Palacio de Bellas Artes (Ciudad de México)

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Palacio de Bellas Artes
Bellas Artes 01.jpg
Palacio de Bellas Artes
Edificio
Tipo recinto artístico
Estilo art nouveau, art decó
Localización Ciudad de México, México
Coordenadas 19°26′08″N 99°08′29″O / 19.435638888889, -99.141277777778Coordenadas: 19°26′08″N 99°08′29″O / 19.435638888889, -99.141277777778
Construcción
Inicio 2 de abril de 1904
Término 29 de septiembre de 1934
Dimensiones
Altura 52 m
Equipo
Arquitecto(s) Adamo Boari, Federico Mariscal
Ingeniero estructural William H. Birkmire
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Vista nocturna con una iluminación en color

El Palacio de Bellas Artes, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es la casa máxima de la expresión de la cultura, el teatro lírico más relevante y el centro más importante del país dedicado a todas las manifestaciones de las bellas artes. La Unesco lo declaró monumento artístico en 1987.

Inaugurado bajo el nombre de Museo de Artes Plásticas, el 29 de noviembre de 1934, fue el primer museo dedicado a la producción plástica y también el origen indiscutible del sistema de museos de arte por ser el primer museo de arte en México. Su construcción fue encargada por el presidente mexicano Porfirio Díaz al final de su mandato, con motivo de la celebración del Centenario del Inicio de la Independencia de México. Como institución, depende del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), del gobierno federal.

Este recinto alberga diversos escenarios y salas para la práctica y exposición de obras de arte. Destaca la gran sala de espectáculos. Tuvo un aforo para 1 977 personas, pero después de su modernización perdió 300 butacas. El escenario es de veinticuatro metros de longitud.[1] En él se encuentra el gran telón antifuego (único en el mundo dentro de un teatro de ópera) con la imagen de los volcanes mexicanos Popocatépetl e Iztaccíhuatl, y un peso de 24 toneladas. Este telón fue encargado a la Casa Tiffany de Nueva York a modo de un enorme rompecabezas. En el techo de la sala se encuentra la lámpara de cristales, que fue diseñada por el húngaro Geza Marotti y en la que se representa al dios griego Apolo rodeado de las musas de las artes. La Orquesta Sinfónica Nacional, la Compañía Nacional de Teatro, la Compañía Nacional de Ópera y la Compañía Nacional de Danza presentan sus temporadas en este recinto. Entre los artistas que se han presentado en el palacio se cuentan Lola Beltrán, la primera intérprete de música ranchera en cantar con mariachi en este recinto con más de 17 presentaciones. La presentación fue ampliamente criticada por no corresponder a los fines para los que está destinado el recinto.

El 23 de mayo de 1950 debutó en su escenario María Callas, cantando Norma. Ahí también se realizó la célebre función de Aída en la cual la soprano intercaló un célebre mi bemol al final del segundo acto de dicha ópera. La grabación de ese momento ha pasado a la historia. Callas cantó en este escenario las dos únicas funciones de Rigoletto que dio en su vida.

Además de María Callas, han estado en ese escenario María Tereza Montoya, Zubin Mehta, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Teresa Berganza, Birgit Nilsson, Marilyn Horne, Alexander Kipnis, Mstislav Rostropóvich y Rudolf Nuréyev, entre otros. Las grandes orquestas del mundo también se han presentado ahí, como las orquestas filarmónicas de Londres, Nueva York, Viena, Moscú, Los Ángeles, la Real Filarmónica de Londres, la célebre Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, la Orquesta de París, la de Filadelfia, la Staatskapelle de Dresde, la Sinfónica de Montreal, y las Nacionales de España y China, entre otras. Sus espectáculos son muy variados, ya que se ha presentado música popular, jazz, danza tradicional e incluso ballet y, por supuesto, ópera, e incluso Les Luthiers.

Es la sede de dos museos: el Museo del Palacio de Bellas Artes y el Museo Nacional de Arquitectura. El Museo del Palacio de Bellas Artes actualmente exhibe de forma permanente 17 obras murales de siete artistas nacionales ejecutadas entre 1928 y 1963, mantiene un intenso programa de exposiciones temporales, así como una gran cantidad de actividades para todo público.

Historia[editar]

Vista del Palacio de las Bellas Artes desde el mirador de la Torre Latinoamericana.
Vista interior de la cúpula.

