Cristianas Ortodoxas, así como las diferentes Iglesias Orientales, y la Iglesia católica, lo reconocen como parte integral del Canon de la Biblia. Debido a que no ha sido incluido en el Canon del Tanaj, que es el libro sagrado oficial del judaísmo contemporáneo, su canonicidad ha sido rechazada por las Iglesias Protestantes,[16] que predeterminadamente excluyen los deuterocanónicos de sus propias versiones y ediciones de los textos sagrados. La Iglesia Anglicana no lo aceptaba como protocanónico, pero dice que debe leerse sólo "por ejemplo de la vida y la instrucción de los modales, pero no los aplica para establecer ninguna doctrina".[52] De manera similar, las iglesias luteranas lo incluyen en sus leccionarios, y como un libro apropiado para la lectura, la devoción y la oración.
Traducción al griego koiné
[editar]La persona que tradujo el Libro de Sirach al griego koiné afirma en su prólogo que era nieto del autor y que llegó a Egipto (probablemente a Alejandría) en el año treinta y ocho del reinado de Euergetes[5] Solo dos de los reyes ptolemaicos llevaron este epíteto. De ellos, Ptolomeo III Euergetes reinó solo veinticinco años (247-222 a. C.), por lo que debe referirse a Ptolomeo VIII Euergetes II. Dado que este rey dató su reinado a partir de la fecha de su primera ascensión al trono en el año 170 a. C., el traductor debió de haber ido a Egipto en 132 a. C. El nieto de Ben Sira completó su traducción y añadió el prólogo alrededor del 117 a. C., en la época de la muerte de Ptolomeo VIII. [5] En ese momento, la usurpadora dinastía Hasmonea había derrocado a los herederos de Simón II tras largas luchas y finalmente controlaba el sumo sacerdocio. Una comparación entre las versiones hebrea y griega muestra que modificó la oración por Simón y amplió su aplicación («que Él nos confíe su misericordia») para evitar cerrar una obra que alababa la fidelidad de Dios a su pacto con una oración sin respuesta. [53]
La versión griega del Libro de Sirach se encuentra en muchos códices de la Septuaginta.[54] -
Títulos alternativos
[editar]La traducción al griego koiné fue aceptada en la Septuaginta con el nombre abreviado del autor: Sirakh (Σιραχ). Algunos manuscritos griegos dan como título «Sabiduría de Iēsous Hijo de Sirach» o, en resumen, «Sabiduría de Sirach». La Biblia Vetus Latina se basó en la Septuaginta y simplemente transliteró el título griego a letras latinas: Sirach. En la Vulgata latina, el libro se llama Sapientia Jesu Filii Sirach («La sabiduría de Jesús, hijo de Sirach»).
Los Padres de la Iglesia griegos también lo llamaban «Sabiduría todopoderosa», mientras que los Padres de la Iglesia latinos, comenzando por Cipriano de Cartago,[55] la denominaron Ecclesiasticus porque se leía con frecuencia en las iglesias, lo que llevó a los Padres de la Iglesia latina a llamarla Liber Ecclesiasticus («Libro de la Iglesia»). De manera similar, la Nueva Vulgata latina y muchas traducciones modernas al inglés de los apócrifos utilizan el título Ecclesiasticus, literalmente «de la Iglesia», debido a su uso frecuente en la enseñanza y el culto cristianos.
