Vasallo
Vasallo es el término con el que en el feudalismo se designa a un noble de categoría inferior u hombre libre que pide protección a un noble de categoría superior, su señor feudal. Le jura fidelidad, da asistencia y presta servicio militar en su favor, recibiendo a cambio el control y jurisdicción sobre la tierra y la población de su feudo o señorío.
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[editar] Etimología
La palabra latina medieval vassallus deriva del latín clásico vassus ("sirviente"), que a su vez es posiblemente una cognata de origen indoeuropeo con la raíz céltica wasso- ("joven, escudero"); como en la palabra galesa gwas (con el idéntico significado de "joven" o "sirviente"), en la bretona goaz ("sirviente", "vasallo", "hombre") y en la irlandesa foss ("sirviente").
Diminutivo de vassallus es vassellitus ("noble joven", "escudero", "paje"), que se usaba en el galo-romance y originó la palabra francesa que evolucionó en las formas vaslet, varlet y definitivamente valet (valet de chambre o "ayuda de cámara") que pasaron también al inglés (varlet registrado en 1456 y valet en 1567).[1]
[editar] La pirámide del vasallaje
La posibilidad de que un vasallo tome bajo su protección a su vez a otros hombres, que pasan a ser sus vasallos y él a ser su señor, establece una red piramidal de relaciones vasalláticas o feudo-vasalláticas que, con propósitos didácticos, es llamada por la historiografía pirámide feudal o pirámide del vasallaje. En su cúspide se encontraría el emperador, bajo él los reyes, bajo éstos los altos nobles (duques, condes y marqueses, cuyos feudos son los ducados, condados y marcas -del tamaño de regiones enteras-), bajo éstos la nobleza intermedia de señores de grandes feudos, del tamaño de comarcas (que no dependían directamente del rey, sino de su propio señor -el conde, duque o marqués-), y bajo éstos la baja nobleza formada por sus hombres (con muy distintos títulos: barones, infanzones, caballeros, escuderos, hidalgos, etc. -cuyos feudos tendrían el tamaño de aldeas o no tendrían un feudo territorial-).
La estructuración del clero y su vinculación a los intereses de la nobleza por su poder económico y territorial (manos muertas) y los tres votos monásticos (pobreza, obediencia y castidad) produjeron una pirámide semejante, tanto en el clero secular (papa, arzobispos, obispos, canónigos, arciprestes, sacerdotes) como en el regular (generales y provinciales de las distintas órdenes religiosas, abades y monjes de los distintos monasterios) y en las órdenes militares.
Por extensión del término, se consideran vasallos todos los súbditos con respecto a su rey, sean o no nobles, e incluso todos los sujetos a régimen señorial con respecto a su señor.
[editar] Crisis del vasallaje
La disolución de la pirámide feudal comenzó por su cúspide, con la disolución del Imperio carolingio por enfrentamientos internos de sus herederos en el mismo siglo IX; aunque su expresión jurídica tuvo que esperar varios siglos, a que los reyes comenzaran a considerarse imperator in regno suo ("emperador en su reino"), ayudados por la recepción del derecho romano redescubierto por letrados y compiladores, y apoyados muchas veces por el Papa. Los reyes podían considerarse teóricamente vasallos directos del Papa, desvinculándose de la sujección feudal al emperador. Lo mismo pudieron hacer algunos de los más altos nobles, que se convirtieron en plenos soberanos (así surgió, por ejemplo, la independencia del reino de Portugal, antes un condado del reino de León).
La Baja Edad Media presenció la crisis del vasallaje junto con la crisis del siglo XIV: la separación nítida entre la alta nobleza (los Pares de Francia, los Lores ingleses o los Grandes de España, títulos y señores que habían concentrado grandes extensiones) y la baja nobleza empobrecida (el caso paradigmático son los hidalgos españoles, retratados por la literatura -El Lazarillo, El Quijote-), al mismo tiempo que se fortalece el poder real que evoluciona hacia las monarquías autoritarias y aumenta la importancia de la burguesía de las ciudades, que pasan a ser un espacio político de importancia, ajeno a las redes del vasallaje, donde se asienta el poder del patriciado urbano.[2]
[editar] Vasallo y siervo
Aunque la confusión de ambos términos es muy frecuente (e incluso se pueden encontrar textos antiguos donde se da la misma identificación de conceptos) no debe propiamente confundirse el término vasallo con el de siervo; quien no es un noble, sino un campesino que se somete a la protección de un noble, establece una relación denominada servidumbre.
[editar] Notas
- ↑ Online Etymology Dictionary y Oxford English Dictionary. Fuentes citadas en en:Valet
- ↑ La utilización de los términos "gran nobleza", "pequeña nobleza", "alta nobleza", "baja nobleza" y "nobleza intermedia" no es unívoca en la bibliografía, ni siquiera en la historiografía.Luis Suárez Fernández, refiriéndose al reinado de Enrique II de Castilla (1367-1379), indica:
El primer Trastamara restableció el equilibrio entre monarquía y nobleza, pero al hacerlo estableció una clara división de esta en dos sectores. La alta nobleza recibió títulos de conde, duque o marqués. Títulos que se remontaban a tiempos pasados, pero a los que se asignaba ahora función diferente, pues no se trataba de otorgar funciones políticas -ningún distingo existe entre su "señorío" y los de los simples vasallos-, sino de indicar un grado en la jerarquía. Con una sola excepción... todos... fueron alejados de la Casa y Corte del soberano. La alta nobleza, compuesta exclusivamente por parientes del rey, tenía un cometido de predominio social, pero quedaba sujeta a fuertes limitaciones políticas.
La fuerza de la monarquía residía en la existencia de una nobleza intermedia —creo que sería preferible reservar el calificativo de «baja nobleza» a los hidalgos y caballeros de ámbito local— que componían dos docenas o poco más de personas y a los cuales se entregaban los cargos que devengaban "quitaciones" y "raciones"-. A lo que entiendo, estos sueldos de la Casa y Corte no eran escasos, aunque es tema aún necesitado de aclaraciones. En este grupo social se juntaban los antiguos servidores de Pedro I con los adictos conseguidos durante la paciente espera del destierro; en mayor número los primeros que los segundos. Su prosperidad dependía de los favores del soberano. Por este método confiaba Enrique II asegurar su lealtad. No se vio defraudado.