El Palacio de Bellas Artes comenzó a construirse el 2 de agosto de 1904 con el objeto de reemplazar al demolido Teatro Nacional de México. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto italiano Adamo Boari, quien diseñó un edificio ecléctico mezclando los estilos Art nouveau y Art decó en su construcción se emplearon mármol blanco de Carrara en la fachada y mármoles de diversos tonos en el interior. Además posee obras de muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, José Clemente Orozco.

La altura del edificio es de 53 metros hasta el espiral y 42,5 m hasta el techo. Cuenta con 4 pisos y un estacionamiento subterráneo. Además de la sala principal, hay otros espacios, como la Sala Manuel M. Ponce, la Sala Adamo Boari, una cafetería, una librería y salas de exposiciones tanto temporales como permanentes.

El edificio debía ocupar el área comprendida entre las calles La Mariscala, Puente de San Francisco, Santa Isabel y Mirador de la Alameda (hoy llamadas avenida Hidalgo, avenida Juárez, Eje Central Lázaro Cárdenas y Ángela Peralta). Sin embargo, debido a problemas técnicos de hundimiento del suelo, problemas económicos, la salida de Boari del país y la Revolución mexicana, la construcción se suspendió y se reanudó varias veces durante treinta años, en vez de terminarse en los cuatro años originalmente programados.

El hundimiento del suelo comenzó a hacerse manifiesto en 1907, y es un problema que aún hoy se puede apreciar, pues el Palacio se encuentra varios metros por debajo del nivel de la calle. Con el estallido de la Revolución Mexicana en 1910, el ritmo de la obra fue perdiendo velocidad hasta que finalmente se suspendió en 1916 y Boari abandonó México, y dejó en el país más de cuatro mil documentos para la continuación del proyecto. La obra se intentó retomar entre 1919 y 1928, con pocos avances.

Cuando México recuperó la estabilidad en términos económicos y sociales, la obra se reanudó en 1931 bajo el mando del arquitecto Federico Mariscal; para entonces tomó el nombre de Palacio de Bellas Artes, y fue inaugurado oficialmente el 29 de septiembre de 1934, por el entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, con la obra teatral La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, interpretada por la eximia actriz mexicana María Tereza Montoya.

El Palacio de Bellas Artes se inauguró la noche del 29 de septiembre de 1934 con una gran función de gala, si bien ya antes se habían realizado conciertos en el edificio aún no concluido. El primer director de orquesta que dirigió un concierto en el Palacio de Bellas Artes fue José F. Vázquez.

La construcción de este gran edificio propició la fundación, en 1946, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) por parte del gobierno de México, según decreto presidencial de Miguel Alemán Valdés; es desde entonces un organismo desconcentrado de la Secretaría de Educación Pública del gobierno federal. Inició operaciones como instituto gubernamental con su propia ley orgánica el 1 de enero de 1947, como un instituto dedicado a las artes del siglo XX en México. El instituto incluye: teatros (entre otros: Teatro Julio Castillo, Teatro Jiménez Rueda, Tearo El Granero, Teatro Orientación, Teatro del Palacio de Bellas Artes), oficinas (Calle 5 de Mayo 19 y la Dirección General del INBA), escuelas de iniciación artística, centros de educación artística (Cedart como, por ejemplo, el Cedart Luis Spota, en Londres 16), escuelas de teatro (la Escuela Nacional de Arte Teatral), escuelas de música (el Conservatorio Nacional de Música, la Escuela Superior de Música), escuelas de danza, escuelas de diseño (la Escuela de Diseño), escuelas de pintura y artes plásticas (la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda"), galerías (la Galería José María Velasco) y centros culturales (el Centro Nacional de las Artes, Centro Cultural del Bosque).

Vista nocturna del Palacio de Bellas Artes

Museo y salas[editar]

Inaugurado con el nombre de Museo de Artes Plásticas el 29 de noviembre de 1934, fue el primer museo de arte en México, es decir, el primer recinto cultural dedicado a exhibir objetos artísticos para su contemplación. En su acervo se incluían piezas desde el siglo XVI hasta los murales de 1934 de Diego Rivera y de José Clemente Orozco, así como una sala de escultura mesoamericana, otra de estampa mexicana y un Museo de Arte Popular, que albergaba la colección de Roberto Montenegro.