Estructura
[editar]Al igual que otros Libros sapienciales, no hay una estructura fácilmente reconocible en el Eclesiástico; en muchas partes es difícil descubrir una progresión lógica del pensamiento o discernir los principios de organización. [5] Sin embargo, una serie de seis poemas sobre la búsqueda y la obtención de la sabiduría (1:1-10, 4:11-19; 6:18-37; 14:20-15:10; 24:1-33; y 38:24-39:11) dividen el libro en algo parecido a capítulos, aunque las divisiones no se basan en temas. [5] Las excepciones son los dos primeros capítulos, cuyas reflexiones sobre la sabiduría y el temor de Dios proporcionan el marco teológico para lo que sigue, y los últimos nueve capítulos, que funcionan como una especie de clímax, primero en una extensa alabanza a la gloria de Dios manifestada a través de la creación (42:15-43:33) y, en segundo lugar, en la celebración de los héroes de la historia del antiguo Israel, que se remonta a antes del Gran Diluvio hasta la época contemporánea (véase la sección anterior).[5]
A pesar de la falta de estructura, hay ciertos temas que recorren el libro y que reaparecen en varios puntos. La Nueva Oxford Annotated Apocrypha identifica diez temas recurrentes principales:
- La Creación: 16:24-17:24; 18:1-14; 33:7-15; 39:12-35; y 42:15-43:33
- La muerte: 11:26-28; 22:11-12; 38:16-23; y 41:1-13
- La amistad: 6:5–17; 9:10–16; 19:13–17; 22:19–26; 27:16–21; y 36:23–37:15
- La felicidad: 25:1–11; 30:14–25; y 40:1–30
- Honor y vergüenza: 4:20–6:4; 10:19–11:6; y 41:14–42:8
- Asuntos monetarios: 3:30–4:10; 11:7–28; 13:1–14:19; 29:1–28; y 31:1–11
- Pecado: 7:1-17; 15:11-20; 16:1-17:32; 18:30-19:3; 21:1-10; 22:27-23:27; y 26:28-28:7
- Justicia social: 4:1-10; 34:21–27; y 35:14–26
- El discurso: 5:6, 9–15; 18:15–29; 19:4–17; 20:1–31; 23:7–15; 27:4–7, 11–15; y 28:8–26
- Mujeres: 9:1–9; 23:22–27; 25:13–26:27; 36:26–31; y 42:9–14. [5][56]
Contenido
[editar]Tal como el mismo nieto de Sirácides señala en el Prólogo,[31] el libro se dirige a los judíos piadosos, deseosos de regir su propia vida de acuerdo con la Ley, sin olvidar a los paganos que deseen saber qué les espera al asumir a Dios, la fe y las tradiciones propias de los judíos.
Sirácides intenta mantener la integridad de la fe religiosa yahvista, y poder contribuir a la depuración y purificación de usos y costumbres, que cada vez se iban tiñendo más de infiltraciones helenísticas.

El Libro de Sirach es una recopilación de enseñanzas éticas muy similar al Proverbios, salvo que, a diferencia de este último, se presenta como la obra de un único autor y no como una antología de máximas o Aforismo extraídos de diversas fuentes. Las enseñanzas del Libro de Sirach están destinadas a aplicarse a todas las personas, independientemente de sus circunstancias. Muchas de ellas son reglas de cortesía y educación, y contienen consejos e instrucciones sobre los deberes del hombre hacia sí mismo y hacia los demás, especialmente los pobres y los oprimidos, así como hacia la sociedad y el Estado y, sobre todo, hacia Dios. La sabiduría, en opinión de Ben Sira, es sinónimo de temor de Dios y, en ocasiones, se identifica en el texto con la adhesión a la Ley de Moisés. La cuestión de qué dichos tienen su origen en el Libro de Sirach está abierta a debate, aunque los estudiosos tienden a considerar a Ben Sira como un compilador o antólogo.[5]
Por el contrario, el autor muestra poca compasión por las mujeres y los esclavos. Aboga por la desconfianza y la posesividad hacia las mujeres,[57] y el trato severo a los esclavos (lo que presupone la validez de la esclavitud como institución),[58] Posiciones que no solo resultan difíciles para los lectores modernos, sino que no pueden conciliarse completamente con el entorno social de la época en que se compuso.
