Señor

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Corona heráldica del título nobiliario de «señor».
Para otros usos de este término, véase Señor (desambiguación).

Señor es quien tiene dominio sobre algo o alguien. En este sentido, se aplican las expresiones "señor de los ejércitos", "señor del reino", "señor de la casa". Históricamente, el título de señor indicaba la superioridad con respecto a los esclavos de los que era el amo, o con respecto a los súbditos a los que dominaba a cambio de protección. Dominus era uno de los títulos del emperador romano, a partir de la época denominada dominado. El prestigio de tal denominación hizo que fuera elegido como cortesía para dirigirse a personajes de la nobleza y de la realeza; y en la actualidad se utiliza como expresión de respeto, para dirigirse a cualquier persona adulta, o como rasgo admirativo referido a una especial dignidad.

En la Edad Media, "señor" era el título del que dominaba en un feudo (señor feudal, que en las fuentes se identifica con la palabra latina dominus, la francesa seigneur o la alemana herr). Su aplicación en la historiografía actual procura respetar la dualidad de tal condición: señor frente a siervo como relación social de producción (la que expresa el dominio de un noble frente a sus campesinos); y señor frente a vasallo como relación de ámbito socio-político (la que expresa el contrato entre dos nobles en términos de subordinación -véase también homenaje-). En España, donde el término «feudo» se aplicaba menos, la palabra castellana "señor" se aplicaba de la misma forma en el contexto del señorío (señor de vasallos, señor jurisdiccional, señor territorial, señor del lugar, señor de horca y cuchillo...) Entre los títulos de soberanía de los reyes de España se encuentran los de «señor de Vizcaya y de Molina».

Según el protocolo, se debe tratar a los que poseen este título de Ilustrísimo Señor de..., o de Excelencia.

Se usa el título «señor» antepuesto al apellido, generalmente para expresar la condición de casado. Es así en expresiones como: «El señor y señora González». En Estados Unidos se incluye el nombre de pila del varón: «El señor y la señora Carlos González».

Puede preceder a un cargo: «El señor presidente».

En las religiones monoteístas, el término suele aplicarse a la divinidad -Yahvé, Dios, Alá-. En este caso debe iniciarse con mayúscula: «el Señor».

En el judaísmo, el nombre de Dios, que no se debe pronunciar por respeto, es sustituido en las lecturas por la palabra hebrea Adonai, que significa ‘señor’, y que se utilizaba para referirse a una persona importante, con capacidad para ejercer su dominio sobre algo o alguien. Seguían así la misma tradición de culturas próximas, que consideraban a sus dioses los señores del país. Esta idea hebrea estaba sustentada por el convencimiento de que el mundo había sido creado por un dios creador (Señor), que había liberado a Israel del dominio de los egipcios («señor del pueblo de Israel», o Sebaoth: ‘señor de los ejércitos’).

Posteriormente, al traducir la Biblia al griego (Biblia de los Setenta), Adonai se sustituyó por Κύριος (Kirios), con el mismo significado (‘señor’). En otras religiones del mundo mediterráneo, especialmente a partir de la época helenística (tanto en la cultura egipcia como en la grecorromana), la idea de considerar a los dioses como señores pasó a expresarse en el lenguaje.

Con la llegada del cristianismo, la palabra «Señor» es utilizada igualmente para referirse tanto a Dios Padre como a Cristo, tradición que se encuentra reflejada ya en las epístolas de Pablo de Tarso (entre los años 51 y 67).

[editar] Véase también

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