Museo del Palacio de Bellas Artes[editar]

En 1947, aprovechando la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes, el museógrafo y promotor cultural Fernando Gamboa y los pintores Julio Castellanos y Julio Prieto modificaron el proyecto en el Museo Nacional de Artes Plásticas. A su vez incorporó un amplio panorama de arte mexicano, un nutrido programa educativo y un vasto plan de publicaciones que promovía a distintos niveles la riqueza artística nacional. A partir de 1968 se conoce al conjunto de las salas de exhibición del Palacio con el nombre de Museo del Palacio de Bellas Artes, que no solamente fue el primer museo dedicado a la producción plástica, sino también el origen indiscutible del sistema de museos de arte en México. Desde entonces, el museo se ha encargado de constituir la principal plataforma de acción y espacio de exhibición de artistas nacionales e internacionales.

De la enorme colección que albergó durante la primera mitad de su historia, el Museo del Palacio de Bellas Artes exhibe de forma permanente murales realizados por Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Roberto Montenegro, Manuel Rodríguez Lozano y Jorge González Camarena, pinturas que no son obras estáticas, sino que mantienen una dinámica permanente relacionada con la historia nacional y universal, mantiene un intenso programa de exposiciones temporales, así como una gran cantidad de actividades para todo público.

Salas de espectáculos[editar]

El Palacio de Bellas Artes ofrece en sus tres salas, múltiples actividades artísticas, entre las que destacan las temporadas de los grupos más importantes del Instituto Nacional de Bellas Artes, tales como la Orquesta Sinfónica Nacional, la Compañía Nacional de Danza, la Compañía Nacional de Opera y la Compañía Nacional de Teatro, entre otros.

Sala principal

La sala principal de este foro tiene una capacidad para casi dos mil personas y un escenario de 24 metros de longitud, destacando de manera especial la hermosa cortina de mosaicos de cristal realizada por Tiffani Studio de Nueva York con más de un millón de piezas de cristal opalescente que representan una maravillosa vista del Valle de México.

Sala Manuel M. Ponce

Es la segunda en importancia y en número de actividades. En ella se ofrecen actividades literarias, musicales, operísticas y exposiciones, entre otras. Se ubica en el primer piso, del lado oriente. Su nombre rememora al compositor mexicano de igual nombre.

Sala Adamo Boari

En ella se realizan actividades como presentaciones editoriales, exposiciones y conferencias. Se ubica bajo el vestíbulo de la sala principal, del lado poniente.

Rincón del tiempo

Materiales fotográficos, documentales y sonoros, así como objetos, entre otros, se presentan en exposiciones preparadas por el acervo histórico del recinto, para brindar al visitante la oportunidad de conocer la riqueza de la historia del Palacio de Bellas Artes.

Murales[editar]

Museo del Palacio de Bellas Artes 3.jpg
Palacio de Bellas Artes
Palacio de Bellas Artes

El Museo del Palacio de Bellas Artes fue inaugurado por el presidente Miguel Alemán Valdés y por el entonces director general del Instituto Nacional de Bellas Artes, el maestro Carlos Chávez, el 18 de septiembre de 1947, con el nombre de Museo Nacional de Artes Plásticas.

Las paredes de este recinto fueron decoradas por obras de los más grandes muralistas de México, entre ellos:

  • David Alfaro Siqueiros
    • Nueva Democracia (1944-45): Fue encargado del panel central, cuyo título original era México por la democracia y la independencia, representa a la humanidad libre mediante una figura que fusiona rasgos femeninos y masculinos; de sus muñecas cuelgan grilletes y su cabeza está coronada por un gorro frigio, símbolo de los ideales de la revolución francesa. Para conmemorar la victoria de los aliados sobre el Eje Berlín-Roma-Tokio en 1945, Siqueiros añadió otros dos tableros. Así configuró el tríptico hoy conocido como Nueva democracia.
    • Monumento a Cuauhtémoc (1950-51): Éste mural representa, según Siqueiros, la disputa a la que los débiles pueblos deben enfrentarse; demostrando un escenario imaginario con un desenlace favorable a México. En él, se representa a Cuauhtémoc inmutable postrado a junto a Tetlepanquetzal, señor de Tlacopan, que a contraste del monarca, éste llora suplicante. Se muestra a los españoles que en pos de nuevas tierras miran la escena tras sus armaduras, la Malinche, esclava, quien fungió como traductora de Hernán Cortés, se encuentra entre ellos mientras la madre patria los contempla ensangrentada a su lado izquierdo. Por último, exhibe el escenario en el que, pese a la barbarie, el centauro español es sometido por el valor indígena, producto completamente de la tierra mexicana. En conjunto con los demás murales (de Cuauhtémoc) se narra una escena sobre la conquista de La Nueva España.
  • Jorge González Camarena
    • Liberación o La humanidad se libera de la miseria (1941): Quiso recrear el mural Díptico de la vida (1941) del edificio Guardiola del Banco de México, retirado y destruido después del sismo de 1957, escribe la historiadora del arte Raquel Tibol, “por la gazmoñería de unos potentados”. En este caso, sin embargo, prefirió ejecutar una composición en tres secciones evolutivas que plasman una interpretación plástica de la historia de México. La primera se refiere a la esclavitud: cuestiona las políticas agrarias posrevolucionarias mediante la presencia de un campesino anónimo que yace dentro de un ataúd y de una figura femenina desnuda, cubierta de tatuajes en la espalda, señales de los prejuicios y las prohibiciones. En la segunda tiene lugar el acto de liberación: varios hombres se despojan de sus ataduras en representación de la humanidad entera. En la última sección, la mujer mestiza que sostiene una semilla de maíz, símbolo de sabiduría y vida, se dirige finalmente a la liberación espiritual. El mural fue inaugurado en julio de 1963.
  • Roberto Montenegro
    • Alegoría del viento o El ángel de la paz(1928): Originalmente formaba parte de la serie de figuras al fresco que pintó en los corredores del ex Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, ejecutadas en 1928. En 1965 el mural se instaló en el Palacio de Bellas Artes, como la única pieza del conjunto que pudo sobrevivir a la humedad. La composición está sólidamente estructurada en diagonales. Montenegro revela así su preferencia por un arte no narrativo. El rigor geométrico del espacio pictórico se define a partir del soplido de los dioses del viento –conocidos como eolos–, y el evidente eje vertical marcado por el ángel ascendente. La solidez de las formas y la rigidez de las líneas corresponden al art déco, movimiento asociado a las artes decorativas que surgió en Europa a principios del siglo xx.
  • Jose Clemente Orozco
    • Katharsis (1934-35): Tras concluir los murales de la Biblioteca Baker, en el Dartmouth College de New Hampshire, Estados Unidos, en 1932, Orozco fue invitado por la Secretaría de Educación Pública para pintar un mural en el Palacio de Bellas Artes. Corría el año de 1934. Esta alegoría sobre la guerra es una crítica a la sociedad de masas y denuncia los peligros del desarrollo tecnológico; muestra la anarquía general y la degradación social. Orozco plantea que la redención es posible a cambio de una destrucción renovadora. La composición caótica, el dramatismo de la escena y los colores brillantes contrastan con las figuras serenas que Rivera estaba pintando al mismo tiempo en el otro extremo del edificio. El historiador Justino Fernández anotó en 1942, en su ensayo Orozco. Forma e idea, que el fuego de la parte superior simboliza la catarsis, única posibilidad de salvar y purificar a la civilización. A partir de esta interpretación, el mural adquirió el nombre que lleva hoy en día.
  • Diego Rivera
    • El hombre en el cruce de caminos o El hombre controlador del universo (1934): En 1933 Diego Rivera comenzó a pintar un mural para el Centro Rockefeller de Nueva York. La obra, inconclusa, fue destruida pues Rivera introdujo un retrato del líder comunista Vladimir Lenin, un hecho que despertó el rechazo de la familia Rockefeller. Diego Rivera retomó muchos de los motivos que estaban presentes en este mural cuando recibió el encargo de decorar uno de los muros del segundo piso del Palacio de Bellas Artes. Trabajó en él entre enero y noviembre de 1934. El mural tiene un contenido abiertamente político. El obrero aparece como el eje central a partir del cual la imagen se divide en dos. La sección izquierda se configura como una crítica al mundo capitalista, caracterizado por la lucha de clases y corrompido por la represión y la guerra. La presencia de Darwin –una