El Libro de Sirach contiene el único ejemplo en un texto bíblico de alabanza explícita a los médicos,[59] aunque otros pasajes bíblicos dan por sentado que se debe recurrir al tratamiento médico cuando sea necesario. [60][61] Esto supone un desafío directo a la idea de que las enfermedades y dolencias eran consideradas castigos por el pecado, que solo podían curarse mediante el arrepentimiento.[62]
Al igual que en Eclesiastés, el autor muestra dos tendencias opuestas: la fe y la moralidad de épocas anteriores y un epicureísmo de fecha moderna. En ocasiones, Ben Sira se desvía para atacar teorías que considera peligrosas; por ejemplo, que el hombre no tiene libertad de voluntad y que Dios es indiferente a las acciones de la humanidad y no recompensa la virtud. Algunas de las refutaciones de estas opiniones se desarrollan con considerable extensión.
A lo largo del texto se encuentra la oración de Israel implorando a Dios que reúna a sus hijos dispersos, que cumpla las predicciones de los profetas y que tenga misericordia de su Templo y de su pueblo. El libro concluye con una justificación de Dios, cuya sabiduría y grandeza se dice que se revelan en todas las obras de Dios y en la historia de Israel. El libro termina con el testimonio del autor, seguido de dos himnos, el último de los cuales es una especie de acróstico alfabético.[63]
De especial interés para los estudiosos de la Biblia son los capítulos 44-50,[64] en los que Ben Sira alaba a «los hombres famosos, nuestros antepasados en sus generaciones», comenzando por el antediluviano Enoc y continuando hasta Simón, hijo de Onías (300-270 a. C.). En el texto de estos capítulos, Ben Sira identifica, directa o indirectamente, cada uno de los libros de la Biblia hebrea que acabaría convirtiéndose en canónico (los cinco libros de la Torá, los ocho libros de los Nevi'im y seis de los once libros de los Ketuvim). Los únicos libros a los que no se hace referencia son Esdras, Daniel, Rut, Ester y, quizás, Crónicas.[65] La capacidad de datar la composición de Sirácida con una precisión de pocos años, dadas las insinuaciones autobiográficas de Ben Sira y su nieto (autor de la introducción a la obra), proporciona una gran perspectiva sobre el desarrollo histórico y la evolución del canon judío.[66]
Estatus canónico
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Judaísmo
[editar]A pesar de contener la lista más antigua conocida de textos canónicos judíos, el Libro de Sirach no forma parte del canon judío. Algunos autores sugieren que esto se debe a su tardía autoría,[5][67] aunque el canon aún no estaba cerrado en la época de Ben Sira.[68] Por ejemplo, el Libro de Daniel se incluyó en el canon a pesar de que su fecha de composición (entre 168 y 164 a. C., según afirman algunos estudiosos)[69][70][71] era posterior a la del Libro de Sirach. Otros han sugerido que la autoidentificación de Ben Sira como autor impidió que alcanzara el estatus canónico, que estaba reservado a las obras atribuidas (o que podían atribuirse) a los profetas,[72] o que se le negó la entrada al canon como una contrarreacción rabínica a su aceptación por parte de los cristianos judíos[73]
Cristianismo
[editar]El Libro de Sirach es aceptado como parte del canon por los cristianos católicos, ortodoxos orientales y ortodoxos orientales. Fue citado en algunos escritos del cristianismo primitivo. Clemente de Alejandría y Orígenes lo citan repetidamente, como si se tratara de una γραφή (Escritura).[2]
Agustín de Hipona[74] (c. 397), Juan Crisóstomo,[75] El papa Inocencio I (405),[76] el Concilio de Roma (382 d. C.),[77][78] el Sínodo de Hipona (en 393),[79] seguido por el Concilio de Cartago (397), el Concilio de Cartago (419)[80] Concilio Quinisexto (692) y el Concilio de Florencia (1442)[81] todos lo consideraban un libro canónico, aunque Jerónimo, Rufino de Aquilea y el Concilio de Laodicea lo clasificaron como libro eclesiástico. [2] En los siglos IV y V, los Padres de la Iglesia recomendaron el Libro de Sirach, entre otros libros deuterocanónicos, para la edificación y la instrucción. [82] Los Cánones apostólicos (reconocidos por la Iglesia Ortodoxa Oriental durante los siglos V y VI) también describían «la Sabiduría del muy erudito Sirach» como un texto recomendado para la enseñanza de los jóvenes.[83][78] La Iglesia católica reafirmó entonces el Libro de Sirach y los demás libros deuterocanónicos en 1546, durante la cuarta sesión del Concilio de Trento, y añadió la excomunión a la negación de su condición de escrituras. [2][84] El reconocimiento canónico católico solo se extiende al texto griego.[85]
Debido a que fue excluido del canon judío, el Libro de Sirach no se consideró canónico en las denominaciones cristianas originadas en la Reforma protestante, aunque algunas conservaron el libro en un apéndice de la Biblia llamado «Apócrifos». La tradición anglicana considera el libro (que se publicó junto con otros libros judíos griegos en una sección separada de la Biblia del Rey Jacobo) entre los apócrifos bíblicos como libros deuterocanónicos[cita requerida] y los lee «como ejemplo de vida y enseñanza de modales; pero sin aplicarlos para establecer ninguna doctrina».[52] Las iglesias luteranas adoptan una postura similar.
Enseñanza
[editar]Sirácida contiene, sobre todo, máximas éticas, por lo que se asemeja considerablemente al Libro de los Proverbios. Se ignora si Sirácides fue el autor original, o sólo se trató de un compilador (aunque el estilo uniforme mostrado por el libro parece indicar lo primero). Trata temas diversos, desde sencillas reglas de cortesía, humanidad y urbanidad, preceptos sobre el culto, superación de pruebas y el temor del Señor, hasta las normas respecto de los deberes para con el estado, la sociedad y el prójimo.[86]
La misma índole del texto, que parece una selección de frases, proverbios y poemas de muy diversas fuentes, da pie a las disputas sobre la unidad de su origen, así como la lengua en la que fue escrito. Al parecer, algunos himnos a la sabiduría, o a Dios creador, sirven de enlace entre los diferentes conjuntos de los textos:
- El primero contiene reflexiones sobre diversos temas.[87]
- El segundo es una meditación sobre la gloria de Dios en la naturaleza.[88]
- En el tercer conjunto se encuentra el elogio de los antepasados.[89]
- Y acaba con un epílogo que invita al lector a acudir a las fuentes de la sabiduría.[22]
Si bien el Eclesiástico no presenta un plan organizado y premeditado (ya que trata de temas diversos, y se va saltando de unos a otros), puede identificarse en él, al menos, algunas líneas doctrinarias principales:
- Los judíos pueden definir a Dios
La enseñanza sobre Dios sólo es impartida por los judíos de Israel, que enseñan que Dios es nuestro padre, que Él creó el mundo y todo lo que contiene; que es bueno, moral, e infinitamente sabio; que sabe si somos justos o injustos; y que premia a los buenos, y castiga con gran severidad la maldad del injusto e impío.
- Premio y castigo en este mundo y más allá
Como otros autores de la literatura sapiencial, Sirácides se enfrenta al problema del que en el judaísmo se suele dar énfasis a premios y castigos. Si el Libro de los Proverbios afirma: «La maldición de Jehová está en la casa del impío, pero bendecirá la morada de los justos»,[90] Sirácides declara que «hay un salario para quien practica la justicia»;[91] sin embargo, asume la dramática experiencia expuesta en el Libro de Job, y abiertamente dice: «Si te decides a servir al Señor, prepárate para la prueba».[92]
En el Libro de Job queda establecido que aun los justos padecen y sufren calamidades, y que existe un Dios que aprecia la insistencia del hombre en confiar en él, en su buena voluntad, en su sabiduría, y en una recompensa después de la muerte. Lejos de asumir que retribuciones y castigos son sólo temporales, es decir, que cada quien recibe en esta vida todas las consecuencias de sus propios actos, Sirácides declara enfáticamente:
- Para Dios es cosa fácil pagar al hombre, en el día de la muerte, lo que mereció por su conducta.[93]
- Mira el cielo y el cielo de los cielos; el abismo y la tierra serán sacudidos a la hora de su visita.[94]
- En todo lo que hagas, ten presente tu final, y nunca pecarás.[95]
Aunque Sirácides no sabe cómo retribuirá Dios a cada uno según sus obras, señala que «Henoc agradó a Dios y fue arrebatado, ejemplo de ciencia para las naciones»,[96] y Elías «fue arrebatado al cielo en un torbellino, entre tropeles de fuego».[97] Cree tanto en una retribución después de la muerte, a tal punto de señalar ejemplos de una recompensa celestial.