referencia al desarrollo de la ciencia y la tecnología- contrasta con el avance de los soldados de la Primera Guerra Mundial. La escultura grecolatina representa la religión y el pensamiento occidental, mientras que su contraparte, en el extremo opuesto, la caída del fascismo. La sección derecha presenta una visión idealizada del mundo socialista: los trabajadores se manifiestan pacíficamente en la Plaza Roja. Lenin encabeza la unión de la clase obrera. Marx, Engels, Trotsky y Bertram D. Wolfe hacen un llamado a la cohesión del proletariado mundial. Los elipses que irradian de la máquina encarnan el macrocosmos y el microcosmos. La órbita superior izquierda contiene células enfermas, símbolo de la decadencia del mundo capitalista; las que aparecen en el extremo opuesto, el mundo socialista, están sanas y aluden al génesis de la vida.
    • Revolución rusa o Tercera Internacional (1933): Los trabajadores del mundo escuchan el mensaje de los líderes Vladimir Lenin y León Trotsky. El ordenado Ejército Rojo y un grupo de civiles armados acompañan a los dirigentes. Al fondo, resalta la bandera de la Tercera Internacional, fundada en 1919 para promover el acceso del proetariado al poder, la abolición de clases y la expansión del socialismo. La obra, traída al Palacio de Bellas Artes en 1977, fue concebida para la Liga Comunista de América, también conocida como la Casa del Trotskismo, que Rivera entregó el 17 de diciembre de 1933.
    • Carnaval de la vida mexicana (1936): Inspirado en el carnaval de Huejotzingo, este políptico consta de cuatro paneles transportables, que Rivera pintó en 1936 para decorar el Hotel Reforma. Por su fuerte carga política, fue retirado y guardado hasta 1963, cuando se trasladó al Palacio de Bellas Artes. En La dictadura, el gigante que sostiene una bandera con los colores de Alemania, Italia, Estados Unidos y Japón combina rasgos de Hitler, Mussolini, Roosevelt e Hirohito, al tiempo que sugiere la fisonomía del ex presidente Plutarco Elías Calles. En Danza de los Huichilobos, el dios prehispánico de la guerra, Huitzilopochtli, surge con rasgos mestizos, ataviado con uniforme militar, una alusión a la conquista española, teñida de violencia. En México folklórico y turístico aparece un grupo de viajeros con rostros de asnos, que observan a los danzantes de la fiesta de los chinelos, una tradición que pretende ridiculizar a los conquistadores españoles. Finalmente, la Leyenda de Agustín Lorenzo retrata el enfrentamiento entre el legendario bandido-héroe del siglo xix y las tropas francesas durante la guerra de Intervención.
  • Manuel Rodríguez Lozano
    • La piedad en el desierto (1942): Pintado sobre uno de los muros del Palacio de Lecumberri en 1942, fue restaurado y traído al Palacio de Bellas Artes en 1966. El tema nace de una profunda reflexión espiritual inspirada por el cautiverio. Con motivos que provienen de la iconografía católica, la composición muestra a una madre que sostiene el cuerpo del hijo muerto. La alegoría se ocupa de la injusticia social, sobre todo la del pueblo mexicano, miserable y propenso al sufrimiento. Se trata de un valioso ejemplo de la otra cara del muralismo, inclinada a las alusiones metafísicas de corte neoclásico.
  • Rufino Tamayo
    • Nacimiento de nuestra nacionalidad (1952): Aborda el tema de la Conquista como un encuentro de dos mundos que, tras la muerte y la destrucción, hacen surgir una nueva realidad. En la parte superior destaca la figura del conquistador sobre su caballo. En el extremo derecho se levantan ruinas de edificios prehispánicos, y en el izquierdo una columna dórica simboliza la cultura occidental. Debajo de ésta se desliza una serpiente que alude a Quetzalcóatl como divinidad creadora. La unión de estas dos realidades se concreta en la parte inferior del mural, donde una mujer indígena da a luz a un bebé a la vez blanco y moreno, una imagen que remite al mestizaje. En el ángulo superior izquierdo, un eclipse representa la unión de los contrarios.
    • México de hoy (1953): Tamayo consideraba que el desarrollo de un pueblo sólo podía darse mediante la ciencia, el arte y la técnica. Tomó ventaja de las dos columnas del edificio del Palacio de Bellas Artes que se levantan frente a la obra para dividir el mural en tres secciones de tonalidades verdes, blancas y rojas. Al centro, un edificio que fusiona elementos arquitectónicos europeos y prehispánicos enmarca a un personaje envuelto en llamas, símbolo del fuego inextinguible del espíritu mexicano que ha tenido que asimilar los conocimientos y la tecnología universal, sin olvidar la riqueza de su pasado. A su alrededor se muestran herramientas y aparatos propios de la era industrial. En el extremo izquierdo, una mujer desnuda y enmascarada, diosa de la fertilidad, esparce semillas que, suponemos, deberán fecundar en una tierra muchas veces árida. Con respecto a los colores, personajes principales en la pintura de Tamayo, el crítico de arte Paul Westheim escribió: cada panel “tiene su propio colorido, muy diferente al de los otros. Un rojo llamativo, de un lado, un verde reluciente del otro, flanquean la superficie central. Para esta parte de su obra, en donde nos habla de la poesía, Tamayo ha escogido los colores más delicados de su paleta: un rosa tenue, un blanco grisáceo, un gris azulenco”.