También llama al arrepentimiento para evitar el castigo:
- Conviértete al Señor y deja tus pecados; suplica ante su faz y quita los obstáculos... ¡Que grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que a él se vuelven![98]
- La riqueza no es virtud
Prescindiendo de todo nihilismo, el Eclesiástico procede a hacer una moderada crítica de los ricos: la riqueza puede denotar inteligencia de parte de quien la ha amasado, pero no garantiza virtud, piedad ni justicia. Tiene un valor relativo y es peligrosísima para la salud espiritual de quien se regocija en ella. El verdadero camino, entonces, es la moderación, y especialmente la solidaridad con el necesitado:
- No burles al pobre su sustento, ni desprecies al que suplica amargamente. No dejes sufrir al hambriento, ni vires para alejarte del abatido.[99]
Declara que el orgullo es una ofensa para los humanos y también para Dios,[100] que elige a los humildes:
- Cuanto más grande seas, más deberás humillarte; así agradarás a Dios. Porque grande es la misericordia del Señor, y él revela a los humildes sus secretos.[101]
Influencia
[editar]La notoria influencia del Sirácida se siente en todo el Nuevo Testamento, especialmente en la Epístola de Santiago,[102] también en los Evangelios,[103][104][105] en las cartas de Pedro,[106] Pablo,[107][108][109] y en el Apocalipsis.[110]
Influencia en la doctrina cristiana
[editar]Algunos de los escritos cristianos más antiguos, incluidos los de los Padres Apostólicos, hacen referencia al Libro de Sirácida. Por ejemplo, Didaché 4:7[111] y la Bernabé 19:9[112] parecen hacer referencia al Eclesiástico NRSV. [67] Aunque el Libro de Sirach no se cita directamente, hay muchas referencias aparentes a él en el Nuevo Testamento.[113] Por ejemplo:
- en Mateo 6:7, Jesús dijo «Pero cuando oréis, no uséis vanas repeticiones», mientras que Sirach dice «No balbucees en la asamblea de los ancianos, y no te repitas cuando ores» (Sirach Sirach 7:14).
- Mateo 6:12 dice: «Y perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores», mientras que Sirach dice: «Perdona a tu prójimo la ofensa, y entonces, cuando pidas, tus pecados serán perdonados» (Sirach Sirach 28:2).
- En Mateo 7:16, Jesús dijo: «Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos?», mientras que Sirach dice: «Su fruto revela el cultivo de un árbol» (Sirach Sirach 27:6). [114]
- En Mateo 11:28, Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso», mientras que Sirach dice: «Ve con tus propios ojos que he trabajado poco y he encontrado mucha serenidad» (Sirach Sirach 51:27).
- Marcos 4:5 dice: «Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra. Brotó pronto, porque no tenía mucha tierra». [115] mientras que Sirach dice: «Los hijos de los impíos no darán muchos frutos, y son como raíces enfermas en una roca escarpada». (Eclesiástico Eclesiástico 40:15)
- Lucas 1:52 dice: «Ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha exaltado a los humildes»,[116] mientras que Sirach dice: «El Señor derriba los tronos de los gobernantes y entroniza a los humildes en su lugar» (Sirach Sirach 10:14).
- En Juan 6:35, Jesús dijo: «Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed». Mientras que Sirach dice: «Los que me comen seguirán teniendo hambre, y los que me beben seguirán teniendo sed». (Eclesiástico Eclesiástico 24:29)
- En Juan 14:23, Jesús dijo: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él». Mientras que Sirach dice: «Los que temen al Señor no serán incrédulos a su palabra, y los que le aman guardarán su camino». (Eclesiástico Eclesiástico 2:18)
- En Hechos 20:35, San Pablo Apóstol recuerda las palabras que dijo el mismo Señor Jesús: «Más bienaventurado es dar que recibir», mientras que Sirach dice: «No extiendas tu mano para recibir y la cierres cuando llega el momento de dar» (Sirach Sirach 4:31).
- Colosenses 1:15 dice: «Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación:...», mientras que Sirach dice: «Salí de la boca del Altísimo, el primogénito antes que todas las criaturas:...» (Sirach Sirach 24:5)
- Santiago 1:19 dice: «Por lo cual, hermanos míos queridos, que cada uno sea rápido para escuchar, lento para hablar, lento para la ira»,[117] mientras que Sirach dice: «Sé rápido para escuchar, pero deliberado para responder». (Sirach Sirach 5:11)
Interpretación mesiánica por parte de los cristianos
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Algunos cristianos consideran que el capítulo en el que la Sabiduría se alaba a sí misma contiene una profecía mesiánica. Sirach 24:34-35 dice: «Designó a David, su siervo, para levantar de él un rey poderoso, que se sentaría en el trono de la gloria para siempre. Que llena de sabiduría como el Pisón y como el Tigris en los días de los nuevos frutos», lo que los eruditos católicos han interpretado como una profecía sobre Jesús. [118][119][120][121]
Algunos cristianos también consideran que el catálogo de hombres famosos del Libro de Sirácida contiene varias referencias mesiánicas. La primera aparece en los versículos sobre David. Sirácida 47:11 dice: «El Señor le quitó sus pecados y exaltó su poder para siempre; le dio el pacto de los reyes y un trono de gloria en Israel». Esto hace referencia al pacto de 2 Samuel 7, que apuntaba hacia el Mesías. «Poder» (en hebreo qeren) se traduce literalmente como «cuerno». Esta palabra se utiliza a menudo en un sentido mesiánico y davídico (por ejemplo, Ezequiel 29:21, Salmos 132:17, Zacarías 6:12, Jeremías 33:15). También se utiliza en el Benedictus para referirse a Jesús («y ha levantado un cuerno de salvación para nosotros en la casa de su siervo David»). [122]
Otro versículo (47:22) que los cristianos interpretan mesiánicamente comienza haciendo referencia nuevamente a 2 Samuel 7. Este versículo habla de Salomón y continúa diciendo que la línea de David continuará para siempre. El versículo termina afirmando que «dio un remanente a Jacob, y a David una raíz de su linaje». Esto hace referencia a la profecía de Isaías sobre el Mesías: «Saldrá una vástago del tronco de Jesé, y un renuevo brotará de sus raíces»; y «En aquel día, la raíz de Jesé será una bandera para los pueblos; a él buscarán las naciones...» (Isaías 11:1, 10).[123]
Enseñanza moral y religiosa
[editar]El libro del Sirácida constituye una de las obras más significativas de la literatura sapiencial bíblica. Aunque recoge sentencias y máximas de variada procedencia, no se limita a compilar dichos dispersos, sino que articula un pensamiento en el que la razón humana se pone al servicio de la revelación divina. En este sentido, el texto combina el esfuerzo intelectual con la apertura a la sabiduría que procede de Dios, estableciendo un equilibrio entre la reflexión racional y la experiencia religiosa, preludio de la síntesis que más tarde desarrollará la teología cristiana. La obra parte de un principio fundamental: el temor del Señor como base de la verdadera sabiduría. Desde esta convicción, Jesús ben Sirá reelabora la tradición anterior al integrar la observación de la naturaleza y la reflexión sobre la vida humana con la revelación contenida en la Ley. La sabiduría no se concibe únicamente como un ejercicio intelectual, sino como un don de Dios que encuentra su plenitud en la Torah, entendida como guía práctica de la existencia. Quien conoce la Ley y la aplica con discernimiento en las circunstancias de la vida concreta se convierte en verdadero sabio, capaz de mantener la fidelidad a la Alianza.[86]