Óperas estrenadas mundialmente en el Palacio de las Bellas Artes[editar]

* Tabaré, ópera de Heliodoro Oseguera basada en el poema homónimo de Juan Zorrilla de San Martín, estrenada el 31 de agosto de 1935.
* Tonatiu, ópera de Manuel Camacho Vega, estrenada el 11 de enero de 1940.
* La mulata de Córdoba, ópera en un acto con libreto de Xavier Villaurrutia y música de José Pablo Moncayo, estrenada el 23 de octubre de 1948.
* Elena, ópera en un acto con libreto de Francisco Zendejas y música de Eduardo Hernández Moncada, estrenada el 23 de octubre de 1948.
* Carlota, ópera en un acto con libreto de Francisco Zendejas y música de Luis Sandi, estrenada el 23 de octubre de 1948.
* El último sueño, ópera en un acto y tres cuadros con libreto de Manuel M. Bermejo y música de José F. Vásquez, estrenada el 28 de mayo de 1961.
* Severino, ópera en un acto con libreto original en portugués de João Cabral de Melo Neto traducido por el compositor de la música, Salvador Moreno Manzano, estrenada el 28 de junio de 1961.
* Misa de seis, ópera en un acto con libreto de Emilio Carballido y música de Carlos Jiménez Mabarak, estrenada el 21 de junio de 1962.
* La señora en su balcón, ópera en dos actos con libreto de Elena Garro y música de Luis Sandi, estrenada el 2 de junio de 1964.
* La mujer y su sombra, ópera en un acto basada en una obra de Paul Claudel traducida, adaptada y puesta en metro musical por Miguel Alcázar y estrenada el 12 de abril de 1981.
* La Güera, ópera en tres actos con libreto de Julio Alejandro y música de Carlos Jiménez Mabarak, estrenada el 26 de septiembre de 1982.
* Orestes parte, ópera en dos actos con libreto de José Ramón Enríquez y música de Federico Ibarra, estrenada el 5 de julio de 1987.
* Aura, ópera en un acto con libreto de Juan Tovar y música de Mario Lavista, estrenada el 13 de abril de 1989.
* Alicia, ópera en dos actos con libreto de José Ramón Enríquez y música de Federico Ibarra, estrenada el 9 de julio de 1995.
* El juego de los insectos, ópera en dos actos con libreto de Verónica Musalem y música de Federico Ibarra, estrenada el 8 de julio de 2009.
Vista panorámica de 360° de la Plaza de Bellas Artes en el Centro Histórico. Visibles son Teatro Hidalgo, Palacio de Bellas Artes, Palacio Postal, Banco de México, Torre Latinoamericana, Edificio La Nacional, Avenida Juárez, Edificio del Tribunal Superior de Justicia del DF, ex Hotel Bamer, Sheraton Hotel y Alameda Central.
Vista panorámica de 360° de la Plaza de Bellas Artes en el Centro Histórico. Visibles son Teatro Hidalgo, Palacio de Bellas Artes, Palacio Postal, Banco de México, Torre Latinoamericana, Edificio La Nacional, Avenida Juárez, Edificio del Tribunal Superior de Justicia del DF, ex Hotel Bamer, Sheraton Hotel y Alameda Central.

Remodelación y afectaciones al art-decó de la sala de espectáculos[editar]

El 4 de abril de 2009 se anunció que Teresa Vicencio substituiría a María Teresa Franco en la dirección del Palacio de Bellas Artes con esta decisión, Teresa Vicencio quedó al frente de la remodelación que se realizaba en aquel momento, su decisión fue quitar a los arquitectos encargados del proyecto, nombrar a otros y autorizar la intervención de la sala, la cual se había prohibido para respetar las convenciones internacionales de restauración de teatros antiguos dispuestas por la UNESCO.