La enseñanza del Sirácida se extiende sobre una gran diversidad de cuestiones. Entre ellas se destacan la necesidad de buscar la sabiduría divina, la centralidad del temor de Dios, la conciencia del pecado y la llamada a la conversión, la importancia de la humildad, la reflexión sobre la vida y la muerte y las múltiples facetas de las relaciones humanas. Sin embargo, tres temas adquieren un relieve especial: la retribución divina, la centralidad del culto y la providencia de Dios. En torno a estas cuestiones, el autor presenta una visión en la que el horizonte humano se ilumina desde la justicia divina, la vida litúrgica y el cuidado providente del Señor hacia su pueblo.[124]
- La retribución divina aparece tratada con cautela, en un contexto en que la esperanza en una vida después de la muerte todavía no se había manifestado plenamente. Ben Sirac sostiene que Dios retribuye al hombre, aunque sin precisar en qué consiste esa retribución. Puede encontrarse tanto en las condiciones de la muerte como en la memoria honrosa que perdura en la comunidad. Esta concepción mantiene continuidad con los interrogantes presentes en otros libros sapienciales, pero abre el camino hacia una comprensión más amplia del destino humano.[125]
- El culto ocupa un lugar central en el pensamiento del autor, al considerar el Templo de Jerusalén como el ámbito privilegiado donde se expresa la fidelidad a la Ley. La liturgia no se entiende como un mero ritual, sino como modelo de la relación entre Dios y el hombre, y como fundamento de una vida moral coherente. De este modo, culto y ética quedan inseparablemente unidos, en consonancia con la insistencia profética en que no existe verdadera adoración sin una conducta justa.[126]
- La providencia divina se manifiesta en la elección de hombres fieles que guían al pueblo a lo largo de la historia, confirmando así la dimensión comunitaria de la existencia. La fidelidad de estos personajes se convierte en referente para la vida moral de la comunidad y en signo de la acción de Dios en la historia. Así, la vida humana no se reduce a un ámbito individual, sino que participa de un sentido social y trascendente.[127]
En última instancia, el Sirácida transmite una visión de la sabiduría que une lo universal con lo particular. Por una parte, la sabiduría pertenece a Dios, que la ofrece a toda la creación; por otra, encuentra en Israel el ámbito privilegiado para su plena manifestación. Esta tensión refleja tanto la conciencia de un don destinado a todos los pueblos como la convicción de que Israel es el mediador de esa sabiduría. El trasfondo helenista del tiempo puede haber impulsado esta insistencia, aunque también responde a un rasgo común de la tradición bíblica. En cualquier caso, la obra muestra cómo la sabiduría divina, revelada y transmitida a través del pueblo elegido, se orienta hacia la humanidad entera.[128]
El Sirácida a la luz del Nuevo Testamento
[editar]El influjo del libro de Ben Sirac en la tradición cristiana resulta evidente, aunque no aparezca citado de manera explícita en el Nuevo Testamento. Sus palabras y su visión de la sabiduría laten en expresiones que los evangelistas y los apóstoles transmiten, lo que indica que su mensaje estaba presente en el horizonte cultural y religioso de la comunidad judeocristiana. Los ecos de sus exhortaciones se perciben en los dichos de Jesús, especialmente en las invitaciones a hallar descanso en él y en la referencia al agua de vida eterna. De igual modo, la personificación de la Sabiduría en el Sirácida se convierte en un punto de apoyo fundamental para profundizar en la identidad de Cristo como Sabiduría divina encarnada', tal como se refleja en el prólogo de Juan, en los himnos paulinos y en la Carta a los Hebreos. También la exhortación a controlar la lengua, central en la Carta de Santiago, encuentra un claro antecedente en las advertencias sapienciales de Ben Sirac.[129]