Palacio de Bellas Artes durante el festival de las luces 2015.

El 19 de noviembre de 2010 se realizó una ceremonia de reinauguración de la sala principal de espectáculos después de una intervención de 3 años que costó 700 millones de pesos. La remodelación fue anunciada como una modernización de la mecánica del escenario, pero la realidad mostró que, sin publicarlo, las autoridades intervinieron la arquitectura y estilo de la sala principal de espéctaculos. Tal intervención, destruyó una gran parte de la unidad estilística en Art Decó que caracterizaba al recinto. El piso de la platea, constituido por una amplia superficie con un declive hasta el foso de orquesta para propiciar la acústica fue cambiado por escalones que con sus ángulos destruyen la acústica. La destrucción de la acústica impuso la necesidad de la instalación de un sistema electrónico de ampliación de sonido. El nuevo piso se recubrió con madera de color claro, que no corresponde con el estilo en que fue diseñada originalmente la sala. Los palcos se hicieron pequeños recubriendo sus paredes de mármol con madera de nogal, un elemento completamente ajeno a la decoración histórica. También se cambiaron las puertas en estilo Art Decó por puertas modernas. Tal intervención destruyó la arquitectura de los palcos. Los balcones, los antepechos del primero, segundo y  tercer piso, y los palcos de honor fueron cubiertos en su totalidad con madera de nogal. Las grandes puertas de acceso a la sala se retiraron y se pusieron en su lugar puertas modernas. Muchos elementos decorativos Art Decó en las puertas y los balcones desaparecieron, se retiraron o simplemente ya no son identificables. Se construyó una cabina de sonido al fondo de la platea en un estilo moderno. Todos estos cambios tuvieron como consecuencia una reducción de casi 400 butacas.[2] [3]

La remodelación destruyó la arquitectura y decoración Art Decó de la sala principal del Palacio de Bellas Artes. Los periódicos denunciaron que Teresa Vicencio contrató una compañía privada para restaurar el vitral "Apolo y la las musas". Los restauradores profesionles comprobaron que la obra maestra de Tiffany fue dañada.[4] A toda esta destrucción se estableció que no se cumplieron las normas mínimas de seguridad. En la platea se quitaron tres pasillos, se cambió la disposición de las butacas, se clausuró la puerta central construyendo una cabina de sonido fuera de estilo y sacrificando 16 filas de butacas, el material con el que se recubriéron las antepecheras y los palcos resultó ser altamente inflamable. De los palcos penden cables que en cualquier momento pueden provocar incendios. La distribución de los escalones en el segundo y tercer piso fue alterada de tal modo que los escalones no corresponden con las gradas de las filas. Se construyeron seis grandes luminarias del techo que representan un peligro mayor en caso de un siniestro.[5] El 30 de diciembre de 2010 se anunció que ICOMOS interpondrá en París ante el Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO una denuncia en contra del Gobierno mexicano por perpetrar graves atentados contra el inmueble cultural. Tal denuncia podría costarle a la Ciudad de México el título de Patrimonio de la Humanidad como consecuencia de la constante destrucción de arquitectura patrimonial que se realiza en México.Piden intervención de UNESCO en Bellas Artes</ref>[6] [7] [8] [9] [10] El Arqu. Víctor Jiménez, autor de varios estudios sobre el Palacio de Bellas Artes ha publicado artículos en los que ofrece, desde un punto de vista de profesional de la arquitectura y conocedor del monumento, un resumen de los daños sucedidos. En la revista especializada "Litroal-e" (2012, no. 5) ofrece una síntesis del proceso de destrucción de la sala de espectáculos.[11]

Vista panorámica del Palacio de Bellas Artes.

Servicios[editar]

-Estacionamiento

-Módulo de información

-Cafetería

-Librería

-Venta de discos

-Tienda de regalos

Horarios[editar]

Recinto: Lunes a Domingo de 10:00 a 20:00 horas. Entrada libre.

Museos: Martes a Domingo de 10:00 a 17:00 horas. Costo según museo. Domingos, entrada libre.

50% de descuento a Estudiantes, Maestros e Instituto Nacional de Adultos Mayores (INAPAM), con credencial vigente.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

http://www.transparenciafocalizada.bellasartes.gob.mx/

Enlaces externos[editar]