La recepción patrística del Sirácida refuerza su relevancia en la transmisión de la doctrina cristiana. Los Padres de la Iglesia vieron en él una fuente idónea para educar en la vida moral y para fundamentar la enseñanza pastoral. Clemente de Alejandría lo utilizó en su formación catequética, mientras que Gregorio Magno recurrió a sus pasajes tanto para instruir al clero como para orientar a todos los fieles en la vida cristiana. Agustín de Hipona lo cita de manera abundante, integrándolo en su reflexión teológica y pastoral, y lo mismo hicieron Ambrosio de Milán y Gregorio de Nisa, quienes lo reconocieron como una autoridad sapiencial apta para iluminar la vida del creyente.[130]
La liturgia de la Iglesia ha conservado este aprecio por el Sirácida, incorporando fragmentos en la proclamación dominical y en el ciclo semanal. Su relación con la Sabiduría divina, aplicada a Cristo, adquiere especial relieve en las celebraciones de Navidad, donde se reconoce en el Hijo la plena realización de aquella Sabiduría anunciada en la Antigua Alianza. Del mismo modo, sus cánticos han sido integrados en la Liturgia de las Horas, tanto en la oración cotidiana de la Iglesia como en las solemnidades marianas y en las festividades de los santos. De este modo, la voz de Ben Sirac sigue resonando en la vida orante y doctrinal de la comunidad cristiana, como testimonio de una sabiduría que trasciende su contexto original y encuentra plenitud en Cristo.[131]
Véase también
[editar]Referencias
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- ↑ Véase: Sirach 33:24-28 («Futter, un palo y cargas para un asno; pan, disciplina y trabajo para un sirviente. Pon a tu esclavo a trabajar y encontrarás descanso; deja sus manos ociosas y buscará la libertad. El yugo y la correa doblegarán su cuello, y para un siervo malvado hay potros de tortura y torturas... Ponlo a trabajar, como le corresponde, y si no obedece, haz que sus grilletes sean pesados»). Pero véase: Sir. 33:30-31 («Si tienes un siervo, que sea como tú mismo, porque lo has comprado con sangre. Si tienes un siervo, trátalo como a un hermano, porque lo necesitarás como a tu propia alma»).
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- ↑ Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 4148. Eunsa Editorial
- ↑ Universidad de Navarra. Cátedra de Teología. Comentarios a la Sagrada Biblia. p. 4148-49. Eunsa Editorial
Bibliografía
[editar]- CAZELLES, HENRY (1981). Introducción crítica al Antiguo Testamento. Barcelona: Herder. ISBN 84-254-1085-1.
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- Beentjes, Pancratius C. (1997) The Book of Ben Sira in Hebrew: A Text Edition of All Extant Hebrew Manuscripts and a Synopsis of All Parallel Hebrew Ben Sira Texts E.J. Brill, Leiden, ISBN 9004107673
- Toy, Crawford Howell and Lévi, Israel (1906) "Sirach, The Wisdom of Jesus the Son of" entry in the Jewish Encyclopedia
- Amidah, entry in (1972) Encyclopedia Judaica Jerusalem, Keter Publishing, Jerusalem, OCLC 10955972
Enlaces externos
[editar]- Libro del Sirácida
- Obando, Yovanni Libro del Eclesiástico
- Böhmisch, Franz Jesus Sirach Ben Sira Ecclesiasticus (en alemán)
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Wikisource contiene obras originales de o sobre The King James Version of Wisdom of Sirach.- Sirach (Ecclesiasticus) – Latin Vulgate with Douay-Rheims version side-by-side
- BenSira.org, original Hebrew manuscripts
- Sirach – Bibledex video overview
- Sirach 2012 Translation with Audio
- The Wisdom of Jesus the Son of Sirach, Jewish Encyclopedia (1906 ed.).
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